0% encontró este documento útil (0 votos)
417 vistas8 páginas

Leer Es Poder

El documento aborda la importancia de la lectura como una herramienta de empoderamiento en América Latina, destacando la necesidad de políticas de promoción de lectura que democratizan el acceso a la palabra escrita. Se discuten las diferencias entre promoción y animación de la lectura, así como los desafíos que presentan las nuevas tecnologías en los hábitos de consumo de lectura. Además, se reflexiona sobre el impacto de la literatura y la necesidad de adaptar las estrategias de lectura a las nuevas generaciones y sus contextos tecnológicos.

Cargado por

Demoledor Jr
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
417 vistas8 páginas

Leer Es Poder

El documento aborda la importancia de la lectura como una herramienta de empoderamiento en América Latina, destacando la necesidad de políticas de promoción de lectura que democratizan el acceso a la palabra escrita. Se discuten las diferencias entre promoción y animación de la lectura, así como los desafíos que presentan las nuevas tecnologías en los hábitos de consumo de lectura. Además, se reflexiona sobre el impacto de la literatura y la necesidad de adaptar las estrategias de lectura a las nuevas generaciones y sus contextos tecnológicos.

Cargado por

Demoledor Jr
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA LECTURA ES PODER

Fanuel Díaz Hanan


UCAB, 2004

Ante todo, quisiera agradecer a los organizadores de este evento la invitación para participar como ponente en el
marco de este congreso donde se plantea la reflexión sobre la lectura y la escritura ante la demanda de nuevos
desafíos.
Las ideas que voy a plantear aquí están alimentadas por mi experiencia directa y algunas reflexiones que quisiera
compartir como parte de este ejercicio de revisitar la promoción de lectura, como un escenario que me es
familiar, pero en ocasiones también ajeno.
Desde hace muchos años he tenido la oportunidad de trabajar en diferentes programas de promoción de lectura,
y conocer experiencias regionales en América Latina de difusión del libro que han fortalecido diferentes sectores
vinculados a la lectura, la biblioteca y el consumo editorial.
La lectura es poder. Este es uno de los lemas que más me ha llamado la atención entre las campañas de lectura
realizadas en la región, no sólo por la fuerza de esta consigna sino porque en definitiva uno de las mayores
limitaciones en América Latina es el acceso al libro, y junto con ello el fracaso escolar, la exclusión y la separación
de las esferas donde se toman decisiones, que en definitiva construyen el poder. Cómo mejor lo expresa Mempo
Giardinelli, “la lectura es enemiga del poder”.
Es por ello que la promoción de lectura en nuestros contextos debe ser asumida como una política de Estado, que
democratice el acceso a la palabra escrita, en programas que se mantengan en el tiempo. Más allá de soportar
índices de alfabetización o cifras de adquisición de libros, cuando se habla de lectura se habla de un circuito
complejo donde intervienen muchos factores: el acceso al libro, la calidad de esos libros, la infraestructura y las
condiciones del espacio donde se lee, los niveles de la lectura, la disposición del lector. + la preparación de los
promotores o mediadores
Uno de las primeros asuntos que se deben precisar es el contorno de eso que entendemos como lectura y como
promoción de lectura, porque creo que existen grandes debilidades que parten de esta falta de precisión,
empezando porque no se tiene un perfil claro de lo que es promoción de lectura frente a conceptos similares
como el de la animación a la lectura, y por el otro que cada vez más la convivencia de discursos nos lleva a revisar
concepciones monolíticas de lectura como exclusivamente alfabética, de lector como consumidor de significados
y de libro como objetos físicos en soporte de papel.
Revisemos brevemente algunos de estos enfoques.
En principio la promoción de lectura se refiere al conjunto de acciones que un organismo de valor colectivo
emprende para estimular el acercamiento a los libros. Decimos que en general, esas acciones incluyen desde
campañas precisas que tienen un lema y una duración en el tiempo, hasta ferias de libros que se realizan en las
escuelas o publicidad televisual.
La animación de la lectura, en cambio, se refiere a estrategias que se aplican directamente con un grupo de
participantes, en torno a un libro para acercar afectivamente ese libro a un conjunto de potenciales lectores. El
término animación, proviene de latín animare y quiere decir dar vida, por lo que se proyecta en esas estrategias
un derroche de entusiasmo que muchas veces descuida al libro como centro y se corre el riego de caer en lo que
