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Educacion Inclusiva Marco Normativo Internacional

La UNESCO estima que 40 millones de niños con discapacidad están fuera de la escuela, con una baja tasa de finalización de estudios. A lo largo de las últimas décadas, se han establecido marcos normativos internacionales que promueven la educación inclusiva y prohíben la discriminación en el acceso a la educación. La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad destaca la importancia de realizar ajustes razonables para garantizar la igualdad de oportunidades en el sistema educativo.

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Educacion Inclusiva Marco Normativo Internacional

La UNESCO estima que 40 millones de niños con discapacidad están fuera de la escuela, con una baja tasa de finalización de estudios. A lo largo de las últimas décadas, se han establecido marcos normativos internacionales que promueven la educación inclusiva y prohíben la discriminación en el acceso a la educación. La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad destaca la importancia de realizar ajustes razonables para garantizar la igualdad de oportunidades en el sistema educativo.

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Educación Inclusiva

Marco normativo Internacional


La UNESCO estima que alrededor de 40 de los 115 millones de niños y niñas que
están fuera de la escuela en el mundo tengan alguna discapacidad. Y que
solamente el 2% de los niños y niñas en esta situación consiguen concluir sus
estudios. La tasa mundial de alfabetización de personas adultas con discapacidad
llega apenas al 3%, y al 1% en el caso de las mujeres con discapacidad
(PNDU, 1998)
La afirmación de que todos tienen derecho a la educación viene de larga fecha. La
Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, es clara en este sentido:
“Todos tienen derecho a la educación”, y ésta deberá ser gratuita y obligatoria al
menos en su nivel primario.

Más tarde, en 1960, la Conferencia General de la UNESCO adopta la Convención


relativa a la lucha contra las discriminaciones en la esfera de la enseñanza, que
prohíbe “destruir o alterar la igualdad de trato en la esfera de la enseñanza y, en
especial, excluir a una persona o a un grupo del acceso a los diversos grados y tipos
de enseñanza; limitar a un nivel inferior la educación de una persona o de un grupo;
instituir o mantener sistemas o establecimientos de enseñanza separados para
personas o grupos; o colocar a una persona o grupo de personas en una situación
incompatible con la dignidad humana”. La garantía de la no discriminación también
se hace presente en la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), así como
en el marco de la Educación para Todos – tanto con la Declaración de Jomtién
(1990) como con la de Dakar (2000).

En términos históricos, los últimos veinte años fueron muy importantes para en el
concepto de Educación Inclusiva (en contraposición al concepto de Educación
Especial), y en nuevos marcos jurídicos internacionales y nacionales que tratan de
forma específica los derechos de las personas con discapacidad. El primero que
llamamos la atención es la resolución de Normas Uniformes sobre la Igualdad de
Oportunidades para las Personas con Discapacidad, aprobada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas en diciembre del 1993. Este marco afirma el
principio de la igualdad de oportunidades de educación en los niveles primario,
secundario y superior para los niños, niñas, jóvenes y personas adultas con
discapacidad, y especifica además que esto debe ocurrir “en entornos integrados”,
velando porque “la educación de las personas con discapacidad constituya una
parte integrante del sistema de enseñanza”.
El año siguiente, en 1994, se aprobó la Declaración de Salamanca, en la
Conferencia Mundial sobre Necesidades Educacionales Especiales, promovida por
el gobierno español y por la UNESCO, de la cual fueron signatarios representantes
de cerca de 100 países y diversas organizaciones internacionales. El espíritu de
esta declaración es el del “reconocimiento de la necesidad de actuar con miras a
conseguir ‘escuelas para todos’, que celebren las diferencias, respalden el
aprendizaje y respondan a las necesidades de cada cual”. La declaración deja claro
que son las escuelas las que tienen que responder a las necesidades de sus
estudiantes, y no al revés.
Cinco años más tarde, en 1999, se aprueba otro marco clave: la Convención
Interamericana para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra
las Personas Portadoras de Deficiencia, conocida también como Declaración de
Guatemala. Esta Convención reconoce que la discapacidad sigue siendo un grave
obstáculo a la plena participación en la vida social, cultural, económica y
educacional de la región, y parte de la premisa de que todos los derechos humanos
y libertades fundamentales son universales, por lo que comprende sin reservas a
las personas con discapacidad. De ahí se reconoce que todas las personas tienen
el mismo derecho a la vida y al bienestar, a la educación y al trabajo, a vivir
independientemente y a la participación activa en todos los aspectos de la sociedad.
Por esa razón, se considera que cualquier acto de discriminación contra una
persona con discapacidad es una violación de sus derechos fundamentales.
En septiembre de 2006, el Comité sobre los Derechos del Niño aprobó la
Observación General Nº 9 relativa a “Los derechos de los niños con discapacidad”,
la cual reafirma el principio de la no discriminación y de la igualdad de
oportunidades, reiterando que la educación inclusiva “no debe entenderse y
practicarse simplemente como la integración de los niños con discapacidad en el
sistema general independientemente de sus problemas y necesidades”, debiendo
la escuela adaptarse y hacer los ajustes necesarios para responder y acoger las
personas con discapacidad.
En diciembre del 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la
Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, clave para la
interpretación del derecho por su nivel de detalle. La Convención de las Naciones
Unidas retoma la definición de “discriminación por motivos de discapacidad”
presente en la Convención Interamericana y añade que la denegación de “ajustes
razonables” también configura una forma de discriminación. Esta Convención
entiende por “ajustes razonables” a las “modificaciones y adaptaciones necesarias
y adecuadas que no impongan una carga desproporcionada o indebida (…) para
garantizar a las personas con discapacidad el goce o ejercicio, en igualdad de
condiciones con las demás, de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales”. Este concepto es importante cuando se trata de disfrutar del
derecho a la educación en el sistema regular de enseñanza, el cual tendrá que
responder a las necesidades y especificidades de los estudiantes con discapacidad.
(Crosso, 2010)
Referencias
Crosso, C. (2010). Revista Iberoamericana de Educación Inclusiva. Obtenido de
RINACE: http://www.rinace.net/rlei/numeros/vol4-num2/art4_htm.html

PNDU. (1998). Relatório de Desenvolvimiento Humano. . New York: Oxford University


Press.

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