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ADAMOSKY

El documento analiza la desarticulación de la clase media en Argentina, destacando su incredulidad ante la crisis económica y la cobertura mediática que reflejó su deterioro. A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, la clase media participó en diversas formas de protesta contra las políticas neoliberales, aunque su activismo fue eclipsado por la resistencia de los trabajadores y desocupados. A pesar de su descontento, la clase media no encontró representación política efectiva y enfrentó críticas por sus quejas sobre la crisis.

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ADAMOSKY

El documento analiza la desarticulación de la clase media en Argentina, destacando su incredulidad ante la crisis económica y la cobertura mediática que reflejó su deterioro. A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, la clase media participó en diversas formas de protesta contra las políticas neoliberales, aunque su activismo fue eclipsado por la resistencia de los trabajadores y desocupados. A pesar de su descontento, la clase media no encontró representación política efectiva y enfrentó críticas por sus quejas sobre la crisis.

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Entre el individualismo y las cacerolas:

reacciones "de clase media" ante la crisis

La desarticulación del mundo de la "clase media" resultó para muchos

algo sencillamente inesperado e incomprensible. Justo en el momento

en que los conflictos abiertos con la irrupción del peronismo en 1945


y

con el surgimiento del movimiento izquierdista de los años setenta


pare-

cian haberse extinguido, justo cuando la "*clase media" se suponfa


victo-

riosa y de vuelta en el centro de la escena, extraños problemas


aparecí-

an en el horizonte para poner en cuestión las bases mismas de su

existencia, Durante más de dos décadas los sectores medios


asistieron

como espectadores al espectáculo de la destrucción de la "clase


media",

S1 nO pudieran terminar de Crecr que algo asi pudiera

como

diéndole a ella,el pilar de la nacion.'

estar suce-

Nada más expresivo de csta afligida incredulidad que el modo en

que la prensa advirtió acerca de los efectos de la crisis económica. En

efecto, a partir del Rodrigazo la mayor parte de los artículos referidos

ala "clase media" fueron de un tipo quc no habia aparecido hasta


enton-

ces, Se ocuparon fundamentalmente de llamar la atención sobre sus

lificultades en tono apocaliptico. Los tremebundos titulos elegidos son

tlocuentes por sí solos: por citar algunos, Réquiern para la clase


media

1975), "La castigada dase media" (1977), *"Clase media, étodavia


exis-
te?" (1982), "La clase media se siente ahogada en una economia que

ho crece" (1988), "El fin de la clase media" (1989), "Adiós, clase


media,

adiós" (1992), ";Desaparece la clase media?" (1996), "La clase media


seguirá achicándose, vaticinan" (1999), etc." En una veta más humo-

ristica se publicaron manuales sobre "como resistir en la clase media

e historietas sobre "el último argentino de clase media",3 Al menos


desa

de 1990 la prensa advirtio sobre el fenómeno de los " nuevos pobres"


y

no faltaron los que --como el obispo Jorge Casaretto en 1998-seña-

laron los riesgos que implicaba la *ruptura de un cierto equilibrio


social

sustentado en la clase media". 4 A diferencia de los articulos que


hablaban de la " proletarización de

la clase media" en los años treinta, escritos por intelectuales ycon


inten-

cionalidad política, Ios que abundaron en la prensa desde el Rodriga

zo eran de autoría de periodistas y reflejaban una inquietud social


más

amplia. En las decenas de textos de este estilo que aparecieron en las

děcadas del ochenta y del noventa casi nunca se referia a problemas

ideológicos o politicos más generales, Se trataba simplemente de


voces

de alarma por el deterioro del bienestar de la clase media y de nostal-

gia pot los buenos viejos tiempos de una mayor equidad social. Pero

Se trata de una mirada situada en el pasado que no ofrece


alternativas

hacia el futuro. Rara vez los periodistas avanzaron en la identificación

de las causas profundas de la situación que señalaban. "La inflación"

"la crisis", "los cambios económicos ", "las erróncas políticas del
gobier-
no": se trataba casi siempre de factores abstractos y generales. Solo
tar-

diamente se hizo visible el hecho de que habia sectores de la


sociedad

que se estaban beneficiando con los cambios económicos que produ-

cian tales penurias.s Como en los esquemas sociológicos de Germani,

la presencia de la clase alta resultaba prácticamente invisible en


estas

quejas mediáticas que sonaban más como un lamento lanzado al


vacio

que como una consigna politica que apuntara a organizarse para la

defensa sectorial (Fig. 19, en pág. siguiente).

Sur

891.

mo:

edia"

des-

es"

sena-

social

Los SECTORES MEdioS y La Politica En Los ANos NoVenta

Como respuesta a esta situación de rápido declive, durante la déca-

da del noventa porciones de los sectores medios participaron de


diver-

sas formas en la lucha contra las políticas neoliberales. Los pequeños

y medianos productores rurales estuvieron entre los más activos opo-

Sitores a las medidas promovidas por Menem (y apoyadas por la


Socie-

dad Rural, firme aliada de su gobierno). Desde el añio 1993 la Federa-

ción Agraria (FAA) desarroll6 una intensa actividad de Protesta. Ese

ano realizaron un "tractorazo" en Plaza de Mayo, seguido de un Paro


nacional agropecuario de diez días en agosto de 1994, que estuvo
acom-

Pafiado de manifestaciones y cortes de ruta en diversas localidades.


En

general Jos Pequeños 1 medianos productores rurales experimentaron

un renovado fervor asociativo y de lucha durante la década del 90.

Numerosas asociaciones y movimientos nuevos florecieron Por todo

d pals, como el Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha, que

se hizo famoso por los métodos radicales con los que lograban frenar

los remates judiciales de los que habfan caido en la quiebra. Hacia


fines de los noventa se produjeron por todo el pais explosiones de
descon-

tento entre la gente de campo, desde los productores de frutas el Rfo

Negro hasta los tabacaleros de Jujuy, pasando por los tamberos de


San-

ta Fe y los algodoneros del Chaco No casualmente, en estos años se

hizo scntir una renovada vocación por la unidad. La FAA amplió su

política de alianzas promoviendo encuentros y reclamos en cOnjunto

con otras entidades representativas de campesinos, "sin tierra" y


peque-

ños productores de distintas regiones. También confluyó con otras


enti-

dades gremiales importantes del campo como CRA, CARBAP y CONI

NAGRO, con las que realizó ocho medidas de protesta de alcance

nacional a lo largo de la década.5

Pero fueron los trabajadores y desocupados los que actuaron como

punta de lanza de la resistencia, articulando alianzas amplias que


inchu

yeron a las principales entidades de scctores medios. Por ejemplo,


des-

de 1995 la CGT llamó a algunas tardías huelgas en protesta contra las


medidas del gobierno. Al paro general decretado en septiembre de
ese

año adhirieron la Confederación Argentina de la Mediana Empresa

(CAME), la Confederación General Económica (CGE) y la Federación

Universitaria (FUA), además del nuevo partido Frente Grande y de la

UCR. Pero el principal activismo antincoliberal provino de una nueva

central sindical que se fundo en 1992 ante la flagrante complicidad de

la cupula de la CGT con las políticas menemistas: la Central de los Tra

bajadores Argentinos (CTA). Los castigados gremios de empleados


esta-

tales y de mnaestros lueron los principales impulsores de la nueva


enti-

dad; aunque entre sus aliliados abundaban los de sectores medios, la

identidad fundamental que utilizaron fue la de "trabajadores" (los


maes

tros de CTERA incluso gustaban de llamarse a si mismos los obreros

de la tiza" ), La CTA fue la principal impulsora de varias huelgas y de


dos

de los hitos más importantes de la resistencia al neoliberalismo en


estos

años. El primero fue la Marcha Federal" que, partiendo desde diversos

puntos del pais, consiguió reunir una enorme multitud en Plaza de


Mayo

e1 6 de junio de 1994. A la marcha, convocada por la CTA y otros agru

pamientos sindicales, se sumaron gran cantidad de entidades de todo

tipo, entre otras la FAA, la Federación de Camaras ¥ Centros


Comercia-

les Zonales de la Rep, Arg. (Fedecámaras), la FUA y la Asamblea de


Peque-

nos y Medianos Empresarios de la Rep. Arg, (APYME); tambien estu-

vieron presentes el Frente Grande, la UCR y varios partidos de


iaquierda. El dia de la concentración hubo entre la multitud una
buena propo
ción de personas de sectores medios

El segundo hito en la lucha contra el neoliberalismo motorizado po

la CTA fue el del Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO), nac

do en 2001 con el objetivo de impulsar una ley por la que el Estado


garan-

tizara un ingreso universal suficiente como para que nadie


cayera,bajg

la linea de pobreza. En la iniciativa participaron varias entidades de


scc

tores medios: además de las ya mencionadas FAA, APYME y FUA, las

Abuelas de Plaza de Mayo y otras asociaciones por los derechos


huma.

nos, varios partidos opositores y un gran número de personalidades


de

campo artístico, religioso e intelectual. Decenas de miles de


voluntarios

se ofrecieron para colaborar en la organización de un plebiscito infor-

mal convocado para mediados de diciembre en todo el pais, que reco

lectó más de tres millones de firmas en apoyo al proyecto.' En suma,


fue

ron los trabajadores los que lograron construir y liderar las principales

alianzas que resistieron las políticas neoliberales; la mayor parte de


los

sectores medios en lucha se encolumnaron detrás de ellos.

