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Callar

El libro narra la historia del punk en Bizkaia entre 1977 y 1989 a través de entrevistas con sus protagonistas, reflejando un contexto político y social de desengaño tras la muerte de Franco. A pesar de la represión y la crisis económica, surgieron movimientos de autoorganización y protesta, donde el punk se convirtió en una forma de expresión para la juventud. Además, se destaca la diversidad de voces y experiencias, incluyendo la participación de mujeres en la escena punk, y se menciona la influencia perdurable de este movimiento en la cultura local.

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El libro narra la historia del punk en Bizkaia entre 1977 y 1989 a través de entrevistas con sus protagonistas, reflejando un contexto político y social de desengaño tras la muerte de Franco. A pesar de la represión y la crisis económica, surgieron movimientos de autoorganización y protesta, donde el punk se convirtió en una forma de expresión para la juventud. Además, se destaca la diversidad de voces y experiencias, incluyendo la participación de mujeres en la escena punk, y se menciona la influencia perdurable de este movimiento en la cultura local.

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A través de la historia de cada grupo, narrada por sus protagonistas en forma de entrevista, el

libro explica la historia de toda una época. Pero no solo se cuenta la historia del punk bizkaíno
de aquellos años, sino que también conforma un relato en primera persona (del plural) de un
momento político y social muy particular.

El libro nos adentra en tiempos de desengaño; la muerte de Franco había llevado a la


población una falsa esperanza de transición democrática, seguida por una victoria del PSOE
(1982) que se vivió, según Fernández Azkarai, “como una traición a la clase trabajadora”.

Eran los tiempos de la reconversión industrial, la entrada en la OTAN, la guerra sucia con el
plan Zona Especial Norte y la creación del GAL (Grupo Antiterrorista de Liberación)... Los
llamados “años de plomo”. En lo económico, eran tiempos de paro, se venía de otra crisis del
petróleo, de una desindustrialización que castigaba especialmente a una zona plagada de
fábricas y puertos; eran tiempos de “desesperación, rabia y ansiedad en calles y hogares”.

Pero también fueron tiempos de autoorganización, de lucha, de okupación. De insumisión, de


colectivos estudiantiles, feministas, de fanzines, de conciertos, de maquetas, “de anti-moda,
imperdibles, chupas y escupitajos en un lugar hostil, gris y deprimente como era la ¡Mierda de
Bizkaia!”.

Mierda_de_Bizkaia_bilbo

Andoni Fernández en la puerta de lo que era el Gaueko de Bilbao. E. PÉREZ

¿Qué te lleva a excavar entre los restos de ese punk de Bizkaia tan desconocido para la
mayoría?

Sentía que faltaba algo dentro de lo que sabíamos del punk de la década de 1980. Yo me he
criado con todos los grupos punks de los años 80, para mí han sido un referente de toda la
vida. Habiendo nacido en 1983, yo no he vivido esta época, pero siempre me he movido entre
bandas, entre fanzines, en el underground, y hablando con amigos me di cuenta de que había
muchas bandas de las que no sabíamos nada, detrás de esas bandas que tanto nos han flipado
siempre, como MCD, había otras de las que no sabíamos nada. Alguna sí nos sonaba, pero esto
era un caldo de cultivo enorme y no sabemos nada de esto. Hablándolo pensé que podíamos
hacerlo nosotros mismos. Estaba convencido de que podíamos hacerlo, al ser nuestra pasión;
tenemos esa pasión con la música, con el punk en este caso, me puse a ello hace cinco años y
ha salido esto.

Tu libro es, en cierta forma, una historia desde dentro, ya que tú mismo has tocado en grupos
de punk de Bilbao, aunque pertenezcas a una generación posterior...

Sí, sí, para mí es una historia de algo que me toca muy cerca. Y esto hay que hacerlo por amor
al arte. He tocado en 28 Escupitajos, en Triple Zero y algún otro. Además, yo he estado
muchos años militando en Irola Irratia, la radio libre de Bilbao. Ya para la radio me encargué de
hacer un fanzine. Además he colaborado en varios fanzines de otras personas: entre otros el
Zarata.

De 1977 a 1989. ¿Por qué escoges este periodo en concreto?

Para mí, escuchar a Kortatu, MCD y Vómito fue todo. Me abrieron a algo que yo no entendía, y
me divertía muchísimo. Pero quería saber más de lo que no conocía de aquellos años. Como he
crecido con esas bandas esa es la época que me interesaba. Hubiese incluido también a grupos
de la década de 1990, pero había que acotar por alguna parte. Eran demasiadas bandas,
demasiada información.

Mierda_de_Bizkaia_ria

El autor de Mierda de Bizkaia en las inmediaciones de la distribuidora alternativa de Bilbao,


DDT. E. PÉREZ

Leer tu libro es introducirse en todo lo que estaba ocurriendo en esos años en Euskadi, además
no solo has entrevistado a personas que tocaban en grupos, sino que también cuentas con
testimonios de personas que hacían fanzines, que organizaban eventos, gente que militaba en
las okupas de aquel entonces, que trabajaba en bares en los que había conciertos... Y también
has tirado mucho de hemeroteca, ¿no? De fanzines, del desaparecido suplemento del
periódico Egin “Bat, bi hiru”...

