DON MARCOS ARAYA
Banderas de lata merecidamente, enarbolan su nombre en una calle andina.
Don Marcos era una reconocida personalidad destacada de la ciudad. Lo
recuerdo de pie sobre su humildad de albañil, en la ochava norte de la calle
Las Heras, a escasos pasos de la avenida Independencia, con su chaqueta
color café. Se agrandaba su figura los días domingos, cuando aparecía por la
pequeña puerta de su casa, con su bolsa marinera, repleta de las desteñidas
casacas rojas, asomando por encima de ese saco, la calva de la engrasada
pelota de futbol número cinco, donde el cordón le apretaba la frente al balón.
El tenía la paciencia eterna de esperar a cada uno de los jugadores de futbol,
de su equipo “Lautaro”. No faltaban las veces, que en camión, de barandas
altas, donde viajaba de pie el plantel, repleto de chacoteros, explotando las
risas, las carcajadas, recorríamos las casas de los jugadores estrellas,
aguardando que los soñolientos se despertaran. Nosotros éramos cabros
chicos por allá por el año 1973, pero igual nos subíamos al camión, que don
Marcos contrataba, con su escaso peculio, para llevarnos a jugar. Don Marcos,
era el presidente, tesorero, secretario, director técnico, era todo del “Lautaro”,
menos futbolista. En la soledad de su vida, también era lavandero, pues a la
orilla de la artesa, ese cajón cuadrilongo, de madera, cepillaba con el torso
empapado, las casacas deportivas, para el próximo domingo. Don Marcos
Araya un socialista, sumido en un aislamiento voluntario, se empeñó a
promover el deporte en la juventud andina. Despegando, de las sabanas, los
domingos a la muchachada, para repartir salud, tanto física como mental. Sin
darnos cuenta, don Marcos, contribuida a que sus deportistas, redujeran
posibilidades de enfermedades al corazón, mejorar la autoestima, a la sana
competencia y confianza en sí mismo. La resistencia de muchos de nuestros
huesos ya veteranos, se lo debemos a la insistencia de Don Marcos, que nos
convocaba a las mañanas de noventa minutos futboleros, los días pintados de
rojo en el calendario. En soledad, como era su costumbre, sin avisar a nadie,
se fue a organizar paridos de futbol al cielo. Don Marcos, gracias a su
generosidad y benevolencia, en Quebrada Herrera, alto Putaendo, de
casualidad, hice el único gol de mi vida, en una canchita que tenía un enorme
árbol justo en el medio, el mismo lugar, donde está usted ahora don Marcos,
en el medio de nuestras memorias.
Nadie supo nada
Un personaje es un individuo humano, animal o de otro tipo, de
carácter ficcional, que forma parte de la trama de una obra artística,
como una novela, un cuento, una película, una serie, una obra de
teatro o un videojuego. Persona
, pagando de sus escasos ingresos. Incluso tuve la suerte de vestir dos veces, la desteñida
camiseta roja del Lautaro, la primera en una canchita de con un gran árbol enorme, al
medio del campo de juego en un cerro de Quebrada Herrera, en Putaendo, la segunda vez
en una cancha de piedra sobre el lecho del rio Aconcagua a la altura del regimiento
Guardia Vieja, donde casualidad me hice el único gol de mi vida.