Nera está de pie junto a la barra que separa la cocina del comedor, con una mezcla de
confusión y preocupación en su rostro. Sobre el mostrador de mármol hay un tazón
amarillo en forma de corazón, medio lleno de trozos de naranjas y manzanas. La
mitad de una manzana está sobre una tabla de cortar.
—¿Qué haces aquí?
—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza el gran sofá de color café
que hay en medio de la sala—. Eso servirá.
—Eso no es lo que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de
pánico.
Me acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador
crece una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz.
—Acordamos que te maNera está de pie junto a la barra que separa la cocina del
comedor, con una mezcla de confusión y preocupación en su rostro. Sobre el
mostrador de mármol hay un tazón amarillo en forma de corazón, medio lleno de
trozos de naranjas y manzanas. La mitad de una manzana está sobre una tabla de
cortar.—¿Qué haces aquí?—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza
el gran sofá de color café que hay en medio de la sala—. Eso servirá.—Eso no es lo
que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de pánico.Me
acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador crece
una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz. —Acordamos que te ma
Nera está de pie junto a la barra que separa la cocina del comedor, con una mezcla de
confusión y preocupación en su rostro. Sobre el mostrador de mármol hay un tazón
amarillo en forma de corazón, medio lleno de trozos de naranjas y manzanas. La
mitad de una manzana está sobre una tabla de cortar.
—¿Qué haces aquí?
—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza el gran sofá de color café
que hay en medio de la sala—. Eso servirá.
—Eso no es lo que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de
pánico.
Me acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador
crece una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz.
—Acordamos que te maNera está de pie junto a la barra que separa la cocina del
comedor, con una mezcla de confusión y preocupación en su rostro. Sobre el
mostrador de mármol hay un tazón amarillo en forma de corazón, medio lleno de
trozos de naranjas y manzanas. La mitad de una manzana está sobre una tabla de
cortar.—¿Qué haces aquí?—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza
el gran sofá de color café que hay en medio de la sala—. Eso servirá.—Eso no es lo
que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de pánico.Me
acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador crece
una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz. —Acordamos que te ma
Nera está de pie junto a la barra que separa la cocina del comedor, con una mezcla de
confusión y preocupación en su rostro. Sobre el mostrador de mármol hay un tazón
amarillo en forma de corazón, medio lleno de trozos de naranjas y manzanas. La
mitad de una manzana está sobre una tabla de cortar.
—¿Qué haces aquí?
—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza el gran sofá de color café
que hay en medio de la sala—. Eso servirá.
—Eso no es lo que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de
pánico.
Me acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador
crece una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz.
—Acordamos que te maNera está de pie junto a la barra que separa la cocina del
comedor, con una mezcla de confusión y preocupación en su rostro. Sobre el
mostrador de mármol hay un tazón amarillo en forma de corazón, medio lleno de
trozos de naranjas y manzanas. La mitad de una manzana está sobre una tabla de
cortar.—¿Qué haces aquí?—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza
el gran sofá de color café que hay en medio de la sala—. Eso servirá.—Eso no es lo
que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de pánico.Me
acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador crece
una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz. —Acordamos que te ma
Nera está de pie junto a la barra que separa la cocina del comedor, con una mezcla de
confusión y preocupación en su rostro. Sobre el mostrador de mármol hay un tazón
amarillo en forma de corazón, medio lleno de trozos de naranjas y manzanas. La
mitad de una manzana está sobre una tabla de cortar.
—¿Qué haces aquí?
—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza el gran sofá de color café
que hay en medio de la sala—. Eso servirá.
—Eso no es lo que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de
pánico.
Me acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador
crece una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz.
—Acordamos que te maNera está de pie junto a la barra que separa la cocina del
comedor, con una mezcla de confusión y preocupación en su rostro. Sobre el
mostrador de mármol hay un tazón amarillo en forma de corazón, medio lleno de
trozos de naranjas y manzanas. La mitad de una manzana está sobre una tabla de
cortar.—¿Qué haces aquí?—Me quedaré donde tú te quedes. —Señalo con la cabeza
el gran sofá de color café que hay en medio de la sala—. Eso servirá.—Eso no es lo
que acordamos. —Su voz parece tranquila, pero tiene un sutil matiz de pánico.Me
acerco a la barra y me detengo en el lado opuesto. En el centro de ese mostrador crece
una planta de perejil en una maceta de barro. El tenue aroma de la hierba me
cosquillea la nariz. —Acordamos que te ma