1 IDENTIFICACIÓN DE LOS HECHOS
El día 03.JUL.2023 la empresa boliviana INDUSTRIAS DEL ACEITE S.A. contrata los
servicios de transporte de carga internacional de la empresa TRANS GUARABIA S.R.L.,
empresa que se encuentra debidamente autorizada para realizar dicho servicio en el Perú.
El Servicio contratado consiste en el traslado de 98 TN. De Aceite de Soya desde la planta
de procesamiento de la empresa INDUSTRIAS DEL ACEITE S.A. ubicada en Santa Cruz,
Bolivia, hasta el Depósito Temporal TRAMARSA en el Puerto de Ilo en Perú, dicha
mercancía tenía como destino final el Puerto de Manta en Ecuador. Dicha mercancía tiene
un valor total de US$ 980,000.00 conforme consta en la Factura Comercial de Exportación
en Libre Consignación N° 11, bajo las condiciones del incoterm CPT.
Para el transporte de la referida mercancía la empresa TRANS GUARABIA S.R.L. tuvo
previsto hacerlo de manera fraccionada en diferentes fechas, dentro ellas el día 04 de
JUL.2024 Elabora la Carta Porte Internacional por Carretera CRT N°11-054, que incluye el
MIC/DTA 23BO334580F, en el cual señala que los vehículos remolque y semirremolque
6225ZSP y BQ14253, transportan 29050 Kg, cuyo valor es de US$ 28487.00 y el valor del
flete es US$ 2546.00. Cabe mencionar que se colocaron precintos de seguridad en el
semirremolque cisterna.
En fecha 06.JUL.2023 personal de la Intendencia de Aduana de Ilo da cuenta al Ministerio
Público de la intervención de los vehículos, propiedad de la empresa TRANS GUARABIA
S.R.L. con código SUNAT N.º 4332, en el terminal de almacenamiento TRAMARSA (Zona
Primaria), dicho vehículo era conducido por el señor Zenobio Escarzo Mamani, de
nacionalidad boliviana, con Cédula de Identidad 2039342, según MIC/DTA 23BO334580F,
transporta 29050 Kg., de Aceite crudo de Soya a granel de procedencia extranjera, donde
se observó la falta de 03 sellos de control, motivo por el cual se solicita a la dependencia de
la SUNAT Aduana ubicada en el CEBAF Desaguadero-Puno, la situación de ingreso de
dichos vehículos, teniendo como respuesta que el conductor de los referidos vehículos no
concluyó el trámite correspondiente debido a que el transportista contaba con un trámite
pendiente por parte de la intendencia de aduana de Ilo, situación que imposibilita el tránsito
en el país, dicha situación conforme a lo señalado por el especialista de aduanas H.M.D
seria mercancía de contrabando. Motivo por el cual se procedió a elaborar el Acta de
Incautación N°163-0201-2023-000002 y N°163-0201-2023-000003, por la mercancía y el
vehículo respectivamente y a la detención del señor Escarzo Mamani.
Luego de seguir un proceso judicial y posteriormente administrativo, la Administración
Aduanera mediante Resolución de División N° 00013-2024-SUNAT/3M0500 de fecha
08.Mar.2024 resIolvió la devolución de la mercancía señalada en el MIC/DTA
23BO334580F, es decir luego de 8 meses y 2 días. Al abrir los precintos de seguridad se
encontró que la mercancía consistente en aceite crudo de soya estaba rancio y con un olor
putrefacto determinando que no es apto para el consumo directo ni para el uso industrial.
2. PROBLEMAS JURÍDICOS
1. Efectos de la resolución del contrato por incumplimiento
La resolución de un contrato por incumplimiento es un remedio legal que pone fin al contrato
debido a que una de las partes no ha cumplido con sus obligaciones contractuales. Este
proceso tiene varios efectos importantes, tanto para la parte que incumple como para la
parte que sufre el incumplimiento. Tal como lo señala el autor: “Cuando existe
incumplimiento la parte cumplida del contrato tiene a su disposición dos opciones, de un
lado, continuar con el contrato, y en tal caso el camino a seguir es solicitar su ejecución
forzada; de otro lado, puede simplemente liberarse del vínculo con su co-contratante, y
renunciar formalmente al contrato y a cualquier contraprestación pendiente, y hacer que el
incumplimiento sea definitivo” (Mengoni, 2011, p.5).
En ambos casos, la pretensión puede estar acompañada de la solicitud de indemnización
por los daños y perjuicios que el incumplimiento ha podido causar. En general se afirma que
la resolución extingue el contrato y libera a las partes de las obligaciones derivadas, todo
ello con un efecto retroactivo que implica que se deben restituir las prestaciones que han
sido ejecutadas en observancia del contrato.
