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La Humildad

El documento aborda la importancia de la humildad en la vida cristiana, destacando su valor como virtud esencial que precede a la sabiduría y la honra. Se presentan ejemplos bíblicos, especialmente el de Jesús, como modelo de humildad y se enumeran características de una persona humilde, como la consideración hacia los demás y la obediencia a Dios. Además, se contrasta la humildad con el orgullo, enfatizando que Dios favorece a los humildes y les promete exaltación.

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La Humildad

El documento aborda la importancia de la humildad en la vida cristiana, destacando su valor como virtud esencial que precede a la sabiduría y la honra. Se presentan ejemplos bíblicos, especialmente el de Jesús, como modelo de humildad y se enumeran características de una persona humilde, como la consideración hacia los demás y la obediencia a Dios. Además, se contrasta la humildad con el orgullo, enfatizando que Dios favorece a los humildes y les promete exaltación.

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La humildad

Sal_45:4 En tu gloria sé prosperado;

Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia,

Y tu diestra te enseñará cosas terribles.

Pro_15:33 El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría;

Y a la honra precede la humildad.

Pro_22:4 Riquezas, honra y vida

Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.

Hch_20:19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas


lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los
judíos;

Efe_4:2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con


paciencia los unos a los otros en amor,(A)

Flp_2:3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con
humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo;

Col_2:18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y


culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto,
vanamente hinchado por su propia mente carnal,

Col_2:23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de


sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del
cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.
Col_3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados,
de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de
mansedumbre, de paciencia;

1Pe_5:5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos,


sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque:

Dios resiste a los soberbios,

Y da gracia a los humildes.(B)

Job_22:29 Cuando fueren abatidos, dirás tú: Enaltecimiento habrá;

Y Dios salvará al humilde de ojos.

Sal_138:6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde,

Mas al altivo mira de lejos.

Pro_29:23 La soberbia del hombre le abate;

Pero al humilde de espíritu sustenta la honra.

Isa_57:15 Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la


eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la
santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer
vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los
quebrantados.

Isa_66:2 Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas
fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de
espíritu, y que tiembla a mi palabra.
Eze_29:15 En comparación con los otros reinos será humilde;
nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré,
para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones.

Sof_3:12 Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el


cual confiará en el nombre de Jehová.

Zac_9:9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de


Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y
cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.(D)

Mat_11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que


soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras
almas;(L)

2Co_10:1

Pablo defiende su ministerio

Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que


estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas
ausente soy osado para con vosotros;

Stg_1:9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su


exaltación;

Jesús, nuestro mejor ejemplo

Aunque el ejemplo de David es muy bueno y con él podemos


aprender mucho sobre la humildad, el mejor ejemplo que
encontramos en la Biblia es el de Jesús, Dios encarnado. El capítulo
2 de Filipenses nos lo explica muy bien. Ahí se nos anima a tener la
misma actitud que tuvo Jesús.

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien,


siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como
algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres
humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y
se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios
lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo
nombre...

(Filipenses 2:5-9)

Veamos algunas características sobre la humildad que podemos


aprender con el ejemplo de Jesús. Evaluemos nuestros corazones y
pidamos a Dios que nos ayude a crecer cada día en nuestra
semejanza a Jesús.

8 características de la persona humilde

1. No actúa bajo impulsos egoístas o vanidosos

«No hagan nada por egoísmo o vanidad; ...»

(Filipenses 2:3a )
Debemos analizar nuestra motivación, por qué hacemos las cosas.
¿Es para satisfacer nuestros intereses y nuestro amor propio? ¿Para
sentirnos orgullosos de nosotros mismos? Si es así, estamos
actuando bajo una actitud errónea. Pidamos a Dios que nos ayude a
tener los motivos correctos (amor, interés genuino, compasión), los
que reflejan su corazón.

2. Considera a los demás como superiores a sí mismo

«...más bien, con humildad consideren a los demás como


superiores a ustedes mismos.»

(Filipenses 2:3b )

La humildad nos lleva a tener una actitud de aprecio y


consideración para con los demás. No es que vamos a
menospreciarnos o a dejar que nos pisoteen. ¡No! Pero todo lo
haremos y lo hablaremos con respeto. Trataremos a las demás
personas aun mejor de lo que nos gustaría que nos trataran a
nosotros.

3. Tiene en cuenta los intereses y el bienestar de los demás

«Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino
también por los intereses de los demás.»
(Filipenses 2:4 )

La humildad nos da una visión más amplia que incluye el bienestar


de las personas que nos rodean. Nos ayuda a pensar en lo que
podemos hacer para ayudar y bendecir al colectivo: la familia, los
amigos, la iglesia, el vecindario, la humanidad. Nos hace sentir
parte de algo más grande y nos lleva a contribuir para el
mejoramiento de la vida de los demás.

4. Se esfuerza en ser más como Jesús

«La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús.»

