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Imágenes del Positivismo Filosófico

El positivismo es una teoría filosófica que sostiene que el conocimiento auténtico se limita a lo que puede ser verificado a través de la experiencia sensorial y la razón, rechazando la metafísica y la teología. Fundado por Auguste Comte en el siglo XIX, el positivismo propone que la sociedad evoluciona a través de tres etapas: teológica, metafísica y científica. Esta corriente ha influido en el desarrollo de las ciencias sociales y ha dado lugar a diversas interpretaciones y críticas, como el antipositivismo, que cuestiona su enfoque en la cuantificación y las leyes generales.
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Imágenes del Positivismo Filosófico

El positivismo es una teoría filosófica que sostiene que el conocimiento auténtico se limita a lo que puede ser verificado a través de la experiencia sensorial y la razón, rechazando la metafísica y la teología. Fundado por Auguste Comte en el siglo XIX, el positivismo propone que la sociedad evoluciona a través de tres etapas: teológica, metafísica y científica. Esta corriente ha influido en el desarrollo de las ciencias sociales y ha dado lugar a diversas interpretaciones y críticas, como el antipositivismo, que cuestiona su enfoque en la cuantificación y las leyes generales.
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Positivismo

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No debe confundirse con Optimismo o Positivismo lógico.

Auguste Comte, fundador de la doctrina positivista.

El positivismo o filosofía positiva es una teoría filosófica que se posiciona como


una alternativa epistemológica tanto al empirismo como al racionalismo,[1]
sosteniendo que todo conocimiento genuino se limita a la interpretación de los
hallazgos «positivos», es decir, reales, perceptibles sensorialmente y
verificables. Según esta postura, todo conocimiento genuino es o bien positivo —a
posteriori y derivado exclusivamente de la experiencia de los fenómenos y de sus
propiedades y relaciones— o bien verdadero por definición, es decir, analítico y
tautológico. Así, la información derivada de la experiencia sensorial, interpretada
a través de la razón y la lógica, constituye la fuente exclusiva de todo
conocimiento cierto.[2] Los datos verificados (hechos positivos) recibidos de los
sentidos son conocidos como evidencia empírica; así pues, el positivismo es la
evolución lógica del empirismo.[2]

Esta línea de pensamiento se encuentra ya en la antigüedad griega. Como un nuevo


desarrollo del siglo XIX, se contrapuso a las visiones escolásticas
tradicionalmente imperantes de una filosofía trascendental. Estas últimas
perspectivas afirmaban, en cambio, que el conocimiento se genera por propiedades
eternamente válidas —y, en últimas, creadas por Dios— de la mente o la razón. Esto
podría demostrarse sobre la base de resultados positivos.

En el contexto de los inventos, descubrimientos y la expansión del conocimiento


científico durante el Renacimiento, estos intentos tradicionales de explicación
filosófico-religiosa se habían vuelto cuestionables desde hacía ya un buen tiempo.
Esto probablemente condujo a la exigencia del positivismo respecto a que los
hallazgos positivos fueran interpretados sin apelar a explicaciones teológicas o
metafísicas, en contraste con la práctica habitual hasta entonces.

Posteriormente surgieron diferentes aproximaciones positivistas, asociadas, entre


otros, a los siguientes filósofos: Henri de Saint-Simon (1760-1825) Auguste Comte
(1798-1857), Hippolyte Taine (1828-1893), Jean-Marie Guyau (1854-1888), Jeremy
Bentham (1748-1832), James Mill (1773-1836), John Stuart Mill (1806-1873), Charles
Darwin (1809-1882), Herbert Spencer (1820-1903), Roberto Ardigò (1828-1920), Ludwig
Feuerbach (1804-1872), Eugen Dühring (1833-1921), Friedrich Nietzsche (1844-1900),
Ernst Mach (1838-1916), Ernst Laas (1837-1885), Richard Avenarius (1843-1896), Hans
Vaihinger (1852-1933), Friedrich Jodl (1849-1914), o Theodor Ziehen (1862-1950).

