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Ejercicios de Puntuación en Lengua y Literatura

El documento contiene ejercicios de signos de puntuación para estudiantes de segundo año de Lengua y Literatura, incluyendo el uso de comas, puntos y comas, puntos, dos puntos, puntos suspensivos, paréntesis, comillas, y signos de admiración e interrogación. Cada sección presenta oraciones y textos donde los alumnos deben insertar la puntuación correcta. Además, se incluyen fragmentos literarios como ejemplos para el ejercicio.
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Ejercicios de Puntuación en Lengua y Literatura

El documento contiene ejercicios de signos de puntuación para estudiantes de segundo año de Lengua y Literatura, incluyendo el uso de comas, puntos y comas, puntos, dos puntos, puntos suspensivos, paréntesis, comillas, y signos de admiración e interrogación. Cada sección presenta oraciones y textos donde los alumnos deben insertar la puntuación correcta. Además, se incluyen fragmentos literarios como ejemplos para el ejercicio.
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2do año Lengua y Literatura- Prof.

Laura Romano

Ejercicios de Signos de Puntuación

I. Ejercicios de la coma

Coloque las comas donde correspondan.

1. Compré bufandas guantes y gorros para prepararme para el frío.

2. Ayer llovió mucho pero no me mojé.

3. José Preciado director del área de investigación no pudo asistir a la

reunión.

4. Además no creo que una planta nuclear sea la solución a la crisis

energética de nuestro estado.

5. Aunque el regalo incluía chocolates flores y joyas a Ana no le gustó la

sorpresa.

6. Estudié mucho para el examen sin embargo reprobé.

7. Carolina Montero gerente de ventas anunció el nuevo producto.

8. Por lo tanto la solución radica en los jóvenes.

9. La mujer aún pensando en su pasado miraba a través de la ventana.


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10. Rápidamente el asesino soltó el arma y se entregó a las autoridades.

11. La feria del barrio de La Boca promete ser muy buena.

12. Mariana la joven que te atendió se encargará de vos de ahora en

adelante.

13. Hoy me levanté tarde desayuné y me fui a trabajar.

14. A diferencia del resto de los mamíferos los ornitorrincos son ovíparos.

15. Si sabés manejar este software te contratamos.

16. A pesar de nuestras diferencias en el pasado he aprendido a quererte.

17. Los libros la ropa y la televisión se arruinaron por la lluvia.

18. Desgraciadamente son pocas las personas que visitan el museo.

19. Las ventas han estado bajas sin embargo hemos sabido mantener

nuestro producto en el mercado.

20. Repentinamente el auto giró y se volteó.

21. Independientemente de tu demora debemos tomar una decisión esta

semana.

22. Los tomates las zanahorias y el apio son de las pocas cosas que podrás

encontrar en nuestra heladera.

23. Jaime ¿qué hacés?

24. El director general Samuel Pérez nos dio un discurso de apertura.


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25. Si nos unimos la contaminación podrá disminuir de manera notable.

Coloque las comas que faltan en el texto.

Después de firmar dobló cuidadosamente el papel ajado y lleno de borrones y

se lo guardó en el bolsillo de la camisa. Caminó hasta la estación de correos

más próxima y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en

el umbral de una de las puertas. Dobló la mano izquierda fingiéndose manco y

extendió la derecha con la palma hacia arriba. Cuando reunió los cuatro

centavos necesarios compró el sobre y el sello y despachó la carta.

Tomado de “La Carta” de José Luis González.

II. Ejercicios del punto y coma

Coloque el punto y coma donde corresponda.

1. Concertamos una cita nos vimos poco tiempo después.

2. Arrepentida de sus acciones, María regresó al poco tiempo sin embargo,

ya nada era igual.

3. Del área de las verduras, compraremos lechuga, tomate y apio del área

de las frutas, compraremos manzanas, peras y mangos y del área de

lácteos, compraremos leche y queso.

4. Mi hermano había tomado la decisión de mudarse de la casa después,

vimos sus cosas desaparecer dentro de cajas que el camión de

mudanza llevaría.

5. Viene mucha gente compraré más comida.


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6. Nunca contestó mis llamadas nunca la volví a ver.

7. Las cosas eran diferentes por lo tanto, ya no me sentía en casa.

8. Hicimos primero las esferas del arbolito, las campanas y las coronas

después compramos muérdago, hilo y aguja y finalmente

complementamos todos los ornamentos para avivar el espíritu en la

casa.

9. Poca gente conoce realmente al hombre que vive ahí pocos se atreven

a entrar a su casa.

10. Los alumnos de 1º y 2º de secundaria son alumnos de la profesora

Laura los de 3º y 4º, de la profesora Yamila y los de 5º también son de

de esta última.

11. Los alumnos estudiaron durante todo el mes sin embargo, no lograron

ganar el concurso.

12. De Flores, vinieron dos competidores de San Telmo, fueron cuatro y de

Barracas, tuvimos a dos.

13. Se ha estado sintiendo muy mal por lo tanto, no creo que deba trabajar

hoy.

14. El arroz es básico en nuestra alimentación por lo tanto, no debe subir

mucho de precio.

15. Charles Chaplin fue un conocido cómico sus películas han incluso

llegado a nuestra época.


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III. Ejercicios del punto

Coloque los puntos que falten en el siguiente texto, así como las

mayúsculas cuando sea necesario.

Hace poco tiempo, Filiberto murió ahogado en Acapulco sucedió en Semana

Santa aunque había sido despedido de su empleo en la Secretaría, Filiberto

no pudo resistir la tentación burocrática de ir, como todos los años, a la pensión

alemana, comer el choucrout endulzado por los sudores de la cocina tropical,

bailar el Sábado de Gloria en La Quebrada y sentirse “gente conocida” en el

oscuro anonimato vespertino de la Playa de Hornos claro, sabíamos que en su

juventud había nadado bien; pero ahora, a los cuarenta, y tan desmejorado

como se le veía, ¡intentar salvar, a la medianoche, el largo trecho entre Caleta

y la isla de la Roqueta! Frau Müller no permitió que se le velara, a pesar de ser

un cliente tan antiguo, en la pensión; por el contrario, esa noche organizó un

baile en la terracita sofocada, mientras Filiberto esperaba, muy pálido dentro

de su caja, a que saliera el camión matutino de la terminal, y pasó acompañado

de huacales y fardos la primera noche de su nueva vida cuando llegué, muy

temprano, a vigilar el embarque del féretro, Filiberto estaba bajo un túmulo de

cocos: el chofer dijo que lo acomodáramos rápidamente en el toldo y lo

cubriéramos con lonas, para que no se espantaran los pasajeros, y a ver si no

le habíamos echado la sal al viaje

Tomado de “Chac Mool” de Carlos Fuentes.


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Complete las siguientes afirmaciones con alguna de las siguientes

palabras, según corresponda: oración, párrafo, texto.

El punto final cierra _______________________________

El punto y aparte cierra ___________________________

El punto y seguido cierra ___________________________

Coloque los puntos que faltan en el siguiente texto, así como las

mayúsculas cuando sea necesario.

La acumulación de basura en las calles las hacía intransitables con la huida

del alfabeto, ya no se podían escribir directrices; los magnavoces dejaban de

funcionar cada cinco minutos, y todo el día se iba en suplirlos con otros

¿necesito señalar que los basureros se convirtieron en la capa social

privilegiada, y que la Hermandad Secreta de Verrere era, de facto, el poder

activo detrás de nuestras instituciones republicanas? De viva voz se corrió la

consigna: los intereses sociales exigen que para salvar la situación se utilicen

y consuman las cosas con una rapidez cada día mayor los obreros ya no salían

de las fábricas; en ellas se concentró la vida de la ciudad, abandonándose a

su suerte edificios, plazas, las habitaciones mismas en las fábricas, tengo

entendido que un trabajador armaba una bicicleta, corría por el patio montado

en ella; la bicicleta se reblandecía y era tirada al carro de la basura que, cada

día más alto, corría como arteria paralítica por la ciudad; inmediatamente, el

mismo obrero regresaba a armar otra bicicleta, y el proceso se repetía sin

solución lo mismo pasaba con los demás productos; una camisa era usada
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inmediatamente por el obrero que la fabricaba, y arrojada al minuto; las bebidas

alcohólicas tenían que ser ingeridas por quienes las embotellaban, y las

medicinas de alivio respectivas por sus fabricantes, que nunca tenían

oportunidad de emborracharse así sucedía en todas las actividades.

