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El capítulo analiza cómo la Corona española controló la explotación de recursos en el virreinato peruano, enfocándose en la evangelización y la gestión de la mano de obra indígena. Se implementaron reformas bajo el virrey Francisco de Toledo para limitar el poder de los encomenderos, reorganizar el sistema tributario y promover la cooperación con las élites indígenas. Además, se introdujo el sistema de mita y se llevaron a cabo censos para optimizar la recaudación de tributos y la producción minera.

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El capítulo analiza cómo la Corona española controló la explotación de recursos en el virreinato peruano, enfocándose en la evangelización y la gestión de la mano de obra indígena. Se implementaron reformas bajo el virrey Francisco de Toledo para limitar el poder de los encomenderos, reorganizar el sistema tributario y promover la cooperación con las élites indígenas. Además, se introdujo el sistema de mita y se llevaron a cabo censos para optimizar la recaudación de tributos y la producción minera.

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RESUMEN - Capítulo 4: Economía, política y mundo indígena: el control sobre la explotación

de los recursos

Poblaciones indígenas y explotación de los recursos

En las últimas décadas, la historia ha adoptado un modelo para entender cómo España interactuaba
económicamente con sus colonias, considerando estas relaciones dentro de una economía global
más amplia. La Corona española se enfocó en el desarrollo económico a largo plazo en América,
especialmente en el virreinato peruano, donde se consolidaron las conquistas y se distribuyeron las
riquezas.

Para mantener el control y aumentar las ganancias, la Corona adoptó una política de evangelización y
civilización suave de los pueblos indígenas en lugar de la esclavitud. Reconociendo la importancia de
la mano de obra indígena, se realizaron encuestas para comprender el sistema tributario inca y se
buscó una distribución justa de los tributos.

Después de un intento fallido de reforma en la década de 1540, se consideraron medidas más


cautelosas para equilibrar los intereses de la Corona, los colonos y los indígenas. Hubo debates sobre
si las encomiendas deberían ser permanentes o temporales, y se buscaron soluciones para proteger
a los indígenas y asegurar los ingresos de la Corona. Sin embargo, la complejidad de la sociedad
peruana dificultó mantener las estructuras coloniales existentes.

Se observó una disminución demográfica en las poblaciones indígenas debido a la demanda de mano
de obra impuesta por los españoles. Esto llevó a la necesidad de un nuevo ordenamiento y una
acción más decidida de la Corona, incluyendo la introducción del cargo de corregidor de indios como
parte de una política de protección a los nativos bajo el virrey Francisco de Toledo en la década de
1560.

La reorganización social y económica

La Corona española enfrentó desafíos en su relación con los encomenderos y las poblaciones
indígenas en el virreinato peruano. Para abordar estos problemas, Felipe II tomó medidas en 1567-
1568, limitando el poder de los encomenderos, reafirmando el papel de la Corona en la gestión de la
mano de obra indígena y en la minería, y buscando una distribución justa de los tributos. La
evangelización de los nativos también se enfatizó. Estas medidas reflejaron la determinación de la
Corona de gestionar de manera más eficaz sus intereses en el virreinato peruano.

El virrey Francisco de Toledo continuó estas reformas, buscando reafirmar la autoridad de la Corona
en el ámbito económico y político. Toledo reconoció la importancia de involucrar a las élites
indígenas locales y creó una nueva alianza estratégica entre la Corona y los líderes étnicos locales en
lugar de depender en exceso de los encomenderos. Reformó el sistema de tributos, reestructuró los
asentamientos indígenas y tomó medidas para controlar y promover a los caciques, debilitando a los
encomenderos y arrendadores de minas, lo que resultó en un aumento de la producción minera y un
cambio en el dominio sobre las poblaciones indígenas.

Las reducciones

Durante la época de la colonización española en América, los indígenas vivían en comunidades


dispersas llamadas ayllus, lo que dificultaba el control y la conversión al cristianismo por parte de los
españoles. Para abordar esto, se implementó una política de reubicación forzosa de los indígenas en
asentamientos más parecidos a las ciudades europeas, conocidos como "reducciones". Esta política
fue liderada por el virrey Francisco de Toledo y tenía como objetivo facilitar el control de los
indígenas y su conversión al cristianismo.

Para llevar a cabo esta política, se realizaron investigaciones y se enviaron jueces reductores para
seleccionar lugares adecuados para las nuevas comunidades. Se establecieron reglas detalladas para
las viviendas indígenas en estas reducciones, incluyendo la separación de las casas para evitar la
promiscuidad y la regulación de la posesión de tierras de cultivo.

El virrey confiaba en la colaboración de los líderes indígenas y en el recuerdo de la violencia durante


la conquista para evitar un levantamiento. Se establecieron normas para el gobierno de las
comunidades indígenas, incluyendo la elección de líderes y la definición de sus responsabilidades.

El nuevo papel de la elite indígena local

Durante la transición hacia el sistema colonial en los Andes, se exploraron las relaciones entre los
líderes étnicos indígenas y los colonizadores españoles. La Corona reconoció la importancia de
colaborar con las élites indígenas y promover su participación en el gobierno local, ofreciéndoles
tierras y honores.

El virrey Toledo promovió la cooperación con los líderes locales y creó nuevas instituciones para
limitar el poder de los caciques tradicionales. Se establecieron cabildos indígenas que trabajaban
junto con las autoridades españolas en tareas administrativas. A nivel local, el curaca mantuvo su
papel como líder en las comunidades indígenas, pero compartió poder con nuevas figuras como el
alcalde y el regidor.

En el sistema colonial andino, los nuevos funcionarios indígenas tenían responsabilidades, pero eran
menos poderosos que los caciques tradicionales debido a la temporalidad de sus cargos. El curaca
controlaba el trabajo y los bienes de los indios a cambio de dinero, recaudaba tributos y los
depositaba en una Caja de Comunidad supervisada por la Corona. Los curacas fortalecieron su
posición al reclutar nuevos funcionarios indígenas y establecer redes clientelares.

Se introdujo la figura del corregidor de indios para proteger a los indígenas de la explotación y vigilar
la explotación ilegal. Esto mejoró la seguridad y el control sobre los indígenas, beneficiando los
intereses económicos de la Corona y promoviendo la hispanización e integración de los indígenas en
una nueva estructura social.

El censo de los nativos, la nueva repartición del tributo y de la mita

Durante el gobierno de Toledo en el virreinato del Perú, se implementaron medidas para revitalizar la
industria minera, fundamental para la economía colonial. Se introdujeron nuevas tecnologías
mineras y se reguló el trabajo en las minas. Se estableció el sistema de mita, que obligaba a los
indígenas a trabajar en las minas por un tiempo determinado y recibir un salario justo. También se
implementaron rotaciones de trabajo y períodos de cultivo para garantizar que las tierras se
mantuvieran productivas.

Estas medidas, aunque con abusos, beneficiaron tanto a la Corona como a las comunidades
indígenas al aumentar los ingresos reales y estimular la economía colonial. Potosí se convirtió en un
centro importante de producción de plata, y se buscaron formas de diversificar las ocupaciones de
los indígenas eximiendo a algunos oficios del sistema de mita. Además, se realizaron censos para
determinar la población y sus capacidades contributivas, lo que influyó en la recaudación de
impuestos y la organización de la mita. Toledo también luchó contra la corrupción en la recaudación
de tributos y mercados, promoviendo el uso de moneda en lugar del trueque. Incluso se consideró la
posibilidad de trasladar la capital de Lima a Cuzco.

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