SUPLEMENTO 64
Rogelio Peralta A.
SUPLEMENTO 64
PRESENTACION
Víctor Velazco López
En el 196 Aniversario de Juli como Capital Provincial, los conductores de Juli
Eterno saludamos cariñosamente a nuestros amables lectores que tienen la
bondad de tenernos presente; pidiéndoles amor a la tierra querida; y valorar
siempre la sabiduría aimara y su idioma, deseando también , que el contenido
de Juli Eterno lleve a ustedes, las vivencias, la vida transcurrida y la esperanza
de ser partícipes del resurgimiento de las comunidades y pueblos aimaras,
llenos de alegría, recuerdos y tradición.
Juli Eterno que inició su caminar por la inquietud sana de juleños y amigos
radicados en distintos lugares de la patria; en el Suplemento Nº 64
alcanzamos: LA EDUCACIÓN EN EL JULI COLONIAL, para los hermanos del
del mundo altiplánico y la colectividad; tema de la trayectoria de la educación
en Juli en época de la colonia, expuesto por el dedicado e íntegro investigador
Sr. Rogelio Peralta Andía, que con entereza y seriedad, nos entrega el resultado
de su inquietud latente, como un tributo al Aniversario de Juli como Capital
Provincial
Un abrazo de reconocimiento y gratitud para el investigador - historiador
Rogelio Peralta, pidiéndole continúe con su labor de desentrañar y dar a saber
tantas verdades aún no conocidas de nuestra realidad que va cambiando y que
es necesario difundirla.
Esta leal muestra de verdadero cariño de Rogelio, quisiéramos sensibilice a las
autoridades provinciales y distritales, para que promuevan, que, en los muros
digitales de los municipios, escuelas y colegios, se cuelguen este tema y otros,
a fin de beneficiar a la niñez, juventud, ciudadanía y visitantes para lograr
pueblos con visión de futuro.
Gracias a nuestros lectores por poner algo de si, como compartir e invitar a que
Juli Eterno sea parte infaltable en cada hogar de los pobladores de la cuenca
del Titicaca y otras latitudes. Y ojalá pudieran participar todos, y tener la alegría
de darnos: ¡Un abrazo de plena confraternidad!
Rogelio Peralta A.
LA EDUCACIÓN EN EL JULI COLONIAL (*)
“La educación no es la respuesta a la
pregunta. La educación es el medio para encontrar
la respuesta a todas las preguntas”
William Allin.
Las civilizaciones, como los seres humanos, se van forjando dentro de un
proceso histórico. Ese aprendizaje que nos han legado las civilizaciones antiguas
o prehistóricas, sumado a esa simbiosis con la llegada de los españoles, es uno
de los más relevantes debido a la diversidad de razas y culturas que entraron
en contacto; hasta el punto de que los distintos mestizajes que se produjeron
en Juli, constituyen una de las características esenciales de nuestra historia, por
tanto, son la base de nuestra forma de vivir, pensar y actuar.
Cuando llegaron los españoles hacia 1534, obviamente trasladaron gran parte
de la cultura española y desarrollaron diferentes actividades; fueron dominicos
y jesuitas que comenzaron a levantar residencias, templos. monasterios,
centros educativos; manos nativas construyeron inmuebles, labraron el
granito, mezclando curiosamente, el arte del conquistador y el pensamiento
aimara, cubriéndose la piedra de ramas, hojas de vid, frutas, enredaderas
pétreas, de ángeles, santos cristianos, sirenas andinas y fauna, cuyos rostros
captaban los rasgos de la raza sometida, simbólicamente enlazadas en la
piedra.
Esta se desarrolló sobre una infraestructura administrativa con base en las
diócesis, parroquias y doctrinas de indígenas en las “Siete Cabeceras” de la
Provincia de Chucuito. De manera que la “Roma de América” es la más rica en
arquitectura y recuerdos del inicio de la época colonial en América y el Sur del
Perú: impresionantes monumentos: iglesias y casonas, donde priman la piedra,
el granito, el ladrillo, el barro, en armoniosos y diferentes estilos; arcos y
columnas, calles y plazas al damero español, dejadas por esa mancomunidad
aimara-española. Herencia de órdenes religiosas y Lupacas que hoy subsisten,
donde la vida se entretejía alrededor del llamado patio y zaguán español que
confirman la presencia incluso del árabe que se muestra en la iglesia de San
Juan con el estilo mudéjar y el cimborrio y otros estilos como el renacentista de
San Pedro y la Asunción, con estilos del barroco, plateresco, el churrigueresco;
para conocer un poco más habría que leer a Gasparini, Harth, Soria, Garr,
Mariátegui Oliva, José de Mesa, Kelemen, Guid, Wethey, Vargas Ugarte, etc.
El arte del conquistador y el pensamiento Lupaca.
Abordar la educación asociada al contexto de la evangelización en el territorio
aimara implica visualizar el espacio como un proceso de castellanización, donde
los principales actores fueron los indígenas y las órdenes religiosas, de manera
que tanto dominicos y jesuitas, con sus distintas personalidades y formación,
llevarán a cabo una forma de proceder diferente en la evangelización y
educación de los Lupacas, dejando profundas huellas en los aimaras.
Como expresión de la preocupación civilizadora de la actitud misionera, cabe
mencionar las iniciativas de Fray Vicente Valverde, primer obispo del Cusco
solicitando:
“Que los hijos de los caciques y señores siendo pequeños estén cierto tiempo en
las casas de los religiosos hasta que sean enseñados para que ellos enseñen a
los otros en sus pueblos y que en los pueblos de los christianos aya, junto a la
iglesia una casa que sea como escuela adonde estén y residan tambien los hijos
de los caciques y que aya una persona particular que los adoctrine y enseñe allí,
porque sería posible que ubiese tantos que no se pudiesen tener en los
monasterios». (1).
En 1535 el rey de España mediante cédula real autorizó ya fundar colegios, y en
1540 mandó al Lic. Vaca de Castro.
«[...] que vea una çedula que se dio para que el Gobernador del Piru, con
parescer del ouispo, haga una casa como escuela donde los hijos de caçiques
sean enseñados en las cosas de nuestro sancta fee». (2)
Iglesia San Juan Bautista, hoy Museo, podemos identificar
diferentes estilos de la arquitectura colonial, fue parroquia
para los Lupacas de la parcialidad de Ayanca.
Debido a las grandes distancias, en 1539, el papa Paulo III gestionó la creación
de un territorio para los dominicos: la Provincia de San Juan Bautista del Perú,
la cual se creó el 4 de enero de 1540, siendo designado su primer provincial Fr.
Tomás de San Martín. En 1548 se designaron misioneros en las encomiendas
situadas en Huarochirí, Canta, Charcas y Cajatambo; en el valle de Chancay;
Jauja y Tarma; en el valle de Lima, y en Chinchaypugio (Cusco) y se hicieron
cargo de los pueblos de la Provincia de Chucuito, Acora, Ilave, Juli, Zepita,
Pomata, Yunguyo hasta 1572…” (3).
En 1542 ya se encontraba en Juli Francisco Ruiz anunciando la doctrina
cristiana, en 1547 pasaron Fray Andrés de Santo Domingo y Fray Domingo de
Santa Cruz a predicar Juli que entonces “era repartimiento de Gabriel de Rojas”.
Esto no quiere decir que hacia 1534 no se haya anunciado la doctrina cristiana,
pues, por esos años se encontraban en Juli Chucuito clérigos, y legos
impartiendo el evangelio. Sin embargo, debemos recalcar que los dominicos
fueron los primeros en comenzar la labor misionera de forma sistemática a
partir del año de 1538-1540, no olvidemos que Vicente Valverde llegó con 20
dominicos al Perú.
En 1548, la Provincia dominicana contaba con 80 religiosos; la mayoría de ellos
dispersos en todo el territorio peruano. El Capítulo Provincial de 1548,
celebrado en Cusco, eligió precisamente al Provincial Tomás de San Martín y
reasignó a todos los religiosos a los conventos de Lima, Cusco y Arequipa desde
donde debían partir a evangelizar los ayllus, comunidades y encomiendas que
integraban las doctrinas.
Se determinó que los religiosos conventuales tenían la obligación de salir de
dos en dos, como misioneros itinerantes, de manera que, Fr. Andrés de Santo
Domingo y Fr. Domingo de Santa Cruz fueron destinados a evangelizar Juli,
Copacabana, Pomata, Yunguyo, llave, Zepita, Chucuito y todos los contornos y
riberas del lago Titicaca. (4)
Primigenia Iglesia o Ermita bajo la advocación de San Francisco de Juli (1534-1535)
con el que fue bautizado, y la Iglesia de Santa Bárbara (1550-1555), ambos
edificados por dominicos y aimaras, pertenecieron a la organización dual de los
Lupacas: Alasaya y Masaya, 1535-1550.
Al conquistar tempranamente esta zona del Perú, los religiosos comenzaron su
labor misionera en Lundayani, posteriormente en Santa Bárbara en el Alto Juli
(Lundayani y Santa Bárbara pertenecerían a la organización dual de los
Lupacas), y de acuerdo a las reducciones de pueblos y ubicación del nuevo
pueblo, en 1563 se inicia la construcción de la iglesia de Santo Thomás (hoy San
Pedro Mártir) con la Primera Cruz Templaria o Patriarcal que es una variante de
la Cruz Cristiana, símbolo religioso inaugural del cristianismo en América del
Sur, y en 1564 los dominicos fundaron el convento de San Pedro y San Pablo, y
se decía: “aliñar y componer las calles procurándose la igualdad de las fábricas
para sujetar a los indios a reducción”. Por entonces, existían 280 pueblos que
habían sido reducidos a 50 pueblos. (5)
Comenta Vargas Ugarte: “Como se ve, la actividad apostólica de los dominicos,
recibe en esta época notable impulso y se extiende a buena parte del Perú de
entonces.”(6) El Consejo de Indias, bien informado de la expansión misionera
dominicana y de los frutos que venía produciendo en provecho de los naturales,
creyó oportuno encomendarles en las escuelas la enseñanza del idioma
castellano.