Tomado de “El que inventó la pólvora” de Carlos Fuentes.

IV. Ejercicios de dos puntos

Coloque los dos puntos donde corresponda.

1. Pocas personas te podrán decir la verdad ese vestido es horrible.

2. Entonces me dijo “La sociedad es tu medio y tu fin; sin ella, no eres

nada”.

3. Reprobé tres materias Literaturas Prehispánicas, el Arte y sus Discursos

y Pensamiento y Lenguaje.

4. Se hizo el ruido la máquina había vuelto a funcionar.

5. Repasé con la mirada la habitación y sólo encontré un objeto que valiera

la pena llevar mi reloj de arena.

6. Sus ideas estaban claras él no iba a volver.

7. Me dijo la verdad “Estás equivocada”.

8. Regresé al lugar de los acontecimientos y fue inútil el daño ya estaba

hecho.

9. Entonces vi lo que había ocultado todo este tiempo de su mano

izquierda colgaba un horrible animal de aspecto macabro.


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10. María entonces contestó “No”.

V. Ejercicios de puntos suspensivos

Coloque puntos suspensivos o punto y final según corresponda.

1. Te extraño pero

2. Siempre quise tener un caballo

3. Las ideas se agolpaban en mi cabeza

4. No sabía lo que hacía, no

5. Tengo pena, tengo miedo, tengo sueño, tengo

6. Disfrutamos un rico desayuno

7. Cuando volamos sobre el volcán, podía sentir su tensión y nerviosismo

a mi lado

8. Te lo juro, yo

9. Vacilé al dar una respuesta pero por fin contesté con un ávido sí

10. Si tuviera un deseo

VI. Ejercicios de paréntesis

Coloque el par de paréntesis donde corresponda.


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1. La Comisión Nacional de Derechos Humanos CNDH hizo varias

declaraciones el día de ayer.

2. Las partes de la célula son varias ver Figura 1.1.

3. No se trataba sólo de recordar viejos tiempos los paseos por el parque,

los juegos de escondidillas y las travesuras infantiles, sino también de

crear nuevas memorias.

4. El panfleto de la universidad el que tomé sin permiso se encontraba en

mi escritorio sin haber sido leído.

5. Las dos palabras que intercambiaron hola y adiós aún resonaban en el

vacío de la habitación.

6. La Revolución Francesa dio lugar a un cambio radical en la estructura

política del país para más información, ir a la página 374.

7. En esta clase, se busca analizar los principales movimientos artísticos

en la literatura Romanticismo, Realismo y Neoclasicismo.

8. Laura la de verde es una mujer centrada y responsable.

9. La Secretaría de Educación Pública SEP ha realizado varias campañas

de alfabetización.

10. The Picture of Dorian Grey El Retrato de Dorian Grey fue la única novela

escrita por Oscar Wilde.

VIII. Ejercicios de comillas


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Coloque las comillas necesarias en las siguientes oraciones.

1. Juan Luis, el veloz, es uno de mis mejores amigos.

2. No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a vos es la

regla de oro.

3. Gustavo Adolfo Bécquer dijo alguna vez: cambiar de horizonte es

provechoso a la salud y a la inteligencia.

4. ¿Cómo se llama la canción que empieza con…volvamos a cero,

borrémoslo todo?

5. La palabra zimmer significa cuarto en alemán.

6. Mi frase favorita es una de Einstein: la imaginación es más importante

que el conocimiento.

7. Belén no sabe conjugar el verbo haber. Dice haiga en lugar de haya.

8. Romina me dijo: no sabés comportarte.

Coloque las comillas necesarias en el siguiente texto (6 pares).

Krech y Krutchfield, profesores de la Universidad de California y del Swathmore

College, respectivamente, han dejado en sus siete principios de la propaganda

el súmmum de este fenómeno social, y de su conocimiento a la hora presente;

pero para saber cómo es aplicado ese conocimiento, cómo vive y recorre el

aire y las imágenes, es necesario reparar en la historia contemporánea. Esa

historia la vivimos. Desde la guerra de 1914 hasta hoy seguimos oyendo

aquello de la guerra contra la guerra, el armamento para la paz, la


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autodeterminación de los pueblos, la defensa de la democracia, la lucha por la

justicia social. Desde entonces vemos cómo los propagandistas intentan

acentuar la especialización técnica y los motivos irracionales de las masas.

Tomado de “La propaganda o la nueva retórica” de Pablo González

Casanova.

IX. Ejercicios de signos de admiración e interrogación

Agregue los signos de admiración en interrogación que se han suprimido

en los siguientes textos.

5 signos de admiración y 1 de interrogación

Otra vez “El cuervo y la zorra”

El Cuervo, subido a un árbol, estaba no con un queso según dice la fábula

clásica, sí con un sangriento pedazo de carne en el corvo pico. Llegó el zorro.

El olor lo hizo levantar la cabeza, vio al cuervo banqueteándose, y rompió a

hablar.

—Oh hermoso cuervo Qué plumaje el tuyo Qué lustre No cantas, cuervo Si tu

voz es tan bella como tu reluciente plumaje, serás el más magnífico de los

pájaros Canta, hermoso cuervo

El cuervo se apresuró a tragar la carne, y dijo al zorro.

—He leído a La Fontaine.

Tomado de “El libro de la imaginación” de Álvaro Yunque.


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3 signos de admiración y 2 signos de interrogación

Piñata

Posadas A esta sola palabra brillan de entusiasmo los ojos infantiles, porque

para todos los niños significa nueve noches de cánticos, velitas, procesiones,

dulces y sobre todo… piñatas

Colgadas del centro del patio, oscilan en el aire, todas decoradas,

esperando el momento cumbre en que un niño, con los ojos vendados, tratará

de romperla de un golpe, provocando la lluvia de fruta.

Todos sabemos que las piñatas están formadas de una olla de barro

sobre la que se adhieren las más diversas decoraciones, pero quién concibe

estos ornamentos, qué manos colocan pacientemente adorno tras adorno,

para que en un momento dado zas todo el trabajo quede destruido, entre los

gritos y la algarabía de los niños.

Tomado de “Personajes de mi ciudad” de Sara Moirón.


Criaturas deL
imaginario
ArgentinO
Los demonios dE
Las pampaS
L
os griegos llamaron daimones a los genios que poblaban la vivencia del paisaje y sus misterios acoge ese numen
las potencias anímicas y daban vida a la fantasía que nos habitaba bajo la forma de monstruos a conjurar
de los hombres; la versión cristiana los transfor- con rezos y ensalmos, pero también con la creación de
mó en demonios. Vastas e innumerables han sido sus seres fantásticos que es preciso domar, ocurre lo mis-
formas a lo largo de los siglos; la circunstancia argen- mo con las tribulaciones proporcionadas por la jungla
tina no desconoce esas creaciones. urbana o los desiertos digitales. Figuras más o menos
Deidades familiares, la Chacona, el Zupay, la Luz Mala antropomorfas o ángeles y otras entidades sobrenatu-
o el Curupira, la Telesita, el Kakuy, el Ivunche o Kai-kai rales que rigen el mundo natural conforman una segun-
Vilú, han inficionado los terrores de las generaciones da naturaleza que ha recibido el nombre de religión,
desde épocas prehispánicas. Sus orígenes se pier- mitología, superstición o simple fantasía, y alimenta
den en la religiosidad indígena; si a veces aparecen las literaturas —y algunas de sus ramas, como la psico-
recompuestos y mestizados con fuentes orales hijas logía— sin que su presencia se agoste. Presuntamente
de la conquista y colonización, otras reconocen direc- barridas por la modernidad, resisten, sin embargo, en
tamente su carácter alógeno, inmigratorio. Aunque el alma de los pueblos; los seres sobrenaturales que los
algunas de esas entidades sobrenaturales se desdibu- milenios crearon —mitad humanos, mitad naturaleza,
jan y otras ganan en presencia, todas sus versiones se de algún modo sagrados— permanecen siendo parte de
actualizan con cada nueva oleada civilizatoria sin que la cultura popular, que los blinda ante cualquier exor-
cese su pertinaz misterio. cismo racional.
Si las pasiones amonedan ficciones, los terrores acu- El choque entre culturas ha producido articulaciones de
ñan ensueños ominosos que traman el vínculo entre la todo tipo; la más dramática, naturalmente, es la guerra.
naturaleza, lo sagrado y el mundo humano. El miedo Pero la condición para que haya guerra es la construc-
es la mayor pasión compartida por la humanidad y ha ción del otro como inasimilable, un ente tan distinto
suscitado imaginaciones —pesadillas siniestras, relatos que provoca repulsas y conduce o justifica la muerte
previsores y leyendas protectoras— que organizan el —la suya y, acaso, la propia— en el conflicto. Todo lo
mundo. Pero en la era de la tecnología, las entidades que se contrapone a esa imaginación especular confiere
que rigen el cosmos se han vuelto cada vez más abstrac- identidad al grupo del que emana; se es lo otro de aquel
tas, desangeladas. No obstante, la deriva que va de las otro al que se diseñó como contrario por ser diferente.
teogonías hasta las ciencias y atraviesa las infinitas mi- Clásicamente, para arribar a esa instancia se le asignan
tologías, no alcanza a desarticular la soberanía del mito a ese otro características que transgreden el límite mo-
sino que más bien lo brinda bajo nuevas formas. Pues si ral de la propia cultura: el canibalismo —y su varian-
te, el vampirismo— y el incesto han sido los mayores
estigmas esgrimidos, infaltables a la hora de construir
◀ Ilustración de Enrique Rapela en Reseña histórica descriptiva de
antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata, de Daniel un enemigo de rigor. Junto al ejercicio de sexualidades
Granada (Buenos Aires, Guillermo Kraft, 1947). consideradas aberrantes y la adjudicación de un vínculo

