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Responsabilidad Contractual Prosegur vs Roximar

El documento aborda la decisión de la Corte Constitucional sobre la salvaguarda solicitada por Comercializadora Roximar S.A.S. en un juicio de responsabilidad contractual contra Prosegur Vigilancia y Seguridad Ltda. La Corte concluye que el tribunal inferior erró al calificar la falta de diligencia de Prosegur como 'culpa leve', argumentando que debió considerar la posibilidad de 'culpa grave' dada la naturaleza del incumplimiento. Finalmente, se ordena revisar el caso para determinar la responsabilidad total por los daños causados.
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Responsabilidad Contractual Prosegur vs Roximar

El documento aborda la decisión de la Corte Constitucional sobre la salvaguarda solicitada por Comercializadora Roximar S.A.S. en un juicio de responsabilidad contractual contra Prosegur Vigilancia y Seguridad Ltda. La Corte concluye que el tribunal inferior erró al calificar la falta de diligencia de Prosegur como 'culpa leve', argumentando que debió considerar la posibilidad de 'culpa grave' dada la naturaleza del incumplimiento. Finalmente, se ordena revisar el caso para determinar la responsabilidad total por los daños causados.
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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

Magistrado ponente

STC11843-2019
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

(Aprobado en sesión del cuatro de septiembre de dos mil


diecinueve)

Bogotá, D.C., seis (6) de septiembre de dos mil


diecinueve (2019)

Se decide la salvaguarda impetrada por la


Comercializadora Roximar S.A.S. frente a la Sala Civil
Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa
Marta, integrada por los magistrados Miriam Fernández de
Castro Bolaños, Martha Mercado Rodríguez y Alberto
Rodríguez Arce, y el Juzgado Segundo Civil del Circuito de
Ciénaga, con ocasión del juicio de responsabilidad
contractual, radicado bajo el nº 2017-0085, incoado por la
gestora a Prosegur Vigilancia y Seguridad Ltda.
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

1. ANTECEDENTES

1. La censora requiere la protección de las


prerrogativas al debido proceso y acceso a la
administración de justicia, presuntamente conculcadas por
las autoridades convocadas.

2. De la lectura del escrito tutelar y la revisión de


las pruebas adosadas al plenario, se desprenden como
hechos soporte del presente ruego los descritos a
continuación:

Ante el Juzgado Segundo Civil del Circuito de


Ciénaga, la Comercializadora Roximar S.A.S. (contratante)
solicitó declarar civilmente responsable a Prosegur
Vigilancia y Seguridad Ltda. (contratista), por el
incumplimiento del contrato de Packbase n° SM 067,
suscrito entre ellos, para el monitoreo de alarmas; en
consecuencia, condenar a ésta última al pago de la suma
de $215.251.549 por perjuicios.

En sustento de sus pedimentos, la entonces actora


narró que Prosegur Vigilancia y Seguridad Ltda. no siguió
los protocolos convenidos para la notificación de los
eventos en los cuales se activa una de las tres señales de
alerta de seguridad preestablecidas (robo, pánico,
apertura con coacción y sabotaje), facilitando la

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Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

consumación del hurto acaecido en sus instalaciones el 1


de enero de 2017.

El citado despacho, en sentencia de 22 de agosto de


2018, aun cuando proclamó la “responsabilidad” de la allí
enjuiciada, restringió a $405.081 el monto de la
indemnización de perjuicios, en aplicación a la cláusula
limitativa de “responsabilidad” incluida en el referido
pacto, “al haber catalogado de leve, la falta de diligencia
de la querellada”.

Inconforme, la entonces querellante apeló esa


determinación, alegando que la conducta de su
contraparte se enmarcaba en la “culpa grave” por tanto,
no era procedente reconocer efectos a la señalada
estipulación.

El 19 de febrero de 2019, el tribunal confutado


confirmó la tesis del fallador de primer grado, pues el
artículo 1604 del Código Civil establece como “culpa leve”
los incumplimientos acaecidos en la ejecución de un
contrato bilateral, por ende, la restricción convenida no
estaba prohibida.

La promotora critica a los juzgadores de instancia,


porque: “(…) debi[eron] apartase de aplicar la cláusula
décimo primera del contrato (…), por haber existido culpa
grave, dejándola sin efectos, y con ello, condenar al pago
total de los perjuicios causados (…)”.