La Constitución 37 del Primer Concilio de Lima (1551-1552) disponía:
“En los pueblos grandes de indios haya escuela para los hijos de los caciques y
demás niños que se juzgaren hábiles, donde se les enseñe a leer, escribir, contar,
calcular y la lengua castellana”.
Primera Cruz Templaria y Patriarcal, símbolo religioso
inaugural del cristianismo sistemático en América del Sur.
Iglesia Santo Thomás 1563.
La castellanización de los indígenas del común durante los siglos XVI y XVII fue
un proceso que se desarrolló en gran medida a las dinámicas del quehacer
cotidiano colonial donde españoles e indígenas debían comunicarse para
diversos efectos. La evangelización, pues tanto desde la Corona como desde la
Iglesia misma había un núcleo intelectual que constantemente reflexionaba
acerca de cómo lograr de manera más eficiente la conversión de los naturales
y para ello la enseñanza del castellano fue una de las principales herramientas.
En el Segundo Concilio de Lima de 1567, al que concurre el primer Obispo
efectivo del Altiplano Fr. Domingo de Santo Tomás, va más allá cuando dispone:
“Se enseñe a los naturales toda policía y aseo; a no dormir en el suelo; a comer
haciendo uso de la mesa; que se extinga el uso de la coca; el abuso de las
bebidas alcohólicas, particularmente en ocasión de las fiestas religiosas; que se
estableciesen escuelas parroquiales elementales para la alfabetización e
instrucción de los indios y las que prohiban a los españoles enviar a los indios a
las minas contra su voluntad, hacerlos trabajar o servir sin pagarles lo justo y
forzándoles a ello”. (Segundo Concilio de 1567)
Dominicos y Jesuitas, utilizaron distintas estrategias, asistemáticas,
para lograr aculturar a los indígenas, fue la imposición de la lengua castellana no
solo como instrumento de evangelización,
sino como método de comunicación para la vida cotidiana.
La preocupación por instruir a los indígenas se reflejó ya en las primeras
ordenanzas dadas para que se erradicasen las lenguas indígenas y se hablase
solo castellano y para que “se instruya a los indios en los dogmas de nuestra
religión en castellano, y se les enseñe a leer y escribir en este idioma que se debe
extender y hacer único y universal en los mismos dominios para facilitar la
administración y pasto espiritual a los naturales”. (7).
En la cédula del 7 de junio de 1550, se encomienda al Provincial Fr. Tomás de
San Martín, “que haga que sus religiosos procuren que los indios aprendan el
idioma castellano, tomando por medio el enseñarles las oraciones y la doctrina
cristiana en el dicho idioma, y la razón que aducía para encomendarles esta
labor, era porque “parece que los dichos religiosos podrían más buenamente
entender en enseñar a los indios, la dicha lengua castellana que otras personas,
y que la tomarían de ellos con más voluntad, y se sujetarían a aprenderla de
ellos con mayor amor, por la afición que les tienen, a causa de las buenas obras
que de ellos reciben.” (08).
Sin embargo, en el Capítulo Provincial de 1553, que eligió Provincial a Fray
Domingo de Santo Tomás, dio normas concretas a los religiosos para procurar
la conversión de los naturales y la instrucción catequética de los ya
convertidos: “Mandóse que ningún religioso pudiese predicar ni confesar, sin
especial aprobación de la lengua de los naturales” Además, se le encomendó al
Provincial, “examinar por sí mismo a todos los confesores, predicadores y
doctores de indios.” (9)
Tres grandes paradigmas de la evangelización de los Lupacas:
Tomás de San Martin, Domingo de Santo Tomás y Ludovico Bertonio
Para facilitar y hacer más eficaz el ministerio de la evangelización y la
educación, Fr. Domingo de Santo Tomás compuso la primera “Gramática o arte
de la lengua general de los indios de los reinos del Perú”, que fue el quechua.
Al escribir estas obras esenciales para la evangelización, Fr. Domingo de Santo
Tomás se propuso dos objetivos: primero, poner en manos de los curas o
padres doctrinantes un instrumento adecuado para aprender el idioma
quechua, y poder evangelizar con eficacia. Segundo, demostrar a S. M. y al
Consejo de Indias que los naturales del Perú no eran los “bárbaros” de los que
algunos historiadores o cronistas y juristas hablaban.
De esta manera, desde su fundación, los conventos dominicanos fueron
verdaderos centros de irradiación evangelizadora y de enseñanza, a través de
las doctrinas. Evidentemente, la acción primera misional en el Reino Lupaca
estuvo mezclada con la lucha interna de los mismos conquistadores: pizarristas
y almagristas, con una violencia que tiñó de sangre la misma evangelización, de
igual manera, uno de los principales problemas que se enfrentaron fue con el
idioma, la comunicación con los indígenas aimaras. En el siglo XVI, el cronista
real Gonzalo Fernández de Oviedo (10) ilustró la amplia variedad lingüística
señalando que eran “tan diferenciadas e apartadas unas de otras que (…) no se
entienden más, ni tanto, los indios de una provincia con los de otra, de lo que se
entiende un vizcaíno con un tudesco o con un arábigo”.
Alaperrine, señala que “los castigos corporales eran parte integral de la
pedagogía en las escuelas de la época, siendo los azotes los más corrientes,
y era frecuente que la recompensa consistiera en «perdonar una vez de
azotes» (BNE: ms. 8150, fol. 365-367)”.
Se decía hacia 1553, que los dominicos tenían, y habían fundado 60 escuelas,
Juli, no escapó a la historia educativa de los dominicos. Entre los agentes
educativos en Juli, podemos destacar la actuación inicial de la orden de Santo
Domingo de Guzmán y la Compañía de Jesús con la creación de las siguientes
instituciones:
ESCUELA PARROQUIAL O CONVENTUAL DE SAN PEDRO Y SAN PABLO
Fue un centro de alfabetización elemental, centros de primeras letras o de
enseñanza básica elemental, fue el primer centro de alfabetización y de
catequesis elemental, más que escuelas en el pleno sentido del término, a
cargo de la Orden de Santo Domingo de Guzmán, era la única abiertas a todos
sin discriminación, funcionó en el Convento de San Pedro y San Pablo de Juli.
Algunos dominicos pusieron énfasis en el conocimiento de las lenguas
autóctonas y de las costumbres locales para una adecuada evangelización.
Fruto de esta preocupación fue el “Lexicon o Vocabulario general del Peru
llamado Quechua”, de fray Domingo de Santo Tomás en 1560. Pocos
doctrineros dominaban el quechua o la lengua general del Cusco, la mayoría no
hablaban el aimara y el Puquina que se usaba en el inmenso altiplano.
Domingo de Santo Tomás (1490-1570, fue pionero a la hora de tender
puentes lingüísticos entre la lengua quechua y español como su Lexicón o
vocabulario de la lengua general del Perú, ambas publicadas en Valladolid en
el año 1560.
La principal tarea que tenían era la evangelización y catequización de los
aimaras, la estrategia dominica era enseñar la doctrina cristiana, a través de la
repetición, el canto, música, danza y las comedias, repitiéndolas de memoria
para lo cual reunían a los niños, jóvenes y adultos donde se les enseñaba a leer
o deletrear.
Marie Helmer, refiriéndose a la vida colonial de los aimaras (11), nos dice:
“La vida parroquial antes de la llegada de los jesuitas, consistía en bailar y
cantar bajo dirección de un maestro de música en la procesión de Corpus
Christi…”.
Costado izquierdo, parte del Convento de San Pedro y San Pablo (1564).
La escuela, el convento, las plazas de las iglesias fueron espacios en que dicho
proceso se logró articular. La expansión de la cultura dominante fue al mismo
tiempo un proyecto autoritario y una infiltración inevitable. En todo caso, la
educación se convirtió en instrumento insustituible de coacción pacífica en
manos de los conquistadores; por otra parte, para los indígenas representó el
vehículo que les permitió el acceso a la comprensión del nuevo orden. Por
conveniencia y por convicción, la conquista espiritual fue inseparable de la
militar, y la evangelización constituyó, durante muchos años, la forma
generalizada de impartir educación.
De la misma manera, los aimaras no tuvieron dificultad para apropiarse de los
elementos materiales que la conquista española puso a su alcance: ropas,
muebles, instrumentos de trabajo y objetos de ornato y culto, se elaboraron
con técnicas que los artesanos locales aprendieron en poco tiempo. Incluso en
comunidades relativamente aisladas de la influencia española se adoptaron
herramientas metálicas para el cultivo, carros o carretas para el transporte y
algunas prendas de vestir, como los pantalones de los hombres.
La decidida intervención de los dominicos en la tasa de los tributos, en las cosas
de las encomiendas y explotación, en ningún momento fue bien visto por los
encomenderos. Las 14 cartas escritas por Fr. Domingo de Santo Tomás al Rey,
al Consejo de Indias y otras personalidades influyentes y allegadas al gobierno,
son clamores angustiosos y apremiantes del misionero que llama a las puertas
de quien sabe que pueda poner freno a tanto abuso y aniquilamiento.
