AGULLA, JUAN CARLOS (1973): Educación,
Sociedad y Cambio Social. Kapelusz, Bs As p.17-29
Capítulo 1: LA SOCIOLOGÍA DE LA
EDUCACIÓN
1. Un Intento de Definición
Definir una disciplina siempre implica un riesgo. La necesidad de síntesis suele
comprometer la suerte del objeto mismo de la disciplina. De aquí que muchas veces
sea mejor apelar a la generalidad como un recurso lícito para definir dejando para un
momento posterior la aclaración y precisión de los conceptos. Esto se hace
particularmente necesario en “sociología” donde sabemos que existe siempre un
“problema terminológico”. En esta oportunidad seguiremos este camino, con todos los
riesgos que ello implica, lo hacemos, precisamente, en razón del análisis de las
definiciones dadas sobre la “sociología de la educación” que dan la bibliografía actual
más valiosa. Antes de avanzar (quisiéramos destacar que en ningún momento
consideraremos como antecedentes de la definición de Sociología de la educación”
las definiciones de la “Educational Sociology”). Entendemos que la Educational
Sociology norteamericana, en líneas generales, no es una “sociología de la
educación", sino una “Pedagogía Sociológica”. Hemos de considerar solo aquellas
definiciones que han tratado el tema desde una perspectiva sociológica. Entre estas
se encuentran las dadas por Willer, Angell, Reuter, Brookover, Mannheim, Geiger y
Bernsdorf, fundamentalmente.
Pasar revista a las definiciones dadas sobre una disciplina, en última instancia,
sólo sirve para sistematizarla. Esto conduce a fijar el criterio en el que se funda la
definición. Nuestro criterio se apoya única y exclusivamente en la educación como
proceso social. Apoyarse en un criterio así tiene grandes ventajas, porque permite
extraer con posterioridad la problemática de la disciplina -que es también nuestro
objetivo en el presente- y, porque evita caer en arbitrariedades, por muy justificables
que sean, como en el caso de Brookover que define la sociología de la educación, en
general, por el material empírico existente en la materia. Este criterio lleva,
inexorablemente, a una parcialización de la problemática y a una insuficiencia en la
definición. Desgraciadamente Brookover, que mucho se apoya en Ángell y Reuter, no
ha seguido a sus antecesores Inmediatos en el planteamiento de la sociología de la
educación que se hizo en los Estados Unidos de América. Por eso, en líneas
generales, la definición de Brookover, que afirma que la sociología de la educación
“es el análisis científico de las relaciones humanas en la educación”, es sumamente
vaga. No puede entenderse a la sociología de la educación como la sociología
especial que trata el objeto de la sociología general en una situación determinada: la
educación, y más concretamente el sistema educativo. Este mismo error lo comete
también Neal Gross. En ambos autores muchas de las investigaciones citadas son
sólo investigaciones de la sociología general -algunas muy valiosas- realizadas en la
escuela, en el aula o en el sistema educativo formal. Este es un error crucial que
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encuentra su fundamento, precisamente, en no haberse adoptado otro criterio para
definir a la sociología de la educación. Por ello es imprescindible, como en parte lo
han hecho Ángell y Reuter en los Estados Unidos, y Mannheim, Geiger y Bernsdorf,
en Alemania, partir del mismo proceso educativo para definir a la sociología de la
educación. Tenemos conciencia del riesgo de teorización que implica nuestra
posición, pero vale la pena arriesgar, en esta oportunidad, a fin de vencer esta etapa
teórica. Por eso todo lo que afirmamos en esta obra tiene un carácter provisorio. La
ciencia se ha construido sobre ese carácter. Tratamos, sin embargo, de afirmar
nuestros asertos sobre la mayor cantidad de conclusiones científicas comprobadas.
La crítica que le hacemos a Brookover, en cierta medida, él mismo la ha puesto de
manifiesto, porque ha delimitado considerablemente el objeto del conocimiento de la
sociología de la educación, no ha alcanzado a definirla, y además, ha dado margen
para que sea muy mal interpretado, sobre todo por los sociólogos de la educación que
aparecieron con posterioridad. Esto se pone de manifiesto en la mención a la
investigación, a partir de su posición metodológica fundada en el estructural -
funcionalismo. Sabemos que el estructural - funcionalismo es una estrategia de
investigación, y, como tal muy valiosa, como lo hemos puesto de manifiesto en alguna
oportunidad, pero también tiene sus limitaciones.