Asimismo, las distintas legislaciones tienen distintos preceptos o puntos de vista distintos a
este tema, por ejemplo, en países como España, el Tribunal Supremo desde el año 1944
manifestó su realce en el carácter de remedio de la acción resolutoria. Además, que se
concluye la finalidad del contrato por el incumplimiento, porque se quebranta la finalidad del
contrato.
Diez-Picazo citado por Arámbulo señala que: “Todos estos supuestos pueden resumirse en
uno solo: la frustración del fin o causa del contrato. De este modo, procederá la resolución
cuando el incumplimiento le impida sustancialmente al acreedor recibir todo aquello a lo que
tenía derecho esperar en virtud del contrato”. (2008, p.17)
En situaciones recurrentes y en diversas jurisdicciones, cuando las partes contratantes no
cumplen con lo acordado, se han identificado disposiciones resolutivas en varias normativas
internacionales, como en la Convención de Viena de Compraventa Internacional de
(Mercaderías, 2011), en su artículo 25 que describe:
El incumplimiento del contrato por una de las partes será esencial cuando cause a la otra
parte un perjuicio tal que la prive sustancialmente de lo que tenía derecho a esperar en
virtud del contrato, salvo que la parte que haya incumplido no hubiera previsto tal resultado
y que una persona razonable de la misma condición no lo hubiera previsto en igual
situación.
De esta manera, ambas partes establecen una relación legal que crea un lazo de
obligaciones mutuas. Por consiguiente, cada parte tiene derecho a recibir lo acordado,
mientras cumple con sus propias obligaciones hacia la otra parte. Independientemente de
las causas del incumplimiento, el acreedor buscará diversas alternativas para encontrar un
nuevo contratante que satisfaga sus necesidades, ya que el incumplimiento por parte del
deudor le causa perjuicio. Por lo tanto, la resolución del contrato actúa como un remedio
para el acreedor, protegiendo su interés contractual frente al perjuicio causado. Sin
embargo, existen ciertos casos en donde se pueda demostrar realmente porque no se da el
cumplimiento, en donde se demuestre que por circunstancias que ameriten la gravedad del
caso, pueda haber frustrar dicha prestación que esperaba el acreedor, y sobre todo por la
buena fe contractual, en donde constituya una real y consiente inejecución del contrato.
2. Complejidad para determinar el monto de indemnización en casos de daños.
Establecer el monto adecuado de indemnización por el valor de la mercancía, el daño moral
y el lucro cesante, considerando la subjetividad y la necesidad de pruebas contundentes.
Determinar el valor de la mercancía perdida o dañada puede basarse en facturas, contratos
y precios de mercado. Es importante contar con pruebas documentales que acrediten el
valor reclamado. Pero para el daño moral que es más subjetivo puede requerir testimonio,
informes psicológicos y otros medios de prueba para su cuantificación y en caso del daño
lucro cesante para su cálculo, es necesario presentar pruebas de los ingresos esperados,
historial de ganancias, contratos de venta perdidos, etc
Ante lo descrito se establece que la indemnización comprende las consecuencias que
deriven de la acción u omisión generadora del daño, incluyendo el lucro cesante, el daño a
la persona y el daño moral, demostrándose la relación entre el hecho y el daño producido.
Tal como señala Fernandez: “La indemnización comprende las consecuencias que deriven
de la acción u omisión generadora del daño, incluyendo el lucro cesante, el daño a la
persona y el daño moral, debiendo existir una relación de causalidad adecuada entre el
hecho y el daño producido. El monto de la indemnización devenga intereses legales desde
la fecha en que se produjo el daño”. (2005, p.11)
La distinción entre daño y perjuicio es reconocida por la doctrina jurídica francesa. Según
esta distinción, el daño se refiere a la lesión sufrida por una persona o cosa, mientras que el
perjuicio abarca las consecuencias económicas o no económicas de esa lesión. En otras
palabras, el daño es la afectación a la integridad de un bien o individuo, mientras que el
perjuicio se refiere a las repercusiones de esa afectación en términos patrimoniales o
extrapatrimoniales. Esta posición coincide con el concepto italiano de "daño-evento" (la
lesión al interés protegido) y "daño-consecuencia" (daño emergente, lucro cesante, daño
personal y moral). Estas dos concepciones de daño pueden coexistir, pero confundirlas
equivaldría a entremezclar problemas legales diversos, como la injusticia de la lesión, la
identificación del responsable y la determinación de los daños resarcibles.