Como es lógico, los encomenderos reaccionaron haciéndolos el blanco de sus
iras, odios y abominables calumnias, “por cuyo motivo la Orden Dominicana se
hizo odiosa a los encomenderos,” escribe Fr. Domingo de Santo Tomás, en su
carta del 15 de marzo de 1562, los resultados los conocemos, cuya expulsión
de la Orden de Santo Domingo de Guzmán se dio el 09 de noviembre 1572. (12).
La Real Cédula y Ordenanza de 1551, disponen la reducción de pueblos, Juli
no es ajena a tal disposición, se inició en 1560, pues, en 1563 se edifica el
templo de Santo Thomás.
Las numerosas disposiciones de los concilios referentes a la creación de
escuelas en las parroquias prueban el empeño, el ideal y propósito de
evangelizar. Vinieron para quedarse y realizar los primeros trabajos para el que
habían nacido: ayudar y acompañar a hombres y mujeres en la historia de la
salvación por medio de la predicación y la compasión, a ellos les debemos las
primigenias iglesias y la evangelización. Toledo fue uno de los mayores
representantes del sometimiento de los ideales de evangelización religiosa a
los de conquista civil y las reticencias entre los distintos sectores de la Iglesia al
proyecto común desataron importantes conflictos en la colonia.
COLEGIO O ESCUELA MAYOR PARA INDIOS NOBLES.
A la llegada de la Compañía de Jesús a Juli, el 4 de noviembre de 1576, asumen
las doctrinas y ya tenían un plan pastoral y lo pusieron en práctica el domingo
siguiente con una misa en los tres templos, posteriormente se realizó un
almuerzo con los curacas o caciques, luego se dio una procesión recitando la
doctrina hasta la Plaza Mayor, donde escucharon las tres parroquias un sermón
en aimara, donde recibieron las primeras instrucciones, finalizando con la
distribución de alimentos y especies, cosa que nunca se dio con los dominicos
y que fue admirado por los Lupacas.
Para la enseñanza de la doctrina cristiana y administración de los sacramentos
se dividieron, de manera que: Alonso de Barzana fue designado para predicar y
enseñar la doctrina cristiana a los adultos y fue el primer jesuita en realizar una
misa en aimara en la iglesia de Santo Thomás, Diego Martínez como maestro
de enseñanza a los niños y ancianos; Diego de Bracamonte dedicado al bautizo
y a cargo de los matrimonios; Francisco de Medina se encargaba de los
enfermos y entierros de los difuntos y vigilancia del pueblo a que nadie este
vagando o emborrachándose. Había en Juli dos casas de recogimiento, una para
indios escandalosos y otra “donde encierran a los hechiceros” y donde acudían
a educarlos y convertirlos.
Cárcel Colonial y antiguo ayuntamiento o Cabildo,
era el representante legal de la Ciudad (Segundo Piso)
Entre las instituciones educativas se identifica para zona Lupaca dos tipos
distintos de centros de formación que estaban destinados para los indígenas
del común y un colegio de nivel medio para los hijos de los principales. Esta
escuela elemental o de primeras letras y el colegio para hijos de caciques
llegaron a ser una instancia estable dentro del escenario aimara, que al final
eran lo mismo. Mientras que las primeras tenían un pupilaje externo, las
segundas eran internados y además solo podían ingresar los hijos de nobles,
aunque en principio en ambos la enseñanza era la misma: lecto-escritura, suma,
resta, división, música, catecismo y, eventualmente, latín, tal como consta en
la documentación de la época.
Los misioneros aplicaron una práctica de la Grecia clásica, que confirió
gran importancia al baile, música, canto y teatro, fueron parte de la catequesis
que subsiste hasta hoy.
Los bailes como dispositivo de enseñanza, complementario y alternativo al
catecismo, fue utilizada de diferentes formas y es considerado como el primer
texto educativo en América.
La jornada laboral iniciaba con una oración matutina y las clases comenzaban a
las 7 de la mañana. Durante esta primera parte del día, las actividades
principales eran clases, debates y las llamadas “repeticiones”. Después del
almuerzo, estaba programado un sistema de estudios (que podía ser individual
o grupal), para luego pasar a la preparación de los contenidos, que se revisarían
al día siguiente. Finalmente, cerca de las 8 y 10 de la noche, la jornada concluía
después de un nuevo turno de estudio. “El día estaba muy ocupado con la Misa,
sermón y vísperas”.
La educación impuesta por los jesuitas estaba destinada principalmente a los
hijos de caciques, mientras que los indígenas del común recibían los
conocimientos que les eran impartidos, mayoritariamente, a través de las
prácticas evangelizadoras, contexto dentro del cual deben considerarse las
escuelas parroquiales.
De esta manera, al tener un espacio donde comenzaban a concentrarse los
indígenas del común, recurrieron a dispositivos que ayudaran en el proceso de
aprendizaje del catecismo. En este contexto, la música cumplió un rol
preponderante en este proceso, implementándose diversas estrategias que
tendían a intensificar este aprendizaje. De esta manera, la enseñanza de la
doctrina cantada, las lecciones de canto y el aprendizaje de instrumentos
musicales se hacían por la tarde, lo que explica el hecho de que muchos de los
misioneros solicitaran a través de cartas los permisos para tener música y canto.
El espacio de castellanización utilizo diversos soportes para el aprendizaje, y la
música resultó ser el mecanismo bastante eficiente para que el indígena
aprendiera sobre la religión cristiana y el castellano.
“Tañen diversos instrumentos para estas danzas: unas como flautillas o
canutillos; otros, como tambores; otros, como caracoles; lo más ordinario es
en vez cantar todos”.
Acosta, José, SJ. [1588] 1984, Libro I, Cap. XI: 177.
Existieron otros tipos de sistemas de comunicación verbal para la enseñanza
que circulaban de forma paralela, entre ellos se destacan el teatro y la danza.
Con respecto al primero, se practicaban obras en aimara y castellano
(coloquios, drama, autos sacramentales) a decir de O´Neill y Domínguez 2001.
La danza como dispositivo de enseñanza, complementario y alternativo al
catecismo, fue utilizada de diferentes formas, por un lado, como sistema que
dialogaba con el teatro de forma independiente o acompañada con la música.
Es importante señalar que tanto el baile como la música y el teatro, si bien en
varios periodos fueron practicados utilizando como lengua de base la indígena,
permitieron la difusión de categorías, nociones y conceptos occidentales que
se fueron adaptando a la visión andina. Ejemplo de ello son las categorías de
cielo, tierra e infierno (con sus respectivos semánticos y léxicos) que fueron
asociados a hanaqpacha, kaypacha y ukhupacha, respectivamente. Además del
teatro y la danza, no debemos olvidar las cofradías como parte de los medios
didácticos utilizados por los jesuitas, por entonces en Juli ya existían tres
cofradías.
Según Helmer (13)
“Cada semana el cura pasa inspección a la escuela, donde un padre enseña
teatro y baile "indicando con las manos lo que deben hacer los pies". Tiene que
vigilar y controlar al sacristán”.
En 1576, los jesuitas se establecieron en Juli, y realizaban con los estudiantes
funciones teatrales y se presentaban comedias y autos sacramentales.
Estos centros educativos, estuvieron a cargo de la comunidad de religiosos
jesuitas, se establecieron en el marco de la política de reconocer y otorgar
rango social a los curacas y mandones que se adhirieron a colaborar con los
conquistadores; a éstos se les equiparó inclusive su posición con la
correspondiente en la nobleza española, exonerándolos de las obligaciones,
servicios y contribuciones impuestas a la generalidad de los nativos, buscando
en ellos aliados naturales para la perpetuación sin resistencias, de dominación
colonial cuyo rigor no les afectaba.
El fundamento de estos colegios se tiene en la ordenanza III del Virrey Francisco
Toledo, quién llegó en 1569. Este virrey, consciente de la necesidad de extirpar
las “persistentes idolatrías” y de la influencia de los caciques sobre los indios
del común, decidió poner en marcha la fundación de colegios reales donde
fuesen educados “en cristiandad y policía”. El reglamento estipulaba 15 puntos,
la edad de los niños que debían ser admitidos, lo que aprenderían, las
exigencias de “policía y disciplina”, y estipulaba que de ninguna manera se
consintiera “que vayan a sus tierras por el tiempo que estuvieren en el collegio,
si no fuese alguna causa forcosa, con parecer del superior, y por breve tiempo”.
(14).
Colegio Mayor para Indios Nobles, véase la primera portada con el monograma
de la Compañía de Jesús que la regentó y la segunda con Escudo Nobiliario de
España y Lupaca, similares a los
Colegios Mayores del Cusco.
De la misma manera decía: “Que haya escuela de muchachos en cada pueblo y
salario que ha de darse al maestro. Item, ordenó y mandó, que en cada
repartimiento haya casa de escuela, para muchachos, especialmente los hijos
de los caciques principales y demás indios ricos aprendan a leer y escribir y
hablar lengua castellana como S.M. lo manda; para lo cual se procure un indio
ladino y hábil que sirva de maestro en la dicha escuela, el cual ha de tener el
cargo de enseñarlos en lo susodicho y a éste se lo nombrará el sacerdote, y se
le dará de salario cada año dos vestidos, más seis fanegas de maíz o chuño y
doce carneros de Castilla, lo cual se le compre a costa de los bienes de la
comunidad; y los muchachos han de estar y residir en la escuela no más de hasta
que hayan 13 o 14 años, para que puedan ir después a ayudar a sus padres, y
los que fueran hijos de los curacas o caciques, podrán estar mas tiempo y los de
los pobres menos…” (15)
El texto de la Ordenanza transcrito acredita cómo estando aún vigente el peso
de la primera posición la misional, a su impulso se logró en el reordenamiento
del Perú por el Virrey Toledo, la norma que prescribiese el acceso del indígena
a la educación con carácter general.
