El primer texto acerca de la motivación se escribió en 1964 (Cofer y Appley, 1964).
Orígenes Filosoficos
Las raíces intelectuales del estudio de la motivación se remontan a los griegos: Sócrates,
Platón. Platón (alumno de Sócrates) propuso que la motivación fluía de un alma (o mente,
psique) tripartita dispuesta en forma jerárquica. Al nivel más primitivo, el aspecto apetitivo
contribuia a los apetitos y deseos corporales, como hambre y sexo. El aspecto competitivo
contribuye a estándares de referencia social, como sentirse honrado o avergonzado. Al nivel
máximo, el aspecto calculador contribuía a las capacidades de toma de decisiones, como la
razón y la elección.
Para Platón estos tres aspectos distintos del alma motivaban y explicaban los diferentes
terrenos de la conducta. Así también, cada aspecto superior podía regular los motivos de los
aspectos inferiores. A grosso modo, el aspecto apetitivo mencionado por Platón corresponde
al ello de Freud, el aspecto competitivo al superyó y el aspecto calculador al yo.
Aristoteles refrendó el alma tripartita de organización jerárquica de Platón, aunque prefirió
una terminología distinta (nutritiva, sensible y racional). El aspecto nutritivo era el más
impulsivo, irracional y animal. Contribuía a los impulsos corporales necesarios para sustentar
la vida. El aspecto sensible también se relacionaba con el cuerpo, pero regulaba el placer y el
dolor. El componente racional del alma era exclusivo de los seres humanos, ya que se
relacionaba con las ideas, era intelectual y se caracterizaba por la voluntad. La voluntad
operaba como nivel máximo del alma ya que utilizaba la intención, la elección y aquello que
es divino e inmortal.
Cientos de años más tarde, la psique tripartita de los griegos se redujo a un dualismo; las
pasiones del cuerpo y la razón de la mente. El alma de dos partes retuvo la naturaleza
jerárquica de los griegos ya que se hizo la distinción principal entre aquello que era
irracional, impulsivo y biológico (el cuerpo) frente a aquello que era racional, inteligente y
espiritual (la mente). El ímpetu para esta reinterpretación se debió principalmente al
compromiso intelectual con la era de las dicotomías motivacionales, como la pasión frente a
la razón, el bien frente el mal, y la naturaleza animal frente a la humana.
Tomás de Aquino sugirió que el cuerpo proporcionaba impulsos motivacionales irracionales,
basados en el placer, mientras que la mente proporcionaba motivaciones racionales basadas
en la voluntad.
En la era posrenacentista, René Descartes, filósofo francés, amplió el dualismo mente-cuerpo
al distinguir entre los aspectos pasivos y activos de la motivación. El cuerpo era un agente
mecánico pasivo en términos motivacionales, mientras que la voluntad era un agente
inmaterial activo en cuanto a motivación. Como ente físico, el cuerpo poseía necesidades
nutritivas y respondía al ambiente en maneras mecanicistas a través de sus sentidos, reflejos y
fisiología. Por el contrario, la mente era un ente pensante y espiritual con una voluntad
deliberada: podía controlar el cuerpo y gobernar sus deseos. Para Descartes, la fuerza
motivacional máxima era la voluntad; pensaba que si podía comprender la voluntad, podría
comprender la motivación, la voluntad iniciaba y dirigía la acción.
Grandes teorías
Los primeros estudios de la motivación adoptaron tres grandes teorías de la motivación;
voluntad, instinto y pulsión.
● Voluntad: Comprender la motivación se reducía al entendimiento de la voluntad y se
convirtieron en conceptos sinónimos. Se hizo cierto progreso cuando los actos de la
voluntad se identificaron como elección (es decir, decidir si actuar o no), esfuerzo (es
decir, crear impulso de actuar) y resistencia (es decir, sacrificio o resistencia a la
tentación. Se concluyeron resultados decepcionantes, resultó que la voluntad era una
facultad mal comprendida de la mente, que surgía de una acumulación de capacidades
innatas, sensaciones, ambientales, experiencias vitales y reflexiones acerca de sí
misma y sus ideas. Una vez que surgía la voluntad, de alguna manera se veía dotada
de propósito. Y resultaba que algunas personas mostraban mayor voluntad que otras.
