AMARILLO MOLIERE
Primer Premio AETIJ 1990
Por DOLORES BLANCO y ADOLFO CABALLERO
REPARTO
(Por orden de intervención)
NIÑO CHICO 3
MIGUEL CHICA 9
Srta. IRENE CHICA 10
CHICA 1 Mme. PERNELLE
CHICA «PIJA» ELMIRA
CHICO PESADO DORINA
CHICA 2 DAMIS
CHICA 3 MARIANA
CHICO 1 CLÉANTE
TINA ORGON
CHICA 4 APUNTADORA
CHICA 5 VALERIO
MARGA TARTUFO
CHICO 2 FELIPA
CHICA 6 ALGUACIL
CHICA 7 POLICÍA
CHICA 8 ESPONTANEO
El reparto es flexible; un mismo personaje puede desdoblarse
en varios, así como varios personajes pueden agruparse en uno
solo.
PROLOGO
(Pasillo ancho con algún asiento. En uno de ellos, un joven está esperando.
Enseguida suena el tiembre del recreo y empiezan a oírse risas y carreras.
Dos o tres crios cruzan la escena corriendo, y el último, rezagado'da una pata-
da al joven.)
NIÑO: Perdona, no me he dado cuenta... (Desaparece.)
MIGUEL: No..., no es nada... (¡Ayyy...!, frotándose la pierna.)
Srta. IRENE: ¡Hola, Miguel! Me alegro de verte. ¿Cómo te va?
MIGUEL: Bien.., Bueno, cuando sales del colegio todo es diferente,
pero me va bastante bien.
Srta. IRENE: Me parece estupendo. Espero que, aparte del tiempo que
necesites para tus estudios, tendrás algún rato libre. Por-
que necesitamos tu colaboración.
MIGUEL: Desde que recibí su llamada, estoy deseando saber de
qué se trata.
Srta. IRENE: Se trata, ni más ni menos, de que dirijas el grupo de tea-
tro de BUP, que este curso hemos decidido crear. Nadie
mejor que tú, un antiguo alumno que siempre ha mostra-
do tanto interés por el teatro.
MIGUEL: ... No sé qué decir... ¡AGRADEZCO MUCHO QUE HAYAN
PENSADO EN MI, PERO SIENTO NO PODER ACEPTAR
PORQUE NO TENGO EXPERIENCIA EN UNA ACTIVI-
DAD DE ESTE TIPO... LO SIENTO, SEÑORITA IRENE,
ADIÓS! (Lo larga de un tirón, sabiendo de sobra lo que
tiene que decir, pero vuelve a titubear...) ¿Qué tendría que
hacer?
— 2 —
Srta. IRENE: ¡Tranquilo, Miguel! Comprendo que al principio te asuste
la idea, pero te conozco y sé que lo que te propongo está
a tu alcance.
MIGUEL: ¿A mi alcance dirigir y montar un espectáculo?
Srta. IRENE: Olvídate de la palabra «espectáculo». Se trata de dirigir
una forma de aprender: aprender lo que es un trabajo en
grupo y responsabilizarse; aprender a comprender un
texto e interpretarlo; aprender para desinhibirse pasán-
dolo bien. En resumen: darse cuenta de que el colegio
sirve para algo más que para obtener un título.
MIGUEL: Sí..., eso lo entiendo perfectamente, pero... lo único que
puedo hacer es intentarlo... ¡Y por muy mal que lo haga,
esta vez no podrá suspenderme!
(Ríen y suena el timbre.)
Srta. IRENE: Miguel, te dejo porque es la hora y tengo clase. Los
muchachos van a subir directamente a hablar contigo
para que empecéis, y ya me contarás... ¡Hasta luego!
(El muchacho queda solo y enciende un cigarrillo.)
MIGUEL: ¿Por qué esto sólo me pasa a mí? ¿Será porque el último
curso en este colegio lo llevé con marcha? ¡Estuve tan
activo en el terreno de las letras que por hacer hice hasta
griego!... En fin, siempre me ha atraído lo divertido, y esto
reconozco que... incluso me hace ilusión. Además, no será
tan complicado porque a este tipo de actividades se
apunta muy poca gente... ¡Ya vienen! Son tres.
CHICA 1: ¡Hola!
CHICA «PIJA»: ¿Eres tú el que nos va a dirigir?
MIGUEL: Sí, no puede haber otro igual. Pasad y sentaos. Me llamo
Miguel, y soy antiguo alumno del colegio.
CHICO PESADO: ¡Estupendo! ¿Cuándo empezamos?
CHICA «PIJA»: Yo, los lunes tengo solfeo; los martes, inglés, francés,
italiano y alemán; los miércoles, artes marciales y malaba-
rismo, y los viernes, yoga, control mental y encaje de boli-
llos... ¿No podría ser el jueves:
— 3 —
CHICA 1: Imposible: yo los jueves tengo Jardinería, Ortodoncia y
Puericultura.
MIGUEL: Me temo que vais a tener que empezar a seleccionar acti-
vidades. Si algo tiene que quedar claro desde el principio
es que el trabajo en un grupo de teatro exige un compro-
miso.
CHICA 1: Pues yo, desde luego, el teatro no me lo pierdo porque lo
he hecho en el club y es «alucinante».
CHICA «PIJA»: (Dirigiéndose a chica 1, al oído.) ¡Además, el niño es
moníííííííísimo...!
CHICO PESADO: Bueno, ¿cuándo empezamos?
MIGUEL: Tendremos que reunimos lo antes posible para hacer
pruebas y seleccionar textos.
(Llegan dos más.)
CHICA 2: ¡Hola! ¿Es aquí lo del teatro?
CHICA 3 ¡Hola!
MIGUEL: Sí, pasad y sentaos donde queráis.
CHICA 3: ¿Nos van a poner nota también en teatro?
MIGUEL: (Ríe.) De ninguna manera.
CHICA 2: Pues a lo mejor lo hacías bien, y por lo menos aprobabas
una.
CHICA 3: ¡Qué graciosa! ¿Y tú, qué?
MIGUEL: ¿Cuántos sois en total? (Muy optimista...) Quizá nos haga
falta alguno más.
CHICA 2: Nosotros somos de tercero. Ahora vendrán los de los
otros cursos.
CHICO PESADO: ¿Y... cuándo empezamos?
(Llega un grupo de unos diez, hablando entre ellos y jugueteando.)
— 4
MIGUEL: (Horrorizado.) ¡Todos queréis hacer teatro! ¡Con esto no
contaba! (Nadie contesta. Todos hablan a la vez y se
produce un murmullo ensordecedor. Miguel, con gesto
de desesperación, intenta poner orden y grita.) ¡Silencio!
¡Atended! (Se aplaca algo el griterío.) ¡Ahora que estamos
todos...!
(Interrumpe un muchacho que llega.)
CHICO 1: ¡De parte del tutor de primero C, que si pueden bajar ya
los que se han apuntado a teatro...!
MIGUEL: ¡Todavía más! ¡Sí, sí, que bajen todos ios que quieran!
(Sin acabar de decirlo, se presenta el resto del grupo desordenadamente.
Miguel grita. Nadie le hace caso.)
MIGUEL: ¡Silencio! ¡Por favor, atención! ¡¡Silencio...!!
(Siguen gritando, y el niño del principio, peleándose con otro, vuelve a dar
una patada a Miguel.)
MIGUEL: ¡¡Silencio!! ¡¡Ay...ü ¡¡La madre que te paríoü
(Con gesto de dolor, se frota el pie. Todos gritan. Gran caos.)
TELÓN
ACTO I
(Escenario prácticamente vacío; no hay más que unas sillas de tijera
dispuestas alrededor. Entrada a la derecha. En escena, Miguel, la Srta. Irene y
una muchacha, Tina, de la misma edad de Miguel. Como él, es antigua alumna
del centro. Conversan -los tres.)
Srta. IRENE: (A Tina.) Ingrata, si no te llama Miguel no volvemos a
verte el pelo.
TINA: (Mira a Miguel con odio. Luego sonríe forzada.) Sabe
usted que eso no es cierto, pero entre los estudios y mi
trabajo en la academia no tengo tiempo para nada. He
pensado mil veces en pasarme por aquí y luego, un día
por otro...
— 5 —
Srta. IRENE: Ya lo sé, mujer, no te preocupes. En fin, ahora te tendre-
mos con nosotros durante un tiempo. Cuando Miguel me
dijo que había pensado en llamarte para que dirigierais
juntos a nuestro grupito teatral...
TINA: (Repite la mirada.) Ya, ya he visto fuera al «grupito».
Srta. IRENE: Son bastantes, ¿verdad? Mejor, con un número así podéis
montar la obra que os apetezca. Te decía que cuando
Miguel me habló de llamarte encontré la idea estupenda.
MIGUEL: ¡Claro que lo es! (A Tina.) Tú siempre has tenido mucha
imaginación y, además, con tu experiencia en teatro...
TINA: ¡¿Mi qué...?!
MIGUEL: ¿No estuviste en una compañía de aficionados durante
unos meses?
TINA: (Fríamente.) Sí. Pasando a máquina los libretos.
MIGUEL: Buendo, da igual. Te desenvolvías en ese ambiente...
Srta. IRENE: ¡Pues claro que sí! Los dos tenéis mucha iniciativa; estoy
convencida de que nos vais a dejar con la boca abierta.
TINA: De par en par. Yo ya la tengo,
Srta. IRENE: Y sé que ya habéis citado a los chicos para empezar hoy
mismo.
TINA: ¡Ah! ¿Sí?
MIGUEL: (Tímidamente.) Ssssí... Creí que sería mejor que los cono-
cieras cuanto antes...
TINA: Claro, claro... Y para no poder negarme. (A Miguel, apar-
te.) ¡De ésta te acuerdas!
Srta. IRENE: Bueno, no os quiero entretener. Si necesitáis algo, no te-
(Nada más salir lanéis
directora,
más queTinadecírmelo.
se vuelve (Desde
hacia Miguel, hecha¡Suerte!
la puerta.) un basilis-
co.)
TINA: ¡Eres un sinvergüenza! Con que pasarnos un momento
para saludar a la Srta. Irene, ¿eh? Demasiado sabías tú
— 6 —
que con ella delante no tendría valor para decir que no.
¡Esta encerrona me la pagas!
MIGUEL: (Excusándose y retrocediendo.) Mujer, ponte en mi lugar.
Yo solo con ese orfeón no sabía qué hacer, y encima casi
todos son chicas... (Con una animación exagerada.) ¡Ya
verás cómo nos divertimos! ¡Mira!...-He pensado que para
hacernos una idea de sus posibilidades les hagamos leer
un pequeño fragmento... He traído fotocopias de una obra
de Fernando Femán-Gómez. (Escapado se asoma a un
lateral y, casi gritando, llama.) ¡Pasad vosotros tres!
(La presencia de los alumnos sujeta a Tina. Son dos chicas y un chico.)
CHICO 1: (Algo tartamudo.) Ho... hola.
CHICA 4: Buenas tardes.
CHICA 5: ¿Qué tal?
CHICO PESADO: (Asomando la cabeza.) ¿Paso yo también?
MIGUEL: ¿Tú otra vez? (A Tina.) Es la tercera vez que lo pregunta.
(Al chico.) No, espera con los demás. (A los que han
entrado.) Bueno, mirad, vais a leer esto con la mayor natu-
ralidad posible. (Les da un papel a cada uno. Tímido, le
acerca otra fotocopia a Tina, que la coge de mala gana.)
¡Ejem! (Al chico.) Tu papel es el de don Luis, y vosotras
sois Manolita (chica 1) y doña Dolores (chica 2). Cuando
queráis,
CHICO 1: Ho... ho... hola.
(don Luis)
(Tina se ríe por ¡o bajo. El tartamudo le hace gracia. A partir de aquí, se va
animando progresivamente. Quedan todos callados. Pasados unos segundos,
miran a la chica 1, que es quien debe seguir.)
