TRABAJO PRÁCTICO
N°2
Universidad de la Cuenca del Plata. Carrera de Licenciatura en
Psicología.
Materia: Neurociencias II
Prof. Nélida Benítez
Temas a evaluar: Unidad 2-3-4 y 5
Modalidad: Trabajo Práctico grupal
Tipo de actividad: Resolución de problema y Análisis de caso.
Objetivos:
Generales
a. Integrar la neuropsicología en el contexto de la licenciatura
de psicología para la aplicación en la práctica diaria de la
profesión.
b. Conocer y estudiar las funciones psíquicas, superiores y sus
correspondientes trastornos bio- psico -sociales.
c. Comprender las relaciones entre el cerebro, las funciones
psíquicas y la vida de relación.
Específicos
a. Desarrollo de conceptos precisos relacionados a la temática y
a las Neurociencias.
b. Reconocimiento de los distintos trastornos de las funciones
cognitivas y sus manifestaciones clínicas
.
CONSIGNAS:
1. A partir de la lectura de la situación seleccionada, analizar
basados en la teoría, la bibliografía del aula u otra que
considere pertinente.
a. Reconocer las funciones cognitivas que se encuentran
afectadas en el problema y caso.
b. Analizar las manifestaciones clínicas de los trastornos
enmarcados en las funciones psíquicas superiores.
c. Aplicar los conocimientos sobre las caracterizaciones de las
distintas funciones cognitivas.
2. Elaborar un breve informe. El mismo debe contar con:
a. Introducción ( 1 carilla)
b. Desarrollo :
Caso
Análisis del caso
Análisis Interpretativo del caso.
Abordaje terapéutico
c. Conclusión final
c. Bibliografía utilizada
3. Socializar el trabajo con toda la clase de manera oral, con el
apoyo de un dispositivo visual elegido por el grupo.
Paciente mujer de 80 años sin antecedentes psiquiátricos o somáticos de
interés que, de forma insidiosa y progresiva, comienza hace 1 año a
presentar dificultades para nombrar objetos comunes, despistes sobre
acontecimientos recientes, dificultades con el cambio en las compras y
desorientación, con preservación de la conciencia.
Progresivamente el cuadro ha ido también afectando a su memoria de
trabajo y a corto plazo con relativa preservación de memoria intrínseca y de
largo plazo. Tiene una analítica dentro de la normalidad para su edad y una
resonancia magnética cerebral en analítica dentro de la normalidad para su
edad y una resonancia magnética cerebral en la que se objetiva una
importante atrofia cortical con predominio parieto temporal bilateral y
ampliación ventricular importante.
Introducción
El presente informe aborda el caso de una paciente de 80 años que
presenta una serie de síntomas indicativos de una afección cognitiva
progresiva. En específico, se observa un cuadro de afasia anómica,
caracterizado por dificultades notables en la nominalización y el
nombramiento de objetos comunes. Estas alteraciones en el lenguaje son
preocupantes, ya que no solo afectan su comunicación, sino que también
impactan su calidad de vida y autonomía. Además, la paciente ha
manifestado dificultades con la memoria episódica reciente y ha mostrado
un deterioro significativo en su memoria de trabajo, lo cual es crucial para
llevar a cabo tareas diarias y ejecutar planes simples.
Las imágenes obtenidas a través de una resonancia magnética cerebral
revelan una atrofia cortical evidente y una dilatación ventricular
significativa. Estos hallazgos neurorradiológicos son compatibles con
procesos neurodegenerativos, como se detalla en los criterios diagnósticos
del DSM-5, que sugieren un deterioro cognitivo leve, lo que puede implicar
un posible inicio de demencia. En este sentido, la identificación temprana y
el análisis de estos síntomas son fundamentales para implementar un
manejo adecuado, así como para proporcionar orientación a la familia sobre
la evolución del cuadro y las estrategias de intervención necesarias.
La activación sináptica o sinapsal en las estructuras cerebrales afectadas es
un proceso que debe ser estudiado con detenimiento, ya que
comprendiendo cómo se llevan a cabo estas interacciones neuronales, se
puede obtener una visión más completa de la progresión de los déficits
cognitivos. Es fundamental entender que las funciones cognitivas no operan
de manera aislada; son parte de una red más amplia de procesos que
interactúan entre sí. Según José Bleger, un destacado autor en el campo de
la psicología de la conducta, la conducta humana se manifiesta en función
de la interacción entre diversas áreas de la mente y el contexto en el que se
desarrolla. Esto implica que la evaluación de los síntomas debe estar
siempre contextualizada en la historia de vida de la paciente, así como en
las relaciones interpersonales que la rodean.