En materia de responsabilidad civil, el Código Civil peruano adopta un sistema binario:
tenemos regulada la responsabilidad contractual en el Libro VI, Las Obligaciones, Sección
Segunda, Efectos de las Obligaciones. Título IX, Inejecución de las Obligaciones, y la
responsabilidad extra-contractual, en el Libro VII, Fuentes de las Obligaciones, Sección
Sexta.
Por lo tanto, El Código Civil el cual establece que: “Queda sujeto a la indemnización de
daños y perjuicios quien no ejecuta sus obligaciones por dolo, culpa inexcusable o culpa
leve. El resarcimiento por inejecución de la obligación o por su cumplimiento parcial, tardío o
defectuoso, comprende tanto el daño emergente como el lucro cesante, en cuanto sean
consecuencia inmediata y directa de tal inejecución. Si la inejecución o el cumplimiento
parcial, tardío o defectuoso de la obligación, obedecieran a culpa leve, el resarcimiento se
limita al daño que podía preverse al tiempo en que fue contraída”. Código Civil Peruano
[C.P.P]. Art. 1321.25 de Jul 1984 (Perú).
De la cita se desprende que, en el caso de responsabilidad por culpa leve, sólo se responde
por el daño previsible. En el caso de responsabilidad por dolo o culpa inexcusable, sólo se
responde por los daños que sean consecuencia inmediata y directa de la inejecución de la
obligación
Por otro lado es fundamental mirar el principio de reparación integral del daño, que implica
que la víctima debe recibir una compensación que cubra todas las pérdidas sufridas como
resultado del incumplimiento contractual. Esto significa que la indemnización no debería
estar sujeta a límites fijos, sino que debería adaptarse a las circunstancias específicas de
cada caso para asegurar que la víctima sea completamente resarcida por el perjuicio
sufrido.
Por lo tanto, a pesar de que los códigos civiles mencionados establecen topes para la
reparación del daño en casos de responsabilidad civil contractual, es importante interpretar
y aplicar estas disposiciones de manera que se garantice la reparación integral del daño,
teniendo en cuenta las particularidades y necesidades de cada situación. Esto implica
considerar no solo el daño material, sino también el daño moral y otros aspectos relevantes
para asegurar una compensación justa y adecuada para la víctima.
3. Restricciones a las demandas de daños y perjuicios contra los trabajadores
Las restricciones impuestas en la demanda de daños y perjuicios contra los trabajadores
que han sido despedidos por falta grave reflejan un esfuerzo por equilibrar la protección de
los derechos de los trabajadores con la necesidad de los empleadores de buscar reparación
por daños económicos directos causados por acciones del trabajador. Estas limitaciones
indican que, aunque la intención detrás de la regulación es proteger a los trabajadores de
reclamaciones injustas y mitigar el abuso de los procesos legales por parte de los
empleadores, también puede llevar a injusticias inadvertidas.
2.1 CAPACIDAD DE ACTORES.
Es la aptitud para ser titular de situaciones jurídicas procesales, es decir, permite
establecer a quién se le pueden imputar los derechos, deberes, cargas y
obligaciones nacidas del proceso. A través de ella podemos determinar quién puede
ser demandante o demandado, en cualquier proceso. De conformidad con el artículo
3 de nuestro Código Civil “Toda persona tiene capacidad jurídica para el goce y
ejercicio de sus derechos. La capacidad de ejercicio solo puede ser restringida por
ley. Las personas con discapacidad tienen capacidad de ejercicio en igualdad de
condiciones en todos los aspectos de la vida”.
A través de la última reforma efectuada al Código Civil, mediante el Decreto Legislativo
1384 (en adelante DL 1384) se deja de lado el tratamiento paternalista a las personas con
discapacidad quienes pasan a ser parte de un régimen de igualdad jurídica. Ello ha
permitido que el ordenamiento jurídico peruano se acerque a las directrices de las Naciones
Unidas, lo que implica el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos,
especialmente en cuanto a su dignidad, autonomía e igualdad ante la ley (Varsi Rospigliosi,
2019, p. 200).
Esta reforma se enmarca en una tendencia regional, así en el 2015 Argentina sancionó un
nuevo Código Civil y Comercial que, aunque no eliminó la interdicción, sí limitó severamente
la posibilidad de imponerla a personas con discapacidad mental. Costa Rica, por su parte,
eliminó en el 2016 la interdicción y reguló la figura de los apoyos (aunque en sentido estricto
se trata más de normas sobre asistencia personal que sobre apoyos para el ejercicio de la
capacidad jurídica). De manera más reciente, Colombia ha modificado su normativa para
reconocer la capacidad jurídica de personas con discapacidad, estableciendo apoyos y
salvaguardias. Finalmente, se ha presentado en la Cámara de Diputados de Chile una
iniciativa legislativa para reconocer la capacidad jurídica de personas con discapacidad
(Bregaglio Lazarte y Constantino Caycho, 2020, p. 34).
