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Mariano Melgar

El documento presenta una colección de poemas y fábulas de Mariano Melgar, que exploran temas de amor, sufrimiento y la crítica social a través de la voz de personajes como ruiseñores, asnos y abejas. A través de su obra, Melgar utiliza la poesía para expresar su desdén por la injusticia y la opresión, mientras que también celebra la belleza de la naturaleza y las relaciones humanas. Su estilo refleja la influencia de la cultura indígena y mestiza, combinando elementos líricos con narrativas alegóricas.
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Temas abordados

  • despedida,
  • elegía,
  • poesía,
  • crítica a la opresión,
  • canto de la alegría,
  • yaravíes,
  • carga social,
  • canto de la esperanza,
  • tiranía,
  • fábula del ruiseñor
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Mariano Melgar

El documento presenta una colección de poemas y fábulas de Mariano Melgar, que exploran temas de amor, sufrimiento y la crítica social a través de la voz de personajes como ruiseñores, asnos y abejas. A través de su obra, Melgar utiliza la poesía para expresar su desdén por la injusticia y la opresión, mientras que también celebra la belleza de la naturaleza y las relaciones humanas. Su estilo refleja la influencia de la cultura indígena y mestiza, combinando elementos líricos con narrativas alegóricas.
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  • canto de la esperanza,
  • tiranía,
  • fábula del ruiseñor

EL ÚLTIMO ADIÓS

Si dos con el alma


Se amaron en vida
Y al fin el destino
Separó a los dos
ELEGÍA I
¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay Triste! ¿Para qué? ¡Para trocarse
Mi dolor en más triste despedida!
PUES NO PUEDEN MIS CLAMORES
Pues no pueden mis clamores
mis cariños, mis suspiros,
cruel, ablandarte,
llegará el día fatal
en que pueda mi desgracia
horrorizarte.
SONETO: A SILVIA
Bien puede el mundo entero conjurarse
contra mi dulce amor y mi ternura,
y el odio infame y tiranía dura
de todo su rigor contra mí armarse.

El cantero y el asno
[Poema - Texto completo.]

Mariano Melgar

Nos dice cierta gente


Que es incapaz el indio:
Yo voy a contestarle
Con este cuentecillo.
Bajaba una mañana
Un cantero rollizo,
Repartiendo y lanzando
Latigazos y gritos
De cargados borricos.
Sobre una infeliz tropa
«¡Que demonio de brutos!
¡Que pachorra! ¡Me indigno!
Los caballos son otros:
Tienen viveza y brío;
Pero a estos no les mueve
Ni el rigor más activo.»
Así clamaba el hombre;
Más volviendo el hocico
El más martagón de ellos,
En buena paz le dijo:
«Tras cuernos palos? ¡Vaya!
Nos tienes mal comidos,
Siempre bajo la carga,
Y exiges así brío?
Y con azote y palo
Pretendes conducirnos,
Y aun nos culpas de lerdos
Estando en ti el motivo?
Con comida y sin carga
Como se ve el rocino,
Aprendiéramos luego
Sus corcobos y brincos;
Pero mientras subsista
Nuestro infeliz destino,
Bestia el que se alentara!
Lluevan azotes, lindo;
Zorna y cachaza: vamos,
Para esto hemos nacido.»
Un indio, si pudiera,
¿No diría lo mismo?
FABULA EL RUISEÑOR Y EL CALESERO - Mariano Melgar

Con toda la expresión de su dulzura,


un ruiseñor cantaba
su amor y su ternura,
a tiempo cabalmente que pasaba
por la calle vecina un calesero,
que despreciando tan divino canto
corrió a escuchar a un loro majadero,
no por que hiciese más, ni aun otro tanto,
sino porque sin gracia, ni destreza,
como quiera decía:
"Chapín de la condesa".

El ruiseñor, al ver su melodía


por una patarata despreciada,
le gritó: "No perdono:
usted no tiene orejas, camarada".

Debió gritar el ave con mal tono;


porque el buen calesero avergonzado,
pudo apenas decir: "No, señorito,
el buen gusto mis amos me han formado;
de la niña y su amor se les da un pito
pero el teatro levan a los cielos,
y hay bravos y palmadas a porfía,
cuando hay encantador, diablos y vuelos".

¡Vaya que el calesero lo entendía".


FABULA LAS ABEJAS - Mariano Melgar

Días ha que leyendo un libro viejo


escrito por un hombre de consejo,
hallé un rasgo de historia
digno de encomendarse a la memoria.

El suceso, no hay duda, es muy extraño:


pero es preciso que se cuente este año.

Dicen que las abejas ab initio


no supieron portarse con juicio
y buen arreglo de hoy, ni lo pensaron;
pero aquellas catorce que lograron
en tiempo del diluvio entrar al arca,
curiosas observaron que el Patriarca
dispuso en ella todo cuanto había
con arte y simetría.

Aquí lobos voraces, allí ovejas:


más allá perros, gatos comadrejas,
elefantes, ratones y mosquitos...
en otra parte lindos pajaritos,
jilgueros, gallos, garzas, grullas, gansos;
en otra división trigo y garbanzos,
maíz, arroz, cebada...
¡qué cosa tan bien puesta y ordenada!
A todas agradó su providencia.