Las definiciones dadas por Angell, Reuter, Geiger y Bernsdorf, Ottaway, etc. son
más generales, y quizás, más imprecisas, pero más correctas. Este mismo criterio
hemos de utilizar nosotros en esta oportunidad. En concreto, Sociología de la
Educación es la sociología especial que analiza y explica la socialización y la
educación como procesos sociales, así como las relaciones entre la educación y la
sociedad en el presente y en el pasado. De esta definición se desprende, según
nuestro criterio, toda la problemática de la sociología de la educación.
En efecto, cuando decimos que esta es una sociología especial, queremos
significar: a) que se trata de sociología, y por lo tanto, de un conocimiento científico de
la realidad social, es decir, de las relaciones sociales que se logran con conceptos,
teorías, métodos e intenciones sociológicas; y b) que se trata de una sociología que
concentra su atención en su aspecto de la realidad social: la socialización y la
educación, es decir, las relaciones sociales educativas, exclusivamente, y por cierto,
en sus vinculaciones y productos, en el presente y en el pasado. Este planteo da
origen, por un lado, a la sociología sistemática de la educación, y por el otro, a la
sociología histórica de la educación. Estas son sus dos partes fundamentales.
Sabemos que no es prudente hablar aún de una sociología sistemática de la
educación, si pretendemos defender una que sea científica y positiva. Las
investigaciones en este campo son muy escasas. La sistematización mínima de una
ciencia positiva requiere un conjunto de hipótesis científicamente comprobadas que
todavía no ha alcanzado la sociología de la educación. Por eso, podemos hablar, por
el momento, de una sociología “analítica” de la educación, pero sin apartar de
nuestros ojos la idea de la sistematización. De esta manera proponemos un esquema
básico abierto a las nuevas contribuciones científicas, evitando los sistemas cerrados
fundados sobre bases exclusivamente teóricas o filosóficas. La sociología histórica de
la educación es el complemento básico de la sistemática. Como sabemos, el objeto
de la sociología no se agota en el presente y, siendo la realidad social radicalmente
histórica, no se puede prescindir tan fácilmente de este aspecto. En estas páginas no
nos enfrentamos con esta temática. De la definición dada hemos extraído, como se
puede ver, las dos partes principales de la sociología de la educación.
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La sociología sistemática de la educación, también consta de dos partes. La
primera es una parte general y analítica que trata, fundamentalmente, el conjunto de
la formación de la persona social, que permite distinguir, con toda claridad, el
concepto de socialización y el concepto de educación. ambos permiten distinguir
analíticamente el proceso de formación de la persona social como proceso social. Si
la socialización es un proceso general de formación de la persona social, la educación
es un proceso especial de formación de la persona social, con determinadas
características; si en la socialización se trata con las “fuerzas formativas generales”,
en la educación se trata con las estructuras, instituciones y agentes con funciones
típicamente educativas. Con ello se toca el objeto específico de la sociología de la
educación, que sería la parte especial y concreta. Esta parte, a su vez, abarcaría dos
áreas. Una de tipo global, referida a las relaciones de la educación con la sociedad
global y sus procesos y a las relaciones de la educación con las distintas estructuras
sociales y sus procesos, y, otra de tipo específico, referida a la estructura y funciones
del proceso educativo escolar en sus distintos niveles y modalidades. De esta
manera, en líneas muy generales, hemos tratado de fijar, en el curso de este libro, la
problemática de la sociología de la educación. Si algún mérito tiene este planteo es
que se apoya en un aspecto único para sistematizarla. Como ya lo afirmamos, existe
un riesgo porque se han hecho muy pocas investigaciones concretas. Sin embargo, el
riesgo deberá afrontarse para fomentar investigaciones que consideremos
indispensables. Como ya destacamos, toda ésta problemática tiene un carácter
provisorio, es decir, queda para ser confirmada o rechazada por la investigación. Solo
muy pocos ámbitos se apoyan en conclusiones científicas, aunque en casi todos ellos
hay ya un conjunto de conocimientos sociológicos suficientes para extraer una
conclusión.
