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Reflexiones sobre el discernimiento espiritual

El documento presenta varios artículos, incluyendo una historia hindú sobre el Brahmín Utanga y su encuentro con Krishna, que destaca la importancia de ver más allá de las apariencias. También se discute el discernimiento en la Filocalia, enfatizando su papel en la vida espiritual y la oración. Además, se incluye un cuento egipcio sobre Kiu, el gato del faraón, que ilustra las consecuencias del orgullo y la inevitable justicia divina.

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Reflexiones sobre el discernimiento espiritual

El documento presenta varios artículos, incluyendo una historia hindú sobre el Brahmín Utanga y su encuentro con Krishna, que destaca la importancia de ver más allá de las apariencias. También se discute el discernimiento en la Filocalia, enfatizando su papel en la vida espiritual y la oración. Además, se incluye un cuento egipcio sobre Kiu, el gato del faraón, que ilustra las consecuencias del orgullo y la inevitable justicia divina.

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HASTINAPURA

diario para el alma


Año 20, Número 115 – Marzo Abril 2019
Índice
Historia del Brahmín Utanga (II).........................................................................1
El discernimiento en la Filocalia (ii).....................................................................3
Kiu, el gato del faraón...........................................................................................5
Jesús enseña en Arameo (I)...................................................................................7
Las seis cualidades del discípulo.........................................................................10

Historia del Brahmín Utanga (II)


—Una historia hindú—
Ada Albrecht
Del libro “Satsanga”
Callóse Krishna, retomando su figura normal. Entonces, Utanga dijo:
—¡Oh, Achyuta (Señor Inmutable)! ¡Perdona mis palabras de soberbia y
desconocimiento! Luego de haber visto tu verdadera naturaleza de Rey del
Cielo, en verdad me avergüenzo de mis palabras...
Sonrió Krishna, y le dijo ya al partir:
—Quiero, justísimo Utanga, concederte un don. Pídeme, y lo tendrás.
—¿Qué don —respondió su amigo— puede ser superior al que acabo de
tener, o sea verte con tu verdadera naturaleza? No... nada quiero, divino
Vâsudeva (Krishna)... nada más... Lo que he visto de Ti, dará resplandor a mi
vida hasta en el momento de mi muerte...
Mas, como Krishna insistiera, dijo entonces, humildemente el brahmín.
—Dame el don de poder hallar agua en mis continuas peregrinaciones por
las selvas, siempre que tenga sed.
—Así será —repuso Krishna. Y saludando a su amigo, continuó viaje hacia
el reino de Dwarka.
* * *
Transcurrió un largo tiempo, y cierta vez, el viejo Utanga llegó hasta un
desierto. La desolación reinaba por todas partes. Había llegado hasta allí
procedente de un monasterio, al cual fuera a rendir tributo, pues tenía fama de
ser lugar santo.
—No tengo agua para beber —se dijo—, y estoy sediento.
Luego, como recordara el don que Krishna le había conferido; quiso
hacer uso de él.
En el preciso instante en que pensara en ello, apareció delante suyo la
figura de un chandala seguido por varios perros. Sabido es que un chandala es
un ser despreciado por la casta de los brahmines, pues conviven entre los
cadáveres de los cementerios, hallándose siempre sucios, y teniendo costumbres
totalmente opuestas a la moral y la santidad de la casta sacerdotal.