Si bien los colegios y escuelas para hijos de caciques las matrículas eran
reducidas, en las escuelas de primeras letras la cantidad de alumnos podía
variar, según la zona a la que respondiera, entre treinta y sesenta. En el caso de
Juli fueron cientos, aunque lo más común era que la media redondeara el
centenar de pupilos, divididos de acuerdo a las edades y por sexo. Los
profesores fueron los misioneros y algunos indígenas “lenguaraces”; en cuanto
a la enseñanza de la escritura como técnica, algunos de los materiales utilizados
eran plumas de ave previamente cortadas por el maestro, lo que permitía al
aprendiz conocer el canal de las letras, para luego pasar a formar sílabas y
posteriormente frases; mientras que para el aprendizaje de la lectura se
utilizaban cartillas individuales y breves catecismos. El método para la
enseñanza de la lectura era el silábico de tres fases: las letras, la sílaba y la
palabra. En lo que se refiere a la evaluación de la escritura, se pedía escribir la
"letra redonda, antigua, bastarda, liberal y aprocesada; el conocimiento de
firmas, rúbricas y letras falsas; y el conocimiento de las cinco reglas de cuentas,
la ortographia y líneas que conprenden las letras". (16)
Cartilla de Valladolid (1583), principal instrumento para los reinos de
América, mediante un método sencillo, claro, aprendieran a leer, así como
difundir el conocimiento de la doctrina y cultivar al pueblo.
Infantes y Pereira (17) distinguen tres tipos de materiales didácticos utilizados
durante el siglo XVII. En el primero incluyen las cartillas, destinadas únicamente
a la enseñanza lectora. "Solo contiene el método (los métodos) del aprendizaje
del abecedario, el silabario y, en algún caso aislado, las nociones gramaticales
básicas o las pautas generales de su escritura". El público objetivo de estas
cartillas eran los niños entre 3 y 5 años de edad, y su extensión habitualmente
era de 8 páginas (un pliego). "Se trata de un impreso de uso común para el
maestro y los mocuelos, cuya utilización práctica en la clase tendía a la
destrucción inmediata", lo que explica en gran medida la ausencia de estos
documentos en los archivos o registros parroquiales.
Escudo nobiliario otorgado a Juli por su aportación cultural,
económica y desempeño extraordinario a favor de la Corona y
ocupar una posición prominente y meritoria en el virreinato del
Perú, y Monograma de la Compañía de Jesús que la administró.
1734.
Los estudiantes de 3 y 5 años, dedicaban en promedio ocho horas diarias al
aprendizaje. Lo primero que se les enseñaba era la señal de la cruz, los 10
mandamientos en romance, lo segundo, oraciones dominicales: Ave María,
Pater Nostre, Credo, Salve Regina, lo tercero, el a, b, c, conocer las letras así
vocales como consonantes, juntas por sílabas, deletrear, por ejemplo: ba, be,
bi, bo, bu. En invierno, los horarios iban desde las ocho de la mañana al
mediodía y luego desde las dos hasta las seis de la tarde; mientras tanto en
verano, las clases partían una hora antes y terminaban una hora después.
Mientras que, en lo que concierne a los contenidos enseñados, existen algunos
documentos de la Compañía de Jesús que señalan que las materias impartidas
eran lectura, escritura, aritmética y doctrina cristiana, para ello utilizaron las
cartillas de Valladolid. A pesar de que tanto métodos, como materiales y
contenidos parecieran tener un lugar determinado en el proceso de enseñanza,
"el orden en el aprendizaje de estas materias, especialmente en lo que se refiere
a la lectura y la escritura, variaba según el maestro, como vemos reflejado en
algunos de los manuales de escritura". (18).
En Juli y Cusco se aplicaron el mismo sistema para los mayores; según el estudio
realizado por Alaperrine-Bouyer (19), en las escuelas para hijos de caciques del
Cuzco se aplicaban los criterios generales educativos de los jesuitas (ratio
studiorum), aunque adaptados a la visión que se tenía de los indígenas (fueran
o no nobles) que eran vistos como bárbaros e idólatras. La Ratio, establece
cinco grados de “clases inferiores”, la Retórica, Humanidades y tres Gramáticas.
La forma más corriente de instruir a un niño en lo que respecta a la lengua, era
enseñarle primero las bases de la lectura, reconocer las formas gráficas, luego
asociar la forma con el sonido y finalmente se procedía a la escritura. Sin
embargo, existieron otras formas de instrucción que apelaban a una
simultaneidad de la lecto-escritura: "La práctica será: hazerle el primer seguidor
de las letras del ABC como están en la cartilla en su orden (pero formadas con
letra cursiva, y no como de molde) y que como fuere escriviendo, las vaya
conociendo; que como el escribir le da tiempo, con facilidad se hará capaz de
sus nombres, hechura y conocimiento". (Ibid)
La danza de los Cintakanas y la Diablada, poseen sus orígenes en España, introducida
a Juli por los frailes a través de la danza de “Las Cintas” de Galicia, y de “Ball de
Diables” de Cataluña o la Danza de la “Moma y els Momos” de Valencia (España), el
intento de recrear la música y las danzas aimaras, necesariamente debió acabar
desembocando en un verdadero sincretismo cultural que generó estas danzas
mestizas
La vida diaria, consistía en que todos ejercitaban el aprendizaje de la lectura y
la escritura, después aprendían a cantar, a bailar y ejecutar instrumentos,
rezaban el rosario, jugaban, leían o aprendían la lengua española, tocaban la
doctrina, se juntaban en la sacristía para el catecismo que se terminaba por las
letanías. desayunaban, almorzaban y cenaban. A las 10 se iban a descansar.
Antes de acostarse hacían el examen de conciencia y rezaban. Lo mismo se
repetía cada día. En total eran cuatro horas de escuela, dos de música y canto,
el resto de oraciones, doctrina y oficios.
Generalmente comían “maíz y trigo tostado o cocido y algunas papas y chuño
así porque están en costumbre de comerlo como porque no la hayan perdido
cuando vuelvan a sus tierras [...] y los días que no fueren de carne, se les dé
alguna escudilla de garbanzos, arroz, lentejas o de otra legumbre y un plato de
pescado fresco o salado y alguna fruta conforme al tiempo y las pascuas y
fiestas muy solemnes se les dé algun extraordinario, como pasteles o asado”.
(Inca: 795) En el recreo podían “tañer un instrumento, bailar u otras
habilidades”. Hacían deporte o esfuerzo físico. (20).
Según Vargas Ugarte, (21)“… en primer lugar ocupaba la enseñanza del
catecismo: “Todos los días al despuntar la mañana los niños y niñas hasta los
15 o 16 años eran conducidos a la iglesia y allí a coros, guiados por sus maestros
repetían el Catecismo Breve y las Oraciones. Lo mismo se hacía al toque del
Angelus y los Domingos, todos, mayores y menores, hacían lo propio bajo la
dirección del Párroco y de los fiscales de doctrina, indios ladinos ya adiestrados
en la enseñanza”.
Otros historiadores, nos dicen, que se impartía la enseñanza del catecismo,
lectura, aritmética moral, urbanidad, gramática, escritura, geografía, e historia
sagrada, para el caso de niños prevalecía, la doctrina, la urbanidad, y los
trabajos domésticos; a los jóvenes se le enseñaba las artes y oficios en los
talleres donde se enseñaba diferentes labores artesanales.
A las alumnas se les enseñaba las artes domésticas, las tareas que se
consideraban propias de la mujer: aprendían a leer, escribir, música y baile,
labores de costura, bordar, cocina, buenas costumbres, moral.
Según Macera, P. (22) La enseñanza a los caciques fue de distinta manera a
diferencia de los criollos y de los indígenas, pues por ser descendientes directos
de los incas y haber pasado un proceso de mestizaje, “La colonia tuvo la
necesidad de educar a los caciques para que sirviera de buenos intermediarios
entre la colonia y la población indígena para ese fin fueron creados Colegios de
caciques en diferentes ciudades del virreinato (Lima, Cuzco, La paz, Santa cruz
de la sierra, La Plata, Cochabamba… los más importantes fueron el colegio del
Príncipe (Lima) y de San Francisco de Borja (Cuzco) a cargo de los jesuitas)”.
Existieron nueve colegios Mayores entre los más célebres tenemos el de San
Martin y San Felipe de Lima, el de San Bernardo en (Cusco) que estuvieron a
cargo de los Jesuitas después de su expulsión se creó el Convictorio de San
Carlos que se originó a inicios del siglo XVIII, a las Residencias, se le consideraba
como Colegios o Escuelas.
Símil de los Escudos Heráldicos del Colegio San Bernardo del Cusco y
Colegio de Juli, sus elementos como el color, los símbolos y animales
tienen un significado de jerarquía, linaje, valor y lealtad.