Un caso interesante de esta hegemonía del sindicalısmo trabajador


sobre

el gremialismo de sectores medios es el de APYME. La entidad - que


hacia

2009 nucleaba a alrededor de 5000 empresarios de todo el país- se


mani-

festó desde el comienzo en contra del neoliberalismo. Durante los


años de
Menem desarrollaron una intensa campaña de denuncia de la política
ofi

cial: ya en 1991, conjuntamente con un Frente del Empresariado


Nacional,

realizaron dos jornadas de protesta para presionar al Congreso. Al año

siguiente entregaron un petitorio con firmas de 10.000 empresarios


exi-

giendo la protección del mercado interno y se opusieron a las


medldas.de

"flexibilización laboral". Desde entonces fueron ampliando el radio de


sus

alianzas y en 1993 confluyeron con otras entidades como la FAA, la


Aso-

ciación de Importadores y Exportadores, el Instituto Movilizador de

Fondos Cooperativos y Fedecámaras en la elaboración de un


documen-

to en común que criticaba las politicas del gobierno, Los anos siguien-

tes fueron para APYME una febril sucesion de proclamas y actos de


pro-

testa y denuncia del deterioro de la situacion economica de las


mavorias

en beneficio del gran capital, Pero las alianzas que busco en la


segunda

mitad de la década fueron más hacia abajo" como vimos, en 1994


participo teipó activamente de las iniciativas de la CTA. Durante 2002
la entidad

actuaria en estrecha relación con los movimientos populares que pro-

lagonizaban el reclamo entonces: asambleas barriales, organizaciones


de

desocupados, fábricas recuperadas, etc.7

Junto con estas acciones de tipo más "institucional", florecieron en

ja década del '90 modos de protesta más espontáneos y orientados a


la
aeción directa. Los más famosos fueron las "puebladas" que
ocurrieron

en varios puntos del pais desde 1993. En algunas de ellas los sectores

medios locales tuvieron una importante presencia luchando codo a


codo

con los trabajadores y desocupados. Un ejemplo interesante es el de


las

célebres puebladas y cortes de ruta de 1996-1997 en Cutral-Co y


Plaza

Huincul (Neuquén) y Tartagal y Mosconi (Salta). La privatización de

YPE, la empresa petrolera estatal, habia dejado en la calle a miles de


tra-

bajadores del sector. Alli, ante la posibilidad de ver sus ciudades, que
eran

enclaves petroleros, convertidas en pueblos fantasma, la comunidad


ente

ra participó en las movilizaciones. Reclamando una solución, se lanza-

ron a organizar piquetes que interrumpian el tránsito en las rutas. En

las asambleas y "multisectoriales" mediante las cuales coordinaban


ini-

cialmente la lucha, participaban no sólo empleados estatales y


petrole

ros desocupados, sino también comerciantes, docentes y pequeños

empresarios. EÌ liderazgo cayó en manos de los trabajadores y


desem-

pleados, pero esto no debe opacar el hecho de que los sectores


medios

participaron activamente en estas resistencias de carácter verdadera-

mente comunitario que dieron origen el movimiento de los piquete

ros". Más aún, desde el punto de vista de las identidades, incluso


entre

los propios ex trabajadores de YPF debe haber habido no pocos que


se
sentian "de clase media", Como han mostrado los sociólogos que
estu-

diaron el fenomeno, la alta calificacion de muchos de los petroleros y

sus sueldos --que podian triplicar o cuadruplicar lo que ganaban los

docentes o empleados - habfan generado entre ellos una sensacion


de

pertenecer a una clase distinta y " superior" a la del resto de los


trabaja

dores. El propio Pepino" Fernandez, uno de los.que fundaron la radi

calizada Union de Trabajadores Desocupados de Mlosconi tras haber


sido despedidos de YPE, se presentó en una ocasión ante un
auditorio. como

"gente de clase media que quiere recuperar esa vida".8 La identidad


que

pudiera tener en su fuero privado, sin embargo, no cambió el hecho


de

que la organización que fundó se concibió fundamentalmente como


una

de "trabajadores'

El corte de ruta como metodologia de lucha se popularizó a partir

de 1996. Aunque suele asociárselo a los "piqueteros" y a la clase más

baja, en realidad muchos otros sectores participaron de esa forma de

acción. Ya hemos mencionado los que acompañaron el paro de la FAA

en 1994. Un estudio contabilizó 685 cortes de ruta en todo el pais


entre

1993 y octubre de 1999; de ellos, sólo un 36,8% fue protagonizado


por

asalariados (desempleados pero también ocupados, que en realidad

eran la mayoría). Contrariamente a lo que suele creerse, 47,6%


fueron

organizados por pequeños y medianos propietarios, productores agro-

pecuarios, comerciantes y otros empresarios o estudiantes, la


mayoría
de las veces encuadrados en entidades o " multisectoriales
preexisten-

tes. La mayor parte de este tipo de cortes se produjo hacia el final del

período (muchos en 1999), mientras que en años anteriores habían

predominado las acciones impulsadas por trabajadores ocupados o

desempleados.

No obstante todas estas formas de resistencia, durante la década

del `90 la parte de los sectores medios que estaba descontenta cok la

situación parece haber confiado mayoritariamente en el sistema elec-

toral como canal de sus expectativas de cambio. Sin embargo, si bien

en alguna contada ocasión algún político tomó en cuenta a la clase

media" en sus discursos y proclamas, no hubo en los años noventa


nin-

guna fuerza que se ofreciera como representante o paladin de esa


cla-

se de manera enérgica y mucho menos exclusiva (al menos no de


mane-

ra explicita). Desde el gobierno y los sectores más beneficiados por


sus políticas más bien hicieron lo contrario: atacarla. En efecto, hubo
en

estos afños-y esto era completamente inédito- algunas voces que se

alzaron para cuestionar la legitimidad o pertinencia del lamento de la

clase media. Estas voces procedian de la prensa representativa de los

intereses financieros, de algunos grandes empresarios y del gobierno.

En 1993, por ejemplo, el diario Ambito Financiero publicó un artícu-

lo en el que acusaba a la clase media de 'llorar", es decir, de quejarse

de penurias que no eran tales. Algunos añios después el mismo


gobier-

no y el último ministro de Economía de Menem, Roque Fernández.

salieron a decir que la clase media no tenía de qué quejarse e incluso

intentaron culparla de ser la principal evasora de impuestos. En 1998


se sumó la voz de dos de los empresarios más poderosos del pais: los

ultramenemistas Amalia de Fortabat y Franco Macri. En-una extrava-

gante entrevista a dúo, además de poner en duda que hubieran


aumen-

tado realmente la pobreza y la desocupación, consideraron que "el


pro-

blema está en la propia clase media", que sólo "añora viejos


tiempos".

Y no se privaron de dar consejos: para estar en mejor situación, la cla-

se media debía "adaptarse al nuevo país", "aprender inglés" y tener

mejor disposición para mudarse al interior, donde tendria mejores

oportunidades (porque la clase media, se sobreentiende, es sobre


todo

porteña). Tanto era lo que habia cambiado el clima cultural desde los

años setenta: ahora no eran las críticas de la izquierda a la clase


media

las que se hacían escuchar en los medios, sino las de los más desver-

gonzados entre los ricos, 10

No es extraño entonces que, luego de una etapa inicial de cierta

seducción por el menemismo, más y más personas de los sectores


medios

comenzaran a buscar en otros partidos los lideres para el cambio que

esperaban. A partir de su formacion en 1994, el FREPASO --confor-

mado por peronistas disidentes, algunos radicales, democristianos,


mili-

tantes del movimiento de derechos humanos y de agrupaciones


meno-

res- se convirtió rápidamente en el principal partido de oposición

desplazando por primera vez a la UCR del segundo puesto en las


prefe-

rencias del pais. El FREPASO, los radicales y otros grupos conformaron


poco después una alianza que unificó a la casi totalidad del arco
oposi-
tor. La Alianza -asi la llamaron - - arrasó en las elecciones presidencia-

les de 1999, acompañada por el voto de muchos sectores (en


particular

de los medios) que esperaban poliíticas que se apartaran del modelo


neo-

liberal impuesto por Menem.

