INTRODUCCION
Muchos son los factores que participan
en la patogénesis de la mastitis,
compleja y costosa enfermedad del
ganado lechero que, a diferencia de
otras enfermedades infecciosas del
bovino, no se puede erradicar y está
presente, en mayor o menor grado, en
todos los rebaños lecheros del mundo.
El control de la mastitis no sólo tiene
importancia por las cuantiosas pérdidas
económicas para el productor y la
industria láctea, sino también para el
consumidor, por el deterioro de la
calidad nutritiva e higiénica de la leche.
Por lo tanto, si el objetivo primordial de
la producción de leche es lograr un
producto apto de buena calidad para el
consumo humano, el control de la
mastitis es de vital importancia.
Un programa de control de mastitis
para que sea aceptable, además de
económico, práctico y factible de ser
aplicado bajo diferentes condiciones de
manejo, debe ser efectivo para reducir
la prevalencia de la enfermedad en un
rebaño, para lo cual no basta con evitar
las neoinfecciones intramamarias sino
que, además, es necesario eliminar las
infecciones preexistentes o acortar su
duración. Es mucho más probable que
una alta tasa de prevalencia de mastitis
en un rebaño se deba más a la
persistencia de infecciones
intramamarias por largos períodos de
tiempo que a la mayor ocurrencia de
neoinfecciones de la glándula mamaria
(Dodd y col., 1969). Investigaciones
realizadas con rebaños comerciales han
demostrado que las medidas higiénicas
durante la ordeña, básicamente lavado
de ubres y pezones previo a la ordeña y
desinfección de pezones postordeño,
junto con la terapia de secado y la
eliminación de animales con infecciones
crónicas, pueden reducir la prevalencia
de mastitis en un 50% en un año y más
de un 70% en tres años (Kingwill y col.,
1970; Wilson y Kingwill, 1975). Esta fue
la razón de introducir la desinfección de
pezones postordeño ("dipping") y la
terapia de secado en los sistemas de
control actualmente en uso en la
mayoría de los países (Neave y col.,
1966; Smith y col., 1967).
La gran mayoría de los casos de
mastitis son de origen microbiano y el
nivel de infección depende del grado de
exposición de los pezones a los
patógenos mamarios. Por lo tanto, las
medidas higiénicas, especialmente
durante el proceso de la ordeña, son
importantes porque reducen la
contaminación de los pezones con
organismos patógenos, cuya principal
puerta de entrada a la glándula
mamaria es el conducto del pezón. Las
mastitis causadas por organismos
contagiosos,
como Staph.aureus y Strep.agalactiae,
se transmiten mucho más fácilmente
durante la ordeña porque el principal
reservorio de infección es la glándula
infectada; en cambio, las infecciones
por patógenos ambientales,
como E.coli, Klebsiella
sp, Strep.uberis, Strep.dysgalactiae y P
seudomonas, son más frecuentes en los
períodos de interordeña, especialmente
en animales estabulados, debido a que
los pezones se contaminan ya sea por
contacto directo con las fecas o por
contacto con descargas vaginales,
camas contaminadas, o por succión
cruzada entre animales (Bramley y
Dodd, 1984). En consecuencia, las
prácticas de higiene son el
complemento más importante de los
programas de control y, en el sentido
amplio de la palabra, es la suma de
todos los intentos para controlar el
ambiente de la vaca con la finalidad de
minimizar el número de patógenos
mamarios que lleguen al conducto del
pezón y evitar así una neoinfección.
Dentro de este contexto, una
preparación adecuada de las ubres y
pezones previo a la ordeña no sólo es
importante porque desencadena el
reflejo de la bajada de la leche, sino
también porque reduce el número de
microorganismos contaminantes de la
piel, disminuyendo el riesgo de
infección intramamaria.
RUTINA DE ORDEÑO
Una buena "rutina de ordeño" involucra
una serie de medidas higiénicas y de
manejo desde que el animal entra a la
sala de ordeño hasta que sale una vez
finalizada la ordeña. Estas medidas,
que han sido ampliamente
recomendadas por el National
Mastitis Council de los EE.UU. (Bramley
y col., 1996), y en su mayoría
adoptadas y recomendadas en Chile
por el Consejo Nacional de Mastitis y
Calidad de Leche (CONAMASCAL A.G.),
permiten reducir considerablemente la
contaminación microbiana de la leche,
aumentar la producción, acortar el
tiempo de la ordeña y reducir la
transmisión de organismos patógenos
contagiosos y ambientales que pueden
causar mastitis (Philpot y Nickerson,
1991).