El término positivismo se remonta a Auguste Comte (1798-1857). Él y sus sucesores


elaboraron su planteamiento hasta convertirlo en un enfoque social-científico-
humanista. El positivismo sociológico sostiene que la sociedad, al igual que el
mundo físico, opera de acuerdo con leyes generales. Se rechaza el conocimiento
introspectivo e intuitivo, así como la metafísica y la teología, en tanto las
afirmaciones metafísicas y teológicas no pueden ser verificadas por la experiencia
de los sentidos.

Aunque el enfoque positivista ha sido un tema recurrente en la historia del


pensamiento occidental,[3] el enfoque moderno fue formulado por el filósofo Auguste
Comte a comienzos del siglo XIX.[4] Comte sostenía que, al igual que el mundo
físico funciona según la gravedad y otras leyes absolutas, lo mismo ocurre con la
sociedad.[5]

Historia
Comte y las tres etapas
Auguste Comte describió por primera vez la perspectiva epistemológica del
positivismo en Curso de filosofía positiva, una serie de textos publicados entre
1830 y 1842. Estos textos fueron seguidos por el trabajo de 1844, Una visión
general del positivismo. Los primeros tres volúmenes del Curso trataban
principalmente de las ciencias físicas ya existentes (matemáticas, astronomía,
física, química, biología), mientras que los dos últimos enfatizaban el inevitable
advenimiento de las ciencias sociales. Para Comte, las ciencias físicas
necesariamente tenían que llegar primero, antes de que la humanidad pudiera
canalizar adecuadamente sus esfuerzos hacia la "ciencia reina" más desafiante y
compleja de la propia sociedad humana. Su Visión del positivismo, por lo tanto, se
propuso definir los objetivos empíricos del método sociológico.

Comte ofreció una explicación de la evolución social, proponiendo que la sociedad


pasa por tres fases en su búsqueda de la verdad de acuerdo con una "ley de los tres
estados" general. La idea tiene cierta similitud con la creencia de Karl Marx de
que la sociedad humana progresaría hacia el comunismo (ver materialismo
dialéctico), aunque Marx fue un crítico del positivismo.[6] Esta similitud es
debida a que ambos estuvieron influidos por el socialista Henri de Saint-Simon.

Para Comte, las tres etapas eran:[7]

Estado teológico: el hombre apela a deidades personificadas. En esta etapa, el ser


humano piensa que los desastres naturales son actos de una divinidad sobrenatural.
Comte dividió esta etapa en 3 subetapas:
Fetichismo: las personas primitivas creen que los objetos inanimados tienen un
espíritu vivo en ellos (ver animismo).[8]
Politeísmo: el fetichismo generó dudas en las personas, lo que provocó que las
personas fueran a posiciones politeístas donde la explicación de las cosas son
referidas a múltiples dioses que controlan las diversas manifestaciones naturales.
[9]
Monoteísmo: es la última subetapa. En esta subetapa, las personas creen que una
sola entidad teísta es responsable de la existencia del universo.[9]
Estado metafísico: es una extensión de la etapa teológica. En esta etapa, las
personas caracterizan a Dios como un ser abstracto descartando a un Dios concreto.
[9] Las explicaciones de las cosas es dada por conceptos abstractos impersonales.
Estado científico o positivo: se dan explicaciones a través del método científico.
Para Comte, esta es la etapa más elevada y evolucionada de la sociedad.[9] En esta
etapa la humanidad se gobierna a sí misma, no existe un poder superior que gobierne
las masas.[10]
Según Comte, estas tres reglas rigen el desarrollo de la sociedad. Cada etapa es
alcanzada una vez finalizada la etapa anterior, siendo completadas en escala de
progreso.[11]

Expansión del positivismo

Caricatura de Émile Littré y Charles Darwin representados como monos actuando


mientras rompen la credulidad, las supersticiones, los errores y la ignorancia.
La expansión de las ideas de Comte fue gracias a la acción del filósofo Émile
Littré, quien fundó la The Positivist Review en 1867. La lectura de las obras de
Comte fueron para Littré "el punto cardinal de su vida". Los escritos de Comte
pronto empezaron a ser traducidos a otros idiomas. Al idioma inglés fueron sus
obras traducidos por la escritora británica whig Harriet Martineau.[12] El chileno
Jorge Lagarrigue traduciría los Principios de filosofía positiva al español y
publicaría en la Revista Chilena una defensa del positivismo.