TINA: Venga, mujer.
CHICA 4: ¿Ya?
TINA: Claro.
CHICA 4: (Muy bajito.) Hola, papá.
(Manolita)
— 7—
CHICA 5: (De un tirón,) HolaLuisandaManolitadíselo.
(doña Dolores)
MIGUEL: Más despacio.
CHICA 5: An da Ma no li ta di se lo.
(doña Dolores)
MIGUEL: ¡Ejem! Mucho mejor.
CHICA 4: Pero, mamá, ¿así de sopetón?
(Manolita)
CHICA 5: ¿Y qué ganas con tardar?
(doña Dolores)
CHICA 4: (Muy bajo.) Mamá quiere que te diga que voy a ser artis-
(Manolita) ta...
TINA: (Zumbona.) Será de cine mudo.
MIGUEL: (Disimulando.) ¿Podías leer un poco más fuerte?
CHICA 4: (Sigue, algo más fuerte.) Que ya me he apuntado en el
(Manolita) Sindicato del Espectáculo.
CHICO 1: ¿Y lo de la acá... academia:
(don Luis)
CHICA 1: (Bajísimo.) La han cerrado.
(Manolita)
CHICO 1: ¿Qué?
(don Luis)
CHICA 4: (Gritando.) ¡Que la han cerrado!
(Manolita)
CHICO 1: (Sorprendido, fuera de papel.) ¡Bueno! (Sigue leyendo.)
(don Luis) ¿A ti te... te...?
MIGUEL: (Ayudando.) Te gusta eso.
CHICO 1: ¿Te... te gusta eso?
(don Luis)
CHICA 4: (Bajo.) Sí, papá.
(Manolita)
— 8 —
CHICO 1: Entonces, ¿qué pasa?
(don Luis)
CHICA 5: No, nada, nada... Sólo que yo decía que debía hablarlo
(doña Dolores) antes contigo.
CHICO 1: Sí, eso sí... sí... sí. ¿A ti te.,, te... te parece mal?
(don Luis)
CHICA 5: A mí qué va a parecerme... Es un trabajo...
(doña Dolores)
CHICO 1: Cía.., claro que es un tra... tra... tra...
(don Luis)
CHICA 5: (Rezongando.) Nos tiramos aquí todo el día.
TINA: Cálmate, hombre, tranquilo. Si hablas lentamente, seguro
que te sale de un tirón, Venga.
CHICO 1: Claro que es un tra... trabajo... Y no están los tiem... tiem-
(don Luis) pos para andar por ahí tocándose las na... narices... La
profesión de có... cómico es una pro... profesión como otra
cual... cualquiera.
CHICA 5: Sí, eso sí... Hinestrosa, aquel amigo de tu padre, era un
(doña Dolores) hombre muy tratable, y era cómico.
CHICO 1: Como otra cual... cual... cual...
(don Luis)
MIGUEL: (Perdiendo la paciencia.) Bueno, basta. Con esto es sufi-
ciente. Muchas gracias. Ya os diremos cuándo es el pri-
mer ensayo.
CHICA 4: (Con voz normal.) ¿Ya no leemos más?
TINA: ¡Anda! ¡Si se le entiende todo! ¿Por qué no hablabas así
antes?
CHICA 4: Es que leyendo me da vergüenza.
MIGUEL: (Ai chico 1.) Oye, por curiosidad, ¿por qué te has apunta-
do al grupo de teatro?
CHICO 1: Es que yo me... me... me quiero dedicar... car a esto.
— 9 —
TINA y MIGUEL: (Al tiempo.) ¡¿A ser actor?!
CHICO 1: (Riendo.) ¡No..., no! A ser director, y pensé que vién...
vién... viéndolo por dentro me iría pre... preparando.
TINA: (Aliviada.) Es una idea estupenda. En este caso, si te
parece bien, podrías ayudarnos con los decorados y todo
eso.
CHICO 1: Cía... claro que si.
MIGUEL: Bueno, lo dicho, ya os avisaremos. Hasta luego.
LOS TRES: (Saliendo.) Adiós.
(Quedan solos Miguel y Tina. Ella le mira con reproche, pero se nota que
está de buen humor.)
TINA: Un principio estupendo. En fin, ya no tiene remedio; lo
mejor será tomárselo con filosofía.
MIGUEL: (Animado.) ¡Pues claro que sí, mujer! ¡Ya sabía yo que
podría contar contigo! ¿Llamamos a los siguientes?
TINA: Está bien. Pero me debes una cena donde yo quiera.
MIGUEL: ¡Hecho! (Acercándose al lateral.) ¡A ver, vosotros tres!
Pasad.
(Entra una chica hecha un brazo de mar. Detrás, otra chica y un chico que
se queda en la puerta con gesto de fastidio. La primera, muy decidida, se
acerca a Tina y Miguel. A ella le da dos besos y a elle coge la mano, saludán-
dole efusivamente. Sonríe como una loca.)
MARGA: ¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? Yo, encantada de la vida;
no sabéis lo que me divierte todo esto. Ya sé que es una
función para niños, pero de aquí puede salir algo serio,
¿no? Bueno, a todo esto, yo me llamo Marga. En realidad,
es Margarita, pero queda más vulgar, ¿no? Prefiero que
me llaméis Marga. Dice mi padre que ese nombre dará la
campanada. Sería divertido, ¿no? Por cierto, mi padre es
Imanol Berlanga Almodóvar.
TINA: (Abrumada por la verborrea.) ¿El que hace cine?
MARGA: ¡Justo! ¡Ja, ja, ja! ¿Qué os parece?
— 10 —
TINA: Nos parece a todos muy bien.
MIGUEL: (A los que se han quedado en la puerta.) Pero ¿qué
hacéis ahí? Pasad, no seáis tímidos.
CHICO 2: No somos tímidos.
CHICA 6: (Con soma.) Es que no nos gusta molestar.
TINA: ¡Qué tontería! Pasad y sentaos. (Marga ya lo está.)
Tomad, vamos a leer unas líneas para probar vuestras
voces y ver qué tipo de personaje os resulta más apropia-
do.
MARGA: ¿Probar? ¿Me tenéis que probar? ¿Para qué?
CHICA 6: Es verdad, ¿no podríais darle ya el Osear?
TINA: No seáis tontos, es cuestión de unos minutos. Mirad, estas
fotocopias corresponden al fragmento de una obra teatral
en el que intervienen tres personajes. Leed uno cada uno.
MARGA: ¿Cuál es el más largo? A mí no me importa nada hacer el
más largo.
TINA: (Empieza a mosquearse.) Tú lee el papel de Manolita. Te
va mucho.
MIGUEL: (Presagiando la tormenta.) Y vosotros dos sois don Luis y
doña Dolores. Empezad cuando queráis.
CHICO 2: Hola,
(don Luis)
MARGA: (Efusivamente.) ¡Hola, papá!
(Manolita)
CHICA 6: Hola, Luis. Anda, Manolita, díselo.
(doña Dolores)
MARGA: (Muy alegre.) Pero, mamá, ¿así de sopetón?
(Manolita)
MIGUEL: (Interrumpiendo.) Un momento, Margarita.,, Perdona,
Marga,,. Lee tu papel con más sencillez. Es una conversa-
ción familiar, normal y corriente. Muy coloquial.
— 11 —
MARGA: Perdona, chico... (Molesta.) Pero, mamá, ¿así de sopetón?
CHICA 6: ¿Y qué ganas con tardar?
(doña Dolores)
MARGA: (Otra vez animadísima.) Mamá quiere que te diga que
(Manolita) voy a ser artista. (A un gesto de Miguel, recupera la com-
postura.) Que ya me he apuntado en el Sindicato de
Espectáculos.
CHICO 2: (Tirante.) ¿Y lo de la academia?
(don Luis)
MARGA: ¡La han cerrado!
(Manolita)
(Lo ha dicho haciendo un aspaviento y le da un codazo a la chica 6.)
CHICA 6: ¿No podías moverte un poco menos, rica? Me vas a sacar
un ojo.
MARGA: Chica, qué susceptible. Perdona.
TINA: (A Marga.) De momento, no es necesario que actúes. Con
adecuar la voz a la situación, basta. (Al chico 2.) Sigue tú,
por favor. (Apuntando.) Ya, ¿a ti...?
CHICO 2:
(don Luis) Ya, ¿a ti te gusta eso?
MARGA:
(Manolita) (Saliéndose del papel.) ¡Me encanta!
CHICO 2:
(Malhumorado.) Aquí no dice eso.
MIGUEL: Marga, cíñete al texto o no acabaremos nunca.
MARGA: Si es que esto es un rollo, ¿no? Podíais haber elegido otra
cosa para la prueba. Esta gente de la obra es muy nor-
mal, ¿no?
CHICO 2: ¿Y qué querías? ¿La Divina Comedia tú sólita?
CHICA 6: (Imitando a Marga.) Compréndelo. Con su temperamento
le viene mejor algo más dramático... Una asesina o algo
así, ¿no?
— 12 —
¡Sois unos... estúpidos!
TINA: (Contemporizando.) ¡Vamos, vamos! Esto es una niñería.
No iréis a enfadaros por una broma sin mala intención.
Venga, sentaos y vamos a seguir. (Al chico 2, señalando
el papel.) Tú mismo, vuelve a leer desde aquí.
CHICO 2: Sí, bwana. (Entrando en situación.) ¿A ti te gusta esto?
MARGA: (Enfurruñada.) Sí, papá.
CHICO 2: Entonces, ¿qué pasa?
(don Luis)
CHICA 6: No, nada, nada... Sólo que yo decía que debía hablarlo
(doña Dolores) contigo antes.
CHICO 2: Sí, eso sí. ¿A ti te parece mal?
(don Luis)
CHICA 6: A mí qué va a parecerme... Es un trabajo,
(doña Dolores)
CHICO 2: Claro que es un trabajo... Y no están los tiempos para
(don Luis) andarse por ahí tocándose las narices... La profesión de
cómico es una profesión como otra cualquiera.
CHICA 6: Sí, eso sí... Hinestrosa, aquel amigo de tu padre, era un
(doña Dolores) hombre muy tratable, y era cómico...
CHICO 2: Como otra cualquiera. Está llena de golfos, de vagos, de
(don Luis) borrachos, de jugadores...
MARGA: (Interrumpiendo.) ¡Pero bueno...! Y yo, ¿cuándo hablo?
¡Llevo media hora callada como una muerta! ¡Vaya una
prueba! ¿Para eso me he quedado yo después de clase?
MIGUEL: ¡Oye, oye...!
MARGA: ¡Ni oye ni nada! ¡Encima de que me hacéis perder la tarde
y de tener que aguantar a estos dos,..!
CHICA 6: ¿Aguantar? ¿Es que nos tienes que llevar en brazos?
CHICO 2: ¡Aquí los que aguantamos somos los demás! ¡Todo el día
oyéndote hablar de tu familia, que nos tienes de tu árbol
— 13 —
genealógico hasta las... nances, y encima hacer horas
extras!
MARGA: (De pie, gesticulando como un energúmeno.) ¡A vosotros
lo que os pasa es que estáis verdes de envidia! ¡No
podéis ni verme porque sois unos pelagatos que no tenéis
donde caeros muertos!
TINA: (Indignada, a Marga.) ¡Un momentito! ¡Aquí de insultos
nada! Si tienes algún problema con tus compañeros, éste
no es el lugar ni el momento para resolverlo. (A los otros
dos.) ¡Y vosotros dos, dejad de meter cizaña!
CHICA 6: ¡Pero si ya lo has visto! ¡Es inaguantable!
MIGUEL: ¿Se me permitiría decir una palabra nada más?
MARGA: ¡Tú te callas! ¡No tenéis ni idea de nada! ¿Es que hacía fal-
ta pasar por esto para intervenir en una birria de obra
escolar más aburrida que un anuncio? ¡Es el colmo! ¿No?
