Entre el individualismo y las cacerolas:
reacciones "de clase media" ante la crisis
La desarticulación del mundo de la "clase media" resultó para muchos
algo sencillamente inesperado e incomprensible. Justo en el momento
en que los conflictos abiertos con la irrupción del peronismo en 1945
y
con el surgimiento del movimiento izquierdista de los años setenta
pare-
cian haberse extinguido, justo cuando la "*clase media" se suponfa
victo-
riosa y de vuelta en el centro de la escena, extraños problemas
aparecí-
an en el horizonte para poner en cuestión las bases mismas de su
existencia, Durante más de dos décadas los sectores medios
asistieron
como espectadores al espectáculo de la destrucción de la "clase
media",
S1 nO pudieran terminar de Crecr que algo asi pudiera
como
diéndole a ella,el pilar de la nacion.'
estar suce-
Nada más expresivo de csta afligida incredulidad que el modo en
que la prensa advirtió acerca de los efectos de la crisis económica. En
efecto, a partir del Rodrigazo la mayor parte de los artículos referidos
ala "clase media" fueron de un tipo quc no habia aparecido hasta
enton-
ces, Se ocuparon fundamentalmente de llamar la atención sobre sus
lificultades en tono apocaliptico. Los tremebundos titulos elegidos son
tlocuentes por sí solos: por citar algunos, Réquiern para la clase
media
1975), "La castigada dase media" (1977), *"Clase media, étodavia
exis-
te?" (1982), "La clase media se siente ahogada en una economia que
ho crece" (1988), "El fin de la clase media" (1989), "Adiós, clase
media,
adiós" (1992), ";Desaparece la clase media?" (1996), "La clase media
seguirá achicándose, vaticinan" (1999), etc." En una veta más humo-
ristica se publicaron manuales sobre "como resistir en la clase media
e historietas sobre "el último argentino de clase media",3 Al menos
desa
de 1990 la prensa advirtio sobre el fenómeno de los " nuevos pobres"
y
no faltaron los que --como el obispo Jorge Casaretto en 1998-seña-
laron los riesgos que implicaba la *ruptura de un cierto equilibrio
social
sustentado en la clase media". 4 A diferencia de los articulos que
hablaban de la " proletarización de
la clase media" en los años treinta, escritos por intelectuales ycon
inten-
cionalidad política, Ios que abundaron en la prensa desde el Rodriga
zo eran de autoría de periodistas y reflejaban una inquietud social
más
amplia. En las decenas de textos de este estilo que aparecieron en las
děcadas del ochenta y del noventa casi nunca se referia a problemas
ideológicos o politicos más generales, Se trataba simplemente de
voces
de alarma por el deterioro del bienestar de la clase media y de nostal-
gia pot los buenos viejos tiempos de una mayor equidad social. Pero
Se trata de una mirada situada en el pasado que no ofrece
alternativas
hacia el futuro. Rara vez los periodistas avanzaron en la identificación
de las causas profundas de la situación que señalaban. "La inflación"
"la crisis", "los cambios económicos ", "las erróncas políticas del
gobier-
no": se trataba casi siempre de factores abstractos y generales. Solo
tar-
diamente se hizo visible el hecho de que habia sectores de la
sociedad
que se estaban beneficiando con los cambios económicos que produ-
cian tales penurias.s Como en los esquemas sociológicos de Germani,
la presencia de la clase alta resultaba prácticamente invisible en
estas
quejas mediáticas que sonaban más como un lamento lanzado al
vacio
que como una consigna politica que apuntara a organizarse para la
defensa sectorial (Fig. 19, en pág. siguiente).
Sur
891.
mo:
edia"
des-
es"
sena-
social
Los SECTORES MEdioS y La Politica En Los ANos NoVenta
Como respuesta a esta situación de rápido declive, durante la déca-
da del noventa porciones de los sectores medios participaron de
diver-
sas formas en la lucha contra las políticas neoliberales. Los pequeños
y medianos productores rurales estuvieron entre los más activos opo-
Sitores a las medidas promovidas por Menem (y apoyadas por la
Socie-
dad Rural, firme aliada de su gobierno). Desde el añio 1993 la Federa-
ción Agraria (FAA) desarroll6 una intensa actividad de Protesta. Ese
ano realizaron un "tractorazo" en Plaza de Mayo, seguido de un Paro
nacional agropecuario de diez días en agosto de 1994, que estuvo
acom-
Pafiado de manifestaciones y cortes de ruta en diversas localidades.
En
general Jos Pequeños 1 medianos productores rurales experimentaron
un renovado fervor asociativo y de lucha durante la década del 90.
Numerosas asociaciones y movimientos nuevos florecieron Por todo
d pals, como el Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha, que
se hizo famoso por los métodos radicales con los que lograban frenar
los remates judiciales de los que habfan caido en la quiebra. Hacia
fines de los noventa se produjeron por todo el pais explosiones de
descon-
tento entre la gente de campo, desde los productores de frutas el Rfo
Negro hasta los tabacaleros de Jujuy, pasando por los tamberos de
San-
ta Fe y los algodoneros del Chaco No casualmente, en estos años se
hizo scntir una renovada vocación por la unidad. La FAA amplió su
política de alianzas promoviendo encuentros y reclamos en cOnjunto
con otras entidades representativas de campesinos, "sin tierra" y
peque-
ños productores de distintas regiones. También confluyó con otras
enti-
dades gremiales importantes del campo como CRA, CARBAP y CONI
NAGRO, con las que realizó ocho medidas de protesta de alcance
nacional a lo largo de la década.5
Pero fueron los trabajadores y desocupados los que actuaron como
punta de lanza de la resistencia, articulando alianzas amplias que
inchu
yeron a las principales entidades de scctores medios. Por ejemplo,
des-
de 1995 la CGT llamó a algunas tardías huelgas en protesta contra las
medidas del gobierno. Al paro general decretado en septiembre de
ese
año adhirieron la Confederación Argentina de la Mediana Empresa
(CAME), la Confederación General Económica (CGE) y la Federación
Universitaria (FUA), además del nuevo partido Frente Grande y de la
UCR. Pero el principal activismo antincoliberal provino de una nueva
central sindical que se fundo en 1992 ante la flagrante complicidad de
la cupula de la CGT con las políticas menemistas: la Central de los Tra
bajadores Argentinos (CTA). Los castigados gremios de empleados
esta-
tales y de mnaestros lueron los principales impulsores de la nueva
enti-
dad; aunque entre sus aliliados abundaban los de sectores medios, la
identidad fundamental que utilizaron fue la de "trabajadores" (los
maes
tros de CTERA incluso gustaban de llamarse a si mismos los obreros
de la tiza" ), La CTA fue la principal impulsora de varias huelgas y de
dos
de los hitos más importantes de la resistencia al neoliberalismo en
estos
años. El primero fue la Marcha Federal" que, partiendo desde diversos
puntos del pais, consiguió reunir una enorme multitud en Plaza de
Mayo
e1 6 de junio de 1994. A la marcha, convocada por la CTA y otros agru
pamientos sindicales, se sumaron gran cantidad de entidades de todo
tipo, entre otras la FAA, la Federación de Camaras ¥ Centros
Comercia-
les Zonales de la Rep, Arg. (Fedecámaras), la FUA y la Asamblea de
Peque-
nos y Medianos Empresarios de la Rep. Arg, (APYME); tambien estu-
vieron presentes el Frente Grande, la UCR y varios partidos de
iaquierda. El dia de la concentración hubo entre la multitud una
buena propo
ción de personas de sectores medios
El segundo hito en la lucha contra el neoliberalismo motorizado po
la CTA fue el del Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO), nac
do en 2001 con el objetivo de impulsar una ley por la que el Estado
garan-
tizara un ingreso universal suficiente como para que nadie
cayera,bajg
la linea de pobreza. En la iniciativa participaron varias entidades de
scc
tores medios: además de las ya mencionadas FAA, APYME y FUA, las
Abuelas de Plaza de Mayo y otras asociaciones por los derechos
huma.
nos, varios partidos opositores y un gran número de personalidades
de
campo artístico, religioso e intelectual. Decenas de miles de
voluntarios
se ofrecieron para colaborar en la organización de un plebiscito infor-
mal convocado para mediados de diciembre en todo el pais, que reco
lectó más de tres millones de firmas en apoyo al proyecto.' En suma,
fue
ron los trabajadores los que lograron construir y liderar las principales
alianzas que resistieron las políticas neoliberales; la mayor parte de
los
sectores medios en lucha se encolumnaron detrás de ellos.