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Llevaba, sin embargo, el pobre paria, una cantimplora de agua a sus
espaldas, de modo que, sentándose frente al sediento brahmín, le dijo:
—Pareces necesitar del agua que llevo. Yo te daré de beber.
Ante esta declaración, Utanga se sintió profundamente disgustado.
—No —contestó—. No tengo sed, de modo que no beberé de tu agua.
Puedes seguir tu camino. Gracias.
Por dentro, el buen religioso pensaba que Krishna le había conferido un
don bastante extraño.
—¿Cómo me envía agua con un chandala? —se decía—. ¿No sabe él que
soy un brahmín?
Y mientras estos pensamientos llenaban su mente, el nishada —o
chandala— en cuestión no cesaba de instarle una y otra vez para que bebiera de
su cantimplora. Mas, como Utanga siguiera en su negativa cada vez más
enfadado, el chandala se puso de pie desapareciendo junto con sus perros.
—¿Cómo ha desaparecido de ese modo? —preguntóse entonces Utanga—.
Ha dado unos pasos, y luego se ha esfumado. ¿Qué clase de prodigio es este?
¡Oh! —agregó entristecido—, ha sido una prueba del Divino Vasudeva. Por
observar la forma en que llegaba hasta mí el preciado líquido, lo he perdido,
demostrando así mi falta de sabiduría. Dios mío, aun estoy sujeto al mundo de
Mâyâ, la Gran Ilusión, aun me ciegan nama y rûpa (el nombre y la forma de las
cosas), aun no alcancé la visión de la Realidad Una.
Y diciendo esto, echóse sobre la tierra, a llorar como un niño.
Krishna entonces, tan entristecido como él, se hizo presente delante suyo:
—Sí —le dijo—, has fracasado en la prueba, noble Utanga, mas no te
desesperes, que vencerás en otras futuras. Te contaré lo que ha ocurrido: quise
conferirte el preciado licor del amrita celeste (el licor de la inmortalidad), y a tal
fin pedí a Indra que te lo diera. Celoso del mismo, el Jefe de las Legiones
Celestiales me respondió que es bebida que puede ser tomada tan sólo por
aquellos cuyas almas perfectas están capacitadas para merecer la Inmortalidad.
Yo le hablé de tu sabiduría, mas Indra pensó que ella debía ser probada, y que te
sería conferido el amrita si sabías ver la Realidad existente más allá de las meras
apariencias... Dispuso así que fuera un Deva, disfrazado de chandala, quien te
alcanzara el divino licor, mas tú lo despreciaste pese a su insistencia... Aprende
entonces, Utanga, en el futuro, a ver lo Uno en todo, y alcanzarás la meta
espiritual que deseas. Poco es lo que te falta, y yo estaré siempre a tu lado,
guiándote con mis enseñanzas.
Dicho lo cual, Krishna desapareció, dejando el corazón de Utanga, pese a
lo que había acontecido, de nuevo brotado de esperanzas.

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El discernimiento en la Filocalia (ii)


por Norma Novoa
Evagrio Póntico, en su Tratado de la oración enseña:
“Si Moisés, tratando de acercarse a los arbustos que ardían, no pudo
hacerlo hasta tanto no se hubo quitado el calzado de los pies, tú que quieres ver
a Aquel que supera todo sentido y todo pensamiento, y conversar con Él, ¿cómo
no te desprenderás de todo pensamiento pasional?... Quien ama a Dios,
conversa siempre con El como un Padre, despojándose de todo pensamiento
afectado por una pasión”.
El análisis de los pensamientos constituye una de las mayores
contribuciones de Evagrio para la senda espiritual. Enseña que monje es aquél
que para estar enteramente disponible en la búsqueda de su único fin, la
contemplación de Dios, se aleja del mundo. Renuncia a todos los quehaceres
humanos que son fuente de división y agitación, para establecerse en la calma
que procura la soledad. Pero todo esto no basta para alcanzar la contemplación
divina. En la soledad no desaparecen los pensamientos que son los que ponen
en movimiento las pasiones. Libre de la lucha exterior, el monje se enfrenta con
el difícil combate interior o inmaterial, y éste debe ser salvado por la vida
ascética, que es el método más eficaz contra los pensamientos. En su Tratado de
la oración expresa:
“Pugna para que tu espíritu, en el tiempo de la oración, sea sordo y mudo.
Entonces podrás orar… La oración es un retoño de la mansedumbre y de la
ausencia de cólera… La oración es fruto de la alegría y de la acción de gracias…
La oración es defensa contra la tristeza y el abatimiento… A veces, en cuanto te
pongas en oración orarás bien. Otras veces, aunque te esfuerces mucho no
alcanzarás tu objeto. Esto último te sucede para que busques más y, una vez que
halles, guardes inviolablemente lo que hallaste… ¿Qué hay de bueno fuera de
Dios? Por lo tanto, entreguémosle todo lo que tenemos y nos hallaremos bien.
Él, que es plenamente bueno, nos regala con sus bienes… La oración es una
ascensión del espíritu hacia Dios... Si deseas ardientemente orar, renuncia a
todo para recibir Todo.”
El gran Padre Antonio ha dicho ¿Qué es lo que hace desviar del recto
camino? A su entender, esto depende de la falta del carisma de discernimiento.
Es el discernimiento el que enseña al hombre a caminar por la vida recta,
dejando todo exceso de un lado y del otro. “El discernimiento es una especie de
ojo y de lámpara del alma”. Y efectivamente es así:
“Porque el discernimiento, escrutando todos los pensamientos y las obras
del hombre, distingue y separa todo lo que es malo y poco grato a Dios, alejando
del hombre el engaño. Y esto lo aprendemos también de lo que nos narran las
Sagradas Escrituras.”
También Pedro Damasceno, en el “Argumento del libro” define al
discernimiento:
“En toda acción necesitamos del discernimiento, para saber evaluar cada
cosa según las circunstancias. El discernimiento es una luz que indica, a quien la
posee, el momento, la acción, la ejecución, la fuerza, el conocimiento, la

