///la ciudad de San Isidro, a los 24 días del mes de agosto de dos mil
seis, se reúnen en Acuerdo los señores Jueces de la Sala Segunda de la Cámara
Primera de Apelación en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial San Isidro,
doctores DANIEL MALAMUD, ROGER ANDRE BIALADE Y JUAN IGNACIO
KRAUSE, para dictar sentencia en el juicio: "Larregui, Carolina y otro
c/Autopistas del Sol SA s/daños y perjuicios" causa nº 100.765; y habiéndose
oportunamente practicado el sorteo pertinente (arts. 168 de la Constitución de la
Provincia y 263 del Código Procesal Civil y Comercial), resulta que debe
observarse el siguiente orden: Dres. Krause, Bialade y Malamud, resolviéndose
plantear y votar las siguientes:
CUESTIONES
1ª ¿Es justa la sentencia apelada?
2ª ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?
VOTACION
A LA PRIMERA CUESTIÓN, EL SEÑOR JUEZ DOCTOR KRAUSE DIJO:
1º) La sentencia de fs. 244/253, que hizo lugar a la demanda promovida
por Carolina Larregui y Juan Pablo López contra Autopistas del Sol SA.,
condenando a ésta a pagar la indemnización de $14.420 con costas, es apelada
por la demandada a fs. 254, quien expresa agravios en el escrito de fs. 266/270,
contestado a fs. 274/275.
2º) Para así decidir, la Sra. Jueza a quo consideró que la concesionaria
de la autopista es responsable por los daños causados al usuario por la presencia
de un objeto extraño en los términos del art. 1113 del Código Civil, pues es
obligación suya asegurar el normal tránsito, suprimiendo las causas que generan
molestias, peligros o inconvenientes, como lo son la permanencia de objetos
inertes que impidan la circulación normal, salvo que la aparición de la cosa en el
camino haya ocurrido instantes antes del accidente, lo que implicaría una causa de
eximisión que debe ser probada por quien pretende exonerarse. Agrega la
sentencia que el concesionario asume una obligación tácita de seguridad, de
resultado, en función del precio que abona el usuario.
Ello así, la sentencia consideró probado a través de la declaración de
dos testigos, que el accidente se produjo a raíz de la maniobra que la actora debió
efectuar para esquivar un perro muerto, cuya embestida mortal había ocurrido
veinte o treinta minutos antes del accidente, lo que implica que la concesionaria
incumplió la expedita remoción del mismo, y ello fue la causa adecuada del daño.
3º) La demandada se agravia cuestionando el encuadre legal formulado
por la a quo, pues sostiene que su responsabilidad en lo tocante a la remoción de
objetos que caen o son dejados por terceros en la cinta asfáltica es de medios y no
de resultados, debiendo demostrar la víctima que la concesionaria incumplió con
su obligación de vigilancia y que tal desatención fue la causa adecuada del daño.
Al respecto agrega que la actora no ha probado el presupuesto que
invocara en la demanda relativo a que el can había sido recientemente atropellado
por otro conductor, ni por ende que el supuesto perro muerto haya permanecido
excesivamente en la calzada. Añade que ha cumplido con su obligación de medios
para prevenir accidentes y remover obstáculos de acuerdo con la valoración que
practica de la prueba producida.
3º) Sostuvo la actora en la demanda que el 6.7.02. durante la noche,
circulando por la autopista, debió imprevista y bruscamente maniobrar hacia su
izquierda para evitar embestir la presencia de un perro muerto de gran porte que
yacía sobre el asfalto, y que como consecuencia de la maniobra impactó su auto
contra el divisor central de la autopista, lo que le ocasionara daños materiales al
vehículo y físicos a la coactora Larregui.
Con relación a la responsabilidad que se le atribuye a la demandada
cabe destacar que "Concesionario vial” es quien tiene atribuido por la autoridad
estatal construir y/o mantener y/o explotar, custodiar, administrar y gestionar
económicamente la vía concedida mediante el régimen de pago de peaje u otro
sistema de prestaciones. Se trata de quien actúa por delegación del Estado en el
mantenimiento de la traza vial, lo que conlleva ciertas obligaciones (causa 88.805
del 17-9-02). Pero el concesionario no asegura una indemnidad absoluta, sino una
tarea diligente para la utilidad apropiada de la traza (causa 87.776 del 9-10-2001).
