0% encontró este documento útil (0 votos)
63 vistas34 páginas

Identidad Documental: Historia

El documento aborda la representación material del Estado en la Corona de Aragón durante los siglos XIII al XV, analizando cómo la arqueología y la historia del arte contribuyen a entender la legitimación del poder estatal. Se examinan diversos elementos, desde palacios y monedas hasta objetos de arte, que reflejan la autoridad simbólica de los monarcas. A través de un enfoque interdisciplinario, se busca comprender las transformaciones en la organización estatal y su manifestación material en la Baja Edad Media.

Cargado por

gauribalcacerr
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
63 vistas34 páginas

Identidad Documental: Historia

El documento aborda la representación material del Estado en la Corona de Aragón durante los siglos XIII al XV, analizando cómo la arqueología y la historia del arte contribuyen a entender la legitimación del poder estatal. Se examinan diversos elementos, desde palacios y monedas hasta objetos de arte, que reflejan la autoridad simbólica de los monarcas. A través de un enfoque interdisciplinario, se busca comprender las transformaciones en la organización estatal y su manifestación material en la Baja Edad Media.

Cargado por

gauribalcacerr
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ARQUEOLOGÍA

CARLOS LALIENA CORBERA


LUIS BELTRÁN ALMERÍA,
es catedrático de Historia Medieval

CARLOS LALIENA, JULIÁN M. ORTEGA


Y SANDRA DE LA TORRE (coords.)
SANTIAGO MORALES RIVERA
Y DOLORES THION SORIANO-MOLLÁ de la Universidad de Zaragoza
(coords.) y coordinador del Grupo de
Novela corta. Teoría e historia

Y ARTE
Investigación CEMA. Estudia la
PIERPAOLO DONATI Y PABLO GARCÍA RUIZ
formación del Estado en la Edad
Sociología relacional. Una lectura Media desde la perspectiva de la
de la sociedad emergente historia social. Es autor de Siervos
medievales de Aragón y Navarra
BORJA RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ,
en los siglos xi-xiii (Zaragoza, 2012)
JAVIER VOCES FERNÁNDEZ
y, con Philippe Sénac, de 1064.
Y RAQUEL GUTIÉRREZ SEBASTIÁN
Teoría de la novela.
Pasado, presente y futuro
A lo largo de la Baja Edad Media comienza el proceso de en la representación material Barbastro. Guerre sainte et djihâd
en Espagne (Paris, 2018, trad. cast.,
creación de los Estados-nación, una problemática a la
LUIS BELTRÁN ALMERÍA, que hay que prestar una particular atención en la actua- del estado en la corona de aragón Madrid, 2020).

Y DOLORES THION SORIANO-MOLLÁ


(coords.)
Nuevos asedios a la novela
lidad. Desde esta perspectiva, el Grupo de Investigación
CEMA estudia las transformaciones de la organización
(siglos xiii-xv) JULIÁN M. ORTEGA ORTEGA
es doctor por la Universidad de
entre fronteras. Aragón-Aquitania, Zaragoza en Historia Medieval
relatos sin fronteras
estatal de la Corona de Aragón y, entre ellas, el enorme
y profesor asociado, además
incremento de las manifestaciones materiales destinadas de arqueólogo profesional,
JULIO PONCE ALBERCA
Y MIGUEL ÁNGEL RUIZ CARNICER (coords.) a legitimar y dotar de autoridad simbólica a los Estados especializado en la historia y la
El pasado siempre vuelve. arqueología de al-Andalus. Es autor
que la integraban. En este libro, los autores analizan a
Historia y políticas de memoria de La conquista islámica de la
pública través de la arqueología, la historia del arte y la historia Península Ibérica. Una perspectiva
MODESTO GÓMEZ-ALONSO
la creación y exhibición de artefactos destinados a arqueológica (Madrid, 2018) y

xiii-xv))
mostrar en toda su magnificencia el poder del Estado, Operis terre Turolii. La cerámica

Arqueología y arte en la representación material


del Estado en la Corona de Aragón (siglos xiii-xv
Y DAVID PÉREZ CHICO (coords.)
Ernesto Sosa. bajomedieval en Teruel (Teruel,
desde palacios hasta azulejos y cerámicas, desde coro- 2006).
Conocimiento y virtud
nas y panteones hasta castillos, papeles y monedas,
ÁNGELES BARRIO ALONSO,
desde objetos de arte hasta armas o murallas. SANDRA DE LA TORRE GONZALO
ANDRÉS HOYO APARICIO
Y MANUEL SUÁREZ CORTINA (eds.) es doctora en Historia Medieval
Latidos de nación. por la Universidad de Zaragoza
Europa del sur e Iberoamérica y actualmente contratada
en perspectiva histórica postdoctoral en la Universidad
GUILLERMO TOMÁS FACI de Valladolid. Su principal línea
Y CARLOS LALIENA CORBERA (coords.) de investigación se centra en la
Rogar al rey, suplicar a la reina. economía bajomedieval. Es autora

ISBN 978-84-1340-381-6
El gobierno por la gracia de Grandes mercaderes de la
en la Corona de Aragón, siglos xiii-xv Corona de Aragón en la Baja Edad
XAVIER PONS DIEZ
Media. Zaragoza y sus mayores
El marco teórico fortunas mercantiles, 1380-1430
de la psicología social (Madrid, 2018) y Construir el paisaje:
hábitat disperso en el Maestrazgo
JUAN MANUEL FORTE MONGE
turolense de la Edad Media
Y NURIA SÁNCHEZ MADRID (coords.)
(Zaragoza, 2012).
Precariedad, exclusión, marginalidad.
Una historia conceptual
de la pobreza
VICENTE SALAS FUMÁS
La empresa española:
del euro a la COVID-19
CARLOS LALIENA CORBERA, JULIÁN M. ORTEGA ORTEGA
Y SANDRA DE LA TORRE GONZALO (coords.)
PUZ
PRENSAS DE L A UNIVERSIDAD DE ZAR AGOZA
Arqueología y arte
en la representación material del Estado
en la Corona de Aragón (siglos xiii-xv)
Carlos Laliena Corbera
Julián M. Ortega Ortega
Sandra de la Torre Gonzalo
(coords.)

Arqueología y arte
en la representación material
del Estado en la Corona
de Aragón (siglos xiii-xv)

PRENSAS DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA


Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta
obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista
por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, [Link]) si
necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

© Carlos Laliena Corbera, Julián M. Ortega Ortega y Sandra de la Torre Gonzalo (coords.)
© De la presente edición, Prensas de la Universidad de Zaragoza
(Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social)
1.ª edición, 2022

Proyecto DECA: PGC2018-097683-B-100. Dinámicas del Estado en la Corona de Aragón. So-


ciedad política, culturas del poder y comunicación en el reino de Aragón en una perspectiva
comparada.

Grupo de Investigación de Referencia CEMA. Gobierno de Aragón.

Prensas de la Universidad de Zaragoza. Edificio de Ciencias Geológicas, c/ Pedro Cerbuna, 12


50009 Zaragoza, España. Tel.: 976 761 330
puz@[Link] [Link]

Esta editorial es miembro de la UNE, lo que garantiza la difusión y comercialización


de sus publicaciones a nivel nacional e internacional.

ISBN 978-84-1340-382-3
Impreso en España
Imprime: Servicio de Publicaciones. Universidad de Zaragoza
ÍNDICE

Prefacio
Carlos Laliena Corbera y Julián M. Ortega Ortega...................9

Primera parte
TODOS LOS CUERPOS DEL REY
Arqueología y paisajes de los palacios reales ingleses: nuevos
resultados y perspectivas
Christopher M. Gerrard y Alejandra Gutiérrez.........................19
La dimensión material de la memoria: el panteón real de San Juan
de la Peña
Julián M. Ortega....................................................................59
El vespertilio: textos e imágenes de la propaganda áulica en la Corona
de Aragón
Joan Molina Figueras..............................................................101
Regalia e imagen del poder regio en la Corona de Aragón
Isabel Ruiz de la Peña González..............................................125
Le château des rois de Majorque de Perpignan: Exercice et exaltation
du pouvoir royal
Aymat Catafau, Michel Martzluff, Olivier Passarrius...............165
434 Índice

Segunda parte
TERRITORIALIZANDO LA CORONA, FORJANDO EL ESTADO
Violencia inherente al sistema. Las fortificaciones de realengo en
la frontera occidental aragonesa (siglo xiv)
Mario Lafuente Gómez...........................................................195
La producción y circulación de moneda en la Corona de Aragón
Maria Clua Mercadal.............................................................229
Las pueblas fortificadas en el reino de Valencia: poder real, frontera
y articulación territorial
Josep Torró..............................................................................255
Obras públicas y poder del Estado. Puentes y murallas en la Corona
de Aragón durante la Baja Edad Media
María Teresa Iranzo Muñío....................................................315

Tercera parte
DESPERSONALIZANDO EL PODER DEL ESTADO
Identidad documental y representación del poder. El caso de la Corona
de Aragón (siglos xii-xv)
María Luz Mandingorra Llavata............................................353
Un palacio para el reino de Aragón: poder y representación del Estado
en el siglo xv
Carlos Laliena Corbera...........................................................381
A modo de conclusión
Juan Vicente García Marsilla..................................................417
IDENTIDAD DOCUMENTAL
Y REPRESENTACIÓN DEL PODER.
EL CASO DE LA CORONA DE ARAGÓN
(SIGLOS XII-XV)
María Luz Mandingorra Llavata
Universitat de València