3
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

3. Anhela, en concreto, se invaliden las sentencias


adversas a sus intereses y, en su lugar, se conmine a las
sedes jurisdiccionales atacadas a zanjar nuevamente el
reseñado litigio, reconociendo en su favor la totalidad del
daño irrogado con la omisión de la allí acusada.
I.1. Respuesta de los accionados

En escritos separados, los entes judiciales atacados


se reafirmaron en la tesis defendida por ellos.

2. CONSIDERACIONES

1. Delanteramente, ha de precisarse que el


análisis del presente ruego se circunscribirá a la postura
acogida por el fallador de segundo grado pues con ella se
zanjó la controversia y, en últimas, ese es el criterio que
se impone jurídicamente mientras no sea revocado o
invalidado.

2. Oteada en todo su contexto la sentencia


censurada se extrae cómo el sentenciador, tras esbozar
los lineamientos generales que rigen la “responsabilidad
contractual”, procedió al estudio jurídico de las normas
pertinentes para sustentar su decisión; empero, en su
labor interpretativa incurrió en graves deficiencias que
hacen meritoria la intervención del juez de tutela.

4
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

Nótese, al ratificar el pronunciamiento del a quo, el


tribunal convocado inició por recordar que para predicar
la responsabilidad civil contractual, deben concurrir:

“(…) a) [la desatención de] un deber contractual, ya


porque no se ejecutó total o parcialmente la prestación
debida, ora porque se [realizó] defectuosa o
tardíamente; b) [el] incumplimiento haya producido un
daño, es decir, una lesión en el patrimonio del actor y, c) [la]
exist[encia] de un nexo de causalidad entre el primero y el
segundo (…)”.
Seguidamente, la magistratura atacada estimó
reunido el primero de los preanotados elementos de la
“responsabilidad”, es decir, la inobservancia de los
compromisos contractuales, por cuanto:

“(…) [L]a obligación de Prosegur era la de monitorear las


dependencias de Roximar las 24 horas del día y en caso de
recibir una alerta avisar [al cliente] a través de una llamada
telefónica, mensaje de texto, mensaje de voz o cualquier
otro medio (…)”.

“(…) Con el interrogatorio de parte de los representantes de


ambos extremos procesales se estableció que la señal llegó
a media noche (…) pues bien, la demandada pregona el
cumplimiento de su compromiso con el mensaje de voz
dejado al señor José Esquea y la llamada a la Policía
Nacional, lo que para la Sala no resulta suficiente, pues sin
desconocer, que atendiendo las reglas de la experiencia, las
llamadas para la media noche del 31 de diciembre se tornan
complicadas, no es menos que a Prosegur, se le exigía una
diligencia y cuidado que los hombres emplean
ordinariamente en sus negocios propios (…)”.

“(…) Si se tiene en cuenta el significado de diligente


[persona] que pone mucho interés, esmero, rapidez y
eficacia en la realización de un trabajo o en el cumplimiento
de una obligación o encargo; no se puede predicar diligencia
del encargado de monitorear la alarma si recibe la señal a
las 12:10 de la noche y solo hasta la 01:20:05, como lo
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Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

muestran los registros [telefónicos, procede a hacer el


llamado respectivo], [pues] al no salir (sic) la llamada a los
otros números registrados, un hombre diligente hubiese
enviado al menos un mensaje de texto y no conformarse con
un mensaje de voz, que a la postre no se pudo establecer, ya
que solo se corrobora la duración de la llamada por 55
segundos, máxime que el sistema GPRS fue desactivado
(…)”.

Sin embargo, pese a calificar de ostensible la falta


de diligencia mostrada por el personal de la empresa de
vigilancia demandada, en los hechos acaecidos entre el
31 de diciembre de 2016 y el 1º de enero de 2017,
catalogó de “culpa leve” esa conducta, porque, en su
criterio, el propio legislador determinó que era ese y no
otro, el grado de “culpa” asignado a la parte incumplida
en los contratos sinalagmáticos, como el auscultado, pues
no mediaba pacto en contrario.