Juntándose por fin en conferencia,


dijo la más antigua: "Compañeras,
confieso la partida: muy groseras
en gobierno y costumbres hemos sido.

Nunca en comunidad hemos vivido:


nadie pensó sino en pasar el día.

tal vez no faltaría


quien desease el orden; pero en vano;
cobijada en la rama de un manzano.
O metida en las pajas de algún techo,
jamás hacía cosas de provecho,
ni era dable que a todas persuadiese.

Mas hoy, que este embarazo no se ofrece.


Y hemos de ser raíz de toda abeja,
yo como la más vieja
soy de sentir que luego que salgamos
una sola familia compongamos,
como que tienen fuerzas superiores,
miel y cera de flores exquisitas
cojan, en tanto que las viejecitas
ordenamos las cosas de gobierno.

Y para que este entable sea eterno


pondremos una maestra de novicias".

"¡Gran cosa! ¡Bueno!! ¡Albricias!".


Gritan todas; y el plan verificaron.

Mas vieron fenecer sus alegrías,


porque dijo de agravio en pocos días
la incauta juventud: "El remo todo
se nos carga, de modo
que ya nuestro vigor se debilita:
más de una hora de sueño se nos quita.

Como ellas tienen seca la cabeza,


nos despiertan temprano". "¡Qué simpleza
de muchacha!", dijo una mamantona
no hagas cuenta de ayer ni de mañana;
mañana mandará la que hoy se afana,
y mil males de ayer hoy no subsisten;
y por fin, males hay irremediables
que por un bien mayor son tolerables".

En reclamar no insisten:
a todas las convence con tal ciencia,
tanto acierto, energía y elocuencia,
que su error las menores conocieron
y sin más regañar se sometieron.

Ciudadanos: Dios sólo


puede mandar del uno al otro polo
sin defecto ninguno;
y así aquel importuno
que se lo quiera todo muy cumplido
en el nuevo gobierno establecido,
o algún descuido entre hombres no perdona,
relea el texto de la mamantona.
FABULA EL ASNO CORNUDO - Mariano Melgar

-
¿Me creerán una nueva?
sí; créanla por su vida.

Un asno desesperado
por su carga y sus fatigas,
llevó al Padre de los dioses
un memorial que decía:
"Es un dolor, Señor Jove,
que sólo de mi se diga:
"el asno, el sano... un buen bruto:
tiene paciencia"; y me aflijan
con carga y palos, por verme
falto de armas ofensivas.

Por cierto que con los toros


otro tanto no se haría:
¿qué digo toros?, un perro
aun la más triste hormiguilla,
tiene armas, y por sólo esto
con respeto se le mira.

Sólo yo soy el objeto


de la crueldad y la risa.
Con un par de cuernecitos
todo se remediaría".

Júpiter se los concede;


pero señor, ¡qué averías!
bruto a quien hace un cariño,
fijo, se queda sin tripas;
y aún él, queriendo rascarse,
se rompió media barriga,
y claro está que no lo hizo
por matador ni suicida;
sino porque tuvo cuernos,
y el manejo no sabía.

Catástrofe semejante
me hizo decir: por mi vida,
ya que el Cielo ha dado al Pueblo
fuerzas y votos, precisa
que le den los literatos
unas cuatro leccioncita LA BALLENA Y EL LOBO
Mariano Melgar

Mirando con desprecio a cuantos peces


pueblan el ancho mar, una ballena
decía a boca llena:
“todo esto es pitijaya; en dos reveses
arrollaría estos bichos si quisiera
y me los tragaría en un instante.
Si el mentado elefante viviera,
me tragara también al elefante;
pues, bien visto si ensancho mi garguero
soy capaz de tragarme al mundo entero”.
Tantas baladronadas
a todo pez tenían ya mohino,
hasta que un lobo callandito vino
por entre las oladas;
observó que la grande tragadora
apenas anchovetas engullía,
y a todos avisó que la Señora
con toda su armazón nada valía.
Fabio, cuanta a tu amigo este pasaje;
dile que a nadie ultraje
exagerando su sin par talento;
no vaya a ser que un lobo halle sus tretas,
y nos haga saber en un momento
que no puede tragar sino anchovetas
s. FABULA LAS COTORRAS Y EL ZORRO - Mariano Melgar
-

Más de cien cotorras,


haciendo gran ruido,
a robar volaban
a cierto sembrío.

El que lo cuidaba
no estaba muy listo,
pero acudió luego,
porque oyó gritos;
y ni un grano cogen
los animalitos.

"Si son muy salvajes",


impaciente dijo
un zorro que estaba
por allí escondido.
"Yo robo mis pollos,
pero despacito;
los gritos despiertan
al fiero enemigo;

solo con silencio


se logra buen tiro".

Dijo bien el zorro;


yo también lo digo.
Su fábula "El ruiseñor y el calesero" se publicó en 1813.
Cuando volvió a Arequipa en marzo de 1814, sufrió el desdén
de Silvia, y su drama amoroso lo inspiró a escribir su conocida
"Carta a Silvia", compuesta por 522 versos. Por entonces
también apareció su "Soneto a la Mujer". Dedicado al
trabajo en el valle de Majes (oeste de Arequipa), su trato con
los agricultores le permitió conocer las variantes mestizas del
antiguo harawi o canto quechua, que adoptaría en la
composición de los yaravíes.

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