Representación
Hace más de treinta años, afirmaba Roger Chartier que uno de los
rasgos que caracteriza al Estado moderno es, junto con el monopolio fiscal
y el control militar, «la conscience de sa propre histoire et l’organisation
des instruments necéssaires pourqu’elle soit écrite, conservée, transmise»
(1985: 491). Así mismo, señalaba que, en el seno del proceso que conduce
a su definición, es posible individualizar dos mecanismos: de un lado,
«l’hégémonie d’une maison, d’une dynastie, d’une souveraineté» y, de otro,
el cambio en la «forme même de la domination à l’intérieur de l’unité qui
devient hégémonique» (1985: 492).
De acuerdo con el autor francés, tales transformaciones se manifiestan
en múltiples medios de expresión, que él divide entre los signos del poder,
como la corona, el cetro, el vestido o el sello, que distinguen al monarca de
los demás individuos, y los monumentos, que identifican tanto al rey como
a la nación o al Estado, entre los que se hallarían los emblemas, las meda-
llas o los ciclos pictóricos (1985: 500), a los que cabe añadir los instrumen-
tos de carácter jurídico-administrativo, esto es, los documentos.
Todos ellos constituyen un conjunto, un programa de comunica-
ción y representación, en cuyo centro se sitúa el poder. Sin embargo,
cada uno cumple una función distinta —aunque convergente en una
354 María Luz Mandingorra Llavata

única intención— y es recibido por los diferentes sectores del público de


un modo igualmente diverso, dado que su lectura viene determinada por
la instrumentación cultural de la que dispone cada individuo, en suma,
por los condicionantes y perfiles de la alfabetización (Chartier, 1985:
493).
El origen de tales programas de representación puede rastrearse, en el
caso de la Corona de Aragón, hasta la Plena Edad Media y allí nos situare-
mos para dar comienzo a nuestro recorrido. Sin perder de vista el conjunto
del que forma parte y en el que alcanza su plena trascendencia, centrare-
mos nuestro análisis en el documento, entendido desde el punto de vista
de la diplomática y que Alessandro Pratesi (1987: 12) definió como «una
testimonianza scritta di un fato di natura giuridica, compilata coll’osservanza
di certe determinate forme, le quali sono destinate a procurarle fede e a
darle forza di prova».
La significación y la importancia del documento diplomático como
pieza que integra los programas de representación de las monarquías me-
dievales se ponen de relieve en una serie de peculiaridades que lo indivi-
dualizan y lo convierten en un testimonio ideal para el estudio de los en-
granajes comunicativos creados por el poder al objeto de establecer
contacto tanto con sus súbditos como con otras instancias políticas o ad-
ministrativas y hacerse presente en la distancia.
En primer lugar, destaca su carácter poliédrico, pues, como nos decía
Armando Petrucci (1963: 796), el documento medieval servía
per esprimere e comunicare non soltanto rapporti giuridici e amministrativi,
ma anche e a volte sopratutto credenze religiose, concetti politici, sentimenti
di potenza o di pietà, mediante un sapiente intreccio di formule tradizionali, di
artifici retorici, di citazioni bibliche e giuridiche, di eleganze calligrafiche,
di simboli grafici.

Pese a ello, al mismo tiempo, frente a las imágenes y otros productos


interpretables, que pueden generar opinión, el documento goza de un va-
lor jurídico inapelable, lo que favorecerá su conservación. El documento
público en particular constituye tanto una garantía de derechos y de pro-
piedades como una presencia del emisor y, con ella, un enriquecimiento
del archivo que lo custodia. Esta conservación, a su vez, es una caracterís-
tica que diferencia a los documentos de otras manifestaciones, cuya preser-
Identidad documental y representación del poder 355

vación se ha visto sometida a factores de índole totalmente subjetiva, como


son su adecuación estética a gustos cambiantes o la voluntad de erigir nue-
vos escenarios para los gobernantes. Así sucedió, por ejemplo, con el ciclo
pictórico de la conquista de Mallorca, desaparecido con la construcción
del salón del Tinell (Molina, 2013: 227 y ss.). Probablemente por ello, ya
Fernando del Pulgar advertía: «Muchos tenplos y hedificios fizieron algu-
nos reyes e enperadores pasados, de los quales no queda piedra que veemos,
pero queda escriptura que leemos» (Pulgar, 1982: 62).
Por otra parte, es cierto igualmente que la producción documental
tiene una dimensión más modesta —en el plano visual cuando menos—
que los grandes proyectos de representación, ya sean de carácter pictóri-
co o arquitectónico, pero su alcance es muy superior, ya que los docu-
mentos gozan de una movilidad y, por ello, de una difusión de la que
carecen aquellos. Así lo resaltaba san Vicente Ferrer (2019: 248) cuando
hacía notar a los fieles cuáles eran los indicios de la existencia de un rey
ausente:
Rex, licet per potentiam sit in toto suo regno, non tamen est ubique per
presentiam, quia non omnia videt nec sunt omnia sibi presentia, ymmo
oportet eum investigare per comisarios, litteras, processus et huiusmodi.

Esto es aplicable, en gran medida, a la Corona de Aragón, puesto que


se han perdido, total o parcialmente, algunas de las grandes obras destina-
das a potenciar y engrandecer la imagen de la monarquía, como el panteón
de los reyes de Poblet o el conjunto escultórico para el mencionado salón
del Tinell, ambos encargados por Pedro el Ceremonioso. En cambio, dis-
frutamos de una colección documental extraordinaria, tanto en forma de
originales como de registros de cancillería.1
Por último, otro factor importante que debemos considerar es la con-
tinuidad. Es una evidencia a este respecto el hecho de que, en los progra-
mas de representación de los monarcas de la Corona de Aragón, la figura
de Alfonso el Magnánimo —con su decidida utilización de las formas hu-
manísticas— constituye un punto de inflexión (Capilla, 2015 y 2019). Sin

1 Trenchs y Aragó (1983: 14) ofrecen, de modo sintético, las cifras de la documen-
tación real conservada en el Archivo de la Corona de Aragón (= ACA).
356 María Luz Mandingorra Llavata

embargo, este ingrediente tuvo escaso impacto en la producción documen-


tal, salvo en lo relativo a las formas gráficas, en las que, por otra parte, se
habían producido diversos cambios a lo largo del tiempo.2 Por consiguien-
te, podemos afirmar que, en el caso de la monarquía catalanoaragonesa,
frente a otras formas de representación, diseñadas de acuerdo con las suce-
sivas transformaciones en los modelos políticos, ideológicos, culturales y
estéticos, durante toda la Baja Edad Media se mantuvo la identidad docu-
mental que se había definido al menos desde comienzos del siglo xiii.

Identidad documental
Podemos definir la identidad documental o diplomática como un
conjunto de rasgos que permiten identificar el documento como producto
de una oficina de expedición concreta que sirve a las necesidades comuni-
cativas y de representación de un poder. El proceso de su fijación puede
seguirse en cada escribanía / cancillería real —incluidas, naturalmente, la
imperial y la pontificia— y, como veremos, tiene su prolongación en otros
ámbitos, puesto que su finalidad es crear un discurso uniforme y reconoci-
ble por los destinatarios, ya fueran súbditos u otros príncipes. El objetivo
de la presente contribución es apuntar de qué modo se construyó la iden-
tidad documental de la Corona de Aragón durante la Baja Edad Media e
individualizar cuáles fueron los momentos decisivos en esa definición. Y,
para satisfacer este propósito, nos serviremos de las categorías propias del
análisis diplomático.
Como es bien conocido, la diplomática distingue entre las característi-
cas externas, relativas a la materialidad del documento, y las características
internas, referentes a su textualidad, y todas ellas —la selección de los
soportes de escritura, la creación y adaptación de tipos gráficos, el diseño
de los elementos de validación o la organización del tenor diplomático con
la correspondiente fijación de fórmulas— reflejan la voluntad y la necesi-
dad de las oficinas de producción documental de fabricar productos únicos
e identificables.

2 Para la evolución experimentada por la escritura en la Corona de Aragón durante


la Baja Edad Media, véanse Gimeno y Trenchs (1991) y Gimeno (1991 y 2005b).
Identidad documental y representación del poder 357

Del conjunto de rasgos que definen la formalidad del documento di-


plomático, las características externas son, probablemente, las más relevan-
tes en lo tocante a la representación, ya que pueden ser apreciadas por to-
dos los que entran en contacto con el mismo, independientemente de su
nivel de alfabetización.
Si bien el uso de la materia se hallaba condicionado por la disponi-
bilidad de cada época y lugar, en muchos casos, las oficinas la elegían
conscientemente por razones que iban desde lo eminentemente práctico
hasta el deseo de expresar mensajes añadidos al contenido textual. Así,
vemos cómo dos grandes cancillerías, la franca y la pontificia, mantuvie-
ron durante la Alta Edad Media una adhesión al papiro, difícil de obte-
ner y de conservar en las condiciones climáticas europeas, en un momen-
to en el que el pergamino era el soporte de escritura dominante en
Occidente.3 ¿Qué llevó a estas oficinas —por lo demás, las que ostenta-
ban el liderazgo en el seno de la producción documental en Europa— a
decantarse por un material que solo podía generar problemas de abaste-
cimiento y almacenaje? ¿Cabe pensar que se sirvieron de las prácticas
documentales para presentarse como herederas de la cancillería imperial
romana, con el subsiguiente efecto en la imagen de los poderes que las
respaldaban?
Por lo que se refiere a la escritura, Petrucci (1963: 797) señalaba que
debemos «considerare le scritture cancelleresche e documentarie […] come
riflesso della dignità atribuita all’atto di cui rappresentavano il simbolo
grafico». Ello explica la creación de tipos gráficos exclusivos de la oficina,
como las diversas formas de la escritura curial en la cancillería pontificia,4