Durante estos años tanto el FREPASO como la UCR habfan criti-

cado duramente a Menem por el crecimiento de la desigualdad y de


la

pobreza. Como parte de su crítica, convocaron a algunas acciones de

resistencia en las que participaron sectores medios. En 1996, por


ejem-

plo, llamaron a la población a realizar un "apagón" en protesta por los

aumentos de precios de las tarifas eléctricas y en 1997 hicieron lo


mis-

mo con las de teléfonos. Ambas acciones, que tuvieron un importan-

te nivel de participación de la población, fueron acompañadas de


cace-

rolazos", no demasiado multitudinarios. El golpe de cacerolas como

forma de expresar el descontento fue adoptado poco después en


mani-

festaciones espontáneas. En Buenos Aires, por ejemplo, hubo cacero-

lazos contra la empresa distribuidora de electricidad por los cortes en

el suministro en 1999 y, en enero de 2001, algunos habitantes de


varios

barrios hicieron lo propio contra el gobierno de la ciudad en reclamo

de soluciones para las inundaciones.'' Aunque los. sectores medios


fue-

ron partícipes centrales de estas formas de resistencia, prefirieron


iden-

tificarse como vecinos antes que como <clase media". Y tampoco los

reclamos de la UCR o el FREPASO por la situación social se hicieron


en términos de clase: en general prefirieron presentarse como defen-

sores de los más pobres, de los "excluidos", de la nación" o derla


socie-

dad" en general.

En sintesis, aunque existió plena conciencia del empobrecimiento

de vastos sectores medios, y a pesar de que estos sectores


participaron

activamente (tanto de modo espontánco como encuadrados en


entida-

des o liderados por partidos políticos) en manifestaciones de


oposición

al modelo neoliberal, no hubo una utilización pública de la identidad

de"clase media" como identidad politica principal. Al menos hasta


fines

de la década los llamados a la acción de las entidades gremiales, de


los

partidos o espontáneos fueron dirigidos hacia la sociedad en su con-

junto, o hacia algún grupo de interés particular (como el ^"pequeno


pro-

ductor" o Jos "pequeños y medianos empresarios") o hacia "vecinos" a


los que, a través de ese nombre, se imaginada despojados de
cualquier

interés "de clase", En las principales luchas contra las políticas mene-

mistas los sectores medios que participaron lo hicieron en alianza con

los trabajadores y en general liderados por ellos. Más adelante


volvere-

mos sobre los motivos de esta "invisibilidad política" del reclamo por
la

clase media.

ELA "CLASE MEDIA" CAMINO A LA REBELIÓn?

De acuerdo: ni los partidos ni las entidades gremiales existentes con-

vocaron a la acción a la clase media" como tal. Cada uno habrá tenido

sus motivos para ello. : Surgió en cambio alguna entidad nueva que lo
hiciera? Podrá resultar curioso, pero prácticamente no existieron en
los

años noventa agrupaciones que se presentaran públicamente como


de

defensa de la "clase media'.12 Solo con el nuevo siglo comenzaron a


oír-

se voces ẹn ese sentido.

Tras la victoria de la Alianza Alianza en 1999, el presidente Fernando


de la

Rúa venia defraudando toda expectativa de cambio. En lugar de


modi-

ficar el modelo económico, intentó paliar la crisis mediante un nuevo

"impuestazo" que no hizo sino empeorar las cosas. La continuidad


res-

pecto de la era Menem era tal, que en 2001 De la Rúa volvió a


convocar

a Domingo Cavallo para el cargo de Ministro de Economía. En una


situa-

ción de crisis cada vez más incontenible, y para salvaguardar los


intere-

ses de los grupos financieros, Cavallo tomó entonces algunas


medidas

incluso más impopulares que las de la década anterior. Su plan de


"défi-

cit cero", hecho ley a fines de julio, se tradujo en un recorte


compulsivo

del 13% en los sueldos de todos los docentes, empleados del Estado y

jubilados. A comienzos de diciembre, ante la masiva fuga de divisas


que

hacía peligrar al sistema financiero, implementó el famoso


*"corralito", que limit6 la cantidad de dinero que las personas podfan
retirar de sus

cuentas bancarias. En fin, durante todo el año el gobierno no hizo sino


echar más leña al fuego del descontento. No asombra entonces que
en

las elecciones legislativas de 2001 la Alianza sufriera una aplastante


derro-

ta a manos del peronismo. Pero además se produjo entonces un


hecho

inédito: un 42% de los ciudadanos optaron por el * voto bronca", es


decir,

votaron en blanco, anularon su voto o se abstuvieron de votar. Fue su

forma de manifestar la pérdida de confianza en los políticos, indepen-

dientemente del partido al que pertenecieran. A la crisis económica


se

sumaba ahora una crisis de legitimidad no sólo del gobierno, sino de


la

totalidad del sistema político.

Poco antes de esas clecciones e inmediatamente después comenza-

ron a hacerse visibles signos de un mayor interés por defender políti-

camente a la clase media de manera explícita. La provincia de Men-

doza, por ejemplo, lanzó en marzo un ambicioso "Plan de Vivienda


para

la Clase Media'. 13 A partir del mismo mes Eduardo Duhalde, jefe de


los

peronistas, atacó las políticas *ultraliberales" del gobierno (las que,


sin

embargo, él mismo había acompanado como vicepresidente de


Menem),

diciendo que *a este ritmo, en ocho años nos quedamos sin clase
media".

En mayo publicó un extenso artículo en La Nación llamando a tomar

medidas para revertir "la agonia de la clase media".14 El minúsculo


Par-

tido de la Generacion Intermedia hizo campaña en octubre prome-

tiendo por TV rescatar a la clase media" y hasta el Partido Obrero se


preocupó por su suerte poco antes.'' Luego del desastre electoral los

principales dirigentes de la Alianza le exigieron públicamente a De la

Rúa un *cambio de rumbo' económico para evitar "la destrucción de


la

clase media y la pauperización de los sectores laborales "' Por


entonces, algunas voces aisladas intentaron ir más allá y con-

vocar a la "clase media" a la acción, incluso a la rebelión. Un caso


inte-

resante es el de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa

(CAME), que-a diferencia de su competidora APYME- buscó actuar

con independencia del`reclamo de los trabajadores.17 Creada en


1956,

CAME es una de las principales entidades de los medianos propieta

rios: hacia fines de 2006 nucleaba a 27 federaciones provinciales y


953

cámaras específicas y centros comerciales de todo el país,


representa-

tivos especialmente del comercio pero también de los profesionales,


de

la industria y del sector servicios. En los inicios de los años noventa la

entidad saludó las medidas de Menem. Sin embargo, desde mediados

de la década las relaciones comenzaron a tensarse: en 1995 CAME


logró

convocar a 7000 representantes del sector en un local porteño para


exi-

gir medidas de apoyo financiero, de prórroga en las ejecuciones de


deu-

dores y de restauración del mercado interno; el mismo año, como

vimos, la entidad respaldó un paro decretado por la CGT. A partir de

entonces, sin embargo, CAME desarrollaría sus protestas de manera

autónoma o, en el mejor de los casos, en alianza con otras asociacio-

nes de su mismo sector. Algunas lograron un alcance importante,


como
la masiva concentración en Plaza de Mayo en septiembre de 1999, a
la

que asistieron también la CGE, la Confederación General de Comer-

cios y Servicios y Fedecámaras. En octubre de 2000 organizaron otra

marcha, esta vez al Congreso, para reclamar <medidas de


emergencia

para las Pymes"'. Al mitin convocaron exclusivamente a los pequeños

y medianos propietarios. Más de 2000 vehículos llegaron ên Caravana

al Congreso y manifestaciones similares se registraron al mismo tiem-

Po en otras seis ciudades del interior. Ya desde entonces, sin


embargo,

se notó una voluntad de ampliación del horizonte de las alianzas:


cada

vez más los discursos del presidente de CAME, Osvaldo Cornide, bus-

caron asociar la suerte de los pequeños propietarios con la de otros

sectores. La globalización en la Argentina muestra ganadores y per-


dedores", dijo en una intervención ese año; los ganadores " fueron los

sectores financieros, los hipermercados y las empresas de servicios

públicos privatizadas; los perdedores, las pymes del agro y la ciudad

los trabajadores y los profesionales". En un discurso de agosto Corni-

de lanzó una convocatoria amplia para que &"las organizaciones


empre

sarias nacionales, los trabajadores, profesionales y los dirigentes poli-

ticos de cualquier partido" que.crean en la necesidal de una política

diferente ""unifiquen criterios y propongan cuanto antes una respues-

ta diferente a la política de ajustes realizada hasta ahora" Luego de

varias acciones en diferentes localidades, CAME organizó la que fue


su

movilización más importante. El 12 de diciembre de 2001 convocaron

a hacer sonar las bocinas, golpear cacerolas, cortar calles, apagar las

luces de las vidrieras y descolgar los teléfonos en reclamo de un cam-


bio en "esta política económica y social'. La medida tuvo importante

repercusión en numerosos puntos del país. CAME, sin embargo, se

negó a adherirse al paro que, con el mismo propósito, venían de


decre-

tar las centrales sindicales para el día siguiente (a pesar de lo cual


nume-

rosos comerciantes y sectores de *clase media", como informó el dia-

rio Clarín, adhirieron por su cuenta a la medidal8). Durante 2002 la

entidad siguió asociándose casi exclusivamente con otras de Su


mismo

sector para pedir medidas de apoyo económico la independencia del

Poder Judicial, mayor seguridad frente a la ola de delincuencia Y el fin

del *corralito bancario. A diferencia de APYME, no tuvo vinculacio-

nes fuertes cOn movimientos contestatarios o de clases bajas. 19


Resul-

ta interesante que, como parte de su estrategia de ampliación de


alian-

sino presentó ala la "clase acción media" del tan 12 en de sólo a


general.2ó los diciembre De pequeños como hecho, Y el la medianos
comienzo Prensa de de la una propietarios entidad ver-