Un caso interesante de esta hegemonía del sindicalısmo trabajador
sobre
el gremialismo de sectores medios es el de APYME. La entidad - que
hacia
2009 nucleaba a alrededor de 5000 empresarios de todo el país- se
mani-
festó desde el comienzo en contra del neoliberalismo. Durante los
años de
Menem desarrollaron una intensa campaña de denuncia de la política
ofi
cial: ya en 1991, conjuntamente con un Frente del Empresariado
Nacional,
realizaron dos jornadas de protesta para presionar al Congreso. Al año
siguiente entregaron un petitorio con firmas de 10.000 empresarios
exi-
giendo la protección del mercado interno y se opusieron a las
medldas.de
"flexibilización laboral". Desde entonces fueron ampliando el radio de
sus
alianzas y en 1993 confluyeron con otras entidades como la FAA, la
Aso-
ciación de Importadores y Exportadores, el Instituto Movilizador de
Fondos Cooperativos y Fedecámaras en la elaboración de un
documen-
to en común que criticaba las politicas del gobierno, Los anos siguien-
tes fueron para APYME una febril sucesion de proclamas y actos de
pro-
testa y denuncia del deterioro de la situacion economica de las
mavorias
en beneficio del gran capital, Pero las alianzas que busco en la
segunda
mitad de la década fueron más hacia abajo" como vimos, en 1994
participo teipó activamente de las iniciativas de la CTA. Durante 2002
la entidad
actuaria en estrecha relación con los movimientos populares que pro-
lagonizaban el reclamo entonces: asambleas barriales, organizaciones
de
desocupados, fábricas recuperadas, etc.7
Junto con estas acciones de tipo más "institucional", florecieron en
ja década del '90 modos de protesta más espontáneos y orientados a
la
aeción directa. Los más famosos fueron las "puebladas" que
ocurrieron
en varios puntos del pais desde 1993. En algunas de ellas los sectores
medios locales tuvieron una importante presencia luchando codo a
codo
con los trabajadores y desocupados. Un ejemplo interesante es el de
las
célebres puebladas y cortes de ruta de 1996-1997 en Cutral-Co y
Plaza
Huincul (Neuquén) y Tartagal y Mosconi (Salta). La privatización de
YPE, la empresa petrolera estatal, habia dejado en la calle a miles de
tra-
bajadores del sector. Alli, ante la posibilidad de ver sus ciudades, que
eran
enclaves petroleros, convertidas en pueblos fantasma, la comunidad
ente
ra participó en las movilizaciones. Reclamando una solución, se lanza-
ron a organizar piquetes que interrumpian el tránsito en las rutas. En
las asambleas y "multisectoriales" mediante las cuales coordinaban
ini-
cialmente la lucha, participaban no sólo empleados estatales y
petrole
ros desocupados, sino también comerciantes, docentes y pequeños
empresarios. EÌ liderazgo cayó en manos de los trabajadores y
desem-
pleados, pero esto no debe opacar el hecho de que los sectores
medios
participaron activamente en estas resistencias de carácter verdadera-
mente comunitario que dieron origen el movimiento de los piquete
ros". Más aún, desde el punto de vista de las identidades, incluso
entre
los propios ex trabajadores de YPF debe haber habido no pocos que
se
sentian "de clase media", Como han mostrado los sociólogos que
estu-
diaron el fenomeno, la alta calificacion de muchos de los petroleros y
sus sueldos --que podian triplicar o cuadruplicar lo que ganaban los
docentes o empleados - habfan generado entre ellos una sensacion
de
pertenecer a una clase distinta y " superior" a la del resto de los
trabaja
dores. El propio Pepino" Fernandez, uno de los.que fundaron la radi
calizada Union de Trabajadores Desocupados de Mlosconi tras haber
sido despedidos de YPE, se presentó en una ocasión ante un
auditorio. como
"gente de clase media que quiere recuperar esa vida".8 La identidad
que
pudiera tener en su fuero privado, sin embargo, no cambió el hecho
de
que la organización que fundó se concibió fundamentalmente como
una
de "trabajadores'
El corte de ruta como metodologia de lucha se popularizó a partir
de 1996. Aunque suele asociárselo a los "piqueteros" y a la clase más
baja, en realidad muchos otros sectores participaron de esa forma de
acción. Ya hemos mencionado los que acompañaron el paro de la FAA
en 1994. Un estudio contabilizó 685 cortes de ruta en todo el pais
entre
1993 y octubre de 1999; de ellos, sólo un 36,8% fue protagonizado
por
asalariados (desempleados pero también ocupados, que en realidad
eran la mayoría). Contrariamente a lo que suele creerse, 47,6%
fueron
organizados por pequeños y medianos propietarios, productores agro-
pecuarios, comerciantes y otros empresarios o estudiantes, la
mayoría
de las veces encuadrados en entidades o " multisectoriales
preexisten-
tes. La mayor parte de este tipo de cortes se produjo hacia el final del
período (muchos en 1999), mientras que en años anteriores habían
predominado las acciones impulsadas por trabajadores ocupados o
desempleados.
No obstante todas estas formas de resistencia, durante la década
del `90 la parte de los sectores medios que estaba descontenta cok la
situación parece haber confiado mayoritariamente en el sistema elec-
toral como canal de sus expectativas de cambio. Sin embargo, si bien
en alguna contada ocasión algún político tomó en cuenta a la clase
media" en sus discursos y proclamas, no hubo en los años noventa
nin-
guna fuerza que se ofreciera como representante o paladin de esa
cla-
se de manera enérgica y mucho menos exclusiva (al menos no de
mane-
ra explicita). Desde el gobierno y los sectores más beneficiados por
sus políticas más bien hicieron lo contrario: atacarla. En efecto, hubo
en
estos afños-y esto era completamente inédito- algunas voces que se
alzaron para cuestionar la legitimidad o pertinencia del lamento de la
clase media. Estas voces procedian de la prensa representativa de los
intereses financieros, de algunos grandes empresarios y del gobierno.
En 1993, por ejemplo, el diario Ambito Financiero publicó un artícu-
lo en el que acusaba a la clase media de 'llorar", es decir, de quejarse
de penurias que no eran tales. Algunos añios después el mismo
gobier-
no y el último ministro de Economía de Menem, Roque Fernández.
salieron a decir que la clase media no tenía de qué quejarse e incluso
intentaron culparla de ser la principal evasora de impuestos. En 1998
se sumó la voz de dos de los empresarios más poderosos del pais: los
ultramenemistas Amalia de Fortabat y Franco Macri. En-una extrava-
gante entrevista a dúo, además de poner en duda que hubieran
aumen-
tado realmente la pobreza y la desocupación, consideraron que "el
pro-
blema está en la propia clase media", que sólo "añora viejos
tiempos".
Y no se privaron de dar consejos: para estar en mejor situación, la cla-
se media debía "adaptarse al nuevo país", "aprender inglés" y tener
mejor disposición para mudarse al interior, donde tendria mejores
oportunidades (porque la clase media, se sobreentiende, es sobre
todo
porteña). Tanto era lo que habia cambiado el clima cultural desde los
años setenta: ahora no eran las críticas de la izquierda a la clase
media
las que se hacían escuchar en los medios, sino las de los más desver-
gonzados entre los ricos, 10
No es extraño entonces que, luego de una etapa inicial de cierta
seducción por el menemismo, más y más personas de los sectores
medios
comenzaran a buscar en otros partidos los lideres para el cambio que
esperaban. A partir de su formacion en 1994, el FREPASO --confor-
mado por peronistas disidentes, algunos radicales, democristianos,
mili-
tantes del movimiento de derechos humanos y de agrupaciones
meno-
res- se convirtió rápidamente en el principal partido de oposición
desplazando por primera vez a la UCR del segundo puesto en las
prefe-
rencias del pais. El FREPASO, los radicales y otros grupos conformaron
poco después una alianza que unificó a la casi totalidad del arco
oposi-
tor. La Alianza -asi la llamaron - - arrasó en las elecciones presidencia-
les de 1999, acompañada por el voto de muchos sectores (en
particular
de los medios) que esperaban poliíticas que se apartaran del modelo
neo-
liberal impuesto por Menem.
Durante estos años tanto el FREPASO como la UCR habfan criti-
cado duramente a Menem por el crecimiento de la desigualdad y de
la
pobreza. Como parte de su crítica, convocaron a algunas acciones de
resistencia en las que participaron sectores medios. En 1996, por
ejem-
plo, llamaron a la población a realizar un "apagón" en protesta por los
aumentos de precios de las tarifas eléctricas y en 1997 hicieron lo
mis-
mo con las de teléfonos. Ambas acciones, que tuvieron un importan-
te nivel de participación de la población, fueron acompañadas de
cace-
rolazos", no demasiado multitudinarios. El golpe de cacerolas como
forma de expresar el descontento fue adoptado poco después en
mani-
festaciones espontáneas. En Buenos Aires, por ejemplo, hubo cacero-
lazos contra la empresa distribuidora de electricidad por los cortes en
el suministro en 1999 y, en enero de 2001, algunos habitantes de
varios
barrios hicieron lo propio contra el gobierno de la ciudad en reclamo
de soluciones para las inundaciones.'' Aunque los. sectores medios
fue-
ron partícipes centrales de estas formas de resistencia, prefirieron
iden-
tificarse como vecinos antes que como <clase media". Y tampoco los
reclamos de la UCR o el FREPASO por la situación social se hicieron
en términos de clase: en general prefirieron presentarse como defen-
sores de los más pobres, de los "excluidos", de la nación" o derla
socie-
dad" en general.
