0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 29 vistas 22 páginas Teoría Pura Del Derecho - H. Kelsen (Caps. 2 y 8)
El texto aborda la relación entre derecho y moral, destacando que ambas son normas sociales que regulan el comportamiento humano. Kelsen argumenta que la ética y la ciencia del derecho deben ser consideradas disciplinas normativas, y que la moral no se limita a la conducta interna, sino que también prescribe acciones externas. Además, se enfatiza que las normas morales y jurídicas son producidas socialmente y tienen un carácter positivo, aunque la moral carece de un mecanismo coercitivo para su aplicación.
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HANS KELSEN
TEORIA PURA
DEL DERECHO
Traduccién dela segunda edicién en aleman, por
Roserto J. VERNENGO
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO
México 1982Titulo original en alemSn:
“Rune Recntsiexre”, zweite, vollstindig neu bearbeitete
und erweiterte Auflage, Wien 1960
Primera edicién en espafiol: 1979
Primera reimpresin: 1981
Segunda reimpresién: 1982
ISBN 968-58-0032-4
D R © 1982, Universidad Nacional Auténoma de México
Ciudad Universitaria. 04510 México, D. F.
DirecctOn GEeNeRAL DE PUBLICACIONES
Impreso y hecho en MéxicoII]. DERECHO Y MORAL
7. Las normas morales come normas sociales
Al quedar el] derecho, como objeto de una ciencia juridica especifica, deter-
minado como norma, queda también delimitado frente a la naturaleza,
asi como la ciencia del derecho frente a la ciencia natural. Pero junto a las
normas juridicas hay también otras que regulan el comportamiento reciproco
de los hombres, es deciz, que son también normas sociales. La ciencia del
derecho, en consecuencia, no es la unica disciplina orientada al conocimiento
y descripcién de las normas sociales. Cabe abarcar esas otras normas sociales
bajo la denominacién de “moral”, y la disciplina orientada a su conocimiento
y descripcién puede ser designada como “ética”.*¢ En tanto la justicia es
48 Schlick, al intefpretar la norma como “reproduccién de un hecho de la realidad”
(cf. supra, p. 17), afirma (op. cit. pp. 14 y ss.) que la ética es una ciencia factica, y
aun cuando “fuera una ciencia normativa’ no dejaria de ser “una ciencia de hechos”.
“Tiéne que ver exclusivamente con lo real.” Esta opinién la sustenta Schlick en la afirmacién
de que “las valoraciones supremas son también hechos que se producen en la realidad de
la conciencia humana ...” Es correcto que las “valotaciones”, vale decir, los actos con los
cuales se juzga que una conducta corresponde o no a una norma, asi como los actos mediante
Jos cuales se instauran las normas constituyentes de valores, son hechos reales. Pero las
normas que esos actos producen, y que se emplean en los actos de valoracién, no son hechos
reales, sino contenidos significativos, a saber: el sentido de los actos que establecen las
normas. Ese sentido es un deber. La ética, como Ja ciencia juridica, es una ciencia normativa,
por tener por objeto normas obligatorias como contenido de sentido, y no los actos ficticos,
Telacionados causalmente, cuyo sentido las normas constituyen, Ello no significa, en manera
alguna, que las normas, como pasa en Ja ética de Kant (Schlick, op.
sin nadie que ordene, exigencias sin nadie que exija, esto es: normas sin actos de produccién
de normas. Ello significa que las normas son objeto de la ética —asi como de la ciencia
del derecho—, mientras que los actos productores de normas sélo lo son en la medida en
que constituyan el contenido de norinas; es decir, que estén regulados por normas. La
confusién de la ética con una ciencia empirica; la tesis de que Ja ética es sélo una rama
de Ia psicologia y la sociologta (ef. A. J. Ayer, Language, Truth and Logic, Londres, 1936,
p. 168: “Pareciera, pues que la ética, como rama del conocimiento, no fuera nada mAs que
una seccién de la psicologia y la sociologia”) reposa en Ja falta de distincién entre ef
acto productor de una norma, y la norma producida como sentido de ese acto.
La tentativa del positivismo légico de exponer Ja ética como una ciencia empirica factica
proviene claramente de la tendencia, enteramente legitima, de sacarla del territorio de la
especulacién metafisica. Esa tendencia queda suficientemente satisfecha cuando se reconoce
en las normas, que son el objeto de Ja ética, los contenidos de sentido de ciertos actos
ejecutados por los hombres en el mundo de la’ realidad, y no érdenes de entidades trascen-
dentes. Si tanto las normas morales, como las normas del derecho positivo, son el sentido
de hechos empiricos, no sélo la ética sitio también la ciencia del derecho puede ser carac-
terizada como ciencia empirica —en oposicién a la especulacién metafisica—, aun cuando
tenga por objeto normas y m0 hechos.72 HANS KELSEN
una exigencia de la moral, la relaci6n entre moral y derecho queda compren-
dida en la relaci6n entre justicia y derecho, 47 Hay que advertir, en ello, que
los usos lingitisticos confunden frecuentemente la moral con la ética, asi como
ocurre con el derecho y la ciencia juridica. De suerte que muchas veces se
afirma de la ética lo que s6lo corresponde a la moral: que regula conducta
humana; que estatuye deberes y derechos, es decir, que impone autoritaria-
mente normas, mientras que sélo puede conocer y describir las normas esta-
blecidas por alguna autoridad moral, o Jas normas morales surgidas consuetudi-
nariamente, La pureza metédica de la ciencia juridica es puesta en peligro, no
sélo en cuanto no se respetan las vallas que la separan de la ciencia natural,
sino —en mayor medida— en cuanto no es distinguida suficientemente de la
ética; cuando no se distingue claramente entre derecho y moral,
E} caricter social de la moral a veces es cuestionado sefialando que, junto
a las normas morales que estatuyen el comportamiento del hombre frente a
otros hombres, también existen normas morales que prescriben la conducta
del hombre con respecto de si mismo, tal como la norma que prohibe el sui-
cidio, o las normas que obligan a la valentia o a la castidad. Pero también esas
normas sélo aparecen en la conciencia de hombres que viven en sociedad, La
conducta de los hombres, que ellas determinan, se relaciona quiz4s inmediata-
mente con ellos mismos; en forma mediata, en cambio, se refiere a los res-
tantes miembros de la comunidad. Puesto que sélo en razén de los efectos
que esos comportamientos tienen sobre la comunidad, se conviertep, en la
conciencia del miembro comunitario, en una norma moral. También las Ila-
madas obligaciones del hombre consigo mismo son obligaciones sociales. Care-
cerian de sentido para el individuo que viviera aislado.