zas, desde abril de 2001 CAME comenzó a identificarse como una


enti-

dad que no defendía

dadera "rebelión de la clase media" empobrecida.21

Durante 2001 hubo otros signos de interés por movilizar a la "cla-

se media de manera explicita. En abril se fundó la primera asociación

--desde aquella otra experiencia de 1956- que asumió tal identidad

como la principal a la hora de promover fines gremiales y politicos. El

Frente para la Defensa de la Clase Media, creado entonces por un gru-

po de vecinos de Rosario, se propuso luchar principalmente contra la

ineficiencia y corrupción de los politicos y los gastos que la "partido-

cracia" ocasionaba a la población. La iniciativa, sin embargo, nunca


atrajo a más que a un puñado de vecinos y se extinguió sin haber
logra-

do mayor. impacto.22 Pero el lamamiento más vehemente a la "rebe-

lión de la clase media" no provino de un partido politico, ni de una

entidad gremial, ni de ninguna asociación creada a tal fin, sino de la

pluma de un simple historietista

Desde comienzos de diciembre de 2001 Miguel Rep publicó en el

diario progresista Página/12 una serie de viñetas que resultarian pre-

monitorias. Harto de enfrentar las dificultades económicas que traia la


crisis, Gaspar "el Revolú" - uno de sus personajes más conocidos, un

porteno *progre" devenido empleado telefónico a pesar de tener estu-

dios universitarios- invitó a los lectores a "salir a la calle" hasta "echar

al ministro" (Cavallo). ";Cuándo nos levantaremos, la clase media?",

increpó furioso el 5 de diciembre, desde un recuadro de tamaño triple

(Fig. 20, en pág. siguiente). Al dia siguiente Gaspar se preguntó ";


Será

capaz la clase media de una protesta espontánea, sin lideres, en


silencio,

una marcha con una sola premisa tipo: 'Que se vaya el de Economía,
NO

a sus medidas'?" La tira del día 10 ya vino con el título "La Rebelión
de

la Clase Media", que conservó durante las semanas siguientes.


Gaspar

insistió:""- Clase media levántate!" Reclamando sólo en Plaza de


Mayo el

dia 12 Gaspar recibió una dura golpiza policial y fue arrestado en la


isla

Martín García. (Los lectores seguramente comprendieron la alusión a

aquel otro preso ilustre de la misma prisión: Perón,) Enterada del


suce-

so su hija marchó a su vez a la Plaza a exigir la liberación de su papá


y
convocó a otros adolescentes a ayudarla: "Chicos de la clase media,
levan-

témonos!", escribió en una pancarta el 15 de diciembre. Dos días des-

pués apareció un recuadro único con la imagen de una multitud de


jóve-

nes ("los adolescentes clase media llenan la Plaza", 1o tituló el autor).


La

imagen abundaba en referencias a la historia: algunos chicos con los


pies

dentre de una fuente exclamaban "Qué copado esto de poner las


patas

en la fuente" (otra alusion al 17 de octubre de 1945), mientras que un

cartel que llevaban otros advertía 'Guarda con nosotros,'podemos ser


la

segunda Juventud Maravillosa" (Perón en referencia a los jóvenes


revo-

lucionarios de los años setenta). El dia 19 de diciembre la Plaza de


Mayo

seguía tomada por la multitud adolescente, que al hacer silencio


termi-

nó de crispar los nervios de Cavallo, que observaba desde el balcón


de

su despacho (Fig. 21, en pág. siguiente). La tira que apareció el 20


(cla-

ro, dibujada el día anterior), mostraba a la multitud a oscuras en la


Pla-

za y se preguntaba en referencia a la reciente medida de De la Rúa:


*La

clase mediá aceptará el Estado de Sitio?" Poco después la historieta


anun-

ciaria la liberación de Gaspar y -coincidiendo ahora sí con lo que pasa-

ba al mismo tiempo en la vida real- las renuncias del ministro y del

Presidente.23 Curiosa rebelión la imaginada por Rep antes de los


cven-
tos: para ser una revuelta protagonizada por la clase media, tenía
dema-

siadas similitudes con las formas de acción del peronismo y de las cla-

ses bajas que habian jalonado la historia nacional..

DICIEMBRE DE 2001:

UNA REBELIÓN POPULAR DE MÚLTIPLES PROTAGONISTAS

El 19 de diciembre de 2001 sucedió un acontecimiento totalmen-

te inesperado (aunque similar en mas de un sentido al que Rep habia

imaginado). Por la noche, luego de un discurso de De la Rúa que


anun-

ciaba la implantación del Estado de Sitio. y ninguna solución para la

galopante crisis económica, grupos de vecinos de Buenos Aires


comen-

zaron aqui y alli a golpear cacerolas espontáneamente en las puertas

de sus casas. Pronto otros los imitaron y el ejemplo se expandió como

una mancha de aceite sobre toda la ciudad. Llegadas las diez de la


noche

una multitud de cientos de miles de personas golpeaba sus cacerolas

en una extraña sinfonia de protesta. Nadie traia carteles políticos; los

que intentaron desplegar alguna pancarta fueron obligados a guar-

darla. Reunidos en los principales puntos de la ciudad, muchos mar-

charon hasta Plaza de Mayo a medianoche. Otros miles prefirieron

quedarse en sus barrios o sitiar la residencia presidencial de Olivos.

Cientos de personas protagonizaron hechos similares en Rosario,


Para-

ná, Tucumán y otros puntos del pais. Desconcertado, el Presidente


pen-

só en aplacar la furia popular anunciando la renuncia del odiado


Cava-lo. Pero eso no fue suficiente. Cuando, por la mañana del día
siguien-

te, el gobierno ordenó reprimir a los manifestantes que habian per-

manecido frente a la Casa Rosada desde la noche anterior, una multi-


tud rodeó la Plaza de Mayo. Aunque la mayoría se habia acercado por

su cuenta, esta vez se hicieron notar también los que llegaban encua-

drados en organizaciones sociales, sindicales Y políticas. Tras varias

horas de combates con la policía De la Rúa finalmente fue forzado

renunciar. Simultáneamente se habían producido manifestaciones en

Santiago del Estero, Entre Ríos, Córdoba, Mendoza, Neuquén y otros

puntos del pais

El año que siguió a la rebelión de diciembre de 2001 fue testigo de

formas inéditas de autoorganización, lucha y solidaridad. El peor

momento de la crisis despertó en buena parte de la población los


mejo-

res instintos de cooperación, creatividad y vocación por lo público;

fueron tiempos extraordinarios.24 Inmediatamente luego de la caida

de De la Rúa comenzaron a surgir "asambleas populares" o


*vecinales'

en varias ciudades del pais.Se formaron espontáneamente en cada

barrio por la reunión de los propios vecinos, sin que ninguna organi-

zacion las convocara; solo en la ciudad de Buenos Aires y el conurba-

no llegó a haber cerca de 150. Durante 2002 y 2003 demostraron una

enorme vitalidad: llamaron a la realización de decenas de cacerolazos

masivos, discutieron la manera de reemplazar a los políticos profesio-

nales por formas de democracia directa, exploraron salidas económi-

cas para la crisis y establecieron fuertes lazos de soliddidad con otros

movimientos sociales, como el de los piqueteros y el de fabricas


"recu-

peradas" puestas a funcionar por los propios trabajadores, que por

entonces tuvieron un gran florecimiento. Por todas partes 2002 y


2003

fueron años de intensa movilización callejera y experimentación de

formas de organización novedosas. En general se cuestionaron las


jerar-
quias y la "política tradicional" y se manifestaron fuertes ansias de

"horizontalidad" - -una palabra que comenzo a circular masivamente

por entonces-y protagonismo. El Estado, los politicos y el capitalis-

mo recibieron cuestionamientos profundos y de una masividad pocas

veces vista. Gente sin experiencia politica junto con otra que si la
tenia

protagonizaron en esos años formas de accion directa de radicalidad

inédita: "escraches" contra los politicos, tomas de edificios, ataques

constantes a bancos y multinacionales, cortes de rutas, Se respiraba

una sensacion de libertad recuperada y de que era posible inventar


una nueva forma de vivir en sociedad. Había en el aire la sospecha de
que

se terminaba una época oscura y comenzaba un tiempo nuevo. Una

simple vecina lo graficó con una imagen poderosa en una de las pri-

meras sesiones de la asamblea de su barrio, cuando dijo Para mí


recién

ahora se termina el Proceso". 25

Algunos intelectuales y periodistas se apresuraron a darle una inter

pretación estrecha a este período extraordinario. Para muchos, se


trató

de una ""rebelion de clase media" motivada por un interés económico

inmediato. El "corralito" había perjudicado sus finanzas y por eso la


gen-

te de esa clase había reaccionado. Las asambleas y la excitación


general

duraron mientras el corralito siguió en vigencia y se agotaron rápida-

mente tras ser resuelto el problema de liquidez de los bancos. En fin,


sólo

una cuestión de bolsillo. Los sucesos reales, sin embargo, desmienten


esas

rápidas interpretacionies. En realidad, la que se desató en diciembre


de
2001 fue una rebelión popular notoriamente plural y múltiple, tanto
por

su composición social como por las identidades puestas en juego. Sin

dudas el "corralito" habia contribuido al descontento general y no sólo


al

de los sectores medios (suele olvidarse que se habían inmovilizado


tam-

bién los sueldos de los trabajadores, cosa que llevo a las dos CGT y a
la

CTA a decretar un paro general el 13 de diciembre para exigir el fin de


esa

medida). Pero las motivaciones y demandas de la rebelión de 200 1


exce-

dieron con mucho el problema puntual de las cuentas bancarias.