2.2 la capacidad jurídica y la capacidad de goce en el derecho comparado:
De acuerdo con una doctrina nacional la capacidad de goce es efecto del reconocimiento
del Derecho, de la existencia de condiciones por las que un ser es idóneo de tener intereses
dignos de tutela. Es decir, es el estado que tiene el sujeto para beneficiarse de una
protección legal. Se reconoce que todo individuo es fuente de derechos, deberes, facultades
y obligaciones. Todos tenemos capacidad de goce. El que es plenamente capaz no tiene
que recurrir a ninguna otra persona para acceder a sus derechos. (Varsi Rospigliosi, 2014,
p. 809)
Para una doctrina italiana la capacidad jurídica es la idoneidad del sujeto de ser titular de
posiciones jurídicas. Esto es general cuando el sujeto es abstractamente idóneo de ser
titular de todas las situaciones jurídicas conexas a sus intereses y a su actividad. Asimismo,
la capacidad jurídica general compete a todas las personas naturales y personas jurídicas.
La persona natural adquiere la capacidad jurídica definitiva con el nacimiento y la conserva
hasta el momento de la muerte. (Bianca, 1987, p. 193).
Doctrina francesa advierte que es regla general el que un individuo acceda a la
personalidad jurídica desde el momento de su nacimiento. Motivos de orden público
imponen que la irrupción de esta nueva persona en el mundo del derecho sea conocida y
tutelada rápidamente por el Estado. (Teyssié, 1999, p. 20
La capacidad de actuar, al igual que la capacidad jurídica, tiene un carácter preliminar y un
carácter general. la capacidad jurídica de actuar indica la existencia de una valoración de
posibilidades de los comportamientos con los cuales se puede provocar el movimiento de
los mecanismos jurídicos a través de los cuales los intereses prácticos previstos por el
derecho pueden obtener su realización. Es decir, la capacidad
de actuar provocan a la constitución de efectos jurídicos.
Como en este caso el actuar de los actores civiles la empresa TRANS GUARABIA S.R.L.,
empresa que se encuentra debidamente autorizada para realizar dicho servicio en el Perú.
No fue el adecuado su actuación del conductor trabajador de la empresa al no cumplir con
los procesos aduaneros afectando actor civil. INDUSTRIAS DEL ACEITE S.A siendo el
actor pasivo lo cual demanda por daños y perjuicios al incumplir con el contrato establecido.
2.2 Acto Jurídico.
En el presente caso observamos el acto jurídico que celebran INDUSTRIAS DEL ACEITE
S.A con la empresa TRANS GUARABIA S.R.L por el traslado de la mercancía de Aceite de
Soya de Bolivia a Desaguadero -Ilo a través de un contrato de prestación de servicio de
transporte de carga , podemos observar que existió la voluntad de las partes para
establecer los términos de obligación contractual, por lo tanto podemos decir que el derecho
a la libre contratación es un derecho constitucionalmente reconocido en el artículo 2 de
nuestra actual Constitución Política siempre y cuando la citada contratación se dé con fines
lícitos y no contravengan leyes de orden público. Asimismo, de acuerdo con el Artículo 1354
del CPP “Las partes pueden determinar libremente el contenido del contrato, siempre que
no sea contrario a norma legal de carácter imperativo “. A continuación, profundizaremos
sobre el acto jurídico y los elementos esenciales del acto jurídico
El acto jurídico es un concepto fundamental del derecho civil y del derecho contractual en
particular. Se trata de una manifestación de la voluntad humana destinada a producir
efectos jurídicos en el ámbito del derecho privado. En otras palabras, es una conducta
humana que tiene como finalidad crear, modificar o extinguir derechos y obligaciones entre
las partes.
Según Torres, A. (2018): El acto jurídico es el hecho humano, voluntario, lícito, con
manifestación de voluntad destinada a producir directamente efectos jurídicos consistentes
en “crear, regular, modificar o extinguir relaciones jurídicas” (art. 140) o situaciones jurídicas
(casado, soltero, arrendador, vendedor, comprador). En otros términos, el acto jurídico es la
manifestación de voluntad dirigida a producir efectos jurídicos que el ordenamiento
reconoce y tutela. (p. 80).