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potencia, la fe, la disposición íntima, etc. en fin, la conducta, la libertad de
acción, la vigilancia y otras cosas del mismo género. Luego también la
naturaleza de las cosas, su uso, la cantidad, las formas y el sentido de cada
palabra de Dios que está en las Sagradas Escrituras, el sentido de cada una de
las expresiones”
En los capítulos sobre la perfección espiritual Diadoco de Foticé expresa:
“El auténtico conocimiento consiste en discernir sin error el bien del mal;
cuando esto se logra, entonces el camino de la justicia, que conduce al alma
hacia Dios, Sol de justicia, introduce a aquella misma alma en la luz infinita del
conocimiento, de modo que, en adelante, va ya segura en pos de la caridad… La
sensibilidad del espíritu consiste en un gusto acertado, que nos da el verdadero
discernimiento”.
Discerniendo sin error lo bueno de lo malo, nuestro espíritu, comienza a
prescindir de inútiles preocupaciones, se hace capaz de experimentar la
abundancia de la gracia divina y lo más importante, retener en su mente el
recuerdo del sabor de Dios, para distinguir y quedarse con lo mejor, porque
como enseña Diadoco:
“El mal no tiene existencia natural, ni nadie es malo por naturaleza.
Porque Dios no creó nada malo. Pero cuando uno empieza a desear el mal,
entonces lo inexistente empieza hacerse existente, y tal como quiere aquel que lo
comete. Se debe, pues, con el ejercicio en la memoria de Dios, olvidar y
abandonar la costumbre y disposición al mal. Porque la naturaleza del bien es
más fuerte que el hábito del mal. Esto porque el bien existe, en cambio el mal
no, salvo cuando lo cometemos”.