8, La moral como regulacién del comportamiento interno
La distincién entre moral y derecho no puede referitse a la conducta a que
obligan jas normas de ambos érdenes sociales. El suicidio puede estar prohibido
no s6lo por la moral, sino también por el derecho; la valentia y la castidad
pueden constituir no s6lo obligaciones morales, sino también obligaciones
juridicas. Tampoco es correcta la tesis frecuentemente sostenida de que el
derecho prescribe una conducta extema, mientras que la moral io haria con
la conducta interna. Las normas de ambos érdenes determinan ambos tipos de
conducta. La virtud moral de la valentia no consiste solamente en el estado
animico de impavidez, sino también en el comportamiento extemo condicio-
nado por ese estado anfmico. Y si un orden juridico prohfbe el homicidio, no
sélo prohfbe la produccién de la muerte de un hombre mediante el compor-
tamiento externo de otro, sino también una conducta intema, a saber, la inten-
47 Una investigaciéa sobre el problema de la verdad se encuentra en H. Kelsen, Die
Normen der Gerechtigheit.DERECHO Y MORAL 2B
cién de producir ese resultado. La conducta “interna” que la moral exigirla, a
diferencia del derecho —segtin la opinién de algunos filésofos moralistas—
consistiria en que la conducta, para ser moral, debe producirse contra las incli-
naciones, ** 0 lo que es lo mismo, contra un interés egofsta. En la medida en
que con ello no se quiere decir otra cosa sino que Ja obligacién estatuida por
una norma moral consiste en determinada conducta; es decir, que esa norma
guarda validez aun cuando Jas inclinaciones subjetivas, o los intereses egoistas,
se contrapongan a la conducta exigida, entonces, lo mismo cabe sostener de las
obligaciones estatuidas por normas de derecho. Que un orden social prescriba
una conducta que posiblemente apunte contra cierta inclinacién o determinado
interés egoista del individuo cuyo comportamiento el orden regula, es algo ine-
vitable. Prescribir solamente la conducta que corresponda a todas Jas inclina-
ciones, o intereses egoistas de los sujetos de las normas, seria cosa superflua, dado
que los hombres siguen sus inclinaciones, o tratan de satisfacer sus intereses
egoistas, sin tener necesidad de ser obligados a hacerlo, Un orden social, esto es,
una norma que prescribe una determinada conducta humana, tiene sentido si
ha de lograrse una situacién diferente de la que se obtendria si todos siguiesen
sus inclinaciones o intentaran satisfacer sus intereses egofstas, inclinaciones
e intereses que ya se dan sin requerir la validez y eficacia de un orden social;
es decir, si los hombres deben también comportarse en contra de esas incli-
naciones 0 de esos intereses egoistas. Cabe advertir que cuando los individuos
sujetos al orden social de hecho se comportan de acuerdo con las normas del
orden, ello sucede solamente porque esa conducta corresponde a su inclinacién
© interés egoista, o a una inclinacién o interés egoista provocado por el orden
social y que en lo posible —aunque no necesariamente— es contrapuesto a la
inclinacién o interés egoista que se presentaria exclusivamente si no tuviera
intervencién el orden social. E] hombre puede tener simultdneamente inclina-
ciones o intereses contradictorios. En ese caso, su comportamiento dependerd
del hecho de cul inclinacién, de qué interés, sea mds poderoso. Ningin orden
social puede poner de lado los inclinaciones de los hombres, sus intereses
egotstas, como motivo de sus acciones y omisiones. Sélo puede, si debe ser efi-
caz, crear la inclinaci6n o el interés que los leve a actuar de acuerdo con
el orden social y a oponerse a las inclinaciones o intereses egoistas que sin él
serfan dominantes.
La doctrina ética de la que arriba se habla a veces es entendida, con todo,
en el sentido de que sélo la conducta orientada contra Ja inclinacién o un
interés egofsta, tiene valor moral.‘ Dado que “tener valor moral” no puede
48 Esta es, como es sabido, la doctrina ética de Kant. Cf, Grundlegung zur Metaphysik
der Sitten (Edicién de la K.'P. Akademie der Wissenschaften, t. 1, pp. 397 y s.)«
49 Kant, op. cit, p. 398: “Pero afirmo que en esos casos, esa accién (si es efectuada por
inclinaciém), por conforme al deber que sez, por metitoria que sea, no tiene, sin embargo,
ningdn verdadero valor moral...”74 HANS KELSEN
querer decir otra cosa sino “corresponder a una norma moral”, ser4 necesario
afirmar con esta doctrina que la moral no prescribe otra cosa sino que, al
actuar, deben combatirse las propias inclinaciones, no satisfacer los propios
intereses egoistas, debiendo actuarse en mérito a otros motivos. Es decir, la
norma moral sdlo se refiere al motivo de la conducta. Haciendo abstraceién
de que satisfacer la exigencia de actuar sdlo en mérito a motivos distintos de
las propias inclinaciones, o de los intereses egoistas, es cosa psicolégicamente
imposible, la moral cuya norma se refiere exclusivamente a los motivos del
comportamiento implanta un orden social distinto al que prescribe una con-
ducta externa. La norma de una moral que se refiera solamente al motivo de la
condueta externa es incompleta; sélo puede tener validez junto con Jas normas
que prescriben la conducta externa y esas normas también tendrian que ser
normas morales. Puesto que no cualquier comportamiento, sélo porque se pro-
duce contra una inclinacién, o contra un interés egoista, sera moral. Si alguien
acata la orden de otro de matar a alguien, su accién no tendrd valor moral,
aun cuando la cumpla contra sus inclinaciones o sus intereses egoistas, en la
medida en que él homicidio se encuentre prohibido por el orden social que
es presupuesto como valido; esto es, en la medida en que el homicidio sea
considerado desvalioso. Una conducta sélo puede tener valor moral cuando
no s6lo su motivo, sino también la conducta misma corresponde a una norma
moral. No es posible, en el juicio moral, separar el motivo de Ja conducta
motivada. También por esta razén no puede limitarse el concepto de la moral
que prescriba la lucha contra las inclinaciones, la negativa a satisfacer los pro-
pios intereses egoistas. Pero sdlo asi, cuando se ha limitado de esa manera el
concepto, es posible diferenciar la moral del derecho, como si aquélla se re-
firiera Gnicamente a una conducta interna, mientras que éste prescribe con-
ducta externa. °°
50 También, segin Kant, una accién, para tener valor moral, es decir, para ser ética-
mente buena, no sélo debe producirse “por deber’, sino que debe ser “en mérito a un
deber”, es decir, corresponder a la ley moral. La norma moral: “no actties siguiendo tus
inclinaciones, sino por deber”, supone, por lo tanto, la existencia de otras normas morales
que obligan a determinadas acciones. Una de las tesis mas esenciales de su ética es que “el
concepto del bien y del mal no debe ser determinado previamente a Ja ley moral... sino
solamente, ... luego de ella y mediante ella” (Kritik der praktischen Vernunft, ed. de la
Akademie, v, p. 62-3).