En sintesis, aunque existió plena conciencia del empobrecimiento
de vastos sectores medios, y a pesar de que estos sectores
participaron
activamente (tanto de modo espontánco como encuadrados en
entida-
des o liderados por partidos políticos) en manifestaciones de
oposición
al modelo neoliberal, no hubo una utilización pública de la identidad
de"clase media" como identidad politica principal. Al menos hasta
fines
de la década los llamados a la acción de las entidades gremiales, de
los
partidos o espontáneos fueron dirigidos hacia la sociedad en su con-
junto, o hacia algún grupo de interés particular (como el ^"pequeno
pro-
ductor" o Jos "pequeños y medianos empresarios") o hacia "vecinos" a
los que, a través de ese nombre, se imaginada despojados de
cualquier
interés "de clase", En las principales luchas contra las políticas mene-
mistas los sectores medios que participaron lo hicieron en alianza con
los trabajadores y en general liderados por ellos. Más adelante
volvere-
mos sobre los motivos de esta "invisibilidad política" del reclamo por
la
clase media.
ELA "CLASE MEDIA" CAMINO A LA REBELIÓn?
De acuerdo: ni los partidos ni las entidades gremiales existentes con-
vocaron a la acción a la clase media" como tal. Cada uno habrá tenido
sus motivos para ello. : Surgió en cambio alguna entidad nueva que lo
hiciera? Podrá resultar curioso, pero prácticamente no existieron en
los
años noventa agrupaciones que se presentaran públicamente como
de
defensa de la "clase media'.12 Solo con el nuevo siglo comenzaron a
oír-
se voces ẹn ese sentido.
Tras la victoria de la Alianza Alianza en 1999, el presidente Fernando
de la
Rúa venia defraudando toda expectativa de cambio. En lugar de
modi-
ficar el modelo económico, intentó paliar la crisis mediante un nuevo
"impuestazo" que no hizo sino empeorar las cosas. La continuidad
res-
pecto de la era Menem era tal, que en 2001 De la Rúa volvió a
convocar
a Domingo Cavallo para el cargo de Ministro de Economía. En una
situa-
ción de crisis cada vez más incontenible, y para salvaguardar los
intere-
ses de los grupos financieros, Cavallo tomó entonces algunas
medidas
incluso más impopulares que las de la década anterior. Su plan de
"défi-
cit cero", hecho ley a fines de julio, se tradujo en un recorte
compulsivo
del 13% en los sueldos de todos los docentes, empleados del Estado y
jubilados. A comienzos de diciembre, ante la masiva fuga de divisas
que
hacía peligrar al sistema financiero, implementó el famoso
*"corralito", que limit6 la cantidad de dinero que las personas podfan
retirar de sus
cuentas bancarias. En fin, durante todo el año el gobierno no hizo sino
echar más leña al fuego del descontento. No asombra entonces que
en
las elecciones legislativas de 2001 la Alianza sufriera una aplastante
derro-
ta a manos del peronismo. Pero además se produjo entonces un
hecho
inédito: un 42% de los ciudadanos optaron por el * voto bronca", es
decir,
votaron en blanco, anularon su voto o se abstuvieron de votar. Fue su
forma de manifestar la pérdida de confianza en los políticos, indepen-
dientemente del partido al que pertenecieran. A la crisis económica
se
sumaba ahora una crisis de legitimidad no sólo del gobierno, sino de
la
totalidad del sistema político.
Poco antes de esas clecciones e inmediatamente después comenza-
ron a hacerse visibles signos de un mayor interés por defender políti-
camente a la clase media de manera explícita. La provincia de Men-
doza, por ejemplo, lanzó en marzo un ambicioso "Plan de Vivienda
para
la Clase Media'. 13 A partir del mismo mes Eduardo Duhalde, jefe de
los
peronistas, atacó las políticas *ultraliberales" del gobierno (las que,
sin
embargo, él mismo había acompanado como vicepresidente de
Menem),
diciendo que *a este ritmo, en ocho años nos quedamos sin clase
media".
En mayo publicó un extenso artículo en La Nación llamando a tomar
medidas para revertir "la agonia de la clase media".14 El minúsculo
Par-
tido de la Generacion Intermedia hizo campaña en octubre prome-
tiendo por TV rescatar a la clase media" y hasta el Partido Obrero se
preocupó por su suerte poco antes.'' Luego del desastre electoral los
principales dirigentes de la Alianza le exigieron públicamente a De la
Rúa un *cambio de rumbo' económico para evitar "la destrucción de
la
clase media y la pauperización de los sectores laborales "' Por
entonces, algunas voces aisladas intentaron ir más allá y con-
vocar a la "clase media" a la acción, incluso a la rebelión. Un caso
inte-
resante es el de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa
(CAME), que-a diferencia de su competidora APYME- buscó actuar
con independencia del`reclamo de los trabajadores.17 Creada en
1956,
CAME es una de las principales entidades de los medianos propieta
rios: hacia fines de 2006 nucleaba a 27 federaciones provinciales y
953
cámaras específicas y centros comerciales de todo el país,
representa-
tivos especialmente del comercio pero también de los profesionales,
de
la industria y del sector servicios. En los inicios de los años noventa la
entidad saludó las medidas de Menem. Sin embargo, desde mediados
de la década las relaciones comenzaron a tensarse: en 1995 CAME
logró
convocar a 7000 representantes del sector en un local porteño para
exi-
gir medidas de apoyo financiero, de prórroga en las ejecuciones de
deu-
dores y de restauración del mercado interno; el mismo año, como
vimos, la entidad respaldó un paro decretado por la CGT. A partir de
entonces, sin embargo, CAME desarrollaría sus protestas de manera
autónoma o, en el mejor de los casos, en alianza con otras asociacio-
nes de su mismo sector. Algunas lograron un alcance importante,
como
la masiva concentración en Plaza de Mayo en septiembre de 1999, a
la
que asistieron también la CGE, la Confederación General de Comer-
cios y Servicios y Fedecámaras. En octubre de 2000 organizaron otra
marcha, esta vez al Congreso, para reclamar <medidas de
emergencia
para las Pymes"'. Al mitin convocaron exclusivamente a los pequeños
y medianos propietarios. Más de 2000 vehículos llegaron ên Caravana
al Congreso y manifestaciones similares se registraron al mismo tiem-
Po en otras seis ciudades del interior. Ya desde entonces, sin
embargo,
se notó una voluntad de ampliación del horizonte de las alianzas:
cada
vez más los discursos del presidente de CAME, Osvaldo Cornide, bus-
caron asociar la suerte de los pequeños propietarios con la de otros
sectores. La globalización en la Argentina muestra ganadores y per-
dedores", dijo en una intervención ese año; los ganadores " fueron los
sectores financieros, los hipermercados y las empresas de servicios
públicos privatizadas; los perdedores, las pymes del agro y la ciudad
los trabajadores y los profesionales". En un discurso de agosto Corni-
de lanzó una convocatoria amplia para que &"las organizaciones
empre
sarias nacionales, los trabajadores, profesionales y los dirigentes poli-
ticos de cualquier partido" que.crean en la necesidal de una política
diferente ""unifiquen criterios y propongan cuanto antes una respues-
ta diferente a la política de ajustes realizada hasta ahora" Luego de
varias acciones en diferentes localidades, CAME organizó la que fue
su
movilización más importante. El 12 de diciembre de 2001 convocaron
a hacer sonar las bocinas, golpear cacerolas, cortar calles, apagar las
luces de las vidrieras y descolgar los teléfonos en reclamo de un cam-
bio en "esta política económica y social'. La medida tuvo importante
repercusión en numerosos puntos del país. CAME, sin embargo, se
negó a adherirse al paro que, con el mismo propósito, venían de
decre-
tar las centrales sindicales para el día siguiente (a pesar de lo cual
nume-
rosos comerciantes y sectores de *clase media", como informó el dia-
rio Clarín, adhirieron por su cuenta a la medidal8). Durante 2002 la
entidad siguió asociándose casi exclusivamente con otras de Su
mismo
sector para pedir medidas de apoyo económico la independencia del
Poder Judicial, mayor seguridad frente a la ola de delincuencia Y el fin
del *corralito bancario. A diferencia de APYME, no tuvo vinculacio-
nes fuertes cOn movimientos contestatarios o de clases bajas. 19
Resul-
ta interesante que, como parte de su estrategia de ampliación de
alian-
sino presentó ala la "clase acción media" del tan 12 en de sólo a
general.2ó los diciembre De pequeños como hecho, Y el la medianos
comienzo Prensa de de la una propietarios entidad ver-
zas, desde abril de 2001 CAME comenzó a identificarse como una
enti-
dad que no defendía
dadera "rebelión de la clase media" empobrecida.21
Durante 2001 hubo otros signos de interés por movilizar a la "cla-
se media de manera explicita. En abril se fundó la primera asociación
--desde aquella otra experiencia de 1956- que asumió tal identidad
como la principal a la hora de promover fines gremiales y politicos. El
Frente para la Defensa de la Clase Media, creado entonces por un gru-
po de vecinos de Rosario, se propuso luchar principalmente contra la
ineficiencia y corrupción de los politicos y los gastos que la "partido-
cracia" ocasionaba a la población. La iniciativa, sin embargo, nunca
atrajo a más que a un puñado de vecinos y se extinguió sin haber
logra-
do mayor. impacto.22 Pero el lamamiento más vehemente a la "rebe-
lión de la clase media" no provino de un partido politico, ni de una
entidad gremial, ni de ninguna asociación creada a tal fin, sino de la
pluma de un simple historietista
Desde comienzos de diciembre de 2001 Miguel Rep publicó en el
diario progresista Página/12 una serie de viñetas que resultarian pre-
monitorias. Harto de enfrentar las dificultades económicas que traia la
crisis, Gaspar "el Revolú" - uno de sus personajes más conocidos, un
porteno *progre" devenido empleado telefónico a pesar de tener estu-
dios universitarios- invitó a los lectores a "salir a la calle" hasta "echar
al ministro" (Cavallo). ";Cuándo nos levantaremos, la clase media?",
increpó furioso el 5 de diciembre, desde un recuadro de tamaño triple
(Fig. 20, en pág. siguiente). Al dia siguiente Gaspar se preguntó ";
Será
capaz la clase media de una protesta espontánea, sin lideres, en
silencio,
una marcha con una sola premisa tipo: 'Que se vaya el de Economía,
NO
a sus medidas'?" La tira del día 10 ya vino con el título "La Rebelión
de
la Clase Media", que conservó durante las semanas siguientes.
