La imprudencia
ues bien, puesto que la diligencia pertenece a la prudencia, en el primer
grupo estudiaremos la imprudencia; en el segundo, la negligencia
opuesta a la diligencia.
Por: Santo Tomás de Aquino | Fuente:
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CUESTIÓN 53
La imprudencia
Corresponde a continuación tratar el tema de los vicios opuestos a la
prudencia. Dice San Agustín en IV Contra lulian. que todas las virtudes
tienen no sólo vicios manifiestamente opuestos, como lo es la temeridad
respecto de la prudencia, sino también otros en cierto modo afines a
ellas, semejantes no en la realidad, sino en la apariencia, como lo es la
astucia respecto de la prudencia. Por eso se debe tratar, en primer
lugar, de los vicios manifiestamente opuestos a la prudencia, o sea, los
que tienen su origen en la falta de prudencia en las cosas que ella
requiere. Después habrá que tratar de los vicios que tienen alguna
semejanza con la prudencia, es decir, los que se producen por abuso de
las cosas que le atañen (q.55).
Pues bien, puesto que la diligencia pertenece a la prudencia, en el
primer grupo estudiaremos la imprudencia; en el segundo, la negligencia
opuesta a la diligencia (q.54).
Tocante a lo primero consideramos seis temas:
1._La imprudencia, ¿es pecado?
2._¿Es pecado especial?
3._La precipitación o temeridad.
4._La inconsideración.
5._La inconstancia.
6._El origen de estos vicios.
ARTíCULO 1
¿Es pecado la imprudencia?
Objeciones por las que parece que la imprudencia no es pecado:
1. En expresión de San Agustín, todo pecado es voluntario. Ahora bien,
la imprudencia no es voluntaria, ya que nadie quiere ser imprudente.
Luego la imprudencia no es pecado.
2. Sólo el pecado original nace con el hombre. Ahora bien, la
imprudencia nace con el hombre, como lo prueba el hecho de que
también los yóvenes son imprudentes, y no es el pecado original, el cual
se opone a la justicia original. Por consiguiente, la imprudencia no es
pecado.
3. Todo pecado se borra con la penitencia. Pero la imprudencia no se
borra con la penitencia. Luego la imprudencia no es pecado.
Contra esto: está el hecho de que el tesoro espiritual de la gracia no
desaparece sino por el pecado. Mas por la imprudencia desaparece,
según el testimonio de la Escritura: Tesoro precioso y aceite en la casa
del sabio, pero el hombre imprudente devorará el suyo (Pr 21, 20).
Luego la imprudencia es pecado.
Respondo: La imprudencia puede tomarse en doble sentido: como
privación y como contrariedad. Pero la imprudencia en cuanto tal no se
da como negación, lo cual implicaría simple carecer de prudencia, que
puede darse sin pecado. Como privación, la imprudencia indica carecer
de prudencia quien podría y debería tenerla. En este aspecto es pecado
la imprudencia, por la negligencia en estocarse por adquirir prudencia.
Como contrariedad, la imprudencia indica que se mueve y obra de un
modo contrario a la prudencia. En efecto, la recta razón del prudente
actúa aconsejando; el imprudente, en cambio, desprecia el consejo, y lo
mismo respecto de los demás elementos a tener en cuenta en lo
específico de la prudencia. Tomada en ese sentido, la imprudencia es
pecado opuesto a la razón misma de prudencia. En efecto, el hombre no
puede obrar contra la prudencia sino apartándose de las reglas de la
prudencia recta y virtuosa. Por eso, si hay desviación de las reglas
divinas, es pecado mortal; es el caso de quien despreciando y
rechazando los preceptos divinos obra con precipitación. Pero si actúa al
margen de esas reglas, sin despreciarlas y sin perjuicio en lo que es
necesario para la salvación, es pecado venial .
A las objeciones:
1. Ninguno quiere la deformidad de la imprudencia, pero quiere el acto
de la imprudencia el temerario, que obra precipitadamente. Por eso dice
el Filósofo en VI Ethic. que es menos excusable el que peca en la
prudencia queriendo.
2. Esa objeción procede de la imprudencia como negación. Pero hay que
tener en cuenta que la carencia de prudencia y de cualquier virtud va
incluida en la carencia de justicia original que perfeccionaba toda el
alma. Según eso, toda falta de virtud puede reducirse al pecado original.
3. Por la penitencia nos es restituida la prudencia infusa, y de esa
manera desaparece la carencia de imprudencia. Pero no nos es
restituida como hábito la prudencia adquirida, sino que desaparece el
acto contrario, en el cual consiste precisamente el pecado de
imprudencia.
ARTíCULO 2
¿Es pecado especial la imprudencia?
Objeciones por las que parece que la imprudencia no es pecado especial:
1. Todo el que peca obra contra la recta razón, que es la prudencia. Ahora bien,
como acabamos de exponer (a.1), la imprudencia consiste en obrar contra la
prudencia. Luego la imprudencia no es pecado especial.
2. La prudencia presenta más afinidad con los actos morales que la ciencia. Ahora
bien, la ignorancia, opuesta a la ciencia, figura entre las causas generales de
pecado. Luego mucho más la imprudencia.
3. Los pecados proceden de corrupción de alguna circunstancia en las virtudes, y
por esa razón dice Dionisio en el c.4 De div. nom., que el mal proviene de defectos
particulares. Pero la prudencia requiere, para su constitución, muchos elementos,
por ejemplo: razón, inteligencia, docilidad y los demás expuestos en otro lugar
(q.48 et 49). Hay, pues, muchas especies de imprudencia, y, por lo tanto, no es
pecado especial.
Contra esto: está el hecho de que, como hemos expuesto (a.1), la imprudencia es
lo contrario a la prudencia. La prudencia es virtud especial. Luego la imprudencia
es pecado especial.
Respondo: Se puede decir que un vicio o pecado es general en dos sentidos.
Primero: en sentido absoluto, es decir, que se extiende a todos los pecados.
Segundo: sólo respecto de ciertos pecados, que son especies suyas. En el primer
sentido cabe todavía otra doble consideración. Primera: general por esencia, es
decir, porque afecta a todo pecado. En este caso, la imprudencia no es pecado
general, como tampoco la prudencia es virtud general, ya que se refiere a unos
actos especiales, es decir, a los actos de la razón. Segunda: pecado general por
participación. Bajo este aspecto, la imprudencia es pecado general. En efecto, del
mismo modo que la prudencia en cierta manera tiene parte en todas las virtudes,
porque a todas las dirige, ocurre otro tanto con la imprudencia respecto de los
vicios y pecados, ya que no se da ningún pecado sin que se dé defecto en algún
acto directivo de la razón, y esto atañe a la imprudencia.
Si hablamos de pecado general no absolutamente, sino como un género
determinado dividido en especies diferentes, que contiene otras muchas especies,
en este sentido la imprudencia es pecado general que contiene diversas especies
de tres maneras. La primera, por oposición a las distintas partes subjetivas de la
prudencia. Desde este punto de vista habría que dividir a la imprudencia en otras
tantas especies correlativamente opuestas a las especies de prudencia,
distinguiendo la prudencia directiva de la conducta individual, y otras especies
destinadas al gobierno de la multitud, como explicamos en su lugar (q.48). En
segundo lugar, por oposición a las partes cuasi potenciales de la prudencia, que
son las virtudes adjuntas diferenciadas por los distintos actos de la razón. En este
sentido, la falta de consejo del que se ocupa la eubulia da lugar a la especie de
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