5
con los muertos de carácter esotérico, que los vuelve Si lo que sustancia a las naciones es la fe de los ciu-
presencias vivientes, suele imaginarse al otro bajo la dadanos que coinciden en adscribir a una identidad
forma de seres humanos monstruosos, con atributos fí- basada en entidades más o menos abstractas —llámen-
sicos y costumbres salvajes, o seres con aptitudes mági- se, por caso, la Patria, la República o la Revolución—,
cas que los vuelven un peligro que debe ser exorcizado. suficientes para conducirlos al sacrificio y, en menor
Olvidado el origen histórico de esas ficciones, quedan medida, a la felicidad colectiva, cabe reflexionar sobre
repicando como un eco en las culturas, transmigrando los modos de reconocerse parte de un mismo cuerpo
y transfigurándose en el espacio y el tiempo. social. Además de estar basada en memorias históri-
Pero no solo los enemigos padecen el intento de dome- cas más o menos compartidas, signadas por tragedias
ñar su alteridad; los misterios de la naturaleza y de la y venturas, esa creencia en la nación que los constituye
vida social son motivo de relatos que atraviesan las épo- convive —y acaso se funda— en múltiples cultos locales
cas desafiando la razón humana. El ánimo desacraliza- o regionales. Habitados por relatos, sucedidos, fábulas,
dor ha hecho que se buscase —de manera no del todo cuentos, leyendas y mitos anudados a seres sobrena-
convincente— un vínculo directo entre los seres sobre- turales, son parte de la trama vital de las identidades
naturales y la trama de eventos y cosas que llamamos colectivas que resiste los cambios de época y hace que
realidad. Así como el dragón es sin por qué, las imagina- sigamos imaginándonos parte del alma de un país con
ciones que admiten ciertas claves interpretativas poseen sueños y pesadillas comunes.
un plus que las vuelve no del todo comprensibles o al
menos justificables. Se ha dicho que la leyenda del Kakuy Guillermo David
es la ficcionalización de la prohibición del incesto, y el Director Nacional de Coordinación Cultural
Pombero apenas disimula embarazos inexplicables, así Biblioteca Nacional Mariano Moreno
como el Duende con su caricia de hierro es una simple
invención de las madres para que los niños no vagabun-
deen a la hora de la siesta. Todo ello resulta bastante
obvio, pero su carácter etiológico no explica sus rasgos
más notorios. Sobre todo su personificación, a menudo
absurda, tan acabada, singular y persistente. Lo mismo
podría afirmarse del Lobizón, la Luz Mala, el Curupí o
Tren-Tren; los siglos apenas les han agregado atributos y
simplificado las peripecias de sus leyendas, pero siguen
atosigando a sus atemorizados narradores y eventuales
lectores. Cabezas voladoras, muertos vivientes, huma-
noides con un solo pie invertido, entre otros prodigios,
reproducen su enigma en cada nueva metamorfosis.
La antropología ha hablado de Tótem para referirse
al animal sagrado que es emblema de un grupo
humano; la psicología de Tabú, cuando indaga
en las relaciones de parentesco, sus reglas,
prohibiciones y transgresiones a castigar;
por su parte, el folklore se ha resignado a
consignar las variaciones sobre leyendas
populares que reclaman claves interpreta-
tivas y ficcionales surgidas de aquel cruce.
De esta deriva surge una trama textual
que no cesa. Para poner dos nombres en
el extremo del arco temporal de un siglo
y de nuestro país: Ricardo Rojas y Adolfo
Colombres. Mientras el primero marcó un
hito con su Encuesta de 1921 —base de esta
exposición—, mediante la cual recogió el
imaginario popular de una época, al se- Ilustración de
gundo le cabe el mérito de haber actuali- Delia Contarbio
en Cuentos del
zado, en las últimas décadas, los saberes
noroeste, de Laura Roldán
en torno de nuestras mitologías popu- (Buenos Aires, Centro Editor
lares más insistentes. de América Latina, 1990).

6
FolklorE
ArgentinO
E
l término “folklore”, castellanizado en nuestra al perito Francisco Moreno en la dirección del Museo de
lengua, deriva del inglés folk, que significa pue- Ciencias Naturales de La Plata.
blo y de lore, que significa saber tradicional. Es Otro nombre destacado es el de Juan Baustista Am-
decir que el folklore, el saber tradicional de un pueblo, brosetti (1865-1917), considerado el primer folklorista
constituye el entramado de prácticas, costumbres, científico argentino, quien amplió y enriqueció sus in-
creencias y supersticiones que hacen a la identidad de vestigaciones etnográficas y arqueológicas mediante
una comunidad. la recolección, la transcripción y el análisis detallado
Entre los aspectos de la vida tradicional de un pueblo, se de supersticiones y leyendas reunidas a partir de su
encuentran las expresiones literarias no escritas, que cir- experiencia personal en la región misionera, los valles
culan de manera anónima mediante la transmisión oral y calchaquíes y las pampas. Este trabajo fue publicado
están sometidas a constantes reelaboraciones que perdu- póstumamente por sus discípulos en 1917 con el título
ran a lo largo del tiempo, formando parte de la tradición Supersticiones y leyendas. En 1903, Ambrosetti fue nom-
y dando cuenta del dinamismo de los procesos culturales. brado profesor de la cátedra de Arqueología Americana
El estudio de estas transcripciones orales, testimonios, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
versiones, variantes y adaptaciones nos permite conocer Buenos Aires, y al año siguiente impulsó la creación del
con mayor profundidad aspectos particulares de nuestra Museo Etnográfico dependiente de esa facultad, el pri-
identidad en tanto miembros de una sociedad. mero en el país dedicado a esta rama de la ciencia.
En nuestro país, el estudio del folklore se remonta a fi- Entre los estudiosos del folklore argentino, resulta in-
nales del siglo XIX. Entre los iniciadores de la disciplina, soslayable el aporte de Roberto Lehmann-Nitsche (1872-
se destacó Samuel Lafone Quevedo (1835-1920), nacido 1938), lingüista y etnólogo alemán que en 1897 fue con-
en Montevideo e instalado en Catamarca, provincia en vocado por el Museo de La Plata para dirigir la sección
la que realizó la mayor parte de sus investigaciones. Antropología. Esto lo llevó a radicarse en nuestro país,
Lafone Quevedo escribió entre 1883 y 1885 una serie donde residió por más de treinta años. Lehmann-Nits-
de colaboraciones para el diario La Nación sobre temas che realizó estudios en diferentes áreas, pero se destacó
que abarcaban la etnografía, la arqueología, el folklore en sus investigaciones folklóricas, que evidenciaban su
y la historia de Catamarca. Esos artículos fueron lue- rigurosidad metodológica en la recolección y el análisis
go publicados en un libro titulado Londres y Catamarca de los materiales. Desarrolló varios estudios sobre leyen-
(Imprenta y Librería de Mayo, 1888), en cuyo prólogo das ornitológicas, así como un exhaustivo trabajo sobre
se empleó, por primera vez en nuestro país, el término las características proteicas de la leyenda de Santos Vega.
“folklore”. En 1898 publicó Tesoros del catamarqueñismo, También cabe destacar entre estos precursores la figura
su trabajo de lingüística indígena. Sucedió en su cargo de Adán Quiroga (1863-1904): jurista, poeta, historiador
y arqueólogo que desarrolló su actividad en Catamarca.
◀ Mosaico de tapas de libros que abordan la temática folklórica, Sus trabajos sobre historia, lingüística, arqueología y
pertenecientes al acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. folklore se publicaron en la prensa catamarqueña du-