Sí, entrevisté también a gente diversa que hacía cosas en la época, pues entiendo que la
información cruda, veraz, iba a estar en ese tipo de testimonios, en los fanzines. Además he
hecho mucho trabajo de hemeroteca, y sí, he visto mucho del “Bat, Bi Hiru” del Egin...

Tal y como tú mismo cuentas, “el papel de la policía y la infiltración de drogas fueron
determinantes para que la heroína barriera una gran parte de esa juventud obligada a estar
demasiado tiempo en la calle”. Imagino que a algunos de los protagonistas de la época no los
habrás podido entrevistar porque ya no están...

Es un secreto a voces. La heroína. Una maravillosa labor que hizo la policía aquí para paralizar
los movimientos sociales. Estamos hablando de una época en la que había mucha agitación
social y era el estallido de todo, en los años 80. Había una efervescencia en el ambiente, fue
entonces cuando se empezaron a crear muchas agrupaciones antimilitaristas, okupas,
feministas, incluso las hinchadas de fútbol, era una forma de reunirse y de hacer cosas. Toda
esta agitación política había que pararla; era una contestación al Estado, era la muerte de
Franco, la traición de la Transición aquí... La gente estaba mucho en la calle. Había también
mucho paro y muchas ganas de romper con toda la censura que había habido en el
franquismo. También se dice que Euskal Herria ha sido siempre un laboratorio. Un laboratorio
para experimentar, ya no solo con la droga, sino con las torturas y con infinidades de
barbaridades que ha hecho la policía, la guardia civil y demás.
En ese momento, en el que algunos jóvenes se vuelcan en el punk, parece que las letras de la
canción protesta de los cantautores vascos no bastan, no son suficiententemente rompedoras
para lo que necesitaba la juventud de entonces...

Había que romper muchísimo más, muchísimo más. Se venía de un sitio en el que hablar tu
propia lengua, el euskera, te llevaban detenido. Estaban en ese punto. Los más osados, los que
osaban cantar en euskera, eran lo más revolucionario que había. Pero imagínate; un contexto
de una persona sola con una guitarra. Era una cosa muy patriota, reivindicar nuestra tierra,
nuestros derechos y nuestra lengua. Pero la juventud, o una gran parte de ella, necesitaba dar
una patada a todo esto. Todos los que no se sentían patriotas, ni euskaldunes, la gran mayoría
eran entonces castellano-parlantes, esto era Bizkaia. De las 64 entrevistas, tres solo fueron en
euskera. Había ganas de romperlo mucho más, y con una guitarra acústica no les llegaba...

Con esa ruptura se sientan las bases para poder organizar cosas en lugares propios, se okupan
espacios, comienza la autoorganización, siguiendo la consigna de Hazlo Tú Mismo o Do It
Yourself...

Sin duda. Yo que he estado tantos años en Irola Irratia, sé que se okupó en el año 87 el lugar
donde está, y sigue igual. Seguimos los mismos patrones que esta gente, en esa época, se
inició. Seguimos en los mismos lugares, todo con la misma filosofía. Seguimos en los gaztetxes,
seguimos con la distribución alternativa y en un montón de colectivos que se formaron en esta
época.

Las letras del punk eran un poco cronistas de la realidad del momento, era quizás una forma
de desahogarse de una situación difícil para los jóvenes y un desengaño que quizá en cierto
modo no es tan distinto del que se pueda vivir ahora. En aquel entonces las canciones
denunciaban cosas que hoy en día se siguen teniendo que reivindicar...

Efectivamente. Me decían en las entrevistas eso mismo, que es triste que en aquel entonces
cantásemos, por ejemplo, por el aborto y que hoy en día sigamos aún con esas....

También se menciona en muchas entrevistas el servicio militar obligatorio, la mili, que


interrumpía vidas y proyectos...

Eso fue una lacra, un secuestro que hacían a la juventud, obligado. Muchas de estas bandas se
fueron al traste por la ruptura que provocaba la asquerosa mili.

Has entrevistado a unos cuantos grupos con mujeres entre sus miembros, aunque desde luego
no fuesen una mayoría, sí que las había activas dentro del punk... ¿Qué presencia crees que
tenían las identidades no identificadas como chicos cis hetero, es decir, mujeres, lesbianas,
trans, chicos gays?

En el libro se recoge cierta naturalidad a la hora de hacer las cosas por parte de las chicas. Por
ejemplo, entrevistando a un grupo de Durango, llamado Estupidofacientes, la baterista era una
chica. Le pregunté que cómo se veía tocando un instrumento que parece que siempre está
ocupado por chicos. Ella me decía que no le daba ninguna importancia, que tocaba la batería
como podría cantar o tocar la guitarra o el bajo, que a ella le daba igual, y que sus referentes
eran las Vulpess y otro grupo llamado Belladona.

Estupidofacientes

Estupidofacientes, grupo de Durango activo entre 1987 y 1990. Imagen cedida por el autor.