Frente al punto, el ad quem expresó:

“(…) Ahora en lo tocante a la naturaleza de la culpa por la


que debe responder la empresa Prosegur, el inciso primero
del Art. 1604 [del Código Civil] dispone (…) “El deudor no es
responsable sino de la culpa lata en los contratos que por su
naturaleza sólo son útiles al acreedor; es responsable de la
leve en los contratos que se hacen para beneficio recíproco
de las partes; y de la levísima en los contratos en que el
deudor es el único que reporta beneficio (…)”.

“(…) [A]l no mediar pacto en este sentido no es dable


efectuar modificación alguna a la clase de culpa por la cual
deben responder los contratantes, en este caso Roximar y
Prosegur (…)”.

“(…) Por tal razón, (…) [el supuesto yerro del] juzgado de
primera instancia al clasificar en culpa leve la actuación de
[Prosegur] al dejar de cumplir con sus cargas cuando a todas
luces está demostrada la llamada con el mensaje de voz y la
6
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

presencia de la Policía no es de recibo, por cuanto, es la


misma normatividad que señala por cuál culpa responde el
deudor, dependiendo el tipo de contrato, que en el caso
específico de reportar beneficio a ambos contratantes es la
leve, como en el sub júdice, sumado a las falencias ya
anotadas (…)” (subrayas propias).

Como se anticipó, el colegiado atacado erró al


catalogar como “culpa leve” todo “incumplimiento”
contractual, acaecido en un acuerdo de “interés recíproco
para las partes”, pues, contrario a lo señalado por esa
autoridad, el artículo 1604 del Código Civil 1 no califica, ni
posibilita subsumir, directa, automática y exclusivamente,
un negocio jurídico deshonrado, en un tipo de “culpa”
prestablecido, según cada forma contractual; sino que fija
las clases de “culpa” “hasta” por la cual responde el
infractor, en términos mínimos, según las modalidades
contractuales allí señaladas en la ejecución obligacional.

Ello explica el porqué la “culpa” grave o el dolo no


se puede limitar o exonerar contractualmente,
desquiciando normas imperativas o de orden público,
fundamento también de la prohibición de condonar el dolo
futuro. De ser así, las partes, o quién ejerza la posición
1
“(…) El deudor no es responsable sino de la culpa lata en los contratos que por su
naturaleza solo son útiles al acreedor; es responsable de la leve en los contratos que se
hacen para beneficio recíproco de las partes; y de la levísima en los contratos en que el
deudor es el único que reporta beneficio (…)”.
“(…) El deudor no es responsable del caso fortuito, a menos que se haya constituido en
mora (siendo el caso fortuito de aquellos que no hubieran dañado a la cosa debida, si
hubiese sido entregado al acreedor), o que el caso fortuito haya sobrevenido por su culpa
(…)”.
“(…) La prueba de la diligencia o cuidado incumbe al que ha debido emplearlo; la prueba
del caso fortuito al que lo alega (…)”.
“(…) Todo lo cual, sin embargo, se entiende sin perjuicio de las disposiciones especiales de
las leyes, y de las estipulaciones expresas de las partes (…)”.

7
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

dominante, estarían prestas a incluir disposiciones de ese


tenor, en desmedro del orden público y de los principios y
valores rectores de nuestro ordenamiento jurídico o del
orden constitucional.

En efecto, el antelado precepto no instituyó, como


pareció entenderlo la magistratura confutada, que toda
negligencia, suscitada en el devenir negocial, tratándose
puntualmente de los contratos bilaterales de interés
mutuo, sea “leve”.

Cuanto refiere la comentada regla en aquéllos


contratos, es que el contratante “incumplido” responde
“hasta” por “culpa leve”, es decir, si su conducta no
alcanza ese nivel y se queda en una mera “culpa
levísima”, pues su actuar se opone a “la suma diligencia o
cuidado”, no está llamado a responder o cubrir los daños
derivados de esa gestión.

Pero si, a contrario sensu, la falta a él atribuida,


como lo indica el artículo 63 del Código Civil, no atiende
“el cuidado que aun las personas de poca prudencia
suelen emplear en sus negocios propios” (culpa grave) o
“el cuidado que los hombres emplean ordinariamente en
sus negocios propios” (culpa leve), habrá de asumir las
consecuencias adversas de su actuar despreocupado; y
con mayor razón si al calificarla, deviene como grave.