(Filipenses 2:5 )

El humilde echa de lado sus emociones o deseos y se concentra en


ser más como Jesús. Se postra a los pies del Maestro cada día
porque desea actuar y vivir de una forma que le glorifique a él y
sabe que por sus meros esfuerzos no lo logrará. Busca la unción del
Espíritu Santo y recibe así la fuerza espiritual para tomar decisiones
que reflejen el carácter de Cristo.

5. No se aferra a sus derechos, posesiones o títulos

«La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien,


siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como
algo a qué aferrarse.»
(Filipenses 2:5-6 )

Jesús era Dios, pero no trataba a los demás desde una posición de
superioridad. Él escogió "echar de lado" su naturaleza divina y venir
como humano, se identificó con nuestras necesidades y con
nuestra fragilidad. Él no hacía reclamos lleno de orgullo, todo lo
contrario. Mostraba un interés genuino en los demás y su corazón
estaba lleno de amor, siempre dispuesto a servir a los que le
rodeaban. Nosotros debemos hacer lo mismo.

6. Se identifica con los demás y muestra empatía

«Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la


naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.»

(Filipenses 2:7 )

Jesús, aun siendo Dios, escogió voluntariamente venir en forma de


hombre, rebajarse y ser semejante a nosotros. Él se identificó con
nuestras luchas, nuestras necesidades diarias, los anhelos que
brotan de nuestro corazón. La persona humilde debe identificarse
con las necesidades y anhelos de aquellos que le rodean. Debe
verles como iguales y estimarlas como se estima a sí misma.

7. Obedece a Dios siempre


«Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo
obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!»

(Filipenses 2:8 )

Jesús estuvo dispuesto a obedecer al Padre hasta la muerte. Esa es


una de las muestras más claras de la humildad: la obediencia a
Dios. Cuando obedecemos, le decimos a Dios «yo sé que tú sabes lo
que haces y que, tarde o temprano, esto resultará para mi bien». La
obediencia refleja confianza total en el amor, la bondad y la
fidelidad de Dios.

8. Espera a que Dios lo exalte

«Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que


está sobre todo nombre»

(Filipenses 2:9 )

Jesús sirvió a las personas por amor. No era un canje buscando


recibir la exaltación de los hombres, o medallas y premios. Hacía
todo por obediencia a Dios, sabiendo que recibiría su recompensa
directamente del Padre. Y así fue. Dios lo exaltó hasta lo sumo.
La exaltación que viene de Dios es eterna y es mucho más grande
que la que cualquier ser humano nos pueda ofrecer. La persona
que tiene un corazón humilde como el de Jesús descansa en la
certeza de que el premio que recibirá por parte de Dios será más
que suficiente.

Quieres crecer en humildad: ¡sigue el ejemplo de Jesús!

La humildad

Escoger otro capítulo

“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del


temor de Jehová” (Proverbios 22.4).

La humildad es una característica del alma que nos prepara para


tener fe. Muchas personas alaban la virtud de la humildad y la
consideran una joya hermosa; pero ellas mismas no la quieren
poseer, pues ella termina con su ego y su orgullo.

El orgullo y la humildad

La Biblia muchas veces contrasta el orgullo con la humildad.


Notemos algunos de sus contrastes:
“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago
4.6).

“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se


humilla, será enaltecido” (Lucas 14.11).

“La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu


sustenta la honra” (Proverbios 29.23).

“Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir


despojos con los soberbios” (Proverbios 16.19).

“Jehová asolará la casa de los soberbios” (Proverbios 15.25). “Pero


los mansos heredarán la tierra; y se recrearán con abundancia de
paz” (Salmo 37.11).

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la


altivez de espíritu” (Proverbios 16.18). “Cualquiera que se humille
(...) ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18.4).

“Y tú (...) que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás


abatida” (Mateo 11.23). “Humillaos delante del Señor, y él os
exaltará” (Santiago 4.10).

Otro contraste entre el orgullo (considerarse uno superior a los


demás) y la humildad (reconocer uno que es indigno) se presenta
en Lucas 18.9–14. El fariseo que se exaltó a sí mismo no logró favor
de Dios, mientras que el publicano quien confesó ser pecador
alcanzó misericordia.

Dios siempre condena el orgullo, mas siempre aprueba la humildad.


Evidencias de la humildad

1. Ser como niño

Según nos dice Mateo 18.1, los discípulos querían saber quién era
el mayor en el reino de los cielos. Jesús puso a un niño en medio de
ellos, diciendo: “Así que, cualquiera que se humille como este niño,
ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18.4). Jesús es
nuestro ejemplo perfecto de uno que siempre andaba con el
espíritu de humildad. Filipenses 2.6–7 dice esto acerca de Jesús: “El
cual (...) no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo”. Jesús no buscó la grandeza, pero
después de humillarse “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2.9). Los que,
como Cristo, manifiestan un espíritu manso, sumiso y humilde
pertenecen a Dios y serán exaltados a su debido tiempo. La
sencillez semejante a la de un niño, la inocencia y no guardar
rencor son evidencias de la verdadera humildad.