Cuando hablamos del acto jurídico, nos referimos a una acción realizada por una persona
de manera voluntaria, es decir, con pleno conocimiento y consentimiento. Es importante
resaltar que para que un acto sea considerado jurídico, debe cumplir con ciertos requisitos
fundamentales, como la voluntad, la licitud y la capacidad de las partes. Además, estos
actos pueden tener diversas finalidades, desde la creación de derechos y obligaciones
hasta la modificación o extinción de relaciones jurídicas preexistentes.
Para Vidal, F. citado por Coca, S. (2020): “La determinación conceptual del acto jurídico
conduce a considerar, previamente, el concepto de hecho jurídico pues de él deriva el acto
jurídico con la presencia imprescindible de la voluntad, de la licitud y de la manifestación de
voluntad. Como enseñó León Barandiarán, el acto jurídico, es una especie dentro del hecho
jurídico”. (p.1)
El acto jurídico es una categoría específica del hecho jurídico que requiere de la voluntad,
es decir que las personas intervinientes deben tener la intención de realizar un determinado
acto de manera consciente y libre. La licitud se refiere a que el acto jurídico no debe
contravenir las normas legales o principios éticos y manifestación de la voluntad de las
partes intervinientes y tiene ser una expresión clara y evidente. Asimismo, tener con
claridad que todos los actos jurídicos son hechos jurídicos, pero no todos los hechos
jurídicos son actos jurídicos.
2.3 naturaleza jurídica de las relaciones:
FALTA
2.4 Responsabilidad civil
Es la obligación de resarcir, y esto surge como consecuencia del daño provocado por un
incumplimiento contractual (responsabilidad contractual) o de reparar el daño que ha
causado a otro con el que no existía un vínculo previo (responsabilidad extracontractual),
sea en naturaleza o bien por un equivalente monetario, habitualmente mediante el pago de
una indemnización de perjuicios.
Es así como Betti define de la siguiente manera “...responsabilidad es la situación jurídica
de vínculo caracterizada por el peligro de perder un bien a título de satisfacción ajena (es
decir, del sujeto con quien se está vinculando) al no verificarse un suceso determinado y
esperado por el otro, o por comprobarse que se ha producido un hecho temido por él”.
(1969, p.254)
La noción de responsabilidad civil hace referencia a la obligación de un sujeto de reparar, a
través de una compensación monetaria, un daño que le haya provocado a otra persona. Es
un principio fundamental en el derecho civil que busca mantener el equilibrio y la justicia en
las relaciones entre individuos, asegurando que aquellos que causen daño asuman las
consecuencias de sus acciones.
Para que se pueda configurar la responsabilidad civil es necesario que existan elementos
estructurales, como lo son la antijuricidad el daño, nexo causal o relación de causalidad,
factor atributivo.
ü Antijuricidad: Es esencial en la responsabilidad civil, tanto contractual como
extracontractual. Surge la obligación de indemnizar cuando se causa un daño
mediante una conducta contraria al ordenamiento jurídico, infringiendo
normas imperativas, principios del orden público o buenas costumbres.
Aunque haya daño, si la conducta está dentro de los límites legales, no hay
responsabilidad civil. En resumen, la antijuricidad es crucial en los hechos
jurídicos ilícitos que generan responsabilidad civil.
Para el Garrido “antijuricidad es la constatación de que el ordenamiento jurídico
no autoriza, en una situación específica, la ejecución de un comportamiento
típico”. (2010, p. 102)
ü Daño: Para que exista responsabilidad civil, ya sea contractual o
extracontractual, es necesario que haya un daño. El hecho de que el
demandante haya sufrido un perjuicio es fundamental. La mera negligencia
por parte del agente no basta por sí sola para generar responsabilidad civil.
En consecuencia, el daño sufrido se convierte en el fundamento lógico de la
responsabilidad civil y, por ende, en la respuesta adecuada al mismo.
Tamayo (2007) indica que: “Los daños pueden ser patrimoniales o
extrapatrimoniales. Los primeros son el atentado al patrimonio económico de la
víctima, mientras que los segundos están referidos a la lesión de bienes
protegidos por el Ordenamiento Jurídico, pero que no tienen valor pecuniario”.
(p.223)
Clasificación del Daño:
a) Daño patrimonial: Es el que afecta directamente el patrimonio del sujeto,
es decir derechos de naturaleza económica como el de propiedad y otros
conexos. Esta se clasifica en:
Daño Emergente: De acuerdo con lo señalado por Espinoza (2006)
“Es la pérdida que sobreviene en el del sujeto afectado por el
incumplimiento de un contrato o por haber sido perjudicado por un
acto ilícito”. (p.178)
Este tipo de daño representa la extracción de una utilidad preexistente
del patrimonio del sujeto afectado. Es decir, se refiere al
empobrecimiento o disminución que sufre el damnificado en su
patrimonio como consecuencia directa del daño causado
Lucro cesante: Implica la pérdida de una utilidad que el sujeto
presumiblemente habría obtenido si el daño no se hubiera producido.