Los procesos psicológicos (estrategias, metas) y no la fuerza de voluntad abstracta, es
la que allana el camino para explicar las conductas de las personas y su
funcionamiento efectivo.
● Instinto: Para Darwin, gran parte de la conducta animal, parecía innata, automatizada
y mecanicista. Con o sin experiencia, los animales se adaptaban al ambiente
predominante. Los instintos surgían a partir de una sustancia física, de la herencia
genética; por ende, eran reales en términos físicos. El estudio de la motivación
abandonó a la filosofía y las humanidades e ingresó a la fisiología y las ciencias. Dada
la presencia del estímulo apropiado, los instintos se expresaban a través de reflejos
fisiológicos heredados.
El primer psicólogo en popularizar una teoría motivacional del instinto fue William
James (1890); James tomó prestado mucho de la influencia intelectual de Darwin y
sus contemporáneos para conceder a los seres humanos un número generoso de
instintos físicos (amamantamiento, locomoción) y mentales (imitación, juego,
sociabilidad).
Una generación después de James, William McDougall (1908, 1926) propuso una
teoría del instinto que se caracterizaba por los instintos de exploración, pela,
engendrar, criar y demás. Consideraba que los instintos eran fuerzas motivacionales
irracionales e impulsivas que orientaban a la persona hacia una meta en particular.
Así, los instintos (y sus emociones asociadas) explicaban la calidad dirigida a las
metas inmediatamente evidentes en la conducta humana. La diferencia significativa
entre ambas era la afirmación algo extrema de McDougall en cuanto a que sin los
instintos, los humanos no iniciarían acción alguna, sin estos “motivadores primarios”,
los seres humanos serían masas inertes. Una vez que los investigadores adoptaron al
instinto como gran teoría de la motivación, la siguiente tarea se convirtió en
identificar cuantos instintos poseía el ser humano. Rápidamente, las cosas se salieron
de control. La doctrina del instinto se volvió desesperadamente especulativa a medida
que las diferentes listas de instintos crecieron hasta alcanzar los 6 000. Además, se
reveló que la lógica que subyace a la teoría del instinto era circular (aquella que
intenta explicar una observación en términos de sí misma). Para el teórico, este es el
peor tipo de circularidad: la causa explica la conducta (instinto → conducta), pero se
utiliza a la conducta como evidencia de la causa (conducta → instinto).
● Pulsión: Introducido por Woodworth en 1918, surgió a partir de una biología
funcional, una que comprendía que la función de la conducta era satisfacer las
necesidades corporales. A medida que se daban los desequilibrios biológicos (falta de
alimento, agua, sueño), los animales experimentaban estas deficiencias corporales, en
términos psicológicos, como “pulsiones”. Esta motivaba cualquier conducta que
sirviera para satisfacer necesidades del cuerpo.
★ Teoría de la pulsión de Freud: Freud creía que toda conducta era motivada y
que el propósito de la conducta era estar al servicio de la satisfacción de las
necesidades. Su percepción del SN era que los impulsos biológicos (hambre)
eran condiciones recurrentes constantes e inevitables que producen
acumulaciones de energía dentro del SN. Cada acumulación de energía
alteraba la estabilidad del Sn y produce una incomodidad psicológica
(ansiedad). La pulsión surgía como especie de sistema de alarma que advertía
de la necesidad de tomar acción. La conducta estaba al servicio de las
necesidades corporales y la ansiedad (pulsión) actuaba como especie de
intermediario para garantizar que la conducta sucediera en la forma y
momento necesarios para asegurar la comodidad del cuerpo. Freud (1915)
resumió su teoría de la pulsión con cuatro componentes: fuente, ímpetu, fin y
objeto. La fuente de la pulsión se encontraba arraigada en la fisiología del
cuerpo. Una vez que se alcanzaba un nivel de umbral de urgencia, la
deficiencia corporal se convertía en pulsión psicológica. La pulsión tenía
propiedades motivacionales porque contaba con un ímpetu (fuerza) que
poseía el fin de la satisfacción, que era la eliminación de la deficiencia
corporal subyacente. La satisfacción de la deficiencia corporal acallaba la
pulsión/ansiedad. La teoría de la pulsión de Freud se vio sujeta al menos a tres
críticas: 1) una sobreestimación relativa de la contribución de las fuerzas
biológicas a la motivación (relativa subestimación de los factores relacionados
con el aprendizaje y la experiencia; 2) una dependencia excesiva en datos
tomados de estudios de caso de individuos perturbados; y 3) ideas que no era
científicamente comprobables.