Gaspar
insistió:""- Clase media levántate!" Reclamando sólo en Plaza de
Mayo el
dia 12 Gaspar recibió una dura golpiza policial y fue arrestado en la
isla
Martín García. (Los lectores seguramente comprendieron la alusión a
aquel otro preso ilustre de la misma prisión: Perón,) Enterada del
suce-
so su hija marchó a su vez a la Plaza a exigir la liberación de su papá
y
convocó a otros adolescentes a ayudarla: "Chicos de la clase media,
levan-
témonos!", escribió en una pancarta el 15 de diciembre. Dos días des-
pués apareció un recuadro único con la imagen de una multitud de
jóve-
nes ("los adolescentes clase media llenan la Plaza", 1o tituló el autor).
La
imagen abundaba en referencias a la historia: algunos chicos con los
pies
dentre de una fuente exclamaban "Qué copado esto de poner las
patas
en la fuente" (otra alusion al 17 de octubre de 1945), mientras que un
cartel que llevaban otros advertía 'Guarda con nosotros,'podemos ser
la
segunda Juventud Maravillosa" (Perón en referencia a los jóvenes
revo-
lucionarios de los años setenta). El dia 19 de diciembre la Plaza de
Mayo
seguía tomada por la multitud adolescente, que al hacer silencio
termi-
nó de crispar los nervios de Cavallo, que observaba desde el balcón
de
su despacho (Fig. 21, en pág. siguiente). La tira que apareció el 20
(cla-
ro, dibujada el día anterior), mostraba a la multitud a oscuras en la
Pla-
za y se preguntaba en referencia a la reciente medida de De la Rúa:
*La
clase mediá aceptará el Estado de Sitio?" Poco después la historieta
anun-
ciaria la liberación de Gaspar y -coincidiendo ahora sí con lo que pasa-
ba al mismo tiempo en la vida real- las renuncias del ministro y del
Presidente.23 Curiosa rebelión la imaginada por Rep antes de los
cven-
tos: para ser una revuelta protagonizada por la clase media, tenía
dema-
siadas similitudes con las formas de acción del peronismo y de las cla-
ses bajas que habian jalonado la historia nacional..
DICIEMBRE DE 2001:
UNA REBELIÓN POPULAR DE MÚLTIPLES PROTAGONISTAS
El 19 de diciembre de 2001 sucedió un acontecimiento totalmen-
te inesperado (aunque similar en mas de un sentido al que Rep habia
imaginado). Por la noche, luego de un discurso de De la Rúa que
anun-
ciaba la implantación del Estado de Sitio. y ninguna solución para la
galopante crisis económica, grupos de vecinos de Buenos Aires
comen-
zaron aqui y alli a golpear cacerolas espontáneamente en las puertas
de sus casas. Pronto otros los imitaron y el ejemplo se expandió como
una mancha de aceite sobre toda la ciudad. Llegadas las diez de la
noche
una multitud de cientos de miles de personas golpeaba sus cacerolas
en una extraña sinfonia de protesta. Nadie traia carteles políticos; los
que intentaron desplegar alguna pancarta fueron obligados a guar-
darla. Reunidos en los principales puntos de la ciudad, muchos mar-
charon hasta Plaza de Mayo a medianoche. Otros miles prefirieron
quedarse en sus barrios o sitiar la residencia presidencial de Olivos.
Cientos de personas protagonizaron hechos similares en Rosario,
Para-
ná, Tucumán y otros puntos del pais. Desconcertado, el Presidente
pen-
só en aplacar la furia popular anunciando la renuncia del odiado
Cava-lo. Pero eso no fue suficiente. Cuando, por la mañana del día
siguien-
te, el gobierno ordenó reprimir a los manifestantes que habian per-
manecido frente a la Casa Rosada desde la noche anterior, una multi-
tud rodeó la Plaza de Mayo. Aunque la mayoría se habia acercado por
su cuenta, esta vez se hicieron notar también los que llegaban encua-
drados en organizaciones sociales, sindicales Y políticas. Tras varias
horas de combates con la policía De la Rúa finalmente fue forzado
renunciar. Simultáneamente se habían producido manifestaciones en
Santiago del Estero, Entre Ríos, Córdoba, Mendoza, Neuquén y otros
puntos del pais
El año que siguió a la rebelión de diciembre de 2001 fue testigo de
formas inéditas de autoorganización, lucha y solidaridad. El peor
momento de la crisis despertó en buena parte de la población los
mejo-
res instintos de cooperación, creatividad y vocación por lo público;
fueron tiempos extraordinarios.24 Inmediatamente luego de la caida
de De la Rúa comenzaron a surgir "asambleas populares" o
*vecinales'
en varias ciudades del pais.Se formaron espontáneamente en cada
barrio por la reunión de los propios vecinos, sin que ninguna organi-
zacion las convocara; solo en la ciudad de Buenos Aires y el conurba-
no llegó a haber cerca de 150. Durante 2002 y 2003 demostraron una
enorme vitalidad: llamaron a la realización de decenas de cacerolazos
masivos, discutieron la manera de reemplazar a los políticos profesio-
nales por formas de democracia directa, exploraron salidas económi-
cas para la crisis y establecieron fuertes lazos de soliddidad con otros
movimientos sociales, como el de los piqueteros y el de fabricas
"recu-
peradas" puestas a funcionar por los propios trabajadores, que por
entonces tuvieron un gran florecimiento. Por todas partes 2002 y
2003
fueron años de intensa movilización callejera y experimentación de
formas de organización novedosas. En general se cuestionaron las
jerar-
quias y la "política tradicional" y se manifestaron fuertes ansias de
"horizontalidad" - -una palabra que comenzo a circular masivamente
por entonces-y protagonismo. El Estado, los politicos y el capitalis-
mo recibieron cuestionamientos profundos y de una masividad pocas
veces vista. Gente sin experiencia politica junto con otra que si la
tenia
protagonizaron en esos años formas de accion directa de radicalidad
inédita: "escraches" contra los politicos, tomas de edificios, ataques
constantes a bancos y multinacionales, cortes de rutas, Se respiraba
una sensacion de libertad recuperada y de que era posible inventar
una nueva forma de vivir en sociedad. Había en el aire la sospecha de
que
se terminaba una época oscura y comenzaba un tiempo nuevo. Una
simple vecina lo graficó con una imagen poderosa en una de las pri-
meras sesiones de la asamblea de su barrio, cuando dijo Para mí
recién
ahora se termina el Proceso". 25
Algunos intelectuales y periodistas se apresuraron a darle una inter
pretación estrecha a este período extraordinario. Para muchos, se
trató
de una ""rebelion de clase media" motivada por un interés económico
inmediato. El "corralito" había perjudicado sus finanzas y por eso la
gen-
te de esa clase había reaccionado. Las asambleas y la excitación
general
duraron mientras el corralito siguió en vigencia y se agotaron rápida-
mente tras ser resuelto el problema de liquidez de los bancos. En fin,
sólo
una cuestión de bolsillo. Los sucesos reales, sin embargo, desmienten
esas
rápidas interpretacionies. En realidad, la que se desató en diciembre
de
2001 fue una rebelión popular notoriamente plural y múltiple, tanto
por
su composición social como por las identidades puestas en juego. Sin
dudas el "corralito" habia contribuido al descontento general y no sólo
al
de los sectores medios (suele olvidarse que se habían inmovilizado
tam-
bién los sueldos de los trabajadores, cosa que llevo a las dos CGT y a
la
CTA a decretar un paro general el 13 de diciembre para exigir el fin de
esa
medida). Pero las motivaciones y demandas de la rebelión de 200 1
exce-
dieron con mucho el problema puntual de las cuentas bancarias.