11
Lechuza
Es un pájaro de mal agüero y de fúnebre presencia. Habi-
ta en el interior de las cuevas de las vizcachas. Se la asocia
también a la leyenda del ave suindá, protagonizada por una
costurera que, en su afán por sobresalir con sus hermosos
trajes en los festejos del pueblo, descuida a sus siete hijos.
Cuando concluyen las fiestas, la mujer descubre que sus
hijos murieron de frío por su abandono y la pena la con-
vierte en suindá. Se dice que sus graznidos suenan como si
fueran un rasguido de tela y suele dar siete seguidos, uno
por cada hijo. Ilustración de Elsa Pasteknik en Misiones y sus leyendas (Buenos
Aires, Plus Ultra, 1977).
Cuentan viejas leyendas campesinas que hace ya
muchos años vivía en la región una viuda, modelo Y la señora costurera llora. Con sus lágrimas moja
de virtudes, en compañía de su única hija. Por ella los siete vestidos. Llora y se arrodilla. Cruza las ma-
trabajaba [...] pero mal pagaba la niña sus afanes nos sobre el pecho y se va encogiendo hasta quedar
y desvelos. Mostrábase áspera y cruel. [...] Anun- pequeña, pequeñita, del tamaño de un pájaro. Los
ciáronse por entonces grandes fiestas [...] y allá fue vestidos de colores alegres se convierten en plumas
la moza [...]. Quiso la casualidad que la pobre mujer oscuras, los brazos se transforman en alas, y vue-
enfermara, y necesitando en la soledad en que se en- la. […] Cantó siete veces, como si rasgara siete telas
contraba del cuidado y la compañía de su hija, man- distintas, para hacerle un traje a cada uno de sus
dó por ella. Esta se negó a volver. [...] La maldición siete hijos.
de la moribunda cayó sobre la cabeza de la perversa.
Esa misma noche, mientras dormía, se operó en su Javier Villafañe, “Leyenda del suindá”, Libro de cuen-
ser una rápida metamorfosis... fue perdiendo poco tos y leyendas, La Plata, Universidad Nacional de La
a poco su envoltura humana... Tuvo al fin la exacta Plata, 1945.
noción de la realidad, y al verse convertida en ave, se
lanzó hacia el espacio [...] Intentó gritar, llamar a su
madre, pedirle perdón, en su garganta reseca había
muerto para siempre la voz. Solo pudo arrancar en
su desesperación un “chistido” estridente y seco, que
se alargó como una nota trágica en el hondo silencio
de la noche. [...] Y este fue el origen de la lechuza...

Berta E. Vidal, “La lechuza”, Mitos sanluiseños, Bue-


nos Aires, s. e., 1925.

◀ Ilustración de Enrique Lachaud de Loqueyssie en Aves argentinas


y sudamericanas, de Constancio Vigil (Buenos Aires, Atlántida, 1977).

23
Encuesta Nacional de Folklore (carpeta 26), fragmento de “La Lechuza”, transcripto por Daniel G. Bustamante,
Escuela N° 207, Ulbara, San Luis, 1921. | Ilustración escolar de Pompeyo Camps en el cuento "La leyenda del
suindá", de Javier Villafañe.

24
Ilustración de Raúl Veroni en Por donde corre el zonda, de Juan Pablo Echagüe (Buenos Aires, Kraft, 1940).

25
Crispín
Es el alma en pena de una mujer (algunos testimonios
hablan de un hombre) que fue convertida en pájaro como
castigo a su gran falta. Los relatos cuentan que la mujer
fue al pueblo en busca de medicamentos para su mari-
do, un hombre bueno y trabajador, pero se enteró de una
fiesta y se quedó en ella hasta el día siguiente. Al volver
a su hogar, la mujer se encontró con su marido muerto
y, llena de horror, descubrió que se convertía en pájaro
y que solo podía emitir un sonido: “Crespín, Crespín”, el
nombre de su marido muerto.

La orgía terminó. Despertose Crespina en medio


del silencio y la desolación. Ni rastros del festín, ni
huellas del amado.
—¡Crespín!... ¡Crespín!... ¡Crespín!...
Llamábalo la infeliz mujer, vagando como un espec-
tro en la umbría de las marañas o en las soledades de
Ilustración de Enrique Lachaud de Loqueyssie en Aves argentinas y
las quebradas. En sus quejas ya no cabía más pena
sudamericanas, de Constancio Vigil (Buenos Aires, Atlántida, 1977).
ni desesperación. Tanto lloró que se convirtió en
pájaro. Y así seguiría repitiendo:
—¡Crespín!... ¡Crespín!... ¡Crespín!..., hasta el día
que lo encuentre. El marido se llamaba Crespín; era laborioso y amigo
de la vida simple y sobria de la casa. La mujer, en cam-
Dora Ochoa de Masramón, “Leyenda del Crespín”, bio, era haragana, despreocupada y, sobre todo, ami-
Folklore del Valle de Concarán, Buenos Aires, Luis Las- ga de los bailes y de las diversiones. […] Debía hacerlo
serre, 1966. todo solo. Su mujer no era capaz de atar una gavilla.
A raíz de esto se enfermó. La mujer tuvo que ir al pue-
blo más cercano para traerle algunos remedios […] La
aloja, las vidalas, los gatos y las zambas despertaron en
ella su irresistible afición a las fiestas. […] Cuando le
anunciaron que Crespín había muerto, dijo: “La vida
es corta para divertirse y larga para llorar” y siguió di-
virtiéndose, como si nada hubiera sucedido. […]
Cuando la mujer regresó a su casa, se encontró en la
más horrible soledad […] Enloquecida de dolor, pi-
dió a Dios que le diera alas para seguir su búsqueda,
y se convirtió en ave. Desde entonces, fue el pájaro
esquivo y solitario que en la época de la siega llama
al compañero, con su silbo tristísimo: ¡Crespín!...
¡Crespín!... ¡Crespín!

Berta Vidal de Battini, “El crespín”, Cuentos y leyendas


populares de la Argentina seleccionados para niños, Buenos
Aires, Consejo Nacional de Educación, 1960.

26
ENF (carpeta 355), fragmento de “El Crispín”, transcrip-
to por Luisa Zelarayán, Escuela N° 191, San Miguel,
Catamarca, 1921. | Ilustración de Morales Gorleri en
El Crespín (Leyenda Montañesa), de José Pedro Bellomo
(Pampa Argentina, nro. 279, marzo de 1951). | Billiken. La
Revista de los Niños, año 52, nro. 2675, abril de 1971.

27
El Atajacaminos
Es un ave rapaz que debe su nombre a la costumbre de
agazaparse en el medio de los caminos con las alas exten-
didas y el pico abierto. Se la considera un ave de mal agüe-
ro y puede representar el alma de un condenado o de una
persona asesinada que busca redención. Otra leyenda sos-
tiene que se trata del alma de un niño perdido que desea
detener a los viajeros para preguntarles por el paradero de
su madre.