Es decir, se trata de la privación de un beneficio futuro que el sujeto
esperaba obtener, pero que no puede materializarse debido al daño
sufrido. Tal como lo señala el autor Bianca citado en Espinoza (2006)
“Es la ganancia patrimonial neta dejada de percibir” (p.179)
b) Daño Extrapatrimonial: También llamado subjetivo o inmaterial. Este
tipo de daño se refiere a las lesiones o perjuicios que afectan
directamente a la persona en sí misma, más allá de sus aspectos
económicos.
Moral: Este tipo de daño no patrimonial se caracteriza por ser una
lesión a los sentimientos, emociones y bienestar psicológico de la
víctima. Puede manifestarse como un gran dolor, aflicción o
sufrimiento emocional.
ü Nexo causal o relación de causalidad: La relación de causalidad es un
elemento esencial de la responsabilidad civil, ya sea contractual o
extracontractual. Se refiere a la conexión que existe entre la conducta
antijurídica y el daño sufrido por la víctima. Sin esta relación, no podría
establecerse la responsabilidad civil y no surgiría la obligación de indemnizar.
En la responsabilidad civil extracontractual, el daño debe ser consecuencia
directa de la conducta antijurídica del responsable. Esto implica que el daño
ocurrió como resultado directo de la acción o negligencia ilícita de la persona
responsable.
Lo mismo se aplica en el ámbito de la responsabilidad civil contractual. Aquí, el
daño sufrido por el acreedor debe ser una consecuencia inmediata y directa del
incumplimiento total o parcial de la obligación contractual por parte del deudor.
En ambos casos, la relación de causalidad es crucial para establecer la
responsabilidad y determinar la obligación de indemnizar.
ü Factores de atribución: En el contexto de la responsabilidad civil, se pueden
identificar factores de atribución tanto subjetivos como objetivos. Los
subjetivos se refieren a la culpa, que implica una negligencia por parte del
responsable, y al dolo, que se refiere a una conducta intencional. Por otro
lado, los factores de atribución objetivos no requieren demostrar la culpa o el
dolo del responsable, sino que se basan en la realización de ciertas
actividades o en la titularidad de ciertas situaciones jurídicas que, según el
ordenamiento legal, implican responsabilidad. Esto puede incluir actividades
riesgosas o situaciones de guarda, sin necesidad de probar una conducta
culpable o intencional, el factor de atribución subjetivo se encuentra en el Art.
1969 del Código Civil “Aquel que por dolo o culpa causa un daño a otro está
obligado a indemnizarlo, el descardo por falta de dolo o culpa corresponde a
su autor”. Y el factor atributivo objetivo se encuentra en el Art. 1970 del
Código Civil “Aquel que mediante un bien riesgoso o peligroso, o por el
ejercicio de una actividad riesgosa o peligrosa, causa un daño a otro, está
obligado a repararlo”.
En los países del civil law:
En estos países cabe distinguir entre aquellos que de algún modo tienen una
regulación expresa de la mitigación de daños a nivel legislativo y aquellos otros en
los cuales su reconocimiento se ha dado solo a nivel jurisprudencial, pero sobre la
base del principio de buena fe. Ejemplo de los primeros son Alemania e Italia,
mientras que de los segundos son claros exponentes España y Francia,
aunque sobre este último país se ha señalado (Domínguez, 2005, p. 82) que,
para la doctrina tradicional francesa, el principio de reparación integral se vería
afectado por la obligación de mitigar el daño, y existen también algunas
decisiones relativamente recientes de la Coure de Casación contrarias a la
admisión de la figura (Domínguez, 2005, p. 80; Palazón, 2016, p. 1009), a tal
punto que en la novísima reforma del derecho francés de obligaciones y contratos
(ordenanza 2016-131) no se ha incorporado el deber de mitigar. Esta circunstancia
resulta particularmente representativa de la situación actual de la mitigación de
daños en el derecho francés, considerando que la mayor parte de la reforma
francesa se ha hecho a derecho constante (Savias, 2016, p. 717), es decir,
recogiendo numerosos textos y soluciones consagradas por la jurisprudencia de ese
país. En cambio, en España es paradigmático el caso, en el cual el Tribunal
Supremo de ese país justificó en el deber de mitigar y en la buena fe
contractual la reducción de la indemnización del daño causado por un banco a su
cliente, al haberle cancelado indebidamente la tarjeta de crédito que le permitía
adquirir billetes de viaje con el beneficio de un seguro contra accidentes hasta por
20 millones de pesetas en caso de fallecimiento (Sentencia del Tribunal
Supremo [S.T.S.], 15 de noviembre de 1994, caso analizado por Soler, 1995,
pp. 951-969
Legislación comparada:
Lineamientos para determinar la indemnización en el sistema comparado en el área
civil:
El daño es reconocido como elemento esencial y constitutivo de la responsabilidad
civil, implica la vulneración de un interés jurídicamente protegido como hecho
generador de un perjuicio o consecuencia negativa en la esfera jurídica de un
tercero y por ende requiere de una indemnización para reparar dicho daño
ocasionado.