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Kiu, el gato del faraón


Cuentos Egipcios
por Ada Albrecht
Seth, hermano de Osiris, quien había asumido el cuerpo de un cocodrilo,
era venerado por los sacerdotes. Los cocodrilos eran sumamente amados en las
tierras del Nilo, pues ellos no permitían que los habitantes allende las cataratas,
descendieran a Egipto. Sethcocodrilo, era, sin dudas, temido por éstos.
Sin embargo, pese a recibir la adoración de los sacerdotes, lo que Seth-
cocodrilo anhelaba, era ser perdonado por el Divino Osiris, a quien había dado
muerte.
Él había presenciado la resurrección de este Dios del Cielo, y desde su
casa de agua, veía las fiestas que hacían en Su honor los habitantes de los dos
Egiptos. Seth siempre lloraba y se lamentaba, recordando el día funesto en que,
llevado por el odio, encerrara el cuerpo de su hermano Osiris en un fatídico
cofre y lo lanzara a la mar.
Así, en medio de lamentos, pasaban los años y los siglos para Seth.
Pero ocurrió que cierta vez, en el cielo, se dibujó algo extraño y poco
común para las tierras de Egipto, y esto era la diminuta silueta de una nube.
—¿Será un ala del Cielo? —se dijo Seth. —¿Será acaso un pájaro sagrado
que viene a traerme el perdón de mi hermano?
Y fue tan grande su regocijo, tan inmensa su ansiedad por recibir ese
perdón, que Seth salió del Nilo saltando arrebatadamente hacia lo alto.
El misterio cubrió con sus velos lo acontecido y nadie supo qué sucedió;
sólo que a partir de ese episodio, el ibis real, hizo su aparición por primera vez
sobre las tierras del Nilo. Ave blanca con manchas negras, fue símbolo desde ese
momento, del alma de todo pecador que intenta desesperadamente abrazarse a
la pureza. A veces algunos bienaventurados lo logran, y de esto dan fe esas otras
clases maravillosas de ibis blancos ya sin máculas que, extendiendo sus alas,
sobrevuelan con suavidad exquisita, los vastos espacios de la tierra de Egipto.

KIU, EL GATO DEL FARAÓN

Bastet o Mau, el gato, era animal consagrado a la Luna, símbolo de la


Madre Isis. Si alguien daba muerte a uno de estos animales, era condenado a
morir torturado.
Kiu, el gato del Faraón Khermer, se hallaba muy orgulloso de su
condición de gato. Kiu solía decirse a sí mismo:
—En estas tierras del Nilo, nosotros, los gatos, podemos hacer cuanto
queramos, ya que nadie puede tocarnos sin que el castigo les golpee. Somos los
seres más importantes de la Tierra.
Un día, el mismo Faraón Khermer, paseando por la ribera del Nilo, vio
cómo su gato Kiu, agazapado entre unas rocas, levantaba con las uñas de sus
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patas a uno de los peces considerados sagrados, y lo devoraba, sin hambre; sólo
para hacer valer su condición de dios egipcio.
El Faraón, que lo observaba, llamó entonces a sus sirvientes,
ordenándoles que tomaran al gato y lo depositaran en una de las salas del
palacio. Ordenó que la misma fuera cerrada con llaves, y que sólo una vez por
día se abriera para alimentar y asear a Kiu.
Y así pasaron los años. Un día, Kiu ya no fue por su alimento. Siempre
había odiado el cautiverio, y ese día la tristeza arropó su corazón con los oscuros
mantones de la muerte.
—Nadie escapa al castigo de la Ley —dijo el Faraón—, ni siquiera Kiu, mi
querido Kiu.
Así, el alma de Kiu dejó su cuerpo felino, y poco después renació en el
cuerpo de la serpiente Gon, hija de Apap, que poblaba el Alto Egipto. Es sabido
que los egipcios odiaban a Apap, y mataban a sus vástagos a pedradas y con
palos, otorgándoles una muerte miserable.
—Realmente, sabio Khermer —se dijo el alma de Kiu— nadie puede
escapar al castigo, hijo del orgullo. Los Dioses me han dado ahora este cuerpo
de serpiente, y estoy aprendiendo la lección. Ni aún los Dioses egipcios podemos
escapar a la Ley del Gran Osiris, que a gatos sagrados y a hombres, por el medio
que sea, miel o vinagre, beso o castigo, nos orienta hacia las Tierras donde
moran los seres ya purificados y perfectos.
Con el paso de muchas vidas, el alma de Kiu se fue purificando de toda
mácula de orgullo. Finalmente, ya libre de todo mal, ascendió, inmaculada, al
Reino de los Seres Bienaventurados

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Jesús enseña en Arameo (I)


Por Héctor Ituarte

“Nadie es bueno, excepto el Dios Único


(Had Alahá)”. Lucas 18,19.