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Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

Así las cosas, la sala censurada debió dilucidar,


como lo reclamó la allí demandante, hoy tutelante, en
cuál de los grados de “culpa”, regulados por el
preanotado canon 63, se enmarcaba la específica desidia
reprochada a la empresa de vigilancia encartada, según
las particularidades del caso, todo lo cual fue omitido,
pues simplemente catalogó la culpa leve, por el solo
hecho abstracto de hallar en el contrato, beneficio
recíproco para los contratantes.

Esa interpretación, simplemente implicaría, tener


por válida, sin consideración alguna, toda cláusula
limitativa o restrictiva de la responsabilidad, en los
contratos de equiparable interés para los convencionistas,
bajo la égida de que el legislador catalogó como “culpa
leve”, todo actuar negligente de los implicados, al margen
de la magnitud de ese descuido.

En el conflicto sometido a juicio, sería como predicar


que el mismo reproche implicaba para al sentenciador
que la demandada, Prosegur: no respondería de ninguna
falta distinta, por ejemplo cuando: i) intencionalmente se
abstuviera de noticiar al cliente de la señal de alerta; ii)
pese a la apatía, no hubiese al menos intentado contactar
al cliente para notificarle la señal de alerta; o iii) agotara
pocos o todos los medios a su alcance para alertar a la
Comercializadora Roximar S.A.S. de la falla en la alarma
que se monitoreaba, etc.

9
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

Es claro, que todos y cada uno de los escenarios


antes descritos reclaman un tratamiento diferencial,
máxime cuando media una cláusula limitativa o restrictiva
de la responsabilidad contractual, pues ella, como lo ha
estimado esta Corporación, solo puede hacerse efectiva
cuando la conducta del deudor es “leve o levísimamente
culposa”.

En torno a lo debatido la Sala, en algunos fallos de


vieja data, reflexionó:
“(…) La graduación de culpas contemplada por el artículo
63, se refiere a contratos y cuasi contratos (…) [l]a
disposición define el alcance de las tres nociones de culpa,
cuando la ley, regulando relaciones contractuales, acude a
alguna de ellas graduando la responsabilidad del deudor
según la gravedad de la culpa cometida” (…)”2.

“(…) el dolo generalmente no se presume (artículo 1516


C.C.) ni su tratamiento legal puede ser modificado por la
voluntad individual (…) acarrea en todos los casos sanciones
civiles de igual intensidad y agrava la posición del deudor
aún en frente de eventos imprevisibles (artículo 1616 C.C.);
la culpa, por el contrario, se presume en el incumplimiento
contractual (…) las parte pueden alterar libremente las
regulaciones legales respecto de ella, y su intensidad se
gradúa para asignar diferentes efectos a sus diversos grados
(artículo 1604), y por último no agrava la posición del deudor
sino ante los que se previó o pudo preverse al tiempo del
contrato (artículo 1616 C.C.) (…)”3.

Aunado a lo expuesto, de avalarse el entendimiento


del tribunal censurado se conculcarían también los
derechos de defensa del accionado, toda vez que, en
ausencia de la memorada cláusula restrictiva, éste no

2
Corte Suprema de Justicia. G.J, T IX, pág. 409.
3
Corte Suprema de Justicia, T. LXVI, pag.356.
10
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

podría exonerarse del deber de reparar, aun demostrando


que su descuido fue mínimo o “levísimo”, porque, en todo
caso, se reitera, sería conminado a compensar a su
contraparte por la supuesta “culpa leve” fijada por la
referida regla 1604.

La falencia advertida fue condicionante de las


resultas del litigio rebatido, pues al no esclarecerse,
razonadamente, si el comportamiento recriminado a la
entonces accionada configuraba o no culpa grave, el ad
quem dio por sentada la eficacia de la “cláusula limitativa
de responsabilidad” incluida en la convención Packbase n°
SM 067, cuestión que podría cambiar sustancialmente, al
variar el calificativo de la citada negligencia, como lo
requirió la Comercializadora Roximar S.A.S., al apelar la
tesis del a quo.

