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Reflexiones sobre el suicidio en Mishima

Rolando Karothy, doctor en medicina y psicoanalista, reflexiona sobre el suicidio en relación con la obra de Yukio Mishima, quien llevó a cabo un seppuku dramático tras un fallido intento de golpe de estado en Japón. Mishima, conocido por su búsqueda de la belleza y la muerte, utilizó su vida y su obra para explorar temas de nihilismo, vergüenza y sacrificio. A través de su vida y su trágico final, se plantea la compleja relación entre el goce, la violencia y la búsqueda de la estética en la existencia humana.

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Reflexiones sobre el suicidio en Mishima

Rolando Karothy, doctor en medicina y psicoanalista, reflexiona sobre el suicidio en relación con la obra de Yukio Mishima, quien llevó a cabo un seppuku dramático tras un fallido intento de golpe de estado en Japón. Mishima, conocido por su búsqueda de la belleza y la muerte, utilizó su vida y su obra para explorar temas de nihilismo, vergüenza y sacrificio. A través de su vida y su trágico final, se plantea la compleja relación entre el goce, la violencia y la búsqueda de la estética en la existencia humana.

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S

Rolando Karothy
EPPUKU

El hombre depositó su simiente en la mujer.


Comienzaentoncessulargo,largoeinenarra-
ble viaje hacia el nihilismo.

Yukio Mishima, Han-Teijo Daigaku


(El libro de la sabiduría no casta, 1996)

Rolando Karothy es doctor en medicina


En un breve relato de “humor negro” titulado “El
y psicoanalista. Es profesor en la Univer-
mal vidriero” Charles Baudelaire escribió en torno a un su-
sidad Nacional de La Plata. Entre sus li-

bros destacan Los tonos de la verdad.


jeto que observa desde su balcón a un vendedor de cristales.
Ensayo psicoanalítico (1996) y Vagamos
Decide llamarlo, le pregunta si tiene vidrios de colores va-
en la inconsistencia. Los fundamentos del riados y, como consecuencia de no obtener lo que desea com-
psicoanálisis (2001). Ha colaborado en prar, lo empuja por las escaleras, espera que llegue a la calle
otros volúmenes colectivos. Es director de y desde el balcón le arroja una maceta que le produce la
la revista Contexto en psicoanálisis. rotura de sus objetos. El texto culmina con esta frase que el
protagonista se dirige a sí mismo: “Pero qué importa la eter-
nidad de la condenación a quien ha encontrado en un se-
gundo un goce infinito”.1

Ahora es pertinente preguntar: ¿qué sucede cuando ese ins-


tante de “goce infinito” es producido por una agresión aún
más violenta y ejecutada sobre “la propia persona”, es decir,
lo que corrientemente llamamos suicidio?

TIEMPO 73 MEMORIA
Más aún: ¿qué podemos reflexionar en relación a ese instan- Como lo recuerda uno de los biógrafos del escritor japonés,
te tanático cuando es insistentemente dramatizado, esceni- los tres jóvenes saben que la vergüenza es el máximo drama
ficado, escrito, pensado en sus más íntimos detalles antes de para un japonés. Le cortan las ligaduras, abren la puerta;
concluir con ese momento último y definitivo del suicidio? uno de los discípulos de Mishima sostiene en alto la espada
ensangrentada de su jefe y extienden los brazos para ser
El 26 de noviembre de 1970 el escritor japonés Yukio esposados. El “incidente”, planificado por Mishima duran-
Mishima, junto con cuatro jóvenes partidarios, secuestra en te muchos meses, había concluido.
su despacho al general Mishita, comandante en jefe de las
fuerzas de autodefensa japonesas. Desde el comienzo de esta Unos pocos días antes de su muerte él mismo realizó un
operación se le informa que su secuestro duraría sólo dos “homenaje póstumo en vida” en la ciudad de Tokio, home-
horas y que no lo matarían si él cumplía con determinadas naje que consistió en una muestra antológica de su vida y su
condiciones. obra, un catálogo lleno de fotografías del escritor y una ex-
hibición de libros, manuscritos, fotos y objetos personales
En un momento posterior tres de los secuestradores deci- entre los cuales se destacaba sobre un pedestal una katana
den desatar el torso y los brazos del general, dejándolo libre del siglo XVI, soberbia espada que su discípulo Masakatsu
para que pueda efectuar las reverencias correspondientes a Morita usó veinte días después para decapitarlo.
los dos jefes del grupo que lo había sometido al “humillante
secuestro en su propio cartel”. Las fotos seleccionadas por Mishima para esa exposición
giraban alrededor de un tema reiterado insistentemente, es
El general Mishita efectúa las reverencias con sentida decir, su muerte violenta y trágica: Mishima ahogándose en
autenticidad ya que no van dirigidas a sus captores sino a arenas movedizas, atropellado por un camión, con un ha-
sus cabezas, “cuidadosamente colocadas en posición vertical cha clavada en el cráneo, etcétera.
en el suelo, sobre la mancha de sangre, que manan-
do lentamente de ellas se extiende por la alfombra,
hasta confluir con los charcos mayores que rodean a
los dos cadáveres decapitados y con una incisión
transversal en el abdomen”.2