Por último, quisiéramos destacar que este planteamiento tiene dos fuentes de
inspiración, la una directa y la otra indirecta. La primera se encuentra en el valiosísimo
trabajo de Theodor Geiger publicado en la revista Erziehung en el año 1930 y la
utilísima síntesis de Willhelm Bernsdorf, aparecida en el Wörterbuch der Soziologie,
en el año 1955. Estos autores, sobre todo el primero, son completamente ignorados
por la bibliografía norteamericana. La segunda, y como fuente indirecta, se encuentra
en los trabajos sobre la educación que publicó Karl Mannheim, en Londres, durante
su exilio. No obstante, son obras que aparecieron en inglés, no figuran -a pesar de su
valor teórico- en la bibliografía norteamericana. Los ingleses, por el contrario, las
utilizan con mucha frecuencia, y parten, casi exclusivamente, de sus planteamientos.
Con esta aclaración, quisiéramos reivindicar algunos autores de la sociología de la
educación que tienen un valor extraordinario, no obstante, son trabajos teóricos, qué
se encuentran olvidados en la bibliografía de los Estados Unidos y que, por rara
paradoja, es donde se halla la mayor cantidad de material científicamente
aprovechable.
2. El Carácter Analítico de la Sociología de la Educación
La necesidad de una parte general y analítica, dentro de la sociología de la
educación, se destaca claramente en el momento presente cuando se tiene a la vista
la conceptualización existente sobre el proceso educativo, sin ninguna posibilidad de
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lograr un acuerdo básico para iniciar una tarea estrictamente científica. A partir de
Durkheim, cada sociólogo que se ha ocupado de la educación se ha sentido con la
obligación, y la necesidad, de conceptualizar el proceso y el fenómeno educativo y,
por lo general -lo que no deja de ser una paradoja- de hacerlo de una manera distinta,
hasta el punto de que la aceptación de uno u otro concepto casi implica quedar en las
mallas de una escuela o de un sistema, sean ellos sociológicos, pedagógicos o
filosóficos. Una sociología de la educación que pretenda elaborar una teoría científica
de la educación, no puede admitir bajo ningún concepto este punto de partida. “Las
ortodoxias y heterodoxias -ha dicho con notable precisión Radcliffe Brown- no tienen
cabida dentro de las ciencias”. Por lo tanto, nada sería más pernicioso, en el momento
presente en que se está buscando una sistematización, que embarcarse en un
sistema o escuela.
Las definiciones de los procesos formativos, por lo general, han estado
“presionadas” por exigencias de la pedagogía, con lo que, desde una perspectiva
sociológica, se abandonaba el análisis objetivo y escueto de los mismos. Por otra
parte, y al margen de estos vicios iniciales, las definiciones existentes han sido
demasiado imprecisas, con conceptos mal definidos hasta el punto que no permiten
distinguir fenómenos y procesos distintos, aunque estrechamente ligados, o han sido
demasiado “operativas” con reducciones de los procesos, de por sí universales, a las
posibilidades teóricas de la sociología en el momento presente o a un tipo de
educación dado en una sociedad y en un momento determinado. Ambas definiciones
tienen gran repercusión teórica y práctica en el conocimiento de los procesos de
formación y de educación. Una parte general y analítica, dedicada exclusivamente a la
definición de los conceptos y a la distinción de los fenómenos y procesos semejantes,
es absolutamente necesaria, lo que no se aprecia en la bibliografía norteamericana
contemporánea, y que, con muchas imprecisiones se ve en Durkheim.
Esta parte busca distinguir claramente los procesos de formación: el de
socialización y el de educación. De estas distinciones surgirán las respectivas
definiciones, buscando, en lo posible, atenerse estrictamente a la realidad del proceso
de qué se trata. El fundamento de una ciencia radica en la claridad de sus conceptos,
de tal suerte que, por un lado, capte correctamente el fenómeno y, por el otro, lo haga
comprensible y válido para todos. Aquí encuentra su fundamento la universalidad de
las ciencias. Por lo tanto, esta parte general y analítica tiene un carácter fundamental
y, por eso trata exclusivamente de las definiciones básicas de la disciplina, pero
ateniéndose a la realidad de los fenómenos y de los procesos tal como se presentan.
