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Modernidad

El documento analiza el concepto de modernidad, sus orígenes y su evolución, destacando la transición de la modernidad sólida a la modernidad líquida, según el sociólogo Zigmunt Bauman. Se argumenta que la modernidad, iniciada en 1492 con la conquista de América, marcó una ruptura con el mundo antiguo y promovió un cambio en la percepción del ser humano, la libertad y la desigualdad social. A medida que la modernidad avanzó, surgieron movimientos de emancipación política y social, así como una creciente preocupación por las desigualdades generadas por el capitalismo.

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El documento analiza el concepto de modernidad, sus orígenes y su evolución, destacando la transición de la modernidad sólida a la modernidad líquida, según el sociólogo Zigmunt Bauman. Se argumenta que la modernidad, iniciada en 1492 con la conquista de América, marcó una ruptura con el mundo antiguo y promovió un cambio en la percepción del ser humano, la libertad y la desigualdad social. A medida que la modernidad avanzó, surgieron movimientos de emancipación política y social, así como una creciente preocupación por las desigualdades generadas por el capitalismo.

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Modernidad. Concepto y orígenes.

En los últimos 20 o 30 años se viene debatiendo en el ámbito de las ciencias sociales, si


el período de la humanidad que conocemos como “mundo moderno” o “modernidad”,
había dado paso a otra cosa diferente, o bien si nuestra vida, nuestra cultura, nuestra
sociedad, seguía inmersa en la “modernidad”.
Existe una corriente de pensamiento que plantea que los relatos que daban sentido a
la modernidad (los denominados Grandes Relatos, tales como el capitalismo, la idea de
progreso, el cristianismo, el socialismo, etc) y las instituciones e ideas que representan,
han entrado en crisis y han tomado nuevas configuraciones. Crisis en el sentido de que
sus planteos acerca de “cómo es” o “cómo debe ser” el mundo, ya no tienen vigencia
para explicar y comprender al mundo que vivimos. Aún con gran riesgo de simplificar,
a esa corriente del pensamiento la denominamos posmodernidad.
Es decir, para los posmodernos hoy ya no vivimos en el mundo moderno, sino en un
mundo “post moderno”, entendiendo a esto último como un mundo que sucede a la
modernidad, aunque todavía no lo define un nombre o una identidad propia.
Un notable sociólogo polaco, Zigmunt Bauman, acuñó el término Modernidad Líquida
para referirse a este cambio de época. Según Bauman, la Modernidad se nos presenta
en dos grandes etapas: La “sólida” y la “liquida”.
La Modernidad tras un proceso de siglos, construyó grandes relatos sólidos: La Escuela,
el Matrimonio, la Familia, el Trabajo, la Ideología. Los acelerados cambios de la última
mitad del siglo XX dieron un giro a esa modernidad, trastocando fuertemente valores
culturales y sociales, ofreciendo un nuevo paisaje: cambió la mirada sobre la Escuela,
sobre el trabajo, sobre la Familia. Hoy el mundo moderno es líquido. Las relaciones, las
ideas, las costumbres, fluyen, van mutando, no ofrecen referencias sólidas y
permanentes.
Muchas veces hemos leído o escuchado sobre “la escuela moderna”, la “música
moderna”, la “guerra moderna”, o si aquello “es moderno”. Todo el tiempo hablamos
de lo que es moderno.
Propongo empezar entonces por entender que es lo moderno.
¿Qué es la modernidad?
Podríamos comenzar afirmando que es un proceso histórico iniciado hace ya más de
500 años. Se originó con la aparición de un nuevo paradigma en la forma de ver,
comprender y actuar en el mundo. Esto es, un cambio radical en la apreciación de la
historia, la ciencia, la filosofía, la moral, la política.
Básicamente lo moderno se contrapone con lo antiguo.
El mundo antiguo es el mundo pre moderno. Implica lo que había antes de la
modernidad, y que nos permite comparar. El filósofo latinoamericano Enrique Dussel
plantea que 1492 es la fecha clave para encontrar el nacimiento del mundo moderno
¿Por Qué 1492? Dussel plantea que es a partir de ese acontecimiento ( el denominado
“Descubrimiento” que no es ni más ni menos que la conquista e invasión europea de
América) cuando podemos pensar a la historia unificada a partir un único relato.
Paso a explicar. Hasta el siglo XV el mundo básicamente se compone de diferentes
culturas y civilizaciones. Es decir, las culturas americanas, africanas, polinésicas, y gran
parte de las culturas asiáticas y europeas, se encontraban escasamente vinculadas
entre sí, tanto en lo cultural como lo político y lo comercial.
Un mapa de la antigüedad como el que se muestra abajo, nos da una representación
del mundo antiguo. En el centro del mapa aparece el continente asiático, con las
culturas de lo que luego se convertiría en China y la India ocupando un lugar de
centralidad.
Europa aparece en el costado superior izquierdo del mapa. En tanto que el continente
americano no aparece directamente (casi como separado de la historia). Aunque si
siguiéramos con la vista el extremo superior derecho veríamos como se conecta lo que
hoy es Siberia con Alaska.
Un mapa así nos muestra que por lo menos hasta el siglo XV la Europa antigua es una
región periférica, más bien aislada.
Link: [Link]

