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Imprudencia: ¿Es pecado especial?

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imprudencia no es pecado especial:

1. Todo el que peca obra contra la recta razón, que es la prudencia. Ahora bien, como
acabamos de exponer (a.1), la imprudencia consiste en obrar contra la prudencia. Luego
la imprudencia no es pecado especial.

2. La prudencia presenta más afinidad con los actos morales que la ciencia. Ahora bien, la
ignorancia, opuesta a la ciencia, figura entre las causas generales de pecado. Luego
mucho más la imprudencia.

3. Los pecados proceden de corrupción de alguna circunstancia en las virtudes, y por esa
razón dice Dionisio en el c.4 De div. nom., que el mal proviene de defectos particulares.
Pero la prudencia requiere, para su constitución, muchos elementos, por ejemplo: razón,
inteligencia, docilidad y los demás expuestos en otro lugar (q.48 et 49). Hay, pues,
muchas especies de imprudencia, y, por lo tanto, no es pecado especial.

Contra esto: está el hecho de que, como hemos expuesto (a.1), la imprudencia es lo
contrario a la prudencia. La prudencia es virtud especial. Luego la imprudencia es pecado
especial.

Respondo: Se puede decir que un vicio o pecado es general en dos sentidos. Primero: en
sentido absoluto, es decir, que se extiende a todos los pecados. Segundo: sólo respecto
de ciertos pecados, que son especies suyas. En el primer sentido cabe todavía otra doble
consideración. Primera: general por esencia, es decir, porque afecta a todo pecado. En
este caso, la imprudencia no es pecado general, como tampoco la prudencia es virtud
general, ya que se refiere a unos actos especiales, es decir, a los actos de la razón.
Segunda: pecado general por participación. Bajo este aspecto, la imprudencia es pecado
general. En efecto, del mismo modo que la prudencia en cierta manera tiene parte en
todas las virtudes, porque a todas las dirige, ocurre otro tanto con la imprudencia respecto
de los vicios y pecados, ya que no se da ningún pecado sin que se dé defecto en algún
acto directivo de la razón, y esto atañe a la imprudencia.

Si hablamos de pecado general no absolutamente, sino como un género determinado


dividido en especies diferentes, que contiene otras muchas especies, en este sentido la
imprudencia es pecado general que contiene diversas especies de tres maneras. La
primera, por oposición a las distintas partes subjetivas de la prudencia. Desde este punto
de vista habría que dividir a la imprudencia en otras tantas especies correlativamente
opuestas a las especies de prudencia, distinguiendo la prudencia directiva de la conducta
individual, y otras especies destinadas al gobierno de la multitud, como explicamos en su
lugar (q.48). En segundo lugar, por oposición a las partes cuasi potenciales de la
prudencia, que son las virtudes adjuntas diferenciadas por los distintos actos de la razón.
En este sentido, la falta de consejo del que se ocupa la eubulia da lugar a la especie de
imprudencia precipitación o temeridad. La falta de juicio, objeto de la synesis y de la
gnome, origina la inconsideración, y la falta en el precepto, acto propio de la prudencia, da
como resultado la inconstancia o negligencia. Por último, pueden considerarse las
especies de imprudencia por la oposición a los distintos elementos requeridos para la
prudencia y que son como partes integrales de la misma. Y dado que todos ellos se
ordenan a dirigir los tres actos de la razón que hemos indicado, todos los defectos
opuestos se reducen a las cuatro partes indicadas: la falta de cautela y de circunspección
va incluida en la falta de consideración; los defectos en la docilidad, memoria o atención,
están comprendidos en la precipitación, y la imprevisión y los defectos de inteligencia y de
sagacidad pertenecen a la negligencia y a la inconstancia.

A las objeciones:

1. La objeción propuesta considera lo que es general por participación.

2. Dado que la ciencia está más alejada de las virtudes morales que la prudencia, según
la esencia propia de cada una, la ignorancia no es, de suyo, pecado moral; lo es
solamente en función de la negligencia voluntaria anterior o de los defectos subsiguientes.
Por eso figura entre las causas generales de pecado. La imprudencia, en cambio, entraña
en sí misma vicio moral, y por lo mismo hay razón para considerarla como pecado
especial.

3. No hay lugar a especie de pecado diferente cuando la corrupción de las circunstancias


responde al mismo motivo; así, es pecado de la misma especie el tomar lo ajeno donde
no se debe y cuando no se debe. Pero si son motivos diversos, hay especies diversas;
por ejemplo, si uno toma lo que no es suyo de donde no debe para profanar el lugar
sagrado, dará lugar a la especie de sacrilegio; o si lo toma cuando no debe por el solo
afán de tener lo superfluo, sería simple avaricia. En consecuencia, los defectos en aquello
que se exige para la virtud de la prudencia solamente dan lugar a especies distintas en
cuanto están ordenados a actos distintos de la razón, como hemos expuesto.