Para lograr estos objetivos generales, la sociología de la educación en el
momento presente, cuenta con una considerable cantidad de investigaciones
empíricas hechas por varias de las ciencias del hombre (biología medicina
antropología psicología sociología etc.), y con un método científico lo suficientemente
objetivo como para que sus conclusiones tengan validez universal y una técnica de
análisis lo suficientemente evolucionada como para que sus síntesis tengan validez
lógica. Sólo sobre estas bases es posible una sociología sistemática de la educación,
es decir, la síntesis de todas las conclusiones científicas, debidamente comprobadas,
a un sistema que por el momento, no puede tener un carácter cerrado y
absolutamente general. Creemos que, en algunos aspectos del proceso educativo, tal
cosa es posible en el momento presente, al menos, como un intento provisorio para
poner algo de orden en la teoría y en la investigación en este ámbito especial de la
sociología.
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Con todo, quisiéramos hacer dos advertencias importantes. Si bien ambas
tienen un carácter general, vinculadas a la propia sociología, cuando se trata del
proceso educativo tienen mayor importancia. Por un lado, quisiéramos destacar el
campo de la sociología de la educación frente a la psicología pedagógica y a la
psicología social. Si de algún vicio adolece la bibliografía moderna sobre la sociología
de la educación, especialmente la norteamericana, es que no ha podido distinguir lo
exclusiva y específicamente sociológico de lo exclusiva y específicamente psicológico
cuando se ha enfrentado con el proceso educativo. Por eso, casi todos los autores
norteamericanos de los últimos tiempos -y entre ellos los más significativos- se han
visto obligados a incluir capítulos de psicología pedagógica o de psicología social en
las obras de sociología de la educación. Esta es una falla que se advierte,
insistentemente, quizá por influencia de un rígido “conductismo” y por la mayor
evolución teórica de la psicología como ciencia positiva frente a la sociología. De
cualquier manera, creemos que es absolutamente necesaria la distinción. Hay que
elaborar teorías empíricas sobre la educación desde una perspectiva sociológica y no
apelar al recurso de las teorías psicológicas. El problema está, precisamente, en las
definiciones. Cualquier ciencia social puede definir un determinado fenómeno de la
realidad social, pero nunca basándose en las categorías descriptivas de esa realidad -
que son comunes a todas las ciencias sociales- sino en las categorías analíticas
propias de cada una de ellas. Estas categorías van a precisar, analíticamente, el
fenómeno o el proceso que se estudia, y sobre ellas hay que elaborar las teorías. Por
eso, en el presente trabajo adoptaremos una perspectiva exclusivamente sociológica
para enfrentarnos con el proceso educativo, es decir, con categorías analíticas de la
sociología, con conceptos de esta ciencia, y por cierto, con intención sociológica.
Queríamos destacar, en forma clara y terminante, el campo de la sociología de
la educación “en” (no decimos “frente a”) la sociología general; resumiendo cuentas,
quisiéramos quedarnos en la problemática específica de la sociología de la educación.
Esto implica una serie de peligros y de restricciones de carácter técnico, ya que
presupone ciertas bases generales de la problemática sociológica. Pero la sociología
de la educación es una rama especial de la sociología, por lo tanto, intrínsecamente,
presupone una sociología general. Si bien con esta actitud restrictiva podemos ser
malinterpretados, hemos preferido correr el riesgo en función de nuestra intención al
hacer este trabajo. Esta obra que desea ser una “introducción a la sociología de la
educación”, de carácter analítica -y a la que podría seguir otra de carácter sistemático
y una tercera de carácter histórico- busca fundar científicamente una teoría
sociológica de la educación, ante el desconcierto que nos ha producido el
planteamiento existente en la bibliografía más moderna y las omisiones en que ha
incurrido la sociología de la educación norteamericana, que es la más evolucionada
científicamente.