La carta del P. Martínez a José de Acosta, el 11 de noviembre de 1576 señalaba
sobre la Escuela de Indios Nobles: “La escuela se comenzará a entablar con el
favor divino i entiendo que entrarán en ella como dozientos muchachos; … (23).
“…Son trecientos muchachos los de la escuela, tiene cuidado dello un
Hermano…”. (24).
“… los más son hijos de caciques y principales y ricos…” Carta de Torres Bollo a
Aquaviva, 12-II-1584. (25).
“La scuela… se ha puesto con mexos orden y concierto y para los forasteros que
vienen a deprender a ella, tenemos una casa cómoda, adonde les damos lo que
an menester para su sustento”. M. Peruana. IV, 55, Carta de Atienza a la
comunidad de Juli, 25-V-1586, incluye órdenes dejadas por Acosta durante una
de sus visitas: “La escuela de los muchachos se encargue al Hermano Picón y no
falte el Hermano a ella por ocupaciones de casa y terná un Padre
superintendencia della… y la visitará algunas veces en la semana”. (26).
“La escuela de niños es la cosa que mas fruto promete a Juli: anse puesto ogaño
muy en orden, son trecientos muchachos los de la scuela, tiene cuida dellos un
hermano, gran lengua y muy siervo de Dios. La habilidad de estos muchachos
es admirable, toman con gran facilidad todo lo que se les enseña; han
representado este año dos o tres coloquios o comedias, en su lengua de cosas
muy útiles a la edifficacion de los indios; yo me halle a una que me causó gran
consolación con entender harto poco de su lengua, aprehenden el catequismo
breve y largo y enséñale a los viejos y a los demás, aprenden también el canto
para officiar los divinos officios, porque el culto divino entre estos indios es de
gran importancia, y aun hay capilla de cantores y flautas para los días de fiesta
solenes, y cada día cantan la salve y Prima y Completas. Estos muchachos son
los perseguidores de hechiceros y borracheras y deshonestidades; es muy
ordinario quando los Padres conffiesan, pregunatndo los indios si se
emborrachan, o hazen hechicerias y borracheras y deshonestidades: No, Padre,
que me riñiría mi hijo, y assí hay buena speranca que con la buena institución
destos muchachos se ha de reformar en gran parte el abuso y malas costumbres
desta tierra”. (27).
Dintel del Colegio de San Borja del Cusco, con los dos escudos (español e Inca) y
monograma de los Jesuitas, similares al de Juli. Fuente:
Teresa Gisbert. 2004 – 1980
Los dinteles de ambos colegios son similares, se encuentran: el escudo
español con las dos torres y leones rampantes, la mascaipacha, el
monograma de los Jesuitas, los pumas o monos y el Ave María.
La carta de José de Acosta al P. Everardo Mercuriano, Lima 15 de febrero de
1577 decía:
“Los muchachos, como son tan bibos y hábiles, saben el catecismo breve y largo
en su lengua, y ándanlo enseñando a los viejos; han aprendido muchos
cantares, assí en español como en su lengua, de que ellos gustan mucho por ser
naturalmente inclinados a esto, y cántanlos de día y de noche en sus casas y por
las calles; y de vellos, los grandes, hombres y mugeres, han dado en hazer lo
propio”.
Los niños aimaras demostraban sus habilidades en el canto,
el baile, la música, el teatro y diversos oficios.
Por razones obvias, el estudio del colegio Mayor para Indios Nobles de Juli,
debe comenzar por examinar dos siglos de labor fructífera en el coloniaje su
estudio asume su valor e interés de un caso de observación experimental capaz
de iluminar todo el panorama de la historia cultural chucuiteña, tanto en
dimensión espacial como temporal y, dentro de esta última, capaz también de
adelantar la luz esclarecedora del pretérito sobre el presente y proyectarla aun
al porvenir.
Según todas las probabilidades del archivo central de esta institución pereció
por las continuas luchas, levantamientos, saqueos e incendios en las guerras
civiles de los españoles y los levantamientos de 1780-1782, y también porque
estos archivos son inaccesibles por el momento.
Los archivos de los Jesuitas, de las instituciones, de que se trata debían estar
compuestos por documentaciones, relativas y aspectos tales como tramites
funcionales; ingresos y egresos; derechos, adquisición, conservación y
enajenación de bienes; elección de autoridades, designaciones de empleados;
matriculas de estudiantes indígenas y mestizos; exámenes, planes de estudio;
disertaciones, expedientes sobre problemas internos, etc.
Es sabido que los fondos de los jesuitas fueron llevados y dispersados en
diversas regiones y por ello en los propios pueblos poco o nada queda, con
excepción de los poblados de Moxos y Chiquitos.
Otras documentaciones externas que por razones funcionales fueron
acumulándose en la sede superior jesuítica, el concepto de indias, el virreinato
del Perú y el virreinato del Río de la Plata, hoy se encuentran en los Archivos de
la compañía de Jesús, el Archivo General de Indias (España), el Archivo Nacional
(Lima), y el Archivo General de la Nación Argentina (Buenos Aires), Archivo
General de Indias y Archivo Capitular de La Paz Bolivia, pero tampoco son
accesibles en razón de la distancia y de la falta de trabajos de localización
previos. Estas documentaciones estarían compuestas preferentemente de
ordenanzas, relaciones, informes correspondencia y expedientes sobre
peticiones y pleitos.
La Roma y Santa Sede de las Indias, Ciudad incunable del Continente Americano,
aquí se ha tipografiado el Primer Libro Andino, en la Segunda Imprenta de
América del Sur, en 1612.
Por razones de jurisdicción administrativas la Provincia de Chucuito perteneció
al obispado de la Audiencia de Charcas desde 1548 (Alto Perú), y este obispado
comprendía dos Vicarías, la primera Larecaja, Omasuyo y Sicasica, la segunda
fue Chucuito; posteriormente fue comprendido Chucuito al obispado de La Paz-
Bolivia, (tanto la Audiencia de Charcas, La Paz, como la Provincia de Chucuito
siguieron perteneciendo al Virreinato del Perú desde 1542. Bolivia sólo se
independizará en 1825, naciendo una nueva nación o país). Esta Audiencia tuvo
necesariamente que ver con las escuelas y colegios de Juli a lo largo de más de
doscientos años coloniales, especialmente en el aspecto de la adquisición,
obligaciones y enajenación de bienes, y de trámites administrativos y
problemas de conflicto, también con Lima y Cuzco. Estos permitieron la
acumulación de documentos que hoy se conservan en dichos archivos, en las
series correspondientes a Células Reales, correspondencia, registros de
escrituras públicas y expedientes.
Por otra parte, piezas sueltas, de procedencia diversas, desprendidas de sus
documentaciones originales por los azares del tiempo y obtenidas por
coleccionistas particulares, fueron finalmente a dar a las secciones de
manuscritos de los Diferentes Archivos y Bibliotecas del Perú, Bolivia, Argentina
y Paraguay.
Estos materiales, prácticamente inéditos e inaprovechados hasta hoy, no llenan
el vacío producido por la destrucción o inaccesibilidad de los archivos, pero son
los únicos a la mano en la actualidad para estudiar el pasado colonial de los
colegios, sino también de la vida colonial en Juli o de las siete “Cabeceras de
Chucuito”.
En este colegio, según el visitador Plaza, hombre austero y rígido, no era
partidario de los colegios de caciques, puesto que, en carta desde el Cuzco, del
12 de diciembre de 1576 explica, con los argumentos propios de los que eran
hostiles a los indios, que:
“salidos de allí con la mocedad vivirán por ventura de manera que de lo
aprendido en el collegio se aprovechen más por ser ruines y den mas mal
ejemplo y escándalo por aver estado en el collegio que si se ovieran criado en
casa de sus padres... (concluye que) no parecen de tanta expectación y fruto que
la Compañía se deba encargar totalmente destos collegios”. (28).
Según Meiklejohn (29), refiriéndose a las limosnas que daban a los pobres, se
ganaron la gratitud y la cooperación de los indígenas organizando un hospital y
un colegio, nos dice:
“No quiere decir que tales instituciones fuesen privativas de los jesuitas, puesto
que la Corona urgía a todos los doctrineros para que las estableciesen…, sin
embargo, el colegio no era visto probablemente por muchos nativos como algo
particularmente ventajoso. Estaba pensado para los hijos de los nobles y pronto
contó con unos doscientos o trescientos muchachos matriculados, algunos
procedentes de otros lugares. El curriculum tenía como objeto proporcionar a
los escolares una sólida base de doctrina cristiana, de manera que pudiesen
instruir a sus padres y combatir también sus prácticas idolátricas. Incluían
también lectura, escritura y aritmética. Existía un interés adicional en enseñar
música a los que demostraban talento, para que pudieran realizar los servicios
litúrgicos en sus respectivos templos parroquiales. Ya en 1580 la escuela tenía
cuatro aulas: una para cada uno de los tres grupos en los que la sociedad de Juli
se encontraba dividida, y la cuarta para los forasteros o los de fuera de la
población”.
Escudo Nobiliario conferido al Colegio de Caciques de Juli por la
Casa Real de España por su contribución a la cultura, economía y por su
“Fidelidad y Nobleza” a la corona española.