3 Según Giry (1894: 494 y 669), el uso del papiro está documentado en la cancillería
franca en el siglo vii, en concreto entre el 625 y el 692, y, en la pontificia, hasta el siglo xi.
El más antiguo de los documentos francos es el de Clotario II dado en junio / julio de 625
y conservado en París, AN (=Archives Nationales), Armoire de fer, AE/II/1. Objeto digital
disponible en: <[Link]
ments-et-images-de-lhistoire-de-france-conserves-par-les-archives-/images/?refine.
support=Papyrus> [acceso: 22/2/21]. Respecto a los documentos papales, puede verse, por
ejemplo, la Epístola del papa Juan VIII, del 15 de octubre de 876, conservada en París, BNF
(= Bibliothèque Nationale de France), ms. Lat. 8840. Objeto digital disponible en: <https://
[Link]/ark:/12148/cc62374z> [acceso: 22/2/21].
4 Para la escritura curial bastará con citar aquí Rabikauskas (1958) y Tjäder (1963-
1964). A modo de ejemplo, puede verse la Epístola de Juan VIII citada en la nota 3.
358 María Luz Mandingorra Llavata

o, más frecuentemente, la adaptación de formas ya en uso por medio de


elementos que tienden a la estilización con el fin de conseguir una perso-
nalidad propia y específica. Es el caso de la llamada minúscula diplomática,
resultante de la traslación al uso documental de una escritura nacida para
la copia de libros como era la minúscula carolina, fenómeno que se produ-
jo en la cancillería imperial.5
Por su parte, los signos integran el conjunto de mecanismos utilizados
para la validación de los documentos y, en consecuencia, son esenciales para
su funcionamiento como instrumento jurídico, pero, al mismo tiempo,
constituyen uno de los rasgos que contribuyen en mayor medida a la iden-
tificación visual del producto.6
Finalmente, la aposición del sello constituye la culminación del pro-
ceso de génesis documental, ya que no solo otorga validez al documento,
sino también credibilidad. Los coetáneos eran plenamente conscientes del
significado del sello, como expone el ya mencionado san Vicente Ferrer
(2002: 645):
Nam, si mititur ad hanc villam litera bene scripta et ordinata et in pul-
cra forma et non sit ibi sigillum, quid dicetis de tali litera? Certe bene respi-
cietis et placebit vobis legere propter ordinacionem pulcram, sed tamen non
dabitis credenciam, quia in ea deficit sigillum, quod dat fidem.7

Respecto a los caracteres internos, su importancia en relación con la


representación del poder radica en la carga ideológica que transmiten,
patente, sobre todo, en las cláusulas discursivas como el preámbulo o la

5 Acerca de la minúscula diplomática de la cancillería imperial, véanse Gasparri


(1973); Koch (1973 y 1979) y Stiennon (1960). Hallamos una excelente muestra de este
tipo gráfico en el privilegio del emperador Conrado III, dado en Estrasburgo el 28 de
mayo de 1139, Sankt Gallen, Stiftsarchiv. Abteilung Pfäfers. Objeto digital disponible en:
<[Link] [acceso: 22/2/21].
6 Uno de los casos más significativos lo constituye el privilegio rodado de la canci-
llería real castellanoleonesa, cuyos valores simbólicos fueron analizados por Ostos y Pardo
(1995). Véase, por ejemplo, el privilegio de Alfonso X el Sabio, dado en Sevilla el 19 de
mayo de 1263, AHN (= Archivo Histórico de la Nobleza), OSUNA, CP.46, D.20. Objeto
digital disponible en: <[Link]
[acceso: 22/2/21].
7 Nótese cómo el maestro dominico resalta las características formales del docu-
mento y el impacto que provocan en el público.
Identidad documental y representación del poder 359

narración, pero perceptible también en otras más breves como la invoca-


ción. De otro lado, cláusulas como la sanción —que introduce una indu-
dable carga coercitiva— o la corroboración —que, además de proporcio-
nar validez y garantía, comporta un punto de solemnidad y enlaza con
una característica extrínseca, el sello—, refuerzan el contenido de la dis-
posición.
Con todo, el componente simbólico de las características internas se
revela así mismo en el orden en que se presentan las cláusulas, que, como
veremos, está pleno de sentido. Ahora bien, a diferencia de los caracteres
externos, los internos solo podían ser valorados por quienes contaban
con un grado, aunque fuera mínimo, de conocimiento de la escritura o
por quienes tenían la oportunidad de asistir a la lectura pública del do-
cumento.

La identidad documental de la Corona de Aragón


En el proceso que conduce a la definición de la identidad documen-
tal de la escribanía / cancillería de la Corona de Aragón influyeron nu-
merosos factores, desde la doble herencia aragonesa y catalana que marca
su inicio, hasta la expansión geográfica de sus territorios entre los siglos
xiii y xv. Todo ello se produjo en un contexto general en el que otras
oficinas estaban desarrollando paralelamente sus propias identidades, de
modo que muchos de los fenómenos que vamos a tratar se inscriben en
una tendencia de fondo, que afectó a todos los reinos de Europa occiden-
tal. Para reconstruir dicho proceso, analizaremos las transformaciones en
la morfología del privilegio y la aparición y evolución de la carta real,
poniéndolos en relación con otras manifestaciones cuya finalidad última
era crear la imagen de la monarquía.

Inicios
Tras la unión dinástica, que hizo confluir bajo una autoridad dos es-
cribanías con sus respectivas tradiciones diplomáticas, el primer momento
importante en la conformación de una nueva identidad documental viene
representado por la selección gráfica que tuvo lugar durante el reinado de
Alfonso el Casto. Esta selección llevó al abandono de la escritura visigótica
360 María Luz Mandingorra Llavata

redonda8 —que había caracterizado al documento de la escribanía real ara-


gonesa (Canellas, 1983: 31) y tenía ya una escasa presencia fuera de este
ámbito— en favor de la escritura gótica, que fue adaptada al uso documen-
tal y evolucionó durante la segunda mitad del siglo xii mirándose en el
espejo de la minúscula diplomática de la cancillería imperial. Tanto es así,
que algunos documentos de Pedro el Católico reproducen rasgos caracte-
rísticos de aquella, como la estilización de los signos, la reducción del con-
traste y la fractura inherentes al referente gótico y la presencia de los treillis
en los alzados, totalmente desproporcionados respecto al cuerpo de las le-
tras (Gimeno y Trenchs, 1991: 501-502).9
Así mismo, durante el reinado de Alfonso el Casto, se detecta el inicio
de una división de funciones entre el jefe de la escribanía y el escribano
amanuense,10 que se evidencia, de acuerdo con las afirmaciones de Aragó y

8 El último documento emanado de la escribanía aragonesa en este tipo gráfico es


el privilegio de Alfonso el Casto dado en Zaragoza en agosto de 1162, AMZ (= Archivo
Municipal de Zaragoza), R-7 (Canellas, 1972-1975, I, n.º 15, pp. 99-100, lám. 4). Objeto
digital disponible en: <[Link]
nload&a0=Resultados&c0=Imagen+Vista&a=01%2F01-01%2FAMZ_1-1_R007%2F_
[Link]&a1=djvu&l0=djvu&l1=01%2F01-01%2FAMZ_1-1_R007%2F_index.
djvu> [acceso: 22/2/21].
9 Constituye un buen ejemplo al respecto el privilegio dado por Pedro el Católico
en marzo de 1196, ACA, Cancillería, Pergaminos Pedro I-II, n.º 26 (Mateu y Mateu,
1980-1992, lám. 69). Por otro lado, hallamos una fase intermedia de esta evolución grá-
fica en el privilegio de Alfonso el Casto dado en Barcelona en 1189, ACA, Cancillería,
Pergaminos Alfonso I-II, Carpeta 52, 515-515v. Objeto digital disponible en: <[Link]
[Link]/ParesBusquedas20/catalogo/show/12898742> [acceso: 22/2/21]. Podemos ras-
trear hasta la Alta Edad Media la influencia de la minúscula diplomática de la cancillería
imperial en la documentación catalana, que se manifiesta en el uso de las litterae elongatae
en las suscripciones de los rogatarios y, en ocasiones, en la primera línea del texto. Así se
ve en el documento de compraventa de 16 de julio de 959 conservado en el ACU (= Arxiu
Capitular i Diocesà d’Urgell), Pergamins, n.º 74, o en la escritura de donación dada el 15
de octubre de 1088, ACG (= Arxiu Capitular de Girona), Pergamins, n.º 104 (Arnall,
2000: n.º 22). En algunos casos, los redactores de los documentos destacaban la primera
línea de los mismos utilizando mayúsculas procedentes del ámbito del libro o de las escri-
turas expuestas —con las que probablemente se hallaban más familiarizados, especialmen-
te, si se trataba de eclesiásticos—, como se advierte en la carta de dote otorgada por Ramón
Berenguer I, dada en 1040, ACA, Cancillería, Pergaminos Ramón Berenguer I, n.º 34 (Ma-
teu y Mateu, 1980-1992: n.º 25).
10 En la escribanía del reino de Aragón existía una división de funciones entre el
scriptor, que recibía la iussio y validaba el documento, y el amanuense (Canellas, 1983: 16
y ss.). Por otra parte, en la escribanía de Ramón Berenguer IV, la aposición del signo era
encargada a un funcionario particular (Aragó y Trenchs, 1977: 423 y Trenchs, 1979: 13).
Identidad documental y representación del poder 361