LA RESARCIBILIDAD DEL DAÑO NO PATRIMONIAL O MORAL EN ALGUNOS
PAÍSES
En este último sentido, los propios códigos civiles de Nicaragua, Honduras y
Panamá siguiendo la sistemática del Código Civil español
distinguen entre las obligaciones civiles que nacen de los delitos o faltas, regidas
por el Código Penal, y las que derivan de actos u omisiones en que intervengan
culpa o negligencia, no penadas por la ley,
reguladas por el Código Civil. También los códigos penales de Colombia, Costa
Rica, Cuba, El Salvador Venezuela contienen reglas, más o menos precisas, sobre
la reparación de daños derivados
de ilícitos penales.
Inclusive, el deber de reparar daños aparece referido en las Constituciones de
Brasil, Costa Rica y El Salvado
Para argentina la reparación civil:
La norma peruana es escueta y, en consecuencia, no se pronuncia expresamente
sobre el reembolso o indemnización al acreedor de los gastos que tuvo que efectuar
para evitar los daños. Tampoco se pronuncia sobre la procedencia o no del
reembolso en el supuesto específico en el que las medidas mitigadoras adoptadas
por el acreedor resultaron infructuosas a pesar de haber actuado diligentemente.
Corresponderá, entonces, al juzgador valorar las circunstancias del caso concreto
para ordenar el reembolso, evitando en todo momento un enriquecimiento indebido
del deudor a expensas de la acción mitigadora de su acreedor, para lo cual deberá
valerse de lo establecido en el artículo 1954 del C.C.
Por su parte, en Argentina, como ha señalado Picasso (2015), en el nuevo código,
el legislador se ha pronunciado inequívocamente acerca de las funciones del
derecho de daños en general y ha establecido que ellas son, exclusivamente, la
función de prevención y la función de reparación. En este sentido, recoge la
mitigación de los daños como un supuesto específico del deber general de
prevención del daño expresión concreta de la función preventiva de la
responsabilidad civil5 y, en consecuencia, como límite aplicable a toda clase de
responsabilidad, contractual o extracontractual. En efecto, luego de establecer que
toda persona tiene el deber, en cuanto dependa de ella, de evitar causar un daño no
justificado (artículo 1710, literal a), establece, en los literales siguientes, el deber
general de adoptar de buena fe y conforme a las circunstancias, las medidas
razonables para evitar que el daño se produzca o para disminuir su magnitud
(artículo 1710, literal b), así como el deber de no agravar el daño si este ya se
produjo (artículo 1710, literal c). Además, en el literal b), ya mencionado, agrega
que, si las medidas adoptadas lograron evitar o disminuir la producción del daño o
su magnitud, la persona que adoptó las medidas (el acreedor, tratándose de
responsabilidad por incumplimiento contractual) tiene derecho a exigir que el
responsable del daño (el deudor) le reembolse dichos gastos, conforme a las reglas
del enriquecimiento sin causa.
Para argentina el daño moral:
En lo concerniente al daño moral, tanto el a quo como el a que, resolvieron
desestimar en base a diferentes argumentos que van desde el carácter restrictivo
con el cual debe apreciarse el resarcimiento del agravio moral contractual hasta el
fundado en la negligencia del actor en reclamar la devolución de la finca arrendada,
pasando por las normas relativas a la relación de causalidad, todos los cuales
expondremos analíticamente a continuación. La aparente limitación de los alcances
del artículo 522 del Código Civil La historia del reconocimiento del daño moral
contractual en el Derecho argentino no se encuentra desprovista de aristas
conflictivas, dado que aún después de su recepción mediante la reforma introducida
por la ley 17.711 (Ala, XXVIII-B, 1810), subsisten voces que pretenden limitar su
reparación al mero arbitrio judicial recurriendo para ello a la interpretación literal de
la norma contenida en el art. 522 del Cód. Civil (1)
para México:
En México, en tanto, su Código Civil reconoce actualmente como daños
resarcibles:56 los daños patrimoniales (daño emergente y lucro cesante);57 el daño
que “se cause a las personas y produzca la muerte, incapacidad
total, permanente, parcial permanente, total temporal o parcial temporal”
(artículo 1915, inciso 2o.);58 y el daño moral (artículo 1916 y 1916 bis).