Para realizar una buena rutina de
ordeño es importante realizar los
siguientes pasos secuenciales:
1. Proporcionar un ambiente limpio y
tranquilo para las vacas
La ordeña debe ser un proceso rutinario
consistente para evitar los factores
estresantes que pueden interferir con el
sistema inmune y los mecanismos
defensivos de la glándula mamaria y
aumentar el riesgo de infección. La
intranquilidad de los animales antes y
durante la ordeña por ruidos extraños,
cambios de rutina, introducción o
separación de grupos de animales,
cambio de personal o presencia de
personas extrañas en la sala, y el
maltrato de las vacas por los
ordeñadores, son todos factores
estresantes que pueden interferir con
una adecuada ordeña por la liberación
de adrenalina, hormona que interfiere
con la bajada de la leche (inhibe la
oxitocina) dando por resultado una
ordeña incompleta y una mayor
incidencia de mastitis clínica (Philpot y
Nickerson, 1991). Además de los
factores estresantes antes señalados,
cualquier lesión o trauma de la glándula
que cause dolor también puede
producir inhibición de la oxitocina.
Las ubres con pelos demasiado largos,
que pueden cubrir parte de los
pezones, son difíciles de limpiar y
pueden tener adherido material fecal y
de las camas, los cuales deben ser
removidos antes de la ordeña. El corte
de pelo o el flameo de la parte baja de
la ubre puede ser una práctica
recomendable en estos casos. En
algunos países se recomienda el corte
de cola para evitar la contaminación de
la ubre durante la ordeña, aunque las
ventajas de esta práctica pueden ser
contradictorias.
2. Extraer y examinar los primeros
chorros de leche para detectar mastitis
clínica
El examen clínico de la glándula
mamaria y la extracción y examen de
los primeros chorros de leche previo a
la ordeña ("despunte"), es una práctica
importante para la detección oportuna
de los casos clínicos de mastitis. La
leche que presenta evidentes
anormalidades no es apta para el
consumo humano y no debe mezclarse
con leche de animales sanos. Las
anormalidades más frecuentes son
decoloración de la leche, presencia de
grumos, sangre, o pus. La detección de
estas anormalidades es útil también
para identificar en forma rápida a
aquellos animales que requieren una
atención especial.
La mejor manera de realizar el
"despunte" es recolectando los
primeros chorros de leche sobre una
superficie de fondo oscuro (jarro de
fondo oscuro), haciendo escurrir la
leche en diferentes direcciones sobre el
fondo oscuro mediante un movimiento
semirrotatorio del jarro; sin embargo,
es frecuente observar la extracción de
los primeros chorros de leche
directamente sobre el piso de la sala de
ordeño con el consecuente riesgo de
contaminación de las extremidades
posteriores de la vaca aumentando el
riesgo de contaminación de los
pezones, especialmente importante
cuando se trata de vacas con mastitis;
esta práctica, además, no permite
observar con claridad las
anormalidades de la leche ya que
generalmente cae sobre un piso que
contiene agua, orina y fecas. Otra
práctica frecuente es la extracción de la
leche directamente sobre las manos del
ordeñador, lo que nunca se debe hacer
porque esto ayuda a diseminar los
microorganismos de vaca a vaca a
través de las manos durante la
preparación de las vacas antes de la
ordeña. Idealmente, el ordeñador
debería lavarse y secarse las manos
antes de ordeñar y utilizar una solución
desinfectante suave para enjuagarse
las manos al pasar de una vaca a otra.
La práctica del despunte contribuye,
además, a estimular el mecanismo que
desencadena la bajada de la leche
facilitando una ordeña completa.