Desde nuestros primeros días en Hastinapura hemos intentado


comprender el sentido del universalismo, que es uno de los principios que
animan, en sentido etimológico, “dan vida” a nuestro camino. El estudio de
religiones comparadas, la reflexión sobre la enseñanza de la metafísica no-dual,
la frecuentación de los textos sagrados profundizando en su núcleo místico, la
sadhana de la meditación, nos van sumergiendo en la tradición unánime,
expresada bellamente por las palabras del Rig Veda: “es Uno, pero los hombres
lo llaman con muchos nombres”.
Otro modo de acercamiento tiene relación con el lenguaje del que se
valieron los Maestros para enseñar. Saber qué idioma y qué palabras emplearon
en sus instrucciones nos conduce hacia las fuentes originales, anteriores a las
compilaciones y traducciones a otras lenguas que las que efectivamente
hablaron. A veces quedan huellas en esas traducciones del lenguaje original. Por
ejemplo, los evangelistas conservaron algunas palabras en arameo en la versión
griega de las palabras de Jesús. Sin embargo, el arameo que hablaba Jesús fue
casi en su totalidad convertido en griego en la versión que nos ha llegado de los
Evangelios. Aún así es posible rescatar las palabras originales de Jesús a partir
de la escritura que actualmente emplean las iglesias cristianas de rito siríaco,
conocida como Pshittá.
La Pshittá o Peshitá es una versión aramea de la Biblia completa que
tenemos desde el año 616, editada en Egipto por Tomás de Heraclea, revisada
más tarde por Policarpo y cuyo Evangelio en arameo ha sido reconocido como
canónico por la Iglesia. Tampoco sabemos en qué medida es fiel a las palabras
de Jesús, pero podemos escuchar como él se expresa en arameo de un modo fiel
a la cosmovisión semita a la que perteneció, de modo que un árabe o un judío
comprenderán mejor a Jesús hablando en una lengua de su tradición que
traducido al griego.
El arameo, “de la tierra de Aram” (Siria), pertenece al grupo de las
lenguas semitas, como el árabe y el hebreo, y es un idioma con 3000 años de
historia. Era la lengua de Asiria y su predominio más alto se da hacia el 500 a.C.
cuando Darío lo establece como lengua oficial de la mitad occidental del imperio
persa aqueménida. Los burócratas de Babilonia ya lo empleaban y el decreto de
Darío le da un fundamento sólido y se estandariza como arameo imperial,
también llamado arameo bíblico o arameo oficial. Perdurará hasta el siglo II
d.C. A partir de este arameo imperial se forman diversos dialectos en distintas
zonas de Oriente. El idioma que empleaba Jesús en sus enseñanzas se conoce
como arameo galilaico o arameo galileo. En su época en Israel y los centros
urbanos se hablaba el hebreo, el arameo y el griego. Se cree que el hebreo podía
ser el lenguaje local, el arameo el idioma internacional del Oriente Medio y el