★ Teoría de la pulsión de Clark Hull: Para Hull (1943, 1952), la pulsión era una
fuente de energía de reserva compuesta de todas las deficiencias/alteraciones
actuales del cuerpo. Las necesidades particulares de alimento, agua, sexo,
sueño y demas se sumaban para constituir una necesidad corporal total. Para
Hull, la motivación (pulsión) tenía una base puramente fisiológica y las
necesidades corporales eran la fuente máxima de la motivación, su
característica más destacada es que la motivación se podía predecir antes de
que ocurriera. La pulsión era una función monotónica creciente (necesidad que
va creciendo) de la necesidad corporal total, en sí misma era una función
monotónica creciente de las horas de privación. El hecho de que se pudiera
conocer la pulsión a partir de las condiciones ambientales antecedentes, marcó
el comienzo del estudio científico de la motivación. Aunque la pulsión
energiza la conducta, no la dirigía. Los hábitos que guían la conducta
provenían del aprendizaje y este ocurría en consecuencia del reforzamiento. Si
una respuesta se seguía rápidamente de una reducción en la pulsión, sucedía el
aprendizaje y el hábito se veía reforzado. Cualquier respuesta que reducía la
pulsión producía una reducción de la pulsión en esa situación particular.
Hull desarrolló la siguiente fórmula: sEr = sHr × D.
E: fuerza de la conducta (potencial excitatorio)
H: fuerza del hábito (probabilidad de una respuesta particular de reducción de
la pulsión en presencia de una respuesta particular de reducción de la pulsión
en presencia de un estímulo particular).
D: es la pulsión.
Los aspectos observables de la conducta: correr, persistir y demás se denotan
por E; las variables H y D se refieren a las causas subyacentes e inobservables
de la conducta. El signo de multiplicación es importante en cuanto a que la
conducta sucedió únicamente cuando el hábito y la pulsión se encontraban en
niveles diferentes de cero.
Más adelante, Hull (1953) amplió su sistema de conducta más allá de H x D
para incluir una tercera causa: la motivación incentiva, abreviada K, el valor
incentivo de un objeto meta (su calidad, su cantidad o ambos) también
energizaba al animal.
sEr = sHr × D × K
Tanto D como K eran términos motivacionales, su diferencia era que D estaba
arraigada en la estimulación interna a través de alteraciones corporales,
mientras que K se encontraba arraigada en la estimulación externa.
★ Ocaso de la teoría de la pulsión: Estas teorías dependen de tres suposiciones
fundamentales: 1) la pulsión surge a partir de las necesidades corporales, 2) la
pulsión energiza la conducta y 3) la reducción de la pulsión era reforzante y
producía aprendizaje. Estas suposiciones revelaron tanto sustentaciones como
limitaciones. Primero, algunos motivos surgían sin una necesidad biológica
correspondiente, la motivación podía surgir a partir de fuentes distintas de las
propias alteraciones corporales. Segundo, las investigaciones reconocieron que
había fuentes externas (ambientales) que podían energizar la conducta. Y
tercero, el aprendizaje frecuentemente sucedía sin ninguna experiencia
correspondiente de reducción de la pulsión. A la larga, se hizo patente que la
reducción de la pulsión no era ni necesaria ni suficiente para que sucediera el
aprendizaje.
● Años posteriores a la teoría de la pulsión: Las décadas de 1950 y 1960 fueron
transición en el estudio de la motivación. Se decidió reemplazar a la teoría de la
pulsión por una cuarta gran teoría: incentivo y activación. El incentivo es un suceso
externo (o estímulo) que energiza y dirige las conductas de aproximación o
excitación. La teoría de la reducción de la pulsión afirmaba que las personas se veían
motivadas por pulsiones que los empujaban hacia los objetos metas particulares.