3. Lavar los pezones y la superficie
inferior de la ubre con una solución
sanitizante
Una buena preparación de la ubre antes
del ordeño mejora la calidad
bacteriológica de la leche y reduce la
contaminación bacteriana de la piel del
pezón. El lavado se debe realizar con
agua limpia y con baja presión,
mojando y masajeando preferiblemente
sólo los pezones; el lavado de la piel de
la ubre puede transferir patógenos,
especialmente Strep.uberis, a los
pezones y penetrar con el agua al
interior de las pezoneras durante la
ordeña (Bramley, 1981). Se debe evitar
el exceso de agua porque es casi
imposible secar completamente la ubre
antes de la ordeña. Lamentablemente,
el manipuleo y lavado de los pezones
dentro de la sala inevitablemente
transfiere patógenos entre pezones de
una misma vaca y entre vacas,
especialmente si se usan paños de
lavado; para minimizar esta transmisión
se recomienda utilizar una solución
desinfectante con el agua de lavado
(solución clorada con 100-300
ppm/cloro disponible o solución yodada
con 25-75 ppm/yodo disponible) y que
las manos del ordeñador se laven y
sequen antes de preparar cada vaca
para la ordeña (Saran, 1995). El uso de
guantes de goma es aconsejable
porque facilita la remoción de los
microorganismos, pero esta práctica no
es muy aceptada por los ordeñadores.
En algunos rebaños con un gran
número de animales se practica el
lavado automático de las ubres antes
de ingresar a la sala de ordeño en
grupos de 80-120 vacas; en estos casos
es necesario permitir un adecuado
tiempo de drenaje antes que las vacas
entren a la sala.
Algunas investigaciones han
demostrado que el efecto combinado
del lavado de ubres con una solución
desinfectante y la acción mecánica de
la manipulación remueve la
contaminación transiente de los
pezones pero es inefectiva para
prevenir o remover la colonización de
los pezones por Staph.aureus (Neave,
1971).
Una alternativa de preparación
preordeño de las ubres que merece ser
considerada es el uso de toallas
individuales impregnadas en una
solución desinfectante y que han
demostrado ser efectivas para reducir
la contaminación de la piel de ubre y
pezones en Israel (Adkinson y col.,
1991; Dan y Paz, 1995; Dan y Pochard,
1995). Esta es una medida higiénica
simple, que no agrega tiempo adicional
a la rutina de ordeño, y que puede ser
aplicada correctamente por los
ordeñadores con resultados similares a
los obtenidos con el método
convencional de lavado y secado.
La preparación de la ubre previo al
ordeño, junto con el "despunte" o
extracción de los primeros chorros de
leche, constituyen el principal estímulo
para que la glándula mamaria envíe
una señal nerviosa al cerebro y se
libere la hormona oxitocina, la que por
vía sanguínea llega al tejido mamario y
desencadena la eyección de la leche. Si
no se libera oxitocina, o ésta es inhibida
por la adrenalina que se libera durante
el estrés, la ordeña será incompleta.
4. Desinfectar los pezones antes de la
ordeña (opcional)
Una práctica complementaria de
higiene durante la preparación de la
ubre antes de la ordeña es la
desinfección de los pezones, por
inmersión o aspersión, en una solución
desinfectante con concentraciones
menores que las usadas en el "dipping"
postordeña. Esta práctica se conoce
como "pre-dipping" y es bastante
popular en los EE.UU. (Jasper y
Bushnell, 1978; Galton y col.,
1984; Pankey y col., 1987; Galton y
col., 1988; Rasmussen y col.,
1991; Saran, 1995).
El "pre-dipping" ha sido sugerido como
una medida adicional de higiene en
aquellos rebaños con una alta
incidencia de mastitis clínica por
bacterias ambientales, especialmente,
coliformes; se ha demostrado que el
"pre-dipping" puede reducir
aproximadamente en un 50% las
infecciones por estos microorganismos
y mejorar considerablemente la calidad
bacteriológica de la leche en rebaños
donde se practica estabulación y no se
realiza una buena higiene previa a la
ordeña (Pankey y col., 1987; Galton y
col., 1988; Langridge, 1991 Philpot y
Nickerson, 1991; Shearn y col.,
1992; Blowey, 1993).
Cuando se practica "pre-dipping" se
debe tomar la precaución de aplicar la
solución desinfectante a los pezones
previamente limpios, permitir un
tiempo de contacto mínimo de 20-30
segundos, y secar completamente los
pezones con toallas individuales antes
de colocar las unidades de ordeño para
evitar residuos del germicida en la
leche.