se llama activismo, es decir, realizar numerosas actividades, plásticas, lúdicas, histriónicos teniendo como excusa
y no como centro el libro, la lectura en sí misma.
En todo caso, el propósito fundamental de estas acciones es la consolidación de lo que algunos llaman el hábito y
otros prefieren llamar el comportamiento lector, especialmente entre niños y niñas de los primeros grados, que
se define por dos variables, que el lector acuda de forma espontánea al libro y que se acerque de forma frecuente
a la lectura como fuente de muchas cosas, no sólo de placer, sino de evasión, de conocimientos, de calma, de
emoción.
La lectura en el mayor de los casos se ha envuelto en un halo muy metacognitivo, como si un libro sirviera como
eje de intersección para toda una serie de teorizaciones sobre el modo como se lee, el método que se adopta o la
escuela que mejor define ese acto tan personal y desinteresado.
Otro aspecto que viene a configurar el mapa tan rico de estas elucubraciones tiene que ver con el cruce de
discursos, un nuevo desafío ciertamente que le da visibilidad a una categoría de la postmodernidad. Y es el
carácter proteico del código, que fusiona elementos de lenguaje textual, con elementos del lenguaje visual,
gramáticas del lenguaje en movimiento y préstamos de la publicidad, de la tipografía y del diseño. Desde hace
muchos años el libro para niños dejó de ser un libro fácil y complaciente, dejó de soportar su forma en el lenguaje
alfabético, por lo que promocionar lectura hoy en día también implica promocionar diferentes discursos
culturales. Y esta idea, aún más retadora pudiera dar muchos caminos para reflexionar si exploramos las nuevas
geografías de libro digital, no me refiero al del Kindle ni el de la biblioteca Google, me refiero a la maravillosa
interacción que propone la plataforma IPAD con su pantalla táctil y sus propuestas multisensoriales.
Este mapa estaría incompleto sin mencionar de las funciones de la lectura y el peso que el texto literario ha
impuesto en los cánones escolares, reflexión que debe ser discutida mas a fondo. La Escuela, de algunas formas,
debe garantizar el acceso de los niños y jóvenes a un cuerpo de lecturas que son representativos de la literatura
universal y de la literatura nacional. Pero en qué momento la Escuela le da entrada y cobijo a otros libros que no
están dentro de esa implícita categoría de lecturas edificantes e imprescindibles o lecturas que son buenas
porque lo dice el programa o lecturas necesarias porque yo como adulto también las leí. VIP OJO
¿En que momento un niño o adolescente puede disfrutar de un maravilloso libro de información? ¿O un
estimulante libro álbum? ¿Se debe propiciar en los espacios formales exclusivamente la lectura de libro
edificantes de ficción, en narrativa, poesía y teatro?
¿Y qué pasa con el lector? Esa es otra pregunta interesante, el lector, cuál lector. El lector que somos como
adultos, con nuestros cánones sentimentales y nuestras sobredosis de lectura, o el lector de carne y hueso que
tenemos frente a nosotros en las aulas comunes y corrientes. Creo que las distancias son abismales y que si hay
algo que he constatado en los últimos años es que hemos perdido el foco de ese lector real, de ese niño /niña que
conviven naturalmente con la tecnología, que cambia la gramática de su lengua materna y su sintaxis para enviar
mensajes de texto, que puede estar horas pegados a un Ipad mientras navega en Internet y que tiene incorporado
en su cerebro la descodificación fragmental y hipervinculada, esa que puede tener varias pantallas abiertas al
mismo tiempo y que todas sus consultas las resuelve en Wikipedia.
¿A ese lector queremos pedirle que lea Doña Bárbara, fragmentos de La Iliada, El diente roto y poemas de
Calderón de la Barca?
Cada vez se me hace más clave una frase que leí de un bibliotecario escocés, John Spink, quien dice que a cada
lector debe llegarle el libro adecuado en el momento adecuado, y este pensamiento tan sencillo y poderoso al
mismo tiempo ha sido revelador en mi propio camino de lector, algunos libros llegan muy temprano y afectan el
interés, desmotivan. Otros llegan tarde, y dejaron pasar la oportunidad de conquistar un lector.
Aun así, sigue siendo paradójico el éxito de muchas sagas, como Harry Potter, La materia oscura y Corazón de
tinta, por nombrar algunas de novelas extensas que desdicen afirmaciones acerca del rechazo que muchos
lectores tienen del libro grueso y sin imágenes. Quizás porque a pesar de su volumen siguen siendo una literatura
Light, que no exige mayores esfuerzos de interpretación, aunque sí una gran autonomía o quizás también porque
en estas obras se replantea la eterna necesidad de la magia en el ser humano. Interrogantes que pueden ser
deshojadas en la medida que se aborden estudios de recepción, hábitos y consumos entre esta población.