Veamos.
Existen al menos dos motivos por los que seria equívoco decir que
fue la clase media" la que salió a manifestarse el 19 de diciembre. En
primer lugar, porque hubo sectores importantes de la "clase media
que no solo no participaron, sino que tuvieron una conducta bastan-
te opuesta a la de los que golpeaban cacerolas en las calles y plazas.
Por
ejemplo, los que ganaron" en los anos noventa y se refugiaron en
coun-
tries y barrios cerrados no experimentaron ninguna sensación de
liber-
tad o cntusiasmo. Para cilos, diciembre de 200t y todo el 2002 fueron
los tiempos del Gran Miedo. Al ver las inéditas formas de politización.
movilización callejera y cuestionamiento de la autoridad, imaginaron
que sus ciudadelas amuralladas podrian sufrir una invasion de los de
afuera. Lejos de sumarse a alguna "rebelión de la clase media', los
habi-
tantes de varios countries prefirieron quedarse encerrados y reforzar
las medidas de seguridad, En algunas de estas urbanizaciones incluso
se disenaron y ensayaron extravagantes ""planes de evacuacion" y se
for-maron patrullas de propietarios armados para enfrentar una imagi-
naria "invasión de los bárbaros" de la que, sin embargo, nunca hubo
ningún indicio.2 Teniendo en cuenta estas actitudes contrapuestas, en
todo caso, habría que decir que se trató-de la rebelión de una parte
de
la clase media.
Pero además, los sucesos del 19 de diciembre no fueron una "rebe-
lión de la clase media" por un motivo más simple: ese dia no sólo
salió
gente de los sectores medios a la calle, sino que también lo hicieron
personas de clase baja.De hecho, lo del 19 formó parte de una trama
de acontecimientos previos protagonizados tanto por sectores medios
como por clases populares en todo el pais. En efecto, desde mediados
del mes venia habiendo una escalada de acciones de protesta. Ya
hemos
mencionado algunas, como las de CAME, la consulta popular organi-
zada por el FRENAPO y la huelga general del día 13, que tuvo una altí-
sima adhesión. A ellas se sumó una ola de saqueos de supermercados
que creció en intensidad desde el día 13 y que involucró a barriadas
humildes de varias ciudades del pais. (Contrariamente a lo que suele
pensarse, los saqueos no son producto de reacciones individuales de
desesperación, sino -como ha demostrado un estudioso- formas de
acción politica colectiva).27 Simultáneamente hubo huelgas, manifes-
taciones, ataques a edificios públicos y choques con la[policía de obre
ros, empleados públicos, desocupados, docentes, estudiantes y orga-
nismos de derechos humanos en varias provincias. En una
concentración de trabajadores y desocupados en La Plata ese mismo
dia los oradores llamaron a realizar funa gran pueblada nacional como
el 17 de octubre [de 1945|". En algunos sitios, como en Entre Rios, las
protestas de esa semana fueron encabezadas por multisectoriales"
que
nucleaban a comerciantes y pequeños productores agropecuarios jun-
to a sindicatos obreros. El mismo dia 19, antes del cacerolazo noctur-
no, hubo acciones de una multiplicidad de grupos sociales. Docentes
universitarios, trabajadores municipales, comerciantes, camioneros,
"vecinos y desocupados realizaron protestas en diversas partes del
pais,
algunas bastante violentas. Los saqueos se hicieron más intensos,
espe
cialmente en el conurbano bonaerense. El cacerolazo se inició preci-
samente como respuesta al anuncio del Estado de Sitio que anticipa-
ba la salida represiva que el gobierno tenia en mente.De hecho, los
cánticos de la multitud esa noche celebraban el bloqueo de esa
opción
(";Que boludos, el Estado de Sitio se lo meten en el culo!") y exigfan
"*que se vayan" los políticos. No hubo ninguna referencia al problema
del "corralito", que habfa sido decretado el 3 de diciembre y hacia
sen-
tir sus efectos desde hacia ya dos semanas.
Algo similar sucedió con los eventos del día 20. En varias provincias
hubo cortes de ruta y otro tipo de acciones protagonizadas tanto por
tra-
bajadores y desocupados, como por pequeños productores y comer-
ciantes. Por ejemplo, la Multisectorial de Jujuy - formada por gremios
obreros, grupos estudiantiles, APYME, agrupaciones de docentes uni-
versitarios, organismos de derechos humanos y otros realizó ese dia
una movilización contra el Estado de Sitio. Las imágenes de TV de lo
que sucedia en la Capital inspiraban acciones de todo tipo en todo el
pais. Las centrales sindicales -la CTA y las dos CGT declararon un
paro por tiempo indeterminado. Por otra parte, entre la multitud que
combatia con la policia en Plaza de Mayo habia gente de sectores
medios
pero también desocupados y trabajadores. Ese día el corralito
tampoco
fue motivo de cánticos. fQue se vayan todos, que no quede ni uno
solo!"
-una consigna política y no económica-, fue la frase principal que
unificó a los que participaban en la rebelión. En varias localidades del
interior los manifestantes reclamaron también la renuncia de
goberna-
dores, concejales e intendentes
En fin, la de diciembre de 2001 fue una rebelión protagonizada por
múltiples sectores sociales y no se identificó expresamente con ningu-
no de ellos en particular. Por supuesto que, junto con gente de baja
condición, hubo una decisiva participacion de sectores medios. Pero
lo interesante es que éstos en general no se movilizaron aparte, con
reclamos exclusivos e identificándose como una clase media" sino
que,
por el contrario, lo hicieron con una expresa voluntad de confundirse
con el resto de la población afectada por la crisis, A partir de media-
dos de diciembre de 2001 se multiplicaron por todo el pais acciones
conjuntas de pequenos comerciantes y productores, estudiantes, Pro
fesionales, docentes, agricultores y obreros ocupados y desocupados
Varias decenas de manifestaciones, eseraches, cortes de ruta,
cacerola
zos y"puebladas" fucron convocadas y protagonizadas por tal diverst
dad de grupos sociales. En sus consignas ‣ y demandas demandas
con frecuensia
se combinaban las aspiraciones de cada grupo, Podian exigir el fin del
corralito, pero fambién el pago de sueldos atrasados ¥ mayores subsl-
dios para desocupados.Se preocupaban por las dificultades
financieras ras de los comerciantes y pequeños productores, pero
también por la
defensa de la salud y la educación pública. Las dernandas puntuales
pronto se entrelazaron con otras más generales y estructurales: del
uni-
versal odio a los bancos se pasó con frecuencia al cuestionamiento de
las multinacionales, las grandes empresas de servicios públicos priva-
tizadas o las politicas neoliberales impulsadas por el FMI. Y por todas
partes el malestar por la situación propia se tradujo en la exigencia de
la renovacion de las autoridades ejecutivas, legislativas y judiciales, el
fin de la corrupción y la disminución de los gastos superfluos del Esta-
do. Por un momento, existió una fuerte tendencia a que la multitud en
rebelión actuara como un sujeto poliítico unificado (sin dejar por ello
de ser múltiple y diverso). Incluso en los casos en que los sectores
medios se manifestaron solos -es decir, como comerciantes o "aho-
rristas" por su cuenta, sin articularse con las clases bajas_ 1o hicieron
en general utilizando métodos, símbolos y consignas mediante los
cua-
les se presentaban como parte de una misma trama con el resto de
los
sectores.