¡Ahí os quedáis! (Saliendo.) ¡Ya veréis cuando se entere
mi padre...!
MIGUEL: (Anonadado.) ¡No me lo puedo creer!
TINA: (Igual.) ¡Esa niña tiene un problema serio!
CHICO 2: (Conciliador.) No os preocupéis, no es nada personal,
Siempre es así. Con todos.
CHICA 6: Nosotros ya estamos acostumbrados. ¡No os digo más
que en clase la llamamos lady Di...!
TINA: Pero si ha estado a punto de mordernos...
CHICA 6: ¡Paciencia! El próximo día se presentará en los ensayos
como si no hubiera pasado nada.,.
CHICO 2: Menos mal que el año que viene se va a Suiza.
MIGUEL: ¿Seguro?
CHICA 6: Segurísimo. Nos lo ha contado nada más que veintinueve
veces.
MIGUEL: ¡En fin! Lo siento porque la prueba ha quedado incomple-
ta. Si queréis, lo repetimos con otra chica...
TINA: No hace falta. Vosotros habéis estado muy bien, y creo
que estáis deseando marcharos. Ya os avisaremos cuan-
do comiencen los ensayos.
CHICO 2: De acuerdo.
CHICA 6: Adiós, y no os lo toméis muy a pecho.
MIGUEL: No te preocupes. (Engolando la voz.) Esto no ha sido
nada. ¡Ya os contaré lo que me pasó una vez con Marión
Brando...!
LOS DOS: (Saliendo.) ¡Ja, ja! ¡Hasta pronto!
TINA: ¡Adiós!
(Se quedan solos. Se sientan con gesto de abatimiento. Tras un momento
de silencio, Tina levanta la cabeza.)
TINA: Retiro lo dicho. De una cena, nada. ¡Me pagas un fin de
semana en Canarias!
MIGUEL: (Se pone en pie, intentando animarla.) ¿Quién dijo miedo?
¡El próximo premio Lope de Vega es nuestro! (Tirando de
Tina.) ¡En pie de. guerra! ¡Llama a los siguientes!
TINA: (Levantándose.) Tienes razón. ¡Adelante!
MIGUEL: Dile que pase a ése que no hace más que preguntar
cuándo le toca.
TINA: (Se asoma por el lateral.) No le veo. (Preguntando a
alguien gue está fuera.) ¿Dónde está ese muchacho que
llevaba una hora sin moverse de la puerta?
VOZ EN OFF: Se ha ido a dar una vuelta en moto.
MIGUEL: Da igual. Que entren los que sean. Ya sabes, dos chicas y
un chico.
TINA: (Hacia el exterior.) Bueno, venga. Tú, tú. y tú.
(Entran dos chicas y, poco después, un chico mascando chicle y con unos
cascos puestos. Anda contoneándose al compás de la música que se supone
está oyendo.)
CHICA 7: ¡Hola!
— 15 —
CHICA 8: Creímos que no nos tocaba nunca.
MIGUEL: Lo siento. Estas cosas son un poco pesadas. ¡Como sois
tantos...!
TINA: Y precisamente por eso no podemos perder tiempo, así
es que empecemos cuanto antes.
MIGUEL: Se trata de que leáis unas cuantas líneas para que
veamos qué tal se os da. Por ejemplo, tú (a la chica 7)
serás Manolita, y tú (a la chica 8), doña Dolores. (Al
chico 3) Tu parte es la del personaje de don Luis.
(Hasta ese momento, el chico no ha hecho ni caso. Miguel le tiende ¡a hoja
y él, al verle extender la mano, la coge distraídamente y sigue a lo suyo.)
MIGUEL: Es una conversación cotidiana. No os forcéis en absoluto;
se trata de que quede lo más natural posible.
TINA: (A Miguel.) No me apetece nada volver a oír lo mismo.
Que continúen donde lo dejaron los anteriores, si no te
importa.
MIGUEL: De acuerdo. (Al chico 3.) Mira, lee desde aquí.
CHICO 3: ¿Que lea esto?... Bueno... (Con desinterés.) Una profesión
como otra cualquiera: llena de golfos, de vagos, de borra-
chos, de jugadores... Y supongo que de gente corriente y
de pobres desgraciados, como cualquier otra. Además,
yo quería escribir obras de teatro, ¿no te acuerdas?
CHICA 8: Sí.
(doña Dolores)
(Silencio. Todos esperan y al cabo de unos segundos, miran al chico 3, que
está concentrado en ¡a música.)
MIGUEL: Continúa... ¡Continúa!
CHICO 3: (Cayendo en la cuenta.) ¿Me dices a mí?
MIGUEL: ¡Pues claro! ¡Sigue leyendo!
CHICO 3: ¿El qué? ¿Dónde?
MIGUEL: (Señalándole.) ¡¡Aquí!!
— 16 —
CHICO 3: Vale, vale... Y si las hubiera escrito, las habrían tenido que
hacer los cómicos. Entonces, ¿cómo voy a querer que se
metan a cómicas las hijas de los demás, pero no mi hija?
¿Con qué derecho?
CHICA 8: Pero, Luis, si nadie te dice nada.
(doña Dolores)
(Se repite la situación anterior. Todos esperan a que el chico lea su parte.
Pasados unos momentos, Tina se levanta de mal humor y le quita los cascos.)
TINA: Mira, aquí nadie está a la fuerza. Si quieres irte, te vas.
Pero, si no, ¡haz el favor de concentrarte!
CHICO 3: (Cachazudo.) Cálmate, que te va a dar algo. Si quieres
que lea, leo.
TINA: ¡Pues sí! ¡Quiero!
CHICA 7: (Riéndose.) Entonces, os declaro marido y mujer, ¡ja, ja, ja!
CHICA 8: ¡Ja, ja, ja!
MIGUEL: Me parece que no es el momento de gastar bromas, Se
está haciendo tarde y...
CHICA 8: Si es que a éste le quitas los cascos y es como un barco
sin brújula.
CHICA 7: Prefiere que le quiten los pantalones a perder la antena.
CHICA 8: El último día que se quedó sin pilas tuvo fiebre.
TINA: (Fuera de sí.) ¡Bueno! ¡Ya está bien! (A la chica 8.) ¡Lee de
nuevo la última frase!
CHICA 8: Ay, hija, qué modales.
CHICO 3: (Tranquilísimo.) ¿Me puedo ir ya?
MIGUEL Y TINA: ¡¡¡No!!!
(El chico se encoge de hombros. La chica 8 se pone seria y lee.)
CHICA 8: Pero, Luis, si nadie te dice nada,
(doña Dolores)
17
CHICO 3: Claro, por eso hablo sólo. Bueno, Manolita, y eso, ¿cómo
se aprende? Porque no vas a ser María Guerrero así, de
repente... ¿O tiras para lo de Celia Gámez?
CHICA 7: No, papá; si yo no sé cantar. Antes se empezaba de meri-
(Manolita) toria sin sueldo. Pero ahora, de comparsa por un duro,
porque han prohibido trabajar gratis, Ahora es fácil colo-
carse, porque como es verano muchas compañías están
fuera, y en Madrid casi no hay cómicos.
(Mientras tanto, el chico 3 ha vuelto a ponerse los cascos y, al llegar su tur-
no, está otra vez despistado. Al darse cuenta, Miguel se le abalanza.)
MIGUEL: ¿A ti te interesa mucho el teatro?
CHICO 3: ("Acoquinado, se quita los cascos.) Mucho... no.
MIGUEL: Entonces, ¿qué haces aquí?
CHICO 3: No sé... Yo estaba ahí fuera esperando que un amigo me
trajera la moto que le había dejado para que se diera una
vuelta, y entonces,,, esa chica (por Tina) me dijo que
entrara.
CHICA 8: (Muerta de risa.) ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya plancha!
CHICA 7: ¡Ya me extrañaba a mí ver aquí a éste! ¡Ja, ja!
TINA: ¿Y por qué no habéis dicho nada?
CHICA 8: ¿Y nosotras qué sabíamos?
CHICA 7: Pensé que venía a asesorar sobre la música de fondo, o
algo así.
MIGUEL: (Al chico 3.) Parece que nos hemos confundido, Perdona...
Toma tus cascos. Puedes irte, si quieres.
CHICO 3: (Poniéndose ¡os cascos y saliendo.) Abur.
TINA: (A las chicas.) Y vosotras también podéis marcharos.
Seguiremos otro día.
CHICA 8: No ha sido una prueba muy larga que digamos.
CHICA 7: Da igual, yo me he reído como una loca.
CHICA 8: (Saliendo.) Ya verás cuando lo contemos mañana en cla-
se.
CHICA 7: (Saliendo.) Se apuntan a teatro los cincuenta que faltan.
(Quedan solos Tina y Miguel.)
TINA: ¿Lo dejamos por hoy? No me siento con humor para conti-
nuar,
MIGUEL: Me parece una buena idea. Para ser el primer día, ya
hemos tenido bastante.
(Se dejan caer en una silla cada uno. Un momento de silencio.)
TINA: ¿Qué vamos a hacer con todos esos chicos? ¿De dónde
sacamos una obra con tantos personajes?
MIGUEL: (Tímidamente.) Podríamos montar dos obras cortas.
TINA: (Irónica.) ¿Cortas? ¿Con veinticinco papeles cada una?...
¡Mejor cuatro obras de doce papeles?
MIGUEL: (Siguiendo la broma.) ¡O diez obras de cinco!
TINA: ¡O cincuenta monólogos!
(Se ríen. Miguel se pone en pie y comienza a recoger los papeles dispersos
y el abrigo. Tina le imita.)
MIGUEL: He estado ojeando unos libros de técnicas teatrales. El
próximo día empezaremos a hacer ejercicios de imposta-
ción de voz, expresividad, desinhibición... Cosas muy
libres, de tipo dinámico.
TINA: ¿Dinámico? ¿A qué llamas tú dinámico?... Yo todo eso no
lo tengo nada claro.
MIGUEL: ¡Toma! ¡Ni yo tampoco!
TINA: Pues estamos listos... En fin... ¡Continuará!
TELÓN
— 19 —
ACTO II
(Mismo escenario que en el acto I. En escena, Tina y Miguel.)
TINA: ¡Estoy rota! He pasado el fin de semana como un ratón de
biblioteca, entre libros. Aquí están. (Uno a uno, va soltan-
do los libros que trae en ¡a mano.) «Método Stanislavski»...
«El teatro de Brecht»... «Técnica teatral de Wagner»... ¡Me
lo sé todo! ¡Pregunta, pregunta!
MIGUEL: Yo, como soy más práctico, he traído los apuntes del cur-
so de teatro que nos dio aquel argentino. Y ya sabes que
son únicos para «expresar correctamente lo que tienen
que hacer los demás»...
TINA: Estaba segura de que tú, tan práctico, harías eso. Conta-
ba con ello.
(Entran un grupo de alumnos con mucha desenvoltura.)
CHICA 4: Miguel, supongo que hoy no irá de pruebas y empezare-
mos en serio...
MIGUEL: Por supuesto. (Con ironía.) ¡Aquí todo es muy serio!
Hemos decidido empezar con vuestro grupo y realizar
unos ejercicios que os hagan saber qué es el teatro y os
enseñen una técnica.
CHICA 9: ¡No serán ejercicios escritos, como esas macabras pues-
tas en común...!
TINA: Claro que no. Se trata de expresar todo lo que se nos
ocurra utilizando dos instrumentos únicamente: el cuerpo
y la voz. Después volveremos a los textos.
CHICA 10: ¡Qué emoción! ¡Estoy nerviosísima!... ¡Me apetece todo!...
¡Es... es... es...!
CHICA 5: ¡No seas pelma! (A ¡os demás.) Esta chica me saca de
quicio. Habla siempre como si estuviera en trance.
MIGUEL: Ya veréis de lo que sois capaces. Pensad en algo que se
pueda representar...