La modernidad como ruptura de lo antiguo, también va a implicar un cambio


geográfico, un cambio en la manera de como vemos el mundo. Es a partir de este
momento en que la Civilización europea va a tomar una primacía frente a las demás, y
se constituye como centro del mundo y de la historia.
El mundo antiguo europeo, en el momento de la ruptura moderna, es el medioevo. La
llamada edad media, que se extiende desde el siglo V DC hasta el siglo XV DC (después
de Cristo).
Las invasiones de las hordas asiáticas y germanas habían acabado con el orden dejado
por el imperio romano. Los pequeños reinos y organizaciones territoriales en Europa se
habían aferrado a la unidad de la Iglesia Cristiana, en Roma, como forma de protegerse
hacia el afuera y reforzar controles hacia dentro.
Esta alianza (a menudo muy conflictiva) entre la política y la religión, caracterizó el
medioevo europeo. Al mismo tiempo fue el embrión de una civilización.
Tal como vemos en el mapa N° 2, el conocimiento del mundo exterior para los
europeos del medioevo se centraba fundamentalmente en la parte norte de África y
ciertas partes del Asia. La mayor parte del planeta era una incógnita. Escasas
exploraciones (los navegantes nórdicos conocidos como Vikingos y diversos
pescadores y aventureros) apenas habían logrado ir más allá de lo conocido. Y los
océanos y territorios desconocidos eran objeto del temor y del mito.
Volvamos al mundo medieval.
Se suele representar tradicionalmente esta etapa como “oscura”, sombría, dominada
por la intolerancia religiosa y caracterizada por una vida muy dura e incluso cruel. Sin
duda las persecuciones a disidentes religiosos (herejes, judíos), o direccionada a
determinados sectores (la brujería, por ejemplo), fueron muy comunes, aunque quizá
como resultante de una combinación negativa de circunstancias políticas y económicas
que condicionó gran parte de esta época.
El ser humano medieval está subordinado a la divinidad. Su esperanza en la vida real es
alcanzar la redención y el mundo celestial. O sea, vivir cristianamente para llegar al
“cielo”. Si la vida era injusta o arbitraria, solo cabía la resignación.
Dios es el centro del universo y la institución que lo representa en la tierra es la Iglesia.
Es una sociedad teocéntrica. Y además fuertemente jerárquica, de tipo piramidal y
estática. No hay posibilidades (o muy escasas) de ascenso social. Naces siervo, te
mueres siervo. Tus hijos serán siervos.
Es una sociedad aquejada por guerras permanentes y catástrofes como hambrunas y
pestes.
Se trataba de una sociedad, en suma, de fuertes creencias religiosas, donde lo
sobrenatural, lo divino, lo sagrado, constituía parte de la creencia popular y general, y
donde cuestionarlo muchas veces resultaba incómodo o hasta peligroso.
Pero, lejos de esta imagen que se pretende representar, esta sociedad medieval logró
desarrollar conocimientos y saberes. Existieron monasterios y universidades que
concentraron el conocimiento. Hubo pensadores y gobernantes ilustrados. Y hubo en
determinado momento una búsqueda de las antiguas sabidurías legadas por el mundo
clásico greco-romano.
El paradigma moderno. Reformas y Revoluciones.
Anteriormente mencionamos que la fecha clave para el surgimiento de la modernidad
fue 1492. La Conquista de América (el llamado Descubrimiento) posibilitó la
modernidad por dos motivos:
a) abrió el Océano Atlántico a los mercados europeos, lo que permitió la salida de sus
productos vía marítima a mercados asiáticos y africanos, con la consiguiente
exploración y gradual conocimiento de todo el planeta;
b) la expansión marítima y la explotación económica en América con mano de obra
esclava, implicó la obtención de capital suficiente para iniciar el ciclo de acumulación
capitalista en el mercado europeo;
Por otro lado, es con la dominación y el establecimiento de colonias sobre América,
cuando los europeos comienzan a visualizarse desde una imagen de superioridad
sobre otros. Es decir, la civilización europea, cristiana y blanca, se convierte en
dominante sobre otras.
Como punto de partida, entonces, la Conquista de América inicia la modernidad. Sin
embargo, el paradigma moderno se nutre de otros aportes que han tenido un peso
específico y para nada desdeñable. Veamos cuales fueron:
Link: [Link]