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griego el lenguaje administrativo del Imperio Romano. Actualmente se habla
arameo en tres pequeños pueblos de Siria, cerca de Damasco, el más conocido
de los cuales es Malula, escarpado en la roca con las casitas pendiendo del
acantilado, con una población que no llega a los 3000 habitantes. Los otros dos
pueblos son Bakha y Jubbadin donde se habla también el arameo occidental
moderno que desciende del que hablaba Jesús, de modo que estos pueblos se
han vuelto importantes para los estudios antropológicos lingüísticos.
Las palabras de Jesús en arameo tienen otro sabor, otra musicalidad, una
cadencia relacionada con la cosmovisión semita que es muy distinta de la griega.
Los idiomas semitas como el árabe y el hebreo son más entrañables y viscerales
que el griego lógico e intelectual. Por eso consideramos importante ver qué
palabras empleó Jesús para decir Dios, corazón, salvación, vida, misericordia,
bendición, etc. Además como mencionamos al comienzo, si un musulmán
escucha las enseñanzas en arameo le resulta más fácil de entender porque el
árabe y el arameo son hermanos y tienen las mismas raíces. Numerosas veces la
traducción griega no puede evocar con énfasis el sentido de una enseñanza de
Jesús. Por lo tanto intentemos comprender a partir del idioma original, lo que
nos permitirá compartir fielmente con nuestros hermanos judíos, musulmanes y
cristianos el mensaje de Jesús.
Por ejemplo ¿cómo se refería a Dios Jesús en arameo? Veamos algunas
de las palabras que emplea. La más conocida, que los evangelistas dejaron tal
cual, es Abbá, Padre, o Abbi, mi Papá, más cercana aún. Esta palabra también
significa “fuente, creador”, y así se utilizaba en la comunidad de Qumrám, y es
posible que así se comprenda en árabe, ya que el Judaísmo y el Islam no
personalizan a Dios. La identificación de Jesús como hijo de Dios es exclusiva
del Cristianismo. Las otras tradiciones entenderán a Jesús diciendo “mi fuente,
mi creador” cuando él dice Abbá. Pero Jesús la mayoría de las veces llama a
Dios con la palabra que usaba cualquier arameo-parlante de la época, que es
Alahá. En la Pshittá, Jesús se refiere a Dios como Alahá 163 veces. Y no sólo
Jesús, sino los personajes evangélicos mencionaban a Dios como Alahá. Está
clara la semejanza de Alahá con el árabe Allah. Estas palabras, así como El,
Elah, Elohim, proceden de una raíz común semita que significa “fuerza,
potencia”. A veces en la Pshittá, el sustantivo Alahá va con el adjetivo Uno, Had,
que para los musulmanes es uno de los nombres de Allah (al-Ahad). En el
evangelio de Lucas, 18,19 leemos:
Nadie es bueno excepto el Dios Único (Had Alahá)
Los judíos, Jesús y los musulmanes han predicado la Unidad y Unicidad
Divina como el atributo definitivo de Dios.
Cuando a Jesús un escriba le pregunta por el primero de los
mandamientos, él responde:
“Escucha Israel: El Señor nuestro Dios, Él es el Señor Único.”
Que en arameo es “Marya Alahan Marya had hu”.
Y aquí Jesús emplea otro nombre de Dios, que es El Marya, que se halla
también en otras ocasiones en los evangelios. Esta palabra que se traduce como
Señor, deriva de una raíz a-m-r que en árabe da el vocablo amr que significa
“mandato creador, orden de Dios”. Pero hay que entender que en árabe, amr, no
es sólo algo que se dice, sino algo que por haber sido dicho se materializa, se

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torna existente. En Dios, su desear precede a su decir que a su vez precede a la
existencia de algo. Si la cosa existe es porque ha sido querida por Dios, y no hay
nada querido por Dios que no exista. Por lo tanto equivale a Palabra Creadora
en el sentido del Logos o Verbo, A veces la traducción Señor no conlleva toda la
potencia de sentido que tiene El Marya.
Otro Nombre de Dios que emplea Jesús es El Sustentador, Rabbá. En
Mateo 13,8 dice:
“Porque Él es Uno (Had), vuestro Sustentador(Rabjan).”
La raíz trilítera correspondiente es RB-B que en los lenguajes semitas
indica “algo que marca la dirección que una criatura ha de llevar en su
crecimiento”. Esta raíz en hebreo y en arameo se usa con el sentido de “crecer,
madurar, multiplicarse”. Jesús la emplea cuando nos dice que veamos cómo
crecen los lirios del campo, cuando habla de que la semilla de mostaza “creció
grande”, y en la parábola del sembrador cuando habla de “la semilla que cayó en
tierra buena y creció y dio frutos”. Pero no sólo se aplica a los vegetales: Lucas
dice que Juan crecía y se fortalecía con el Espíritu y que crecía en estatura,
sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres. El Rabb de una criatura es lo que
lo hace crecer hasta llegar a su plenitud; es la guía invisible en su proceso de
crecimiento hacia sí misma. Entonces Dios, como Sustentador, como Rabb es lo
que hace ser a una cosa lo que es. Y esto bien comprendido quiere decir que en
toda tu existencia no haces sino manifestar a Dios en tanto Él es tu Rabb
interior. Tú llegas a ser según Dios te va haciendo ser. El Rabb que te ha hecho
no es un Señor extraño, sino que es más tuyo que tú mismo. El Rabb es la
verdad última que te sirve de soporte y te sostiene y te estructura, tu naturaleza
más íntima, Dios en ti que te guía desde el corazón.