Segin Kant, actia por “‘inclinacién”, quien encuentra en su accién “un {ntimo placer”
al actuar como lo hace (Grundlegung der Metaphysik der Sitten, p. 398). Pero también
quien acta “por deber”, es decir, “por respeto a la ley”, acta por inclinacién,, que
Jo hace en cuanto encuentra un {ntimo placer en acatar la ley; su conciencia le depara “un
{atimo placer” al actuar conforme a la ley, conforme a lo debido; es decir: por inclinacién a
actuar conforme al deber. Desde un punto de vista psicolégico, ello no puede negarse; y la
pregunta de cudles sean los motivos por log cuales un hombre actia, es wna pregunta
icoldgica.
Pane distingue el derecho, como regulacién de la conducta externa, de Ja moral, como
regulacién de la conducta interna {a saber, de los motivos de Ja conducta), En consecuencia,
contrapone Ja “legalidad” a la “‘moralidad”, Dice (Metaphysik der Sitten, ed. de la Akademie,DERECHO Y MORAL 75
9. La moral como orden primitivo sin cardeter coactivo
Tampoco cabe distinguir esencialmente el derecho y la moral en relacién
con Ja forma de produccién de sus normas, o en relacién con su yso. De
igual manera que las juridicas, también las normas morales son producidas por
ja costumbre, y por su instauracién consciente (sca por un profeta, o por el
fundador de una religion, como Jestis). En ese sentido, la moral, como el
derecho, es positiva, y para una ética cientffica sélo entra en consideracién
una moral positiva, asi como sélo es relevante, para una dootrina juridica
cientifica, un derecho positivo, Es verdad, por cierto, que el orden moral no
ptevé érganos centzales para la aplicacién de sus normas. Esta aplicacién con-
siste en la evaluacién moral del comportamiento de otra, comportamiento
regulado por ese orden. Pero también un orden juridico primitivo es plena-
mente descentralizado y, en este respecto, no puede ser diferenciado de un
orden moral. Es muy caracteristico que algunos pretenden, a veces, que el
derecho internacional general, plenamente descentralizado, sélo yale como una
moral intemacional.
No cabe reconocer una diferencia entre derecho y moral con respecto de
qué sea lo que ambos érdenes sociales ordenan o prohiben, sino inicamente
en cémo ellos obligan o prohiben una determinada conducta humana. El de-
recho sélo puede ser distinguido esencialmente de la moral cuando es concebido
—como se mostré anteriormente— como un orden coactivo; es decir, cuando
el detecho es concebido como un orden nomativo que trata de producir deter-
minada conducta humana, en cuanto enlaza a la conducta opuesta un acto
coactivo socialmente organizado; mientras que la moral es un orden social que
no estatuye sanciones ‘de ese tipo; sus sanciones se reducen a Ja aprobacién
de Ja conducta conforme a la norma, y a la desaprobacién de la conducta
contzaria a la norma, sin que en modo alguno entre en juego en ello el empleo
de la fuerza fisica.
vi, p. 124): “Las leyes de la libertad se denominan, a diferencia de las leyes de la naturaleza,
morales. En cuanto se orientan sélo hacia metas acciones externas y su legalidad, se denomi-
nan leyes juridicas, si requieren también que ellas mismas (las leyes) sean los fundamentos
determinantes de las acciones, son entonces leyes éticas; y en consecuencia se dice que la
conformidad-con las primeras cs la legalidad, mientras ta conformidad con las segundas cons-
tituye la mordlidad de la accién.” Vale decir: también Jas normas juridicas son normas mora-
les; también las normas morales estin dirigidas a la acci6n externa; sélo und norma moral
prescribe que no se debe actuar por inclinacién, sino por respeto a ta Iey. Cuando Kant
sostiene que slo la accién que corresponde a esta norma pose valor moral, distingue al
hacerlo un valor moral, en sentido especitico estricto —es decir, correspondencia con esa
norma moral especial, y un valor moral en sentido lato, que equivale a correspondencia
con las restantes normas morales. También la legalidad es un valor moral, puesto que es
actuar conforme a normas “morales”.76 HANS KELSEN
10. Et derecho como parte de la moral
Si se reconoce en el derecho y la moral tipos distintos de sistemas normati-
vos, se plantea entonces el interrogante acerca de la relacién entre ambos.
Esta pregunta tiene un doble sentido. Con ella puede entenderse cuél sea la
telacién entre el derecho y la moral; pero también cud] deba ser la relacién
entre ambos. Se suele entremezclar ambas cuestiones, lo que Ileva a confusiones.
A veces se responde a la primera pregunta afirmando que el derecho, por su
naturaleza, también es moral, es decir: que la conducta que las normas juridicas
exigen o prohfben, también son exigidas o prohibidas por las normas de la
moral; que cuando un orden social exige una conducta, que la moral prohibe,
o prohfbe una conducta que la moral exige, ese orden no constituye derecho,
por no ser justo. Pero el interrogante también es contestado afirmando que el
derecho puede ser moral —en el sentido sefialado, es decir, justo—, pero no es
necesario que lo sea; el orden social que no es moral y, por ende, que no
es justo, puede ser, sin embargo, derecho, aun cuando se acepte la exigencia
de que el derecho deba ser moral, esto es: justo.