Trenchs (1977: 428), en la inserción de la expresión «data per manum» en


la retórica documental. Este hecho —que se consolidará con Pedro el Ca-
tólico (Aragó y Trenchs, 1977: 435)— tiene múltiples significados. En
primer lugar, permite la identificación del personaje, al tiempo que fija su
relación con el poder; además, muestra la complejidad creciente de la ofi-
cina, circunstancia esta que marca el comienzo de un proceso que llevará a
la constitución de la cancillería, ya en época de Jaime I.
Será en este período igualmente cuando se fije un modelo de sello,
con una doble representación, mayestática y ecuestre, que será utilizada a
lo largo de toda la Baja Edad Media. El recorrido por las reproducciones
que nos ofrece Ferran de Sagarra11 revela la estabilidad de los distintos
componentes del sello, como las imágenes de los príncipes en majestad,
que, a su vez, se hallan presentes en otros productos, como el Rollo de
Poblet, si bien, en palabras de Amadeo Serra (2002-2003: 70), carentes de
«la solemne simetría habitual en los sellos reales». La representación ecues-
tre, por su parte, constituye un símbolo de la continuidad dinástica; no
olvidemos en este sentido el sello de Ramón Berenguer IV, donde figura el
conde a caballo, blandiendo la lanza y sujetando el escudo.12 A esta conti-
nuidad contribuye la pervivencia, en el texto de la leyenda, de la escritura
mayúscula gótica incluso cuando, en el ámbito de las escrituras expuestas,
había sido mayoritariamente sustituida por la minúscula gótica textual
(Gimeno y Trenchs, 1991: 507-508).
Finalmente, con Alfonso el Casto comienza una práctica que hace pa-
tente, de un lado, la importancia creciente que el documento adquiría en la
definición de la imagen monárquica y, de otro, una nueva concepción del
poder: la inclusión de la expresión de los dominios territoriales en la leyenda
que acompaña al signum regis, que adoptará una formulación muy homogé-
nea: «Signum + Ildefonsi, regis Aragonensis [Aragonum, Aragonie], comitis
Barchinonensis [Barchinone] et marchio Provincie» (Aragó y Trenchs, 1977:

11 Sagarra (1916-1932), vol. i. Véanse, por ejemplo, los sellos de Alfonso el Casto,
lám. vi, n.º 3; Pedro el Católico, lám. ix, n.º 8; Jaime I, lám. xiii, n.º 19; Pedro el Grande,
lám. xix, n.º 33; Alfonso III, lám. xx, n.º 35; Jaime II, lám. xxi, n.º 40; Alfonso IV, lám.
xxvii, n.º 54; Pedro el Ceremonioso, lám. xxix, n.º 57; Juan I, lám. xxxv, n.º 68; Martín I,
lám. xxxviii, n.º 77; Alfonso el Magnánimo, lám. xl, n.º 83; Fernando el Católico, lám.
xlix, n.º 112.
12 Sagarra (1916-1932), vol. i, lám. v y lám. vi, n.º 2a y 2b.
362 María Luz Mandingorra Llavata

432 y Trenchs, 1983: 71). Con anterioridad, los signos de los reyes aragone-
ses tan solo incluían «fórmulas de redacción impersonal: es un simple aviso
de la persona a la que pertenece el signo impreso» (Canellas, 1983: 37).
No podemos dejar de relacionar estas innovaciones —a las que cabe
añadir el abandono de la datación por el reinado de los reyes francos y su
sustitución por el año de la encarnación en la documentación emanada
para Cataluña (Baucells, 1998: 22 y ss.)— con el Liber Feudorum Maior, el
cartulario real elaborado por Ramón de Caldes, que no en vano se autoca-
lifica como Liber domini regis.13
Lógicamente, la función inicial del cartulario14 es proteger la informa-
ción custodiada en el archivo mediante la creación de un repositorio parale-
lo.15 En consonancia con ello, la magnífica miniatura del folio 1r del Liber
muestra tanto los documentos y las arcas en las que se guardaban como la
confección del libro. Pero el cartulario no constituye un simple duplicado de
los documentos, sino que se erige en una realidad nueva, que es mucho más
que la suma de las piezas que la integran. Por un lado, la reproducción que
se hacía —aunque fuera parcial— de las características físicas de los origina-
les ayudaba a evocar su naturaleza y su procedencia (Atsma y Vezin, 2003: 26
y ss.). Por otro, su misma elaboración proporcionaba también una oportuni-
dad para conformar una unidad textual más amplia a partir de unidades in-
dependientes, un macrotexto que facilitaba la organización de los textos in-
dividuales, su inserción en un todo coherente e, incluso, el trazado de una
línea narrativa con sentido propio (Gómez, 2013: 9).
Ello se advierte perfectamente en el prólogo de la obra, que prueba el
rol central asignado al documento en el ejercicio del buen gobierno16 y en
la consecución de la paz social:

13 El texto comienza, de hecho, con las palabras «Prologus in Libro domini regis»,
ACA, Cancillería, Registros, n.º 1, f. 1v. Véanse su reconstrucción y edición en Miquel
(1945). Objeto digital disponible en: <[Link]
show/1931493> [acceso: 22/2/21].
14 Acerca del cartulario como producto, véase Rodríguez y Claret (coords.) (2011).
15 Kosto (2001: 5-6) plantea la posibilidad de que los documentos copiados en el
Liber no procedieran en su totalidad del archivo real, sino también de depósitos satélites
o, incluso, de los archivos de sus propietarios.
16 La conexión del Liber con la reforma de la administración condal ya fue puesta de
manifiesto por Salrach (1992) y ha sido tratada posteriormente por otros autores. Para
esta cuestión, véase Kosto (2001: 8 y ss.)
Identidad documental y representación del poder 363

viva expressistis voce, vos habere votum et desiderium, ut omnia instrumenta


propria et inter vos vestrosque antecessores ac homines vestros confecta, et in
ordinatione confussa, sub uno redigerentur volumine, tum propter subiecto-
rum, scilicet, utilitatem, ut, his instrumentis ad memoriam revocatis, unus-
quisque ius suum sorciatur, tum propter eternam magnarum rerum memo-
riam, ne inter vos et homines vestros, forte oblivionis occasione, aliqua
questio vel discordia posset oriri.17

Ahora bien, más allá de la introducción de la lógica gráfica en la ges-


tión, la estructura y el programa iconográfico del Liber revelan una nueva
visión del dominio sobre el territorio, así como el intento, desde la corte,
de crear un lenguaje apropiado para la misma. En suma, el Liber Feudorum
Maior no solo era una herramienta administrativa y de control, sino que
constituía una auténtica expresión de poder (Kosto, 2001: 15-16).
Con todo, pese a lo hasta ahora expuesto, el gran avance en la defini-
ción de una formalidad identificativa y propia de los documentos de la
Corona se producirá durante el reinado de Pedro el Católico, y lo hará
fundamentalmente por medio de dos elementos.
El más importante es el diseño del signum regis, para el que no se si-
guió el patrón del signo de su padre —que había mantenido la tradición
de los reyes aragoneses (Aragó y Trenchs, 1977: 432)—, sino que se basó
en el signo de su madre, la reina Sancha de Castilla. 18 A partir del esquema
básico del rombo, se colocaron puntos en lugar de las cuatro cruces que
había en los cuadrantes y se trasladaron estas al extremo de las cuatro dia-
gonales (Trenchs, 1983: 80).
El segundo, tal vez menos relevante en apariencia, pero igualmente
significativo por cuanto se refiere al desarrollo de una morfología propia
del documento, es la homologación de las «suscripciones heterógrafas, en
tercera persona, presididas por el “signum” y distribuidas regularmente en
dos, tres, cuatro o más columnas» (Aragó y Trenchs, 1977: 437). La pre-
sencia de suscripciones de testigos en el escatocolo era una herencia del
documento de la escribanía condal catalana, procedente, a su vez, del do-
cumento privado catalán altomedieval, que, siguiendo lo estipulado por el

17 ACA, Cancillería, Registros, n.º 1, f. 1v.


18 Podemos ver simultáneamente los signos de Alfonso el Casto, la reina Sancha y el
aún infante Pedro en el privilegio de Alfonso el Casto del año 1189 citado en la nota 9.
364 María Luz Mandingorra Llavata

Liber Iudiciorum, era validado por medio de las suscripciones —autógrafas


o no— de autores y testigos.19
No obstante, la importancia de este cambio radica en la conversión de lo
que originariamente había sido un medio de validación en un rasgo de
personalidad y solemnidad, dado que la validez del documento producido
en la escribanía real residía en la aposición del signum regis y del sello. La
desaparición de los signos que precedían a los nombres de los testigos y el
subsiguiente paso del genitivo al nominativo en la redacción20 son una
buena prueba de ello y el fenómeno en su conjunto evidencia la habilidad
de las oficinas de expedición documental medievales para mantener sus
tradiciones diplomáticas y, a la vez, definir nuevos modelos claramente
identificables.
En este punto cabe plantearse a qué motivo responde esta estrategia de
la escribanía. Las razones podrían ser diversas, al tiempo que convergentes.
Por una parte, el aprovechamiento del material disponible en su práctica
diplomática permitía exhibir una directa conexión con los gobernantes
anteriores. Por otra, también podría suponer un reflejo de la naturaleza
contractual de la relación existente entre la monarquía catalanoaragonesa y
sus súbditos, hecho que, de acuerdo con Suzanne Cawsey (2008: 33 y ss.),
llevó a un constante uso de la palabra por parte de los primeros, habida
cuenta de que el ejercicio del poder político comportaba necesariamente
un diálogo entre ambas partes.