La sociología de la educación, no obstante, el grado de desarrollo teórico en
algunos aspectos y la falta de investigaciones concretas en otros, está en condiciones
de contar con una teoría empírica propia, abierta y lograr una sistematización de sus
conclusiones científicas. Pero para esto, debe distinguir su campo frente a la
psicología social y a la psicología pedagógica y en la sociología general. Para esto
debe definir correctamente el objeto de su conocimiento y distinguir los fenómenos y
procesos semejantes y justificar la ocupación con ellos de la sociología. A partir de
este análisis, se desprenderán los problemas específicos de la sociología de la
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educación. Se logra un “criterio” para la sistematización de las conclusiones
científicamente comprobadas, dentro del conjunto de hipótesis empíricamente
comprobadas que existen en el campo de la educación y que no es completo. Por
eso, nuestro intento tiene un carácter abierto y provisorio: se trata de elaborar una
“estrategia” de análisis sociológico para comprender y explicar el proceso educativo
como proceso social.
3. La Sociología como Ciencia Auxiliar de la Pedagogía
Antes de entrar en este tema conviene destacar que, para una serie de
pedagogos y sociólogos, la educación es un fenómeno y un proceso exclusivamente
pedagógico, por lo tanto, objeto de conocimiento exclusivo de la pedagogía. Por eso
se empezó a hablar de la sociología como ciencia auxiliar de la pedagogía, en la
medida en que aquella le ofrece una serie de conclusiones y diagnósticos de la
sociedad que le pueden ser útiles a ésta, tanto para su elaboración teórica como para
su aplicación práctica.
Planteado el problema de esta manera -y sin entrar a discutir si la educación es
objeto de conocimiento sólo de la pedagogía- se trataría de saber cómo y en qué
medida puede auxiliar la sociología a la pedagogía, para que esta pueda entender y
explicar mejor el objeto de su conocimiento. No conviene olvidar que este tema
plantea el problema de las relaciones entre la pedagogía y la sociología. La sociología
es una ciencia positiva apoyada y sostenida sobre conclusiones empíricamente
comprobadas; esto implica que es una ciencia independiente y autónoma. Por eso
cuando se habla de ciencia auxiliar de la pedagogía no se quiere significar que la
sociología sea la única ciencia auxiliar, sino solamente que se trata de una ciencia
auxiliar, con la misma importancia y jerarquía que, por ejemplo, la psicología, la
biología, la antropología, etc; ni tampoco se desea significar que la pedagogía pierda
su existencia autónoma e independiente como conocimiento de la realidad educativa.
No creemos que estas aclaraciones carezcan de sentido, ya que las
“susceptibilidades” que todavía existen en el campo científico -y en este caso, entre
los pedagogos- han tenido lamentables consecuencias para plantear los problemas de
las relaciones entre la pedagogía y la sociología, quizá como consecuencia de los
excesos que han cometido algunos sociólogos (Durkheim, por ejemplo).
Al sostener que la sociología es para la pedagogía una ciencia auxiliar, se
supone que tiene un objeto de conocimiento que puede auxiliar a la pedagogía. Las
pedagogías sociológicas pusieron claramente de manifiesto la importancia de la
sociología -y la exageraron para el conocimiento pedagógico- porque la educación se
daba siempre en un contexto social. Y así la sociología, como ciencia descriptiva,
analítica y explicativa de este contexto social, puede auxiliar considerablemente a la
pedagogía para lograr una mejor comprensión del fenómeno educativo y, sobre todo,
para una mejor “aplicabilidad” de las conclusiones y objetivos pedagógicos. En
consecuencia, las conclusiones de la sociología sirven para “controlar” mejor el
proceso educativo en la medida en que la sociedad se presenta como un factor de
“resistencia” o un factor de “incentivación” de ese mismo proceso. Pero también sirve
para explicar mejor la así llamada “educación espontánea o funcional” que escapa a
las categorías pedagógicas, entre otras razones, porque se trata de manifestaciones
de la misma sociedad.