Nótese que la motivación principal no es reducir la pulsión sino, más bien, aumentar y
mantener un contacto con los estímulos atractivos. Adoptaron el concepto del
hedonismo, que en esencia postula que los organismos se aproximan a señales de
placer y evitan señales de dolor. A través del aprendizaje, las personas formaban
asociaciones de los objetos ambientales gratificantes y que, por tanto, merecían
respuestas de aproximación y que otros objetos infligían dolor y, por tanto, merecían
respuestas de evitación. Las teorías del incentivo ofrecían tres nuevas características:
1) nuevos conceptos motivacionales, como incentivos y expectativas, 2) la idea de que
los estados motivacionales podían adquirirse mediante la experiencia más que sólo a
través de la biología y 3) una imagen de la motivación que destacaba los cambios
momento a momento (porque los incentivos ambientales pueden cambiar de un
momento a otro). El descubrimiento que fundó las bases para esta transición provino
de un hallazgo neurofisiológico de un sistema de activación en el tallo cerebral
Mini Teorías
Las mini teorías limitan su atención a fenómenos motivacionales específicos: Estas teorías
buscan comprender o investigar: Fenómenos motivacionales, circunstancias particulares que
afectan la motivación, grupos de personas y preguntas teóricas. Una mini teoría explica parte,
pero no la totalidad, de la conducta motivada.
● Naturaleza activa de la persona: La motivación era el estudio de lo que energizaba
lo pasivo. Las personas siempre se estaban involucrando con las cosas y haciendo
algo. Las personas eran inherentemente activas, siempre motivadas. Un psicólogo
motivacional de mediados de siglo lo expresó de la siguiente manera: “una teoría
motivacional sólida debería... suponer que la motivación es constante, interminable,
fluctuante y compleja, y que es una característica casi universal de prácticamente todo
estado organísmico de las cosas” (Maslow, 1954)
● Revolución cognitiva: Los primeros conceptos motivacionales: pulsión,
homeostasis, activación, estaban basados en la biología y la fisiología. El estudio
contemporáneo de la motivación sigue conservando esta alianza con la biología, la
fisiología y la sociobiología, pero esta tendencia cambió a principios de la década de
1970 cuando el Zeitgeist de la psicología (es decir, el “clima intelectual” de la época)
dio un giro decididamente cognitivo. Los investigadores de la motivación comenzaron
a resaltar la importancia de los procesos mentales internos. Algunos de los constructos
motivacionales mentalistas que emergieron incluyeron los planes (Miller, Galanter y
Pribram, 1960), las metas (Locke y Latham, 1990), las expectativas (Seligman, 1975),
las creencias (Bandura, 1977), las atribuciones (Weiner, 1972) y el autoconcepto
(Markus, 1977). La revolución cognitiva complementó el movimiento emergente del
humanismo. Los psicólogos humanistas tildaban las teorías preponderantes de
motivación de la década de 1960 como francamente deshumanizadas.
Era contemporánea
● Un nuevo paradigma: El paradigma que ha surgido durante el siglo xxi para el
estudio de la motivación está poblado de múltiples perspectivas (mini teorías de la
motivación) y de una variedad de voces (p. ej., figura 2.2), cada una de las cuales
contribuye con una pieza distinta del rompecabezas al estudio de la motivación y la
emoción. Cada agente motivacional, necesidades, cogniciones, emociones y sucesos
externos, interactúan entre sí y se influyen unos a otros. El nuevo paradigma de la
motivación es uno en el que la conducta se ve energizada y dirigida no por una única
gran causa, sino, en lugar de esto, por una multitud de influencias de diversos niveles
interrelacionadas. Algunos teóricos argumentan que “el estudio de la motivación
humana es el estudio de las necesidades humanas y de los procesos dinámicos que se
relacionan con dichas necesidades” (Deci, 1980, p. 31). Los teóricos de orientación
emocional argumentaban que “las emociones son el sistema motivacional principal”.