El horizonte de las tecnologías. El tema que nos ocupa en este congreso de nuevos desafíos obliga a establecer
conexiones con las tecnologías de la información y la comunicación, mejor conocidas como las TIC. Un buen punto
de arranque para comenzar esta digresión, comienza alrededor de los años ochenta cuando en el territorio de la
promoción de lectura crece la preocupación por el terreno que va ganando la televisión en los hábitos de
consumo, la nodriza electrónica, como se le llamó y estigmatizó. Para esa época se escribió muchos sobre el tema
y se hicieron estudios para medir la cantidad de horas que los niños dedicaban a ver televisión, frente a la
cantidad de horas que le dedicaban a la lectura. Se demonizó a la pantalla chica y los padres eludieron la
responsabilidad del poco tiempo de calidad que le dedicaban a sus hijos, y mientras por un lado criticaban los
contenidos violentos y pornográficos que transmitía la televisión, por el otro no dudaban en usar este aparato
para distraer a sus hijos y poder dedicarse a otras cosas. De hecho, recuerdo un libro clásico de Marie Winn que
se llamaba justamente La droga que se enchufa.
Les quiero mostrar un anuncio publicitario muy divertido de la Televisión Española que refleja esta preocupación.
Hoy en día casi nadie habla de la televisión como el enemigo publico No. 1 de la lectura, ahora parece ser que los
malos de la película son el Internet, los video juegos y más recientemente el libro electrónico.
Indiscutiblemente las nuevas tecnologías han cambiado y van a seguir cambiando los patrones de consumo y cada
vez más compiten en un territorio compartido por esa porción del tiempo libre que tienen muchos jóvenes y
adultos. Sin embargo, como rasgo unificador, todos estos soportes requieren diferentes niveles de lectura, desde
el más superficial hasta las interpretaciones más complejas e intrincadas, claves para develar un juego de roles
donde se utilizan metáforas y referencias intertextuales o instrucciones muy elaboradas para descargar un video
de youtube y cambiarlo de formato Avi a formato mp4. Son diferentes formas de procesamiento, en este caso un
procesamiento paralelo y a velocidades cada vez más trepidantes.
El asunto no es dirimir si leer un libro es mejor que surfear en la web o escribir mensajes de texto en un
blackberry, el asunto es que estas tecnologías con sus lenguajes y sus gramáticas conviven, y junto a los libros
también están los blogs de poesía y de concursos de cuentos breves, y junto a la biblioteca de madera, que
puedes tocar y carga en silencio un mundo de recuerdos, también existe la Biblioteca Gutemberg, la Cervantes y
la Google donde puedes descargar libros gratis en PDF, que no pesan y ocupan poco espacio.
A pesar de todos los cambios que se anuncian y de las profecías es incuestionable que el libro impreso durará
siempre. En 1995 Nicolás Negroponte publicó un libro de esos revolucionarios, que anunciaban la muerte del libro
impreso y vislumbraba la aparición de un nuevo ser humano adicto a las tecnologías, de hecho, el libro se llama
Being Digital, Ser Digital. El año pasado en Colombia tuve la oportunidad de escuchar a Nicolás Negroponte, 15
años después de la publicación de este libro, y aún sigue diciendo que de aquí a cinco años desparece el libro
impreso. La poca credibilidad que esta sentencia ha despertado en el mundo editorial se puede ver en las ferias
internacionales. El futuro del libro digital no pareciera ser tan aplastante para la lectura, pues quizás se migre a
otros soportes, pero en definitiva se seguirá leyendo, se leerá aún más. Y para aquellos que amamos tocar el
papel, el libro impreso seguirá siendo insustituible, a pesar de que también nos hayamos sumado a esta era
digital.
¿Qué pasará con las nuevas generaciones? Por los momentos es una cuestión de acceso, ya que la tecnología es
costosa y cambia a velocidades inmanejables, acaba de salir el Ipad 2 y ya esta anunciado el Ipad3, sin contar la
cantidad diferentes de lectores que han aparecido en el mercado.
Por lo pronto, yo veo ensombrecido no el panorama lector sino las conexiones que un lector tradicional ha
establecido a partir de la palabra escrita, pequeños placeres sobre los que pocos se han detenido a reflexionar
pero que a mi juicio sí pueden marcar grandes diferencias en las estructuras mentales, las emociones y los retos
que la lectura literaria impone.
Quisiera referirme brevemente a la teoría de las capas, vinculada con el modelo propuesto por Hemingway para
definir un cuento, el cual asocia con la imagen del iceberg, por cada parte que se asoma hay siente ocultas debajo
del agua. Y es justamente ese poder para evocar, lo sugestivo, uno de los aspectos indisociables a la lectura
literaria.
Oigamos un fragmento de La piedra en el estanque, de Gianni Rodari, donde asimila el efecto que una palabra
tiene en el espíritu de un lector, similar a ese que una piedra produce en el interior de un estanque:
Una piedra arrojada en un estanque provoca ondas concéntricas que se ensanchan sobre su superficie, afectando
en su movimiento, con distinta intensidad, con distintos efectos, a la ninfa y a la caña, al barquito de papel y a la
balsa del pescador. Objetos que estaban cada uno por su lado, en su paz o en su sueño, son como reclamados a la
vida, obligados a reaccionar, a entrar en relación entre sí.