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La sociología así se presenta “Útil” para la pedagogía cuando trata y aclara esos
fenómenos. Se trataría de la ayuda que presta a la pedagogía la sociología (general) y
que es la misma que le presta a otros conocimientos en la medida que se relacionan
con los fenómenos humanos que se dan siempre en un contexto social (la ciencia
jurídica, la ciencia política, la economía etcétera). Dentro de este ámbito hay
problemas que son muy importantes (y útiles) para la pedagogía, tales como la
organización escolar, tanto en su aspecto formal como informal; la estructura y tipo
familiar, la temática de las comunidades (rural y urbana), el problema de la “profesión
del maestro”, de las instituciones religiosas, etcétera; que son temáticas propias de la
sociología. En esta importante temática conviene destacar -ya que hay muchas
confusiones al respecto- que en ningún caso estamos ante temáticas propias de la
sociología de la educación, sino de la sociología general o de otras sociologías
especiales. Como tales, son elementos y conclusiones que “auxilian” a la pedagogía y
que esta debe aceptar para llevar a la práctica sus propias conclusiones y para
elaborar “su” teoría de la educación.
A esta temática específica de las sociologías especiales, se agregan otras que
también pueden ser de gran utilidad para el pedagogo, como la de la aclaración de los
sistemas sociales generales, del proceso de cambio social, de la estratificación social
de las funciones sociales, de la comunicación de masas, etcétera. Estas conclusiones,
siempre se le presentan a los pedagogos como factores de “resistencia” o de
“incentivación” para el proceso educativo.
De lo dicho se desprende que la sociología (general) y las sociologías
especiales sólo cumplen la función de facilitar a la pedagogía la explicación y la
aplicación de las conclusiones pedagógicas. Por eso, son “ciencias auxiliares” de la
pedagogía. La educación como fenómeno y como proceso sigue siendo objeto de las
ciencias de la educación; y, por cierto, de la pedagogía.
La sociología (general) y las sociologías especiales pueden auxiliar -y mucho- a
la pedagogía, pero en la misma medida en que lo pueden hacer la psicología, la
historia, la economía, etcétera. Este carácter auxiliar, sin embargo, no impide que la
sociología trate el mismo fenómeno educativo -como fenómeno social- qué es lo que
justifica la existencia de la sociología de la educación como una ciencia más de la
educación. Estamos en presencia de las relaciones entre la pedagogía y la sociología
general o las especiales; en ningún momento estamos en presencia de las relaciones
entre la pedagogía y la sociología de la educación. En la medida en que la sociología
no trate con el fenómeno educativo como tal, en cualquier contexto en que se
presente (la escuela, la familia, la iglesia, la clase, etc.) como fenómeno social, no
existe la sociología de la educación. Es el “fenómeno” y no el “ámbito” en que se da el
fenómeno el objeto de la sociología de la educación.
Dentro de esta posición se encuentran pedagogos y sociólogos (¿de la
educación?) de gran relieve y, nos atreveríamos a decir -aunque no es siempre cierto-
que es la posición “ortodoxa” en el campo de la pedagogía y la sociología (¿de la
educación?) de los Estados Unidos en el momento presente. John Dewey, con su
libro “The school and society”, quizá sea el iniciador de esta línea. Por eso se lo ha
tenido siempre como un pedagogo social y pragmático. También figuran en esta línea
una serie de pedagogos de tendencia psicológica y algunos sociólogos venidos del
campo de la pedagogía que han tratado los problemas de los “grupos pequeños”, de
los “espacios sociométricos”, de la psicología del niño y del adolescente, de las
organizaciones escolares, de la formación de grupos informales, de origen social de
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los estudiantes, de la profesión del maestro, etc. Muchas de las investigaciones y de
los estudios hechos en Estados Unidos en los últimos años -y que se los rotula:
“sociología de la educación”- han tomado, consciente o inconscientemente, a la
sociología como una ciencia auxiliar de la pedagogía. Esto, por cierto, no es ningún
vicio, ya que es importante y significativo para ambas ciencias; se vuelve vicio cuando
se la toma como sociología de la educación.