Consolidación
El proceso iniciado con Pedro el Católico llegó a su madurez durante
el reinado de su hijo Jaime I, uno de los momentos culminantes en la di-
plomática especial de la Corona de Aragón, ya que, a lo largo del mismo,

19 Acerca de esta cuestión, véase Zimmermann (1973). Para las escribanías de Ramón
Berenguer III y Ramón Berenguer IV, véanse Trenchs (1981 y 1979), respectivamente.
20 Esta nueva disposición se aprecia, por ejemplo, en el privilegio de Pedro el Cató-
lico dado en Tarazona el 8 de julio de 1208, AMZ, R-11 (Canellas, 1972-1975, I, n.º 37,
p. 127, lám. 10). Objeto digital disponible en: <[Link]
ment/ahis?c1=File+Download&a0=Resultados&c0=Imagen+Vista&a=01%2F01-
01%2FA M Z _1-1_ R011%2F_ i nde x .djv u& a1= djv u& l0 = djv u& l1= 01%2F01-
01%2FAMZ_1-1_R011%2F_index.djvu&p=2> [acceso: 22/2/21].
Identidad documental y representación del poder 365

se introdujeron numerosos y trascendentales cambios en la producción


documental.
Desde el punto de vista de las características externas, será en este
momento cuando se conforme la gótica cursiva propia de la Corona, la
gótica catalana o gótica aragonesa, elegante, fluida y dotada de todos los
elementos que definen las escrituras cancillerescas bajomedievales. Desta-
can sus trazos ascendentes y descendentes bien marcados, con giros a dere-
cha e izquierda, respectivamente, que generan un efecto de extensión en
sentido horizontal, incrementado, además, por el alargamiento de los sig-
nos abreviativos de carácter general.21
Por lo que respecta a las características internas, se asienta una tenden-
cia que había comenzado con Pedro el Católico: la desaparición de la invo-
cación como cláusula de apertura del privilegio, sustituida por la notifica-
ción. Abrir el tenor con la notificación se inscribe en una senda de
laicización del documento: de un lado, refuerza su papel como testimonio
de una relación jerárquica y, de otro, prueba un compromiso que se esta-
blece entre el emisor —el rey— y los destinatarios —los súbditos—, que
conecta con el germen de lo que será una noción del poder y de la respon-
sabilidad marcada por un mayor carácter público (Cawsey, 2008: 143).
Ahora bien, el reinado de Jaime I destaca por fenómenos que marca-
rán un antes y un después no solo en la historia de la producción docu-
mental de la Corona, sino en el modo de entender la gestión de gobierno
y la construcción de la memoria de los reinos y de la dinastía.
El primero es la conversión de la escribanía en cancillería, con el
nombramiento de Berenguer de Palou como canciller en 1218. Cierta-
mente, en la época se utilizaron las voces escribanía y cancillería como si-
nónimas y la oficina siguió siendo itinerante hasta el reinado de Jaime II,
cuando adquirió «una organización que, en muchos aspectos, será defini-
tiva» (Trenchs y Aragó, 1983: 40), pero la complejidad de su estructura
comenzará a crecer, en consonancia con la expansión territorial y el con-

21 La colección diplomática de Jaime I (2017) en el ACV (= Archivo de la Catedral


de Valencia) nos ofrece bellas muestras de la gótica catalana, de las que podríamos desta-
car las reproducidas en las láminas n.º 29, 36, 40, 47, 59 y 67.
366 María Luz Mandingorra Llavata

siguiente incremento en el volumen de la producción documental y en la


diversidad de sus tipologías.
En efecto, la aparición de la carta real será otro de los puntos clave
del proceso. La carta nace como un producto unitario que, a diferencia
del privilegio, contaba con tres cláusulas en el protocolo —la intitula-
ción del monarca, seguida de la dirección y la salutación—; el texto se
limitaba a la narración y la disposición, y en el escatocolo figuraban la
datación y la suscripción de un funcionario de la cancillería (Aragó y Trenchs,
1979: 358). Este esquema se mantendrá vigente para buena parte de las
cartas abiertas durante toda la Baja Edad Media, con excepción de aquellas
en las que se efectuaban concesiones o que suponían algún tipo de gracia o
admisión por parte del rey. En estos casos, el tenor ofrece algunos elemen-
tos distintivos como la introducción del «Nos» mayestático en la intitula-
ción, la ausencia de salutación y, desde época de Alfonso el Benigno, la
corroboración, en un intento de aproximar su formalidad a la del privile-
gio, sin perder la esencia del tipo documental: su simplicidad y su econo-
mía productiva (Mandingorra, 2017: 650-651). También encontramos,
naturalmente, variaciones en aquellas cartas en las que el destinatario se
antepone al emisor, en concordancia con la relación existente entre ambos.
No podemos olvidar que el desarrollo del Ars dictaminis22 había hecho de
la carta un dispositivo al servicio de las instancias del poder, para lo cual el
arte epistolar medieval abandonó el eje central de la retórica clásica, la
persuasión, y se centró en la naturaleza del vínculo autor-destinatario (Pe-
relman, 1991: 103).
Finalmente, debemos destacar aquí la aparición de los registros,23 a
imitación de la cancillería pontificia, una práctica documentada desde
1257, que se vio favorecida por la conquista del reino de Valencia con la
subsiguiente incorporación de las fábricas de papel de Xàtiva. La registra-
ción permite que el emisor siga controlando el documento después de su
expedición, al menos en su textualidad, que no en su materialidad, única e
irrepetible. No obstante, al igual que el cartulario, el registro es un archivo

22 La influencia del Ars dictaminis en la prosa cancilleresca ha sido estudiada, entre


otros, por Olivar (1936); Rubió (1990); Ruiz (1956). Véase también Arnall (2000, vol. i:
165-202).
23 Para el registro como producto, véase Cantarell y Comas (coords.) (2011).
Identidad documental y representación del poder 367

que no solo almacena información, sino que, al disponerla en un modo


determinado, otorga sentidos adicionales a los textos que lo integran y crea
un discurso nuevo en el que la acumulación y el manejo de los datos con-
tribuyen al ejercicio del poder.
Todas estas innovaciones se hallan en conexión con un hecho que en
modo alguno puede ser casual: Jaime I es el primer monarca que cuenta con
una «gran crónica», el Llibre dels Feits,24 que, como indica Joan Molina
(2013: 225), fue «redactada en catalán en el marco de la corte» y, a diferencia
de textos de «carácter monástico y privado» como los Gesta comitum Barci-
nonensium, señala «el paso hacia obras pensadas para llegar a un público
mucho más amplio y diversificado». Por otra parte, la conciencia genealógica
que, de acuerdo con Stefano Cingolani (2008: 112 y ss.), revela la crónica no
contraría el hecho de que, como apunta el mismo autor (2007: 64-68), bue-
na parte de la historiografía oficial de la Corona de Aragón en la Baja Edad
Media fue concebida por la monarquía como un instrumento propagandís-
tico para autoafirmarse y contrarrestar el protagonismo de la nobleza.

Plenitud
Con Jaime I se marcaron unas pautas en el ámbito de la producción
documental que se mantuvieron vigentes, salvo algunos cambios menores,
hasta época de Pedro el Ceremonioso. Su reinado se erige en otro de los
hitos fundamentales en la formación de la identidad documental de la
Corona de Aragón, que se convertirá en una parte sustancial del ambicioso
programa de representación desarrollado por el monarca, definido por
Joan Molina (2013: 227) como un gran «aparato multimedia».
Pues él no solo encargó y supervisó la redacción de la crónica de su
reinado, sino que fue el impulsor de una historia oficial del reino, la llama-
da Crónica de San Juan de la Peña, de la que se hicieron versiones en latín,
aragonés y catalán y para cuya redacción se utilizaron documentos de ar-
chivo (Cawsey, 2008: 131). Esta conciencia de la importancia de la docu-

24 El manuscrito más antiguo, datado en 1343, es el conservado en la BUB (= Bi-


blioteca de la Universitat de Barcelona), ms 1. Objeto digital disponible en: <[Link]
[Link]/digital/collection/manuscrits/id/53523> [acceso: 22/2/21].
368 María Luz Mandingorra Llavata

mentación se advierte igualmente en la solicitud de instrumentos que pro-


baran la legitimidad de Ramiro I efectuada al abad de San Victorián
(Cawsey, 2008: 63-64). Y el valor que atribuía a la difusión, tanto de sus
acciones como de las llevadas a cabo por sus antepasados, se tradujo en el
contrato de un «recontador de gestes reials», que se dedicaría a la recitación
de las crónicas en espacios más o menos públicos (Cawsey, 2008: 134).
Así mismo, es bien conocida su actividad de escritura, que ha sido
tratada en sus distintas vertientes, entre otros, por Francisco Gimeno
(2006 y 2014) o la citada Suzanne Cawsey (2008). Por ello, no puede sor-
prender que durante su reinado se acometieran profundas reformas que
afectaron a los procesos de la producción documental. No entraremos en
una valoración de lo que en este ámbito suponen las Ordinacions de la Casa
i Cort,25 cuestión que supera con mucho las posibilidades de estas páginas;
tan solo señalaremos que regularon minuciosamente el funcionamiento de
la cancillería (Pere el Cerimoniós, 2009: 119 y ss.) y fijaron una estructura
que se mantuvo básicamente inalterada durante toda la Baja Edad Media,
con excepción de algunas ligeras modificaciones que tuvieron lugar duran-
te el reinado de Alfonso el Magnánimo (Sevillano, 1950: 137-138).
El gran programa organizativo del Ceremonioso se refleja claramente
en la morfología de los documentos, aunque de modo dispar, puesto que
no afectó por igual a privilegios y cartas. Ambos verían, ciertamente, una
alteración en una de sus características externas, la escritura, causada por la
influencia de las cursivas francesas e italianas sobre la gótica catalana. Este
cambio podría interpretarse como una internacionalización de las prácticas
gráficas de la Corona y de su cancillería, que habría modificado su escritu-
ra propia siguiendo la estética marcada por formas ajenas, cuya autoridad
podría radicar en su uso por parte de la cancillería real francesa y, sobre
todo, por la cancillería pontificia (Gimeno, 1991).
En todo caso, la reforma documental no supuso una ruptura en el
documento más importante desde el punto de vista de la imagen de la
monarquía, el privilegio, que conservó las características del modelo pre-
cedente, en concreto, sus aspectos visuales más destacados, el sello y el