De acuerdo con Nickerson y col. (1990),
el "pre-dipping" no reemplaza a la
higiene y preparación tradicional de la
ubre y, aunque ha mostrado ser
beneficioso en rebaños con problemas
de mastitis ambientales, no debería ser
introducido como una medida rutinaria
de control en rebaños con bajos
recuentos de células somáticas y baja
incidencia de mastitis clínica.
Entre los productos desinfectantes más
utilizados como "pre-dipping" en
diferentes países (EE.UU., Canadá ,
España, Dinamarca, Francia, Inglaterra)
están los yodóforos (1.000-5.000 ppm),
clorhexidina (1.500-5.000 ppm),
compuestos clorados (20.000 ppm),
ácido dodecilbencil sulfónico (9.400
ppm), dióxido de cloro y ácido
hipoclórico (30.000 ppm) y la proteína
bacteriana nisina (Saran, 1995).
5. Secar completamente los pezones
con toallas individuales
Está demostrado que el factor más
importante para producir leche de alta
calidad higiénica es el secado de los
pezones antes de la ordeña, ya que la
piel mojada aporta mucho más
bacterias a la leche que la piel seca
(Galton y col., 1984; Galton y col.,
1986; Rasmussen, y col., 1991; Nakano
y col., 1995). Además, el ordeño de
pezones mojados aumenta el riesgo de
infección intramamaria, especialmente
por patógenos ambientales
como Strep.uberis y E.coli; estos
microorganismos se encuentran
presentes en la piel de la ubre y pezón
mucho antes que las vacas entren a la
sala de ordeño (Kruze, 1983), y pueden
desplazarse hacia abajo con el agua
hasta la punta del pezón durante la
ordeña contaminando la leche y
aumentando el riesgo de infección
(Saran, 1995). Por lo tanto,
independientemente del método de
preparación de la ubre pre-ordeño, es
absolutamente necesario que la
superficie de los pezones esté
completamente seca antes de colocar
las unidades de ordeño. La mejor
manera de secar los pezones es
utilizando toallas de papel individuales
y desechables, en lo posible, una por
cada pezón; sin embargo también se
puede usar una toalla por vaca si se
tiene la precaución de doblar la toalla
para usar una superficie limpia al pasar
de un pezón a otro. El exceso de agua
en la preparación de la ubre dificulta
seriamente el adecuado secado de los
pezones, sobre todo cuando además de
los pezones se moja la piel de la ubre.
Una alternativa a las toallas de papel
que puede resultar más económica en
rebaños con un gran número de
animales es el uso de paños
individuales, siempre que éstos se
laven y sequen completamente entre
las ordeñas (Philpot y Nickerson, 1991).
6. Colocar las unidades de ordeño
dentro de 1 minuto de iniciada la
preparación de la ubre
La estimulación de la glándula mamaria
durante la preparación preordeña
desencadena el reflejo de la "bajada de
la leche" por acción de la oxitocina,
aumentando la presión intramamaria y
llenando los pezones con leche, lo que
ocurre aproximadamente 1 minuto
después de iniciada la preparación. Por
lo tanto, la colocación de las pezoneras
debe ser tan pronto como se logre la
presión máxima dentro de la glándula
para obtener el máximo beneficio del
efecto de la oxitocina que dura
aproximadamente 5 minutos. Si
transcurre mucho tiempo entre la
estimulación y la colocación de las
pezoneras se perderá el efecto de la
oxitocina y la ordeña será incompleta,
aumentando el riesgo de infección
intramamaria. La colocación de las
pezoneras debe ser muy cuidadosa,
evitando la entrada de aire dentro del
sistema de ordeño.
7. Observar y ajustar las unidades de
ordeño cuando sea necesario, evitando
la entrada de aire
Una vez iniciada la ordeña se debe
observar permanentemente el
funcionamiento de las pezoneras,
verificando que estén bien ajustadas
para que no entre aire al sistema de
ordeño. A veces es necesario usar un
brazo de soporte para la manguera de
la unidad, asegurando un mejor
funcionamiento del equipo, con lo cual
se evita que las pezoneras se arrastren
en el suelo y permite que las copas se
encuentren siempre bien alineadas en
los pezones mientras se está
ordeñando. Las pezoneras mal
alineadas pueden bloquear el flujo de la
leche y causar "deslizamiento" o,
incluso, la caída de las pezoneras. Una
baja en el nivel de vacío también puede
causar deslizamiento o caída de las
pezoneras, por lo que es importante
que el operador observe con frecuencia
el medidor de vacío del equipo durante
la ordeña (Philpot y Nickerson, 1991).