El arroyo bramaba en el fondo de la maraña y un


viento lento y remoto agitaba la espesura; y era
viento intermitente y ululante como el resuello de
un pulmón colosal.
Cuando ño Tinti llegó al mal paso, se lanzó del sue-
lo, de repente, ante la mula, un negro pájaro de alas
abiertas, inmenso y tambaleante. El ave extraña despertó curiosidad y los comarca-
¡Huí, huí, ha, ha, ha!... fue el grito de Panta. Un grito nos decidieron observarla con empeño. Su lúgubre
largo, agudo, espantoso, aterrorizado de su propio grito de “Tucu, suyuncu-u-u-u” sugirió el recuerdo
horror. del que profiriera el pobre pifio antes de morir y
La mula, al sentarse en las patas, perdió el equilibrio comprobaron después los lugareños que el exóti-
y la tierra cedió. Y Ventura Tintilay, allá en el lecho co pájaro acompañaba a los viajeros, posándose de
riscoso y duro del arroyo, no fue más que una bolsa tramo en tramo del camino y precediéndolos en
de huesos rotos, de ropas hechas trizas y de sangre. la marcha. Los sencillos campesinos sospecharon,
por tal motivo, que el Tucu Suyuncu —que así bau-
Juan Carlos Dávalos, “El ataja-caminos”, La Novela tizaron al ave, imitando su quejumbroso grito—
Semanal, nro. 34, 1918. representaba el alma del niño Centurión que, para
evitar accidentes como el que sufriera su padre,
Ilustración de Elba Fábregas en Historia de iba, durante la noche, precediendo la marcha de los
pájaros, de Javier Villafañe (Buenos Aires, viandantes, señalándoles los peligros de los ásperos
Emecé, 1957).
caminos serranos.
Según las apreciaciones de los viejos habitantes
de la Puna, el Tucu Suyuncu era un ave parecida al
Atajacaminos y de idénticas costumbres.

Juan Arribau González, “El Tucu-Suyuncu”, La cues-


ta del diablo. Leyendas y episodios correntinos y salteños,
Buenos Aires, Talleres Gráficos Piselli, 1935.

ENF (carpeta 64), fragmento de “El Ataja-Caminos”, transcripto por María Elena Fernández, Escuela N° 62, Villa María, Córdoba, 1921.

28
El Pombero
También denominado "El dueño del sol", es un espíritu
de la naturaleza que, en su origen, fue el protector de los
pájaros y los árboles. De allí que su función sea castigar a
los niños que trepan a los árboles para cazar pájaros. Sale
en la hora de la siesta y secuestra niños que se escapan de
sus casas. También gusta de perseguir jóvenes mujeres a
quienes viola y generalmente embaraza. Las descripcio-
nes varían según la región. En algunas partes del país, se
lo describe como un hombre muy alto y delgado que lleva
un sombrero de alas anchas y una caña en la mano. En
otras zonas, se lo describe como un ser pequeño, parecido
a un duende, extremadamente feo. El Pombero se pasea
en la siesta silbando y se enoja mucho si alguien respon-
de a su silbido. Si bien es esencialmente dañino, también
puede ser bueno y proteger a los hombres que lo invocan
con ofrendas.

Pombero, es decir, espía. Es el hijo de la noche, el


merodeador incansable, devorado por una curiosi-
dad terrible. ¿Qué busca? ¿Qué reclama? ¿Algún te-
soro por sus abuelos perdidos? ¿Alguna visión de en-
sueño, desvanecida en su entendimiento brumoso? Cuentan los lugareños del Noreste argentino que
Espíritus timoratos se figuran que tiene payé para tales silbidos son de seres de la noche, llamados
hacerse invisible, para pasar por el ojo de la llave y “Pombero”. Alguien asegura haberlo visto y man-
acariciar impunemente a las vírgenes dormidas. tenido con él vínculo de amistad. Dicen que posee
Pero esto es un error: el poder del Pombero no lle- una pequeña estatura, piel clara y que siempre va
ga a tanto. Huye entre las zarzas con la velocidad munido de amplio sombrero de paja y un pequeño
de una liebre; los perros no consiguen alcanzarlo, y poncho, vive en la campiña, en los bosques cercanos
cuando gana la espesura del bosque, no hay quien al poblado o en las riberas de ríos rumorosos.
lo rastree. Las sombras nocturnas y el vigor de sus El Pombero se insinúa en las cálidas noches, prin-
piernas le permiten vivir oculto. No es invisible: va- cipalmente cuando hay amenaza de lluvia o posibi-
rias personas lo han visto. lidades de tormenta.
Aseguran que son apasionados y que gustan de las ni-
Rafael Barrett, “El Pombero”, El dolor paraguayo, ñas bonitas que están en los estrados de la adolescencia.
Montevideo, O. M. Bertani, 1911.
Sixta Segovia de Giuliano, “El Pombero, episodio”,
◀ "El Pombero", tinta china. Ilustración de Sergio Ibáñez en “El señor Verde infierno, cielo manso. Cuentos y leyendas del litoral,
de los pájaros” (revista Mikilo, nro. 4, 2001; Mikilo Integral, vol. 1, 2019). Santa Fe, Castellví, 1965.

33
34
El Lobizón
También conocido como Lobisón o Lobisome. Se dice que el
séptimo hijo varón consecutivo está condenado a ser lobi-
són. Su condición es entendida como una enfermedad que —¡El lobizón! ¡Don Jorge! ¡El lobizón!
lo lleva a convertirse la medianoche de los viernes o martes Allí, en la obscuridad, a veinte metros de la casa, algo
en un ser enorme, en general un perro negro y corpulento, como un gran ternero negro de ojos fosforescentes
aunque también puede adquirir la forma de un cerdo. Se tenía a raya a la jauría que lo acosaba ladrando sin
alimenta de excrementos de gallina, cadáveres robados de atreverse a hacer presa.
cementerios y niños no bautizados. Para combatirlo, hay Un rarísimo tableteo como de castañuelas oyóse de
que dispararle con una bala bendita. En el caso de que muer- repente y los perros aullando lastimeros ganaron en
da a alguien, la víctima se convierte también en lobisón. El tropel el comedor.
canto del gallo le devuelve su forma humana, como hombre Carabina a la cara, disponíase Aróstegui a hacer fue-
alto, flaco, de aspecto enfermizo y mal olor. Este mito es de go, cuando sintió que una fuerza poderosa le arran-
origen europeo y, al fundirse con las creencias y costumbres caba el arma de las manos mientras la voz de Toledo
de nuestro país, adquirió características particulares. se elevaba suplicante:
—¡No tire, señor, no tire! ¡Es él! ¡Es él! ¡El lobizón!
Son - son e la tierra ¡Mi hijo!
Recemo oración,
neglo ya sabe, Justo P. Sáenz, “Lobizones”, Pasto puna, Buenos Ai-
la luna di vierne res, Jacobo Peuser, 1928.
trae lobisón.
Cabeza e cerdo
detrá e la tuna,
cuelpo di lobo
alumbra la luna.
Son - son e la tierra
la puerta arañó
trae “daño” en lo’ojo
e neglo Io vio.

Rubén Carámbula, “El lobisón”, Negro y tambor: poe-


mas, pregones, danzas y leyendas sobre motivos del folklo-
re afro-rioplatense, Buenos Aires, Editorial Folklórica
Americana, 1952.

◀ "Lobizón", Emiliano Urich, técnica digital (revista Lobizón, nro. 2, 2016).

37
ENF (carpeta 66), fragmento de “El Lobizón”, transcripto por Albano U. Gallardo, Escuela N°66, Lucienville, Entre Ríos, 1921. | Friso fotográ-
fico de las revistas Lobizón publicadas en Buenos Aires por la editorial Mo-Pa-Sa entre 1973 y 1974. Contó con la colaboración gráfica de
Rubén Sosa, Carlos Duncan, Lito Fernández y Jorge Claudio Morhain, entre otros.

38
Afiche de la película Nazareno Cruz y el lobo, dirigida por
Leonardo Favio, 1976. Archivo del Museo del Cine Pablo
Ducrós Hicken. | Ilustración de Jorge Edgardo Lezama
en El perro negro en el folklore, de Rafael Jijena Sánchez
(Buenos Aires, Dolmen, 1952). | Ilustración de Enrique
Breccia de “El sueñero” (revista Fierro, nro. 16, 1985).