CHICA 9: A mí, desde luego, no se me ocurre nada. Esto me parece
muy difícil.
— 20 —
TINA: Cualquier situación se puede representar. Vamos a inten-
tarlo y lo veréis. Por ejemplo..., imaginad que...
CHICA 5: ¡Que estamos en el desierto!
MIGUEL: (Cogiendo el hilo.) ¡Por ejemplo!... ¡Hace calor1 (Dramati-
zando.) Intentamos avanzar,., pero no podemos... nos
hundimos en la arena... y seguimos intentándolo...
(Todos han ido entrando en situación, excepto Tina, que les mira con la
boca abierta. Los chicos van exagerando hasta casi el paroxismo. De pronto,
Miguel se pone serio y avanza hacia uno de los chicos, que tiene un dedo en la
nariz.)
MIGUEL: Pero, tío, sácate el dedo de la nariz. ¿Cuándo has visto tú
a un actor que mientras trabaja se meta un dedo en la
nariz?
CHICO 2: ... Es que... ¡me pica!
MIGUEL: A un actor nunca le pica nada... ¡Y si le pica, se aguanta!
CHICO 2: ¡Qué profesión más esclava!
TINA: (Impaciente, interrumpe con un libro en la mano.) ¡Mirad!
Vamos a hacer este ejercicio... (Lee, con tono trascenden-
te.) «Descalzos sobre la tierra húmeda sentir la sensación
de nuestro cuerpo y pensar: estoy sobre un planeta, lo
tengo bajo mis pies y me siento dueño de él, más seguro
de mí mismo. Me dejo impregnar por este contacto de
todo cuanto en él existe: continentes, mares y todos sus
habitantes, hasta confundirme con ellos en una sola
cosa...»
(Ahora son los demás los que se miran perplejos.)
CHICA 4: Esto.,, es un poco rarito, ¿no?
CHICA 9: ¿Rarito? A mí me parece una horterada.
MIGUEL: Quizá sea mejor que nos olvidemos de técnicas teatrales
y manuales prácticos. Pensemos en representar una situa-
ción más concreta, más cotidiana...
CHICA 10: ¡Eso! ¡Algo cotidiano!.,. Por ejemplo, un rapto en Nepal.
(Entusiasmada y dejando volar su imaginación.) Iba yo
— 21 —
caminando sola por una calle desierta de Katmandú
cuando, de repente, oigo a mis espaldas pasos... Me vuel-
vo y avanzan sobre mí dos hindúes altos, morenos, con
barba...
CHICA 5: ¿Y eso es algo cotidiano?... ¡Anda ya!... Algo cotidiano es...
TINA: Algo con lo que estéis familiarizados. Por ejemplo..!
CHICO PESADO: (Por un lateral asoma la cabeza.) ¿Se puede?
TINA: Sí..., ¿qué pasa?
CHICO PESADO: Nada..., que quería saber si me tocaba ya.
MIGUEL: ¿No podías esperar un poco, hombre? Os hemos citado
en grupos pequeños para ensayar con un poco de orden.
CHICO PESADO: Es que mañana tengo una recuperación y me interesaría
irme a estudiar cuanto antes.
TINA: ¡Mira!... Esa es una situación cotidiana. Suponed que
habéis quedado para preparar juntos un examen y os
ponéis a hablar de vuestras cosas.
CHICO PESADO: ¿Yo también?
MIGUEL: No, empezaremos con ellas, ya que han llegado antes. Tú
espera ahí; luego harás el ejercicio con los demás.
(El chico pesado se retira a un rincón, se sienta y, aunque al principio sigue
la acción, enseguida se queda dormido.)
CHICA 10: ¡Me encanta!
CHICA 5: ¿Cómo nos ponemos?
TINA: (Acercando una mesa.) Alrededor de esa mesa, sentadas,
como si estuvierais tomando apuntes o algo así.
CHICA 9: Vale, empiezo yo. (Entrando en situación.) Chica, estoy
nerviosísima. Si me vuelven a suspender las matemáticas,
mi padre me mata.
CHICA 5: ¡Y con razón! En la última puesta en común tuviste un tres.
Y eso porque te pasé el segundo problema.
— 22 —
CHICA 9: Si es que esto es un rollo. Además, ¿para qué quiero yo
saber integrales? Pienso ser azafata de congresos. Llevan
siempre una ropa ideal.
CHICA 10: A propósito, ¿habéis visto la ropa que tienen en «Trapo's
Boutique»? ¡Es una locura! (Se pone en pie y se entusias-
ma.) Mirad, vi ayer un pantalón a rayas moradas y rosas
que no te lo podrías creer. Llega por aquí, el cinturón es
ancho y tiene siete bolsillos. Lleva unos tirantes...
MIGUEL: (Interrumpiendo.) ¿Así preparáis vosotras un examen?
CHICO 2: Aunque no te lo creas, así.
TINA: La cuestión es teatralizar, no formar una tertulia. ¿No
podríais actuar a partir de la situación que hemos marca-
do?
CHICA 5: Sí, mejor.,. (A las otras.) Cuando os ponéis en ese plan
parecéis retrasadas mentales.
CHICA 9: Oye, oye..., que la semana pasada te acompañé a com-
prar unos zapatos y estuviste probándote dos horas y
media, así es que ahora no te hagas la profunda.
MIGUEL: (Al quite.) Bueno, bueno,.., vamos a intentarlo de nuevo.
Sentaos como estabais y poned algunos papeles y libros
sobre la mesa. ¡A ver! ¡Empezad!
(Las chicas 9 y 10, enfadadas, hacen que escriben y no dicen nada. Tras un
momento de silencio algo molesto, interviene la chica 5.)
CHICA 5: ¿A qué hora es el examen?
(La chica 9 encoge los hombros sin levantar la cabeza.)
CHICA 5: ¿A qué hora decís?
(Ahora es la chica 10 la que hace el gesto.)
CHICA 5: ¡Pues vaya un diálogo!
CHICA 10: ¡Es que no me acuerdo!... (Hace un esfuerzo.) Me parece
que a las nueve.
CHICA 9: No, es a las diez. A primera hora hay gimnasia...
CHICA 10: Pues casi no tendremos tiempo de repasar.
— 23 —
5: A mí me da igual. Yo nunca tengo problemas con las
matemáticas. Se me dan divinamente.
CHICA 10: (Mosqueada.) Bueno, bueno, no exageres. Vas aproban-
do, pero no sabes lo que es sacar un siete.
CHICA 9: Sí, guapa... Que te cogí ayer el cuaderno para copiar lo
que dieron el día que estuve mala y no había quién lo
entendiera... Y, por cierto, estaba lleno de notitas de Luis
Ángel.
CHICA 5: ¿Y a ti quién te ha dado permiso para coger mis cosas?
¡Cotilla!
TINA: ¿Qué os pasa hoy a todos? ¿Es posible que no podáis
simular una conversación civilizada?
MIGUEL: Creo que lo mejor será dejarlo por hoy. De todos modos,
ya nos hemos hecho una idea de vuestras posibilidades
expresivas.
CHICA 9: ¡No!... ¡Por favor!
CHICA 10: ¡Vamos a seguir un poco!
CHICA 5: ¡Si era todo de broma!
MIGUEL: Ya, ya,.., pero es que se ha hecho un poco tarde y si
queremos que todo el mundo haga algún ejercicio no
podemos alargamos más con vosotras. En el tablón de
anuncios pondremos qué día de la semana son los ensa-
yos. Hasta luego.
LAS TRES: (Saliendo, resignadas.) Hasta luego.
TINA: Vamos a hacer ahora algo parecido con vosotros tres. (Al
chico 2 y ala chica 4.) Por cierto, ¿dónde está el que tenía
prisa?
CHICO 2: (Señalando al rincón.) Ahí le tienes, concentradísimo él.
MIGUEL: Este siempre hace lo mismo. Mejor será que siga medi-
tando y practiquéis un poco vosotros dos solos.
CHICA 4: ¿Improvisamos una situación cotidiana?
— 24 —
MIGUEL: ¡¡No!!... Por cambiar de ejercicio y no aburrimos, ahora
haremos otra cosa. Yo os digo una palabra cualquiera, tú
(al chico 2) respondes con la primera que se te ocurra y
luego tú (a la chica 4) le contestas con otra a él. Es un jue-
go de agilidad mental y debe hacerse muy rápidamente.
TINA: ¡Hay que ver todo lo que te enseñó el argentino!
MIGUEL: Bueno..., empiezo, ¡Estudiar!
CHICO 2: Colegio.
CHICA 4: Examen.
CHICO 2: Notas.
CHICA 4: Castigo.
LOS DOS: ¡Aghhh.J
TINA: (Divertida.) Será mejor empezar con otra palab
ejemplo..., representación.
CHICO 2: Ensayar..
CHICA 4: Actuar.
CHICO 2: Bailar.
CHICA 4: Música.
CHICO 2: Descanso.
CHICA 4: Cita.
CHICO 2: Gente.
CHICA 4: Diversión.
CHICO 2: Sábado.
CHICA 4: Película.
CHICO 2: Actriz.
CHICA 4: Presumida.
— 25 —
CHICO 2: Pedante.
CHICA 4: Ridicula.
CHICO 2: Insoportable,
LOS DOS: ¡Marga!... ¡Ja, ja, ja...!
(Suena un timbre.)
CHICA 4; ¡Ahí va, si ya es la hora!
CHICO 2: Tenemos que irnos.
MIGUEL: (Sorprendido.) Pero, ¿no estabais libres ya toda la tarde?
CHICA 4: Los mayores sí, pero a nosotros aún nos queda una clase.
CHICO 2: Se me ha pasado el tiempo volando.
TINA: En fin, qué le vamos a hacer. Seguiremos en otro momen-
to. De todos modos, ha estado muy bien. Estad al tanto de
los avisos con el día y la hora de los ensayos.
CHICA 4: De acuerdo. ¡Adiós!
CHICO 2: ¡Hasta luego!
(SaJen, muy alegres.)
MIGUEL: (A Tina.) Pues mira..., parece que les ha gustado.
TINA: Es verdad... Lo que pasa es que tendremos que ir
pensando en una obra basada fundamentalmente en este
tipo de cosas... Porque lo que es texto... Acuérdate de las
pruebas del otro día.
MIGUEL: Estos son los nuevos. Ahora vienen los que ya han hecho
teatro, y puede que no sea lo mismo. Voy a avisarlos y te
las entiendes tú con ellos.
TINA: ¡¿Y tú?!
MIGUEL: Yo luego vengo...
TINA: ¡Claro! Como sabes que, son de armas tomar, me los
encasquetas a mí... ¡Tú te quedas o si no te juro que...!
— 26 —
(Entra un nuevo grupo, tan desenvuelto como el anterior.)
MIGUEL: Hola, chicos. Estábamos deseando que vinierais para
empezar. Hemos preparado unos ejercicios a los que
dedicaremos un tiempo, para irnos caldeando.
CHICA 3: No será la tontería que habéis hecho con los nuevos. Nos
lo acaban de contar.
MIGUEL: ¡¡No!!... ¡Qué va!
TINA: ¡¡No!!... ¡Qué va!
MIGUEL: ¡Ni mucho menos!
TINA: ¡Eso, eso!... ¡Ni mucho menos!...
CHICA 1: Los otros han salido muy contentos porque no tienen
experiencia y el primer día se conforman, con cualquier
cosa, pero nosotros queremos empezar ya.
MIGUEL: ¡Claro! ¡Por supuesto! Después de las pruebas del otro
día, hemos pensado en unos ejercicios que pueden ser
muy interesantes,.. ¡Anda, Tina! ¡Díselo tú!...
TINA: (Tose.) Bueno, veréis..., vamos a ver..., veréis... ¿Vosotros
habéis oído hablar de Stanislavski?
MARGA: Estanis... ¿qué...?