Veamos.

Existen al menos dos motivos por los que seria equívoco decir que

fue la clase media" la que salió a manifestarse el 19 de diciembre. En

primer lugar, porque hubo sectores importantes de la "clase media

que no solo no participaron, sino que tuvieron una conducta bastan-

te opuesta a la de los que golpeaban cacerolas en las calles y plazas.


Por

ejemplo, los que ganaron" en los anos noventa y se refugiaron en


coun-

tries y barrios cerrados no experimentaron ninguna sensación de


liber-

tad o cntusiasmo. Para cilos, diciembre de 200t y todo el 2002 fueron

los tiempos del Gran Miedo. Al ver las inéditas formas de politización.

movilización callejera y cuestionamiento de la autoridad, imaginaron

que sus ciudadelas amuralladas podrian sufrir una invasion de los de

afuera. Lejos de sumarse a alguna "rebelión de la clase media', los


habi-

tantes de varios countries prefirieron quedarse encerrados y reforzar

las medidas de seguridad, En algunas de estas urbanizaciones incluso


se disenaron y ensayaron extravagantes ""planes de evacuacion" y se
for-maron patrullas de propietarios armados para enfrentar una imagi-

naria "invasión de los bárbaros" de la que, sin embargo, nunca hubo

ningún indicio.2 Teniendo en cuenta estas actitudes contrapuestas, en

todo caso, habría que decir que se trató-de la rebelión de una parte
de

la clase media.

Pero además, los sucesos del 19 de diciembre no fueron una "rebe-

lión de la clase media" por un motivo más simple: ese dia no sólo
salió

gente de los sectores medios a la calle, sino que también lo hicieron

personas de clase baja.De hecho, lo del 19 formó parte de una trama

de acontecimientos previos protagonizados tanto por sectores medios

como por clases populares en todo el pais. En efecto, desde mediados

del mes venia habiendo una escalada de acciones de protesta. Ya


hemos

mencionado algunas, como las de CAME, la consulta popular organi-

zada por el FRENAPO y la huelga general del día 13, que tuvo una altí-

sima adhesión. A ellas se sumó una ola de saqueos de supermercados

que creció en intensidad desde el día 13 y que involucró a barriadas

humildes de varias ciudades del pais. (Contrariamente a lo que suele

pensarse, los saqueos no son producto de reacciones individuales de

desesperación, sino -como ha demostrado un estudioso- formas de

acción politica colectiva).27 Simultáneamente hubo huelgas, manifes-

taciones, ataques a edificios públicos y choques con la[policía de obre

ros, empleados públicos, desocupados, docentes, estudiantes y orga-

nismos de derechos humanos en varias provincias. En una

concentración de trabajadores y desocupados en La Plata ese mismo

dia los oradores llamaron a realizar funa gran pueblada nacional como

el 17 de octubre [de 1945|". En algunos sitios, como en Entre Rios, las


protestas de esa semana fueron encabezadas por multisectoriales"
que

nucleaban a comerciantes y pequeños productores agropecuarios jun-

to a sindicatos obreros. El mismo dia 19, antes del cacerolazo noctur-

no, hubo acciones de una multiplicidad de grupos sociales. Docentes

universitarios, trabajadores municipales, comerciantes, camioneros,

"vecinos y desocupados realizaron protestas en diversas partes del


pais,

algunas bastante violentas. Los saqueos se hicieron más intensos,


espe

cialmente en el conurbano bonaerense. El cacerolazo se inició preci-


samente como respuesta al anuncio del Estado de Sitio que anticipa-

ba la salida represiva que el gobierno tenia en mente.De hecho, los

cánticos de la multitud esa noche celebraban el bloqueo de esa


opción

(";Que boludos, el Estado de Sitio se lo meten en el culo!") y exigfan

"*que se vayan" los políticos. No hubo ninguna referencia al problema

del "corralito", que habfa sido decretado el 3 de diciembre y hacia


sen-

tir sus efectos desde hacia ya dos semanas.

Algo similar sucedió con los eventos del día 20. En varias provincias

hubo cortes de ruta y otro tipo de acciones protagonizadas tanto por


tra-

bajadores y desocupados, como por pequeños productores y comer-

ciantes. Por ejemplo, la Multisectorial de Jujuy - formada por gremios

obreros, grupos estudiantiles, APYME, agrupaciones de docentes uni-

versitarios, organismos de derechos humanos y otros realizó ese dia

una movilización contra el Estado de Sitio. Las imágenes de TV de lo

que sucedia en la Capital inspiraban acciones de todo tipo en todo el

pais. Las centrales sindicales -la CTA y las dos CGT declararon un

paro por tiempo indeterminado. Por otra parte, entre la multitud que
combatia con la policia en Plaza de Mayo habia gente de sectores
medios

pero también desocupados y trabajadores. Ese día el corralito


tampoco

fue motivo de cánticos. fQue se vayan todos, que no quede ni uno


solo!"

-una consigna política y no económica-, fue la frase principal que

unificó a los que participaban en la rebelión. En varias localidades del

interior los manifestantes reclamaron también la renuncia de


goberna-

dores, concejales e intendentes

En fin, la de diciembre de 2001 fue una rebelión protagonizada por

múltiples sectores sociales y no se identificó expresamente con ningu-

no de ellos en particular. Por supuesto que, junto con gente de baja

condición, hubo una decisiva participacion de sectores medios. Pero

lo interesante es que éstos en general no se movilizaron aparte, con

reclamos exclusivos e identificándose como una clase media" sino


que,

por el contrario, lo hicieron con una expresa voluntad de confundirse

con el resto de la población afectada por la crisis, A partir de media-

dos de diciembre de 2001 se multiplicaron por todo el pais acciones

conjuntas de pequenos comerciantes y productores, estudiantes, Pro

fesionales, docentes, agricultores y obreros ocupados y desocupados

Varias decenas de manifestaciones, eseraches, cortes de ruta,


cacerola

zos y"puebladas" fucron convocadas y protagonizadas por tal diverst

dad de grupos sociales. En sus consignas ‣ y demandas demandas


con frecuensia

se combinaban las aspiraciones de cada grupo, Podian exigir el fin del

corralito, pero fambién el pago de sueldos atrasados ¥ mayores subsl-


dios para desocupados.Se preocupaban por las dificultades
financieras ras de los comerciantes y pequeños productores, pero
también por la

defensa de la salud y la educación pública. Las dernandas puntuales

pronto se entrelazaron con otras más generales y estructurales: del


uni-

versal odio a los bancos se pasó con frecuencia al cuestionamiento de

las multinacionales, las grandes empresas de servicios públicos priva-

tizadas o las politicas neoliberales impulsadas por el FMI. Y por todas

partes el malestar por la situación propia se tradujo en la exigencia de

la renovacion de las autoridades ejecutivas, legislativas y judiciales, el

fin de la corrupción y la disminución de los gastos superfluos del Esta-

do. Por un momento, existió una fuerte tendencia a que la multitud en

rebelión actuara como un sujeto poliítico unificado (sin dejar por ello

de ser múltiple y diverso). Incluso en los casos en que los sectores

medios se manifestaron solos -es decir, como comerciantes o "aho-

rristas" por su cuenta, sin articularse con las clases bajas_ 1o hicieron

en general utilizando métodos, símbolos y consignas mediante los


cua-

les se presentaban como parte de una misma trama con el resto de


los

sectores.