A partir de este análisis y de los conceptos teóricos pertinentes, se
explorará en profundidad cómo las alteraciones observadas impactan el
funcionamiento diario de la paciente, incluyendo su rendimiento en
actividades cotidianas y su relación con el entorno familiar. Además, se
propondrán pautas para su abordaje terapéutico con el fin de optimizar su
calidad de vida y favorecer una adaptación a su nueva realidad. En este
proceso, es importante no solo considerar las intervenciones cognitivas, sino
también el apoyo emocional, ofreciendo a la paciente y a su familia
herramientas para afrontar los desafíos que conllevan estos cambios.
DESARROLLO
El análisis neuropsicológico de un caso clínico en una persona adulta mayor
representa una oportunidad para explorar de manera compleja las
interacciones entre el envejecimiento cerebral, los procesos
neurodegenerativos y sus consecuencias funcionales y psíquicas. En este
contexto, se presenta el caso de una mujer de 80 años, sin antecedentes
médicos ni psiquiátricos relevantes, que desde hace aproximadamente un
año ha comenzado a manifestar un cuadro de deterioro cognitivo
progresivo. La paciente experimenta dificultades para nombrar objetos
comunes —lo cual podría verse como una forma de afasia anómica siendo
esta la dificultad para encontrar las palabras adecuadas al hablar aun
cuando la persona entiende bien el lenguaje y puede hablar con fluidez—,
episodios de olvidos sobre eventos recientes, desorientación espacio-
temporal y problemas prácticos como el manejo de dinero y la realización
de tareas cotidianas. El cuadro clínico se describe como de inicio insidioso,
es decir, no repentino ni agudo, y con una progresión lenta pero sostenida,
que se ha ido acentuando con el tiempo.
La ausencia de antecedentes clínicos somáticos y psiquiátricos de interés es
un dato relevante que permite descartar factores predisponentes como
antecedentes de accidentes cerebrovasculares, traumatismos craneales,
trastornos depresivos mayores, consumo de sustancias o enfermedades
neuroinfecciosas. La edad de la paciente —80 años— es, por sí misma, un
factor de riesgo crítico en el desarrollo de enfermedades
neurodegenerativas, particularmente del tipo Alzheimer. Según datos
epidemiológicos, el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer se
duplica cada cinco años después de los 65, y alcanza su punto más elevado
en los mayores de 80. No obstante, la vejez no debe confundirse con
deterioro. El envejecimiento normal se caracteriza por ciertos cambios en la
velocidad de procesamiento o la recuperación de información, pero nunca
por la pérdida significativa de la autonomía o la afectación severa de las
funciones psíquicas superiores, como ocurre en este caso.
Desde el punto de vista clínico, la paciente presenta una afectación clara de
la memoria episódica reciente — capacidad para recordar eventos o
experiencias ocurridas hace poco —, así como de la memoria de trabajo
— capacidad de mantener y manipular información por poco tiempo —.
Estas alteraciones comprometen su capacidad para codificar, retener y
recuperar información nueva, lo que interfiere notablemente con su
desempeño cotidiano. No obstante, la paciente mantiene preservada, en
términos relativos, la memoria autobiográfica, es decir, aquella que remite a
hechos lejanos y significativos de su vida personal, un fenómeno común en
las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer. Esta discrepancia entre
tipos de memoria tiene correlato anatómico: mientras que la consolidación
de nuevos recuerdos depende del hipocampo y estructuras temporales
mediales, los recuerdos remotos ya están almacenados en regiones más
difusas de la corteza asociativa, menos vulnerables en las primeras etapas
de la enfermedad.
Junto con la afectación de la memoria, se observa un deterioro del lenguaje
expresivo, en forma de anomia, lo que sugiere una alteración en las rutas
semánticas responsables del acceso al léxico. Esta función está mediada
principalmente por áreas temporales del hemisferio dominante,
particularmente en la región del giro temporal inferior y medio, así como la
unión temporoparietal.
La paciente también presenta dificultades en la planificación de tareas
simples y en la administración del dinero, indicadores de una alteración de
las funciones ejecutivas, — habilidades cognitivas que permiten controlar
y autorregular la conducta — controladas en gran medida por la corteza
prefrontal, en interacción con áreas parietotemporales.