Positivismo y cientificismo
Artículo principal: Cientificismo
Según ciertas acepciones, el positivismo ha sido interpretado como una corriente
filosófica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento
científico y que tal conocimiento solo puede surgir del método científico, siendo
el ejemplo ideal las ciencias físicas que triunfan claramente en el dominio de la
naturaleza y en las aplicaciones técnicas que de ella se derivan. Esta postura es
conocida como cientificismo.

Como consecuencia de esta postura, los positivistas critican la metafísica y


teología como pseudociencia por buscar lo que está más allá de la ciencia. Una
línea de crítica fue a partir de lo que se llamó las «trampas del lenguaje», lo que
supuso un interés en el estudio del lenguaje tanto en su dimensión formal,
empirismo lógico, como en cuanto lenguaje natural, estudiando los «juegos del
lenguaje», y dio lugar a la filosofía analítica.

El positivismo deriva del empirismo y de la epistemología que surge a inicios del


siglo XIX de la mano de los pensadores franceses Henri de Saint-Simon y Auguste
Comte, y del británico John Stuart Mill. Se extiende y desarrolla por el resto de
Europa en la segunda mitad del siglo. Desde un positivismo extremo[13] hasta un
positivismo casi idealista, el siglo XIX y comienzos del XX ofrecen un riquísimo
panorama de autores y escuelas todas bajo denominación positivista. El rasgo común
que caracteriza a todos ellos es la aceptación del conocimiento científico como
única forma de conocimiento legítimo y el rechazo a la metafísica y la teología
como pseudociencia.

El positivismo surgió como manera de legitimar el estudio científico naturalista


del ser humano, tanto individual como colectivamente. Según distintas versiones, la
necesidad de estudiar científicamente al ser humano nace debido a la experiencia
sin parangón que fue la Revolución francesa, que obligó por primera vez a ver a la
sociedad y al individuo como objetos tangibles en un modelo sociologico
positivista.

La aplicación de la filosofía positiva a las diferentes ciencias y objetos de


investigación, así como la rigidez en que se consideren los principios empiristas,
dieron lugar a muy diversos tipos de empirismos y positivismos.[14][15]

Características

Auguste Comte.

John Stuart Mill.


Estas corrientes tienen como características diferenciadoras la defensa de un
monismo metodológico (teoría que afirma que hay un solo método aplicable en todas
las ciencias). La explicación científica ha de tener la misma forma en cualquier
ciencia si se aspira a ser ciencia, específicamente el método de estudio de las
ciencias físico-naturales. A su vez, el objetivo del conocimiento para el
positivismo es explicar causalmente los fenómenos por medio de leyes generales y
universales, lo que le lleva a considerar a la razón como medio para otros fines
(razón instrumental). La forma que tiene de conocer es inductiva, despreciando la
creación de teorías a partir de principios que no han sido percibidos
objetivamente. En metodología histórica, el positivismo prima fundamentalmente las
pruebas documentadas, minusvalorando las interpretaciones generales, por lo que los
trabajos de esta naturaleza suelen tener excesiva acumulación documental y escasa
síntesis interpretativa.

Auguste Comte formuló a mediados del siglo XIX la idea de la creación de la


sociología como ciencia que tiene a la sociedad como su objeto de estudio. La
sociología sería un conocimiento libre de todas las relaciones con la filosofía y
basada en datos empíricos en igual medida que las ciencias naturales.