Ello, por cuanto, de tiempo atrás esta Corte ha


estimado que ese tipo de restricciones a la
“responsabilidad” contractual, no resulta aplicable,
tratándose de la “culpa grave o dolo”, así:

“(…) Desde el año de 1936 en las decisiones de la Corte


Suprema de Justicia se ha desarrollado con algún detalle, y
con base en las reglas generales sobre obligaciones y
contratos, el tema de la validez de las cláusulas de limitación
y exclusión de la responsabilidad de las partes, y se han
establecido límites a este tipo de pactos. En los primeros
pronunciamientos sobre el tema (cas. civ. sentencias de 9 de
diciembre de 1936, G.J. XLIV, pp. 405 y ss. y de 15 de julio
de 1938, G.J. XLVII, pp. 68 y ss.), la Sala reconoció que a las
partes de un contrato les asiste derecho a pactar un grado
de responsabilidad distinto del ordinario para efectos de
11
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

aligerar o disminuir sus riesgos en caso de inejecución de


sus obligaciones. Sin embargo, ya desde entonces, sostuvo
que dicha facultad no es omnímoda, pues no les está
permitido a las partes pactar la exclusión total de su
responsabilidad. Ello no sólo contradiría el concepto de la
“obligación”, sino también el espíritu de distintas normas del
Código Civil que sancionan tales cláusulas con nulidad, como
los artículos 1895, 1522, 63 y 1604. Se consideró, ab initio
que, en tales cláusulas va envuelta una condonación del dolo
futuro de una de las partes, pues al pactarse su
irresponsabilidad, implícitamente se está tolerando que sea
negligente en la ejecución de sus obligaciones (…)”.

“(…) Al respecto, en la sentencia de 9 de diciembre de 1936,


la Corte precisó que, [l]a eficacia o ineficacia de las cláusulas
de irresponsabilidad en los contratos ha sido
cuidadosamente estudiada por los autores, sea desde el
punto de vista de la culpa, sea desde el de la carga de los
riesgos, y ellas han dado lugar a la tesis llamada de la
inversión de la carga de la prueba. No obstante la cuestión
de la validez y efecto de las cláusulas de no responsabilidad,
es todavía objeto de vivas discusiones […] el art. 1604 del C.
C. al precisar la responsabilidad general que corresponde al
deudor según la naturaleza de los contratos que celebre y al
dar la norma para la carga de la prueba de las obligaciones
contractuales, permite a las partes estipular expresamente
una responsabilidad especial y modificar
consecuencialmente la regla sobre la prueba del
cumplimiento o incumplimiento de las obligaciones.
Relacionando tal precepto con los arts. 63 y 1522, siempre
se ha entendido que el deudor no puede estipular la
exención de su responsabilidad en caso de que la
inejecución de su obligación [se debía al dolo o a su culpa
grave (…)”.

“(…) Más adelante (cas.civ. sentencia de 6 de marzo de


1972, G.J. CXLII, pp. 98 y ss.), la Corte admitió bajo
condiciones estrictas la exclusión de la responsabilidad de
alguna de las partes cuando refiera a culpa leve y levísima.
Dijo entonces, “que evidentemente las cláusulas de
irresponsabilidad cuya presencia no es rara hoy en ciertos
tipos de contratos, son absolutamente nulas y por ende
ineficaces cuando mediante ellas el obligado pretende
eximirse de responsabilidad por su culpa grave, la que en

12
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

materia civil se asimila al dolo según las voces del artículo


63 del Código Civil, desde luego que el 1522 de la misma
obra le niega validez a la condonación del dolo futuro y el
1523 ibídem estatuye que hay objeto ilícito en todo contrato
prohibido por las leyes. Tratándose de la culpa leve y
levísima, en cambio, los contratantes pueden lícitamente
acordar, y en estos eventos su convención es plenamente
eficaz, la atenuación y aun la supresión de la responsabilidad
civil que la ley, como norma supletoria de la voluntad
expresa de las partes, consagra para estos dos grados de
culpa (…)”4.

Lo hasta aquí comentado impone exhortar a la


célula judicial encartada para que estudie, nuevamente, el
litigio, y determine: i) en cuál de los tres grados de
“culpa” establecidos por el legislador se enmarca el
actuar de Prosegur Vigilancia y Seguridad Ltda., en los
hechos acaecidos el 1 de enero de 2017; y ii) de acuerdo
a lo anterior, dilucidar si la cláusula limitativa de
responsabilidad inmersa en el contrato báculo de la
pretensión indemnizatoria, surtía efectos o no en el
asunto sometido a su conocimiento.