25 Véanse su edición y estudio en Pere el Cerimoniós (2009).


Identidad documental y representación del poder 369

signum regis. Del mismo modo, se mantuvo su adhesión al uso del pergami-
no y al latín, frente a la consolidación del papel como soporte de las cartas,
que, además —en especial, las cartas cerradas—, se decantaron por las len-
guas romances en su redacción. Con todo, en el privilegio se introdujo un
cambio de gran relevancia por cuanto se refiere a la representación del poder
real, puesto que dejó de abrirse con una notificación para comenzar direc-
tamente con la intitulación, precedida por el «Nos» mayestático.26 No debe-
mos olvidar que la intitulación completa no suponía la mera exposición del
dominio territorial, sino que patentizaba la organización jerárquica de los
espacios objeto de dicho dominio, por lo que constituía una de las formas
de expresión del poder más evidentes en el tenor documental. Su desplaza-
miento al inicio del privilegio le otorgó una centralidad que contribuyó a
reforzar el protagonismo de la figura regia en el documento.
Es interesantísimo en este sentido el hecho de que, tras la conquista de
Mallorca en 1343, este reino regresó a la intitulación de los reyes de la
Corona, pero no en la posición que ocupara desde el reinado de Jaime I,
por detrás del reino de Aragón, sino pospuesto al de Valencia (Mateu,
1954: 134). Plenamente consciente de lo que ello suponía, en el capítulo
3 de su Crónica, Pedro IV ironizaba sobre esta cuestión ante el disgusto de
los mallorquines: «E puis diguem-los, rient, que en aquell lloc segon del
títol no havia haüda ventura Mallorques de romanir a la Corona d’Aragó,
ans era estada donada e retuda dues vegades, e així ara voliem assajar si
melloraria la ventura en lo tercer lloc del títol» (Soldevila, 1983: 1053).
El mantenimiento de las formas del privilegio no es casual, sino que
era una manifestación física de la continuidad de la dinastía, la «piedra
angular de la legitimidad y el prestigio de la corona» (Molina, 2013: 223).
En relación con este asunto, el análisis de los discursos de los reyes de la
Corona de Aragón llevado a cabo por Suzanne Cawsey muestra la impor-
tancia de la «llarga i ininterrompuda tradició de la successió legítima», que
era, en sus palabras, «objecte de gran orgull a Aragó» (2008: 142).
Sin embargo, la carta, que se había convertido en «el canal de comu-
nicación entre el rey y los súbditos» (Trenchs y Aragó, 1983: 45-46) y, por

26 Véase, por ejemplo, AHT (= Arxiu Històric de Tarragona), Pergaminos reales,


[Pedro IV de Aragón]. 1372, julio 22. Barcelona (Mateu y Mateu, 1980-1992, n.º 152).
370 María Luz Mandingorra Llavata

lo tanto, en un instrumento de gestión de primer orden, experimentó no-


tables transformaciones, ya que en época de Pedro el Ceremonioso asisti-
mos al fin de su unidad morfológica con el establecimiento de un tenor
diplomático propio para la carta cerrada, marcado por una mayor simpli-
cidad en relación con la carta abierta (Mandingorra, 2017: 653 y ss.).
Desde finales de la década de los treinta, el protocolo de la lletra closa
se abre con una intitulación breve, gráficamente destacada respecto al cuer-
po del documento. En los primeros años se expresó de modos muy diver-
sos, como «Rex Petrus», «Nos rex Petrus», «Petrus, rex Aragonum» y sus
variantes en lengua vulgar como «Don Pedro, rey de Aragón», si bien en la
década siguiente se impondrían las fórmulas «Rex Aragonum», «Lo Rey» o
«Lo Rey d’Aragó».27 Este proceso coincide con la progresiva desaparición
de la forma «De part del rey d’Aragó» y de la intitulación encabezada con
las palabras «De Nos», que se hallaban en uso durante los reinados de Jai-
me II y Alfonso IV (Mandingorra, 2017: 658-659). También la intitula-
ción breve se halla cargada de significado y su evolución manifiesta su re-
levancia como forma de dominación política, ya que los monarcas la
utilizaron para efectuar auténticas declaraciones de principios. Es el caso
de la reina María, esposa de Alfonso el Magnánimo, quien, dispuesta a no
renunciar a sus derechos en la Corona de Castilla, hizo constar en su inti-
tulación su condición de primogénita de la misma: «La Reyna d’Aragon e
de Sicília, primogènita de Castella» (Mandingorra, 2014: 46-47).
Igualmente breve es la dirección, que se limita al nombre del destina-
tario, su cargo o su condición: «En Bernat de Gallach»,28 «Batle»,29 «Car
cosí»;30 a menudo —dado que figura completa en el dorso de la carta— se
omite, al igual que la salutación. En el texto, narración y disposición suelen
formularse de un modo simplificado, porque, con frecuencia, la carta acom-
pañaba a otros documentos, en los que se realizaban las especificaciones

27 Véase, por ejemplo, la carta de Alfonso el Magnánimo a Ramon Batlle, ACA,


Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV [V], Serie general, 1515. 1430, octubre 13. Valencia.
Objeto digital disponible en: <[Link]
show/3175665> [acceso: 19/2/21].
28 ARV (= Archivo del Reino de Valencia), Cartas reales, reina María, n.º 8. 1421,
septiembre 4. Barcelona.
29 ARV, Cartas reales, Juan I, n.º 32. 1393, noviembre 28. Amposta.
30 ARV, Cartas reales, reina Violant, n.º 2. 1388, septiembre 15. Zaragoza.
Identidad documental y representación del poder 371

correspondientes, o a órdenes verbales, de modo que actuaba como certifi-


cación de la voluntad real y garantía para el destinatario. La datación suele
ir acompañada por el anuncio del sello, mayoritariamente, el secreto
(Mandingorra, 2017: 659).
En el seno de esta renovación de la carta real hallamos otro elemento
clave: la participación autógrafa de los soberanos de la Corona de Aragón
en el proceso de génesis documental, con la introducción de su suscripción
como mecanismo de validación, a la que se unirán prácticas como la inclu-
sión de apostillas autógrafas o la redacción de cartas completas.
Fue Pedro el Ceremonioso quien utilizó por vez primera su suscrip-
ción autógrafa para validar la carta real diplomática (Gimeno, 2006: 84 y
ss.), fenómeno que hemos podido documentar desde 1339 (Mandingorra,
2017: 654). Es indiscutible que la firma del monarca aportaba a la carta
una solemnidad de la que carecía la suscripción de un oficial de la cancille-
ría y resultaba equiparable al signum regis presente en los privilegios.31 Por
otro lado, a diferencia del signum regis, la presencia de la suscripción autó-
grafa aproximaba a autor y destinatario, garantizaba la existencia de un
vínculo directo entre ambos, implicaba un compromiso personal por parte
del rey. Como indica Francisco Gimeno (2016: 238), «firmar de manera
autógrafa les permitía afirmar su personalidad y ejercer la autoridad».
Pero la participación de los reyes de la Corona de Aragón en la génesis
de la carta no se limitaría a la aposición de su firma. Los monarcas tenían
una clara conciencia de la fuerza comunicativa y expresiva que su escritura
confería al documento, así como de la relación especial que les permitía
entablar con los destinatarios (Gimeno, 2006: 98 y ss.). Solo esto puede
explicar las excusas que, en situaciones consideradas especiales, se ofrecían
cuando la redacción de la carta había sido confiada a un escribano.32 Val-
drán a modo de ejemplo las de Pedro el Ceremonioso en una epístola diri-

31 No obstante, ya desde el reinado de Pedro IV algunos privilegios también cuen-


tan con la suscripción autógrafa del monarca (Gimeno, 2006: 88, apéndice 8.2).
32 O, incluso, las precisiones cuando se delega, por algún motivo, la firma en otra
persona, como vemos en una serie de cartas de Fernando de Antequera, dadas entre el 21
de agosto de 1415 y el 15 de febrero de 1416, firmadas por el todavía infante Alfonso: «E
per indisposició de nostra persona, de mà de nostre primogènit signada». ARV, Cartas
reales, Fernando I, n.º 22 a 33 (Mandingorra, 2017: 654).
372 María Luz Mandingorra Llavata

gida al papa Adriano IV, en la que le solicitaba que dispensara a su carta el


mismo tratamiento que habría recibido si hubiera sido autógrafa (Gimeno,
2006: 100):
Per tal, sant Pare, car nos fora enuyg de scriure aquesta letra tan larga de
nostra mà, suplegam a la vostra santedat que aquella vullats hoïr et exhausir
axí com si nós la haguéssem escrita de la nostra mà.

También la reina María se sintió obligada a disculparse ante su cuña-


do, el rey Juan II, por no haber respondido de su mano a la carta de pésame
que le había dirigido con motivo del fallecimiento de Alfonso V (Mandin-
gorra, 2014: 55-56):
Nos huviéramos scripto a vuestra excellencia de nuestra mano de algu-
nas cosas occorrientes e necessarias, pero ni a presente la pluma las poría
scrivir, ni el entendimiento nuestro tanto tribulado, con la grave indisposi-
ción de la persona nuestra en que a presente nos trobamos, dar lugar de dicer-
ner, veyer ni entender.