Uno de los símbolos más utilizados para este propósito, natural
mente, fue la cacerola. En efecto, entre diciembre de 2001 y fines de
enero de 2002 se hicieron cacerolazos convocados por grupos
sociales
variados para los fines más diversos. Los hubo para exigir que los
con-
cejales, legisladores e intendentes redujeran sus syeldos (en esto se
espe-
cializaron los mendocinos) pero también para demandar subsidios de
desempleo, puestos de trabajo, ayuda alimentaria o pago de haberes
(como los del 3 de enero en la ciudad de Resistencia). Los hubo para
reclamar que no quedaran impunes los asesinatos de manifestantes
por represión policial (la Multisectorial y el Movimiento Autoconvo-
cado de la ciudad de Parana insistieron en ello) pero también contra
las medidas económicas del gobierno provisional (los neuquinos,
entre
otros, realizaron varios de este tipo). Convocado por las asambleas
por-
teñas bajo la consigna "Que se vayan todos", el 25 de enero hubo
inclu
so un *"cacerolazo nacional", que tuvo sus ecos en decenas de
localida
des de todo el pais
La voluntad de confundirse en una misma rebelion a pesar y mas
allá de las diferencias sociales tuvo manifestaciones conmovedoras
El 28 de enero, por ejemplo, se realizó una multitudinaria marcha
conjunta de las organizaciones piqucteras hacia Plaza de Mayo. La
marcha recibió la adhesión y solidaridad de las asambleas portenas y
miles de personas de sectores medios aplaudieron el paso de las
columnas de los pobres por el centro de la ciudad, La multitud mez-
cada corco ese dia " Piquete y cacerola, la lucha es una sola" y no se
trataba tan sólo de una expresión de deseos: en estos tiempos extra-
ordinarios hubo intensos contactos, luchas conjuntas y experiencias
de solidaridad inéditas entre gente de sectores medios, obreros y
deso-
cupados.28
Quizá sea por esa vocación de unidad popular más allá de las dife-
rencias sociales que la gente de sectores medios que participó de la
rebe-
lión rara vez utilizó la identidad de " clase media" como parte de sus
rei-
vindicaciones. Jamás los cánticos callejeros la mencionaron; por el
contrario, los que resonaron durante las jornadas del 19 y 20 de
diciem
bre buscaron ser lo más incluyentes que fuera posible.Se coreó
"Argen-
tina, argentina", "El pueblo unido jamás será vencido" y "Si éste no es
el
pueblo, el pueblo ;dónde está?": los que llenaban las plazas y calles
esos
dias se imaginaban parte de uno y el mismo pueblo. Resulta
significati
vo que un movimiento como el de las asambleas populares, mayorita-
riamente compuesto por personas de sectores medios, nunca se haya
presentado públicamente como un movimiento de defensa de la
"clase
media". En los decenas de comunicados, boletines y proclamas que
pro-
dujeron las asambleas entre 2002 y 2003 prácticamente nunca
aparece
esa identificación en un sentido positivo.29 Por el contrario -sin duda
por la influencia de las ideas de la izquierda tradicional--suelen apare
cer alli visiones negativas sobre la " clase media", acusada de falta de
soli-
daridad o inconsistencia política,30 Lo más frecuente, en los pocos
casos
en los que dentro de las asambleas se mencionaba a la 'clase media",
era la voluntad de presentarla como parte del pueblo e identificada
con los
intereses de los más pobres.
31
Algo similar sucedió incluso con los movimientos de "ahorristas" que
se formaron por entonces con el fin de recuperar los depósitos
incautados
en los bancos. Estos movimientos estaban compuestos casi
exclusivamen-
te por gente de sectores medios que, en su fuero privado, no dudaba
en
identificarse como "clase media".32 Sin embargo, la fuerza que tenían
los
deseos de unidad popular durante estos tiempos extraordinarios
hacía que
ni siquiera ellos se sintieran cómodos presentándose públicamente
como
un movimiento de clase media". Todavía en un acto en julio de 2002
fren-
te a más de 8.000 ahorristas el referente máximo del movimiento,
Nito
Artaza -quien siempre insistió en la necesidad de solidarizarse con los
reclamos de los piqueteros y los más pobres-se vio obligado a
justificar se ante "todos aquellos que están diciendo que nosotros sólo
defendemos
los derechos de la clase media", diciendo que no era solo dinero lo
que recla-
maban sino "nuestros sueñios, nuestros proyectos, el trabajo de toda
una
vida" (como si defender los derechos de la clase media' abiertamente
y sin
pedido de disculpas no fuera del todo legftimo).33
Como hemos visto, en los años previos a la rebelión, durante la mis-
ma y en el año extraordinario que le siguió, hubo una intensa partici-
pación de sectores medios en la resistencia a las políticas
neoliberales.
Abundaron al mismo tiempo advertencias sobre el "fin de la clase
media"
y, ya en diciembre de 2001, se hizo presente la idea de una posible
"rebe-
lión'" de esa clase. Y sin embargo, prácticamente no hubo llamados
públi-
cos a la acción (salvo unos pocos aislados y de escasa importancia) ni
una utilización abierta de la identidad de "clase media" por parte de
los
sectores en lucha. Probablemente esto haya tenido que ver con
los.cam-
bios que sufrió tal identidad durante los años noventa y con la sensa-
ción de mayor cercania respecto de la condición de la clase baja que
a juzgar por las encuestas citadas en el capítulo anterior- muchas
personas experimentaban. Pero seguramente también influyó, a nivel
inconsciente, la vocación, el deseo o la necesidad de articular las
luchas
con las de la gente de condición más humilde. Presentarse como
clase
media", con la connotación antiplebeya que ello tiene en Argentina,
pro-
bablemente habría quedado fuera de lugar en el contexto de ese
mági-
co reencuentro que protagonizaron quienes no eran parte de la élite
(fue-
ran pobres, empobrecidos por la crisis o simplemente hartos de
tantos
atropellos). La identidad de clase media pudo haberse convertido, al
menos por un momento, en una carga, Un ahorrista cordobés lo dejó
escrito con toda claridad en ocasión de explicar las dificultades que
encontró para organizarse con los suyos en 2001:
[F]ormamos parte de una clase media que no sabe hacer un reclamo
públi-
co y sentimos que seremos vistos y asociados a sectores sociales
bajos (con
los cuales siempre quisimos diferenciarnos), Esto hace que evitemos
expo-
nernos y mostrarnos delante de personas hablando sobre lo
aconteeido.
Pedir ayuda en forma pública es una dificultad que no sabemos
resolver
desde la clase media; es un rasgo que no sabemos afrontar y
manifestar por-
que lo asociamos con mendigar En más de un sentido, la rebelión de
2001 podria compararse con
aquel "pafs de las huelgas" de 1919 del que hablamos en el capftulo
tres:
en ambos momentos se notaron fuertes impulsos hacia el
fortalecimien-
to de lazos de solidaridad entre sectores diferentes de las clases que
con-
forman el pueblo llano, lazos que los unían en una común resistencia
frente al capitalismo y sus efectos. En 1919 los que proveyeron el
estimulo
fueron los sueños de igualdad que inspiraba la ola revolucionaria que
recorria el mundo por entonces; en 2001 el impulso lo trajo la crudeza
de una crisis que amenazaba la continuidad misma de la vida social.
No
es extraño que en tales momentos de luchas y fuertes anhelos de
igual-
dad se preduzcan fenómenos de "desclasificación" - como los heros
lla-
mado-en los que se desdibujan las fronteras de separación de clase
que
el propio sistema produce y estimula entre la masa de quienes no son
par-
te de la clase superior. Y tampoco hay que extrañarse de que, cuando
eso
sucede, los poderosos, sus intelectuales y sus medios de
comunicación
salgan inmediatamente a apuntalar la solidez de esas divisiones.
El poder contraataca: cimentando el regreso A La oBEDIenCia
;Que se vayan todos!;Que no quede ni uno solo!" La rebelión de
2001 y el inédito horizonte político que se abría provocaron una
honda
preocupación entre la élite y las clases altas. Tanta desobediencia por
todas partes, tanta solidaridad entre sectores medios y clase baja,
tantas
experiencias novedosas de autoorganización y tanta crítica al
capitalis-
mo y al sistema político no podían sino crispar los nervios de los
pode-
rosos. Tanto, que algunos sintieron todavía el eschlofrio que la Revolu-
ción rusa les habia producido a sus ancestros en 1917: al verse
rodeados
de asambleas y ""multitudes enardecidas" a comienzos de 2002, los
edi-
torialistas de La Nación temieron que el pueblo se vicra seducido por
el
sombrio modclo de decisión de los soviets"35
Qué hacer con esa multitud rebelde en las calles? Habia que encon-
trar la manera de resolver la crisis cconómica y asegurar el orden.
Antes
de la caida de De la Rúa la estrategia de los poderosos habia sido la
de
profundizar el ajuste y acompañarlo de más represion, Al imponer
mas
recortes, sus últimos dos ministros de economia - Ricardo Lopez
Murphy
y Cavallo - habian decidido que serian los mas pobres los que
pagarían los platos rotos del modelo neoliberal. Al mismo tiempo
algunas voces,
como la del periodista Mariano Grondona, exigfan que Se suprimiera
la
protesta social apelando a medidas represivas. 36 Pero la rebelión de
2001
bloqueó por el momento esa salida. Tras una seguidilla de presidentes
interinos débiles, el Congreso eligió a Eduardo Duhalde, hombre
fuerte
del peronismo, para pilotear el barco del Estado durante el temporal.
Su
estrategia fue más bien pragmática: buscó ganar tiempo mientras
encon-
traba el modo de apagar el incendio. La rebeldia en las calles le
impuso
limites muy precisos: el costo del ajuste no podria caer enteramente
sobre
los más pobres, de modo que Duhalde no tuvo más remedio que
decla-
rar la cesación temporal de pagos de la deuda externa y una
"pesificación"
de la economfa que perjudicaba parcialmente a los bancos, al tiempo
que
introducía *retenciones" por las que el Estado se quedaria con una
parte
de las ganancias de algunos sectores exportadores, especialmente los
del
agro. A todos les prometió que se trataba de políticas transitorias y
que
serian debidamente compensados en el futuro. Atemorizados por la
rebe-
lión, acreedores, banqueros y empresarios rurales tuvieron que dejar
pasar
estas medidas que jamás habrían aceptado en tiempos normales.De
cual-
quier modo, los asalariados pusieron la mayor cuota del sacrificio con
la
pérdida del poder adquisitivo que trajo la pesificación.