4. Lo discurrido amerita conceder el auxilio


deprecado, por tanto, se ordenará a la Sala Civil Familia
del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta
dejar sin efectos el fallo aquí reprochado y todos los otros
proveídos derivados del mismo y, en su lugar, proveer
una nueva sentencia dentro del señalado proceso de
responsabilidad contractual, teniendo en cuenta lo
expresado en esta providencia.

4
CSJ SC de 8 de septiembre de 2011, exp. 2000-4366.
13
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

5. Si bien esta Corte ha considerado que en la labor


de administrar justicia, los juzgadores gozan de libertad
para la exégesis del ordenamiento jurídico y la valoración
de los elementos demostrativos, motivo por el cual el
fallador de tutela no puede inmiscuirse en sus
pronunciamientos; en los eventos donde la autoridad
profiere una decisión ostensiblemente contradictoria o
desajustada del plexo normativo, de la jurisprudencia o de
los hechos debidamente comprobados, como acontece en
el presente asunto, es necesaria la intervención de esta
particular jurisdicción.

6. En consecuencia, la Corte hará el control


constitucional inherente a la acción de resguardo, así
como también el de convencionalidad, dimanante del
bloque de constitucionalidad, según lo previsto en la
Convención Americana de Derechos Humanos 5, que exige
a los países suscriptores procurar armonizar el
ordenamiento interno al mismo, para evitar cualquier
disonancia entre uno y otro.

Así se consignó en sus preceptos primero y


segundo:

“(…) Artículo 1. Obligación de Respetar los Derechos: 1. Los


Estados Partes en esta Convención se comprometen a
respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a
garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté
sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por
motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones
5
Pacto de San José de Costa Rica, firmado el 22 de noviembre de 1969 y
aprobado en Colombia por la Ley 16 de 1972.
14
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social,


posición económica, nacimiento o cualquier otra condición
social”.

“2. Para los efectos de esta Convención, persona es todo ser


humano”.

“Artículo 2. Deber de Adoptar Disposiciones de Derecho


Interno. Si el ejercicio de los derechos y libertades
mencionados en el artículo 1 no estuviere ya garantizado por
disposiciones legislativas o de otro carácter, los Estados
Partes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus
procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta
Convención, las medidas legislativas o de otro carácter que
fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y
libertades (…)”.

De esta manera, las reglas de aquella normatividad


deben observarse en asuntos como éste, so pena de
incumplir deberes internacionales. Por tanto, es menester
tener en consideración las prerrogativas a las “garantías
judiciales” y a la “protección judicial”, según las cuales,
una persona podrá acudir ante las autoridades
jurisdiccionales competentes para obtener la pronta y
eficaz resolución de sus litigios.

En el presente caso, como se dijo, la accionada


desplegó una actividad hermenéutica defectuosa. De esa
manera, contravino el canon 25 de ese tratado:

“(…) Art. 25. Protección Judicial. 1. Toda persona tiene


derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro
recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes,
que la ampare contra actos que violen sus derechos
fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la
presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida
por personas que actúen en ejercicio de sus funciones
oficiales”.
15
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

“2. Los Estados Partes se comprometen: “a) a garantizar que


la autoridad competente prevista por el sistema legal del
Estado decidirá sobre los derechos de toda persona que
interponga tal recurso; “b) a desarrollar las posibilidades de
recurso judicial, y “c) a garantizar el cumplimiento, por las
autoridades competentes, de toda decisión en que se haya
estimado procedente el recurso (…)”.

El instrumento citado resulta aplicable por virtud del


canon 9 de la Constitución Nacional, cuando dice:

“(…) Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en


la soberanía nacional, en el respeto a la autodeterminación
de los pueblos y en el reconocimiento de los principios del
derecho internacional aceptados por Colombia (…)”.

La regla 93 ejúsdem, señala:

“(…) Los tratados y convenios internacionales ratificados por


el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que
prohíben su limitación en los estados de excepción,
prevalecen en el orden interno”.

“Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se


interpretarán de conformidad con los tratados
internacionales sobre derechos humanos ratificados por
Colombia (…)”.