Cabe destacar que el daño que “se cause a las personas y produzca la
muerte, incapacidad total permanente, parcial permanente, total temporal
o parcial temporal” parece emerger como un daño autónomo desde que su
resecabilidad se contempla independientemente del daño emergente y del
daño “moral” que el mismo evento lesivo pueda ocasionar,60 y sin que
influya en su evaluación la circunstancia que la víctima haya estado, o
no, obteniendo efectivamente ingresos provenientes de un trabajo remunerado, ni,
en caso afirmativo, cuál era su monto, pues se le aplicará un
sistema de tarifa legal.
La limitada resecabilidad del daño “moral” en Bolivia
y Guatemala
En Bolivia la regla general es que sólo son resarcibles los daños patrimoniales. Ello
por cuanto el párrafo II del artículo 994 del Código Civil —inspirado en el artículo
2059 del modelo italiano de 1942— establece que “el
daño moral sólo debe ser resarcido en los casos previstos por la ley” (lo cual
sucede, entre otras hipótesis, cuando este daño deriva de la comisión de un
ilícito penal).62
En todo caso, con anterioridad a la entrada en vigencia de este código, la doctrina
boliviana se mostraba favorable a resarcir el daño “moral”
sin la referida restricción.63
En Guatemala, en tanto, su Código Civil sólo acepta expresamente
la resecabilidad del daño no patrimonial o “moral” en dos hipótesis
particulares
La particular sistemática puertorriqueña: daños “generales”
y “especiales”
Si bien existen noticias que en Puerto Rico se clasificaban los daños en
materiales y morales,65 hoy en día parece imponerse la distinción entre
daños “generales” y “especiales”, a la usanza del derecho estadounidense,66 cada
uno de ellos integrado, a su turno, por diversas otras partidas,
variables según la hipótesis lesiva de que se trate
BREVES REFERENCIAS A LOS DAÑOS MATERIALES RESARCIBLES:
DAÑO EMERGENTE Y LUCRO CESANTE:
En los países latinoamericanos hay coincidencia en orden a que en sede
aquiliano deben resarcir los daños patrimoniales o materiales, representados por el
daño emergente y el lucro cesante.
A tal conclusión se llega ya por el mandato de reglas dadas expresamente para la
responsabilidad extracontractual, ya por la aplicación extensiva de preceptos que,
reconociéndose al tratar los aspectos generales de las
obligaciones o la responsabilidad contractual, se entienden aplicables también al
ámbito aquiliano.
En tal sentido, el Código Civil de Ecuador dispone que están especialmente
obligados a esta reparación del que llama daño meramente
moral, quienes “manchen la reputación ajena, mediante cualquier forma de
difamación; o quienes causen lesiones, cometan violación, estupro o atentados
contra el pudor, provoquen detenciones o arrestos ilegales
o arbitrarios, o procesamientos injustificados, y en general, sufrimientos
físicos o síquicos como angustia, ansiedad, humillaciones u ofensas semejantes”.
Por su parte, el Código Civil de Venezuela, siguiendo en esta materia al
Proyecto Franco-italiano de Código de las Obligaciones y los Contratos
de 1927, establece que “el juez puede, especialmente, acordar una indemnización a
la víctima en caso de lesión corporal, de atentado a su honor, a
su reputación, o a los de su familia, a su libertad personal, como también
en el caso de violación de su domicilio o de un secreto concerniente a la
parte lesionada”, añadiendo luego que “el juez puede igualmente conceder
una indemnización a los parientes, afines, o cónyuge, como reparación del
dolor sufrido en caso de muerte de la víctima
El Código Civil de Costa Rica dispone, en tanto, que “se establece el
derecho a obtener indemnización por daño moral, en los casos de lesión a
los derechos de la personalidad”.99
El Código Civil mexicano señala expresamente que “por daño moral se
entiende la afectación que una persona sufre en sus sentimientos, afectos,
creencias, decoro, honor, reputación, vida privada, configuración y aspecto físicos, o
bien en la consideración que de sí misma tienen los demás”.100
Añade luego que “se presumirá que hubo daño moral cuando se vulnere o
menoscabe ilegítimamente la libertad o la integridad física o psíquica de
las personas”