Pero tanto o más importante que resolver la crisis economica fue
ocuparse de la crisis política. Duhalde necesitaba sacar urgentemente
a
la gente de las calles y evitar que siguieran multiplicándose las expe-
riencias de autoorganización de espaldas a los políticos. Para
restaurar
mínimamente la credibilidad de las instituciones estatales anunció
pron-
tas elecciones generales. ""No se puede gobernar con asambleas',
decla-
ró en marzo de 2002, "la forma que tiene la ciudadanía de expresarse
es
con el voto". Al mismo tiempo, y con la intención de debilitar el recla-
mo, Duhalde puso en marcha un gigantesco programa de subsidios
para
los desocupados, base de apoyo del movimiento piquetero." Divide y
reinarás: Duhalde sabía perfectamente que, para resolver la crisis
poli-
tica, lo principal era debilitar los lazos de solidaridad que se venian
tejien-
do entre los más pobres y los sectores medios, El modo de lograrlo
fue
precisamente lo que se discutio en la reunion de gabinete del 16 de
ene-
ro de 2002 en la que se decidió lanzar el ambicioso programa de
subsi-dios, Asi describió un ministro el razonamiento del gobierno a la
salida
de esa reunión:
Si se juntan los reclamos de los sectores más pobres, los que ya están
fuera
del sistema, con los de la clase media castigada por el corralito, el
resulta-
do podrfa ser un cóctel explosivo capaz de hacer tambalear al
gobierno de
Eduardo Duhalde,38
Ése era el imperativo del momento: mientras la multitud en las calles
gritaba ;Piquete y cacerola, la lucha es una sola!" el gobierno buscaba
la manera de evitar que los pobres y los sectores medios se juntaran
y
confundieran en un mismo reclamo. La lucha no debfa ser una sola".
En realidad, el "divide y reinarás" se venfa aplicando desde los mis
mos inicios de la rebelión: el 19 y 20 de diciembre habían circulado
rumores en diversas partes del país que indicaban a los habitantes de
un barrio que los del barrio de al lado se aprestaban a "saquear" sus
casas (cosa que, naturalmente, nunca sucedió). Tales rumores que
tuvieron su origen en la policía y/o en "punteros políticos- tenían el
objetivo de hacer que algunos vecinos percibieran a otros, especial-
mente a los de barrios más humildes, como una amenaza.De este
modo, se conseguia que cada cual se parapetara en su casa o en su
cua-
dra para defenderse de la supuesta amenaza, en lugar de sumarse a
los
reclamos y marchar conjuntamente sobre el centro de cada ciudad.
En
Neuquén incluso se genero el absurdo de realizarse el día 20 dos mar-
chas diferentes por el mismo motivo. Por la mañana, desocupados y
vecinos marcharon por la paz socia|" mientras que vecinos Y comer-
clantes lo hicieron por la tarde, con la misma consigna, pero diferen-
ciándose de los de la mañana, a quienes acusaban de ser instigadores
de los saqueos.39 Como antidoto contra los impulsos a la solidaridad
se inoculaba el miedo al otro...
Algunos medios de comunicación también participaron consciente
○ inconscientemente en la campaña del "divide y reinarás". Lo hicie-
ron presentando descripciones de los sucesos en las que distinguian
formas"buenas" y "malas' de la protesta, cada una identificada con un
grupo social y expuestas como si no fueran parte de una misma tra-
ma de rebelión. Clarin, por ejemplo, consideró que el cacerolazo de la
noche del 19 de diciembre fue una "manifestación espontánea de la
clase media". La Nación coincidi6 y agregó que se trató fundamental-
mente de una protesta contra el "corralito". Ambos destacaron el
carác-
ter pacifico y familiar de la manifestación y pusieron empeño en dis-
tinguirla de los violentos sucesos del día siguiente. Clarín tituló sobre
los eventos del 20 que se trató del "día de los militantes enardecidos"
y afirmó que había "otra composición" en la Plaza de Mayo: "no era la
clase media argentina" la que estuvo allí ese día. El noticiero del
canal
América TV contrastó los dos dias.mediante la frase "Civilizados ver-
sus salvajes",.4 Asi, se invisibilizaba el hecho del origen social
múltiple
y la interconexión entre las diversas formas de acción callejera, al
tiem-
po que, implícitamente, se trazaba un límite entre una modalidad
aceptable" de manifestación (pacífica, en defensa de la propiedad pri-
vada y de ""la clase media argentina" ) y otras ""condenables"
(violentas,
politicas" o de clase baja). En los meses siguientes al estallido se notó
en los medios de comunicación una insistencia en presentar historias
"edificantes" de personas de sectores medios que, con ingenio, se las
rebuscaban individualmente para sobrevivir en la crisis, al tiempo que
se reforzaron los mensajes que estigmatizaban a los más pobres, sea
por los "abusos" del " piqueterismo" o por la creciente ola de *insegu-
ridad"41
Durante el año extraordinario que siguió a la rebelión muchas per-
sonas -además de Duhalde- comprendieron que la clavl del momen-
to pasaba en buena medida por la actitud que asumieran los sectores
medios, ;Se sumaria la mayorfa de ellos, quc aún permanecía expec-
tante en sus casas, al entusiasmo de la numerosa minoria de los que
se
habfan reencontrado en las calles con la participacion y con las clases
bajas? ;O, por el contrario, predominarian la inercia y el prejuicio tra-
dicional hacia la acción política autonoma y hacia los más pobres?
Durante unos meses en 2002 y quizás parte de 2003 la respuesta a
esta
pregunta no era para nada evidente: la balanza podría haberse incli-
nado hacia un lado o hacia el otro. Algunos de los protagonistas de la
rebelión entendieron perfectamente la encrucijada de la hora. Un
asam-
bleista del barrio de Almagro lo expresó claramente: "No hay que per-
mitir que el gobierno rompa el vinculo que se está forjando entre la
clase media y las clases pobres", dijo en febrero de 2002, "ahí se está
creando el futuro de la Argentina".42
Las elecciones de abril de 2003 serfan el momento decisivo para
definir en qué dirección se inclinarfa el fiel de la balanza. Ganarse a la
"clase media" resultaba crucial. Poco antes, La Nación habfa inte-
rrumpido la racha de notas de alarma por el futuro.de esa clase con
un
artículo que, por primera vez en décadas, invitaba al optimismo:
"lejos
de estar en extinción", como muchos habían pronosticado, la "clase
media" ha *superado una temporaria derrota y vuelve hoy a transfor-
marse en "el espinazo de la sociedad argentina". La prensa e incluso
la
TV se ocuparon profusamente de esa clase.43 Clarfn y el mendocino
Los Andes advirtieron en sus titulares: "El voto de la clase media defi-
ne quién va al ballottage".44 Con vistas a los comicios casi todos los
politicos se acordaron de ella. Para algunos, como el piquetero Luis
D'Eia (que se postuló con magro resultado para el cargo de goberna-
dor bonaerense) se trataba de asegurar *la histórica alianza entre los
pobres y la clase media que se habia producido durante la rebelión.
'SLos presidenciables de la derecha, por su parte, trataron de halagar
a
la *clase media" o apostar a su antipatia por el desorden para
ganarse
su apoyo. López Murphy aseguró insistentemente que su propuesta
era
"levantar a los que están abajo y construir una inmensa clase media"
(olvidaba entonces que las medidas que él mismo habfa propuesto
durante su paso por el Ministerio de Economfa en 2001 sin duda la
habrían empobrecido aún más). Menem prometió abiertamente repri-
mir toda actitud revoltosa y jugó con el recuerdo de la breve prospe-
ridad que hubo bajo su gobierno.46 En las elecciones de agosto para
jefe de Gobierno porteño también Mauricio Macri se presentó como
defensor de la "movilidad social ascendente" y de la "clase media"
que
según su opinión- había convertido al país "en una referencia ine-
ludible de civilización",47 Pero quien más se acord6 de esa clase en
sus
discursos fue el candidato de Duhalde, un gobernador peronista pata-
gónico hasta entonces poco conocido llamado Néstor Kirchner.