Una de sus propuestas más destacadas es la de la investigación empírica para la


comprensión de los fenómenos sociales, de la estructura y el cambio social (razón
por la que se le considera padre de la sociología como disciplina científica).
Comte presenta a la historia humana en tres fases:

Fase teológica o mágica: esto corresponde a la infancia de la humanidad; en esta


época las personas dan explicaciones mágicas de los fenómenos naturales. También
creen que ciertos fenómenos son causados por seres sobrenaturales o dioses.
Fase metafísica o filosófica: en este estadio el hombre deja de creer en seres
sobrenaturales y ahora comienza a creer en ideas. Por lo que las explicaciones son
racionales, se busca el porqué de las cosas, y se sustituye a los dioses por
entidades abstractas y términos metafísicos.
Fase científica o positiva: es la definitiva. En esta etapa, según Comte la mente
humana renuncia a la búsqueda de ideas absolutas y en vez de esto, ahora se dedica
a estudiar las leyes de los fenómenos. El conocimiento se basa en la observación y
la experimentación, y se expresa con el recurso de la matemática. Se busca el
conocimiento de las Leyes de la Naturaleza para su dominio técnico.
Además afirma que no es posible alcanzar un conocimiento de realidades que estén
más allá de lo dado, de lo positivo, y niega que la filosofía pueda dar información
acerca del mundo: esta tarea corresponde exclusivamente a las ciencias.

Dentro de esta, desde la perspectiva de Leopold Von Ranke, se dice que el


historiador es imparcial, ya que es capaz de superar fobias, predilecciones o
emociones.

De acuerdo al positivismo clásico: basta con reunir cierta cantidad de hechos


documentados para que surja la ciencia de la historia.

El positivismo asume la cuantificación para que los historiadores puedan estar


seguros de sus afirmaciones mediante la medición de los historiadores, aunque
cuando ésta se convierte en la única solución aparece el problema de negar la
veracidad a todo lo que no esté cuantificado o probado.

Reacción
Esta sección es un extracto de Antipositivismo.[editar]
El antipositivismo (también conocido como no positivismo, negativismo, sociología
interpretativa, interpretativismo o interpretivismo) es el punto de vista en las
ciencias sociales según el cual los académicos deben necesariamente rechazar el
empirismo y el método científico en el desarrollo de teorías sociales e
investigación.

El antipositivismo es una reacción al positivismo. Se critica la incapacidad que


posee el método de las ciencias físico-naturales para conocer los objetos de
estudio de las ciencias sociales (la sociedad, el hombre, la cultura) ya que poseen
propiedades como la intencionalidad, la autorreflexividad y la creación de
significado, que son dejados de lado por la epistemología positivista. También se
critica la búsqueda de leyes generales y universales, pues deja de lado los
elementos que no pueden ser generalizados; defiende el conocimiento de
conocimientos más precisos, pero menos generalizables; y plantea la necesidad de
conocer las causas internas de los fenómenos, en vez de la explicación externa de
estos, en busca de la comprensión en lugar de explicación.

El antipositivismo se relaciona con diversos debates históricos en la filosofía y


la sociología de la ciencia. En la práctica moderna, sin embargo, el
antipositivismo se podría equiparar con métodos de investigación cualitativos,
mientras que la investigación positivista es más cuantitativa. Los positivistas
suelen utilizar experimentos y encuestas estadísticas como métodos de
investigación, mientras que antipositivistas utilizan métodos de investigación que
se basan más en las entrevistas no estructuradas o la observación participante. En
la actualidad, se combinan a menudo métodos positivistas y no positivistas.[16][17]
Durante el siglo XIX, a partir de los estudios de Bertrand Russell y otros, el
filósofo Ludwig Wittgenstein elabora el texto Tractatus Logico-Philosophicus, que
sirve de inspiración para el surgimiento del Círculo de Viena, grupo de
intelectuales que tuvo como objetivo el alejar definitivamente a la ciencia de la
metafísica, a partir del desarrollo de la lógica de Russell. Esta propuesta plantea
un método basado en la experimentación, observación y recolección objetiva de
datos.

Corrientes positivistas
Entre las corrientes positivistas se puede mentar el positivismo ideológico,
empiriocriticismo, positivismo metodológico o conceptual, positivismo analítico,
positivismo sociológico, positivismo realista, iuspositivismo y neopositivismo
(empirismo lógico o positivismo lógico). Los enfoques sociológicos en filosofía de
la ciencia y epistemología han sido tradicionalmente los principales críticos del
positivismo, aunque ambas posturas no son necesariamente contradictorias.
En el campo del derecho, el denominado positivismo jurídico o iuspositivismo no
guarda relación en su origen con el positivismo filosófico, sino con el concepto de
derecho positivo (la consideración del derecho como creación del ser humano).