El Renacimiento, a partir del siglo XV, implicó un redescubrimiento del ser humano.
Fundamentalmente impulsado desde el arte, la arquitectura, la matemática y la
filosofía, llevó adelante un rescate del pasado clásico (las civilizaciones griegas y
romana) sumado al conocimiento del legado de árabes y bizantinos. Bajo este influjo,
el ser humano, como un sujeto racional, comienza a ocupar el centro de la escena y del
pensamiento, desplazando paulatinamente a Dios y lo sagrado.
El renacimiento posibilitó que el ser humano pueda cuestionarse su lugar en el mundo
y la realidad de este mundo. La realidad social comienza a verse reflejada en el arte. La
política y la naturaleza del poder, el arte y la ciencia, se convierten en objeto de debate
y discusión.
(ver link con [Link]

Durante el siglo XVI sacude Europa una crisis moral y política en la Iglesia Católica. La
Reforma Protestante nace como un movimiento de religiosos alemanes que
“protestan” contra la Iglesia Católica Romana. Esa protesta originará una nueva
orientación del cristianismo (el cristianismo protestante) y expresará fuertemente la
actitud de pueblos que buscan mayor libertad política y religiosa.
Una de las novedades que traerá aparejada la Reforma Protestante es que promoverá
la traducción de la Biblia (escrita en latín) a los idiomas nacionales. La principal
consecuencia de ello es que se masificará el acceso a la lectura por parte del pueblo en
un proceso vinculado a la creación de escuelas parroquiales en las regiones
protestantes.
Además, es importante rescatar que la Reforma Protestante se relaciona con la
expansión de la mentalidad capitalista. En las regiones protestantes (tales como
Inglaterra, Escocia, Holanda, Norte de Alemania, parte de Francia, Suiza, Suecia, etc) la
posibilidad de acumular capital y enriquecerse será observada positivamente. El
trabajo, el esfuerzo y el ahorro serán muestra de una vida dedicada a salir del pecado y
ganarse el cielo.
El Iluminismo o Ilustración surge con fuerza durante el siglo XVIII, rescatando la idea de
libertad a la modernidad. El ser moderno será el individuo libre, que rompe con sus
ataduras, y puede transformar la realidad de la sociedad en la que está inserto.
La conjunción de esta dinámica abre brechas y nuevos debates: la libertad primero
será política y religiosa, luego económica. Aparece “El Príncipe” de Maquiavelo, en
Italia. En Inglaterra, Thomas Moro escribirá “Utopía”, Thomas Hobbes “El Leviathan” y
John Locke “Ensayo sobre el gobierno Civil”. Estas obras representan verdaderas cimas
en la reflexión sobre la naturaleza del poder, quien debe ejercerlo, cómo. Se expresará
en la revolución inglesa (1688), la revolución estadounidense (1776) y francesa (1789)
impulsadas por una mirada liberal, humanística y progresista.
La noción de progreso de la humanidad como un proceso indetenible está vinculada
con la idea de la Razón, de lo cual deriva el continuo avance de la ciencia y la
tecnología. Al autopercibirse (el ser humano moderno) ante todo como un ser racional,
se abre un horizonte de racionalización y desencantamiento. Si en el mundo antiguo la
realidad (y sus elementos) era materia de creencias populares, místicas, mágicas o
religiosas, con el paradigma moderno pasa a ser pensado racionalmente, pasa a ser
objeto de estudio, de experimento, de conocimiento, en definitiva.
Se abre una época de grandes descubrimientos científicos, con el avance de la
navegación gracias a nuevos instrumentos de la tecnología naval o desarrollos en la
química que posibilitan más poder de fuego a los ejércitos. Los estudios de pensadores
y científicos tales como Miguel Ángel, Giordano Bruno, Copérnico, Galileo Galilei,
Descartes o Isaac Newton, revolucionaron en tres o cuatro generaciones todos los
conocimientos de áreas como la medicina, astronomía, ingeniería, física y matemática.
El sujeto de esta revolución es el individuo moderno. Es un tal Johannes Gutenberg,