Otro factor que favorece el
deslizamiento de pezoneras es la
ordeña de pezones mojados con lo cual
se pierde el normal grado de fricción
que debe existir entre la piel del pezón
y la superficie interna de la pezonera.
Al inicio de la ordeña, en la mayoría de
las vacas, la boca de la pezonera
debería quedar ubicada sólo a una
corta distancia de la base de la ubre; si
las pezoneras están muy arriba pueden
causar irritación de la mucosa del
pezón y predisponer a mastitis. El
exceso de vacío (sobre 15 pulgadas de
Hg) es la principal causa de "trepación"
de las pezoneras produciendo
decoloración de los pezones o heridas
en la punta del pezón y una ordeña
incompleta favoreciendo el riesgo de
penetración de las bacterias a la
glándula mamaria (Schultz y col.,
1978; Bramley y col., 1996).
Tanto el "deslizamiento" como la
"trepación" de las pezoneras deben
evitarse al máximo porque son los dos
factores relacionados con el equipo que
más contribuyen a aumentar la tasa de
infección intramamaria (Philpot y
Nickerson, 1991).
El período más crítico para la vaca es al
final de la ordeña, especialmente en
animales de alta producción; la mayoría
de las infecciones causadas por un
funcionamiento inadecuado del equipo
ocurren en este período. Cuando se
producen fluctuaciones de vacío dentro
de la pezoneras, especialmente al final
de la ordeña, se produce un rápido
movimiento de gotas de leche cargadas
de bacterias en dirección reversa hacia
la punta del pezón y golpean con
suficiente fuerza como para introducir
bacterias a través del conducto del
pezón; este mecanismo de infección se
conoce como "impacto" (Bramley y col.,
1996), y la probabilidad que cause una
infección es alta porque al final de la
ordeña el flujo de leche disminuye y por
lo tanto disminuye también la
posibilidad de que estos
microorganismos sean eliminados con
el flujo de leche.
8. Cortar el vacío antes de retirar las
unidades de ordeño
Una vez finalizado el flujo de leche se
deben retirar suavemente las
pezoneras, pero siempre cortando
previamente el vacío. El procedimiento
correcto es retirar las pezoneras justo
cuando se ha terminado de ordeñar el
último cuarto. Uno o dos minutos de
sobreordeña con un equipo funcionando
correctamente no causa problemas,
pero el riesgo de infección es mayor
cuando la sobre-ordeña ocurre en
equipos defectuosos porque se agrava
el efecto del "impacto" (Philpot y
Nickerson, 1991; Bramley y col., 1996).
Es frecuente observar en un rebaño
animales con cuartos que se ordeñan
más rápidamente que otros, lo que
generalmente ocurre cuando ya existe
una infección intramamaria. En estos
casos lo importante es observar y
verificar si en estas vacas se produce o
no "deslizamiento" de las pezoneras; si
se produce "deslizamiento", es
necesario retirar la pezonera
levantándola suavemente y doblando la
manguera para cortar el vacío; en
cambio, si la pezonera del cuarto que
termina antes de ordeñarse permanece
en su lugar sin deslizarse, se debería
dejar puesta hasta el final; el retiro
descuidado de la pezonera puede
permitir la entrada de aire y estimular
el "deslizamiento" y causar el efecto
"impacto".
El retiro de las pezoneras sin cortar el
vacío es un defecto que se observa con
mayor frecuencia en los equipos que se
retiran manualmente, pero también
puede ocurrir en aquellos equipos
dotados de retiradores automáticos de
pezoneras por mal funcionamiento del
sistema. Si a juicio del ordeñador, un
retirador automático se desconecta
mucho antes o mucho después de lo
que él cree que es correcto, debería ser
revisado y ajustado. Siempre es
importante tener presente que el
retirador automático debe cortar el
vacío antes de retirar las unidades de
ordeño.
9. Desinfectar los pezones con un
producto seguro y eficaz
Inmediatamente después de finalizada
la ordeña y retiradas las pezoneras, se
deben desinfectar todos los pezones
con una solución desinfectante
apropiada y de eficacia probada.