Los captores comienzan a llorar. El general Mishita


les dice: “Llorad, llorad, desahogaos”. Esa reacción
parece necesaria ya que por obediencia al mandato
de su jefe habían cumplido “el supremo sacrificio de
renunciar a morir”. Mishima se los había exigido
para que en el juicio que les esperaba pudieran dar
testimonio de lo acontecido como así también rea-
lizar la propaganda de sus concepciones.

Uno de los secuestradores, llamado Furu Koga, era


el encargado de llevar a cabo la terrible ejecución de
una parte del seppuku, la decapitación o kaishaku
de su jefe y mejor amigo. Ahora sí desatan las pier-
nas y pies del general. Él pide que le desaten las
manos, promete que no va a suicidarse. Dice: “Les
prometo que no voy a intentar nada, pero no me
sometan a la vergüenza de comparecer maniatado
ante mis subordinados”.

TIEMPO 74 MEMORIA
Pero la escena más destacable era la que aparecía en una foto que intentó ahí desplegar lo que él llamaba una “máscara de
donde se observaba al escritor desnudo y arrodillado, inten- normalidad”.
tando abrirse el vientre con una espada mientras que de pie,
a su lado, se encontraba el fotógrafo Kishin Shinoyama “con Al terminar el bachillerato ya había escrito seis novelas, un
una espada en alto, presto a cortarle el cuello”. libro de poemas y tres ensayos de literatura clásica.