Ambos aluden a las dificultades y el esfuerzo que podía comportar la


redacción hológrafa de una carta, lo que explica que quedara reservada
para ciertas cuestiones de especial privacidad o para ocasiones en las que
la premura del asunto exigía agilizar el procedimiento de expedición al
máximo.
La carta autógrafa de Alfonso el Magnánimo conservada en el ARV lo
muestra a la perfección.33 Validada por medio del sello del anillo —el más
personal de todos los sellos34—, carece de nota de registro, por lo que fue
expedida al margen de cualquier control cancilleresco, en un ambiente de
privacidad absoluta, sin participación siquiera de los secretarios, pese a que
se trataba de personas que gozaban de la máxima confianza del monarca.
En otros casos, por el contrario, el proceso de génesis de la carta seguía
los cauces habituales, pero los monarcas decidían incorporar breves anota-
ciones autógrafas destinadas a reforzar el dispositivo: «Rogamos vos que

33 ARV, Cartas reales, Alfonso V, n.º 675. 1422, diciembre 30. Castillo Nuevo de
Nápoles. Véanse su edición y estudio en Mandingorra (2008).
34 Así lo muestra el apartado dedicado al protonotario en las Ordinacions (Pere el
Cerimoniós, 2009: 123-124).
Identidad documental y representación del poder 373

luego vengades e desto no us escusedes. Scripta de nuestra mano»,35 «Esta


es mi entinción»,36 «Avetla como si fuese de mi mano e desto no vos aya
más de escribir».37 Aunque respecto al total de cartas conservadas no cons-
tituyen un número importante,38 su presencia enfatizaba la voluntad del
monarca de participar, más allá de la suscripción, en el proceso de expedi-
ción de la carta sin que su intervención comportara una ralentización del
mismo. Su ubicación, mayoritariamente tras la datación y antes de la
firma,39 indica que eran escritas una vez concluida la redacción del tenor
documental, siendo el rey conocedor de su contenido, y antes de darle
validez definitiva mediante su suscripción. El uso ocasional de la primera
persona del singular en sustitución del pronombre «Nos» supone un
mayor acercamiento al destinatario, puesto que revela una relación más
íntima entre ambos, a la vez que ejerce una presión mayor sobre aquel,
en cuanto que manifiesta la implicación personal del monarca en el
asunto. Es evidente que el reconocimiento de la escritura regia multipli-
caría el efecto que la carta producía en su receptor y lo empujaría, aún
más si cabe, a cumplir la voluntad del rey, estuviese formulada como un
mandato o como un ruego.
Una última forma de intervención autógrafa de los monarcas en las
cartas es la colocación de una corona en el astil de la letra l de la palabra
Valentiae o València en la intitulación de las cartas abiertas. Fue esta una
disposición de Pedro el Ceremonioso del año 1377 para agradecer a la
ciudad los servicios prestados durante la guerra con Castilla (Mateu, 1977:
85) y ya entonces estipuló que la corona sería trazada de mano del rey en
aquellas cartas firmadas de manera autógrafa, práctica que fue escrupulosa-
mente seguida por sus sucesores (Mandingorra, 2017: 656). Aunque pueda
parecer una cuestión menor, es esta una prueba más de la complejidad que

35 ACA, Cancillería, Registros, n.º 1113, f. 11v. 1339, agosto 7. Barcelona.


36 ARV, Cartas reales, Alfonso V, n.º 169. 1423, febrero 28. Castillo Nuevo de Nápoles.
37 ARV, Cartas reales, Alfonso V, n.º 597, anexo ii, n.º 3. 1446, noviembre 12. Cam-
pamento de Presenzano. Para un análisis de los autógrafos de Alfonso el Magnánimo
conservados en el ARV, véase Mandingorra (2008).
38 Ofreceremos, a modo de ejemplo, las cifras del ARV, donde, de un total de 676
cartas correspondientes a Alfonso el Magnánimo, 46 cuentan con estas apostillas (Man-
dingorra, 2008: 170).
39 Algunas, no obstante, se sitúan por detrás de la suscripción del rey (Mandingo-
rra, 2008: 171).
374 María Luz Mandingorra Llavata

entraña el documento de cancillería y de la multiplicidad de significados


que encierra.
La participación de los monarcas en la elaboración de los documen-
tos, desde su mera suscripción hasta su redacción completa, pasando por la
introducción de notas conminatorias, es un fenómeno que puede seguirse
paralelamente en otros territorios europeos y tendría su continuidad en el
tiempo, como muestran los estudios relativos a la actividad de escritura de
Isabel la Católica (Gimeno, 2016). Por ello, se puede afirmar que constitu-
ye un indiscutible precedente de prácticas que sustentarán el funciona-
miento del Estado moderno, en particular, el papel de la epístola como
instrumento comunicativo y de gestión (Gimeno, 1999) o el férreo control
sobre la producción documental ejercido por Felipe II.40
Precisamente al tratar los fundamentos del Estado moderno —a los
que aludíamos al comienzo del texto—, Roger Chartier (1985: 495) seña-
laba la vinculación entre la continuidad dinástica y el desarrollo de una
política archivística. El nombramiento por Pedro el Ceremonioso de Pere
Paseya en 1346 como archivero para el Archivo Real —esto es, un custodio
para la memoria escrita, encargado, entre otras cosas, de recuperar la docu-
mentación dispersa en diversos lugares— (Gimeno, 2006: 51), culmina las
reformas recogidas en las Ordinacions y enlaza con el incremento del nú-
mero de registros conservados para su reinado, que asciende a 1240, muy
por encima tanto de sus predecesores como de sus sucesores (Trenchs y
Aragó, 1983: 14).
Todo ello, por supuesto, entronca con la «espectacular inflación de las
representaciones visuales de la monarquía auspiciada por Pedro IV» apun-
tada por Joan Molina (2013: 220), que forman parte de sus operaciones de
propaganda destinadas a fundamentar su prestigio y autoridad mediante el
ejercicio de un control directo sobre todos los medios de comunicación a
su alcance. También con el hecho de que la cancillería pasara a ser el centro
de construcción de la memoria histórica «desplazando de este modo a tra-
dicionales centros monásticos, como San Juan de la Peña o Ripoll» (Moli-
na, 2013: 225) y con la mencionada confección de las Ordinacions.

40 Acerca de esta cuestión son de obligada consulta las obras, ya clásicas, de Mara-
vall (1986) y Parker (1998 y 2000).
Identidad documental y representación del poder 375

La solidez de la identidad documental de la Corona de Aragón tal


como la hemos visto definirse hasta ahora, se advierte en su perduración en
el tiempo, por encima de fenómenos como la entronización de una dinas-
tía nueva, la Casa de Trastámara, o la irrupción del humanismo. De hecho,
la producción documental en época de Fernando de Antequera y de Alfon-
so el Magnánimo responde a los mismos rasgos que hemos visto para los
reinados anteriores y representa la cumbre del proceso que, modestamente,
hemos tratado de esbozar. Como indicábamos al inicio, el despliegue por
parte de Alfonso el Magnánimo de un programa de representación de corte
humanístico no afectó a la morfología de los documentos, cuyas caracterís-
ticas se mantuvieron estables,41 con excepción de la escritura, ya que, como
es bien sabido, el establecimiento de la cancillería de Nápoles tras la con-
quista del Regno conllevó la introducción de las formas gráficas humanísti-
cas, en concreto, de la humanística cursiva42 en la redacción de los docu-
mentos y de la mayúscula románica y la capital humanística en los sellos
(Gimeno, 2005a y 2005b). También para los Trastámara el mantenimiento
de las prácticas documentales constituyó un modo de expresar la continui-
dad dinástica y la legitimidad de la monarquía.

Conclusión
Es indudable que el documento diplomático medieval no solo trans-
mite mensajes destinados al ejercicio del gobierno, sino que se suma al
resto de instrumentos de representación y símbolos del poder, con la fina-
lidad de enfatizar la tradición dinástica y ensalzar la gloria del linaje.
Por ello, todas las transformaciones que acaecen en el seno de la pro-
ducción del documento público tienen una directa conexión con el incre-
mento del poder monárquico a lo largo de la Baja Edad Media. Algunas,
como la especialización de la carta real, se desarrollaron en función de las

41 Para las cancillerías de Fernando de Antequera y Alfonso el Magnánimo, véanse


Sevillano (1965) y Trenchs y Aragó (1983: 67 y ss.).
42 Véase, por ejemplo, la carta de Alfonso el Magnánimo a Galcerán de Requesens,
ACA, Cancillería, Cartas reales, Alfonso IV [V], Serie general, 1902. 1450, noviembre 22.
Torre Octavia. Objeto digital disponible en: <[Link]
talogo/show/3191518> [acceso: 19/2/21].
376 María Luz Mandingorra Llavata

necesidades de gobierno, que la convirtieron en un auténtico instrumento


de gestión. Otras, como la apertura del privilegio con la intitulación y,
sobre todo, las intervenciones autógrafas, culminan una progresión en el
protagonismo de la figura regia tanto en la morfología del documento
como en su proceso de génesis.
Para finalizar, creemos que el hecho de que se produzca esa estrecha
imbricación de lo simbólico y lo instrumental en el documento público
(Chartier, 1985: 494), permite aplicarle la definición que Christiane Kla-
pisch-Zuber (1985: 136-137) daba del ritual público: un sistema de signos
destinado a construir relaciones de poder «qui ne fonctionne que lorsqu’on
en exécute toutes les parties, et le sens de chacune d’entre elles ne s’éclaire
que par référence à l’ensemble».