La resonancia magnética cerebral de la paciente muestra signos claros de
atrofia cortical — perdida de tejido cerebral en la corteza, común en
enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, — con predominio
parietotemporal bilateral, así como una ampliación ventricular marcada, lo
que indica pérdida de volumen cerebral. Este patrón topográfico es típico en
la enfermedad de Alzheimer, donde se afecta de manera temprana la
corteza entorrinal, el hipocampo y luego se extiende a regiones
parietotemporales, afectando la red de la memoria episódica y la red de
modo por defecto, implicada en la autorreferencia, la orientación y la
planificación. La dilatación ventricular — Agrandamiento de los
ventrículos cerebrales (cavidades con líquido cefalorraquídeo), lo que puede
indicar pérdida de tejido cerebral o problemas en la circulación del líquido.
También conocido como hidrocefalia ex vacuo— es consecuencia directa de
la pérdida de tejido cerebral y no una causa primaria, lo cual se descarta al
encontrarse una analítica sin hallazgos patológicos.
La preservación del nivel de conciencia es otro elemento diferencial. A
diferencia de cuadros de confusión aguda (como el delirium), que cursan
con fluctuaciones en la atención y el estado de alerta, en este caso la
paciente mantiene la conciencia clara, lo que permite pensar en una
demencia primaria, sin componente tóxico, infeccioso o metabólico de base.
Asimismo, la ausencia de síntomas afectivos mayores como la depresión, la
irritabilidad o la apatía severa, sugiere que no se trata de una
pseudodemencia depresiva, frecuente en la vejez, sino de un síndrome
neurocognitivo genuino.
El diagnóstico clínico más probable, siguiendo los criterios del DSM-5
(Manual diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), es el de un
trastorno neurocognitivo — Disminución significativa en las funciones
mentales llegando a afecta la capacidad de pensar, recordar aprender y
realizar actividades diarias—mayor de tipo Alzheimer. Esta clasificación
requiere un deterioro significativo en uno o más dominios cognitivos, una
interferencia con la independencia en las actividades de la vida diaria, y una
progresión en el tiempo. A ello se suma la evidencia biológica
(neuroimagen) que respalda el deterioro estructural del cerebro. El
Alzheimer es, en este sentido, una enfermedad progresiva, incurable hasta
la fecha, cuyo avance puede atenuarse o ralentizarse, pero no detenerse
completamente. Las intervenciones actuales, tanto farmacológicas como no
farmacológicas, se centran en mitigar el impacto funcional del deterioro,
conservar por el mayor tiempo posible las capacidades remanentes y
ofrecer un acompañamiento psicológico y emocional que permita sostener
la dignidad y subjetividad del paciente.
Desde la teoría neuropsicológica, este caso puede interpretarse a la luz del
modelo propuesto por Alexander Luria, quien planteó que las funciones
superiores son producto de sistemas cerebrales integrados. Luria dividió el
cerebro funcionalmente en tres bloques: el primero, de activación y
regulación del estado de alerta (tronco encefálico y estructuras
subcorticales); el segundo, de recepción, procesamiento y almacenamiento
de la información (lóbulos parietales, temporales y occipitales); y el tercero,
encargado de la programación, regulación y verificación de la actividad
(lóbulos frontales). En el caso de esta paciente, se evidencia un daño
principal en el segundo bloque, con implicación secundaria del tercero. La
anomia, la pérdida de memoria episódica y la desorientación son signos de
un sistema de procesamiento sensorial-cognitivo que está fallando,
particularmente en su capacidad de integrar y codificar estímulos nuevos.
Las dificultades con el dinero y la organización apuntan, en cambio, al tercer
bloque, encargado de la ejecución consciente de la conducta.
Desde un enfoque más contemporáneo, el estudio de redes cerebrales
funcionales como la Red de Modo por Defecto (DMN) —implicada en
procesos autorreferenciales, memoria autobiográfica y orientación— y la
Red Ejecutiva Central, —Sistema cerebral que coordina funciones
ejecutivas y controla la atención dirigida a tareas complejas.— permite
comprender cómo el Alzheimer afecta circuitos enteros de activación
sináptica o sinapsal, ,— Proceso por el cual las neuronas se comunican
entre sí mediante la liberación de neurotransmisores en la sinapsis. —más
allá de regiones localizadas. El daño a estas redes provoca desconexiones
funcionales que explican la aparente pérdida de continuidad entre el pasado
y el presente, entre la intención y la acción, tan común en las demencias.