En esa exposición también se podía observar una foto de Pero en una oportunidad le escribió a un amigo lo siguiente:
Mishima que representaba a San Sebastián en la misma po-
sición en que fue pintado por Guido Reni, con el torso des- [el poeta Kawaji] dice que no soy ni precoz ni un genio,
nudo, atravesado por flechas, posición y aspecto que tanto sólo un engendro desagradable y puede que tenga razón...
le había impresionado en el cuadro del pintor italiano y que Cuando me contemplo en el espejo me detesto pensan-
había determinado su primera eyaculación, según nos cuenta do: mirá este tipo pálido y enfermizo que sólo sabe ha-
enConfesionesdeunamáscara. blar de literatura... por eso procuro tratar con personas
que ignoran que escribo, y portarme con ellos como un
El escritor japonés había constituido un “ejército privado” estudiante de bachillerato cualquiera... pero lo cierto es
denominado Tate-no-Kai (Sociedad del Escudo), un extra- que me he ido convirtiendo en un ser raro y despegado
ño ejército sin armas cuyo fin no era “matar lo mejor posi- de todo y de todos, a quien sólo le importa escribir.3
ble sin riesgo propio”, como cualquier ejército se propone,
sino “morir sin matar”, morir por el emperador. El padre de Mishima no veía con buenos ojos la vocación
literaria de su hijo. No olvidemos que en Japón la profesión
Todos los integrantes de ese ejército estaban dispuestos a la de escritor había tenido mala reputación social durante
efectuación del kirijini, el suicidio colectivo, una antigua mucho tiempo.
tradición que en el Japón de esa época de escasa estabilidad
política y grandes manifestaciones callejeras podría ser el Mishima había nacido en una época en que la familia había
resultado del avance de la multitud que aplastaría a los miem- decaído en su posición económico-social. El padre y el abuelo
bros de ese ejército privado sin armas. Pero esto podría sal- maternos pertenecían a un clan de agricultores advenedizos
var la vida del emperador porque el ejército japonés oficial que se enriquecieron en la época Meiji (1868-1912).
se vería obligado a intervenir ante la muerte de los ochenta
integrantes de la Sociedad del Escudo. La abuela paterna Natsu fue un personaje clave para Mi-
shima, perteneciente a una familia noble —los Nagai—. En
Este ejército privado ofreció en una oportunidad un desfile las luchas que precedieron a la restauración imperial del pe-
en el Teatro Nacional de Tokio, el mismo lugar donde ensa- riodo Meiji, en 1868, los Nagai —emparentados con los
yaba su primer kabuki en cuatro actos que, como todos los shogun Tokugawa que gobernaron Japón durante 250
kabuki de Mishima, tiene una escena de seppuku. años— tomaron el partido del grupo que fue derrotado.
Los triunfadores decidieron europeizarse y también priva-
En esta escena de ese kabuki, llamado La luna como un arco ron de los títulos de nobleza a los vencidos, entre ellos la
tendido, debía verse, según exigía Mishima, el brillo de la familia de la abuela de Mishima.
sangre, “que lance destellos como una estrella de belleza
refulgente”. En 1944, el emperador —un dios al que no se podía mirar
de frente— le entregó un reloj de plata en la ceremonia anual
La infancia de Mishima, que en realidad se llamaba Kimitake en la que se premiaba a quien ocupaba el primer lugar en la
Hiraoka, fue muy triste: “...la vida me sirvió un banquete promoción.
completo de sinsabores, cuando yo era demasiado joven para
leer el menú...” Poco después tuvo el “honor” de ser seleccionado para mo-
rir como kamikase: suicidarse con su avión contra un barco
Era un niño débil y enfermizo, objeto de la burla y la mar- norteamericano. Pero en un examen físico previo le comen-
ginación por parte de sus compañeros del colegio, de modo tó al médico que padecía una fiebre persistente desde tiem-

TIEMPO 75 MEMORIA
po atrás y a partir de ese argumento mentiroso supusieron por el hecho de que sólo su espíritu tuviese la capacidad de
que estaba afectado de tuberculosis, de modo que lo recha- “crear visiones tangibles de belleza”.
zaron y no le permitieron el acto heroico.
A partir de esa irrupción del deseo de transformar su cuerpo
En Confesiones de una máscara dice: en algo tan hermoso que justificase ser observado, el impul-
so continuó con la necesidad de exhibir sus músculos ante
en cuanto me perdieron de vista desde la puerta del cuar- todas las miradas.
tel, salí corriendo... ¿Cómo es posible que yo diese una
impresión tan sincera mientras mentía al médico?... ¿Por Pero como el cuerpo está destinado a deteriorarse él declara
qué al sentenciarme a regresar a casa ese mismo día, sentí que no va a aceptar ese destino: “Esto significa que no me
la presión de una sonrisa que quería asomar a mis labios resigno a la marcha de la naturaleza... Sé que he empujado a
y que me fue tan difícil ocultar? mi cuerpo por un sendero mortífero”.