Existen numerosas evidencias en
diferentes países que la desinfección de
pezones postordeña, práctica conocida
como "dipping", es capaz de reducir las
neoinfecciones intramamarias causadas
por patógenos contagiosos entre 50-
90%, constituyendo la medida higiénica
individual más importante de un
programa de control (Bramley,
1981; Kingwill, 1981; Bramley y Dodd,
1984; Pankey y col., 1984; Fang y
Pyörälä, 1995; Saran, 1995; National
Mastitis Council, 1997).
Está absolutamente demostrado que la
contaminación de los pezones con
bacterias patógenas puede originar una
infección intramamaria y causar
mastitis, y la práctica del "dipping" es
recomendable porque destruye las
bacterias que quedan en el pezón
después de la ordeña, previene y cura
las lesiones de la piel del pezón, reduce
considerablemente la colonización
bacteriana del orificio del pezón, y deja
un residuo del germicida en la punta
del pezón que lo protege de la
contaminación cuando la vaca sale de
la sala de ordeño y el conducto del
pezón aún permanece abierto (Bramley
y Dodd, 1984). En los rebaños donde no
se practica "dipping", las lesiones del
pezón se transforman en una
importante fuente de infección,
especialmente de Staph.aureus, y de
este modo las vacas mantienen su
propio reservorio de patógenos
mamarios no siendo necesaria la
ordeña para que se produzca una
neoinfección.
Aunque el "dipping" ha demostrado ser
efectivo para controlar las infecciones
por los patógenos contagiosos, tales
como Staph.aureus, Strep.agalactiae y
Mycoplasma sp, no ha sido igualmente
exitoso para reducir las infecciones por
los patógenos ambientales,
especialmente E.coli, Klebsiella
sp y Strep.uberis, porque la
contaminación del pezón con estos
microorganismos se produce
fundamentalmente en los intervalos de
interordeña, cuando el producto
desinfectante ha perdido su efecto
germicida (Wilson y Kingwill,
1975; Bramley, 1981; Bramley y Dodd,
1984). Por esta razón, en los últimos
años se han realizado numerosas
investigaciones bajo condiciones
naturales y experimentales de
contaminación para proteger la
superficie del pezón entre las ordeñas,
ya sea utilizando una barrera física,
aumentando la persistencia de la
acción germicida del desinfectante, o
una combinación de ambos, generando
una amplia gama de productos
conocidos como "selladores de barrera"
(Fansworth y col., 1980; Fansworth y
col., 1981; Mc Arthur y col.,
1984; Matthews y col., 1988; Oliver y
col., 1989; Dreschler y col.,
1990; Galton, 1993; Boddie y col.,
1994; Kemp, 1995; Nickerson y Boddie,
1995; Timms, 1995; Timms y col.,
1997).
El método convencional de aplicación
de la solución desinfectante es la
inmersión de los pezones en algún tipo
de copa ("aplicador") que contiene el
producto. El diámetro y la profundidad
de la copa debe asegurar una cobertura
total del pezón para permitir una
adecuada desinfección de la piel y de
las lesiones del pezón, siendo
recomendable una profundidad de 10
cm y un diámetro de 5.5 cm (Shearn,
1981). Es conveniente que el vaso
aplicador tenga algún dispositivo para
colgarlo en la sala para evitar derrames
por patadas o accidentes.
La frecuencia del relleno del vaso
depende del cuidado con que se aplica
el desinfectante. Cuando la copa del
aplicador contiene suficiente cantidad
del producto, se pueden desinfectar los
pezones de aproximadamente 25 vacas
sin necesidad de rellenar (Saran, 1995).
La solución que queda en el aplicador
debe eliminarse al término de la ordeña
(nunca devolver al envase original), y el
aplicador debe lavarse y mantenerse
limpio y seco hasta la ordeña siguiente.
Existen también vasos aplicadores de
doble cámara, algunos más prácticos
que otros, que se pueden colgar en el
bolsillo del ordeñador; este tipo de
aplicador resulta más económico pero
algunos modelos son poco efectivos
para desinfectar toda la superficie
cuando los pezones son muy grandes
debido al tamaño de la cámara superior
donde se sumerge el pezón; los diseños
más prácticos son aquellos con buena
flexibilidad y que no permiten el
regreso del desinfectante a la cámara
inferior, evitando la contaminación con
residuos de leche y el riesgo de
inactivación por materia orgánica.