Uno de los símbolos más utilizados para este propósito, natural

mente, fue la cacerola. En efecto, entre diciembre de 2001 y fines de

enero de 2002 se hicieron cacerolazos convocados por grupos


sociales

variados para los fines más diversos. Los hubo para exigir que los
con-

cejales, legisladores e intendentes redujeran sus syeldos (en esto se


espe-

cializaron los mendocinos) pero también para demandar subsidios de

desempleo, puestos de trabajo, ayuda alimentaria o pago de haberes


(como los del 3 de enero en la ciudad de Resistencia). Los hubo para

reclamar que no quedaran impunes los asesinatos de manifestantes

por represión policial (la Multisectorial y el Movimiento Autoconvo-

cado de la ciudad de Parana insistieron en ello) pero también contra

las medidas económicas del gobierno provisional (los neuquinos,


entre

otros, realizaron varios de este tipo). Convocado por las asambleas


por-

teñas bajo la consigna "Que se vayan todos", el 25 de enero hubo


inclu

so un *"cacerolazo nacional", que tuvo sus ecos en decenas de


localida

des de todo el pais

La voluntad de confundirse en una misma rebelion a pesar y mas

allá de las diferencias sociales tuvo manifestaciones conmovedoras

El 28 de enero, por ejemplo, se realizó una multitudinaria marcha

conjunta de las organizaciones piqucteras hacia Plaza de Mayo. La

marcha recibió la adhesión y solidaridad de las asambleas portenas y

miles de personas de sectores medios aplaudieron el paso de las

columnas de los pobres por el centro de la ciudad, La multitud mez-

cada corco ese dia " Piquete y cacerola, la lucha es una sola" y no se
trataba tan sólo de una expresión de deseos: en estos tiempos extra-

ordinarios hubo intensos contactos, luchas conjuntas y experiencias

de solidaridad inéditas entre gente de sectores medios, obreros y


deso-

cupados.28

Quizá sea por esa vocación de unidad popular más allá de las dife-

rencias sociales que la gente de sectores medios que participó de la


rebe-

lión rara vez utilizó la identidad de " clase media" como parte de sus
rei-

vindicaciones. Jamás los cánticos callejeros la mencionaron; por el


contrario, los que resonaron durante las jornadas del 19 y 20 de
diciem

bre buscaron ser lo más incluyentes que fuera posible.Se coreó


"Argen-

tina, argentina", "El pueblo unido jamás será vencido" y "Si éste no es
el

pueblo, el pueblo ;dónde está?": los que llenaban las plazas y calles
esos

dias se imaginaban parte de uno y el mismo pueblo. Resulta


significati

vo que un movimiento como el de las asambleas populares, mayorita-

riamente compuesto por personas de sectores medios, nunca se haya

presentado públicamente como un movimiento de defensa de la


"clase

media". En los decenas de comunicados, boletines y proclamas que


pro-

dujeron las asambleas entre 2002 y 2003 prácticamente nunca


aparece

esa identificación en un sentido positivo.29 Por el contrario -sin duda

por la influencia de las ideas de la izquierda tradicional--suelen apare

cer alli visiones negativas sobre la " clase media", acusada de falta de
soli-

daridad o inconsistencia política,30 Lo más frecuente, en los pocos


casos

en los que dentro de las asambleas se mencionaba a la 'clase media",


era la voluntad de presentarla como parte del pueblo e identificada
con los

intereses de los más pobres.

31

Algo similar sucedió incluso con los movimientos de "ahorristas" que

se formaron por entonces con el fin de recuperar los depósitos


incautados

en los bancos. Estos movimientos estaban compuestos casi


exclusivamen-
te por gente de sectores medios que, en su fuero privado, no dudaba
en

identificarse como "clase media".32 Sin embargo, la fuerza que tenían


los

deseos de unidad popular durante estos tiempos extraordinarios


hacía que

ni siquiera ellos se sintieran cómodos presentándose públicamente


como

un movimiento de clase media". Todavía en un acto en julio de 2002


fren-

te a más de 8.000 ahorristas el referente máximo del movimiento,


Nito

Artaza -quien siempre insistió en la necesidad de solidarizarse con los

reclamos de los piqueteros y los más pobres-se vio obligado a


justificar se ante "todos aquellos que están diciendo que nosotros sólo
defendemos

los derechos de la clase media", diciendo que no era solo dinero lo


que recla-

maban sino "nuestros sueñios, nuestros proyectos, el trabajo de toda


una

vida" (como si defender los derechos de la clase media' abiertamente


y sin

pedido de disculpas no fuera del todo legftimo).33

Como hemos visto, en los años previos a la rebelión, durante la mis-

ma y en el año extraordinario que le siguió, hubo una intensa partici-

pación de sectores medios en la resistencia a las políticas


neoliberales.

Abundaron al mismo tiempo advertencias sobre el "fin de la clase


media"

y, ya en diciembre de 2001, se hizo presente la idea de una posible


"rebe-

lión'" de esa clase. Y sin embargo, prácticamente no hubo llamados


públi-

cos a la acción (salvo unos pocos aislados y de escasa importancia) ni


una utilización abierta de la identidad de "clase media" por parte de
los

sectores en lucha. Probablemente esto haya tenido que ver con


los.cam-

bios que sufrió tal identidad durante los años noventa y con la sensa-

ción de mayor cercania respecto de la condición de la clase baja que

a juzgar por las encuestas citadas en el capítulo anterior- muchas

personas experimentaban. Pero seguramente también influyó, a nivel

inconsciente, la vocación, el deseo o la necesidad de articular las


luchas

con las de la gente de condición más humilde. Presentarse como


clase

media", con la connotación antiplebeya que ello tiene en Argentina,


pro-

bablemente habría quedado fuera de lugar en el contexto de ese


mági-

co reencuentro que protagonizaron quienes no eran parte de la élite


(fue-

ran pobres, empobrecidos por la crisis o simplemente hartos de


tantos

atropellos). La identidad de clase media pudo haberse convertido, al

menos por un momento, en una carga, Un ahorrista cordobés lo dejó

escrito con toda claridad en ocasión de explicar las dificultades que

encontró para organizarse con los suyos en 2001:

[F]ormamos parte de una clase media que no sabe hacer un reclamo


públi-

co y sentimos que seremos vistos y asociados a sectores sociales


bajos (con

los cuales siempre quisimos diferenciarnos), Esto hace que evitemos


expo-

nernos y mostrarnos delante de personas hablando sobre lo


aconteeido.
Pedir ayuda en forma pública es una dificultad que no sabemos
resolver

desde la clase media; es un rasgo que no sabemos afrontar y


manifestar por-

que lo asociamos con mendigar En más de un sentido, la rebelión de


2001 podria compararse con

aquel "pafs de las huelgas" de 1919 del que hablamos en el capftulo


tres:

en ambos momentos se notaron fuertes impulsos hacia el


fortalecimien-

to de lazos de solidaridad entre sectores diferentes de las clases que


con-

forman el pueblo llano, lazos que los unían en una común resistencia

frente al capitalismo y sus efectos. En 1919 los que proveyeron el


estimulo

fueron los sueños de igualdad que inspiraba la ola revolucionaria que

recorria el mundo por entonces; en 2001 el impulso lo trajo la crudeza

de una crisis que amenazaba la continuidad misma de la vida social.


No

es extraño que en tales momentos de luchas y fuertes anhelos de


igual-

dad se preduzcan fenómenos de "desclasificación" - como los heros


lla-

mado-en los que se desdibujan las fronteras de separación de clase


que

el propio sistema produce y estimula entre la masa de quienes no son


par-

te de la clase superior. Y tampoco hay que extrañarse de que, cuando


eso

sucede, los poderosos, sus intelectuales y sus medios de


comunicación

salgan inmediatamente a apuntalar la solidez de esas divisiones.

El poder contraataca: cimentando el regreso A La oBEDIenCia

;Que se vayan todos!;Que no quede ni uno solo!" La rebelión de


2001 y el inédito horizonte político que se abría provocaron una
honda

preocupación entre la élite y las clases altas. Tanta desobediencia por

todas partes, tanta solidaridad entre sectores medios y clase baja,


tantas

experiencias novedosas de autoorganización y tanta crítica al


capitalis-

mo y al sistema político no podían sino crispar los nervios de los


pode-

rosos. Tanto, que algunos sintieron todavía el eschlofrio que la Revolu-

ción rusa les habia producido a sus ancestros en 1917: al verse


rodeados

de asambleas y ""multitudes enardecidas" a comienzos de 2002, los


edi-

torialistas de La Nación temieron que el pueblo se vicra seducido por


el

sombrio modclo de decisión de los soviets"35

Qué hacer con esa multitud rebelde en las calles? Habia que encon-

trar la manera de resolver la crisis cconómica y asegurar el orden.


Antes

de la caida de De la Rúa la estrategia de los poderosos habia sido la


de

profundizar el ajuste y acompañarlo de más represion, Al imponer


mas

recortes, sus últimos dos ministros de economia - Ricardo Lopez


Murphy

y Cavallo - habian decidido que serian los mas pobres los que
pagarían los platos rotos del modelo neoliberal. Al mismo tiempo
algunas voces,

como la del periodista Mariano Grondona, exigfan que Se suprimiera


la

protesta social apelando a medidas represivas. 36 Pero la rebelión de


2001

bloqueó por el momento esa salida. Tras una seguidilla de presidentes


interinos débiles, el Congreso eligió a Eduardo Duhalde, hombre
fuerte

del peronismo, para pilotear el barco del Estado durante el temporal.


Su

estrategia fue más bien pragmática: buscó ganar tiempo mientras


encon-

traba el modo de apagar el incendio. La rebeldia en las calles le


impuso

limites muy precisos: el costo del ajuste no podria caer enteramente


sobre

los más pobres, de modo que Duhalde no tuvo más remedio que
decla-

rar la cesación temporal de pagos de la deuda externa y una


"pesificación"

de la economfa que perjudicaba parcialmente a los bancos, al tiempo


que

introducía *retenciones" por las que el Estado se quedaria con una


parte

de las ganancias de algunos sectores exportadores, especialmente los


del

agro. A todos les prometió que se trataba de políticas transitorias y


que

serian debidamente compensados en el futuro. Atemorizados por la


rebe-

lión, acreedores, banqueros y empresarios rurales tuvieron que dejar


pasar

estas medidas que jamás habrían aceptado en tiempos normales.De


cual-

quier modo, los asalariados pusieron la mayor cuota del sacrificio con
la

pérdida del poder adquisitivo que trajo la pesificación.