CHICO 3: Estanislasqui, inculta,.. Un travestí muy famoso. ¡Qué
burra!
MIGUEL: Vamos a dejarnos de teorías... ¿Intentamos un ejercicio?
CHICA 3: ¡Por mí...!
CHICO 3: Hombre, por probar...
CHICA 1: ¿Qué hay que hacer?
TINA: Tenéis que relajaros y concentraros. Empezaremos
diciendo la palabra «AMOR» con la mayor emoción posi-
ble. Cada uno, por orden, tendrá que superar el tono del
anterior... ¡AMOR!
(Realizan el ejercicio correctamente y se quedan todos muy serios.)
— 27 —
MIGUEL: Intentaremos ahora repetir el ejercicio expresando un
sentimiento muy diferente con la palabra «GUERRA».
(Repiten el ejercicio correctamente, aunque con indiferencia, y se quedan
en la misma actitud anterior Hay un momento de silencio incómodo.)
MARGA: ¡Qué tontería1
CHICA 3: ¡Qué chorrada!
CHICA 1: ¡Qué parida!
MARGA: ¡Esto es una tontería, una chorrada y una parida!
CHICA 3: ¡Desde luego, en este plan conmigo no contéis!
TINA: Pero... si lo habéis hecho muy bien. Como ejercicio de
desinhibición ha sido muy interesante...
CHICA 3: No, Tina... Nosotros queremos hacer teatro en serio...
Aprender un papel y representar una obra interesante.
CHICO 3: Todos estamos deseando que nos deis un papel y empe-
zar cuanto antes los ensayos, ¡que el tiempo es oro!
MARGA: Y si puede ser largo el papel, mejor. Porque yo, o prota-
gonista o nada.
CHICA 3: Pues yo, también quiero ser protagonista.
CHICA 1: ¡Toma! ¡Y yo...!
CHICO 3: ¡Y yo...!
LOS CUATRO: ¡Todos queremos ser protagonistas!
MIGUEL: Me parece absurdo. ¿De dónde saco yo una obra con
tantos protagonistas? Como no queráis que hagamos
«Los diez mandamientos»... Y aun así haría falta algún lan-
cero. (Mira a Marga.) ¡Seguro que nadie quiere hacer de
lancero!
MARGA: ¡¿Lancera yo?! (Histérica.) ¡Me ha llamado lancera! ¡¿Yo
de lancera?!
MIGUEL: ¡Rica! Yo no te he llamado nada... todavía.
— 28 —
MARGA: ¡Borradme de teatro! ¡Me voy! ¡Y ahora mismo! ¡Adiós!
(Sale.)
TODOS: ¡Adiós!... ¡Adiós!... ¡Adiós, Marga!... ¡Adiós!
CHICO 3: Bueno, ahora que todo se va arreglando, vamos a organi-
zar bien esto... Nosotros tenemos muchas ganas de hacer
teatro... Pero lo que realmente queremos es elegir una
obra, que organicéis pronto el reparto de papeles y que
podamos empezar a preparar nuestro personaje...
CHICA 3: Estamos deseando saber de qué tenemos que hacer para
ir pensando en el traje..-. Yo, que siempre he soñado con
vestirme de Cleopatra...
CHICA 1: Pues a mí me gustaría ser Escarlata O'Hara... (Melodra-
máticamente, con un puño hacia el techo.) ¡A Dios pongo
por testigo de que no volveré a pasar hambre!...
CHICO 3: ¡Yo quiero hacer de corsario del Caribe! (Con risa sinies-
tra.) ¡Ja, ja, ja...! (Simula luchar a espada y le da una esto-
cada al chico pesado, que ha estado dormitando todo el
tiempo en una esquina y, sobresaltado, se despierta.)
CHICO PESADO: (Se une a los demás.) ¿Empezamos ya?
TINA: ¿Vosotros creéis que esto es Hollywood o algo así?...
¡Estamos hablando de teatro! ¡Y ni siquiera habéis citado
a un Hamlet, a un Segismundo..,, a un Don Juan...!
CHICO 3: Es que yo no salgo ni con una calavera, ni con unas cade-
nas...
MIGUEL: ¿Es posible que sólo penséis en el vestuario?
CHICA 3: Hay que reconocer que el papel lo podemos hacer muy
bien..., pero... compréndelo, Miguel..., el modelito también
es importante... y el maquillaje... En fin, tienes que com-
prender...
TINA: Paciencia, Miguel... Todo es cuestión de elegir una obra,
cargar con el baúl de los disfraces y repartirlos entre la
compañía... como en tiempos de Moliere.
MIGUEL: ¿Moliere?... ¿Moliere?... ¡Moliere!
— 29 —
TINA: ¡Pues es verdad!... ¡Podemos hacer algo de Moliere!... Tea-
tro culto, divertido, con muchos personajes...
CHICA 3: ¡Y todos van de largo...!
CHICA 1: ¡Y muy pintados...!
CHICO 3: (Al chico pesado.) ¿Ese no es el de «Los tres mosquete-
ros»?
CHICO PESADO: (A ¡o suyo.) Por cierto, Miguel... Yo tengo una barba blan-
ca muy larga que me queda estupendamente... Podría
hacer de Neptuno; yo nado muy bien... O de Aníbal... Con
un elefante pequeño valdría... O de...
TELÓN
ACTO III
(Mismo escenario que en ¡os dos actos anteriores, pero con muchos más
objetos desperdigados por las sillas y el suelo. Miguel y Tina, con ropa depor-
tiva. Un nutrido grupo de alumnos, con chándal y vaqueros. Todos tienen
papeles en la mano.)
MIGUEL: ¿Preparados los que intervienen al principio? ¡Ensayamos
la primera escena!
(Silencio. Se retiran a un lado los que no intervienen, y los otros, en pie,
comienzan.)
Mme. PERNELLE: ¡Vamonos, Felipa, vamonos que no lo soporto más!
ELMIRA: Siento que se marchen tan pronto.
Mme. PERNELLE: Es que no resisto tu casa. ¡Tantas voces! ¡Tanta gente a
opinar! Esto no es una casa, ¡es un gallinero...!
DORINA: No exagere, señora...
Mme. PERNELLE: ¡Tú te callas, rica!... Es una impertinencia que quieras
meterte en todo, opinando de lo divino y de lo humano...
DAMIS: La verdad es que..
— 30 -
Mme. PERNELLE: ¡Otro! Sólo que tú, además, eres tonto, hijo. Y te lo digo yo,
tu abuela, como ya se lo he dicho cien veces a tu padre.
¡Eres un activista que no va a darnos más que disgustos!
MARIANA: ¡Me parece que...!
Mme. PERNELLE: ¡La hermanita! Suave, modosa, pero comprándose veinte
revistas diarias... a cual más repugnante... ¡A mí no me
engañas!... Sé muy bien que, a la chita callando, eres tan
desvergonzada como los demás...
ELMIRA: Pero, por Dios, ¿a qué viene esto?
Mme. PERNELLE: Viene a que debías darles ejemplo, como se lo daba la
pobre de tu madre, que en Gloria esté... Eso..., eso sí que
era feminismo... ¡Pero ahora, contigo!... Eres.,. (Duda, no
recordando el diálogo.)
MIGUEL: (Apuntando.) Derrochadora, vanidosa y descuidada...
Mme. PERNELLE: ... Derrochadora, vanidosa y descuidada. La ruma, la rui-
na se cierne sobre todos nosotros por aceptar ideas
extrañas que nada tienen que ver con la ética de nuestro
pueblo...
OLEANTE: Señora, después de todo...
Mme. PERNELLE: Después de todo, nada. ¿Quién es usted? El hermano de
la mujer de mi hijo, Le pediría que no volviese a poner los
pies en esta casa... Lo siento, soy muy franca. No me gus-
ta esconder lo que pienso.
DAMIS: ¡Eso debe hacer muy feliz a su amigo Tartufo...!
Mme. PERNELLE: Como a cualquier hombre de bien, que es a quien hay
que hacer caso. Y ya me está cargando que un loco
extremista como tú se atreva siquiera a pronunciar su
nombre...
DAMIS: ¿Un hombre de bien? ¡Un hipócrita! ¡Un santurrón, un fal-
so, un pretencioso que no nos deja movernos! ¿Por qué
tengo yo que aguantar que ese figurín nos diga lo que
podemos o no podemos hacer?... Ahora se nos ha vuelto
demócrata...
DORINA: ¡Demócrata!... Es el mismo de siempre. Ha cambiado de
camisa, pero no de chaqueta.
— 31 —
MIGUEL: (Interrumpiendo.) ¡Otra vez!... ¡Siempre te equivocas en lo
mismo! Ha cambiado de chaqueta, pero no de camisa.
DORINA: ¡Ay, es verdad! Yo creo que me desconcierta eso de la
democracia. En cuanto lo digo me despisto.
TINA: Creo, Miguel, que tiene razón. Deberíamos representar el
«Tartufo» clásico. O se hace Moliere o no se hace, pero si
decidimos hacerlo que sea el texto original, el auténtico
Moliere.
MIGUEL: Mira, guapita..., el texto original tiene todos sus valores, ya
los conocemos, pero nos aburre. En este caso contamos
con una versión actualizada, que es muy respetable, y
tenemos solucionado el problema.
TINA: ¡Está bien!... Al fin y al cabo, tú mandas. Y como sé que
eres muy terco, ¡me callo!
MIGUEL: Vamos a ensayar el diálogo de Dorina con Orgón. Reti-
raos los demás.
(Queda Dorina en medio de la escena y Orgón en un lateral, como dispues-
to a entrar Los demás siguen atentos, con sus papeles en la mano.)
TINA: (Dirigiéndose a Orgón.) No olvides que debes demostrar
toda la admiración y amor que siente el padre de la fami-
lia por Tartufo. ¿Preparados? (Asienten.) ¡Empezamos!
ORGON: (Entrando.) ¡Buenos días, Dorina! He estado fuera un par
de días y no sé nada de la casa... ¿Todo bien? ¿Ninguna
novedad?
APUNTADORA: (Con un susurro bastante potente.) La señora tuvo ayer
bastante fiebre...
DORINA: La señora tuvo ayer bastante fiebre y un dolor de cabeza
atroz.
ORGON: ¿Y Tartufo?
APUNTADORA: (Igual.) ¿Tartufo? Tan sano y tan relamido...
DORINA: ¿Tartufo? Tan sano y tan relamido. La piel clara, los labios
muy rojos... ¡Como siempre!
ORGON: ¡Pobre hombre!
— 32 —
La señora tuvo bastantes náuseas...
DORINA: (Mira de reojo a la apuntadora, algo molesta.) La señora
tuvo bastantes náuseas toda la tarde y no pudo pasar
bocado. La neuralgia no la dejó ni sentarse a la mesa.
ORGON: ¿Y Tartufo?
APUNTADORA: Cenó solo, delante de ella.
DORINA: (Irritada.) Cenó solo, delante de ella. (A la apuntadora.)
¡Muchas gracias, rica, pero me sé bastante bien el papel
y, si no te callas, te cierro la boca de un bofetón!
APUNTADORA: ¡Qué barbaridad! ¡Qué humos tienen algunas en cuanto
hacen un papel importante!
DORINA: ¿Y por qué sólo me apuntas a mí? ¿Es que te crees que
soy idiota?
APUNTADORA: ¡Pues ahora que lo mencionas...!
TINA: ¡Basta! Estamos encantadísimo de que te sepas tan bien
el papel; ella sólo quería ayudar. ¡Adelante y sin más inte-
rrupciones!
APUNTADORA: (Saliendo.) Por mí no las habrá. A partir de ahora os va a
servir de apuntadora... Rita. ¡Adiós!
(Tina y Miguel se miran y hacen un gesto de resignación. Dorina vuelve a
su lugar.)
DORINA: Cenó solo, delante de ella. Para ser exacta, devoró man-
samente un «paté de canard d'Amiens» y un cuarto de
«chevreuü» con crema «maniée». Probó el «Port-Salut»
que le trajeron a usted el otro día y remató la cosa con un
«babarois».