Actualmente, en la psicología conviven múltiples escuelas, muchas de las cuales se


basan en el positivismo para el estudio del ser humano. Entre dichas escuelas o
enfoques destaca el cognitivo-conductual. Cabe mencionar el avance de la
neurociencia, que aborda temáticas mentales que antes parecían inescrutables desde
un punto de vista naturalista.

Véase también
Verficacionismo
Empirismo
Cientificismo
Fisicalismo
Neopositivismo
Darwinismo
Marxismo
Referencias
«Racionalismo, empirismo y positivismo.». [Link]. Consultado el 12 de febrero
de 2024.
John J. Macionis, Linda M. Gerber, Sociology, Seventh Canadian Edition, Pearson
Canada
Cohen, Louis; Maldonado, Antonio (2007). «Research Methods In Education». British
Journal of Educational Studies 55 (4): 9. S2CID 143761151. doi:10.1111/j.1467-
8527.2007.00388_4.x..
«Auguste Comte». Sociology Guide. Archivado desde el original el 7 de septiembre
de 2008. Consultado el 2 de octubre de 2008.
Macionis, John J. (2012). Sociology 14th Edition. Boston: Pearson. p. 11. ISBN
978-0-205-11671-3.
«Positivismo». [Link]. Consultado el 1 de agosto de 2022.
Giddens, Positivism and Sociology, 1
admin. «Auguste Comte’s “Law of the Three Stages” | Dr. V.K. Maheshwari, Ph.D» (en
inglés estadounidense). Consultado el 1 de agosto de 2022.
«What are the major contributions of Auguste Comte to Sociology?».
[Link]: Preserving Your Articles for Eternity (en inglés
estadounidense). 30 de abril de 2011. Consultado el 1 de agosto de 2022.
Mill, Auguste Comte and Positivism, 4
Giddens, Positivism and Sociology, 9
Postlethwaite, Diana (1 de abril de 1989). «Mothering and Mesmerism in the Life of
Harriet Martineau». Signs: Journal of Women in Culture and Society 14 (3): 583-609.
ISSN 0097-9740. doi:10.1086/494525. Consultado el 1 de agosto de 2022.
Puesto que no podemos ir más allá de lo fenoménico, tomemos lo fenoménico como
realidad; la realidad queda determinada por aquello que se puede contar, medir o
pesar, porque no hay otro contenido de conocimiento posible.
José Ferrater Mora llega a distinguir hasta siete empirismos diferentes: «(1) El
empirismo llamado por antonomasia "sensible". Cuando se destaca el papel que
desempeñan las sensaciones en el conocimiento se usa el nombre "sensacionismo". (2)
El empirismo "inteligible". Según el mismo, los llamados "objetos ideales" —
números, proposiciones, conceptos, etc.— son objeto de la experiencia,
entendiéndose esta en un sentido amplio. Algunos fenomenólogos han hablado en este
sentido de un empirismo (o positivismo) total contra el empirismo (o positivismo)
sensible. (3) El empirismo moderado o empirismo crítico, que admite el origen
empírico del conocimiento, es decir, que admite que todo conocimiento se funda en
la experiencia sensible, pero que requiere ser examinado y controlado por algún
esquema o cuadro conceptual. (4) El empirismo radical, expresión debida a William
James, para quien inclusive las relaciones son "experimentales". Según escribe
James en Essays in Radical Empiricism (II, 1), "con el fin de que un empirismo sea
radical es menester que no admita en sus construcciones ningún elemento que no sea
directamente experimentado, ni excluya de ellas ningún elemento que sea
directamente experimentado". (5) El empirismo "total", que ha defendido S.
Alexander (Space, Time, and Deity, libro I, cap. 6), al adherirse a la máxima de
Hume según la cual hay que buscar siempre la base empírica de nuestras ideas, pero
corrigiéndola, si es menester, para combatir cualquier posible inadmisible
prejuicio en favor de ciertas impresiones. Para Alexander "un empirismo cabal
acepta su fórmula [la de Hume], pero como no tiene ningún prejuicio en favor de las