Comprendí claramente que en mi vida jamás alcanzaría Empieza ya a perfilarse un tema insistente en la obra de
niveles de gloria que pudiesen justificar haber escapado a Mishima: la articulación, por la vía corporal, entre la belle-
la muerte en el ejército.4 za y la destrucción. Veremos esta relación paso a paso guia-
dos por el hilo de la famosa expresión de Lacan: “la belleza
Uno de los biógrafos de Mishima interpreta este párrafo es la última barrera frente al horror del goce”.
desde una perspectiva que no puede objetarse aunque resul-
te insuficiente: la culpa por la traición al emperador-dios En 1959 escribió La casa de Kyoko, una novela que resultó
encontrará en el seppuku el sustituto tardío como equiva- un fracaso entre el público y también para los críticos. En el
lente de aquella muerte gloriosa temida y deseada que es- otoño de 1959, probablemente después del fracaso de aque-
quivó de joven. lla novela, decidió intervenir en una película de gangsters
llamada Un pobre hombre (Karakase Yaro), donde hacía el
Cuando Mishima tenía treinta años decide dedicarse al papel de un pequeño rufián que era asesinado. Pero él no se
fisicoculturismo. En uno de sus textos expresa: conformó con esa actuación, decidió intervenir como re-
portero en los juegos olímpicos de Japón, apareció desnudo
el lenguaje de la carne es la verdadera antítesis para las en una película que él dirigía, actuó en un cabaret cantando
palabras... Los músculos son a la vez fuerza y forma y este una tonada con música y letra compuesta por él (con el título
concepto de una forma que envuelve a la fuerza es la sín- “El marino asesinado con rosas de papel”) en un dúo junto
tesis perfecta de mi idea de lo que debe ser una obra de con un conocido travesti (Akihiro Maruyama), etcétera.
arte; así los músculos que iba desarrollando eran a la vez
existencia y obras de arte. En su obra Caballos desbocados Mishima pone al protago-
nista en relación con un miembro de la familia imperial
Yagrega: quien, al conocer su decisión de hacer seppuku por el empe-
rador, le pregunta: “Suponiendo que el emperador rechace
...además de buscar la armonía de unamens sana in corpore su oferta ¿qué haría usted?” El héroe responde que en ese
sano... desde la infancia siento en mí un impulso románti- caso se abriría el vientre y en un intento por explicar seme-
co hacia la muerte: pero un tipo de muerte que requiere jante actitud plantea que tiene que ver con la sinceridad:
como su vehículo un cuerpo de perfección clásica... una
figura trágica y poderosa con músculos esculturales es requi- imaginemos que preparo unas bolas de arroz para ofre-
sito indispensable para una muerte noble y romántica.5 cerlas a su majestad imperial... Si su majestad las rechaza
tendría que retirarme y abrirme de inmediato el vientre...
Es pertinente articular esta cita con otras palabras que apa- si las acepta tendré que abrirme el vientre lleno de agrade-
recieron en el catálogo mencionado al comienzo de este tra- cimiento. ¿Por qué? Porque el atrevimiento de hacer bolas
bajo: “El río del cuerpo brotó como un manantial en la mi- de arroz para su majestad con manos tan torpes como las
tad del cauce de mi vida”. Se sentía profundamente amargado mías es un pecado que merece mil muertes como castigo.6

TIEMPO 76 MEMORIA
Resulta evidente que Mishima preparó así sus callejones sin a través del nacimiento y de la muerte; en el intermedio,
salida de modo tal que el suicidio se le aparecía como una la enfermedad, el sufrimiento y el goce.8
muestra de sinceridad.
El descalabro se instala cuando la inscripción implica el cuer-
“La belleza es un soberbio caballo desbocado”, sostiene po, cuando “la caligrafía toma al cuerpo como material en
Mishima en Un bosque en flor, su primer libro publicado a el lugar de la materia mineral”. Una particularidad del es-
los dieciséis años, donde el mar representa al erotismo, la critor es trazar rasgos, trazos, signos sucesivos, demarcacio-
belleza y la muerte, tres temas insistentemente reiterados en nes. Siempre es posible una marca más. Cada falta llama a la
su estética romántica. palabra que sigue. Pero aunque es imposible borrar esa falta