Como lo manifestamos, a la llegada de los jesuitas se ocuparon de la educación
religiosa de adultos y abrieron escuelas de latín para niños, donde se aplicaban
también al estudio de las lenguas indígenas. El primer colegio en organizarse
fue el de San Pablo de Lima. Luego, el provincial P. Portillo organizó en Cuzco,
en 1571, el Colegio de la Transfiguración o Colegio Viejo. Posteriormente,
siendo Provincial el P. José de Acosta se fundaron el Colegio de Arequipa, en
Juli se le llamó Residencia o colegio y, en el Alto Perú, el de Potosí. Vargas
Ugarte (30), elaboró un catálogo de la Provincia del Perú para 1767, en el que
menciona los centros de enseñanza, y los jesuitas que los atendían:
1. Colegio de Arequipa: con diecisiete padres y cuatro hermanos.
2. Colegio de Bellavista: seis padres y cuatro hermanos.
3. Colegio de Cochabamba: seis padres y dos hermanos.
4. Colegio Máximo de la Transfiguración del Cuzco: diecisiete padres y
veintidós hermanos estudiantes.
5. Noviciado del Cuzco: Padre Rector, padre procurador, novicio escolar y
novicio coadjutor.
6. Real Seminario de Nobles de San Bernardo del Cuzco: el Padre Rector.
7. Colegio de Caciques de San Francisco de Borja de Cuzco: tres padres
(entre ellos el Rector y el procurador).
8. Real Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca y Colegio de San
Juan Bautista: diez padres -el Rector, catedráticos, lectores- y nueve
hermanos estudiantes.
9. Colegio de Huamanga: diez padres -el Rector entre ellos- y dos hermanos.
[Link] de Huancavelica: seis padres -el Rector- y un hermano.
[Link] de Ica: trece padres -el Rector- y once hermanos.
[Link] de Juli: seis padres -el Superior-.
[Link] de la Paz: once padres -el Rector- y seis hermanos.
[Link] Máximo de San Pablo de Lima: treinta y nueve padres -el Rector-
cuarenta y cinco hermanos estudiantes y treinta y cuatro hermanos
coadjutores.
[Link] de Probación de San Antonio Abad de Lima: seis padres el Rector,
siete estudiantes, trece novicios, cinco coadjutores y nueve novicios
coadjutores.
[Link] Profesa de Nuestra Señora de los Desamparados: diez padres y
nueve hermanos.
[Link] de Santiago del Cercado y Casa de Tercera Probación: catorce
padres -el rector- y siete hermanos.
[Link] Real de San Martín: cinco padres -el Rector entre ellos- y dos
hermanos.
[Link] de Moquegua: seis padres -el Rector- y dos hermanos.
[Link] de Oruro: seis padres -el Rector- y tres hermanos.
[Link] de Pisco: cuatro padres -el Rector- y ocho hermanos.
[Link] de Potosí: siete padres -el Rector- y tres hermanos.
[Link] de Santa Cruz de la Sierra: nueve padres -superior, cuatro
misioneros en Mojos- y dos hermanos.
[Link] de Trujillo: ocho padres -el Rector- y cinco hermanos.
En realidad, aunque recibían el nombre de Colegios, se trataba en muchos casos
de escuelas de primeras letras -como en Trujillo, Callao, Huancavelica, Pisco,
Ica, Arequipa, Cuzco, Moquegua, La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí y Juli- o
colegios para hijos de caciques indios -como San Francisco de Borja en Cuzco o
el del Cercado en Lima-, asimilables a dichas escuelas, aunque al estar internos
los alumnos, su educación era algo más completa. En ambas se les enseñaba la
doctrina, a leer, escribir y contar, y, en ocasiones, rudimentos del latín, a cargo
o al cuidado de hermanos estudiantes o coadjutores, si bien, normalmente, un
padre hacía las veces de director.
En estas escuelas o colegios se utilizaron ampliamente las cartillas y doctrinas
breves sirvieron para este propósito. Con respecto, por ejemplo, a la
publicación de “Cristos abecedarios” para aprender a leer que comenzaban por
la palabra Cristo, estos fueron confeccionados por la Compañía de Jesús en
varias lenguas diferentes. Igualmente se utilizaron las cartillas, que se
imprimieron desde finales del siglo XVI por un período de dos siglos. La
estructura de la cartilla constaba de 16 páginas. De la 1 a la 4 se expone el
alfabeto y la formación de las sílabas. De la página 5 a la 15 se desarrolla
brevemente la doctrina cristiana de la siguiente manera: señal de la Cruz, Padre
Nuestro, Ave María, Credo, Salve, los mandamientos, los sacramentos, yo
pecador, los artículos de la fe, obras de misericordia, pecados, virtudes, etc. En
la última página se señalaban las tablas de multiplicar. Tal como lo señala
Marcel Bataillon (31), las cartillas constaban de oraciones (por lo general coplas
en estilo llano) que facilitaban el aprendizaje de "el credo, los mandamientos,
los sacramentos, las obras de misericordia, los pecados, las virtudes, las
potencias del alma, los frutos del Espíritu Santo, todo ello en el mismo plano, sin
que nada apelara a la inteligencia o a la conciencia".
“Los Maistros de coro y Escuela”, (Guamán Poma, 1615), Abecedario de
1752, y fragmento del Vocabulario de Bertonio que consigna
sobre los disfraces del Ángel y el Diablo.
En las imprentas establecidas en Perú: Lima (1583) y Juli (1612) de la Compañía
de Jesús, se estamparon libros en idiomas indígenas con su versión en español,
que se destinaron a la enseñanza de la doctrina cristiana. “En 1583 -bajo la
supervisión de Antonio Ricardo- se estableció la primera imprenta en el
virreinato del Perú, y su primer trabajo fue precisamente la Doctrina Cristiana
en castellano, quechua y aymara, texto posconciliar que buscaba estandarizar
la evangelización y traducción de términos de una a otra lengua y que goza,
además, del prestigio de ser el primer libro producido e impreso en América”.
(32)
Catecismo en lengua española y quichua, ordenado por el Concilio
Provincial de Lima el año de 1583 y Arte de la Lengua Aymara, con una
Silva de Phrases de la misma Lengua, y su Declaración en Romance.
El quechua, había alcanzado el estatuto de lengua oficial, constituyéndose en
el idioma del vasto imperio, pasaba a ocupar un segundo plano tras la
imposición del castellano como vehículo de la administración colonial, y una
vez asegurado el ordenamiento colonial, las condiciones estaban dadas de tal
manera que, en materia de aprendizaje de lenguas, eran los grupos dominados
quienes se veían en la necesidad de aprender el castellano para ello se
imprimieron una serie de libros.
Refiriéndose al mismo texto, Alaperrine-Bouyer (33) reconoce que, aunque el
Cabildo de Lima había autorizado la impresión de cartillas en 1581, la cartilla de
Valladolid siguió siendo la predilecta. En 1612 se publica el Vocabulario de la
“Lengua Aymara” de Ludovico Bertonio, en coautoría del alumno Martín de
Santa Cruz, de la parcialidad de Hanansaya del Ayllo Cara. (Uno de los
estudiantes más distinguidos de Juli). Textos posconciliares que buscaba
estandarizar la evangelización y traducción de términos de una a otra lengua y
que gozaba, además, del prestigio de ser el primer libro andino, producido e
impreso en la Segunda Imprenta de América del Sur, que coloca a Juli en
comparación a las más grandes Ciudades Culturales del Mundo.
Incunables del siglo XVI, Vocabulario de la Lengua Aymara y Confesionario Muy
Copioso en dos Lenguas, Aymara y Española, compuesto por Ludovico Bertonio
impreso en los talleres de la Compañía de Jesús por Francisco del Canto en la
Ciudad de Juli-Perú en 1612.
Como es conocido, Martín de Santa Cruz, ex alumno del Colegio de Juli, ayudó
a Ludovico Bertonio a la traducción del español al aimara y viceversa, que el
mismo Bertonio señala que ha sido ayudado en su tarea: “por «un indio ladino
deste pueblo de Juli por nombre don Martín de Sancta Cruz Hanansaya del ayllo
Cara, bien conocido en esta provincia (...) muy hábil para cualquier cosa de
ingenio y entendimiento y aun para aprender cualquiera ciencia si le
enseñasen». (34).
Es en este ámbito podemos apreciar con mayor precisión la importancia de la
relación entre los evangelizadores y la castellanización de los indígenas del
común, pues fue gracias a ellos que se imprimió gran parte de los textos que
servirían como modelos de instrucción o formación para la empresa misionera
y lingüística. Vemos así, entonces, cómo a través de la instrucción religiosa
podemos establecer algunos de los rasgos y etapas que tuvo la instrucción de
los indígenas aimaras. Vocabularios, gramáticas, catecismos, doctrinas y
evangelios cumplen no solo un rol evangelizador sino también castellanizador
y, si bien la tarea fue dura, y “el aprendizaje lingüístico difícil, (...) la redacción
de artes, cartillas, vocabularios y diccionarios preparados por los expertos
frailes, con la ayuda de sus discípulos indígenas, fue el legado de los primeros
religiosos a sus continuadores” (35).
COLEGIO DE LENGUAS
En la real cédula del 1 de junio de 1574, Felipe II ordenó como condición para
acceder a una doctrina en un pueblo de indios el conocimiento de la lengua
vernácula. Igualmente, por medio la real cédula del "3 de julio de 1596, (se)
reitera no proveer los curatos en quienes no supiesen bien la lengua general de
los indios". En esta misma cédula se manifestaba: "conviene ir introduciendo la
Lengua Castellana en la forma que se pueda, sin causar molestia a los
naturales”. (36)
Las informaciones remitidas al Rey por el Virrey apuntaban a 49 centros para
institucionalizar estos colegios, uno de ellos fue Juli. El Virrey recibió del
monarca una respuesta fechada el 2 de diciembre de 1573, que daba la orden
de fundarlos. Por aquellos años, Francisco de Toledo todavía mantenía buenas
relaciones con la Compañía de Jesús y, confiando en su excelente reputación
de educadores, pensó encargarles la dirección de los colegios.