Si se entiende el interrogante por la relacién entre derecho y moral como
una pregunta por el contenido del derecho, y no como una pregunta por su
forma; cuando se afirma que, segin su naturaleza, el derecho posee un contenido
moral, o constituye un valor moral, lo que se afirma es que el derecho vale
dentro del dominio de la moral, que el derecho es parte integrante del orden
moral, que el derecho es moral y, por ende, justo por su propia esencia. En la
medida en que semejante afirmaci6n intenta dar una justificacién del derecho
—y ahi radica su sentido propio—, debe presuponer que sélo hay un¢ moral
wmicamente v4lida; es decir: una moral absoluta, un valor moral absoluto; y
que sélo las normas que corresponden a esa moral absoluta y, por ende, que
son constitutivas del valor moral absoluto, pueden ser tenidas por “derecho”.
Es decir: se parte de una definicién de] derecho que determina a éste como
una parte de la moral; que identifica al derecho con la justicia.
11. Relatividad del valor morab
Si, en cambio, desde el punto de vista del conocimiento cientifico, se rechaza
la aceptacién de valores absolutos, en general, y en especial, Ia de un valor moral
absoluto —dado que el valor absoluto sélo puede admitirse a partir de una fe
teligiosa en la autoridad absoluta y trascendente de una divinidad—, y si, en
consecuencia, se acepta que, desde ese punto de vista, no cabe encontrar una
moral absoluta —es decir, una moral exclusivamente valida, que rechace [a
posibilidad de la validez de otra—; si se niega que lo que es bueno o justo segiin
una moral, sea bueno o justo en todas las circunstancias, y que lo que sea malo
segtin este orden moral, sea malo en todas las circunstancias; si se admite queDERECHO ¥ MORAL 77
en diferentes épocas, en pueblos diferentes —y hasta en un mismo pueblo, den-
tro de diferentes estamentos, clases y profesiones— existen sistemas morales
v4lidos muy distintos y entre si contradictorios, que puede considerarse, bajo
circunstancias distintas, bueno o malo, justo o injusto, a cosas diferentes, cosas
que no pueden considerarse en todas Jas circunstancias posibles buenas o malas,
justas o injustas; si se acepta que sélo hay valores morales relativos, entonces
Ja afirmacién de que las normas sociales tienen que contar con un contenido
moral, de que tienen que ser justas para ser consideradas derecho, sdlo significa
que esas nonnas tienen que contener algo que sea comin a todos los sistemas
morales, en cuanto sistemas justos. Pero frente a Ja extraordinaria diferencia-
cién en lo que, de hecho, los hombres en distintas épocas y en distintos lugares
han considerado bueno y malo, justo e injusto, no cabe establecer ningun ele-
mento comin a los contenidos de los diferentes érdenes morales. Se ha soste-
nido que una exigencia comun a todos los sistemas morales es la que requiere
conseryar la paz, no ejercer violencia contra nadie. Pero ya Herdclito ensefiaba
que la guerra no sdlo es “padre” —cs decir, causa originaria— de todas las cosas,
sino también el “rey” de ellas, es decir, la syprema autoridad normativa, el
supremo valor, siendo, por lo tanto, bueno que el derecho sea lucha y, por
ende, que la lucha sea justa.® E inclusive Jesiis dice: “No he venido para traer
paz a la tierra, sino divisién, °* proclamando ast, por lo menos con respecto del
orden moral de este mundo, que de ninguna manera la paz es el valor supremo,
Se podria negar que aun hoy, para las convicciones de muchos, la guerra sigue
teniendo valor moral, en tanto que permite la demostracién activa de virtudes, y
hace posible la realizacién de ideales que estan por encima del valor de la paz?
zAcaso no se discute la moral del pacifismo? ,Acaso, la filosofia de la vida del
liberalismo, segtin Ja cual la competencia, la Iucha en Ja concurrencia, garantiza-
rian el mejor de los estados posibles de la sociedad, corresponde al ideal de paz?
51 Este es el sentido de los fragmentos 53, 80 y 112 (Diels): “La guerra ( nédcuog ) es
de todo ef padre ( natig ) y de todo el rey (3actheic), A unos designa como dioses, a los
otros como hombres; de unos hace esclavos, de otros, hombres libres.” Es justo que
n Ia guerra los trivnfadores se conviertan en dioses, u hombres libres, y los vencidos en
hombres o esclavos. Puesto que “debe saberse que la guerra es un principio ( Euvév )
general, y que el derecho es lucha ( Sbenv Eptv ), y que todo acaece en mérito de la
Tucha y la necesidad ( xa’ Epi xal ypedyeva )”. La ética de Herdclito es una suerte de
doctrina del derecho natural: “La sabiduria consiste en decir la verdad y actuar segin la natu-
raleza, prestindole ofdos ( mowtv xaté géow énalovrag ).” De que la realidad de la
naturaleza muestra Ja lucha y la guerra como un fenémeno general, se sigue que la guerta
y la lucha son justas.
‘82 Lucas xi, 5: “Desde ahora en adelante, cinco en una casa ya no serén uno; tres contra
dos y dos contra tres. El padre estard contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre con-
tra la hija, y la hija contra la madre, el cufiado contra Ja nuera y la nuera contra el cufiado.”