El mandato 27 de la Convención de Viena, sobre el


derecho de los tratados de 1969 6, debidamente ratificada
por Colombia, según el cual: “(…) Una parte no podrá
invocar las disposiciones de su derecho interno como
justificación del incumplimiento de un tratado (…)”7,
impone su observancia en forma irrestricta, cuando un
Estado parte lo ha suscrito o se ha adherido al mismo.

6
Suscrita en Viena el 23 de mayo de 1969.
7
Aprobada por Colombia mediante la Ley 32 de 1985.
16
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

6.1. Aunque podría argumentarse la viabilidad del


control de convencionalidad sólo en decursos donde se
halla el quebranto de garantías sustanciales o cuando la
normatividad interna es contraria a la internacional sobre
derechos humanos, se estima trascendente efectuar dicho
seguimiento en todos los asuntos donde se debata la
conculcación de prerrogativas iusfundamentales, así su
protección resulte procedente o no.

Lo aducido porque la enunciada herramienta le


permite a los Estados materializar el deber de garantizar
los derechos humanos en el ámbito doméstico, a través
de la verificación de la conformidad de las normas y
prácticas nacionales, con la Convención Americana de
Derechos Humanos y su jurisprudencia, ejercicio que
según la Corte Interamericana se surte no sólo a petición
de parte sino ex officio8.

No sobra advertir que el régimen convencional en el


derecho local de los países que la han suscrito y
aprobado, no constituye un sistema opcional o de libre
aplicación en los ordenamientos patrios; sino que en estos
casos cobra vigencia plena y obligatoriedad con carácter
impositivo para todos los servidores estatales, debiendo
realizar no solamente un control legal y constitucional,
sino también el convencional; con mayor razón cuando

8
Corte IDH. Caso Gudiél Álvarez y otros (“Diario Militar”) contra Guatemala. Sentencia de
noviembre 20 de 2012. Serie C No. 253, párrafo 330
17
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forma parte del bloque de constitucionalidad sin quedar al


arbitrio de las autoridades su gobierno.

6.2. El aludido control en estos asuntos procura,


además, contribuir judicial y pedagógicamente tal cual se
le ha ordenado a los Estados denunciados –incluido
Colombia9, a impartir una formación permanente de
Derechos Humanos y DIH en todos los niveles jerárquicos
de las Fuerzas Armadas, jueces y fiscales 10; así como
realizar cursos de capacitación a funcionarios de la rama
ejecutiva y judicial y campañas informativas públicas en
materia de protección de derechos y garantías11.

Insistir en la aplicación del citado control y esbozar


el contenido de la Convención Interamericana de
Derechos Humanos en providencias como la presente, le
permite no sólo a las autoridades conocer e interiorizar las
obligaciones contraídas internacionalmente, en relación
con el respeto a los derechos humanos, sino a la
ciudadanía informarse en torno al máximo grado de
salvaguarda de sus prerrogativas.

9
Corte IDH, Caso Vélez Restrepo y familiares Vs. Colombia, Excepción preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 3 de septiembre de 2012. Serie C No. 248, párrs. 259
a 290, criterio reiterado Caso Masacre de Santo Domingo Vs. Colombia, Excepciones
preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 30 de noviembre de 2012. Serie
C No. 259, párrs. 295 a 323.

10
Corte IDH, Caso de la Masacre de Las Dos Erres Vs. Guatemala, Excepción Preliminar,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2009. Serie C No. 211,
párrs. 229 a 274.

11
Corte IDH, Caso Furlan y familiares Vs. Argentina, Excepciones preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2012. Serie C No. 246, párrs. 278 a
308.
18
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Además, pretende contribuir en la formación de una


comunidad global, incluyente, respetuosa de los
instrumentos internacionales y de la observancia de las
garantías fundamentales en el marco del sistema
americano de derechos humanos.

7. Por las razones mencionadas, se impone acceder


al auxilio invocado.

3. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE:

PRIMERO: CONCEDER el amparo promovido por la


Comercializadora Roximar S.A.S. frente a la Sala Civil
Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa
Marta, integrada por los magistrados Miriam Fernández de
Castro Bolaños, Martha Mercado Rodríguez y Alberto
Rodríguez Arce, y el Juzgado Segundo Civil del Circuito de
Ciénaga, con ocasión del juicio de responsabilidad
contractual, radicado bajo el nº 2017-0085, iniciado por la
gestora a Prosegur Vigilancia y Seguridad Ltda.