Pero tanto o más importante que resolver la crisis economica fue

ocuparse de la crisis política. Duhalde necesitaba sacar urgentemente


a
la gente de las calles y evitar que siguieran multiplicándose las expe-

riencias de autoorganización de espaldas a los políticos. Para


restaurar

mínimamente la credibilidad de las instituciones estatales anunció


pron-

tas elecciones generales. ""No se puede gobernar con asambleas',


decla-

ró en marzo de 2002, "la forma que tiene la ciudadanía de expresarse


es

con el voto". Al mismo tiempo, y con la intención de debilitar el recla-

mo, Duhalde puso en marcha un gigantesco programa de subsidios


para

los desocupados, base de apoyo del movimiento piquetero." Divide y

reinarás: Duhalde sabía perfectamente que, para resolver la crisis


poli-

tica, lo principal era debilitar los lazos de solidaridad que se venian


tejien-

do entre los más pobres y los sectores medios, El modo de lograrlo


fue

precisamente lo que se discutio en la reunion de gabinete del 16 de


ene-

ro de 2002 en la que se decidió lanzar el ambicioso programa de


subsi-dios, Asi describió un ministro el razonamiento del gobierno a la
salida

de esa reunión:

Si se juntan los reclamos de los sectores más pobres, los que ya están
fuera

del sistema, con los de la clase media castigada por el corralito, el


resulta-

do podrfa ser un cóctel explosivo capaz de hacer tambalear al


gobierno de

Eduardo Duhalde,38

Ése era el imperativo del momento: mientras la multitud en las calles

gritaba ;Piquete y cacerola, la lucha es una sola!" el gobierno buscaba


la manera de evitar que los pobres y los sectores medios se juntaran
y

confundieran en un mismo reclamo. La lucha no debfa ser una sola".

En realidad, el "divide y reinarás" se venfa aplicando desde los mis

mos inicios de la rebelión: el 19 y 20 de diciembre habían circulado

rumores en diversas partes del país que indicaban a los habitantes de

un barrio que los del barrio de al lado se aprestaban a "saquear" sus

casas (cosa que, naturalmente, nunca sucedió). Tales rumores que

tuvieron su origen en la policía y/o en "punteros políticos- tenían el

objetivo de hacer que algunos vecinos percibieran a otros, especial-

mente a los de barrios más humildes, como una amenaza.De este

modo, se conseguia que cada cual se parapetara en su casa o en su


cua-

dra para defenderse de la supuesta amenaza, en lugar de sumarse a


los

reclamos y marchar conjuntamente sobre el centro de cada ciudad.


En

Neuquén incluso se genero el absurdo de realizarse el día 20 dos mar-

chas diferentes por el mismo motivo. Por la mañana, desocupados y

vecinos marcharon por la paz socia|" mientras que vecinos Y comer-

clantes lo hicieron por la tarde, con la misma consigna, pero diferen-

ciándose de los de la mañana, a quienes acusaban de ser instigadores

de los saqueos.39 Como antidoto contra los impulsos a la solidaridad

se inoculaba el miedo al otro...

Algunos medios de comunicación también participaron consciente

○ inconscientemente en la campaña del "divide y reinarás". Lo hicie-

ron presentando descripciones de los sucesos en las que distinguian

formas"buenas" y "malas' de la protesta, cada una identificada con un


grupo social y expuestas como si no fueran parte de una misma tra-

ma de rebelión. Clarin, por ejemplo, consideró que el cacerolazo de la

noche del 19 de diciembre fue una "manifestación espontánea de la


clase media". La Nación coincidi6 y agregó que se trató fundamental-

mente de una protesta contra el "corralito". Ambos destacaron el


carác-

ter pacifico y familiar de la manifestación y pusieron empeño en dis-

tinguirla de los violentos sucesos del día siguiente. Clarín tituló sobre

los eventos del 20 que se trató del "día de los militantes enardecidos"

y afirmó que había "otra composición" en la Plaza de Mayo: "no era la

clase media argentina" la que estuvo allí ese día. El noticiero del
canal

América TV contrastó los dos dias.mediante la frase "Civilizados ver-

sus salvajes",.4 Asi, se invisibilizaba el hecho del origen social


múltiple

y la interconexión entre las diversas formas de acción callejera, al


tiem-

po que, implícitamente, se trazaba un límite entre una modalidad

aceptable" de manifestación (pacífica, en defensa de la propiedad pri-

vada y de ""la clase media argentina" ) y otras ""condenables"


(violentas,

politicas" o de clase baja). En los meses siguientes al estallido se notó

en los medios de comunicación una insistencia en presentar historias

"edificantes" de personas de sectores medios que, con ingenio, se las

rebuscaban individualmente para sobrevivir en la crisis, al tiempo que

se reforzaron los mensajes que estigmatizaban a los más pobres, sea

por los "abusos" del " piqueterismo" o por la creciente ola de *insegu-

ridad"41

Durante el año extraordinario que siguió a la rebelión muchas per-

sonas -además de Duhalde- comprendieron que la clavl del momen-

to pasaba en buena medida por la actitud que asumieran los sectores

medios, ;Se sumaria la mayorfa de ellos, quc aún permanecía expec-

tante en sus casas, al entusiasmo de la numerosa minoria de los que


se
habfan reencontrado en las calles con la participacion y con las clases

bajas? ;O, por el contrario, predominarian la inercia y el prejuicio tra-


dicional hacia la acción política autonoma y hacia los más pobres?

Durante unos meses en 2002 y quizás parte de 2003 la respuesta a


esta

pregunta no era para nada evidente: la balanza podría haberse incli-

nado hacia un lado o hacia el otro. Algunos de los protagonistas de la

rebelión entendieron perfectamente la encrucijada de la hora. Un


asam-

bleista del barrio de Almagro lo expresó claramente: "No hay que per-

mitir que el gobierno rompa el vinculo que se está forjando entre la

clase media y las clases pobres", dijo en febrero de 2002, "ahí se está

creando el futuro de la Argentina".42

Las elecciones de abril de 2003 serfan el momento decisivo para

definir en qué dirección se inclinarfa el fiel de la balanza. Ganarse a la

"clase media" resultaba crucial. Poco antes, La Nación habfa inte-

rrumpido la racha de notas de alarma por el futuro.de esa clase con


un

artículo que, por primera vez en décadas, invitaba al optimismo:


"lejos

de estar en extinción", como muchos habían pronosticado, la "clase

media" ha *superado una temporaria derrota y vuelve hoy a transfor-

marse en "el espinazo de la sociedad argentina". La prensa e incluso


la

TV se ocuparon profusamente de esa clase.43 Clarfn y el mendocino

Los Andes advirtieron en sus titulares: "El voto de la clase media defi-

ne quién va al ballottage".44 Con vistas a los comicios casi todos los

politicos se acordaron de ella. Para algunos, como el piquetero Luis

D'Eia (que se postuló con magro resultado para el cargo de goberna-

dor bonaerense) se trataba de asegurar *la histórica alianza entre los


pobres y la clase media que se habia producido durante la rebelión.
'SLos presidenciables de la derecha, por su parte, trataron de halagar
a

la *clase media" o apostar a su antipatia por el desorden para


ganarse

su apoyo. López Murphy aseguró insistentemente que su propuesta


era

"levantar a los que están abajo y construir una inmensa clase media"

(olvidaba entonces que las medidas que él mismo habfa propuesto

durante su paso por el Ministerio de Economfa en 2001 sin duda la

habrían empobrecido aún más). Menem prometió abiertamente repri-

mir toda actitud revoltosa y jugó con el recuerdo de la breve prospe-

ridad que hubo bajo su gobierno.46 En las elecciones de agosto para

jefe de Gobierno porteño también Mauricio Macri se presentó como

defensor de la "movilidad social ascendente" y de la "clase media"


que

según su opinión- había convertido al país "en una referencia ine-

ludible de civilización",47 Pero quien más se acord6 de esa clase en


sus

discursos fue el candidato de Duhalde, un gobernador peronista pata-

gónico hasta entonces poco conocido llamado Néstor Kirchner.