En los últimos años se ha observado la
introducción en el mercado de una
nueva alternativa de aplicación de los
productos desinfectantes para pezones
(pre y postordeña), que reemplaza al
vaso por un rociador (sprayer), manual
o automático, frecuente en las grandes
lecherías con gran número de animales.
Este procedimiento tiene la ventaja de
acelerar la rutina de ordeño, usar
menor cantidad de desinfectante, y
mantener el producto más limpio y con
una concentración más uniforme; sin
embargo, el spray sólo es satisfactorio
si se tiene la precaución de asegurar
que toda la piel del pezón sea
completamente cubierta con el
desinfectante, lo que no siempre
ocurre. Es común observar a
ordeñadores que aplican el spray de
frente a los pezones dejando gran parte
de la superficie de la piel sin cubrir. En
la práctica, los rociadores manuales
pueden ahorrar tiempo, pero a
expensas de una pobre desinfección
(Shearn, 1981). Los rociadores
automáticos de pezones, cuyo
mecanismo es activado por la vaca al
salir de la sala, son sistemas que
operan más en rebaños experimentales
pero no han sido introducidos
masivamente en explotaciones
comerciales porque, aunque son
efectivos, gastan más desinfectante
que el spray manual (Saran, 1995).
Independientemente del método
utilizado, es recomendable que toda la
superficie del pezón sea cubierta por el
desinfectante; sin embargo, durante
períodos extremadamente fríos y con
mucho viento, podría ser aconsejable
no realizar "dipping" o sumergir sólo la
punta del pezón y secar el exceso de
desinfectante con una toalla
desechable para evitar lesiones de los
pezones (Philpot y Nickerson, 1991).
Debido a la amplia gama de productos
comerciales para "dipping" existentes
en el mercado, antes de elegir uno de
ellos es importante verificar primero
que dicho producto haya sido
debidamente evaluado, tanto en su
poder germicida como en su eficacia
para reducir las neoinfecciones
intramamarias, utilizando métodos
aprobados internacionalmente como los
recomendados por el National Mastitis
Council de EE.UU. (Pankey y col.,
1984; Hogan y col., 1990). Entre los
productos más utilizados para "dipping"
postordeña están los compuestos
yodados (yodóforos con 0.1-1.0% de
yodo disponible), compuestos clorados
(hipoclorito de sodio con 0.1-4.0% de
cloro disponible) y clorhexidina (0.35-
0.55% gluconato de clorhexidina);
además muchos otros productos han
sido utilizados en diferentes países,
como por ejemplo, amonio cuaternario,
ácido dodecil bencil sulfónico, ácido
peracético, glutaraldehído, nisina,
ambicina N y ambicina L (Pankey y col.,
1984; Saran, 1995).
10. Desinfectar las pezoneras entre
vaca y vaca(opcional)
Las unidades de ordeño constituyen un
factor importante de transmisión de
bacterias durante la ordeña,
especialmente de los patógenos
contagiosos. Está demostrado que
después de ordeñar una vaca infectada
la pezonera queda fuertemente
contaminada con bacterias patógenas
las que pueden ser transferidas a la
vaca siguiente por la misma pezonera
(Bramley, 1981).
Además, las heridas de pezones
colonizadas con bacterias y las fecas
también pueden contaminar las gomas
de las pezoneras durante la ordeña.
Este tipo de contaminación no sólo se
origina por el contacto de la superficie
interna de la pezonera con la fuente
contaminante, sino que además puede
existir movimiento de leche de un
cuarto a otro a través del colector. Por
esta razón se han realizado variados
intentos para reducir esta transmisión
vía pezonera al pasar de una vaca a
otra, como por ejemplo, enjuague con
agua fría, enjuague con una solución
desinfectante, y pasteurización
(circulación de agua a 85º C por 5 seg.),
siendo este último el método más
efectivo, pero poco práctico para ser
adoptado en rebaños comerciales
(Neave, 1971).
El enjuague con agua fría en algunos
casos puede ser efectivo para reducir la
contaminación y la incidencia de
mastitis por Staph.aureus (Davidson,
1961; Davidson, 1963), pero en otros
casos ha demostrado no tener ningún
efecto (Neave, 1971).