En las semanas previas al comicio Kirchner eligió diferenciarse lo
más posible del pasado neoliberal que representaban sus dos
principa-
les rivales. Buscaba de algún modo congraciarse con quienes
permane-
cian en las calles en actitud rebelde, pero de una manera mesurada,
como
para no espantar a los que añoraban una vuelta a la normalidad. En
su
enérgico discurso de cierre de campaña presento al electorado no
sólo
una propuesta sino una disyuntiva histórica:
El 27 de abril, el pueblo debe optar por la concentración eonómica
que
trajo hambre y desesperación y que arrasó con la clase trabajadora y
que-
bró a la clase media argentina o por el modelo de la producción, el
traba-
jo y la incusión social.'8
Para los votantes se trató de una elección que no motivó entusias
mo, Mientras resonaba aún el "Que se vayan todos", los comicios obli-
gaban a optar entre un ex presidente responsable del desastre, un ex
ministro que no tenía nada que envidiarle en sus antecedentes
neolibe-
rales y un gobernador poco conocido pero que al menos prometía
cam-
bios y no tenfa un historial demasiado reprochable. No habfa otra
opción:
los partidos de izquierda, enfrascados en rencillas internas, no
ofrecían
una alternativa. Algunos propusieron un boicot electoral o repetir el
"voto bronca", apostando a fortalecer asf a los movimientos sociales
que
protagonizaban la rebelión. Pero tampoco los movimientos habfan
con-
seguido proponer al resto de la población alguna alternativa de
gestión
que se percibiera como viable. Ante ese panorama, mucha gente
prefi-
rió participar del juego electoral, aunque más no fuera para bloquear
las
opciones más antipopulares. Asi, la primera vuelta dejó afuera a
López
Murphy y coloc6 a Kirchner en segundo lugar, con un 22% de los
sufra-
gios. Al ver que habia alcanzado ya su techo máximo de votos,
Menem
renunció a presentarse al ballotage y el patagónico asumió el poder.
Proclamado con apenas el 22% de los votos, el nuevo Presidente
tuvo que hacer grandes esfuerzos para asegurarse una mínima legiti-
midad, Si iba a ser Presidente, necesitaba comenzar por lo primero,
que
era lograr que la sociedad lo obedeciera; y para ello había que
desmo-
vilizar la rebelión. Su estrategia fue la de profundizar en la linea que
habia aplicado durante la campaña. Desde los primeros días en el
gobier-
no se esforzó por despegarse del pasado neoliberal. En su discurso de
asunción anunció que se había producido un "final de época" y que él
venía a refundar la patria" y a construir un "pais normal". Hablando el
lenguaje de la rebelión, hizo propias algunas de sus consignas, se
iden-
tificó como parte de la generación que en los años setenta había
soña-
do con un país distinto y lanzó vagas críticas a "los grupos más con-
centrados de la economía, Pero dejó al mismo tiempo en claro que
aspiraba a que el Estado se reconcilie con la sociedad" y a
"reconstruir
un capitalismo nacional". Tocando la fibra más intima de la identidad
nacional, habló de los tiempos dorados de los abuelos inmigrantes y
prometió una * mayor distribución del ingreso" que reinstale ""la
movi-
lidad social ascendente que caracterizó a la República Argentina", que
"fortalezca nuestra clase media y que saque de la pobreza extrema a
todos los compatriotas",19
En los primeros tiempos de su gobierno, Kirchner sorprendió a
todos .con una serie de medidas que le ganaron una gran popularidad
Varias de las aspiraciones de la rebelión y de los movimientos socia-
les fueron tenidas.en cuenta. Entre las más celebradas estuvieron la
renovación de la desprestigiada Corte Suprema de Justicia, la reaper-
tura de los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la
última dictadura militar y la recuperación de cierta autonomfa en la
politica economica (previo pago del total de la deuda del pais con el
FMI). Al mismo tiempo, Kirchner dividió profundamente a los movi-
mientos sociales, cooptando algunos dirigentes con cargos públicos y
otros beneficios, mientras aislaba a los menos dispuestos a cooperar.
En el plano económico, el tipo de polfticas que la rebelión habia for-
zado a Duhalde a implementar continuó casi sin cambios, lo que per-
mitió una notable reactivación. El mantenimiento del peso en un valor
bajo con respecto al dólar, en lo 'que se gastaron cuantiosos fondos
públicos, benefició especialmente a los empresarios con capacidad de
exportar. Gracias a una suba sin precedentes en los precios interna-
cionales de los alimentos, los del campo -incluso los de tamaño
mediano-acumularon ganancias inéditas en poco tiempo, Poco a
poco algunos indicadores sociales fueron mejorando; durante 2003,
una porción de los <nuevos pobres" volvió a ascender a la categoría
estadistica de "clase media".50 A medida que más gente crefa en el
pro-
vecto del "pais normal", más intolerantes se volvieron frente a los que
seguían haciendo barullo en las calles. Paulatinamente, la rebelión fue
quedando desactivada
Parte central de la estrategia de regreso al *pais normal involucró
recuperar el orgullo de clase media, La mención a la "*clase media" y
al
mito de la Argentina de los inmigrantes en el discurso de asunción no
fue casual. Probablemente Néstor Kirchner sea el politico argentino
que
más se haya ocupado de halagar a esa clase en sus entrevistas y
alocu-
ciones públicas: en toda la historia nacional nadie le habia prestado
tan-
ta atención. Así, en deccnas de ocasiones durante todd su mandato
refi-
rió públicamente a la necesidad de recuperar ""nuestra gran clase
media
con movilidad ascendente, verdadero orgullo en Latinoamérica":5! La
dimensión política de ese orgullo recuperado no pasó inadvertida.
Hacia
fines de 2003, mientras el gobierno ponía en marcha una campaña
para
demonizar la protesta social, algunos líderes piqueteros se quejaron
por
lo que percibían como una maniobra para "poner a la clase media
con-
tra los manifestantes",52 La campaña fue rindiendo sus frutos. El fin
del
fuerte acercamiento a los más pobres del 2001 quedó graficado en la
tapa
de una popular revista humorística, que a principios de 2007 titul6:
REACTIVACIÓN: La clase media recupera su nivel histórico de
fascismo.
Creen que el adiós al "piquete y cacerola, la lucha es una sola" podrfa
ser
"definitivo",
"Adiós al Que se vayan todos y hola al exterminio de individuos de
tez oscura", continuaba con la sátira la nota interior, en referencia al
tra-
dicional desprecio de muchos hacia los "negros" y los pobres.53 El
carac-
terístico humor cáustico de la revista anunciaba amargamente el fin
de
las ilusiones de 2001. La balanza se inclinó hacia la continuidad de lo
conocido y hacia el apuntalamiento de la división entre los más
pobres
y los sectores medios. La identidad de "clase media" volvió a
desempe-
ñar entonces su función política tradicional: trazar una frontera de
sepa-
ración entre unos y otros.
Las politicas de Kirchner han sido muchas veces comparadas con las
de Arturo Frondizi. Y en efecto, hay más de una similitud entre la filo-
sofia de "integración y desarrollo" del radical y lo que el peronista
gus-
taba en llamar la inclusión", la *transversalidad política" y el
"crecimiento
estable". Quizás en lo que más se parecen es en la visión de la
estructu-
ra social y en la funcion que cada cual debe desempeñar en ella.
Como
el de Frondizi, el ideal de pais de Kirchner giraba alrededor de tres
pre-
sencias principales: una clase trabajadora" laboriosa y con derechos
bá-
sicos asegurados, una "clase media con movilidad ascendente y un
empresariado nacional comprometido con la producción. Los tres sec-
tores en equilibrio y en un orden asegurado por un Estado con presen-
cia fuerte, aunque sin intervenir excesivamente en la economia. En
fin,
un "capitalismo en serio", un "país normal". En ausencia de un movi-
miento contestatario con una propuesta creible, esa promesa terminó
resultando que da atractiva el apelar para a un amplios universo
sectores mental de la ya una población. identidad Ofrecia nacio- la
nal conocidos y atesorados por muchos; conservaba las tradicionales
jerarquías de clase en su sitio, pero al menos las combinaba con
algunas
gotas más de progresismo, vagas acusaciones contra el
neoliberalismo y
promesas de mayor equidad. No mucho, es cierto, pero sin dudas
algo
mejor que la brutalidad del ajuste y la represión que proponían
quienes
añoraban los noventa. Así, con la recomposición del capitalismo en la
versión algo más "humana" que propuso Kirchner, el ciclo de la
rebelión
de 2001 finalmente se cerró.
El reencuentro entre sectores medios y clases bajas durante los tiem
pos extraordinarios de 2001-2002.fue efifmero. Para quienes
participa-
mos en él dejó, sin embargo, una marca indeleble. Aunque concluido,
seguramente los interrogantes y horizontes políticos que inauguró ese
momento peculiar todavía seguirán proyectando efectos sobre la
histo-
ria del país durante varias décadas. Quizás sea demasiado pronto
para
intentar un balance de sus alcances y limitaciones. Conviene sí
resaltar
que mucho de la fragilidad de ese reencuentro quizás se explique por
la
persistencia de identidades sociales cargadas de prejuicios y
estereotipos
antiplebeyos y poco afectas a valorar cualquier esfuerzo que no se
tra-
duzca en el crecimiento del bienestar individual de cada cual.Se equi-
vocará quien piense que este es un problema que afecta a la clase
media'
pero no a los trabajadores: la identidad cuya historia venimos
recorrien-
do en este libro hoy se ha hecho carne no sólo entre los sectores
medios,
sino también entre los bajos. Para salir de su conjuro no alcanzará con
protestas y recriminaciones. Acaso el agotamiento de la rebelión de
2001
nos indique que, para lograrlo, habrá que inventar nuevos horizontes
políticos y estrategias y formas de organización inéditas