Durante el último año de su vida, el escritor había planifi- si la palabra se satisface sólo por la palabra que sigue,
cado su propia muerte según los preceptos del Hagakure, el como una alhaja siempre faltante, vale más a veces para
código de ética samurai del siglo XVIII. Si clamaba por “la la operación. Tal es quizás el sentido de la caligrafía cor-
muerte, la noche y la sangre”, un impresionante éxtasis go- tante del seppuku que representa probablemente la forma
zoso acompaña a la idea de la muerte: “ambas cosas pare- más insensata, más loca del desorden de la razón y al
cían sobreponerse como si el objeto del deseo físico fuera la mismo tiempo el gesto más interrogativo, más provoca-
muerte misma”. tivo, aquel que puede poner mayormente en cuestiona-
miento el sentido de la escritura frente a la muerte.9
A la vez el éxtasis de la muerte se conjuga con la belleza, tal
como podemos encontrarlo en El pabellón de oro, donde el
En otro texto señala que Mishima parece lamentar la im-
personaje principal, que está atrapado y obsesionado por
portancia que para él tienen las palabras de modo que “re-
la idea de la perfección, incendia y destruye el pabellón ad-
emplazó el metal de la pluma por el del sable”.10 Así lo ex-
mirado.
presa Mishima en El sol y el acero: “En la mayoría de las
personas, presumo, el cuerpo precede al lenguaje. En mi
Paul Mathis se pregunta, en un texto que gira en torno al
caso son las palabras las que vinieron en primer lugar; lue-
suicidio, sobre lo real del cuerpo propio y conjetura que
go, tardíamente, aparentemente con repugnancia y ya vesti-
cuando se realiza el acto de dar o darse muerte se lo hace en
da de conceptos, vino la carne. No es necesario decir que la
función de una imagen investida más que el cuerpo propio
carne ya estaba estropeada por las palabras”.
o en el cuerpo del otro que así devienen los representantes
de la imagen a destruir, pero en esta confusión “en lugar de
En Confesiones de una máscara nos revela que en una opor-
destruir la imagen se destruye el cuerpo que la suscita”.7
tunidad la cercanía de una mujer llamada Sonoko le produ-
Unas palabras de Cesare Pavese abren interrogantes valio- cía un dolor intolerable que le hacía “socavar” los cimientos
sas: “No palabras. Un gesto. No escribiré más”. Palabras fi- de su existencia. Decide amar a esa joven “sin experimentar
nales y definitivas pronunciadas pocos días antes de morir, el más mínimo deseo”. La emergencia de un real relativo al
el 18 de agosto de 1950, que implican una fusión entre la cuerpo lo impulsa a la fantasía del suicidio como un modo
muerte y la desaparición de la escritura misma. ¿De qué de conjurar lo inconjurable. Cuando esa noche llega a su
modo la escritura en Pavese, en Mishima y en tantos otros, casa aparecen por primera vez ideas de suicidio. La descrip-
no ha sido suficientemente investida como para impedir el ción que sigue en relación a esta consideración más seria de
suicidio dejando así que éste tome el lugar del goce? su propia muerte refleja la cercanía, muy sostenida en su
obra y en su vida, entre la belleza y la muerte. La belleza
Es cierto que lo escrito no es sólo el grafismo de las pala- aparece, por ejemplo, transformada en el frío glacial de un
bras sino puñal que corta: “el frío glacial de su mano contra mi piel
me produjo el efecto de una puñalada y, sin embargo, era
todo lo que nos fuerza a dejar una huella: huellas pinta- agradable”.
das, huellas musicales y quizás huellas sobre el cuerpo,
que es el material privilegiado, permanente de la inscrip- Mishima denuncia el carácter de suplencia de toda suplen-
ción. El cuerpo es el primero y el último lugar del escrito, cia de la falta de relación sexual. Pero esto lo conduce a la

TIEMPO 77 MEMORIA
ilusión de reencontrarla en un punto de excepción: la arti- inmolado prematuramente; y la visión del San Sebastián
culación entre el dolor y el goce a partir de la belleza en del Guido, apareció ante mis ojos, tal como lo vi en
general y también de la armonía que deriva de la fuerza y el Génova: un adolescente hermoso y moreno, de cabellera
desarrollo muscular. “A medida que mi cuerpo adquiere una espesa y rizosa, de labios rojos, a quien sus enemigos ha-
musculatura y al mismo tiempo fuerza, poco a poco se pro- bían atado a un árbol y que, aún traspasado por las fle-
ducía en mí una tendencia a aceptar positivamente el dolor chas, alzaba los ojos llenos de divina expresión apasionada
y aumentó el interés que yo sentía por el sufrimiento físico”. hacia la eterna belleza de los cielos que se abrían.12