existencias separadas o distintas que atraen nuestra atención, insiste en que en el
curso de las inspecciones efectuadas por la experiencia, ningún elemento debe ser
omitido del inventario". Ni siquiera hay que hacer como Hume y detenerse en las
condiciones sustantivas (o sustantivistas) del yo, olvidando sus condiciones
transitivas, ya que ello tiene por consecuencia olvidar "la esencial continuidad de
la mente". (6) El empirismo llamado "integral", que ha sido defendido por Risieri
Frondizi. (7) El empirismo dialéctico de que a veces ha hablado el autor de la
presente obra y que consiste, grosso modo, en usar ciertos conceptos como
conceptos-límites, esto es como no denotativos de ninguna realidad y a la vez en
tratar estos conceptos como a la vez contrapuestos y complementarios. (8) El
empirismo lógico.» (Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía.)
Daniel Kalpokas. Pragmatismo, empirismo y representaciones. Una propuesta acerca
del papel epistémico de la experiencia (UBA-UNC-CONICET) Anal. filos. v. 28 n. 2,
Ciudad Autónoma de Buenos Aires nov. 2008 «Las vinculaciones entre el pragmatismo y
el empirismo han sido siempre complejas, ambivalentes y estrechas. En efecto, si
bien puede decirse que el pragmatismo clásico constituye una filosofía de raigambre
empirista, no es menos cierto que todos los autores pragmatistas desarrollaron una
crítica novedosa del viejo empirismo británico. Ya sea que se trate del "realismo
crítico del sentido" de Peirce,1 del empirismo radical de James o del
instrumentalismo de Dewey, en todos estos casos se evidencia la recepción crítica
que del empirismo efectuaron los clásicos del pragmatismo. En nuestros días, con el
giro lingüístico de por medio, la situación ha cambiado sensiblemente. Luego de los
ataques de Quine a los dos dogmas del empirismo -la distinción analítico-sintético
y el reduccionismo- sumados a la crítica de Davidson al dualismo esquema-contenido
(el supuesto tercer dogma), poco parece haber quedado de una filosofía que pueda
tildarse de "empirista". En términos de historia de la filosofía, la novedad con la
que nos encontramos aquí es la de un pragmatismo profundamente divorciado del
empirismo o, en el caso de Rorty, un pragmatismo claramente anti-empirista. Pues
bien, situándome en el seno del pragmatismo contemporáneo, quisiera abordar las
vinculaciones entre estas dos corrientes filosóficas —el empirismo y el pragmatismo
— a partir de un problema que ha resultado central en la epistemología
contemporánea, a saber, el de si la experiencia constituye, en algún sentido, una
instancia de legitimación de nuestras creencias. En la primera sección de este
trabajo discuto la tesis rortyana según la cual la experiencia únicamente causa
creencias, pero no las justifica (I). En la segunda sección, en cambio, presento
las líneas generales de una concepción alternativa que, evitando una recaída en el
llamado "mito de lo dado", pretende devolverle a la noción de "experiencia" su
significado epistemológico (II).»
Antipositivism on Museum of Learning
Fe, María Teresa González de la (2008). «Positivismo y antipositivismo».
Sociología y realidad social: libro homenaje a Miguel Beltrán Villalva, 2008, ISBN
978-84-7476-466-6, págs. 1295-1312 (Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)):
1295-1312. ISBN 978-84-7476-466-6. Consultado el 6 de marzo de 2022.
Bibliografía
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Kremer-Marietti, Angèle. Le positivisme, Collection "Que sais-je?", Paris, PUF,
1982.
LeGouis, Catherine. Positivism and Imagination: Scientism and Its Limits in Emile
Hennequin, Wilhelm Scherer and Dmitril Pisarev. Bucknell University Press. London:
1997.
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