2. La mansedumbre

Efesios 4.2 dice que “con toda humildad y mansedumbre” debemos


soportarnos con paciencia los unos a los otros en amor. Los
humildes nunca caen desde muy alto porque no se exaltan a sí
mismos. Pero los que se exaltan a sí mismos caen y sufren. Sería
bueno notar aquí que hay una diferencia entre la humildad y la
humillación: la humillación, por lo general, es nada más que el
orgullo herido.

Los mansos no se ofenden fácilmente. “Ciertamente la soberbia


concebirá contienda” (Proverbios 13.10). Cuando se hiere el orgullo
del hombre, él muy pronto lo siente y el resultado es contención.
Pero con los mansos es diferente. Como su Salvador, cuando los
maldicen, ellos no responden con maldición; cuando son
perseguidos, lo sufren todo con mansedumbre; cuando los injurian,
lo soportan todo sin responder. Los mansos oran por sus enemigos,
amontonando así “ascuas de fuego” sobre sus cabezas según
Romanos 12.18–20. Eso sí es humildad.

3. La modestia

La modestia se manifiesta en el semblante, en las costumbres y en


el vestir de la persona humilde. Uno que tiene un corazón humilde
no tiene ojos altivos y no sigue la moda. Los humildes se conocen
por su manera de ser; son modestos en cuanto a su apariencia y sus
costumbres. Ellos no se jactan de ser más importantes que los
demás y no lucen ropa de gala. Cuando el corazón está lleno de
humildad el “gran yo” no se ve. La modestia es fruto natural de la
humildad y se manifiesta en toda área de la vida de la persona
humilde.
¿Por qué ser humilde?

1. Dios así lo ordena en su palabra

Dios manda que los santos se humillen “bajo la poderosa mano de


Dios” (1 Pedro 5.6), que se vistan de humildad (Colosenses 3.12),
que se revistan de humildad (1 Pedro 5.5) y que anden con toda
humildad (Efesios 4.1–2).

2. Dios se satisface con la humildad y la bendice

(Lea Proverbios 16.19; Mateo 5.3, 5.) Dios da gracia a los que son
humildes (Santiago 4.6). Los que poseen la humildad son los
mayores en el reino de Dios. “Riquezas, honra y vida son la
remuneración de la humildad” (Proverbios 22.4).

3. La humildad es la precursora de la exaltación verdadera

¿Ha notado usted que la Biblia con frecuencia habla de la exaltación


junto con la humildad? Sin embargo, no debemos tratar de
humillarnos con la esperanza de ser exaltados. Es importante saber
que la senda del orgullo siempre lleva al desastre, mientras que la
senda de la humildad siempre lleva a la exaltación. Pero no
debemos preocuparnos de cuándo y cómo seremos exaltados. Dios
se encargará de todo eso. Lo que nos toca a nosotros es seguir en la
humildad, confiar en Dios, obedecer su palabra, mantenernos al pie
de la cruz y recordar que las promesas de Dios a los humildes son
seguras.

4. Dios escucha las oraciones de los humildes

“No se olvidó del clamor de los afligidos” (Salmo 9.12). Los ninivitas
se vistieron de cilicio y ceniza ante Dios. Ezequías se humilló ante
Dios y oró que fuera librado del poder de Senaquerib. El publicano
rogó a Dios por misericordia. Todos estos acudieron a Dios en
humildad, y él oyó sus oraciones. A nuestro Dios Todopoderoso le
place contestar las oraciones de los mansos y humildes que vienen
a él con súplicas y oraciones.

La humildad fingida

Como Pablo menciona en Colosenses 2.18 hay algo que parece ser
la humildad, pero en verdad no lo es. Esta es la humildad fingida y
la debemos evitar. Algunos, al darse cuenta de los méritos de la
humildad, la codician por su excelencia o por la exaltación que
buscan. Buscar la humildad por razones egoístas trae como
resultado la humildad fingida. Los que se sienten orgullosos por su
humildad algún día se darán cuenta de que era una humildad
fingida la que tenían.
Es la voluntad de Dios que seamos exaltados. Pero su camino a la
exaltación es distinto que el camino que llevan los que quieren
exaltarse a sí mismos. Su rumbo es distinto; su destino también lo
es. La exaltación a la que aspira el hombre siempre exalta su propia
voluntad carnal, mientras que Dios desea exaltar al hombre según
su imagen y propósito. Para esto, la carne tiene que estar muerta
de tal manera que no responda a los deseos carnales. Algunos
piensan que los dones espirituales exaltan a la persona que los
posee y por eso los buscan con empeño. Pero la verdad es que el
que recibe dones espirituales auténticos tiene que humillarse más,
crucificar más la carne y entregarse más a Dios. Dios no da dones
espirituales para promover nuestras propias metas y aspiraciones.
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os
exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5.6).

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