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Las seis cualidades del discípulo


por Claudio Dossetti
Nos ha enseñado nuestra Maestra que de acuerdo a la escuela mística de
la India llamada Vedânta Advaita, el discípulo debe posee seis cualidades
esenciales a fin de poder ir acercándose poco a poco a la bienaventurada Unión
con Dios.
Estas cualifesdes son: 1) Shâma (serenidad de la mente); 2) Dama
(control de los sentidos); 3) Uparati (recogimiento);
4) Titikshâ (paciencia); 5) Samâdhâna (mente absorta en Dios); y 6)
Shraddhâ (fe en las Escrituras y en el Guru).
Las definiciones dadas a continuación
—que están en letra cursiva— se hallan basadas en las que aparecen en el
Vivekachûdamâmi de Sri Sankaracharya.
1) Shâma (serenidad de la mente): Es la serenidad que nace de fijar la
mente continuamente en Dios. Esto significa que la serenidad no es algo que
podamos adquirir como si se tratara de algún objeto, sino que es el resultado
natural que nace de posar la mente en Dios. Así como la sed se va cuando
bebemos agua, de modo similar, la inquietud de la mente se va cuando bebemos
el agua del recuerdo de Dios; no hay otro modo. Al mismo tiempo, al haber una
mayor cercanía con lo Divino, hay una menor inclinación hacia las cosas del
mun-do. Esto es, la mente comienza a sentir un cierto rechazo a comprometerse
con lo pasajero, y comienza a ser feliz pensando en lo Eterno. Shâma se da
dentro de nosotros mismos; es un estado interior alumbrado por el recuerdo de
Dios. En lugar de deleitarse en las noticias del mundo, en lugar de invocar y
frecuentar malos recuerdos, en vez de preocuparse en exceso por cosas
cotidianas, la mente empieza a buscar refugio en Dios; ese refugio brinda paz;
esa paz da serenidad; y esa serenidad es Shâma.
2) Dama (control de los sentidos): Es mantener los sentidos
sosegados. Consiste en retirar los órganos de los sentidos de sus objetos y
hacerlos descansar en nuestro propio interior, es decir, mantenerlos recogidos.
Shâma (serenidad), es enteramente interna; en cambio Dama (mantener los
sentidos sosegados), es externo e interno al mismo tiempo, ya que los sentidos
tienden a ir hacia afuera, pero a la vez tienen su morada en nuestro interior .
Dama es evitar que los sentidos se “desparramen” —por así decir—, en el
variado bosque conformado por las cosas del mundo. Es evitar que ellos se
comporten como niños caprichosos, yendo hacia donde más les agrada, sin
discriminar si ello es bueno o no para el alma. Dama es enseñar a los sentidos a
ir hacia lo que es bueno y auspicioso. Por ejemplo, el hecho de evitar caer en
conversaciones vanas es una forma de practicar Dama. Y también lo es el hecho
de tratar de que nuestras palabras —en lo posible— se hallen consagradas a
hablar sobre Dios, o a sembrar la concordia, o ayudar a quienes tenemos cerca.
Al mismo tiempo, Dama es buscar el modo de hacer que los sentidos se tornen
sosegados, esto es, que se vuelvan menos “salidores”; que aprendan a quedarse
dentro de sus casas, es decir, que aprendan a vivir con paz y serenidad;
expresado de otro modo, que el oído se dedique más bien a permanecer en
quietud y dedicado a escuchar las enseñanzas sagradas, que la vista sea menos
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movediza y se consagre a contemplar las formas divinas, y aquello que es bueno
para el alma.
3) Uparati (recogimiento): Consiste en que la mente deje de estar
afectada por los objetos externos. Uparati, en parte, nace de Dama (sosiego de
los sentidos), ya que cuando los sentidos se purifican y recogen, la mente
también lo hace. De algún modo es perder el interés en las cosas temporales, y
consagrarse a las divinas. Por ejemplo, el permanecer absorto en el estudio de