La pregunta sobre si este proceso puede detenerse es una de las más
frecuentes tanto en la clínica como en la vida cotidiana de quienes rodean al
paciente. Desde la evidencia actual, se sabe que la progresión del Alzheimer
puede variar de una persona a otra, pero en general es constante. Aun así,
existen factores protectores que pueden modificar el curso de la
enfermedad, como el nivel educativo, la estimulación cognitiva, el entorno
afectivo y el acompañamiento terapéutico temprano. En este sentido, el
diagnóstico precoz y el abordaje interdisciplinario son claves para ralentizar
el deterioro y sostener la mayor calidad de vida posible.
Este caso, por su complejidad y claridad clínica, ofrece una ventana al
entendimiento profundo del envejecimiento patológico, integrando teoría
neuropsicológica, diagnóstico clínico, correlato anatómico y dimensión
subjetiva. El deterioro de funciones como la memoria, el lenguaje, la
orientación y la planificación no es solo un problema médico, sino una
experiencia humana de pérdida, que requiere ser abordada desde una
mirada integral, ética y compasiva.
Abordaje Terapéutico desde la Psicología en el Caso de Deterioro
Cognitivo en Adultos Mayores
El tratamiento y abordaje terapéutico en casos de deterioro cognitivo
mayor, como el que se presenta en esta paciente de 80 años, debe ser
integral y multidisciplinario, y su objetivo fundamental es mejorar la calidad
de vida del paciente, ralentizar la progresión del deterioro y ofrecer apoyo
tanto al paciente como a sus familiares. Como psicólogos, nuestro papel es
crucial, ya que la intervención no solo se enfoca en las funciones cognitivas
deterioradas, sino también en la adaptación emocional, el acompañamiento
psicoeducativo y el fortalecimiento de los recursos afectivos del paciente. A
continuación, se detallan los diferentes aspectos que deben ser
considerados en el abordaje terapéutico desde la psicología.
1. Evaluación Neuropsicológica Integral
Antes de cualquier intervención, es fundamental realizar una evaluación
neuropsicológica exhaustiva para comprender el alcance de las alteraciones
cognitivas, emocionales y conductuales. Esta evaluación incluiría pruebas
estandarizadas para medir las funciones cognitivas afectadas (como
memoria, atención, lenguaje, funciones ejecutivas, etc.), así como
herramientas para evaluar el estado emocional y psicosocial del paciente.
En el caso de esta paciente, se debe analizar de manera más precisa la
memoria episódica, la memoria de trabajo y las capacidades del lenguaje
(por ejemplo, la anomia), así como el impacto que estos déficits tienen en
las actividades de la vida diaria.
2. Intervención Cognitiva
El objetivo de la intervención cognitiva es mejorar o al menos preservar el
funcionamiento cognitivo en la medida de lo posible. En este caso, la
paciente muestra un deterioro en la memoria reciente, la memoria de
trabajo y el acceso al léxico. La intervención cognitiva, por tanto, debe
centrarse en:
Entrenamiento de la memoria: A través de ejercicios que
favorezcan la rememoración de información reciente y la asociación
de datos con imágenes o contextos más familiares. Por ejemplo,
utilizar técnicas de repetición y asociativas que ayuden a la paciente
a recordar eventos recientes o aprender nuevos nombres de objetos.
Estimulación cognitiva: Se pueden usar actividades que fomenten
la activación de diversas funciones cognitivas. Juegos de memoria,
actividades que involucren la resolución de problemas, o incluso el
entrenamiento en el uso de estrategias de compensación, como
escribir recordatorios o utilizar ayudas tecnológicas como
aplicaciones móviles o calendarios.
Rehabilitación del lenguaje: El tratamiento del lenguaje debe
enfocarse en ejercicios para mejorar el acceso al léxico y reducir la
anomia. Esto puede incluir actividades de búsqueda de palabras,
juegos de asociación semántica, y ejercicios de categorización que
ayuden a mejorar la fluidez verbal.
3. Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) puede ser especialmente útil
para abordar los aspectos emocionales y conductuales derivados del
deterioro cognitivo. A pesar de que la paciente mantiene su nivel de
conciencia, los déficits de memoria y el deterioro en la capacidad de realizar
tareas cotidianas pueden generar frustración, ansiedad, estrés o incluso
síntomas depresivos. La TCC se enfocaría en:
Reestructuración cognitiva: Ayudar a la paciente a identificar y
modificar pensamientos disfuncionales relacionados con el
envejecimiento, el deterioro cognitivo y la pérdida de independencia.
Esto sería particularmente importante para manejar los pensamientos
negativos sobre el impacto de su enfermedad y promover una actitud
más adaptativa ante su situación.