Felipe II, también ferviente partidario de los jesuitas, aprobó la decisión de su
Virrey en otra carta del 6 de enero de 1576. Éste trabajó entonces con el
provincial de la Compañía en la fundación de los colegios, uno en Lima, en el
Cuzco y la Residencia de Juli -por razones de distancias y de salud de los
colegiales-, y el proyecto avanzó hasta la elaboración de un reglamento preciso,
entre 1576 y 1577, pero ya no se consideró a Juli.
Dicha política implicó la formación de vocabularios y gramáticas - además de
catecismos, confesionarios para que los sacerdotes aprendiesen los idiomas
generales nativos y contasen con los instrumentos de evangelización
adecuados. De esta forma, el rey dispuso la creación de cátedras generales de
ciertas lenguas indígenas en las universidades de Lima y Charcas, y se conformó
una vasta y compleja literatura religiosa en lenguas indígenas.
Pese a ello, los jesuitas de Juli asumieron la educación de las lenguas formando
a sus propios hermanos misioneros, promoviendo el aprendizaje del Quechua,
Aimara, Puquina y Moxo. La inclusión en el Colegio de Lenguas de Juli y la
elaboración de sus respectivas gramáticas les concedía un estatus que
rivalizaba, incluso, con el español.
Joseph de Acosta, S.J. fue un defensor persistente del Colegio de Hijos de
Cacique en Juli, único existente entonces, demostrando su interés por Juli,
llamándole “la niña de sus ojos”. El P. Torres Rubio Superior o Rector de la
importante doctrina de Juli y el P. Alonso de Barzana SJ. respetado y querido por
los españoles e indígenas, conoció “con mayor o menor perfección” 11 lenguas.
En 1584 el Rector de Juli Torres Bollo, señalaba que para servir mejor a los
indígenas, primero conservasen las doctrinas de Juli de forma permanente,
segundo, Juli se convierta en colegio o escuela de formación de los jesuitas
misioneros, por su misma reputación, “por ser una comunidad que observaba
fielmente la Regla”, considerado como “doctrina modelo” y se “proponía
mantener un equipo en Juli que formara en profundidad a jóvenes jesuitas para
prestar un servicio más eficaz a los indígenas”:
“… pues realmente en ella (la doctrina de Juli) es donde hay mas trato con los
indios que los demás restantes del Piru (de los jesuitas) y de ella salen los
subiectos aptos para misiones de inflieles y trabajar en otros puestos…” (37).
“… y el fruto y dedicación (sic) en aquella de Juli es muy notable en todo este
Reino, tanto que me dixo a mi el Virrey don Martín Enríquez que entendía no
aver doctrina como convenía en el Reino, sino en Juli”. (38).
“…la observancia religiosa que en esta residencia se guarda… gran parte de
lustre y buen nombre que la compañía tiene en el Piru es por la Residencia de
Juli…” (39).
“Torres Bollo es quien organizó la doctrina de Juli, esto es cuando se decidió a
retenerla definitivamente y convertirla en una escuela de entrenamiento para
misioneros.”
“Se puede considerar la doctrina de Juli que era la que más se acercaba al ideal
que…se proponía el P. Aquaviva, como un ejemplar que debe contarse entre los
orígenes de las doctrinas del Paraguay…” (40).
De la misma manera se reiteró: “alrededor de 1630 los jesuitas solicitaron de
que se nombre a Juli Colegio para evitar la presentación, así como las
examinaciones o visitas por los obispos. Vargas Ugarte afirma que sí se le
aceptó. En otro momento se dirá: “si la visita se impone Juli puede convertirse
en colegio”. (41).
Incunables: “Arte de la lengua Aymara”, Tercero Cathecismo” y “Arte de la
Lengua Moxa”. A los Moxos o Mojos se le adoctrinaba en su propia lengua en
la Iglesia de San Ildefonso, hoy Santa Cruz de Jerusalen
Posteriormente, en un memorial se presentará para su aprobación por el
General en el que propone al Rey de España que funda un colegio en la casa de
Juli. “Papel que se presentó al virrei en orden al informe que su excelencia a de
hacer para que Juli sea colegio (…) La Real Cédula, a la Audiencia de Charcas
sobre la conveniencia de fundar un colegio en Juli” 1639. Real Cédula al virrey
sobre lo mismo, Real Cédula al obispo de La Paz sobre lo mismo. (42) en
respuesta a la Real Cédula de 6-X-1639, en que se le pide informe sobre el
intento de los de la compañía de convertir en Colegio la Residencia de Juli. Dice
que el Provincial Durán Mastrilli se la presentó y pidió informarse sobre dicho
punto y sobre que se les confirme la posesión de setenta años de nombrar
doctrinero sin presentación, examen ni canónica institución. En ambos su
parecer es favorable”. (43).
Según Meiklejohn (44). Una institución más original la constituía la escuela de
lenguas, de inspiración puramente jesuítica y reservada para los candidatos de
la Compañía. Su objetivo original había sido que los misioneros jesuitas de Juli
aprendieran aymara, quechua y puquina; pero la práctica demostró la inutilidad
de aprender las dos últimas lenguas y éstas desaparecieron de hecho del
programa. En las regulaciones dadas en 1586 por el Provincial Juan de Atienza
a los jesuitas de Juli, están contenidos los pormenores sobre el funcionamiento
de la escuela. Se otorgaba a los estudiantes una cierta libertad para escoger al
profesor entre los aymara hablantes de la comunidad. Debían dedicar al menos
dos horas diarias al estudio del vocabulario y la gramática, la traducción y la
composición. Casi desde el comienzo tenía a su disposición “un vocabulario, un
arte, un confesionario” en lengua aymara, probablemente preparado por
Alonso de Barzana. Se estimulaba a los estudiantes para que hablaran la lengua
cuantas veces se les presentase la oportunidad, y se esperaba que en breve
tiempo dirigieran sermones prácticos a la comunidad jesuítica, ayudarán en la
enseñanza de la doctrina cristiana y un poco más adelante predicasen y oyesen
confesiones, todo en aymara…”.
“Aunque resulte pasmoso para los actuales estudiantes de aymara, los jesuitas
afirmaban poder hablar bien la lengua en seis meses y con fluidez pasado un
año. Es difícil saber cuánto había de jactancia y de exagerado en esta
afirmación, y cuando de esto se debía a la sólida base de latín, griego y hebreo
adquirida con anterioridad. Una cosa es cierta, atestiguada por los nativos y
comentadores españoles bien informados: Se decía de los antiguos alumnos de
la escuela de Juli que trabajaban en el mundo aymara, que estaban
considerados como excelentes conocedores de esta lengua”.
Para esa época, desde 1585 se habían multiplicado los esfuerzos de redacción
de Artes y Gramáticas en estas lenguas con fines de evangelización y
aprendizaje. Entre 1607 y 1608, se publicó la gramática de Diego González de
Holguín; el estudio más importante para esa época sobre el quechua Gramática
y Arte nueva de la lengua general de todo el Perú llamada lengua quichua. Cabe
mencionar, de otra parte, que Holguín había sido nombrado intérprete del
virrey Toledo. Igualmente se redactaron diversos vocabularios y gramáticas
sobre el aimara y el puquina; se destacan aquellos elaborados por el padre
Ludovico Bertonio, Jerónimo de Oré, Torres Rubio, etc., quienes fueron los
paradigmas de diversos estudios sobre el aimara y puquina. Asimismo, redactó
y tradujo algunos materiales de carácter religioso: La vida y milagros de Nuestro
señor Jesucristo y Confesionario muy copioso, todo con el apoyo de Martín de
Santa Cruz. Por entonces, también, Diego Torres Rubio elaboró el Arte de la
Lengua Aymara, impreso en Lima en 1616.
Estas materias de lengua fueron públicas y su estudio fue obligatorio para
ordenantes, sacerdotes, sin embargo, existieron otras opiniones negativas de
financiamiento que se observó en su implementación, pese a que los jesuitas sí
tenían recursos suficientes producto de sus haciendas, muestra de ello, es que
Juli proporcionó dinero a los colegios de Arequipa y La Paz. Así por ejemplo la
Carta de Vitelleschi a Lyra señala: “La comunidad de Juli pagó 6,000 pesos para
sufragar los gastos de 26 recientemente ordenados jesuitas enviados a Juli para
aprender el idioma aimara, pero por situaciones desconocidas, estos estuvieron
en Juli por dos o tres meses y retornaron a sus centros de operaciones, y se decía
“sólo dos aprendieron… Si esto es cierto, cada colegio al cual estas personas han
sido asignadas debe reembolsar a Juli” (45).
Es interesante analizar que, dentro del virreinato del Perú, la doctrina de Juli,
fue un territorio donde la Compañía logró articular los métodos y estrategias
para desarrollar un modelo de aprendizaje para la enseñanza del cristianismo
(y el castellano) a los indígenas.