Lucas xit, 52/3. Jesds, por cierto también dijo: “Bienaventurados son Jos pacificos, pues seran
Tamado hijos de Dios.” (Mateo v, 9); pero otras afirmaciones que se le atribuyen en los
Evangelios, estén entre si en contradiccién Cf. H. Kelsen, What is Justice?, Berkeley, 1957,
pp. 25 y ss.78 HANS KELSEN
Este ideal no constituye el valor supremo en todos los sistemas morales, y en
algunos, carece de todo valor. Y aun cuando fuera posible establecer un ele-
mento comin a todos los sistemas morales hasta ahora tenidos por vdlidos, no
habria razén suficiente para considerar a un orden coactivo que no contenga
ese elemento y que ordene una conducta —que no ha sido realizada atin en
ninguna comunidad— como buena o justa; y que prohiba una conducita —que
no ha sido realizada atin en ninguna comunidad— por mala o injusta; por
“inmoral” o “injusta”, y en consecuencia, como si no fuera derecho. Puesto
que si no se presupone ningin valor moral dado a priori, es decir, si no se
presupone ningiin valor moral absoluto, no se tiene posibilidad de determinar
Jo que en todas las circunstancias deba ser considerado bueno y malo, justo e
injusto. Y, luégo, no cabe negar que también aquello que el orden coactivo a
que uno se refiere ordena, sera considerado como bueno o justo, y aquello que
prohibe, como malo o injusto; y que también ¢] orden mismo seri —aunque
relativamente— moral o justo. Pues lo que es comin necesariamente a todos
los sistemas morales posibles, no consiste en otra cosa sino en que imponen
normas sociales —es decir, normas que estatuyen mediata o inmediatamente—
una determinada conducta de los hombres frente a otros hombres—, que estatu-
yen determinadas conductas como debidas. Lo comtin a todos los sistemas
morales posibles es su forma: el caracter normativo, lo debido. Es moralmente
bueno Jo que corresponde a una norma social que estatuye determinada con-
ducta humana; moralmente malo, lo que contradice una norma tal. E! valor
moral relativo es constituido por la norma social que instaura como debida una
determinada conducta humana. Norma y valor son conceptos correlativos.
Bajo estos presupuestos, la afirmacién de que el derecho es moral por su
naturaleza no significa que cuente con determinado contenido, sino que es
noma, a saber: una norma social que establece como debida determinada con-
ducta humana. En este sentido relativo, todo derecho es, entonces, moral, todo
derecho constituye un valor moral relativo. Pero ello quiere decir, por lo tanto,
que la pregunta por Ia relacién entre e} derecho y la moral no es un interrogante
acerca del contenido del derecho, sino una pregunta por su forma. En conse-
cuencia no cabe afirmar, como a veces se dice, que el derecho no es tnicamente
norma (0 imperativo), sino que constituye un valor o Jo incorpora —afirmacién
que también s6lo tiene sentido pleno suponiendo un valor absoluto divino.
Puesto que justamente el derecho constituye un valor en cuanto es norma:
constituye el valor jurtdico que, de consuno, es un valor moral relativo; con
Jo cual no se dice otra cosa sino que el derecho es norma.
Pero con ello de ninguna manera queda aceptada la teoria de que el derecho,
por su naturaleza, configure un minimo de moralidad; que un orden coactivo,
para poder ser considerado derecho, tenga que satisfacer una exigencia minima
de moral. Puesto que con esa exigencia, se establece de antemano una deter-
minada moral absoluta con contenido, o un contenido comtin a todos losDERECHO ¥ MORAL 79
sistemas morales positivos; por lo comin, el ideal de paz como exigencia de una
moral absoluta 0 como contenido comin de todos los sistemas morales positivos.
De lo anteriormente dicho resulta que lo que aqui se denomina “valor juri-
dico” (Rechtwert) no constituye, en ese sentido, un minimo moral y, en
especial, que el valor de la paz no configura un elemento esencial del con-
cepto de derecho.
12. Separacion del derecho y la moral
Si se admite que el derecho, por su naturaleza, es moral, entonces carece
de sentido exigit, presuponiendo un valor moral absoluto, que el derecho deba
ser moral. Exigencia semejante sdlo tiene sentide —y sélo entonces la moral
asi presupuesta configura un patrén axiolégico para el derecho— si se acepta
la posibilidad de un derecho inmoral, moralmente malo; si la definicién del
derecho, por lo tanto, no incorpora el elemento de un contenido moral. Si
una teoria del derecho positivo sustenta la exigencia de distinguir, en general,
el derecho de la moral, y en especial, el derecho de la justicia, de suerte de
no entremezclarlos, se dirige asi contra la opinién tradicional, mantenida como
cosa de suyo por la mayorfa de los juristas, segin Ja cual, sélo habria una
unica moral ydlida; lo que implica: una ‘mica mora] absoluta, y, por ende,
una justicia absoluta. La exigencia de distinguir el derecho de la moral, e] derc-
cho de la justicia, significa que la validez de un orden juridico positivo es
independiente de la validez de esa tinica moral absoluta exclusivamente valida,
de esa moral de las morales, de la moral por excelencia. Si sdlo se presupone
un valor moral relativo, la exigencia de que el derecho deba ser moral, lo que
implica: deba ser justo, sélo puede significar que la configuracién del dezecho
positive debe corresponder a un determinado sistema moral, entre los muchos
posibles; con lo cual, con todo, no se excluye la posibilidad de la exigencia de
que la conformacién del derecho positivo deba coresponder a otro sistema
moral, con el cual posiblemente de hecho concuerda, aun contrariando alguno
de esos diferentes sistemas morales. Si, bajo el presupuesto de valores pura-
mente relativos, se formula la exigencia de que, en general, se distinga al derecho
de la moral y, en especial, al derecho de la justicia, ello no quiere decir, por
acaso, que el derecho nada tenga que ver con la moral o con la justicia; no
quiere decir que el concepto de derecho no se subordine al concepto del bien.
Puesto que e] concepto del “bien” no puede ser determinado sino como “lo
debido”, lo correspondiente a una norma; y si se define al derecho como norma,
ello implica que lo conforme a derecho es bueno. La exigencia, formulada
presuponiendo una doctrina relativista de los valores, de separar derecho y moral,
y también, derecho y justicia, sélo significa que cuando se evalua un orden
juridico como moral o inmoral, justo o injusto, expresando asi la relacién
del orden juridico con uno de los muchos sistemas morales posibles, y no con80 HANS KELSEN
“Ja” moral, sélo efectta un juicio de valor relativo, no absoluto, y expresa
que la validez de un orden juridico positivo es independiente de su correspon-
dencia, o de su falta de correspondencia, con cierto sistema moral.