En consecuencia, el método más
práctico y común para desinfectar las
pezoneras es sumergir completamente
las copas de las pezoneras por algunos
segundos en una solución desinfectante
(hipoclorito de sodio c/300 ppm cloro
disponible o solución yodada c/25-100
ppm yodo disponible) (Bramley, 1981).
Para lograr una adecuada desinfección
de toda la superficie interna de las
pezoneras se debe sumergir sólo dos
copas al mismo tiempo para permitir
que la solución desinfectante penetre
con facilidad a través de todo el largo
de la pezonera. Si no se tiene la
precaución de renovar la solución
desinfectante cuando se ponga turbia,
esta práctica de higiene puede
convertirse en un mecanismo de
diseminación de patógenos mamarios.
El mejor método es sumergir primero
las pezoneras en un balde con agua
limpia para remover los residuos de
leche que podrían eventualmente
inactivar el desinfectante, luego
sumergir en la solución desinfectante y,
finalmente, nuevamente en agua limpia
para eliminar los residuos del germicida
(Philpot y Nickerson, 1991).
Un método alternativo a la inmersión
de las pezoneras en una solución
desinfectante, y que ha sido adoptado
por algunas lecherías con gran número
de animales, es el lavado y desinfección
automático de pezoneras conocido
como "backflushing". Este método que
ha demostrado ser efectivo para reducir
la transmisión de patógenos
contagiosos (Hogan y col., 1984; Philpot
y Nickerson, 1991; Bramley y col.,
1996), en la mayoría de los sistemas
existentes la operación consiste de 5
fases: a) enjuague con agua para
eliminar los residuos de leche de la
superficie interna de las pezoneras,
colector y tubo de leche; b) enjuague
con una solución desinfectante; c) un
corto período de reposo para destruir a
los microorganismos patógenos; d)
enjuague con agua pura para eliminar
los residuos del germicida, y e) secado
por aire forzado para eliminar el agua
residual. Este procedimiento está
especialmente indicado en rebaños
infectados con patógenos altamente
contagiosos
como Strep.agalactiae, Staph.aureus y
Mycoplasma sp. (Philpot y Nickerson,
1991).
La desinfección de las pezoneras entre
vaca y vaca es una práctica que
aumenta el tiempo de la ordeña y
agrega un nuevo trabajo al ordeñador
y, si no se realiza correctamente, puede
servir más para transmitir que para
prevenir la transmisión de patógenos
mamarios; por esta razón, esta es una
medida que podría obviarse si se
realizan buenas prácticas de higiene,
especialmente, un buen "dipping"
postordeña (Bramley, 1981).
RESUMEN
Las cuantiosas pérdidas económicas
por mastitis en los rebaños lecheros,
especialmente de carácter subclínica,
por menor producción y menor calidad
higiénica y nutricional de la leche,
justifican plenamente el control de la
enfermedad.
Durante el proceso de la ordeña existe
un alto riesgo de infección
intramamaria y de transmisión de los
agentes causantes de mastitis,
especialmente, de los patógenos
contagiosos. En consecuencia, para
reducir los riesgos de infección es
necesario realizar una buena rutina de
ordeño extremando las medidas de
higiene y evitando al máximo los
factores predisponentes por el
inadecuado uso de la máquina de
ordeño.
Una adecuada rutina de ordeño
involucra una serie de procedimientos
que deben realizarse cuidadosamente
en cada período de ordeño en forma
correcta y consistente que se pueden
resumir en los siguientes aspectos:
proporcionar un ambiente limpio y
tranquilo a las vacas evitando el estrés;
extraer y examinar los primeros chorros
de leche para detectar mastitis clínica y
estimular la bajada de la leche; lavar y
secar completamente los pezones con
toallas individuales desechables para
reducir la transmisión de los patógenos
mamarios y minimizar la contaminación
de la leche; colocar las pezoneras
dentro de 1 minuto de iniciada la
estimulación para lograr una ordeña
completa; observar y ajustar cuando
sea necesario las unidades de ordeño
para evitar la entrada de aire al
sistema; cortar el vacío antes de retirar
las pezoneras; y desinfectar los
pezones al término de la ordeña con
una solución desinfectante segura y
eficaz.
Opcionalmente, en determinados
rebaños se puede agregar a esta rutina
la desinfección de los pezones antes de
la ordeña (pre"dipping") y la
desinfección de las pezoneras al pasar
de una vaca a otra durante la ordeña.