Las relaciones entabladas entre la pedagogía y la sociología (la general o las
especiales) constituyen un signo positivo de maduración científica en la medida en
que se han iniciado con una serie de investigaciones en el campo sociológico que
pueden ser muy importantes para la reelaboración de la teoría pedagógica, sobre
bases más “reales y empíricas”. También es un signo positivo para la misma
sociología -aunque el número de investigaciones no sea muy abundante- en la
medida en que le provee de nuevos materiales obtenidos en un ámbito hasta hace
muy poco inexplorado. Las escuelas, en gran medida -dada la facilidad que ofrece,
tanto desde el punto de vista del “campo” como desde el punto de vista económico- se
están convirtiendo en los “laboratorios” naturales de muchas investigaciones
sociológicas y, muy especialmente, de los aspirantes a los doctorados
norteamericanos para hacer estudios de “liderazgos” infantiles, de “comunicaciones”
de organizaciones informales en pequeños grupos, de nivel de aspiraciones, de
valores, etc. Esto, naturalmente, redunda en beneficio de la pedagogía y la sociología
se le presenta como una ciencia auxiliar y -en beneficio de la sociología-. Por eso,
este tipo de relación es muy importante y va a desempeñar un papel muy decisivo en
el posterior desarrollo de la teoría pedagógica. Esta relación debe aceptarse como un
signo muy promisor.
4. La sociología de la Educación como Ciencia de la Educación
Cuando se plantea el problema de las relaciones entre la sociología y la
pedagogía, se sostiene que se trata de dos ciencias independientes y autónomas, que
se pueden ayudar o auxiliar mutuamente, tanto en sus conclusiones específicas (que
pueden servir a ambas), como en la comprensión de un mismo fenómeno (en este
caso, el fenómeno educativo). Todas las ciencias -y muy especialmente las que tratan
con el comportamiento humano- se necesitan mutuamente, porque la estructura de la
conducta tiene una unidad interna unívoca. Lo importante de esta temática se da en el
hecho de que es necesario, teóricamente, tener los campos perfectamente
delimitados, sin que se falsee el contenido científico de ambas ciencias (como en el
caso de las “pedagogías sociológicas”) o sin que se oriente la investigación por una
vía “intolerable” para alguna de ellas (la orientación valorativa del conocimiento
sociológico).
La sociología analítica del siglo XX depuró los vicios teóricos de la sociología
enciclopédica del siglo XIX; pero cuando se enfrentó con el fenómeno educativo, en
sus relaciones con la pedagogía, sea por abuso del sociólogo (como en el caso de
Durkheim) o sea por susceptibilidad de los pedagogos (como en el caso de Fischer) o
por desorientación del sociólogo de la educación (como en el caso de muchos
norteamericanos), se planteó falsamente el problema del fenómeno educativo para
ambas ciencias. La discusión giró alrededor de si el fenómeno educativo es exclusiva
y excluyentemente social o si es pedagógico.
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Cuando nosotros planteamos el problema de las relaciones entre la pedagogía y
la sociología como ciencias independientes, queremos significar, saliéndonos de la
problemática hasta ahora vista, de las relaciones de dos ciencias cuando ambas
tratan el “mismo” fenómeno en nuestro caso, el proceso educativo. Pero esto implica,
como mínimo, que este proceso es tanto pedagógico como social (y psicológico, y
biológico, etc.); que puede ser objeto de estudio de la pedagogía como de la
sociología y la psicología y la biología etc.
Las relaciones, en consecuencia, entre la pedagogía y la sociología se limitan
en este caso, que no agota el tipo de relaciones entre ambos conocimientos, a las
relaciones entre la pedagogía y la sociología de la educación, como una sociología
especial que trata el proceso educativo como social, ya que, según lo han puesto de
manifiesto las pedagogías sociológicas (y sobre todo Durkheim), es un proceso de
esta índole, y que los que sostenían que la sociología es solo una ciencia auxiliar de
la pedagogía lo han olvidado, al menos, en muchos casos. Claro está que hay que
demostrar que el proceso educativo es social; pero esta temática la trataremos con
posterioridad.