Manejo de la ansiedad y el estrés: Muchos pacientes con
trastornos neurocognitivos experimentan altos niveles de ansiedad
debido a la incertidumbre sobre su futuro y las dificultades en las
actividades cotidianas. La TCC puede incluir técnicas de relajación y
control del estrés, como la respiración profunda o la atención plena
(mindfulness), para ayudar a reducir estos niveles de ansiedad.
Adaptación emocional: Ayudar a la paciente a aceptar su condición
y promover un sentido de autoeficacia dentro de sus limitaciones.
Este proceso puede incluir el fomento de la autocompasión y el
trabajo en la reconstrucción de su identidad frente al deterioro
cognitivo.
4. Psicoeducación para la Familia y el Entorno
En un enfoque terapéutico integral, los familiares y cuidadores del
paciente juegan un papel fundamental. Como psicólogos, es esencial
proporcionar psicoeducación a la familia sobre la naturaleza de la
enfermedad, los síntomas esperados, las estrategias para manejar el
comportamiento del paciente y cómo ofrecer apoyo emocional efectivo.
Algunas de las recomendaciones clave incluyen:
Estrategias de comunicación: Enseñar a los familiares a
comunicarse con la paciente de manera clara y sencilla, usando
frases cortas, repeticiones y recordatorios visuales. Además, se debe
alentar a la familia a ser pacientes y evitar mostrar frustración si la
paciente tiene dificultades para recordar o realizar tareas.
Cuidado del cuidador: El estrés y la carga emocional de los
cuidadores familiares pueden ser elevados. La psicoterapia o los
grupos de apoyo para cuidadores son esenciales para proporcionarles
las herramientas emocionales y prácticas necesarias para manejar la
situación.
Promoción de un entorno seguro y estimulante: Brindar pautas
sobre cómo crear un ambiente seguro en el hogar, que minimice el
riesgo de accidentes (como caídas), pero que al mismo tiempo
estimule la participación cognitiva y emocional del paciente. Esto
puede incluir desde la organización del espacio físico hasta la
implementación de actividades diarias que ayuden a la paciente a
mantenerse mentalmente activa.
5. Intervención en la Orientación y Reestructuración de la Realidad
La desorientación temporal y espacial es un síntoma común en el
Alzheimer, y su manejo requiere intervenciones diseñadas para mejorar la
orientación del paciente. Estas intervenciones pueden ser tanto cognitivas
como emocionales:
Estrategias de orientación: Implementar estrategias para mejorar
la orientación temporal y espacial de la paciente, como el uso de
relojes, calendarios visuales, y la colocación de señales en el hogar.
Esto ayuda a la paciente a mantener una mejor conciencia de la
fecha, hora y lugar en el que se encuentra.
Técnicas de anclaje de recuerdos: Ayudar a la paciente a anclar
eventos de su vida a objetos, lugares o personas familiares. Esto
puede mejorar la orientación y reducir el miedo asociado con la
confusión.
6. Abordaje del Dolor y la Dignidad
Aunque el deterioro cognitivo implica la pérdida de algunas capacidades, es
fundamental que el paciente no pierda su sentido de dignidad. Como
psicólogos, debemos trabajar en:
Promover la dignidad: Ayudar a la paciente a mantener un sentido
de control sobre su vida, incluso cuando algunas funciones ya no se
desempeñan como antes. Fomentar actividades que le otorguen
satisfacción personal, aunque sean más simples, es vital para
preservar su autoestima.
Manejo del dolor existencial: Muchos pacientes con Alzheimer
experimentan una forma de dolor existencial al percatarse de que su
memoria y capacidades están disminuyendo. El apoyo psicológico
debe incluir el manejo de este dolor y promover una forma de vida
más plena a pesar de las limitaciones.
Conclusión del Abordaje Terapéutico
El tratamiento desde la psicología en un caso de deterioro cognitivo como el
de esta paciente no solo se basa en mejorar las capacidades cognitivas, sino
también en proporcionar una atención emocional y psicosocial que respete
la dignidad del paciente y apoye a la familia en su rol de cuidadores. La
combinación de intervenciones cognitivas, emocionales y psicosociales no
solo facilita la adaptación del paciente a su situación, sino que también
puede ralentizar el curso de la enfermedad y mejorar la calidad de vida
general, tanto para el paciente como para su entorno cercano.
Este enfoque integral destaca la importancia de un acompañamiento
psicoterapéutico que considere la persona en su totalidad, respetando sus
necesidades cognitivas, emocionales y relacionales, y trabajando para
mantener su bienestar psicológico en el contexto de un trastorno
neurodegenerativo crónico.