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Revolución Francesa: Libertad y Cambio

La Revolución Francesa, que tuvo lugar entre 1789 y finales de 1790, fue un periodo de agitación social y política que derrocó la monarquía y transformó la estructura social de Francia, promoviendo ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Las causas incluyeron profundas desigualdades sociales, una crisis económica y la influencia de las ideas de la Ilustración, que llevaron al Tercer Estado a proclamarse como Asamblea Nacional. A pesar de su violencia y radicalismo, la revolución dejó un legado duradero al sentar las bases de la democracia moderna y los derechos humanos en Europa y el mundo.

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Revolución Francesa: Libertad y Cambio

La Revolución Francesa, que tuvo lugar entre 1789 y finales de 1790, fue un periodo de agitación social y política que derrocó la monarquía y transformó la estructura social de Francia, promoviendo ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Las causas incluyeron profundas desigualdades sociales, una crisis económica y la influencia de las ideas de la Ilustración, que llevaron al Tercer Estado a proclamarse como Asamblea Nacional. A pesar de su violencia y radicalismo, la revolución dejó un legado duradero al sentar las bases de la democracia moderna y los derechos humanos en Europa y el mundo.

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La Revolución Francesa: Un Torbellino de Libertad, Igualdad y

Fraternidad
La Revolución Francesa, que se extendió tumultuosamente desde 1789 hasta
finales de la década de 1790, marcó un punto de inflexión trascendental en la
historia no solo de Francia, sino de toda Europa y, por extensión, del mundo.
Con su famoso grito de "Liberté! Égalité! Fraternité!", este período de agitación
social y política radical derrocó siglos de monarquía, trastocó la estructura
social feudal y sembró las semillas de la democracia moderna y el
nacionalismo.
Las causas de la Revolución fueron complejas y multifacéticas. Durante el siglo
XVIII, Francia, a pesar de ser un centro de la Ilustración y una potencia
europea, sufría profundas desigualdades sociales y una grave crisis económica.
La sociedad estaba dividida en tres estamentos: el clero, la nobleza y el Tercer
Estado, este último compuesto por la vasta mayoría de la población,
incluyendo campesinos, artesanos y la burguesía. Los dos primeros estamentos
gozaban de numerosos privilegios, incluyendo la exención de impuestos,
mientras que el Tercer Estado soportaba la pesada carga fiscal y carecía de
poder político significativo.
Las ideas de la Ilustración, con sus énfasis en la razón, los derechos
individuales y la soberanía popular, proporcionaron un marco intelectual para
cuestionar el orden establecido. Filósofos como Rousseau y Montesquieu
abogaban por la separación de poderes y la igualdad ante la ley, ideas que
resonaron con fuerza entre la creciente burguesía, que había adquirido poder
económico pero era excluida de la toma de decisiones políticas.
La crisis económica, exacerbada por las costosas guerras en las que Francia se
había involucrado y el derrochador estilo de vida de la monarquía, llevó al país
al borde de la bancarrota. Las malas cosechas de finales de la década de 1780
provocaron una escasez de alimentos y un aumento de los precios, lo que
generó un profundo malestar entre las clases populares.
En este contexto de tensión social, económica y política, el rey Luis XVI
convocó a los Estados Generales en mayo de 1789, una asamblea que no se
reunía desde 1614, con la esperanza de encontrar una solución a la crisis
financiera. Sin embargo, las demandas del Tercer Estado de votar por cabeza,
en lugar de por estamento, llevaron a un punto muerto. En un acto
revolucionario, los representantes del Tercer Estado se constituyeron en la
Asamblea Nacional, proclamando su derecho a redactar una nueva constitución
para Francia.
El 14 de julio de 1789, la toma de la Bastilla, una prisión real símbolo de la
opresión monárquica, marcó el inicio simbólico de la Revolución. Este evento
desencadenó una ola de levantamientos populares en todo el país, conocido
como el "Gran Miedo", durante el cual los campesinos atacaron castillos y
quemaron registros feudales.
La Asamblea Nacional promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano en agosto de 1789, un documento fundamental que proclamaba
la igualdad de todos los hombres ante la ley, la libertad de expresión y la
soberanía de la nación. Se abolieron los privilegios feudales y se confiscaron las
propiedades de la Iglesia.
Sin embargo, la Revolución tomó un giro cada vez más radical. La monarquía
fue abolida en 1792 y Luis XVI fue ejecutado en 1793. Bajo el liderazgo de
figuras como Robespierre y el Comité de Salvación Pública, se instauró el
período conocido como el "Terror" (1793-1794), durante el cual miles de
"enemigos de la revolución" fueron guillotinados.
Finalmente, el extremismo del Terror llevó a la caída de Robespierre y al
establecimiento del Directorio, un gobierno más moderado pero inestable. La
Revolución Francesa llegó a su fin con el golpe de Estado de Napoleón
Bonaparte en 1799, quien estableció el Consulado y, posteriormente, el
Imperio Francés.
A pesar de su turbulento y a menudo violento curso, la Revolución Francesa
dejó un legado imborrable. Difundió los ideales de libertad, igualdad y
fraternidad por toda Europa y el mundo, inspirando movimientos
revolucionarios y reformas políticas. Marcó el fin del absolutismo monárquico y
el surgimiento de la ciudadanía y el nacionalismo como fuerzas políticas
poderosas. La Revolución Francesa sentó las bases para la democracia
moderna y los derechos humanos, cuyo impacto continúa resonando en la
actualidad.

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