Ello así, cuando por distintas razones, ajenas al concesionario, existe un objeto
sobre el camino, debe este último removerlo dentro de un tiempo prudente, que es
el razonablemente necesario para tomar conocimiento del obstáculo a través de
sus empleados o por aviso de automovilistas, y proceder a su desplazamiento.
Pero no se puede pretender que impida materialmente la introducción de tales
elementos, ni que si ello ocurre la remoción sea instántanea. Semejante obligación
sería de cumplimiento imposible, por materialmente irrealizable. El concesionario
no puede asegurar una indemnidad absoluta, sino una tarea diligente y relativa a lo
que se estableció conforme contrato, para así obtener una traza lo más libre y
expedita posible (causas 86.444 del 28-6-2001, 93.374 del 20-5-2004, 96.816 del
23-12-2004; 98.359 del 20-10-05 RSD: 224/05; 98.038 del 16-12-05 RSD: 263/05).
Su obligación de seguridad, pues, debe interpretarse a la luz de las obligaciones
asumidas en el contrato de concesión de obra pública celebrado con el Estado,
esto es, la remodelación, conservación y explotación del corredor vial facilitando la
circulación en condiciones de absoluta normalidad, suprimiendo las causas que
originen molestias, inconvenientes o peligrosidad (C.S.N., “Colavita S. y otro c/
Provincia de Buenos Aires, 7-3-2000, L.L. 2000-B-755). En el caso de la Provincia
de Buenos Aires el dec. 2719/94, reglamentario del art. 102 de la ley 11.430
establece, además, que en los corredores viales concesionados la responsabilidad
en cuanto a la adopción de medidas de seguridad a que se refiere dicha norma,
esto es, la eliminación de obstáculos o situaciones similares, es extensiva a la
empresa concesionaria.
Se encuentra, entonces, comprometida la responsabilidad de la
concesionaria respecto de los daños ocurridos en el corredor vial cuando por dolo
o negligencia no cumple con la obligación de seguridad a su cargo y tal
incumplimiento guarda adecuada relación causal con el daño (art. 512, 1109, y cc.
del Cód. Civil). Tal responsabilidad es de carácter subjetivo fundada en el dolo o
culpa del concesionario. Ni de la ley ni del contrato de concesión surge que la
obligación asumida sea de carácter objetivo, salvo en los casos en que el daño
obedece al riesgo o vicio de las cosas de que se sirve, en los términos del art. 1113
del Cód. Civil. No existe una obligación de seguridad de resultado ni, por ende, la
responsabilidad de la concesionaria es presumida. Su responsabilidad surgirá
frente al incumplimiento de las obligaciones asumidas, debiendo demostrar la
víctima que la accionada incurrió en tal incumplimiento y que tal desatención fue la
causa adecuada del daño (causas 86.444 RSD 177/01 del 28.6.01.; 98.038 RSD
263/05 del 16.12.05). No es correcto afirmar, como lo hace la actora al contestar
los agravios, que la Corte de la Nación, en los autos “Ferreira , Víctor c/ VICOV
S.A. s/ daños y perjuicios”, sentencia del 21-3-06 (L.L. 30-3-2006) sentara una
doctrina diferente, puesto que se ha limitado a rechazar formalmente el recurso
extraordinario, por mayoría, por la vía del “certiorari” previsto en el art. 280 del
C.P.C.N. Tampoco existe coincidencia, entre los votos de los señores jueces Dr.
Zaffaroni y Dr. Lorenzetti en cuanto a la responsabilidad objetiva del concesionario,
fundada en una supuesta obligación de resultado, pues este último ha concluido en
que no es posible afirmar la existencia de una garantía de resultado de manera que
el usuario no sufra daño alguno.