Otros movimientos invisibles se propagan hacia el fondo, en todas direcciones, mientras la piedra se precipita
removiendo algas, asustando peces, causando siempre nuevas agitaciones moleculares.
Cuando toca fondo, agita el lodo, golpea los objetos que yacían olvidados, algunos de los cuales desentierra, otros
a su vez son tapados por la arena. Innumerables acontecimientos, o mini acontecimientos, se suceden en un
tiempo brevísimo.

Quizás ni aun teniendo el tiempo ni las ganas necesarias sería posible registrarlos, sin omisión, en su totalidad.

Los textos en general tienen capas, y eso es quizás lo que permite su ambigüedad, su riqueza y múltiples
posibilidades de interpretación. Esas capas someten a los textos a la prueba de la relectura, y es gracias a ellas
que podemos encontrar nuevas posibilidades de construcción de sentido cada vez que volvemos a un escrito.
Pero también gracias a esas capas diferentes lectores pueden sumergirse a distintas profundidades en las aguas
de un texto literario. ¿Y qué diferencia a un texto literario de un texto que no lo es? Pues muchas cosas, desde el
obvio uso del lenguaje, desviado de la norma, el tiempo lento y demorado en que lo consumimos, el disfrute por
como encajan las palabras precisas y hermosas, la contundencia de encontrar en ellos respuestas y nuevas
preguntas.
En mi experiencia de internauta, no he sentido ninguna de estas emociones mientras registro toneladas de
información. Indudablemente el Internet no permite ese tiempo de la palabra alada, ni nos invita a bucear por
jardines oceánicos. La velocidad de conexión, la brevedad de los textos, el ejercicio lector de a saltos e
hipervínculos no pueden ofrecernos esa textura.
Los modelos colaborativos donde el lector también escribe el texto a medida que lo lee y lee opiniones de otros
lectores, los nuevos géneros instantáneos que han surgido como efecto del medio seguramente cambiarán los
vínculos y las emociones, pero también el modo de escribir y de leer. Seguramente se leerá más, pero diferente.

El signo de la voz. Quizás porque amo la poesía, porque la disfruto siento la necesidad de abordar este tópico ya
en la recta final de mi intervención. Les dije que hace como un año tuve la oportunidad de escuchar a Nicolás
Negroponte. En un momento de su intervención disparó una pregunta al público… ¿Cuántas llamadas telefónicas
creen ustedes que yo hago a la semana? Y él dijo un promedio de dos, porque toda mi comunicación la resuelvo
con correos electrónicos y mensajes de textos. Es más, les digo que en un futuro muy cercano la voz va a
desaparecer.
Claro que entendí perfectamente lo que quería decir, pero en ese momento sentí que era como decir algo así
como que Dios no existe, uno de esos absolutos por los cuales no te has paseado la idea de pensar sobre su
desaparición. ¿Y qué pasaría si la voz despareciera? ¿Qué perderíamos los seres humanos? Por un momento
pensé que este sería un tema para toda una conferencia y también por un momento pensé en Fahrenheit 451 de
Ray Bradbury, donde justamente los libros se salvan del fuego por la memoria y la voz.
Ciertamente la voz es anterior a la escritura, y por muchos años la oralidad fundamentó el ejercicio de la
comunicación, preservó y transmitió el conocimiento y liberó a la imaginación de sus ángeles y demonios.
Esta reflexión sí me parece un desafío porque tampoco creo que sea descabellada, Y en este momento pienso en
mi sobrino y su generación de niños autistas, que viven en su mundo virtual, aislados, que son incapaces de
mantener una conversación más allá de los monosílabos y las palabras comodín, de esas como chévere, fino, ahí y
bien que se utilizan para responder todas las preguntas.
Y sí efectivamente la voz se está perdiendo, y cada vez más sustituimos las modalidades presenciales por
modalidades virtuales, y cada vez más nos apoyamos en el power point y en el flash para no decir lo que el
público puede leer, y cada vez más preferimos el chat y la mensajería de texto.
¿Y qué tiene que ver esto con la promoción de lectura dirán ustedes? Pues para mí mucho. Antes de seguir me
gustaría leerles un poema:

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.


Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Creo firmemente que la lectura en voz alta es la estrategia más contundente y maravillosa para despertar
lectores, para generar el placer por ir a un texto. No existe fórmula ni conjuro que tenga mejor efecto. Y durante
años, y después de haber diseñado laboratorio de técnicas de animación, de haber revisado planes lectores de
diferentes editoriales, de haber trabajado con escritura creativa no he visto ojos brillantes ni miradas tan atentas
como las del público que envuelto en el círculo sagrado de la voz no haya sentido su cuerpo tocado y sus
emociones removidas.
Y por la voz es posible recuperar también la conversación en torno a los textos, una de las técnicas más sencillas
pero instigadoras, especialmente con los jóvenes quienes muchas veces son vistos como apáticos y poco
propensos a abrirse. Como estrategia la conversación exige de un mediador capaz de escuchar y de formular
preguntas inquietantes más allá de lo obvio, quizás uno de los enfoques metodológicos más serio en torno a la
conversación a partir de libros y sus contextos lo plantea Aidan Chambers en su libro DIME.
Con esto quiero confirmar que formar lectores no depende de fuegos artificiales, ni de libros costosos, ni de
técnicas elaboradas. Volver a los orígenes de la palabra sigue siendo aún hoy en día en sociedades tecnologizadas,
digo, sigue siendo una respuesta a los desafíos.

¿Por qué existe la ficción? Por último, siempre me ha interesado volver a temas fundacionales, a preguntas
básicas porque creo que a veces allí están las respuestas más incuestionables. Y también porque cada vez avanzo
más hacia el minimalismo, detesto los laberintos de la heurística cuando a veces las soluciones son tan simples o
pertenecen a otra esfera que la razón no puede satisfacer. En ese sentido quiero cerrar con una pregunta que
quizás debería estar entre las primeras de este recorrido, y tiene que ver con el sentido de la promoción de
lectura. ¿Realmente vale la pena leer? ¿Por qué ese empeño en formar lectores y en hacer tantos congresos
donde se discuta sobre este tema?
Como lectores, sabemos en nuestra esfera personal cuántas huellas nos han dejado los libros, cuánto ha
alimentado nuestra memoria como los nidos de un árbol. A la comunidad de lectores nos une ese deseo íntimo de
estar a solas con un libro, porque ya es una necesidad vital, porque nos permiten esos innumerables viajes
quietos.
Pero creo que la respuesta es más ontológica e irracional. En un artículo aparecido en la revista Antrhopoetics
(1998) Wolfgang Iser, el creador de la teoría de la recepción y el modelo del lector implícito desarrolla la idea de
que necesitamos de la ficción porque a pesar de que vivimos la existencia no la podemos construir, y la ficción es
una forma de construir nuestra propia existencia. Crear mundos de ficción implica una negación de la realidad, y a
su vez extender el mundo real hacia otros territorios, donde la imaginación cohabita con premisas absolutas
como la verdad y la mentira.
¿Y qué nos sujeta ante esa necesidad apremiante de la ficción, o como afirma Samuel Beckket Malone, “Vive o
inventa”? Nos sujetan los límites de la existencia, aquello que no sabemos que existe antes del nacimiento y
después de la muerte. Por eso, necesitamos la lectura porque en sus ficciones encontramos respuestas que
calman de alguna manera la incertidumbre de no saber, pero también nos permiten construir soluciones que nos
satisfacen y proyectan cierta luz sobre lo que no conocemos.
Entonces ¿por qué los libros? Porque ellos son esos espejos que nos permiten cruzar umbrales hacia otros
territorios que quizás proyecten ese deseo de eternidad.

----

Fanuel Hanán Díaz es licenciado en Letras por la Universidad Católica Andres Bello, Especialización en
Comunicación Social. Coordinó el Departamento de Selección de Libros para Niños y jóvenes del Banco
del Libro y dirigió la revista Parapara.

También podría gustarte