Una doctrina relativista de los valores no significa ~como multiples veces
ha sido mal entendido— que no haya valores y, en especial, que no exista
justicia alguna, sino que no hay valores absolutos, sino sdélo relativos; que no
hay una justicia absoluta, sino relativa; que los valores que constituimos me-
diante nuestros actos productores de normas, y que son fundamentos de nues-
tros juicios axiolégicos, no pueden darse con la pretensién de eliminar la
posibilidad de valores contrapuestos.
Es evidente, que una moral puramente relativa no puede cumplir la fun-
cién, consciente o inconscientemente, requerida de proveer de un patrén abso-
luto para la evaluaci6n de un orden juridico positivo, Pero patrén semejante
no cabe encontrarlo en el camino del conocimiento cientifico. Ello no signi-
fica, empero, que no exista patrén alguno. Cada sistema moral puede servir
como patrén semejante. Pero es necesario tener conciencia, cuando se juzga
la conformacién de un orden juridico positive como “moral”, como bueno o
malo, justo o injusto,™ que ¢l patrén es relativo, que no est4 excluida otra
evaluacién a partir de otro sistema moral; que cuando se considera un orden
juridico como injusto, conforme al patrén de un sistema moral, el mismo
orden juridico puede ser estimado justo, ateniéndose al patrén de otro siste-
ma moral.
13, Justificacién del derecho por la moral
Una justificacién del derecho positive por la moral sdlo es posible cuando
aparece una oposicién entre las normas de la moral y las del derecho, cuan-
do puede darse un derecho moralmente bueno y un derecho moralmente malo.
Cuando un orden moral, como el [Link] proclamara en su “Epistola a los
Romanos”, dispone que las normas establecidas por la autoridad juridica deben
ser observadas en todas las circunstancias, eliminando asi de antemano toda
contradiccién entre ese orden y ¢] derecho positivo, no puede cumplit su
propésito de legitimar al derecho positivo otorgéndole valor moral." Si todo
derecho positivo, en cuanto querido por dios, es justo; y si todo lo que exis-
te, por ser querido por dios, es bueno, ningdn derecho positivo puede ser
injusto, de igual manera que nada de lo existente puede ser malo; cuando se
identifica el derecho con la justicia, lo existente con lo debido, el concepto de
justicia, asi como el del bien, pierde sentido, puesto que si no hay algo
88 Dado que Jo evaluado es algo real, la evaluacién moraj del derecho positivo se refiere
inmediatamente a los actos productores de normas, y sélo mediatamente a las normas implan-
tadas mediante esos actos. Cf. supra, p. 17, y H. Kelsen, Die Normen der Gerechtigkeit,
64 Cf. Kelsen, Die Normen der Gerechtigheit, parrafo 27.DERECHO Y MORAL 81
malo (injusto), no puede darse algo bueno (justo). La exigencia de distinguir
el derecho de la moral, y Ja ciencia juridica de la ética, significa que, desde el
punto de vista de un conocimiento cientifico del derecho positivo, su legiti-
macion a través de un orden moral diferente del orden juridico es irrelevante,
dado que la ciencia juridica no tiene que aprobar o desaprobar su objeto, sino
conocerlo y describirlo. Aun cuando Jas normas de] derecho, como prescrip-
ciones de deber, constituyen deberes, la funcién de la ciencia juridica de ninguna
manera radica en valoraciones y evaluaciones, sino cn una descripcién axiolé-
gicamente neutral de su objeto. El jurista cientifico no se identifica con
ningtn valor juridico, ni siquiera con et por él descrito.
Si el orden moral no prescribe que, en todas las circunstancias, haya de
obedecerse al orden juridico positivo, surge la posibilidad de una contradiccién
entre la moral y el orden juridico; en ese caso, la exigencia de escindir el
derecho de la moral, y la ciencia juridica de Ja ética, significa que la validez
de las normas juridicas positivas no depende de su correspondencia con el
orden moral; que desde el punto de vista de un conocimiento dirigido al dere-
cho positivo, una norma puede ser tenida por valida aun cuando contradiga al
orden moral.
Pero lo que sobre todo importa recalcar —como corresponde hacerlo una
vez més, porque no se lo subraya nunca suficientemente— es la tesis de que
no hay una tinica moral, “la” moral, sino muchos sistemas morales, altamente
diferentes entre si y muchas veces entre si contradictorios; que un orden juri-
dico puede, a grandes rasgos, corresponder a 2s intuiciones morales de un
grupo o clase determinados —en especial, los dominantes— dentro de Ja pobla-
cién sometida, y que, de hecho asi sucede, contradiciendo simulténeamente las
intuiciones morales de otro grupo o estrato social; pero, sobre todo, que
las intuiciones sobre qué sea éticamente bueno y malo, qué sea éticamente
justificable y no justificable, se encuentran, como el derecho mismo, en perma-
nente cambio, y que el orden juridico, o ciertas de sus normas, que en el
tiempo en que gozaban de validez pudieron haber correspondido a las exiger
cias morales de entonces, pueden hoy ser consideradas como altamente inmo-
rales. La tesis, rechazada por la Teoria pura del derecho, pero ampliamente
corriente en la ciencia juridica tradicional, de que el derecho tiene que ser, con-
forme a su naturaleza, moral; de que un orden social inmoral no constituye
derecho, presupone una mora] absoluta, es decir, una moral valida para todo
tiempo y dondequiera. De otra manera no podria alcanzar su objetivo de esta-
blecer un patrén firme, independiente de circunstancias temporales y locales,
sobre qué sea licito 0 ilicito, y aplicable a los sistemas sociales.
La tesis de que el derecho, por su naturaleza, es moral; es decir, que sdlo yp
sistema social moral es derecho, no es repudiada por la Teoria pura del derecho
Ymicamente porque implique presuponer una moral absoluta, sino también
porque, en sus aplicaciones de hecho, a través de la ciencia juridica domi-82 HANS KELSEN
nante en una determinada comunidad juridica, conduce a una legitimacién
acritica del orden coactivo estatal constitutivo de esa comunidad. Puesto que
se presupone como cosa que va de suyo que el propio orden coactivo estatal
es derecho, El patrén problematico de la moral absoluta s6lo es utilizado para
medir los érdenes coactivos de Estados extranjeros; sélo éstos, cuando no sa-
tisfacen ciertas exigencias que ¢l propio Estado satisface —por ejemplo, cuando
Teconocen, 0 no reconocen, la propiedad privada; cuando tienen cardcter demo-
cratico o no democratico—, son descalificados como inmorales y, por ende, como
no derecho. Pero como el propio orden coactivo es derecho, tendré que ser
también, conforme a esta tesis, moral. Semejante legitimacién del derecho po-
sitivo podr4, pese a su insuficiencia légica, prestar buenos servicios politicos.