39
h Sucedidos. Se conoce como sucedidos los
relatos con trasfondo legendario o fantástico
que se cuentan en las zonas rurales del país,
por lo general durante una ronda de mate, un
fogón o algún asado. Se trataba de la ocasión
en que una persona contaba a sus oyentes lo
que le había “sucedido”. A fines de la década del
cuarenta, la popular revista Leoplán (1934-1965)
se apropió de esta palabra campera para dar a
conocer las leyendas y mitos de la Argentina.
El 2 de febrero de 1949, en el número 353, se
dio inicio a la sección con la leyenda del lobi-
són y, junto al texto, los editores solicitaron
la colaboración activa de los lectores. Todos
los textos fueron acompañados por peque-
ñas viñetas de Raúl Valencia, dibujante de
origen peruano y colaborador habitual de
la revista. En total se publicaron 98 relatos,
durante 49 entregas.
Leoplán, con los Sucedidos, sumó su grano
de arena a la memoria popular de nuestro
acervo mitológico.

Arriba. AA. VV., “Mi encuentro con el lobisón”, Leoplán, nro. 353, 1949. Abajo. Bautismo del niño Hipólito Antonio Cruz, séptimo hijo varón,
Rufino, Buenos Aires, 1929. Fondo AGN. | Bautismo del séptimo hijo de los esposos Di Ángelis, Colón, Entre Ríos, 1929. Fondo AGN.

h Una ley para evitar la metamorfosis


Las diferentes corrientes migratorias trajeron, junto
con sus costumbres y creencias, algunas supersticiones
arraigadas en sus culturas durante siglos. La leyenda del
hombre lobo pronto se convirtió, en Argentina, en el
mito del Lobisón: castigo al que estaban condenados
los séptimos hijos varones (que luego se extendería al
nacimiento de la séptima hija mujer) que en las no-
ches de luna llena no podían evitar metamorfosearse
en lobos.
Junto con la superstición, se importó también el modo
de contrarrestar este mal, y así circuló la historia de
unos migrantes rusos que, en 1907, durante la presiden-
cia de José Figueroa Alcorta, solicitaron mediante una
carta que el presidente bautizara en una ceremonia re-
ligiosa a su séptimo hijo varón, puesto que de esta ma-
nera se conjuraba el maleficio de que se convirtiera en
lobo. Esa tradición, proveniente de la época de Catalina
la Grande, aseguraba una protección mágica para evitar
el mal. La ceremonia se llevó a cabo y a partir de ese
momento se continuó con esta práctica hasta que en
1973, durante la tercera presidencia de Juan Domingo
Perón, se estableció por el decreto 848/73 la figura de
“padrinazgo presidencial”, y en 1974 se convirtió en la
ley 20843. En la actualidad sigue en vigencia, y muchas
personas han recurrido a su aplicación.

40
Aurora Venturini, Muerte del lobizón y pariciones. Poesía, Buenos Aires, Francisco A. Colombo,
1965. | Juan-Jacobo Bajarlía, El endemoniado señor Rosetti, Buenos Aires, Almagesto, 1994. |
José H. Impaglione, "Lobisón", Buenos Aires, El Morocho, 1957. Sala de Música y Medios
Audiovisuales Gustavo “Cuchi” Leguizamón, BNMM. | Rafael Jijena Sánchez, El perro negro
en el folklore, Buenos Aires, Dolmen, 1952. | Ilustración de Lautaro Fiszman en Lobisón. Siete
historias verdaderas sobre el séptimo hijo, de Pablo Franco (Buenos Aires, Cruz, 2018). Óleo
sobre papel. | “Mundo de lobizones”, Fermín Chávez, revista Cultura, año III, nro. 10, 1951. |
Ilustración de Diego Fernetti en Miedo en el sur. El tigre gente y otros cuentos, de Ana María
Shua (Sudamericana, Buenos Aires, 2007).

Los lobizones andan en los surcos


inofensivos, con su boca enorme
húmeda de rocío y luna clara,
como habitantes puros de la tierra,
como sombras insomnes, como perros.

Es en una provincia donde el monte


cría su yarará y sus espartillos.
Es en una provincia del pasado
donde el tendón celeste del coraje
se llamaba combate del Talita.

Los lobizones llegan a las casas


sin querencia, jadeantes, lastimados,
y en el sueño del hombre se refugian
y en el pulso del hombre sobreviven
para morir cuando la aurora nace.

Fermín Chávez

41
Duendes
Para estos seres hay una descripción generalizada. Los tes-
timonios coinciden en que son espíritus de niños muertos
sin bautizar. Se los describe de pequeña estatura, llevan un
enorme sombrero de ala ancha y se pasean llorando como
criaturas. Según el espacio geográfico en el que se manifies-
ten, tienen nombres y características particulares.

Yacía el carril pálidamente iluminado por la luna y por él avanzaba un bulto. Al advertirlo,
dije […]: ¡este es el duende! […] El hombrecillo seguía avanzando y pude observarlo a mi
sabor. Era petiso y estaba vestido de una manera grotesca: el busto cubierto con un rebozo,
ocultando sus cortonas piernas bajo una pollera gris, calzando ojotas. A despecho de su
indumentaria femenina trascendía de él una poderosa reciedumbre viril. Su cabeza yacía
descubierta mostrando una recortada pelambre. Su cara era cuadrada, de romano viejo.
[…]. Al pasar por donde yo estaba parado […] lo saludé sonoramente sin obtener respuesta
[…] el hombrecillo, dando ciclópeas zancadas, se puso fuera de mi alcance, dirigiéndose
resueltamente en procura del único árbol que se encontraba en toda la extensión de la
quebrada […], a medida que se iba internando, su rechoncha figura se adelgazaba, hasta
que, llegando al tronco, su sombra subió por él y se desvaneció en las alturas de la copa.

José H. Figueroa Aráoz, “Otra vez el duende”, Cuentos y relatos salteños, Salta, s. e., 1959.

42
Yasí Yateré
Si bien se lo describe como un pájaro de silbido penetrante, en
algunas regiones aseguran que el Yasí Yateré es un duen-
decillo rubio y simpático que recorre los campos con un
enorme sombrero de paja y un bastón de oro con el que
produce un terrible sonido anunciando su presencia. Este
ser disfruta secuestrando niños a la hora de la siesta. Los
atrae hacia los montes, donde juega con ellos, los lame y los
deja abandonados envueltos en una enredadera. Cuando
los niños son rescatados, están en estado de shock. Cuentan
los paisanos que, al cumplirse un año del rapto, los niños
sufren convulsiones. El duende rubio también rapta jóve-
nes a quienes embaraza para engendrar otros Yasí Yateré.
Su presencia es fuerte en el Noreste y Centro del país.

Kurupí
También conocido como Curupí. Se lo describe como un
hombre pequeño, morocho, con grandes bigotes. Camina
en cuatro patas y arrastra un largo miembro, con el que,
dicen, atrapa a sus víctimas. Sale en horas de la siesta y se-
cuestra tanto a hombres como a mujeres. Se afirma que este
duende maligno, que tiene los pies al revés, es antropófago
y se alimenta principalmente de niños y mujeres. Algunas
leyendas sostienen que su cuerpo no posee coyunturas. En
algunas regiones, como la guaranítica, se le adjudican ca-
racterísticas vampíricas.

P. 42. ENF (carpeta 15), fragmento de “Duendes”, transcripto por


Feliciana Cejas de Amil Feijóo, Escuela N° 248, Ancocha, Santiago
del Estero, 1921. Arriba. Ilustración de Leonardo Batic en Diario 3.
Litoral (Buenos Aires, Albatros, 2006). | Ilustración de Julieta Farfala en
Fantasmas de la selva y otras leyendas latinoamericanas, de Ana María
Shua (Buenos Aires, Planeta, 2018). Abajo. "Kurupí", ilustración de
Damián Scalerandi y Gastón Souto para este catálogo (BNMM, 2023).