que, en 1540, inventa la imprenta. Es un Cristóbal Colón que en 1492 cruza un océano
que pocos pensaban que podía cruzarse. Es un Juan Sebastián Elcano que da la vuelta
al mundo por primera vez.
Libertad e Igualdad
Como explicaba anteriormente los individuos modernos se abrieron paso en un
contexto donde la intolerancia religiosa ponía en riesgo la libertad personal. A esta
preocupación se le sumó una preocupación por la libertad política.
Gradualmente, y particularmente a partir de mediados del siglo XVIII, la expansión
capitalista coloca a la Burguesía como clase social en ascenso. Dotada de un creciente
poder económico, sus integrantes se lanzarán a demandar mayores demandas
políticas en un mundo donde todavía impera el poder arbitrario de reyes y monarcas
que gobernaban por “derecho divino”.
Si en el centro del mundo soplan aires de revolución y cambios políticos, en la periferia
colonial se agitan las mismas aguas, aunque con otro color. En América,
particularmente, al amparo de las ideas liberales estallan movimientos y guerras de
independencia.
La lucha por la emancipación política sin embargo no cambia demasiado una cuestión
social específica de nuestro continente: la cuestión de la raza y la lucha contra la
esclavitud. En América, primero, y en África posteriormente, ser indígena o ser negro
conlleva una identidad de sometimiento e inferioridad y, posteriormente se convertirá
en una demanda política.
Estos procesos van configurando un orden mundial moderno, donde Europa y sus
valores civilizatorios se imponen como un centro dominante, y el resto del mundo
como su periferia. Sin embargo, en la cuna misma de esa modernidad se agita la
cuestión social, la creciente desigualdad que el capitalismo arroja con su potencia
revolucionaria. En efecto, el surgimiento de una nueva clase social, la clase obrera o
proletaria, visibiliza el contraste de vida entre grandes masas de trabajadores
miserables y la esplendorosa riqueza de una minoría privilegiada.
¿Cómo se sostiene un orden social y político construido sobre la desigualdad? Es una
pregunta que comienzan a hacerse desde un nuevo campo de estudios: las ciencias
sociales. Karl Marx, Emile Durkheim, Max Weber, entre otros, son algunos de los
pensadores y científicos sociales que instalan en la modernidad esa pregunta.
La respuesta política a esa pregunta se irá construyendo en el siglo XIX y entrado el
siglo XX con la maduración de movimientos populares que plantearán su accionar en la
lucha contra la desigualdad y la injusticia. Me refiero a todo un ideario que se nutre en
la creencia de que el sistema económico capitalista oprime a las mayorías populares.
Si es importante señalar, que al mismo tiempo que se observan los quiebres sociales
que la modernidad va creando, se diseñan las instituciones modernas más duraderas y
que han gozado de legitimidad hasta nuestros días. Instituciones, valores y rituales que
la sociedad va modelando y aceptando, y que van a formar parte del sólido consenso
moderno ¿Cómo si no concibiríamos el mundo sin La escuela moderna? O sin el
modelo de familia, los sentimientos patrióticos, el trabajo como forma de ganarse la
vida en el mundo, la fábrica o el rol de la mujer en la vida privada o pública.
Todas estas marcas confluyeron en un sinfín de experiencias que han sido relatadas en
nuestras historias familiares, o la hemos visto en nuestra biografía escolar, en los
medios de comunicación, en nuestros barrios.

La Modernidad como paradigma se nutre de todas estas experiencias y de otras, que


oportunamente reconoceremos en textos que leeremos en la materia. Esto significa
que no se agota aquí. Mi primera intención era ofrecer un marco de comprensión de
aquello que consideramos moderno. Cuáles fueron los procesos históricos que
alentaron este cambio de paradigma. Que ideas lo nutrieron, y en donde
desembocaron. Desde este modesto objetivo, creo que lo hemos cumplido.

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