Desde el punto de vista de la ciencia, es inaceptable. Puesto que 10 corres-
ponde a la ciencia jurfdica legitimar al derecho; no tiene por qué justificar en
forma alguna —sea mediante una moral absoluta, o sélo a través de una moral
relativa— el orden normativo que sdlo debe conocer y describir.VIH. LA INTERPRETACION
45, La esencia de la interpretacién. Interpretacién auténtica y no auténtica
Cuando el derecho tiene que ser aplicado por un érgano juridico, éste tiene
que establecer el sentido de la norma que aplicard, tiene que interpretar esas
nonnas. La interpretacién es un procedimiento espiritual que acompaiia al
proceso de aplicaci6n del derecho, en su transito de una grada superior a una
inferior. En el caso en que més se piensa cuando se habla de interpretacién,
en el caso de la interpretacién de la ley, se debe dar respuesta a la pregunta
de qué contenido hay que dar a la norma individual de una sentencia judicial
o de una resolucién administrativa, al deducirla de la norma general de la
ley para su aplicacién al hecho concreto. Pero también tenemos una interpre-
tacién de Ja constitucién en tanto corresponda aplicarla, mediante el procedi-
miento legislativo, al promulgar normas de emergencia o producir otros actos
inmediatamente determinados por la constitucién, en una grada inferior; y
también tenemos una interpretacién de los tratados internacionales o de las
normas del derecho internacional general consuetudinario, cuando éste o aquél
tienen que ser aplicados por un gobierno, por un tribunal u érgano adminis-
trative internacional o nacional, Y hay también una interpretacién de normas
individuales, sentencias judiciales, decisiones administrativas, negocios juridi-
cos, etcétera, en suma: una interpretacién de todas las normas juridicas, en
tanto deben recibir aplicacién.
Pero también los individuos, que no tienen que aplicar el derecho, sino
acatarlo al Jlevar a cabo la conducta que evita las sanciones, tienen que com-
prender las normas juridicas que deben acatar, estableciendo para ello su sen-
tido. Y, por fin, también la ciencia juridica, cuando describe un derecho posi-
tivo, tiene que interpretar sus normas.
Tenemos asi dos tipos de interpretacién, que deben ser nitidamente distin-
guidas entre si: la interpretacion del derecho por el érgano juridico de aplica-
cién, y la interpretacién del derecho que no se efecttia por un érgano juridico,
sino per una persona privada y, especialmente, por la ciencia del derecho.
Aqui, por de pronto, sélo debera tomarse en consideracién la interpretacién
efectuada por el drgano de aplicacién del derecho.
a) Indeterminacién relativa del acto de aplicacién de derecho
La relacién entre una grada superior y una inferior del orden juridico, como se
da entre constitucién y ley, o entre ley y sentencia judicial, es una relacién de
determinacién o de obligacién: la norma de grada superior regula —como ya se350 HANS KELSEN
expuso— el acto mediante el cual se produce la norma de grada inferior, o regula
el acto de ejecucién cuando ya se trata de éste; determina no sélo el procedimien-
to mediante el cual se establece la norma inferior o el acto de ejecucién, sino
también, en ciertos casos, el contenido de la norma que se instaurara o del
acto de ejecucién que se cumplird.
Esta determinacién, sin embargo, nunca es completa. La norma de rango
superior no puede determinar en todos los sentidos el acto mediante el cual
se la aplica. Siempre permanecer4 un mayor o menor espacio de juego para la
libre discrecionalidad, de suerte que Ja norma de grada superior tiene, con res-
pecto del acto de su aplicacién a través de Ja produccién de normas o de
ejecucién, el caracter de un marco que debe Ilenarse mediante ese acto. Hasta
la orden més minuciosa tiene que dejar al ejecutor una cantidad de determi-
naciones. Si el érgano A dispone que el érgano B ponga en prisién al subdito
C, el érgano B tendra que resolver a su criterio cuando y dénde y cémo se
pondré en efecto la orden de prisién, decisiones que dependen de circunstan-
cias externas que el érgano que dio Ja orden no previé y que, en buena parte,
tampoco pudo prever,
b) Indeterminacién intencional del acto de aplicacién de derecho
Resulta asi que todo acto juridico, sea un acto de produccién de derecho, sea
un acto de pura ejecucién, en el cual el derecho es aplicado, sdfo est determinado
en. parte por e] derecho, quedando en parte indeterminado. La indetermina-
cién puede referirse tanto al hecho condicionante, como a Ia consecuencia con-
dicionada. La indeterminacién puede ser justamente intencional, es decir, haber
sido establecida por voluntad del érgano que instauré la norma que ha de
aplicarse. Asi, la promulgaci6n de una norma meramente general se efectéa
siempre, conforme a su naturaleza, bajo el supuesto de que la norma indivi-
dual que surgir4 en su aplicacién continuard el proceso de determinacién que
configura ¢] sentido mismo de la secuencia graduada de normas juridicas. Una
Jey sanitaria determina que, al estallar una epidemia, los habitantes de una ciu-
dad tienen que adoptar, bajo ciertas penas, algunas medidas para evitar la
expansién de la enfermedad. El érgano administrativo queda facultado para
determinar esas medidas en forma distinta segin se trate de enfermedades
diferentes. La ley penal prevé para el caso de determinado delito, una pena
pecuniaria o una pena de prisién, dejando al juez decidirse, en un caso con-
creto, por la una o la otra, fijando su medida; para esa determinacién, la ley
misma puede estatuir un Ifmite superior y uno inferior.