La muerte violenta es cada vez más inevitable, cada vez más Ritter afirma que la fascinación es por la desnudez blanca
imaginada como un “goce magnífico” que lleva inclusive a del cuerpo expuesto en la imagen de San Sebastián, cuerpo
anticiparla como un espectáculo, una exhibición de su cas- levemente cubierto por un reducido paño que indica la re-
tración ofrecida así al Otro al cual apela. lación velo-falo. Pero lo que más
“Se verá exhibiéndose; será mirado tal importaría en esta imagen es el
como él miraba a San Sebastián”, dice Paul hecho de que funcione como la
Mathis. matriz de una serie de fantasmas
sádicos, desde una fantasía mas-
También es notorio su impulso a “soñar turbatoria de asesinar a un joven
con efusiones de sangre”. Mathis señala con un cuchillo hasta el sacrificio
acertadamente que el cuchillo representa de un adolescente del cual está
el falo ausente y el acto del seppuku, en su enamorado y que le es servido en
derramamiento de sangre, escenifica un un plato para ser destrozado y de-
acto sexual tal como se desprendería de vorado.
este fragmento:
Ya señalamos que Mishima des-
La víctima comba su cuerpo profirien- cribe su destino a la manera de un
do un grito de abandono, un grito las- banquete: “Me sirvieron el menú
timoso y un espasmo crispa los mús- completo de todas las dificultades
culos alrededor de la herida. El cuchillo de mi vida”.
ha sido clavado en la carne estremecida con tanta tran-
quilidad como si hubiera sido introducido en una vaina. John Natan, uno de sus biógrafos, nos dice que los ancestros
Un arroyo de sangre hierve, se derrama y comienza a co- de Mishima del lado paterno eran campesinos de condición
rrer sobre sus músculos lisos. tan humilde que antes del siglo XIX no tenían un patronímico
que los identificara. El apellido Hiraoka, verdadero nombre
Según Marcel Ritter, Confesiones de una máscara nos ofrece de Mishima, aparece por primera vez en la familia hacia
una ilustración clínica del efecto de coerción que caracteri- 1820, en el registro de un templo de una pequeña ciudad
za la ebenbild.11 Este término de Freud, que puede traducirse del centro de Japón. El primer portador del apellido tuvo
como “imagen fija” referida al pasado y que implica cierto que abandonar su casa porque cayó en desgracia cuando su
valor profético, aparece en el último párrafo de Die Traum- hijo mató con una flecha a un faisán que pertenecía al señor
deutung. Sería la matriz y la fuente de la repetición de lo del lugar. Esta exclusión marca la vida de Mishima. Puede
mismo que esa imagen encarna, promoviendo así lo que no conjeturarse así que la imagen de San Sebastián, un guardia
cesa de ponerse en escena. Un ejemplo puede encontrarse pretoriano condenado a muerte por el emperador romano,
cuando a los doce años Mishima describe la reproducción atravesado por flechas, imagen que estaba allí, según él mis-
del San Sebastián de Guido Reni. Seguramente había leído mo dijo, esperándolo, tiene íntima relación con “aquel epi-
este fragmento de Oscar Wilde, del que era lector asiduo: sodio de la vida de sus ancestros”.

y en pie, junto a la mezquina tumba de aquel divino ado- Cuando a los dieciséis años tuvo que adoptar un nombre
lescente me lo imaginé como un sacerdote de la belleza para la publicación de su primera obra él elige, de acuerdo

TIEMPO 78 MEMORIA
con su profesor, Mishima, que es el nombre de la ciudad namente en el prestigio y lograr la existencia en la conme-
desde donde se observa con más nitidez la cumbre nevada moración que la palabra produce.
del Fujiyama. Este apellido elegido está precedido por Yukio,
relacionado con el término japonésYoki, que significa nieve. El texto de Mishima muestra a la muerte