43
Mikilo
También conocido como sombrerudo. Es un ser con aspecto
de hombre pequeño, cabezón y barbudo. Algunos lo descri-
ben con cabello negro y otros con canas. Lleva un enorme
sombrero de paja y disfruta asustando a los niños y jugando
bromas pesadas a las personas. Su característica principal
es que tiene una mano de lana y otra de hierro, y cuando se
lo cruza en los caminos pregunta con qué mano quiere el
caminante que le pegue, al elegir la mano de lana, golpea
fuertemente, sorprendiendo a su víctima. En algunos casos
sale a tentar a las jóvenes con obsequios, para alejarlas de
sus casas. Es una suerte de “cuco” del que se sirven las ma-
dres y los padres para ponerles límites a los niños traviesos.
Su presencia es fuerte en el Noroeste.

—¿Con cuál mano querís que te pegue?


La mano de fierro duele más que la de lana. Y la de
lana, más que la de fierro. Con cualquiera de las dos
te revienta el Sombrerudo. Sin compasión.

Iris Rivera, “El sombrerudo”, Mitos y leyendas de la


Argentina. Historias que cuenta nuestro pueblo, Buenos
Aires, Estrada, 2007.

h Rafael Curci, escritor y titiritero, desarrolló a Mikilo en 1999 y la


dupla de Tomás Coggiola y Marcelo Basile se encargó del aspecto
gráfico. Posteriormente, Sergio Ibáñez se sumó al equipo. En ca-
lidad de artistas invitados también colaboraron dibujantes de la "Mikilo", ilustración de Marcelo Basile, técnica digital (revista
talla de Quique Alcatena, Solano López y Ariel Olivetti. Mikilo, nro. 5, 2001). | Ilustración de Ricardo Deambrosi en Seres
sobrenaturales de la cultura popular argentina, de Adolfo Colombres
Con algunas pausas ocasionales, la historieta se publicó entre
(Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1984). | Ilustración de Diego
1999 y 2012. Recientemente, Mikilo fue editada en dos tomos Fernetti en El tigre gente, de Ana María Shua (Buenos Aires,
compilatorios por [Link]. Sudamericana, 1995).

44
Pachamama
También conocida como la Madre Tierra. Su descripción se correspon-
de con la apariencia de una india de baja estatura y grandes pies. Lleva
un sombre de ala muy ancha y calza unas enormes ojotas. Vive en los
cerros y se pasea por ellos acompañada de un perro negro muy bravo.
Usa una víbora como lazo y carga petacas de cuero llenas de oro y plata.
Puede ser muy generosa y otorgar dones a las personas, pero también
puede ser muy vengativa y rencorosa. Cuando se enoja hace sonar el
trueno y desata la tormenta. Toda la naturaleza es su templo.

Coquena
Se pasea por los montes silbando y mascando coca. Se lo
describe como un pequeño indígena que calza sandalias,
gorro de lana y un poncho colorido. Cuando las manadas
se mueven solas por diferentes caminos, se dice que el Co-
quena las está guiando. También, en la noche, puede guiar
ganado con cargamento de oro y plata que les ofrenda a los
cazadores que son respetuosos de los animales. Otros testi-
gos lo llaman Yastay (de origen salteño y jujeño).

Súbitamente percibió dos enormes y penetrantes


ojos fijamente clavados en él. Chingay se estremeció
al darse cuenta de que pertenecían a un hombrecito
enfundado en pieles, en quien reconoció a Coquena.
Ahora bien; los indios creen que ver a Coquena es
morir, a menos que logren ganar la voluntad del hijo
de Pachamama en alguna forma especialmente feliz.
Ilustración de Leonardo Batic en su libro Diario 2. Noroeste (Buenos
Ana M. Berry, “La maldición del Coquena”, Las aventuras Aires, Albatros, 2011). | Ilustración de Enrique Breccia de “El sueñero”
de Celendín y otros cuentos, Buenos Aires, Losada, 1942. (revista Fierro, nro. 16, 1985).

59
Familiar
De repente, frente a él en el centro del puente, advirtió
un bulto negro, grande como un ternero, con los ojos
brillantes como brasas. Era un gran perro silencioso
que le cerraba el paso, en la más completa inmovili-
dad. En menos que canta un gallo, le pasó la macha y,
dando un salto, bajó del caballo látigo en mano, dando
unos pasos al frente. Pero el bicho hizo lo mismo, es
decir, avanzó también unos trancos hacia él. Armán-
dose de coraje le dijo: “Permiso pa’ pasar”.
Es un perro enorme y negro que echa fuego por los ojos y se El Familiar, pues de él se trataba, ni se movió, y re-
alimenta de carne humana. En algunas ocasiones arrastra cién cuando por tercera vez le rogó que lo dejara
una pesada cadena. Se pasea en los ingenios azucareros pasar, se volvió lentamente y bajó paso a paso hasta
buscando a sus víctimas. Varía su aspecto según las pro- el cauce del arroyo.  
vincias: se lo describe como una serpiente gigante de dos Temblando cruzó el puente tirando de las riendas.  
cabezas, también como un puma, un tigre o un cerdo. Aquel Familiar, según se comentó después, pertenecía
En tiempos pasados se aseguraba que los dueños de los al ingenio Bella Vista y tenía su habitación dentro de
ingenios debían sus enormes riquezas a un pacto con el la chimenea grande.
diablo y que el Familiar velaba por el incremento de esa
fortuna a cambio de que una vez al año le ofrendaran la Rafael J. Sánchez, El perro negro en el folklore: el Lobizón, el
vida de un peón. Familiar y otras supersticiones, Buenos Aires, Dolmen, 1952.

h Riquezas mal habidas


A mediados del siglo XIX la
industria azucarera comenzó
a acelerar su crecimiento en
la provincia de Tucumán. Su
principal difusor y empresa-
rio fue el obispo Juan Eusebio
Colombres, que llegó a crear
veinticuatro fábricas azucareras
en la provincia. Con la importa-
ción de máquinas de origen
inglés y el auge del ferrocarril,
la industrialización en los obra-
jes alcanzó su pico hacia 1875 y
comenzó a extender sus redes
Ilustraciones de Juan Carlos Barco en Seres mágicos que habitan la Argentina, de Elena Bossi (Salta, Milor, 1994).
a provincias cercanas como
| Ilustración de Jorge Edgardo Lezama en El perro negro en el folklore, de Rafael Jijena Sánchez (Buenos Aires,
Dolmen, 1952). | Fragmento de León Bergeonneau, “El Familiar”, ENF (carpeta 43), Escuela N° 289, Santa Ana, Salta y Jujuy. La aceleración de
Tucumán, 1921. su crecimiento, sumado a con-
diciones de trabajo precario,
que descuidaban la salud de
los trabajadores y se explota-
ba, además, el trabajo infantil,
exacerbaron la imaginación de
los obreros. Fueron ellos los que
difundieron las leyendas acerca
de monstruos con apariencia
de perros gigantes o serpien-
tes peludas que acechaban en
los sótanos de los obrajes y pa-
trullaban durante la noche los
cultivos, cobrándose la vida de
los trabajadores a cambio de
incrementar satánicamente la
riqueza de los patrones.

62
Basilisco
Es un animal fabuloso, extremada-
mente venenoso. Se lo describe como
un gusano con alas, patas de gallina y
cola de serpiente. Nace de un huevo
diminuto, compuesto solo de cáscara
y clara. Se esconde en las sombras,
desde donde acecha a sus víctimas.
Muchos vecinos lo describen con un
solo ojo. Si se lo mira fijo produce la
muerte inmediata, por eso los espe-
jos sirven para contrarrestar su poder.
Esta bestia mágica es una adaptación
de una leyenda oriental (según Am-
brosetti) que, a través de Roma, llegó
a Europa y luego a nuestro país.

La mirada del basilisco trae desgracia y, la mayoría


de las veces, la muerte.
En nuestro suelo, el basilisco nace del huevo dimi-
nuto que, de vez en cuando, pone la gallina. Es un
huevo estéril —huero— que no es sino cáscara y
clara. Lo ponen las gallinas viejas y espolonadas. El
encontrar en una nidada un huevo vacío equivale
a la certidumbre de que de él ha salido el maligno
animal. Algunos campesinos dicen que solo tiene un
ojo en la frente. Huye de la luz solar, se refugia en
las grietas de los muros y, desde allí, extermina al
ser humano que se coloca al alcance de su mirada.

Juan B. Ambrosetti, Supersticiones y leyendas, Buenos


Aires, L. J. Rosso, s. f.