un Libro Sagrado, durante un retiro espiritual, alejado de las noticias
provenientes del mundo, y al mismo tiempo dedicar tiempo a la oración y la
meditación, es, en cierto modo, una expresión de Uparati. Sin embargo, no
debemos confundir Uparati con una indiferencia hacia las necesidades de los
seres que nos rodean. Por el contrario, el hecho de permanecer recogidos en
nuestro propio corazón —que es la morada de Dios en nosotros—, debería
manifestarse en la forma de Amor Universal y Compasión hacia las diversas
criaturas que Dios Mismo pone en nuestra cercanía.
4) Titikshâ (paciencia): Es sobrellevar todas las aflicciones sin
preocuparse por librarse de ellas, y al mismo tiempo, hallarse totalmente libre
de ansiedad y de pena. Titiksha es la paciencia que nace de la confianza en Dios.
En ciertas ocasiones diversas penurias se hacen presentes en nuestra vida. A
veces lo hacen adoptando formas internas, tales como sentimientos de soledad o
tristeza, dudas, idea de vacuidad en la propia vida, confusión, desgano,
agotamiento, sentimiento de abandono, etc.; estos son algunos de los obstáculos
que nuestra propia mente pone en nuestro sendero. También pueden ser
penurias que provienen de fuentes externas, tales como enfermedades, riñas con
otros seres humanos, accidentes varios, etc. En todos los casos deberíamos
tratar de sobrellevarlos con una mente posada en Dios, ya que si los aceptamos
como parte de nuestra vida en el mundo —la cual nos ha sido dada por Dios—,
no sólo no nos harán daño, sino que —al ver en ellos una expresión de la
Voluntad Divina— nuestra alma se verá fortalecida, y esto nos ayudará a
afirmarnos mejor en el sendero espiritual, que es el único real. Es decir, Titiksha
debería ser un modo devocional de incrementar nuestra fe en el Señor, sabiendo
que cada suceso en nuestra vida —sin excepción— nos brinda una posibilidad de
acercamiento a Dios.
5) Samâdhâna (mente absorta en Dios): Es evitar sumergirse en los
pensamientos nacidos de la curiosidad y mantener la mente posada en Dios. De
algún modo Samâdhâna es hacer de Dios el centro de nuestra vida. Si mientras
trabajamos, caminamos, hablamos, estudiamos, comemos, descansamos o nos
aseamos, tenemos la mente posada en el Señor y nuestro corazón inmerso en Él,
siquiera en forma intermitente, de algún modo, nos hallaremos parti-cipando
del estado de Samâdhâna. También es evitar conocer demasiadas cosas del
mundo, porque sabido es que un exceso de palabras, noticias, nombres,
informaciones y sucesos no sólo no ayuda a estar en cercanía con Dios, sino que
nos aleja de Él al llenar nuestro corazón de agitación, angustia e incertidumbre.
En su sentido más elevado Samâdhâna es un fluir de la mente hacia Dios, del
mismo modo en que los ríos fluyen hacia el mar de un modo ininterrumpido.
6) Shraddhâ (fe en las Escrituras y en el Guru): Es aceptar
sabiamente como verdadero aquello que enseñan las Escrituras y el Guru o
Maestro Espiritual. En la oscuridad de la noche, si no tenemos una lámpara, no
podremos ver el sendero por donde transitamos; de modo similar, en la
Año 20 Número 115 – Marzo Abril 2019 11
HASTINAPURA
diario para el alma
oscuridad del mundo, sin la lámpara de la Fe, no podremos ver ni transitar por
el Sendero que nos lleva a Dios. La Fe es un regalo que da Dios a las almas
simples y puras.
* * *
La posesión de estas cualidades —que son verdaderos tesoros espirituales
— hace que nuestra vida cobre un sentido divino y podamos estar siquiera un
poco más cerca de la Conciencia de Dios.
¡Quiera Dios que cada uno de nosotros, en la medida de lo posible, pueda
cultivar estas cualidades, porque son el modo de afirmarnos en el Sendero
Divino!
Om. Paz, Paz, Paz.

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