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TAREAS DE LA ADOLESCENCIA. Daniel Espinoza

El documento analiza la idea de la 'confusión normal' en la adolescencia, cuestionando la noción de que la turbulencia es necesaria para el desarrollo de la personalidad. Se critica la tendencia del psicoanálisis tradicional a generalizar experiencias de adolescentes perturbados, sugiriendo que muchos adolescentes atraviesan esta etapa sin crisis significativas. Se propone un enfoque que considere la adolescencia como un periodo de 'tareas' psíquicas, permitiendo una comprensión más matizada de esta etapa del desarrollo.
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TAREAS DE LA ADOLESCENCIA. Daniel Espinoza

El documento analiza la idea de la 'confusión normal' en la adolescencia, cuestionando la noción de que la turbulencia es necesaria para el desarrollo de la personalidad. Se critica la tendencia del psicoanálisis tradicional a generalizar experiencias de adolescentes perturbados, sugiriendo que muchos adolescentes atraviesan esta etapa sin crisis significativas. Se propone un enfoque que considere la adolescencia como un periodo de 'tareas' psíquicas, permitiendo una comprensión más matizada de esta etapa del desarrollo.
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Vol. 4 (3) – Octubre 2010; pp.

620-647
Henry Daniel Espinosa, Las tareas de la adolescencia

En los escritos psicoanalíticos sobre la adolescencia, es común considerar necesaria


una “confusión normal”, de lo cual, se desprende la idea de que hay dificultades
psíquicas cuya ausencia puede representar una patología. La “turbulencia” normal
de la adolescencia es nombrada por diferentes autores entre los cuales Offer (1969
p.178) cita a Jacobson, Josselyn, Laufer, Pearson, Geleerd y Deutsch; los cuales
hacen referencia a conceptos como “confusión”, “turbulencia”, “cambios tremendos”,
“caos”, “crisis”, “agitación”, “alboroto”, “alteración”, entre otras manifestaciones que
consideran aparentemente necesarias para la consolidación definitiva de la
personalidad.

Algunas investigaciones, que tratan de tender un puente entre la psicología profunda y


los datos empíricos (Offer, D. 1969 – Offer, D & Offer, J. B., 1975, Emde, R. N., 1985
- Emde, R., 1985 p.59-78), han realizado críticas a esta idea, que deja en segundo
lugar los procesos psíquicos y privilegia la fenomenología de un tipo de
adolescentes. Según Offer dicha posición es un error en el que se cae por: la
estandarización de una teoría a las diferentes culturas, éticas y clases; la
generalización de los hechos encontrados en el trabajo con adolescentes
perturbados en consulta; y por que el prejuicio hace que se focalice la observación y
se confirme la “confusión” como propia de la edad. (Offer, D. 1969 p.5-6)

En este tipo de errores se fundamenta la crítica al psicoanálisis tradicional de hacer


declaraciones sobre el desarrollo normal de la adolescencia, sin haber estudiado
sistemáticamente ningún grupo de adolescentes normales, extrapolando la comprensión de
las perturbaciones a la de los procesos normales, y construyendo sistemas teóricos basado
en el estudio de los pacientes, lo cual, no es la única y la mejor manera de aprender acerca
de dichos procesos. (Offer, D. 1969 p.176)

Daniel Offer (1969 p.174-179), uno de los investigadores que más ha trabajado esta crítica,
muestra cómo la postura de la “confusión” adolescente está presente en autores como
Erikson, cuando afirma que el estudio de la psicopatología es una ruta hacia psicología
normal; en Blos, que considera aceptado aprender acerca del desarrollo normal a través de
alteraciones en el desarrollo; y en los escritos psicoanalíticos en los que se hace énfasis
en que los cambios de la adolescencia se presentan bajo la forma de “ruptura”.