ARTíCULO 3

¿Es la precipitación pecado contenido en la imprudencia?

Objeciones por las que parece que la precipitación no es pecado contenido en


la imprudencia:

1. La imprudencia se opone a la virtud de la prudencia. La precipitación, en


cambio, se opone al don de consejo, ya que, en expresión de San Gregorio en II
Moral., el don de consejo nos es dado para evitar la precipitación. En
consecuencia, la precipitación no es pecado contenido en la imprudencia.

2. La precipitación parece que corresponde a la temeridad, la cual implica


presunción. Pero ésta pertenece a la soberbia. Luego la precipitación no es
vicio contenido bajo la imprudencia.
3. La precipitación parece implicar apresuramiento desordenado. Ahora bien,
en materia de consejo hay pecado no sólo por apresuramiento, sino también
por ser demasiado lento, de tal modo que deje pasar la oportunidad de obrar, y
también por el desorden en las demás circunstancias, como afirma el Filósofo
en VI Ethic. Luego la precipitación no debe ser considerada como pecado de
imprudencia más que la tardanza y demás elementos que causen desorden en
el consejo.

Contra esto: está el testimonio de lo que leemos en la Escritura: El camino del


impío es la tiniebla, y no ve dónde tropieza (Pr 4, 19). Ahora bien, los caminos
tenebrosos de la impiedad pertenecen a la imprudencia. Luego a la
imprudencia pertenecen también el tropezar y el precipitarse.

Respondo: En los actos del alma hay que entender la precipitación en sentido
metafórico, por semejanza con el movimiento corporal. En éste decimos que
una cosa se precipita cuando desciende de lo más alto a lo más bajo por el
impulso del propio cuerpo o de algo que le impele sin pasar por los grados
intermedios. Ahora bien, lo más elevado del alma es la razón, y lo más bajo, la
operación ejercida por medio del cuerpo. Los grados intermedios por los cuales
hay que descender son la memoria de lo pasado, la inteligencia de lo presente,
la sagacidad en la consideración del futuro, la hábil comparación de
alternativas, la docilidad para asentir a la opinión de los mayores. A través de
estos pasos desciende ordenadamente el juicioso. Pero quien es llevado a
obrar por el impulso de la voluntad o de la pasión, saltando todos esos grados,
incurre en precipitación. Y dado que el desorden en el consejo es propio de la
imprudencia, resulta evidente que bajo ella esté contenido también el vicio de
la precipitación.

A las objeciones:

1. La rectitud en el consejo atañe tanto al don de consejo como a la virtud de la


prudencia, aunque de manera distinta, como hemos expuesto (q.52 a.2). Por
eso la precipitación contraría a los dos.

2. Decimos que se hacen con temeridad las obras que no van dirigidas por la
razón. Esto puede suceder de dos maneras: o por el ímpetu de la voluntad o de
la pasión, o por desprecio de la regla directiva, y esto es propio de la
temeridad. Por eso parece que proviene de la soberbia, que rechaza la
sumisión a una regla ajena. Pero la precipitación tiene relación con las dos
cosas, y por eso está contenida en ella la temeridad, aunque la precipitación se
refiera sobre todo al primero.

3. En la deliberación del consejo hay que considerar muchos datos particulares.


Por eso dice el Filósofo en VI Ethic. : conviene ser lento en aconsejar. De ahí
que a la rectitud del consejo se oponga más directamente la precipitación que
la lentitud innecesaria, que tiene cierta semejanza con el consejo recto.

ARTíCULO 4

¿Es la inconsideración pecado especial contenido en la imprudencia?

Objeciones por las que parece que la inconsideración no es pecado especial


contenido en la imprudencia:

1. La ley divina no nos induce a ningún pecado, a tenor de lo que leemos en la


Escritura: La ley del Señor es perfecta (Sal 19, 8); nos induce, en cambio, a no
considerar, según el testimonio de estas palabras: No os preocupe cómo o de
qué hablaréis (Mt 10, 19). Luego la inconsideración no es pecado.

2. Todo el que aconseja debe considerar muchas cosas. Mas por falta de
consejo se produce la precipitación, es decir, por poca consideración. Luego la
precipitación está contenida bajo la inconsideración, la cual no es, por lo tanto,
pecado especial.

3. la prudencia consiste en actos del entendimiento práctico, que son


aconsejar, juzgar sobre lo aconsejado e imperar. Pero estos actos van
precedidos de la consideración, que atañe también al entendimiento
especulativo. En consecuencia, la inconsideración no es pecado especial
contenido en la imprudencia.

Contra esto: está el testimonio de lo que leemos en la Escritura: Miren de


frente tus ojos; tus párpados, derechos a lo que está ante ti (Pr 4, 25). La
inconsideración hace todo lo contrario. Por lo tanto, es pecado especial
contenido en la imprudencia.