Sentado lo expuesto, y entrando al análisis de la responsabilidad
atribuida a la demandada, deben ser consideradas las circunstancias de modo
tiempo y lugar en que el hecho se desarrolló, circunstancias que son variables de
un caso a otro y que deben ser evaluadas por los jueces en cada situación
concreta (S.C.B.A., Ac. 49.726, 6-4-93); así entonces habrá culpa, por la que habrá
de responder la demandada, si ha habido omisión de aquellas diligencias que
exigiere la naturaleza de la obligación y que correspondiesen a las circunstancias
de las personas, del tiempo y del lugar; omisión de la conducta debida por la que
se hubiera podido prever o evitar el daño que ha dado origen a esta causa (causas
31.702 del 22-12-87, 73.398 del 12-3-98 de esta Sala IIa.). En el caso ha de
tenerse especialmente en cuenta que el corredor vial en el que ocurrió el hecho,
cuya concesión tiene la demandada, es uno de los de mayor circulación vehicular,
en el que –según lo expone al contestar la demanda- transitan diariamente
alrededor de 500.000 vehículos de todo tipo y clase. Exige ello, pues, el
cumplimiento estricto y riguroso de las medidas de seguridad adecuadas a fin de
evitar las contingencias previsibles siendo que, además, la vía concesionada
atraviesa zonas con importantes y continuos asentamientos urbanos. Ha de
apreciarse en forma rigurosa la responsabilidad del concesionarios vial y admitirse
todo tipo de pruebas respecto de la conducta culposa o dolosa que le es atribuida,
incluida la prueba presuncional (arts. 375, 376, 163. inc.5º y cc. del C.P.C.).
En el caso –lo adelanto- tal prueba ha sido producida y ha de
confirmarse la sentencia apelada.
En efecto; del testimonio de Julio J. Bampi (fs. 138/139) se desprende
que éste conoció al matrimonio accionante el día del accidente, el cual presenció
pues iba conduciendo su auto detrás del de aquéllos a unos sesenta o setenta
metros de distancia (preg. 1ª). Explica el testigo que el rodado de los actores hizo
un trompo, pues, a raíz de la presencia del perro muerto, debió el conductor
volantear hacia su izquierda, lo cual hizo que el auto impactara contra el divisor
central cruzándose luego por toda la autopista hasta llegar a la banquina derecha
(preg. 2ª). Dice que luego de ver el accidente detuvo su marcha y se ofreció para
llevar a la coactora a un hospital porque se sentía mal; que se asustó porque el
matrimonio iba con un bebé; y que adelante del auto de los actores había otro
colorado, cuyos dueños, según sus dichos, fueron los que habían atropellado al
perro hacía unos 20 minutos. Agregó el testigo que permaneció allí durante 20
minutos pero que durante ese tiempo nadie de la demandada concurrió al lugar
(preg. 2ª). Por su parte Alfredo Jorge Carbonell (fs. 120/121) también declaró haber
conocido a los accionantes el día del accidente (preg. 1ª), ya que también iba
conduciendo su auto detrás del de los actores. Dice haber visto una maniobra
extraña, e identificó luego la presencia de un perro oscuro y muerto, y autos que
paraban en la banquina. Le impresionó -agrega- el peligro que implica la presencia
de un perro muerto en la autopista, y que se detuvo con el propósito de ayudar a
los actores porque lucían muy asustados, constatando la presencia de un auto
azul, uno gris y otro rojo, cuyo conductor explicó que había atropellado al perro
hacía 20 o 30 minutos y estaba esperando el auxilio porque el auto no le
funcionaba. Y manifestó el testigo que durante el tiempo que estuvo allí nadie del
personal de la autopista se hizo presente, lo que le llamó la atención pues dice ser
usuario permanente de la misma (preg. 2ª).
La coherencia de las declaraciones de los testigos frente a los
interrogatorios a que fueran sometidos en presencia de los letrados de ambas
partes, y la coincidencia de ambos respecto de los hechos que rodearon el
accidente, dando suficiente razón de sus dichos en relación a la presencia de
ambos en el lugar, permiten tener por demostrado que el accidente efectivamente
ocurrió habiendo parado y detenido su marcha al menos cuatro vehículos en la
banquina para prestar ayuda a los actores accidentados (arts. 384 y 456 del
C.P.C.). No controvierte la idoneidad probatoria de los testimonios -respecto a la
existencia del hecho- la circunstancia de que las cámaras de video, que como
elemento de seguridad vial destaca la apelante, no hayan registrado las imágenes
del accidente, pues según informa el perito interviniente dichas cámaras no tienen
a la noche una visión detallada, son para detectar la densidad del tránsito y las
más próximas se encuentran en la intersección de la panamericana con las rutas
197 y 202 (fs.175/176). Si bien es cierto que los testigos manifestaron saber que el
perro estaba en el lugar desde hacía 20 minutos por así habérselo contado quien lo
atropellara (que estaba con su vehículo dañado en la banquina), también lo es que
luego del accidente permanecieron otro tanto en el lugar sin que la demandada
tomara la intervención que según sus funcionarios es habitual en accidentes como
el ocurrido (testigos Rocchietti, fs. 92/93, y Binner, fs.94). Aun cuando no recibiera
aviso del accidente por parte de quienes tuvieron conocimiento del mismo, es claro
que pese a todo el sistema de seguridad vial con que cuenta, no hubo respuesta
de su parte, no intentó, ni retiró el objeto inerte del camino en tiempo razonable
alguno pese a la peligrosidad que él representaba para el tránsito vehicular.
