Reseña
Réquiem por Lima. Hans Rothgiesser. Lima, Perú: Altazor, 2017, 174 p.
La literatura de terror acaso puede llegar a ser popular en la sociedad
limeña, una ciudad constantemente asechada por el suspenso que espera
al voltear una cuadra o al caminar de noche por un distrito “olvidado”.
Hans Rothgiesser reemplaza la figura del ladrón, como antagonista, por la
del zombi. De inmediato aparece un contraste poco común de la que toda
literatura y cine de terror parece haberse olvidado, pero que sin lugar a dudas
tiene como candidato a una gran ciudad que Rothgiesser rescata y modela
como escenario de un apocalipsis zombi, una versión paralela de representar
Lima en la literatura. Antes de seguir abordando las ideas respecto a la
representación literaria, presentaremos al autor y su producción literaria.
Hans Rothgiesser estudió economía en la Universidad del Pacífico e hizo
una maestría en periodismo en la Universidad de Gales. Ha sido autor de
publicaciones en El Comercio, Perú 21, Perú Económico, y demás diarios.
Además, ha sido autor de las novelas El heraldo del muelle, El heraldo en la
barca, Albatros, Réquiem por Lima y Réquiem por San Borja. No obstante,
esta vez, reseñaremos su novela Réquiem por Lima, editada por la editorial
Altazor, cuya primera, segunda y tercera edición datan de los años 2014, 2015
y 2017, respectivamente.
La tensión que maneja Rothgiesser hace a la novela atractivamente
dinámica. Lo que no se narra y lo que se narra permite seguir enganchado al
desarrollo de la trama. La técnica invita al lector a participar imaginándose
los posibles escenarios y las posibles salidas que permitan al protagonista
huir, de un rodeo de zombis, o completar su objetivo, recolectar objetos
para intercambiarlos por dinero. El protagonista se ve así insertado en un
escenario donde la omnisciencia resulta crucial. Lo que la vista no puede
llegar a ver contribuyen a aumentar el desconcierto del protagonista
contagiado al lector: «[…] el interior de Polvos Rosados me llama la atención.
Dentro hay mucho movimiento. Algo extraño sucede ahí. No obstante, tengo
algo más importante en qué pensar por el momento» (p. 121). Rothgiesser
maneja la trama con pericia, camuflándose dentro de su protagonista,
moviendo la focalización a puntos que favorezcan los sucesos y aumenten el
suspenso y dinamismo. Así, la coherencia se construye a partir de escenarios
lógicos, por ejemplo, en un escenario apocalíptico muchos serían capaces
de enfrentar a un zombi, pero lo que la ficción de este género descuida es
la propia biología del cuerpo humano: «Ya me ha pasado antes que el olor es
demasiado fuerte y me obliga a retroceder o a soltar el arma que tenía en la
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mano para taparme la nariz» (p. 131). El detalle que Rothgiesser representa
en el realismo de sus descripciones materializa la verosimilitud del relato y
demuestran la calidad del trabajo de su obra.
Un punto para tomar en cuenta en el inicio de la novela es la figura
del caminante. Un personaje muy bien configurado para un escenario como
el que se plantea. El personaje destaca por su capacidad de análisis y su
capacidad estratégica para salir de los nudos narrativos a los que se somete.
Además, un punto resaltante es su carácter que lo equipara a un sujeto frío y
calculador. Como caminante, persona que viaja a través de la ciudad infecta
para recolectar objetos, debe ser capaz de tomar decisiones muy rápidas,
que aseguren su supervivencia. Un trabajo duro que curte y prácticamente
obliga a los sobrevivientes a pulir su singularidad. El flujo narrativo nos
revela los factores que lo llevan a actuar de esa manera: la pérdida de
sus familiares y las constantes reflexiones sobre su soledad justifican el
desapego humano que lo invade. A esto se agrega el motivo para seguir con
vida en un escenario donde la pregunta por vivir se hace más complicada de
responder. La respuesta recae simplemente en tomar el apocalipsis zombi
como un problema más, inherente a Lima, como el tráfico, la delincuencia o
el desacato a la autoridad, y seguir viviendo en sociedades, ahora dispersas,
pero que ofrecen al protagonista una visión momentánea que se asemeja a
un hogar.
De esta manera se deja ver una forma de crítica camuflada debajo
de una pandemia social cuya metáfora estrecha vínculos con el accionar de
sus propios pobladores. En esta sociedad zombificada se representan tres
sociedades: los halcones, los militares y la colonia del protagonista. Estas
sociedades tienen sus reglas y velan celosamente su integridad actuando
como un cuerpo social a gran escala que toma como enemigo a cualquier
otro, sea zombi, sea humano. El misterio que envuelve a la sociedad de los
halcones recae en el castigo a los que robaron una radio de la comunidad.
El castigo de los infractores solo permite interpretarse mediante el juicio
aplicado al protagonista, la muerte: «El papel tiene un mensaje corto y claro:
“Te planean matar cuando lleguen”» (p. 127). Lo que esta crítica latente
concretiza es la oposición entre este cuerpo social que prioriza a personas
esenciales y que actúa como una pequeña Lima con prejuicios y secretos
frente al obligado individualismo del “caminante” que le permite vivir la paz
en soledad, esquiva, pero precisamente por eso placentera.
En conclusión, Réquiem por Lima es una novela que ofrece dos matices
esenciales: se puede leer como una ficción disfrutable de principio a fin por
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su trama atrapante y dinámica o como una forma de literatura que solapa
una crítica que no descuida su contexto al oponer el individualismo frente a
la sociedad, elemento que la literatura de calidad no soslaya. Una novela que
perfila el camino de la producción literaria que aborda este género, cuyos
lectores añoramos se siga desarrollando en nuestras obras.
Frich Enrique Flores Sobenes
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
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