En las semanas previas al comicio Kirchner eligió diferenciarse lo

más posible del pasado neoliberal que representaban sus dos


principa-

les rivales. Buscaba de algún modo congraciarse con quienes


permane-

cian en las calles en actitud rebelde, pero de una manera mesurada,


como

para no espantar a los que añoraban una vuelta a la normalidad. En


su

enérgico discurso de cierre de campaña presento al electorado no


sólo

una propuesta sino una disyuntiva histórica:


El 27 de abril, el pueblo debe optar por la concentración eonómica
que

trajo hambre y desesperación y que arrasó con la clase trabajadora y


que-

bró a la clase media argentina o por el modelo de la producción, el


traba-

jo y la incusión social.'8

Para los votantes se trató de una elección que no motivó entusias

mo, Mientras resonaba aún el "Que se vayan todos", los comicios obli-
gaban a optar entre un ex presidente responsable del desastre, un ex

ministro que no tenía nada que envidiarle en sus antecedentes


neolibe-

rales y un gobernador poco conocido pero que al menos prometía


cam-

bios y no tenfa un historial demasiado reprochable. No habfa otra


opción:

los partidos de izquierda, enfrascados en rencillas internas, no


ofrecían

una alternativa. Algunos propusieron un boicot electoral o repetir el

"voto bronca", apostando a fortalecer asf a los movimientos sociales


que

protagonizaban la rebelión. Pero tampoco los movimientos habfan


con-

seguido proponer al resto de la población alguna alternativa de


gestión

que se percibiera como viable. Ante ese panorama, mucha gente


prefi-

rió participar del juego electoral, aunque más no fuera para bloquear
las

opciones más antipopulares. Asi, la primera vuelta dejó afuera a


López

Murphy y coloc6 a Kirchner en segundo lugar, con un 22% de los


sufra-
gios. Al ver que habia alcanzado ya su techo máximo de votos,
Menem

renunció a presentarse al ballotage y el patagónico asumió el poder.

Proclamado con apenas el 22% de los votos, el nuevo Presidente

tuvo que hacer grandes esfuerzos para asegurarse una mínima legiti-

midad, Si iba a ser Presidente, necesitaba comenzar por lo primero,


que

era lograr que la sociedad lo obedeciera; y para ello había que


desmo-

vilizar la rebelión. Su estrategia fue la de profundizar en la linea que

habia aplicado durante la campaña. Desde los primeros días en el


gobier-

no se esforzó por despegarse del pasado neoliberal. En su discurso de

asunción anunció que se había producido un "final de época" y que él

venía a refundar la patria" y a construir un "pais normal". Hablando el

lenguaje de la rebelión, hizo propias algunas de sus consignas, se


iden-

tificó como parte de la generación que en los años setenta había


soña-

do con un país distinto y lanzó vagas críticas a "los grupos más con-

centrados de la economía, Pero dejó al mismo tiempo en claro que

aspiraba a que el Estado se reconcilie con la sociedad" y a


"reconstruir

un capitalismo nacional". Tocando la fibra más intima de la identidad

nacional, habló de los tiempos dorados de los abuelos inmigrantes y

prometió una * mayor distribución del ingreso" que reinstale ""la


movi-

lidad social ascendente que caracterizó a la República Argentina", que

"fortalezca nuestra clase media y que saque de la pobreza extrema a

todos los compatriotas",19

En los primeros tiempos de su gobierno, Kirchner sorprendió a


todos .con una serie de medidas que le ganaron una gran popularidad
Varias de las aspiraciones de la rebelión y de los movimientos socia-

les fueron tenidas.en cuenta. Entre las más celebradas estuvieron la

renovación de la desprestigiada Corte Suprema de Justicia, la reaper-

tura de los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la

última dictadura militar y la recuperación de cierta autonomfa en la

politica economica (previo pago del total de la deuda del pais con el

FMI). Al mismo tiempo, Kirchner dividió profundamente a los movi-

mientos sociales, cooptando algunos dirigentes con cargos públicos y

otros beneficios, mientras aislaba a los menos dispuestos a cooperar.

En el plano económico, el tipo de polfticas que la rebelión habia for-

zado a Duhalde a implementar continuó casi sin cambios, lo que per-

mitió una notable reactivación. El mantenimiento del peso en un valor

bajo con respecto al dólar, en lo 'que se gastaron cuantiosos fondos

públicos, benefició especialmente a los empresarios con capacidad de

exportar. Gracias a una suba sin precedentes en los precios interna-

cionales de los alimentos, los del campo -incluso los de tamaño

mediano-acumularon ganancias inéditas en poco tiempo, Poco a

poco algunos indicadores sociales fueron mejorando; durante 2003,

una porción de los <nuevos pobres" volvió a ascender a la categoría

estadistica de "clase media".50 A medida que más gente crefa en el


pro-

vecto del "pais normal", más intolerantes se volvieron frente a los que

seguían haciendo barullo en las calles. Paulatinamente, la rebelión fue

quedando desactivada

Parte central de la estrategia de regreso al *pais normal involucró

recuperar el orgullo de clase media, La mención a la "*clase media" y


al

mito de la Argentina de los inmigrantes en el discurso de asunción no


fue casual. Probablemente Néstor Kirchner sea el politico argentino
que

más se haya ocupado de halagar a esa clase en sus entrevistas y


alocu-

ciones públicas: en toda la historia nacional nadie le habia prestado


tan-

ta atención. Así, en deccnas de ocasiones durante todd su mandato


refi-

rió públicamente a la necesidad de recuperar ""nuestra gran clase


media

con movilidad ascendente, verdadero orgullo en Latinoamérica":5! La


dimensión política de ese orgullo recuperado no pasó inadvertida.
Hacia

fines de 2003, mientras el gobierno ponía en marcha una campaña


para

demonizar la protesta social, algunos líderes piqueteros se quejaron


por

lo que percibían como una maniobra para "poner a la clase media


con-

tra los manifestantes",52 La campaña fue rindiendo sus frutos. El fin


del

fuerte acercamiento a los más pobres del 2001 quedó graficado en la


tapa

de una popular revista humorística, que a principios de 2007 titul6:

REACTIVACIÓN: La clase media recupera su nivel histórico de


fascismo.

Creen que el adiós al "piquete y cacerola, la lucha es una sola" podrfa


ser

"definitivo",

"Adiós al Que se vayan todos y hola al exterminio de individuos de

tez oscura", continuaba con la sátira la nota interior, en referencia al


tra-

dicional desprecio de muchos hacia los "negros" y los pobres.53 El


carac-
terístico humor cáustico de la revista anunciaba amargamente el fin
de

las ilusiones de 2001. La balanza se inclinó hacia la continuidad de lo

conocido y hacia el apuntalamiento de la división entre los más


pobres

y los sectores medios. La identidad de "clase media" volvió a


desempe-

ñar entonces su función política tradicional: trazar una frontera de


sepa-

ración entre unos y otros.

Las politicas de Kirchner han sido muchas veces comparadas con las

de Arturo Frondizi. Y en efecto, hay más de una similitud entre la filo-

sofia de "integración y desarrollo" del radical y lo que el peronista


gus-

taba en llamar la inclusión", la *transversalidad política" y el


"crecimiento

estable". Quizás en lo que más se parecen es en la visión de la


estructu-

ra social y en la funcion que cada cual debe desempeñar en ella.


Como

el de Frondizi, el ideal de pais de Kirchner giraba alrededor de tres


pre-

sencias principales: una clase trabajadora" laboriosa y con derechos


bá-

sicos asegurados, una "clase media con movilidad ascendente y un

empresariado nacional comprometido con la producción. Los tres sec-

tores en equilibrio y en un orden asegurado por un Estado con presen-

cia fuerte, aunque sin intervenir excesivamente en la economia. En


fin,

un "capitalismo en serio", un "país normal". En ausencia de un movi-

miento contestatario con una propuesta creible, esa promesa terminó


resultando que da atractiva el apelar para a un amplios universo
sectores mental de la ya una población. identidad Ofrecia nacio- la
nal conocidos y atesorados por muchos; conservaba las tradicionales

jerarquías de clase en su sitio, pero al menos las combinaba con


algunas

gotas más de progresismo, vagas acusaciones contra el


neoliberalismo y

promesas de mayor equidad. No mucho, es cierto, pero sin dudas


algo

mejor que la brutalidad del ajuste y la represión que proponían


quienes

añoraban los noventa. Así, con la recomposición del capitalismo en la

versión algo más "humana" que propuso Kirchner, el ciclo de la


rebelión

de 2001 finalmente se cerró.

El reencuentro entre sectores medios y clases bajas durante los tiem

pos extraordinarios de 2001-2002.fue efifmero. Para quienes


participa-

mos en él dejó, sin embargo, una marca indeleble. Aunque concluido,

seguramente los interrogantes y horizontes políticos que inauguró ese

momento peculiar todavía seguirán proyectando efectos sobre la


histo-

ria del país durante varias décadas. Quizás sea demasiado pronto
para

intentar un balance de sus alcances y limitaciones. Conviene sí


resaltar

que mucho de la fragilidad de ese reencuentro quizás se explique por


la

persistencia de identidades sociales cargadas de prejuicios y


estereotipos

antiplebeyos y poco afectas a valorar cualquier esfuerzo que no se


tra-

duzca en el crecimiento del bienestar individual de cada cual.Se equi-

vocará quien piense que este es un problema que afecta a la clase


media'
pero no a los trabajadores: la identidad cuya historia venimos
recorrien-

do en este libro hoy se ha hecho carne no sólo entre los sectores


medios,

sino también entre los bajos. Para salir de su conjuro no alcanzará con

protestas y recriminaciones. Acaso el agotamiento de la rebelión de


2001

nos indique que, para lograrlo, habrá que inventar nuevos horizontes

políticos y estrategias y formas de organización inéditas

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