Las relaciones entre la pedagogía y la sociología de la educación se presentan
en el ámbito de las conclusiones que, sobre el mismo objeto de conocimiento, pueden
dar estas dos disciplinas; esto se funda en la complejidad del mismo fenómeno
educativo. Cada uno de estos conocimientos “descubrirá”, en el mismo proceso,
aspectos o facetas diferentes, ya que las intenciones, el aparato conceptual y las
teorías en las que se apoyan son diferentes. Lo que el conocimiento reclama, al
margen de las “susceptibilidades profesionales” de pedagogos y sociólogos, es la
comprensión de “todo el proceso educativo”, al cual deben contribuir varias ciencias
de la educación. En este nivel se presenta el problema de sociología de la educación
como ciencia de la educación.
Las conclusiones de la sociología de la educación no agotan el proceso
educativo ni las relaciones entre la pedagogía y la sociología (general) o las
sociologías especiales. Esto ya lo hemos visto en el párrafo anterior. Esperamos que
con ello se eviten equívocos y falsas interpretaciones.
Que la educación sea objeto de la pedagogía es un asunto que no lo pondremos
en duda en esta oportunidad. En última instancia es un problema de los pedagogos.
Pero que la educación sea objeto de la sociología es algo que deberá demostrarse,
porque el solo hecho de que el fenómeno educativo sea social no justifica que sea la
sociología la única ciencia encargada de estudiarlo, sobre todo, cuando vemos las
conclusiones de otras ciencias de la educación como, por ejemplo, de la psicología
pedagógica que también enfrenta el proceso educativo como proceso social.
Sin embargo, para nuestros fines, tenemos que admitir que el proceso educativo
es social. En haber descubierto este aspecto se encuentra el gran mérito de Émile
Durkheim. Pero esto no implica que el proceso educativo sea exclusivamente social.
Negamos de plano la posición de los que admiten que sea exclusivamente
pedagógico y la de los que admiten que la sociología es solo una ciencia auxiliar de la
pedagogía. Sostener esto es negar toda posibilidad de que la sociología de la
educación se acerque al fenómeno educativo y sea una ciencia de la educación.
Cuando se trata el problema de las relaciones entre dos ciencias que estudian
un mismo proceso hay que cuidarse para evitar el principio de la “imprescindibilidad”
porque inadvertidamente se cae en un “compromiso”. De aquí se desprende el
carácter de ciencias independientes y autónomas, en el sentido de su
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conceptualización, de su metodología y, sobre todo, de su teoría de cada una de las
ciencias de la educación. Cada una conserva su ámbito de actuación y de estudio,
porque la perspectiva analítica es diferente, aunque el proceso sea el mismo. Por
ejemplo, no se puede dudar que a la pedagogía le corresponde siempre la decisión
educativa y la fijación de los fines y objetivos de la educación, el estudio del “acto”
educativo y de su contenido específico, el estudio de los medios, procedimientos y
medidas necesarias para conducir la educación y lograr su resultado, la “evaluación”
general del proceso educativo, etc. A la sociología de la educación, por su parte, le
corresponderá el estudio del proceso educativo como importante proceso social (el
aparato conceptual y teórico define esta diferencia analítica) así como las relaciones
de la educación con la sociedad; en consecuencia, pretende describir, analizar y
explicar el proceso educativo y cualquiera que sea el contexto social en que se
presente (escuela, familia, grupo de pares, etc.). Pero hay que recordar siempre que
la sociología de la educación es: a) sociología, es decir, un conocimiento que se hace
con una conceptualización, con un método y sobre una teoría sociológica; y b) una
sociología especial, es decir, un conocimiento que se enfrenta única y exclusivamente
con el proceso educativo como proceso social.
Creemos que solo sobre estas bases se puede hablar de la sociología de la
educación como ciencia de la educación; y no solo sobre estas bases se la puede
fundamentar y hacer un trabajo interdisciplinario con otras ciencias y con la pedagogía
como teoría general de la educación. Las relaciones entre la pedagogía y la sociología
de la educación son muy necesarias en el momento presente, dada la confusión
existente, tanto teórica como práctica. También es necesaria la relación entre la
pedagogía y la sociología general o las especiales (de la organización, de las
ocupaciones, de la familia, de la religión, de la Juventud, etc.), según ya lo pusimos de
manifiesto.
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