c) Indeterminacién no intencional del acto de aplicacién de derecho
Pero Ja indetérminacién del acto juridico puede ser la consecuencia no buscada
de la forma de ser de Ja norma juridica que debe ser aplicada mediante el acto en
cuestién. Tenemos aqui, en primer lugar, la ambigtiedad de una palabra o deLA INTERPRETACION 351
una secuencia de palabras, mediante las cuales la norma se expresa: el sentido
Uingitistico de la norma no es univoco; el érgano que tiene que aplicar la
norma se encuentra ante varios significados posibles. La misma situacién se
presenta cuando quien tiene que aplicar la norma cree poder suponer una
discrepancia entre la expresién lingilistica de la norma y la voluntad a través de
ella expresada de la autoridad que dicté la norma, aunque asi permanezca
indecisa la manera en que esa voluntad podria verificarse. En todo caso tiene
que aceptarse la posibilidad de que se la investigue partiendo de otras fuentes
distintas a la expresién lingitistica de la norma, en tanto ésta puede considerarse
que no corresponde a la voluntad del autor de la norma. La jurisprudencia
tradicional reconoce en forma general Ja posibilidad de que Ja llamada voluntad
del legislador, 0 la intencién de las partes cn un negocio juridico no correspon-
dan a las palabras utilizadas en la ley o en el negocio juridico. La discrepancia
entre voluntad y expresién puede ser completa, o bien sdlo una discrepancia
parcial. Esto tiltimo se produce cuando la voluntad del legislador o la inten-
cién de las partes corresponde por lo menos a uno de los varios significados
que la expresién lingiiistica de la norma lleva consigo. La indeterminacién
del acto juridico que haya de efectuarse puede resulta, por fin, como conse-
cuencia del hecho de que dos normas, con pretensién simultdnea de validez
—por estar contenidas, por ejemplo, en una misma ley—-, se contradicen total
o parcialmente.
d) EI derecho aplicable como un marco dentro del cual hay varias posibi-
lidades de aplicacién
En todo estos casos de indeterminacién intencional o no de la grada norma-
tiva inferior, se ofrecen a la aplicacién del derecho varias posibilidades. E} acto ju-
ridico que haya de cumplitse puede configurarse de tal suerte que corresponda a
unos u otros de los diferentes significados lingiiisticos de la norma juridica; que
corresponde a la voluntad establecida de alguna forma del legislador, o bien a la
expresién que éste escogiera; que corresponda a una u otra de las normas que rect
procamente se contradicen, o bien, que se efectte de tal suerte como si ambas
nomnas contradictorias se hubieran reciprocamente eliminado. En todos estos ca-
sos el derecho por aplicar constituye sélo un marco dentro del cual estén dadas
varias posibilidades de aplicacién, con lo cual todo acto es conforme a derecho
si se mantiene dentro de ese marco, colmandolo en algin sentido posible.
Si por “interpretaci6n” se entiende la determinacién en cuanto conocimiento
del sentido del objeto interpretado, ¢] resultado de una interpretacién juridica
sélo puede ser determinar el marco que expone el derecho por interpretar, y, por
lo tanto, el conccimiento de varias posibilidades dadas dentro de ese marco.
Por lo tanto, la intezpretacién de una ley no conduce necesariamente a una
decisién wnica, como si se tratara de la wmica correcta, sino posiblemente a352 HANS KELSEN
varias, todas las cuales —en tanto son cotejadas solamente con la Jey que haya
de aplicarse— tienen el mismo valor, aunque solo una de ellas se convertir4
en derecho positivo en el acto del érgano de aplicacién de derecho, en especial,
en el acto del tribunal. Que una sentencia judicial esté fundada en ley no
significa, en verdad, sino que se mantiene dentro del marco que la ley des-
pliega; sino que es una de las normas individuales —y no la norma individual—
que pueden ser producidas dentro del marco oftecido por la norma general.
Con todo, cree la jurisprudencia tradicional que la interpretacién no debe
limitarse a determinar el marco del acto juridico que haya de cumplirse, sino
que puede esperarse de ella el satisfacer otra funcién més, inclusive se inclina
a ver en ello su funcién principal. La interpretaci6n deberia desarrollar un
método que posibilite completar correctamente el marco establecido. La teoria
usual de la interpretacién quiere hacer creer que la ley, aplicada al caso
concreto, siempre podria librar sdlo una decisién correcta, y que la “correc-
cién” juridico-positiva de esa decisién tiene su fundamento en Ja ley misma,
Plantea el proceso de interpretacién como si sélo se tratara en é] de un acto
intelectual de esclarecimiento o de comprensién, como si el érgano de aplica-
cién de derecho s6lo tuviera que poner en movimiento su entendimiento, y no
su voluntad; y como si mediante una pura actividad del entendimiento
pudiera encontrarse, entre las posibilidades dadas, una opcién correcta segin
el derecho positivo, que correspondiera al derecho positivo.
e) Los Hamados métodos de interpretacién
Sélo que, desde un punto de vista orientado hacia el derecho positivo, no existe
criterio alguno con cuyo fundamento puede preferirse una posibilidad dada den-
tro del marco del derecho aplicable. No existe genéricamente ningin método
—caracterizable juridicopositivamente— segtin el cual uno entre los varios signi-
ficados lingiiisticos de una norma pueda ser designado como el “correcto”; supo-
njendo, naturalmente, que se trata de varios posibles, es decir, que se trata de
posibles interpretaciones del sentido en conexién con todas las otras normas de la
ley 0 del orden juridico, Pese a todos los esfuerzos de Ja jurisprudencia tradicional
no se ha logrado resolver, a favor de uno u otro, en manera objetivamente
vélida el conflicto entre voluntad y expresién. Todos los métodos interpreta-
tivos desarroflados hasta ahora Hevan siempre a un resultado posible, y nunca
a un inico resultado correcto. Inclinarse a la voluntad supuesta del legislador,
dejando a un lado el tenor literal, o bien atenerse estrictamente al tenor
literal sin preocuparse por la voluntad —por lo general, problemdtica— del
legislador, es, desde el punto de vista del derecho positivo, equivalente por
entero. Si se presentara el caso de que dos normas de la misma ley se contra-
dijeran, las posibilidades légicas, antes recordadas, de aplicacién del derecho
se encontraria, desde el punto de vista del derecho positivo, en un pie de
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