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SEGUNDO: Por consiguiente, se ordena al tribunal


convocado, que en el término de diez (10) días, contado a
partir del momento en que sea enterado de la presente
decisión, deje sin efecto el fallo reprochado por esta vía y
todos los otros pronunciamientos derivados del mismo y,
en su lugar, provea de nuevo sobre la demanda incoada
dentro del citado juicio de responsabilidad civil, teniendo
en cuenta lo trazado en el acápite considerativo de este
proveído.

TERCERO: Notifíquese lo así resuelto, mediante


comunicación telegráfica todos los interesados.

CUARTO: Si el fallo no fuere impugnado remítase


oportunamente el expediente a la Corte Constitucional
para su eventual revisión.

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE

OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE


Presidente de Sala

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO

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AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

LUIS ALONSO RICO PUERTA


Aclaración de voto

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ


Aclaración de voto

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

21
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ACLARACIÓN DE VOTO

Aunque comparto la decisión adoptada por la


Honorable Sala, dado el acierto en su motivación,
respetuosamente aclaro mi voto con el exclusivo
propósito de resaltar que se torna innecesario en el
ejercicio jurisdiccional cotidiano, incluir de forma genérica
y automática una mención sobre el empleo del
denominado «control de convencionalidad».

Ciertamente, de conformidad con la propia


jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, cuando un Estado ha ratificado un tratado
internacional como la Convención Americana, surge, entre
otros deberes, el imperativo para sus jueces de examinar
ex officio, en sus decisiones, la vigencia material de lo
pactado.

De esta manera, el «control de convencionalidad»


comporta una actitud de consideración continua que
deberá acentuarse y manifestarse expresamente, tan solo
en aquellos pronunciamientos donde se advierta
comprometido o amenazado «el efecto útil de la

Convención»12, lo cual acontecerá en los eventos donde

pueda verse «mermado o anulado por la aplicación de leyes


contrarias a sus disposiciones, objeto y fin del instrumento
internacional o del estándar internacional de protección de los

12
CIDH. Caso Trabajadores Cesados del Congreso (Aguado Alfaro y otros) contra
Perú. Sentencia de 24 de noviembre de 2006. Serie C No. 158, párrafo 128.
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derechos humanos»13; todo lo cual resulta ajeno al presente

caso.

En los anteriores términos dejo fundamentada mi


aclaración de voto con comedida reiteración de mi
respeto por la Honorable Sala de Casación Civil.

LUIS ALONSO RICO PUERTA

Magistrado

13
CIDH. Caso Heliodoro Portugal contra Panamá. Sentencia de enero 27 de 2009.
Serie c No. 186, párrafo 180.
23
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ACLARACIÓN DE VOTO

Con mi acostumbrado respeto hacia los magistrados


que suscribieron la decisión, me permito exponer las
razones por las cuales debo aclarar mi voto en el presente
asunto.

Se afirmó en la providencia que fue realizado un


“control de convencionalidad”, a partir de lo previsto en la
Convención Americana sobre Derechos Humanos; sin
embargo, debe atenderse que la sola alusión al
ordenamiento foráneo no tiene per se la aptitud de proteger
los derechos esenciales de las personas.

La figura a la que se hace referencia, en mi criterio, no


tiene aplicación general en todas las controversias que
involucren derechos fundamentales; su utilidad estaría
restringida a los eventos de ausencia de regulación, déficit
de protección a nivel de las normas nacionales, o una
manifiesta disonancia entre estas y los tratados
internacionales que ameriten la incorporación de los
últimos.

Consideraciones que, estimo, debe tener en cuenta la


Sala cuando lleve a cabo un estudio sereno, riguroso y
detallado sobre el tema, pues las aseveraciones que hasta
ahora se han consignado al respecto en las providencias de
tutela corresponden a una opinión personal del H.
magistrado ponente; no obstante, el control que
supuestamente efectuó, además de no guardar
correspondencia con lo que fue materia de la acción
constitucional, no tuvo ninguna repercusión práctica en la
solución de la petición de amparo.

De los señores Magistrados,

24
Radicación n.° 11001-02-03-000-2019-02659-00

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ


Magistrado

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