albergada en el misterio de los objetos cotidianos, en los


Se nota entonces que la blancura que tanto le impresionaba
rincones melancólicos y furtivos de una infancia que se
en la imagen de San Sebastián “se encuentra desde entonces
adelanta, experimental en las infracciones, humillada en
para siempre inscrita en su nombre prestado y perennizado
las renuncias, pero primero huraña a las formas sociales
por el sesgo de su obra”.
del duelo y luego aprendiendo a pretextarse a sí mismo
en el comercio con el mundo.15
El psicoanálisis enseña que es posible amar el nombre pro-
pio pero lo que no se tolera es que el inconciente está tejido
Vivir eternamente o pasión de ser, pretensión del suicida
a partir de su olvido. “Por eso se rechaza el inconciente cre-
que es la versión del goce de Dios en el sacrificio de Cristo,
yendo elegir el nombre pero no puede así quedarse ni con
a partir de ese Otro que el neurótico imagina siempre pi-
aquel con el que se consuela el neurótico: ‘yo’. Por supuesto,
diendo su castración.
no puede trascender el velo sin el cual no hay sujeto salvo
realizándolo en lo real como imposible”.13 Es por ello que el Uno de los nombres de Cristo es el Cordero, es decir el
nombre puro, en su propia blancura, como versión fantas- sacrificio, y es por ello que la pareja sadomasoquista tiene
mática del padre “es un encuentro imposible incluso cuando lugar sólo en la escena del fantasma en la medida en que
se logre atravesar el marco creyendo poder acceder a Aque nombra la relación padre-hijo como “el único modo de ima-
que dice: ‘soy lo que yo es’”.14 ginar una relación —dar una versión— si lo real es la ausen-
cia de relación y lo simbólico nombra un muerto”.
“Seré un gran muerto...”, expresó Jacques Rigaut antes de
suicidarse. La pasión de ser es lo que se deriva como preten- El último grito de Mishima agonizante: “Tenno heikai
sión en la elección de la muerte y no la supuesta extinción Banzai” (“Larga vida al emperador”), muestra la carta que el
de la existencia. escritor poseía, es decir el emperador, el baluarte salvador
de la “serpiente verde”, maldición bíblica que muerde al Ja-
Se trata de la “fascinación por un gesto irremediable” para pón moderno al que ofrenda sus restos como “restos de un
declarar así la propia inmortalidad como si se siguiera el naufragio arrastrados por el Río de la Acción, que la inmen-
ejemplo de Empédocles, quien, según la leyenda, se arrojó sa ola ha dejado por un momento en seco, sobre la arena,
al Etna, es decir, exterminó su cuerpo para sobrevivir eter- para volver a llevárselos después”.16 •

Notas 8Ibid., p. 9.

1Charles Baudelaire, “El mal vidriero”, en André Breton, Antología 9Ibid.

del humor negro, Barcelona, Anagrama, 1991, p. 114. 10Paul Mathis, “Ética y sexuación”, en Actas de la Escuela Freudiana

2Juan Antonio Vallejo-Nágera, Mishima o el placer de morir, Barcelo- de París, Barcelona, Petrel, 1980, p. 140.
na, Planeta, 1985, p. 16. 11Marcel Ritter, “La contraite de l´Ebenbild. A propos de Confession

3John Nathan, Mishima, a biography, Boston, Little Brown and Co., d´un masque de Mishima”, en Apertura, vol. 5, 1991, p. 9.
1974, p. 38. 12Oscar Wilde, “La tumba de Keats”, en Obras completas, Madrid,

4Yukio Mishima, Confesions of a mask, Nueva York, New Directions, Aguilar, 1979, pp. 1122-1124.
1958, pp. 136-138. 13Sara Glasman, “El fantasma del suicidio”, en Conjetural, 25, Bue-

5Yukio Mishima, Sun and Steal, Nueva York, Secker and Warburg, nos Aires, Sitio, p. 44.
1971, pp. 27-28. 14Ibid.

6Yukio Mishima, Caballos desbocados, Barcelona, Caralt, 1976, pp. 15Jorge Jinkis, “Interpretación psicoanalítica del suicidio”, en Con-

181-182. jetural, 10, Buenos Aires, Sitio, p. 24.


7Paul Mathis, “Suicidio, escritura y locura”, en Psiché, núm. 36, ju- 16Margueritte Yourcenar, Mishima o la visión del vacío, Barcelona,

lio-agosto, 1990, p. 8. Seix Barral, 1985, p. 141.

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