ORGON: ¡Pobre hombre!
DORINA: La señora no pudo cerrar los ojos en toda la noche. La fie-
bre no la dejó dormir. Yo la estuve velando hasta que
amaneció.
ORGON: ¿Y Tartufo?
33 —
Le entró mucho sueño después de cenar y se fue enseguida
a la cama. Durmió como un tronco hasta el día siguiente.
ORGON: ¡Pobre hombre!
DORINA: Voy a decirle a la señora lo mucho que se interesa usted
por su salud.
MIGUEL: Bueno, ahora, la escena en la que Orgón ordena a su hija
el matrimonio con Tartufo la dejamos. Ensayaremos lo
que viene a continuación.
MARIANA: ¿Por dónde empezamos?
MIGUEL: Por la frase en la que Dorina dice: «¿cómo puedes aguan-
tar que tu padre...?».
DORINA: De acuerdo. (Entrando en situación.) ¿Cómo puedes
aguantar que tu padre te proponga esa boda demencial
sin armar un escándalo?
MARIANA: Mi padre tiene una autoridad tan grande que nunca en la
vida me he atrevido a llevarle la contraria...
DORINA: Perfectamente clásico, pero pensemos un poco... Valerio
te quiere... Ahora, contéstame clarito: ¿a ti Valerio te gusta
o no te gusta?
MARIANA: Dorina, ¡no seas injusta conmigo! Sabes que lo quiero con
toda mi alma...
DORINA: Esas son palabras. Lo que yo no sé es si lo quieres de
verdad...
MARIANA: ¡Estoy loca por él!
DORINA: ¿Y él por ti?
MARIANA: Yo creo que también.
DORINA: ¿Y tenéis de verdad, de verdad, muchas ganas de casa-
ros?
MARIANA: Desde luego.
DORINA: Y, entonces, ¿qué piensas de este bodorrio que se ha
sacado de la manga tu padre? Mariana, te van a tartufar
de arriba a abajo.
34 —
MARIANA: Te juro que me mato, Donna... ¡Si mi padre insiste, me
mato!
DORINA: No llores más... Lo impediremos... No sé cómo, pero lo
impediremos... Y; no llores...
(Entra Valerio, nervioso y alterado.)
VALERIO: ¿Qué pasa contigo, cuerpo?
(Lo ha dicho con acento muy cheli, y Mariana contagia a todo el mundo la
risa que le entra. Tarda unos segundos en hacerse el silencio.)
VALERIO: (Otra vez.) ¿Qué pasa contigo, cuerpo?
(Se repiten las risas.)
TINA: (Dirigiéndose a Miguel, con ironía.) Desde luego, hemos
hecho muy bien en elegir esta versión. Es muy divertida.
MIGUEL: ¡Silencio todo el mundo! (Dirigiéndose en especial a Tina.)
¿No vais a ser capaces de hacer el gran esfuerzo? Por
favor...
(Todos intentan ponerse senos.)
VALERIO: ¿Qué pasa contigo, cuerpo? Acaban de darme una noticia
de esas que sólo se pueden creer después de sacudirle
muchas horas a la hierba...
MARIANA: ¿Qué noticia?
VALERIO: O sea, que te casas con ese fantasma de Tartufo.
MARIANA: La verdad es que mi padre me lo ha planteado.
VALERIO: El carroza de tu padre, Mariana, me había...
MARIANA: Ahora ha cambiado de criterio. Esa boda acaba de
proponérmela él mismo.
VALERIO: Vale. O sea, que te ha ladeao el coco en serio.
MARIANA: Muy en serio. Quiere que me case con Tartufo.
VALERIO: Y... tú..., ¿con quién quieres tú casarte, ninfa?
— 35 —
MARIANA: No lo sé.
VALERIO: Por lo menos se te ve el percal. ¿No lo sabes, tía?
MARIANA: No.
VALERIO: Entonces, un respeto.
MARIANA: ¿Tú qué me aconsejas?
VALERIO: ¿Yo? ¡Yo ya estoy puesto! ¡Que te enrolles con Tartufo!
MARIANA: ¿Ese es tu consejo... sincero?
VALERIO: Naturaca.
MARIANA: ¿De verdad?
VALERIO: Oye, tía, un respeto. Que el nota ése es una oportunidad
buenísima... Al este del Edén y en cuanto te mire... si es
que mira... no creo que debas despreciarlo... Los tartufos
están subiendo.
MARIANA: Muy bien... Aceptado el consejo...
VALERIO: Toma ya. Pero larga pronto, tía..., no creo que te cueste
mucho trabajo...
MARIANA: Pues el mismo que a ti te ha costado aconsejarme.
VALERIO: Vale. O sea, ninguno, ¿No ves que a mí me encanta
marcarme el farde de ayudarte?
DORINA: (Aparte.) Pero ¿a dónde van este par de idiotas?
VALERIO: ¿De modo que eso era lo que tú me querías, verdad?
¿Y todo el rollo ese de la primavera y de que yo tenía la
única comisura de labios que te gustaba?
MARIANA: ¡Qué bien hablas?
VALERIO: Es que tengo las vértebras en su sitio... que tú nasti de
plasti. Vale, O sea, que no creo que me vaya a ser muy
difícil sustituirte...
MARIANA: Eso es verdad. Y yo no soy de las mejores. Conmigo pier-
des poco.
36 —
VALERIO: No te pases de pasar, tía, que eso está fuera del rollo.
¿Sabes lo que dijo mi padre el otro día? Pues que cuando
alguien que nos ha querido se vuelve enemigo nuestro, lo
menos que se puede hacer es ponerle un puente de plata
para que se vaya lo más lejos posible... Mi padre es un
pasota.
MARIANA: Hablas cada vez mejor. Y estás diciendo unas cosas muy
bonitas.
MIGUEL: ¡Está bien! Tenemos que insistir en la parte del desen-
mascaramiento de Tartufo, que quedó muy flojo el último
día.
ELMIRA: ¿A qué parte te refieres?
TINA: Al momento en que Orgón, escondido debajo de la mesa,
ve cómo Tartufo intenta seducir a su mujer, es decir, a ti.
Lo hacíais a metro y medio de distancia, y eso no queda
creíble.
TARTUFO: (A Elmira.) ¡Si es que no ayudas en nada! ¡Yo hago lo que
puedo..., pero...!
TINA: (A Elmira.) Pero, mujer, ¿será posible que te dé vergüen-
za?
ELMIRA: No es eso..., es que... (Aparte, a Tina.) ¡Si al que le da ver-
güenza es a él...!
TINA: ¡Ah!
MIGUEL: ¡Bueno, no perdamos más tiempo! ¿Preparados?
TARTUFO: (Nervioso.) ¡Preparadísimos!
ORGON: ¿Y yo?... ¡No puedo estar debajo de la mesa si no hay
mesa!
VOCES SUELTAS: ¿No hay mesa.,.? ¡No hay mesa!... ¡No hay mesa!... ¡¡No hay
mesa!! (Con distintas entonaciones.)
ORGON: ¡¡No hay mesa!!
ELMIRA: Pues, hijo, no hay mesa, pero tienes cuerpo, así que...
¡expresión corporal!
— 37 —
ORGON: ¡Qué lista! ¿Cómo voy a hacer de mesa?
TINA: No tienes que hacer de mesa, puedes hacer que estás
escondido debajo de una. Así... (Lo hace, y Orgón ¡a imi-
ta.)
MIGUEL: Empezamos...
ELMIRA: Trae aquí esa mesa y métete debajo...
ORGON: Pero ¿por qué debajo de una mesa?
ELMIRA: Porque sí. Déjame ahora a mí. Tengo una idea y quiero
ponerla en práctica.
ORGON: Muy bien. Me esconderé. Lo que tú digas.
ELMIRA: (A Orgón, que ya está debajo de la mesa.) Óyeme... Este
es un asunto bastante delicado, pero tienes que aguantar
sin escandalizarte... Quiero que te convenzas de una vez...
Así que voy a hacer y decir todo lo que me parezca bien
para abrirte los ojos... No sé hasta dónde tendrá que lle-
gar mi coquetería y mi descaro,.. Pero estoy dispuesta a
desenmascarar a un hipócrita...
(Entra Tartufo.)
TARTUFO: ¿Quería usted hablar conmigo?
ELMIRA: Sí, pero... a solas... Es un secreto entre los dos... Cierre la
puerta y mire antes, no vaya a haber alguien por ahí...
TARTUFO: No sé si entiendo bien. Hace un rato estuvo usted dura y
seca...
ELMIRA: Tan listo..., tan sabio..., tan viajado..., tan culto... Querido
Tartufo, ¿es que no conoce usted a las mujeres?.., Esta-
mos diciendo «no» con una boca tan pequeña que es fácil
oír el «sí».
TARTUFO: ¡Qué gusto!... ¡Qué gusto da oír hablar así a una boca tan
bonita!... Estoy cubierto de miel..., borracho de alegría...,
feliz... Oír tan claramente que yo le gusto a usted es una
pura delicia.
ELMIRA: ¡Qué manera de...! ¡Las manos quietas! Por favor, amigo
mío, que no sé defenderme. ¡Ay, que no puedo respirar!...
¡Un momento!... ¡Tranquilidad!... ¡Tranquilidad!
— 38 —
(Esta escena la interpretan totalmente faltos de naturalidad. Tartufo se
aparta, y es Elmira la que tiene que acercarse a él, como si fuera ella la seduc-
tora.)
MIGUEL: (Interrumpiendo.) ¡Eh! ¡Alto!... ¿Qué pasa aquí?... ¿Cómo
que «un momento», «un momento»...? ¿A qué viene lo de
la tranquilidad?,.. ¿No ves que Elmira está respirando tan
ricamente?
TARTUFO: (Un poco avergonzado.) Hombre..., yo...
ELMIRA: (De mal humor.) ¡Si es él, que está cortado,..! ¡No seas
tímido, chico!,.. ¡El teatro es el teatro!...
TARTUFO: (Disimulando.) ¡Oh, cielos!... ¡Qué situación!...
MIGUEL: Intentadlo otra vez, por favor.
TARTUFO: Voy a ver si haciéndolo más «rocambolesco» me sale.
MIGUEL: ¡Eso! ¡En actitud rocambolesca!
ELMIRA: ¡Claro! Así tiene que ser... ¡Rocambolesco!
ORGON: Yo creo que ser un poco más rocambolescos no os
vendría mal...
TARTUFO: (A Elmira, aparte.) Oye..., ¿qué significa «rocambolesco»?
ELMIRA: ¡Y yo qué sé!
TINA: Hacedlo como queráis, pero seguid o se nos va a hacer
de noche aquí.
(Vuelven al centro del escenario Elmira y Tartufo, que, tras un momento de
duda, arranca.)
TARTUFO: Oye, Emmanuelle, si yo te gusto a ti como tú me gustas a
mí, con eso basta.,. ¡Vamos, maciza!
(Resultado parecido al anterior. El muchacho gesticula mucho, pero sigue
sin acercarse a Elmira.)
MIGUEL: Está claro que no hay manera... Fíjate en mí y toma nota.
(Aparta a Tartufo, se pone en su lugar y coge a Elmira
por la cintura.) Oye, Emmanuelle, si yo te gusto a ti como
tú me gustas a mí, con eso basta... ¡Vamos, maciza!
— 39 —
(Con la última frase se abalanza y queda como si estuvieran bailando un
tango. Elmira y los demás, boquiabiertos.)
ORGON: ¡Caray!
ELMIRA: (Incorporándose y retocando, nerviosa, la ropa.) Esto no
le va a gustar nada a mi padre. Será mejor que el día del
estreno utilicemos las tijeras para no herir «la sensibilidad
del espectador».
MIGUEL: Bueno, ya veremos. De momento, vamos a seguir con el
ensayo.