70
Seres mitológicos en
la literatura infantil
y juvenil
L
os mitos y las leyendas han sido desde siempre una estra- También Estrada publicó por esos años la colección
tegia pedagógica empleada para fortalecer el proceso de Azulejos Niños, a cargo de Silvia Rojas, que si bien no
enseñanza-aprendizaje en el que la recuperación de la tra- se dedicaba exclusivamente a leyendas argentinas, tenía
dición oral es el fin último, y resulta, muchas veces, un ejercicio varios títulos de la temática. La colección deen redonda y
que permite compartir y rememorar experiencias y costumbres Leyendas con mayúscula y coma después lanzó su primer
que forman parte del patrimonio cultural de una comunidad. ejemplar en 2006. Entre sus títulos había desde cuentos
En nuestro país, la Encuesta Nacional de Folklore es un hasta obras de teatro con canciones; mientras que Bes-
ejemplo del lugar que ocuparon estos relatos en la currícu- tiarios, Mitos y Leyendas, de editorial Guadal, fue una
la escolar, en la que maestros de todo el país dieron cuenta pequeña colección con amplias ilustraciones.
de la pervivencia y transmisión de estos relatos. También En los últimos diez años esta tendencia se vio continua-
algunas publicaciones pensadas para niños y jóvenes de da con colecciones como Leyendas de Colihue; Planeta
la primera mitad del siglo XX se refieren a la importancia Rojo de Planeta Lector, que entre sus diecinueve títulos
que se les dio a este tipo de narraciones. cuenta con ejemplares que recopilan relatos de folkloró-
Pero es a partir de la década de 1980 que se pueden rastrear logos como Juan B. Ambrosetti junto con adaptaciones
con mayor claridad las colecciones pensadas para niños y más contemporáneas sobre nuestros seres; Hilo de Pala-
niñas en las que los seres mitológicos argentinos son los pro- bras, de la editorial SM, dedicado a leyendas argentinas
tagonistas, como es el caso de Cuentos de mi país del Centro con glosarios.
Editor de América Latina y Ediciones Culturales Argentinas. Con este acotado recorrido se pretende dar cuenta de la vi-
Se trataba de adaptaciones de cuentos folklóricos, ilustradas gencia de estos mitos en las lecturas de las nuevas genera-
y agrupadas según cosmogonía o región de origen. ciones, aunque como toda trasposición de una narrativa oral
La colección Cuentos de Polidoro (CEAL) fue sumamente a la palabra escrita, se escriben y reescriben continuamente
vanguardista y combinó diversidad de autores e ilustradores respondiendo a las demandas de un público infantil. En su
con estilos poco habituales para la época. Pajarito Remenda- mayoría, el recurso del humor y el terror son elegidos para
do de Colihue también surgió por entonces, con sus cuatro adaptar estos relatos.
series de colores —una dedicada especialmente a leyendas Queda claro que muchas de las enseñanzas están anuda-
nacionales— y con sus afamados autores e ilustradores. das a las bestias sobrenaturales que nos rodean. Ellas son
Más allá de estas memorables colecciones, el verdadero boom fragmentos de una memoria colectiva que, aunque pueda
de nuestros seres surgió a partir de la década del 2000. Fue tener lapsus, reiteraciones, superposiciones, incongruen-
entonces cuando empezaron a publicarse múltiples colec- cias o contradicciones, se mantiene vigente. Se revitalizan
ciones que buscaron transmitir los mitos y las leyendas de con cada nueva versión que se difunda, con sus luces y sus
nuestros pueblos. Entre ellas podemos mencionar Cuentos sombras, con sus facetas más moralizantes, más aterra-
y Leyendas de mi País de la editorial AGEA o Cuentamérica doras y también con las más divertidas. Es con estas ree-
de Sudamericana, con más de veinticinco títulos. diciones que perviven y logran transmitir retazos de una
identidad nacional colectiva que se enseña, se aprende y
◀ Ilustración de Leonardo Batic del Uturunco en su libro Diario 3. Litoral. se reaprende de una generación a otra.

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—Te parte el alma, la Mula Áni- Es un hombrecito Ya era casi adolescente cuando
ma —se burló Betina—. A ver, petiso y panzón mamá y papá empezaron a asis-
¿qué hizo para que la encanta- con un sombrerote tir a un grupo de autoayuda para
ran? y un largo bastón, padres de chicos especiales. Los
—Se enamoró de un cura y la los ojos saltones, domingos se organizaban asados
castigaron. Cuando los persona- el genio burlón, […] Los chicos odiábamos esos
jes son mujeres, siempre es por el que sale a la siesta asados donde nuestros padres
estilo. Se enamoran de un cura, por el callejón intentaban que nos hiciéramos
del padre o del hermano o de uno besando a las niñas, amigos y jugáramos todos jun-
casado y zas, las maldicen. Y ahí corriendo al varón. tos. Era absurdo [...], no hay tan-
se transforman. tos lobisones, de manera que nos
—¿Y los hombres? María Elena Walsh, Versos tra- juntaban con brujas, chicos-tigre,
Andrés vaciló. Machacaba con un dicionales para cebollitas, Buenos videntes poseídos y toda clase de
palo un trozo tierno de caña. Aires, Sudamericana, 1977. personajes cuyos problemas no
—Me parecen que ya nacen mons- tenían nada que ver con los míos.
truos, nomás. No estoy seguro.
Ana María Shua, “Vida de pe-
Gloria Pampillo, La mula en el an- rros”, El tigre gente, Buenos Aires,
dén, Buenos Aires, Alfaguara, 2007. Sudamericana, 1995. Ilustración
Ilustración de Mariano Lucano. de Diego Fernetti.

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Las brujas pueden elevarse por A menudo el Curupí se entre- Los hombres que conocen de es-
los aires montadas en una es- tiene extraviando a la gente que tas cosas son precavidos; llevan
coba; pero es más frecuente que cruza la selva, robándose los chi- una cruz grande colgada en el
echen a volar la cabeza sola. Se cos, poniendo en peligro a todos. pecho, un rosario en el cuerpo y
untan el cuello con una pomada, Solo cuando el Curupí se duerme un puñal en la cintura. Si les sale
se recuestan y la cabeza se des- —a veces semanas enteras—, las el Familiar a querer comerlos, le
prende. Los hacheros que sospe- mamás indias están tranquilas y hacen frente y pelean. Pueden
chan la existencia de una bruja dejan de vigilar a sus hijitos. Pero quedar lastimados, con la cara
en las proximidades colocan ra- cuando se despierta —y lo anun- y las manos arañadas y la ropa
mas espinudas en los claros de cian los ruidos misteriosos del rota, pero se salvarán gracias a
los bosques, para que los cabe- bosque—, las mamás no permi- la cruz y al rosario; si el hombre
llos se enreden […] Otra manera ten a los indiecitos que jueguen no puede pelear con su facón, en-
de descubrirla: si se encuentra el lejos de las chozas. tonces será devorado.
cuerpo solo, hay que darlo vuelta;
así la cabeza, cuando vuelve, se Yali, Leyendas de toda América. Las Elena Bossi, Seres mágicos que habi-
coloca al revés sin darse cuenta... trampas del Curupí y otras leyendas, tan la Argentina, Salta, Milor, 1994.
Buenos Aires, Centro Editor de Ilustración de Juan Carlos Barco.
Elena Bossi, Seres mágicos que habi- América Latina, 1968. Ilustración
tan la Argentina, Salta, Milor, 1994. de Ignacio Corbalán.
Ilustración de Juan Carlos Barco.

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del juego "Salamanqueros"

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La Biblioteca Nacional ofrece un relevamiento de los principales
seres mitológicos argentinos que habitan aún hoy los lugares
más recónditos del país. Estas criaturas sobrenaturales que
perviven en el imaginario nacional revisten un profundo interés
en tanto colaboran en la construcción y reconstrucción de nuestra
identidad. Bestiario nacional, criaturas del imaginario argentino es
una cartografía de la presencia de estas entidades, sus mitos y sus
leyendas a lo largo del territorio, a partir del abundante material
hemerobibliográfico conservado en el acervo de la Biblioteca
Nacional. Desde los estudios folklóricos clásicos hasta sus
representaciones en historietas, se exploran las diversas facetas
de nuestros seres, sus adaptaciones y su vigencia.

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