Así pues, demostrada la existencia del hecho, la permanencia del
vehículo dañado en la banquina con posterioridad al accidente, como así también
la de quienes pararon para prestar ayuda, la referencia por un tercero de que el
perro se encontraba en el camino desde hacía 20 minutos, y el reconocimiento de
la demandada de que pese a todo ello y de tener un equipo de seguridad
específico afectado a la zona (zona II ,fs. 157) no se enteró del accidente,
constituyen hechos probados que permiten concluir en forma inequívoca con el
incumplimiento por parte de la demandada de su deber de seguridad de acuerdo a
las circunstancias de tiempo, modo y lugar; ha incurrido en negligencia culpable,
que compromete su responsabilidad por los daños sufridos por los actores, al no
haber retirado en tiempo razonable alguno el obstáculo existente en el camino que
causara el accidente (arts. 512, 902, 1109 y cc. del Cód. Civil; arts. 375, 384, 456,
163 inc. 5º y cc. del C.P.C.).
No empece a la conclusión señalada la culpa de la víctima que invoca
la demandada, pues ella se sustenta en un exceso de velocidad no probado y en la
mera conjetura de no haber la actora guardado con el automóvil que lo precedía la
distancia necesaria. Por el contrario, de la declaración de los testigos presenciales
Bampi y Carbonell (fs. 118/119 y fs. 120/121) no surge demostrada que la
velocidad a la que circulaba la actora fuera inadecuada a las circunstancias de
tiempo y lugar (pericia, fs. 154). La verdadera labor impugnativa de una sentencia
no consiste en denunciar ante el Tribunal de Alzada sus supuestas falencias o
injusticias sino en demostrarlas con la mención más o menos específica de los
elementos de prueba que justifiquen tal impugnación (art. 260 del C.P.C.; causas
62.184 del 22-9-94, 83.170 del 30-5-2000).
No siendo menester sino considerar los agravios conducentes a la
solución del litigio, en los términos señalados voto por la afirmativa.
A la misma cuestión, los señores Jueces doctores Bialade y Malamud
por iguales consideraciones, votaron también por la afirmativa.
A LA SEGUNDA CUESTIÓN, EL SEÑOR JUEZ DOCTOR KRAUSE
DIJO:
Dada la forma como se ha resuelto la cuestión anterior, corresponde
confirmar la sentencia apelada en todo lo que decide y ha sido materia de agravio.
Las costas devengadas ante esta Alzada se imponen a la demandada vencida (art.
68 del C.P.C.C.), a cuyo fin se regularán los honorarios de los letrados
intervinientes una vez fijados los de la instancia de origen (art. 31 de la ley 8904).
ASI LO VOTO
A la misma cuestión los señores jueces doctores Bialade y Malamud
por iguales motivos votaron en el mismo sentido.
Con lo que terminó el Acuerdo, dictándose la siguiente:
SENTENCIA
Por ello, en virtud de las conclusiones obtenidas en el Acuerdo que
antecede y de los fundamentos expuestos en el mismo se confirma la sentencia
apelada en todo lo que decide y ha sido materia de agravio. Las costas
devengadas ante esta Alzada se imponen a la demandada vencida (art. 68 del
C.P.C.C.), a cuyo fin se regularán los honorarios de los letrados intervinientes una
vez fijados los de la instancia de origen.
Reg, not. y dev.
Juan Ignacio Krause
Juez
Roger Andre Bialade Daniel Malamud
Juez Juez
Claudia Artola
Secretaria
FUENTE: [Link]