ELMIRA: (Carraspea.) ... Abre la puerta y mira con cuidado no
vaya a estar mi marido en el pasillo.
TARTUFO: No te preocupes. Tu marido está en el limbo.
ELMIRA: Sal un poco y echa un vistazo...
(Tartufo sale. Elmira se acerca a la mesa y sonríe.)
ORGON: ¡Me muero! ¡Me muero del disgusto! ¡Me muero! ¡Es un
miserable! ¡Un canalla!
(Por el lateral entra la directora.)
Srta. IRENE: Perdonad que os interrumpa un momento. ¿Qué tal va la
obra?
MIGUEL: Va bastante... bien; no, bastante mal... Bueno, ¡va bastante!
La verdad es que estamos un poco nerviosos, en pleno
ensayo general.
Srta. IRENE: Siempre ocurre: el ensayo general es lo peor. El día del
estreno todo va sobre ruedas... Traigo una noticia que
puede que os afecte. Acaban de comunicar que el exa-
men de la Escuela Oficial de Idiomas es el próximo jue-
ves. El día del estreno.
VALERIO: ¡¡No será verdad!! ¡Yo me tengo que examinar!
MIGUEL: ¡¿Tú te tienes que examinar?! ¿Quién más se examina?
(Un momento de silencio. Nadie responde y todos se miran entre ellos.)
— 40 —
TINA: Parece que nadie más. Pero la función no la podemos
suspender. Es el único día que disponemos del salón de
actos y ya están repartidas las invitaciones. ¿Qué hace-
mos?
MIGUEL: ¡Tendrá que sustituirle alguien! ¡Hay que buscar a alguien
inmediatamente!
CHICO PESADO: Si queréis, lo hago yo...
(Voces espantadas y negativa general.)
MIGUEL: ¡No, por favor! ¡Eso no!... En fin..., quiero decir que tiene
que ser alguien que se conozca bien el papel,.. Alguien
que haya estado en todos los ensayos...
(Tras unos momentos de indecisión general, todas las miradas se van
volviendo hacia Miguel. Avanzan lentamente hacia él.)
MIGUEL: ¡No!... ¡No!... ¡Yo no!... ¡Os veo venir! ¡Sé lo que estáis
pensando!... ¡No!...
(Mientras retrocede, baja el...)
TELÓN
ACTO IV
(Decorado perpendicular al escenario representando un interior. A la dere-
cha, la representación. A la izquierda, los actores que van a intervenir, policía y
alguacil, con los directores, chica «pija» y Felipa, que hace de apuntadora.
Siguen la representación atentamente. A la derecha están actuando Mariana,
Mme. Pemelle, Elmira, Dorina, Damis, Orgón y Oleante.)
Mme. PERNELLE: ¿Qué sucede? Acabo de enterarme de nuevas espanto-
sas.
ORGON: Ya ves el precio con que se recompensan mis afanes.
Recojo con fervor a un hombre en la miseria; lo alojo en
mi casa y lo trato como a mi propio hemano; le colmo
de beneficios; le doy hasta mi hija, los bienes que poseo, y
entretanto el infame seduce a mi mujer y, además, se
atreve a arrojarme de mis posesiones.
— 41 —
DORINA: ¡Santo varón! (Irónica.) ¡Pobre hombre! ¡Qué santo y qué
bueno!...
Mme. PERNELLE: Hijo mío, no puedo creer de ninguna manera que Tartufo
haya pretendido cometer tan negra acción.
ORGON: ¿Cómo?
Mme. PERNELLE: Ya te he dicho mil veces, desde que eras niño: «La virtud
en el mundo siempre es perseguida; morirán los envidio-
sos, pero nunca la envidia.» Están inventando cantidad de
cuentos contra Tartufo.
ORGON: ¿Cuentos? ¡Lo he visto con mis propios ojos! ¡Lo que se
dice verlo! ¡Lo he visto!...
(Quedan todos en silencio, mirando hacia la puerta del decorado. Esperan
una entrada que no se produce. Dorina, disimulando, empieza a sacudir con
un pañuelo la ropa de los demás, mientras todos siguen con ¡a mirada fija en
la puerta.)
FELIPA: Ahora entra el alguacil... ¡El alguacil!... ¿Dónde está el
alguacil?... Pero ¿todavía estudiándote el papel?
ALGUACIL: Es que no me acuerdo de nada.,. ¡Me he quedado com-
pletamente en blanco! Miguel, yo así no salgo.
MIGUEL: ¿Cómo que no sales? ¿Lo dices en el momento de salir?...
¡Deja los papeles y a escena!... ¡Ya verás cómo te acuer-
das de todo!
(Entra dando un traspiés y, durante un momento, todos se quedan quietos,
mirándole.)
ALGUACIL:
FELIPA: ¡Ave María Purísima! ¿Podría hablar con el dueño de la
casa?
ALGUACIL: ¡Ave María Purísima! ¿Podría hablar con el dueño de la
casa?
DORINA: Pues... Es que tiene una visita y no creo que esté para
recibir a nadie.
ALGUACIL: Dígale que me manda... Dígale que me manda...
— 42 —
FELIPA: ¡Tartufo!
ALGUACIL: Eso, Tartufo. Dígale que me manda Tartufo, para tratar de
un tema económico.
DORINA: (A Orgón.) Es un señor muy amable. Viene de parte de
Tartufo para algo de dinero.
ORGON: Será un amigo, que viene a mediar. Lo que no sé es qué
cara ponerle...
OLEANTE: Buena cara, buena cara, Y si propone una cosa justa,
acéptela.
ALGUACIL: Mi más cordial saludo, caballero.
ORGON: Le ruego que me dispense. No sé cuál es su nombre.
ALGUACIL: (Despistado.) Jacobo. Me llamo Jacobo.
(Caras de espanto y desesperación. Alguien tose.)
FELIPA: Mi apellido es Leal. Soy alguacil del juzgado y vengo a
hacerle a usted una notificación.
ALGUACIL: Mi apellido es Leal. Soy alguacil del juzgado y vengo a
hacerle a usted una notificación.
ORGON: ¡Que viene usted a...!
FELIPA: Desalojarle a usted y a toda su familia, claro.
ALGUACIL: Desalojarle a usted y a toda su familia, claro.
ORGON: ¿Desalojarme a mí?... ¿A mí?... ¿Echarme a mí de mi casa?
FELIPA: A usted, claro... ¿A quién va a ser?
ALGUACIL: A usted, claro. ¿A quién va a ser?... (Se da una palmada
en la frente.) ¡Ah..., ya! (Recuerda el texto y lo dice de
carrerilla.) ¡ESTA CASA COMO USTED SABE PERFEC-
TAMENTE PERTENECE LIBRE DE CARGAS AL BONDA-
DOSÍSIMO SEÑOR TARTUFO, ESTA A SU NOMBRE
COMO TODAS LAS COSAS QUE USTED TENIA, NO
HAY NADA QUE OPONER...!
(Caras de desesperación en los restantes actores.)
— 43 —
DAMIS: (Intentando estar natural.) Creía que ya no me asustaría
de nada, pero este granuja...
ORGON: Sí, bueno, pero aquí se trata de..
ALGUACIL:
FELIPA: De la justicia, señor, de la justicia.
ALGUACIL:
TODOS: ¡¡De la justicia, señor, de la justicia!!
ALGUACIL: ¡Eso!... De la justicia, señor, de la justicia.
DAMIS: Señor alguacil..., yo tengo unas ganas casi irresistibles de
darle a usted un estacazo en la cabeza...
FELIPA: ¿Es su hijo, señor,..?
ALGUACIL: (A Felipa, en voz baja.) Esto me lo sé muy bien. (Actuan-
do, a Orgón.) ¿Es su hijo, señor? Dígale que o se calla o lo
disuelvo.
ORGON: ¿Existe algo en el mundo peor que echar a una familia de
su propia casa?
ALGUACIL: Le daré un plazo. Hasta mañana pueden ustedes quedar-
se aquí. Ahora, eso sí, tienen ustedes que entregarme las
llaves antes de acostarse... Después de las diez de la
mañana no puede quedar aquí ni un alfiler.
DORINA: Hagamos un frente popular contra él, Damis... ¡Tiene
usted un revés, señor alguacil, que es una maravilla para
darle cuatro estacazos bien dados!
ALGUACIL: Seguro, hija, seguro; pero por eso se va a la cárcel... En
estos tiempos también se encierra a las mujeres.
CLEANTE: Señor alguacil, déme usted esa notificación y largúese de
una vez.
ALGUACIL: ¿Sí? Pues... ¡adiós!... Digo... ¡hasta luego!... Pero ¡qué tonto
soy!... Quiero decir... ¡hasta mañana, señores! (Sale confu-
so y pensando en voz alta.) ¡Qué tonto soy!...
(A la izquierda del decorado están todos llenos de estupor.)
— 44 —
ALGUACIL: ¿Qué tal? ¿Cómo ha quedado?
TINA: ¿Que cómo ha quedado? ¡Lo mato!... ¡Sujetadme, que lo
mato!
(Mientras ocurre esto, los actores en escena parecen sofocados, se abani-
can y dan paseos nerviosos.)
CHICA «PIJA»: ¡Pues ha estado muy gracioso!
TINA: ¿Gracioso? ¡Si los ha liado a todos!... ¡No saben ni cómo
seguir, con lo bien que iban!... ¡Insensata!... ¡Frivola!... ¡Pija,
más que pija!
(Sigue la acción a la derecha del decorado.)
ORGON: ¡Qué, mamá! ¿Has visto qué canalla traidor?
Mme. PERNELLE: Sí, hijo, sí... Caigo de las nubes y me rompo la cabeza.
CLEANTE: Pero ¿qué se puede hacer, Dios mío?... ¿Qué se puede
hacer?...
Mme. PERNELLE: (Nerviosa, no sabe qué decir.) No sé...
CLEANTE: (Repite, intentando dar pie.) Pero... ¿qué se puede hacer,
Dios mío?... ¿Qué se puede hacer?...
Mme. PERNELLE: (Más nerviosa aún, sigue sin poder continuar.) No sé... ¡He
dicho que no sé...!
CLEANTE: (Insiste.) Pero... ¿qué se puede hacer, Dios mío?... ¿Qué se
puede hacer?...
(Mme. Pemelle sale de escena, nerviosa y llorando Izquierda del decora-
do.)
Mme. PERNELLE: ¡Qué bochorno! ¡Con lo bien que me lo sabía!...
(Los actores que están en el escenario se miran confusos, sin saber qué
hacer Mariana, para ganar tiempo, hace que se desmaya en una silla, tras un
momento de duda.)
DAMIS: (Sorprendido.) Pero... ¿qué pasa?
MARIANA: (Abriendo un ojo y en voz baja.) ¡Que me he desmayado,
idiota!
— 45 —
ORGON: (Haciéndose cargo.) ¡Echadle aire!... ¡Vamos!.., ¡A ver si se
reanima...!
(Los demás le imitan en actitudes vanas. Miguel lo ha estado viendo todo
por el lateral del decorado.)
MIGUEL: ¡Calma, calma!... No os pongáis nerviosos, que todavía
podemos salvar la obra. ¡A ver! ¡Que salga Valerio!...
¿Preparado, Valerio?... ¡Valerio!...
TINA: ¡Pero si eres tú! ¡Eres tú quien hace de Valerio!
MIGUEL: ¡Es verdad! ¡Habéis acabado con mis nervios! Ya ni me
acordaba... ¡Allá voy!...
TINA: i¡Noü... ¡Así no! ¡Te has vestido, pero no te has cambiado
de pantalones...!
MIGUEL: ¡Arrea!... ¡Lo que faltaba!... ¡Rápido, echad el telón!...
¡Dadme los pantalones y me voy a cambiarme!