Respondo: La consideración implica un acto del entendimiento que intuye la


verdad. Ahora bien, igual que la indagación es propia de la razón, el juicio lo es
de la inteligencia. Por eso, en el orden especulativo, se dice de la ciencia
demostrativa que juzga, ya que por reducción a los primeros principios
dictamina sobre la verdad de lo investigado; de ahí que la consideración
pertenece sobre todo al juicio. Por eso mismo, la falta de juicio recto es propia
del vicio de inconsideración cuando se produce por desprecio o por descuido
en prestar atención a lo que reclama la rectitud adecuada del juicio. Resulta,
pues, evidente que la falta de consideración es pecado.

A las objeciones:
1. El Señor no prohibe considerar lo que se debe hacer y decir cuando se
presenta la ocasión. Pero con las palabras aducidas infunde confianza a los
discípulos para que, cuando les falte esa oportunidad, confíen únicamente en
el consejo divino, ya que, según la Escritura, nosotros no tenemos fuerza
contra esta gran multitud que viene contra nosotros, y no sabemos qué hacer
(2Par20, 12). Pero si el hombre deja de hacer lo que puede, esperando
únicamente en el auxilio divino, parece que tienta a Dios.

2. Toda la consideración de las cosas sometidas a la atención del consejo se


ordenan a emitir un juicio recto; por eso, la consideración recibe su última
perfección en el juicio. Esta es la razón por la que la inconsideración se opone
sobremanera a la rectitud del juicio.

3. La inconsideración está tomada aquí en una materia determinada, es decir,


en relación con las acciones humanas. En ellas, en efecto, para juzgar bien,
hay que tener en cuenta más cosas que en el orden especulativo, porque las
operaciones se ejercen siempre en lo singular.

ARTíCULO 5

¿Es la inconstancia vicio contenido en la imprudencia?

Objeciones por las que parece que la inconstancia no es vicio contenido en la


imprudencia:

1. La inconstancia parece consistir en la falta de perseverancia en cosas


difíciles. Ahora bien, persistir en lo difícil atañe a la fortaleza. En consecuencia,
la inconstancia se opone más a la fortaleza que a la imprudencia.

2. Según el testimonio de la Escritura, donde existen envidias y espíritu de


contención, allí hay desconcierto y toda clase de maldad (St 3, 16). Pues bien,
el celo es propio de la envidia. Luego la inconstancia pertenece no a la
imprudencia, sino más bien a la envidia.

3. Parece inconstante quien no persevera en lo que se había propuesto. Pero


esto acaece en los placeres al incontinente, y en la tristeza al flojo y débil,
como escribe el Filósofo en VII Ethic. La inconstancia, pues, no pertenece a la
imprudencia.

Contra esto: está el hecho de que la prudencia debe dar preferencia al bien
mayor sobre el menor. Por lo tanto, desistir del bien mayor pertenece a la
imprudencia, y esto es la inconstancia. Luego la inconstancia pertenece a la
imprudencia.
Respondo: La inconstancia entraña cierto abandono de un buen propósito
definido. El principio de ese abandono radica en la voluntad, pues nadie
abandona una resolución buena que ha tomado sino porque sobreviene algo
que seduce desordenadamente. Mas ese abandono no se hace definitivo sino
por defecto de la razón, que incurre en engaño repudiando antes lo que había
aceptado rectamente, y si no resiste a los embates de la pasión pudiendo
hacerlo, hay que imputarlo a su debilidad, que no se mantiene firme en el bien
emprendido. Por eso la inconstancia, en cuanto a su consumación, nace de un
defecto de la razón. Ahora bien, así como toda rectitud de la razón práctica
pertenece, de algún modo, a la prudencia, así todo defecto de la misma
pertenece a la imprudencia. Por eso, igual que la precipitación proviene de un
defecto en el acto de consejo, y la inconsideración en el acto de juicio, la
inconstancia se produce por defecto en el acto de imperio; por eso decimos
que es inconstante aquel cuya razón no impera los actos deliberados y
juzgados.

A las objeciones:

1. Del bien de la prudencia participan todas las virtudes morales, y en ese


sentido a todas ellas corresponde persistir en el bien. Corresponde, sin
embargo, de modo especial a la fortaleza, que sufre muy particularmente el
choque de los impulsos contrarios.

2. La envidia y la ira, principio de disensiones, producen la inconstancia por


parte de la voluntad, en la cual radica el principio de la inconstancia, como
queda dicho.

3. Parece que la continencia y la perseverancia no son virtudes de la voluntad,


sino, en último análisis, de la razón. En efecto, el continente experimenta las
malas concupiscencias y el perseverante las graves tristezas, y esto indica
defecto de la voluntad. No obstante, la razón persiste con firmeza: la del
continente hace frente a las concupiscencias, y la del perseverante, a las
tristezas. Por eso la continencia y la perseverancia parecen especies de la
constancia que pertenece a la razón, lo mismo que la inconstancia .

ARTíCULO 6

¿Proceden de la lujuria todos estos vicios?

Objeciones por las que parece que los vicios expuestos no

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