Fue en esta Ciudad de Juli, donde prominentes personajes aprendieron a
dominar el quechua y el aimara antes de predicar a los indígenas o en las
universidades. El texto de gramática utilizado en Juli fue el Vocabulario de la
Lengua Aymara, de Ludovico Bertonio (1612). A principios del siglo XVII, los
jesuitas se dieron cuenta de que vivir en las universidades con españoles hacía
más dificultoso aprender el idioma nativo. Con respecto a esto, algunos
personajes como Anello Oliva y Bernabé Cobo recibieron su introducción inicial
al Perú en Juli. La mayoría de los lingüistas jesuitas de la provincia vivió algún
tiempo allí, por ejemplo: Alonso de Barzana, quien aprendió once diferentes
lenguas indígenas; Diego de Torres Rubio, quien dirigió la cátedra de aimara en
el colegio jesuita de Chuquisaca; Blas Valera; Diego Gonzáles Holguín,
estuvieron también Tomás de San Martín y Domingo de Santo Tomás, etc. etc.
Estos jesuitas escribieron catecismos, manuales para confesores, sermones,
gramáticas y vocabularios en español y en lenguas indígenas.
Catecismo en lengua española y quichua, ordenado por el Concilio
Provincial de Lima el año de 1583 y Arte de la Lengua Aymara, con una
Silva de Phrases de la misma Lengua, y su Declaración en Romance
Concluimos con lo que manifiesta Vargas Ugarte: “Los jesuitas, pues, poseyeron
un método de evangelización y a él se ha de atribuir la bien merecida fama que
conquistaron en América, pero no es tan conocido el hecho de haber sido la
doctrina de Juli en el Perú, la que sirvió de modelo a las demás reducciones de
indios y la escuela en donde se formaron los primeros misioneros y en donde se
elaboró, por decirlo así, el sistema que más adelante con ligeras variantes había
de seguirse en todas ellas (…) Juli fue el centro de esa acción misional
verdaderamente grande por donde quiera que se la considere”. (46).
A finales del siglo XVIII, el 28 de marzo de 1716, el P. Garrigo, Provincial, a la
comunidad de Juli decía: “Mientras que en este colegio no hubiese más que dos
o tres padres como al presente, todos serán confesores ordinarios y consultores
y el más antiguo hará oficio de admonitor”. (47).
La muerte de Carlos II en 1700, la guerra por la sucesión al trono español, de
1700 a 1713, y la caída en la economía de España, de 1690 a 1740,
contribuyeron a detener la fundación de escuelas, colegios y seminarios en los
pueblos de indios, promovida a fines del siglo XVII y en la segunda mitad del
siglo XVIII, la asignatura de Lenguas experimentó una desaparición formal en
los estudios del colegio de Juli. A esto contribuyó la expulsión de los jesuitas.
Desde 1576, los jesuitas regentaron de manera ininterrumpida la enseñanza de
las lenguas nativas.
La política borbónica era hostil hacia las lenguas autóctonas, y una cédula real
de 1770 incluso llamó a su erradicación. (48). El uso escrito de las lenguas
indígenas comenzó disminuir en diferentes momentos entre mediados del siglo
XVII y comienzos del XIX, debido a una serie de factores, en especial, la
castellanización y el declive sociopolítico de las élites indígenas.
En setiembre de 1767, la violenta expulsión de los jesuitas no solo implicó el
cese de esta enseñanza, sino que también afectó el funcionamiento de las
demás escuelas y colegios de América impartidas por los miembros de la
Compañía de Jesús, y fue el inicio de la decadencia total, provocando un estado
de abandono instantáneo en las siete cabeceras de Chucuito hasta finales del
siglo XVIII, no se hizo nada para aprovechar el local del Colegio, pese a que la
comunidad insistía en que la ciudad carecía de toda enseñanza, por lo que
resultaba muy necesario establecer escuelas de primeras letras y gramática. En
la República, avivatos se apropiaron del inmueble, cuyo local actualmente se
encuentran en peligro de perderse, habría que preguntarse: ¿qué hemos
hechos los juleños para honrar esa memoria y no se pierda ese patrimonio
cultural? y qué están haciendo las instituciones que la protegen y preservan
de acuerdo a Ley? Si tienen algo de decencia pónganse la mano al pecho e
inicien su restauración, caso contrario renuncien, porque no tienen la
capacidad suficiente de gestión.
Finalmente, el proceso de enseñanza y castellanización llevado a cabo por la
orden jesuita, en las comunidades aimaras, significó aplicar una “pedagogía
eminentemente activa”. Este tipo o forma pedagógica implicó tener una
posición activa frente a las reducciones, donde se abrió el abanico de espacios
en que se fueron articulando los procesos de contacto y de aprendizaje.
Conclusión: La educación en la colonia se presenta con las dos caras Jano:
a) La educación colonial orientada por el escolasticismo medieval o el
esteticismo renacentista (cultura clásica) tuvo graves consecuencias sobre la
formación de las nuevas generaciones americanas pues: creó un falso ideal del
ser humano; desarraigó al hombre aimara de su suelo; descuidó el cultivo de la
racionalidad y el espíritu científico; desarrolló un espíritu o bien de sumisión a
la autoridad o de culto a la libertad abstracta. la educación ha sido instrumento
de dominación y explotación.
b) La civilización o aculturación de la sociedad aimara, aunque contiene
aspectos sumamente complejos,
diversos y oscuros, discurre por cauces de transculturación apoyados en dos
ejes de especial trascendencia y significación: por un lado, la fuerza, solidez y
resistencia de la cultura aimara, por otro, el hecho de no reducir la conquista a
un fenómeno puramente colonial; éste se hizo acompañar de un intento
evangelizador y misional de primera magnitud que conllevó en décadas de años
a una inmensa tarea de educación y civilización.
Lope de Vega sintetizó acertadamente en” La Arcadia” al resumir el espíritu de
la aventura americana en un proceso unitario que venía definido con las
siguientes palabras: “Al rey infinitas tierras y a Dios infinitas almas”. El resultado
de todo ello fue “La Encomienda de Chucuito” en el virreinato del Perú. Un
sincretismo cultural, social y religioso donde la cultura castellana, el orden
europeo y la fe cristiana cohabitaron con un mestizaje diferenciador a la vez
que con resistencias, indiferencias y asimilaciones indígenas no del todo
definidas y mucho menos concluidas.
Ciudad del Misti, mayo 2024.
FUENTE:
*. Extracto de: Juli y su Historia (Inédita)
1. Lissón Chávez, 1943-1947, I: 20) Lissón Chávez 1943-1947, I: 20,
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[Link] 1992; Restall, Sousa y Terraciano 2005:
49.15-17).
¿TU HISTORIA? ¡NO SE DIJO TU HISTORIA!
La hoz
I De la menguante luna
En la hosca pizarra Decapitó los cirios
De la noche del tiempo. Reales del crepúsculo.
De las catedrales Se amotinó el confín
Genuinas y solemnes Legendario del tiempo
Talladas en la roca. Y abrevaron las bestias
Oscuras de las noches
Del ciclópeo relincho, En el legendario Titicaca.
Del potro de los vientos.
Del páramo infecundo. III
De las aguas quebradas Después,
Ignotas y glaciares, En el bajel del alba
Tu Historia, Clareaba tu equilibrio.
No se dijo tu Historia. Bronceaba tu horizonte,
Bonanza y dinastía.
Todo fue yesca y nieve. En tu plexo templaba
Diseñaban los montes Su vibrátil delirio
Recién su geología. La abeja de los sueños.
Arriba el sempiterno
Magnificante astro Con su lengua de fuego
Sazonaba las eras El sol acariciaba
Milenarias del caos. El dorso de tus cerros.
¿Tu Historia? El lienzo de la luna
¡No se dijo tu Historia! Cernía en leve raso
Nada tenía un nombre Los médanos del alba,
¡Para el buril del verbo! Mientras dormías inmerso
En tu Virginio seno
II Ubérrima y soberbia
Pero un día, La flor de tus metales.
En la árida meseta,
Por florilegio azul Era el incario
De ancestros ignorados, Y era el enigma y la espera.
sobre la Madre Tierra, Un día,
parda, fecunda y sensitiva Llegaron Cruz y Espada
la raza de los Lupacas
brotó definitiva.
Y se tiño de sangre Y calcinó la roca
Aquí en Collasuyo. Su segunda epopeya
A nombre del monarca Triunfal cosmopolita.
Brillaban las espadas,
Cercenaron cabezas Asfaltaron tus calles,
Y doblegando imperios Contrastando la vieja
Alzó su realeza Cuatricentenaria efigie
Injusto predominio. Con otra arquitectura.
Llegaron hasta ti
Gemían las cumbres Los caminos de asfaltos
Del Kapía y el Pukara Y fuiste la mimada
Su acicate de nardos. Por siglos.
Mil Shullis y Lupacas
En mil partes vomitaron Tu reposo de cielo,
Su pura geometría boreal; Sereno e inmutable
El látigo abrió surcos Lleva el aimara
De rosa en carne viva, En su mirada.
Y el ruiseñor tronchaba
Su égloga inmortal. Tu alma se equilibra
Metálica y robusta,
Fue de carne el papiro Con arpegios cautivos
Que legó la colonia De bohemia rotunda.
Y que tendiera un puente Forjaste patria limpia
De América a España; Al son de los martillos
Pobreza y servidumbre Y al son de los martillos
Para el solar nativo. Erigiste el progreso.
IV A nadie debes nada,
Otro día Eres la abanderada
Te proclamaron urbe, Vital de tu progreso.
Y se mezcló tu sangre Juli, patria única,
Con sangre de gitanos. Hospitalaria y noble
Y las playas del mundo Denodada y bendita,
Con toda su quimera ¡Bendita Eternamente!
Miraron a tus cimas