En este sentido hay un grupo muy interesante que se llaman Tarratada, dos chicas. Les
pusieron el nombre de Trikipunk porque hacían folclore vasco, mezclado con el punk, pero
muy a su estilo. Era muy interesante e incluso han llegado a ser teloneras de muchas bandas
importantes de aquí, de La Polla Records, de Hertzainak... Tocaban incluso versiones de ellos,
pero con otros estilos: fandangos o ritmos tradicionales de aquí. Estas chicas le querían dar un
toque político y feminista a lo que hacían. Salían vestidas de poxpoliñas, de vasquitas, pero con
la ropa hecha por ellas, en un estilo muy provocador; en directo se sacaban las tetas, se
morreaban....

Tarratada

Tarratada. Dúo de Bilbao formado hacia 1985. Imagen cedida por el autor

Parece que ellas eran demasiado punks para el folk y demasiado folks para el punk... ¿A qué
otro grupo destacarías? ¿Con cuál te quedas?

Por ejemplo, Primitivos. Una banda de aquí de Bilbao cuya forma de hacer las canciones me ha
chocado mucho. No había un patrón como en otras bandas, estrofa, estribillo... Era una locura,
marcaba el batería y con el feeling entre ellos iban haciendo los cambios. Las letras son
historias basadas en cómics; hoy en día no se podría publicar una banda así. Podría citar
muchos grupos, ha habido muchos que su calidad me ha sorprendido muchísimo, más
imaginación, más frescura quizá que ahora.

¿Y algo que te haya sorprendido?

Era un poco lo que buscaba. Las anécdotas, los detalles, he disfrutado muchísimo. Algunos
afinaban mordiendo el mástil del bajo o la guitarra utilizando esa vibración. Era supernormal
robar micros de las iglesias. De las cabinas telefónicas arrancaban el teléfono y con un par de
cables, metidos al loro de doble pletina, se enchufaba la guitarra española y así hacían un
ampli.

¿Hoy en día, crees que el punk sigue siendo ese refugio, esa forma de canalizar lo que
necesitan los jóvenes?

Para mí, el punk no ha muerto ni mucho menos; sigue habiendo muchísimas cosas, gente que
organiza conciertos, sigue habiendo bandas, pero quizá sí que hemos perdido ese rollo tan
primitivo. Antes tocaban estas bandas y se llenaba la plaza, se llenaba el gaztetxe, porque
tampoco había más. Había unas ganas de hacer cosas y de ver cosas, que hoy en día... Es que
hay tantos conciertos, y tantas cosas organizadas para el mismo día, el abanico es tan amplio,
que está a la vez un poco difuso. Más que un refugio, es simplemente otra cosa más que hay,
sin más.

Todo lo que cuentas es lo que estuvo a la sombra de esa etiqueta que inventaron, Rock Radical
Vasco.

Los que aparecen en el libro no tiene nada que ver con eso... La etiqueta de RRV es algo que
potenciaron, entre otros, Pablo Cabeza, que lo ha defendido siempre. Lo hicieron porque
creían que un movimiento musical se apoyaría mucho mejor detrás de una etiqueta, como un
fenómeno. Es mucho más fácil de mover así. Las bandas que aparecen en el libro no llegaron a
entrar en esta categoría.

Ellos tampoco se identificaban con la etiqueta, ¿no? La rechazaban.

Les venía algo grande. Porque nunca se han visto aceptados ni por un sello, ni por una
discográfica ni por nada. Y porque muchas ni siquiera tenían el plan de llegar a nada: lo hacían
y punto.

¿Piensas que el punk de esa época influyó en la gente de a pie de Bizkaia?

Esa patada que dieron los punks entonces por supuesto que influyó y sigue influyendo. El
hecho de que un gaztetxe esté ahora mismo celebrando su 11 aniversario, y que esté tan
integrado, como las radios o como... Mi cuadrilla del barrio, que no tienen nada que ver con el
punk, tienen muy asumido que hay otras alternativas, que existe toda una realidad, otras
formas de hacer las cosas, y es gracias a esa patada, a esa conciencia política que luego cada
uno se lleva a los barrios, a la organización dentro de los trabajos...

Este libro es una autoedición, ¿verdad? Aunque en la contraportada del libro aparece el
logotipo de la distribuidora alternativa DDT y otro que indica “Ediciones Sin Gluten” y que me
vas a explicar qué significa...

Es algo autoeditado en esencia. Esto de Ediciones Sin Gluten es una cosa que me he inventado
yo, que soy celíaco. El del dibujo es mi padre [risas]. En cuanto a la distribuidora DDT, siempre
me ha gustado la forma de funcionar de ellos, la distribución alternativa. El lp de mi grupo, 28
Escupitajos, lo sacamos con ellos, para mí es un foco de la cultura muy importante. Y más en
este caso, yo que iba mucho a comprar fanzines y discos aquí, es para mí un gran referente de
aquí de Bilbo.

¿También hay una parte que se puede escuchar, ¿no?

Sí, 35 años después he conseguido digitalizar en las instalaciones de Irola Irratia un montón de
maquetas de las que editaron los grupos a los que entrevisto y las he publicado para que estén
totalmente gratis en internet.

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