Dentro de esta tradición, Anna Freud pone en relación la adolescencia con


desordenes psicóticos, mostrando un yo disminuido ante un ello fortalecido por una
explosión pulsional; Klein (1922 p.68-69) mantiene la tesis de la oleada pulsional
(1922) y Winnicott (1961 p.170) piensa la adolescencia normal de manera
generalizada como una “fase del desaliento malhumorado”. Por el lado de
Latinoamérica, uno de los ejemplos más claros es el texto de “La adolescencia
normal” de Arminda Aberastury, Mauricio Knobel y su grupo de trabajo, en el cual, es
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Vol. 4 (3) – Octubre 2010; pp. 620-647
Henry Daniel Espinosa, Las tareas de la adolescencia

evidente que para dar cuenta de los procesos normales se hace una continua
alusión y paralelo con las psicopatías, teniendo como idea central que la
adolescencia como un “síndrome normal”.

Por otro lado, Offer (1969 p.182-184) muestra que algunos investigadores han observado un
bajo nivel de “confusión” en un gran número de adolescentes y han cuestionado la
universalidad de la “teoría de la confusión adolescente” (The turmoil theory of
adolescence), pero otros investigadores como Friedenberg, Adell, Douvan y Adelson, y
Keniston, leen estos hallazgos como un signo de mal pronóstico en el desarrollo.

Como crítica a estas teorías, Offer (1969 p.180) considera que el concepto de “crisis
adolescente” debe ser visto sólo como una de las rutas de paso de la adolescencia, pues
todos los adolescentes no viven este momento de manera turbulenta. Por esto, se propone
impugnar el concepto de “gran agitación” como una parte necesaria de la adolescencia,
pues considera que las perturbaciones experimentadas por la mayoría de los sujetos son
cuantitativamente diferentes de la crisis que vive la población de pacientes o delincuentes.

El autor, no está en total desacuerdo con el concepto de "crisis" entendido como un


"momento decisivo o crucial, un punto de inflexión” o una "crisis normativa" que no implica el
caos sino transición. Por esto, en algunos sentidos no niegan los aportes de Erikson, pero
diverge en considerar similitudes entre la neurosis (o la psicopatología) y los cambios
adolescentes pues la “crisis” de la adolescencia trae consigo las mismas
características de todos los periodos de transición. (Offer, 1969 p.182-183)

Con sus observaciones, Offer (1969 p.184) concluye que la mayoría de los adolescentes
llevan a cabo las tareas de su edad con éxito y sin una agitación perturbadora, por tener un
yo lo suficientemente fuerte y el sostén de sus padres como para resistir las presiones. Esto
no significa que los sujetos estén exentos de problemas, sino que algunos adolescentes
pueden vivir bien adaptados, en contacto con sus sentimientos y con relaciones
significativas; y además, pueden pasar por el proceso de neutralizar sus vínculos con sus
padres para convertirse en adultos maduros e independientes de manera gradual y sin un
cambio dramático. En este sentido, Offer (1969 p.192) considera que los estudios de
poblaciones normales que muestran comportamiento con poco desequilibrio podrían
conducir finalmente a la idea de que la adolescencia, como un período de crecimiento,
puede ser atravesada sin rupturas graves entre generaciones o entre el adolescente y su
antigua identidad, por lo cual, un “estado de conmoción interior” no tiene que ser la clave
comprensiva para la adolescencia.

Como respuesta a esta sólida crítica de los planteamientos clásicos del psicoanálisis sobre
la adolescencia normal, pensamos necesario replantear las perspectivas teóricas
tradicionales y encontrar una forma de leer las ideas psicoanalíticas de la adolescencia,
despojándolas de su énfasis en la “confusión normal”. En esta medida, consideramos que
abordar la adolescencia como una transición que implica unas “tareas” o “trabajos”
psíquicos, permite realizar una comprensión de dicha etapa sin caer en la
generalización de su carácter turbulento.

Pensar la adolescencia como unas “tareas” psíquicas no es novedosa, pues ha sido

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