“El Coquena”
En la puna Catamarqueña y en el
norte argentino habita nuestro
legendario personaje, hijo de la
Pachamama, guardián de los
rebaños, tropero de las nubes y
de las altas cumbres y volcanes,
sembrador de tormentas y del
viento blanco, “Coquena”. Un
enanito misterioso, una deidad
que todo lo ve y siente, viste
casaca y pantalón de vicuña,
también diminutas ojotas y un
ancho sombrero de suave pelo,
protege permanentemente a los
animales autóctonos de los maltratos, abusos y crueldades de
algunos humanos.
Desde las alturas contempla todo lo que sucede sin ser visto, sólo
se escucha su potente silbido, que es una suerte de mágico
llamado. Todos le temen, por ello evitan matar vicuñas, llamas y
otros camélidos con armas de fuego.
La leyenda cuenta que cuando se ve animales pastando sin la
compañía de un pastor, dicen los lugareños que es Coquena quien
guía la manada hacia los pastos y vegas más abundantes y tiernas;
arrea rebaños cargados con oro y plata por toda la puna para que
sus riquezas no se agoten.
Si alguien lo ve es signo de un mal presagio, la visión es de sólo un
instante y luego se transforma en un espíritu.
Para pedirle permiso a Coquena para cazar y matar algún animal
por necesidad, deben presentar y dejar ofrendas encima de una
Apacheta: harina cocida, alcohol, yista, tabaco y hojas de coca son
parte de las ofrendas más usuales y valiosas que deben ser
depositadas para él. De éste modo, protegerá, guiará a los
pastores, hacia los rebaños más gordos y numerosos.
Coquena castiga cruelmente a los que maltratan el ganado en los
arreos, cuando las bestias vienen cargadas de provisiones o de sal
y que ha quitado arreos enteros de llamas y vicuñas a quienes no
valoraron los dones otorgados y ha premiado a los buenos
pastores regalándoles oro y plata, salvándolos del temible Viento
Blanco.
La puna, las quebradas, los cerros, las inmensas soledades son su
reino, su hogar es en definitiva la tierra misma.
Es y será por siempre el legendario cuidador de Los Andes.