TINA: ¡Te cambias pero no te vas! No hay tiempo... y no estamos
para tonterías... (Le da los pantalones.) ¡Rápido!... ¡Pónte-
los deprísa!
(Miguel se quita el chándal y se queda en Hondos y vistosos calzoncillos
para ponerse el pantalón de Valerio.)
MIGUEL: ¡Listo! ¡Ya podemos seguir!
(Pasa al otro lado del decorado.)
VALERIO: Jo, vaya un señal... Lo siento mucho, pero esta parida es
algo muy grave... ¡La bofia es la tira!.,. O sea, que los ha
mentalizado el macarra ese de Tartufo... ¡Total, la repe-
ra!... Que tiene usted denuncias a punta pala... El Tartufo
ése será un casta, pero va a venir la poli... yeso da miedo,
¿no?... Porque aunque el tío parezca un espécimen de otro
planeta, si ha escondido aquí cualquier chorrada, usted
está completamente out.
OLEANTE: Es decir, si yo entiendo algo de ese extraño idioma, que
Tartufo te quiere ver en la cárcel cuanto antes.
ORGON: ¡¡Ese hombre me quiere matar!!
— 46 —
VALERIO: Momento. Tampoco es eso... No me mola a mí eso...
Tengo un coche abajo... y también puedo echar una mano
en el costo de la cosa... Así que ¡a volar se ha dicho!...
A ver si le ganamos la mano al fantasma ese...
ORGON: ¡Gracias, Valerio! Gracias a todos, pero no... Yo no he
hecho nada y no tengo nada que temer... Soy yo quien
hablará con la policía... Y ahora mismo... Cuanto antes,
mejor...
(Salen Tartufo y el policía, que con un pañuelo intenta disimular la risa ner-
viosa que le ha entrado.)
TARTUFO: ¡Sin pnsa, hermano, sin prisa!.., ¡Quedas detenido en nom-
bre de la ley!
ORGON: ¡Miserable! Esta es tu última puñalada, ¿verdad?
TARTUFO: El deber es el deber. Nadie conseguirá desviarme del
recto camino.
ORGON: ¿Te atreves a acusarme y a olvidar que me lo debes
todo?
TARTUFO: No he olvidado nada. He dicho a la policía que, en defen-
sa de la Constitución, del orden jurídico y de la paz social,
sacrificaría todo: amigos, padres, hermanos... Me sacrifi-
caría yo mismo si fuese necesario.
ELMIRA: ¡Farsante!
DORINA: La verdad es que es un maestro de elocuencia... Haga lo
que haga, lo presenta de una forma que...
TARTUFO: ¡Por favor, comisario!... ¡Gritan demasiado!... ¡Qué voces
tan feas! Si no le importa, cumpla usted la orden de deten-
ción que tiene...
POLICÍA: (Riéndose de manera incontrolada.) Sí, ya está bien... ¡Ja-
já, ja!... Anda, vente conmigo, que te hemos preparado un
calabozo estupendo... ¡Ja, ja, ja!
TARTUFO: (Tenso.) ¿Quién? ¿Yo?... ¿Qué está usted diciendo?
POLICÍA: ¡Ja, ja, ja!... Vamos, vamos... ¡Ja, ja, ja!
47
TARTUFO: (Desconcertado por la risa del policía e intentando ser
natural.) Pero, ¿por qué me detiene a mí?
POLICÍA: ¡Ja, ja, ja!... El juez te lo explicará... ¡Ja, ja, ja!
(El policía se retira a toda prisa, tapándose ¡a boca, vuelve a reinar el des-
concierto. Los actores sonríen forzadamente, mirando hacia el público, hasta
que Miguel coge de un lateral un cartel con la palabra «Descanso», lo coloca
en mitad del decorado e indica a los demás con un gesto que salgan de esce-
na. Le obedecen, desapareciendo con la sonrisa y pequeñas reverencias ner-
viosas.)
MIGUEL: Muchachos..., sinceramente creo que no podemos seguir.
POLICÍA: Yo, desde luego, no puedo., ¡Ja, ja, ja!... Me ha dado la
risa tonta... ¡Ja, ja, ja!
ESPONTANEO: Si queréis seguir..., yo puedo hacer su papel. Soy inglés y
no tengo buen acento.,., pero... he asistido a todos los
ensayos porque lo pasaba bien, y me sé perfectamente el
papel de policía... Me gustaría mucho echar una mano...
MIGUEL: Gracias, Raúl, pero... no es sólo el policía.,. La que hace
de Mme. Pernelle está muy desmoralizada y tampoco
puede seguir...
FELIPA: ¡Yo lo podría hacer!... Con esto de apuntar he acabado
aprendiendo los papeles de todos... Además, tengo las
chuletas en la mano... (Levanta los papeles.)
Mme. PERNELLE: (Poniéndose en pie.) ¡De eso nada! ¡Estaría bueno! Mi
papel lo hago yo. No sé lo que me ha pasado antes... Ha
debido ser éste (por el alguacil) que me ha sacado de
mis casillas. Pero antes de que tengáis que sustituirme
prefiero inventarme el diálogo.
TINA: ¡Pues es una solución! Antes de hacerles ese feo a todos
los que han venido a vernos, más vale inventarse lo que
falta. ¡Cualquier cosa menos tirar la toalla!
MIGUEL: ¡Así se habla! Seguro que podéis improvisar un maravillo-
so final... ¿Estáis dispuestos? (Todos asienten con entu-
siasmo.) ¡Pues a escena! ¡Merece la pena seguir!
(Vuelven todos a escena, retiran elcartel y reanudan la representación.)
TARTUFO: Pero, ¿por qué me detiene a mí?
— 48 —
POLICÍA: El juez te lo explicará..., pero yo te puedo adelantar algo...
Primero, por mentiroso; en segundo lugar, por pesado, y,
finalmente..., bueno, pues... ¡por Tartufo!
TARTUFO: ¡Ja, ja, ja!... ¡Ilusos!... Con que el juez me lo explicará, ¿eh?...
¡El juez es mi padre!... ¡Y está encantado con la idea de
venir a vivir a esta casa! Le he prometido dejarle la mejor
habitación...
(Todos simulan indignación y sorpresa.)
DORINA: (Aparte.) Me parece que tendré que empezar a buscar-
me otro empleo. A no ser que...
(Con sonrisa astuta, se va acercando a Tartufo.)
TARTUFO: Así es que la encerrona os ha salido fatal. Y ahora..
(Con un gesto les invita a salir por la puerta del decorado.)
DORINA: ¡Qué hombre! ¡Qué labia! ¡Qué astucia!... ¡Tartufo! ¡Mi
Tartufo! ¡Aquí me tienes, siempre a tu lado! ¡Junto a ti me
quedaré, dueña de esta casa y de todas las riquezas de la
familia! ¡Dueña para siempre de todo! ¡Tartufo, je t'aime!
¡Tartufo, je t'aime...!
TARTUFO: Ven aquí, pequeña, yo también te quiero... Dorina... ¡Ma
petite Dorina!
MARIANA: ¡Esto sí que es dar un buen braguetazo!
ELMIRA: Nena, ¡no seas basta!... No me parece la expresión más
apropiada para una señorita de tu condición... ¡Claro, que
con el novio macarra que tienes, no me extraña nada!...
¡Quitaos los dos de mi vista!... ¡Fuera de aquí!
MARIANA: ¡Vamos, Valerio! Ya has oído..., nos han echado... ¡Vamo-
nos de aquí!
VALERIO: Yo voy donde tú quieras... ¡Contigo me enrollo yo hasta el
fin del mundo!... ¡Vamonos!
ELMIRA: ¡Lo que me faltaba por oír!... ¡Una hija mía diciendo
«braguetazo»!... ¡Qué palabra más ordinaria!
DORINA: Desde luego, señor, que la expresión de su hija no es la
— 49 —
más apropiada... Lo que yo he dado es, más correctamen-
te..., un «tartufazo».
Mme. PERNELLE: Estas criadas siempre han sido muy lagartas. ¡Descarada!
Bonita manera de ascender... (Aparte.) Y yo..., ¡una seño-
ra!..., me veo en la calle. Porque, francamente, contaba
con venirme a vivir aquí. Estoy sin un duro... Bueno, sin un
franco. En fin..., ¡hay que vivir! (Acercándose, muy amable,
a Tartufo y a Dorina.) Ustedes perdonen. ¿No necesitarán
un ama de llaves o algo así? Tengo mucha capacidad
organizadora y, además, conozco esta casa perfectamen-
te.
TARTUFO: Me parece muy buena idea. ¡Contratada! (Aparte.) Me
interesa tener un aliado en esa familia, para que me tenga
al corriente de cualquier cosa que intenten contra mí.
(A ¡os demás.) En cuanto a ustedes..., monsieur Orgón,
madame Elmira..., señores..., con todos mis respetos...,
¡fuera de aquí!
TODOS: ¡Oh!
(Van saliendo uno a uno.)
ORGON: (A Tartufo.) ¡Mamarracho!
DAMIS: (A Dorina.) ¡Bruja!
ELMIRA: (A Mme. Pemelle.) ¡Pregona!
DAMIS: (A todos.) Ca... caraduras.
TARTUFO: Donna... Todo es nuestro, ma petite...
DORINA: Oh, Tartufo, mon cheri... ¡Je t'aime!
(Amartelados, se retiran por un lateral. Se apagan las luces y el público
aplaude. Vuelven a encenderse, los actores salen para saludar, se retiran, y las
luces se apagan definitivamente. Todos se abrazan, muy eufóricos, y comien-
zan a recoger los decorados. Miguel y Tina, en primer plano, descorchan una
botella y reparten vasos de papel entre los actores, que, mientras siguen reco-
giendo el atrezzo y quitándose parte de la ropa, brindan entre sí.)
ORGON: ¿Que, Miguel? ¿Sabemos improvisar o no?
MIGUEL: Sí, sí.., Otra cosa no, pero improvisar...
— 50 —
DAMIS: ¡Pues ha sido de lo más divertido!
MARIANA: ¡Yo lo he pasado de miedo!
MIGUEL: Si Moliere levantara la cabeza...
TARTUFO: Si Moliere levantara la cabeza, se quedaría encantado de
lo bien que he pronunciado yo mi francés.
ELMIRA: ¡Ah!... Pero... ¿has hablado en francés?
ORGON: ¿Este en francés?... ¡No sabe ni en español!
TARTUFO: ¡Qué gracioso!... ¡Anda, ayuda!... Que estos decorados
pueden servir para la próxima.
Mme. PERNELLE: La próxima, otro Moliere, pero todo en francés... ¡Ja, ja, ja!
DORINA: No, la próxima un Shakespeare...
MARIANA: Sí, en francés... ¡Ja, ja, ja!
TARTUFO: La próxima será... una de Lope o Calderón... ¡Espadas!
¡Capas!... Amor y honor a diestro y siniestro... ¡Así!
(Simula batirse con Mme. Pemelle.)
Mme. PERNELLE: ¡Cuidado! ¡Casi me sacas un ojo!... ¡Ja, ja, ja!
CHICA «PIJA»: ¿Y por qué no pensáis en hacer algo más posmoderno?
¡Sois de un antiguo que alucina!... ¡Qué tíos!
(Van desapareciendo todos, mientras Miguel y Tma acaban de recoger.)
MIGUEL: Chica... ¡Qué mal rato he pasado!
TINA: ¿No has visto el éxito?
MIGUEL: ¡No!... ¡Esto ni es el Tartufo... ni nada parecido!
TINA: Mira, Miguel, lo han pasado de maravilla... ¡Qué capaci-
dad de improvisación!... ¡Qué soltura!... Y eso era lo impor-
tante... Déjame que te recuerde una frase que tú mismo
has dicho hace un rato... «Merece la pena seguir».
— 51 —
MIGUEL: Sí, por supuesto, pero... ¡si Moliere levantara la cabeza:..!
TINA: Miguel... ¡Olvídate de Moliere!
TELÓN
— 52 —