Bibliografía
Aragó Cabañas, Antonio M., y José Trenchs Òdena (1977), «Las escribanías reales cata-
lano-aragonesas de Ramón Berenguer IV a la minoría de Jaime I», Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos, 80: 421-442.
Aragó Cabañas, Antonio M., y José Trenchs Òdena (1979), «Notas para la tipología
documental de Jaime I», en X Congreso de Historia de la Corona de Aragón. Jaime I y
su época, Zaragoza: IFC, vol. iii, pp. 353-361.
Arnall Joan, Maria Josepa (2000), Lletres reials a la ciutat de Girona (1293-1515). Estudi
i edició crítica a cura de…, Gerona: Fundació Noguera / Ajuntament de Girona, 2
vols.
Atsma, Hartmut, y Jean Vezin (2003), «Pouvoir par écrit: les implications graphiques», en
Marie-José Gasse-Grandjean y Benoît-Michel Tock (eds.), Les actes comme expression
du pouvoir au Haut Moyen Âge. Actes de la Table Ronde de Nancy, 26-27 novembre
1999, Turnhout: Brepols, pp. 19-32.
Baucells i Reig, Josep (1998), «La cronologia a Catalunya en general i a Barcelona en
particular», en Calligraphia et tipographia. Artihmetica et numerica. Chronologia, Bar-
celona: Universitat de Barcelona (Rvbrica, 7), pp. 7-99.
Canellas López, Ángel (ed.) (1972-1975), Colección diplomática del Concejo de Zaragoza,
Zaragoza: Cátedra Zaragoza, 2 vols.
Canellas López, Ángel (1983), La Cancillería real del Reino de Aragón (1035-1134), Za-
ragoza: IFC (Folia Budapestina), pp. 23-46.
Cantarell Barella, Elena, y Mireia Comas Vía (coords.) (2011), La escritura de la memo-
ria. Los registros, Barcelona: Promociones y Publicaciones Universitarias.
Capilla Aledón, Gema Belia (2015), El poder representado: Alfonso V el Magnánimo
(1416-1458), Valencia: Universitat de València (tesis doctoral). Disponible en:
<[Link]
Identidad documental y representación del poder 377

Capilla Aledón, Gema Belia (2019), Poder y representación en la figura de Alfonso el


Magnánimo (1416-1458), Valencia: Institució Alfons el Magnànim.
Cawsey, Suzanne F. (2008), Reialesa i propaganda. L’eloqüència reial i la Corona d’Aragó,
c. 1200-1450, Valencia: Publicacions de la Universitat de València.
Chartier, Roger (1985), «Construction de l’État moderne et formes culturelles: perspec-
tives et questions», en Culture et idéologie dans la genèse de l’État moderne. Actes de la
table ronde organisée par le Centre national de la recherche scientifique et l’École
française de Rome (14-17 octobre 1984), Roma: École française de Rome, pp. 491-
503.
Cingolani, Stefano Maria (2007), La Memòria dels reis: les quatre grans cròniques i la histo-
riografia catalana, des del segle x fins al xiv, Barcelona: Base.
Cingolani, Stefano Maria (2008), «Memòria, llinatge i poder: Jaume I i la consciència
històrica», Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, 19: 101-127.
Gasparri, Françoise (1973), L’Écriture des actes de Louis VI, Louis VII et Philippe Auguste,
Ginebra / París: Droz.
Gimeno Blay, Francisco M. (1991), «A propósito del manuscrito vulgar del Trescientos: el
escurialense K.I.6 y la minúscula cursiva libraria de la Corona de Aragón», Scrittura e
Civiltà, 15: 205-245.
Gimeno Blay, Francisco M. (1999), «“missivas, mensageras, familiares”. Instrumentos de
comunicación y de gobierno en la España del 500», en Antonio Castillo Gómez
(comp.), Escribir y leer en el siglo de Cervantes, Barcelona: Trea, pp. 193-209.
Gimeno Blay, Francisco M. (2005a), Admiradas mayúsculas. La recuperación de los modelos
gráficos romanos, Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Gimeno Blay, Francisco M. (2005b), «De la “luxurians littera” a la “castigata et clara”. Del
orden gráfico medieval al humanístico (siglos xv-xvi)», en XVIII Congrés Internacio-
nal d’Història de la Corona d’Aragó. La Mediterrània de la Corona d’Aragó, segles xiii-xvi
& VII Centenari de la Sentència Arbitral de Torrellas, 1304-2004. Actes, Valencia: Uni-
versitat de València / Fundació Jaume II el Just, vol. ii, pp. 1519-1564.
Gimeno Blay, Francisco M. (2006), Escribir, reinar. La experiencia gráfico-textual de Pedro IV
el Ceremonioso (1336-1387), Madrid: Adaba.
Gimeno Blay, Francisco M. (2014), «“Si necessitat s’esdevenia a escriure”. Escritura y go-
bierno en la Corona de Aragón (siglo xiv)», en Esteban Sarasa Sánchez (coord.),
Monarquía, crónicas, archivos y cancillerías en los reinos hispano-cristianos: siglos xiii-xv,
Zaragoza: IFC, pp. 185-221.
Gimeno Blay, Francisco M. (2016), «Prácticas de escritura de Isabel la Católica: entre
privacidad y política», en Christian Lackner y Claudia Feller (eds.), «Manu propia».
Von eigenhändigen Schreiben der Mächtigen (13.-15. Jahrhundert), Viena: Böhlau Verlag,
pp. 229-262.
Gimeno Blay, Francisco M., y José Trenchs Òdena (1991), «La escritura medieval de la
Corona de Aragón (1137-1474)», Anuario de Estudios Medievales, 21: 493-511.
Giry, Arthur (1894), Manuel de Diplomatique. Diplômes et chartes. Chronologie technique.
Éléments critiques et parties constitutives de la teneur des chartes. Les chancelleries. Les
actes privés, París: Hachette.
378 María Luz Mandingorra Llavata

Gómez Bravo, Ana María (2013), Textual agency. Writing culture and social networks in
Fifteenth-Century Spain, Toronto [etc.]: University of Toronto Press.
Jaime I (2017), Iacobi primi instrumenta in archivo Sedis Valentinae asservata. Edició i notes
a cura de José V. Boscá Codina, M.ª José Carbonell Boria, M.ª Milagros Cárcel Ortí,
Josepa Cortés Escrivà, Francisco M. Gimeno Blay, M.ª Luz Mandingorra Llavata i
Vicent Pons Alós; amb la col·laboració de Bàrbara Barberá Matías. Estudi preliminar
de Francisco M. Gimeno Blay, Valencia: Universitat de València.
Klapisch-Zuber, Christiane (1985), «Rituels publics et pouvoir d’État», en Culture et idéo-
logie dans la genèse de l’État moderne. Actes de la table ronde organisée par le Centre
national de la recherche scientifique et l’École française de Rome (14-17 octobre
1984), Roma: École française de Rome, pp. 135-144.
Koch, Walter (1973), Die Reichskanzlei in den Jahren 1167-1174. Eine diplomatisch-
paläographische Untersuchung, Viena: Verlag der Österreichischen Akademie der
Wissenschaften.
Koch, Walter (1979), Die Schrift der Reichskanzlei im 12. Jahrhundert (1125-1190). Eine
diplomatisch-paläographische Untersuchung, Viena: Verlag der Österreichischen Aka-
demie der Wissenschaften.
Kosto, Adam J. (2001), «The “Liber feudorum maior” of the counts of Barcelona: The
cartulary as an expression of power», Journal of Medieval History, 27: 1-22. [DOI:
10.1016/s0304–481(00)00012-9].
Mandingorra Llavata, María Luz (2008), «“Avetla como de mi mano”. Autógrafos de
Alfonso el Magnánimo en el Archivo del Reino de Valencia», Boletín de la Sociedad
Castellonense de Cultura, 84: 167-178.
Mandingorra Llavata, María Luz (2014), «Entre dos reinos. Cartas de María de Castilla,
reina de Aragón», Ars Longa, 23: 41-58.
Mandingorra Llavata, María Luz (2017), «Al servicio del rey. Sobre la carta real diplo-
mática de la Corona de Aragón (1336-1458)», Anuario de Estudios Medievales, 47 (2):
647-677. [DOI: 10.3989/aem.2017.47.2.06].
Maravall i Casesnoves, José Antonio (1986), Estado moderno y mentalidad social (siglos xv
a xvii), 2.ª ed., Madrid: Alianza, 2 vols.
Mateu Ibars, Josefina, y María Dolores Mateu Ibars (1980-1992), Colectánea paleográfi-
ca de la Corona de Aragón, Barcelona: Universitat de Barcelona, 2 vols.
Mateu y Llopis, Federico (1954), «“Rex Aragonum”. Notas sobre la intitulación real di-
plomática en la Corona de Aragón», Spanische Forschungen der Görresgesellschaft, 9:
117-143.
Mateu y Llopis, Federico (1977), «El “Rex Valentiae” en los diplomas, sellos y monedas»,
en Cicle de conferències commemoratives del VII centenari de Jaume I. Cronistes Oficials
del Regne de València, Valencia: Cronistes del Regne de València, pp. 75-91.
Miquel i Rossell, Francesc (ed.) (1945), Liber Feudorum Maior. Cartulario real que se
conserva en el Archivo de la Corona de Aragón. Reconstitución y edición por…, Barce-
lona: Escuela de Estudios Medievales. Sección de Barcelona (CSIC).
Molina Figueras, Joan (2013), «La memoria visual de una dinastía. Pedro IV el Ceremo-
nioso y la retórica de las imágenes en la Corona de Aragón (1336-1387)», Anales de
Identidad documental y representación del poder 379

Historia del Arte, 23 (núm especial ii): 219-241. [DOI: 10.5209/rev-ANHA.2013.


v23.42837].
Olivar i Daydí, Marçal (1936), «Notes entorn a la influència del ‘Ars dictandi’ en la prosa
catalana de la cancelleria a finals del segle xiv. El ms. Y-129-7 de la Biblioteca Colom-
bina», en Estudis universitaris catalans. Homenatge a Antoni Rubió i Lluch, Barcelona:
Institut d’Estudis Catalans, vol. iii, pp. 631-635.
Ostos Salcedo, Pilar, y María Luisa Pardo Rodríguez (1995), «Signo y símbolo en el
Privilegio Rodado», en Sevilla, ciudad de privilegios. Escritura y poder a través del Pri-
vilegio Rodado, Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla / Universidad de Sevilla / Fundación
El Monte.
Parker, Geoffrey (1998), La gran estrategia de Felipe II, Madrid: Alianza.
Parker, Geoffrey (2000), Felipe II, Madrid: Alianza.
Pere el Cerimoniós (2009), Ordinacions de la Casa i Cort. Transcripció, edició i notes del
manuscrit de València a cura de Francisco M. Gimeno Blay, Daniel Gozalbo Gimeno
i José Trenchs Òdena (†). Introducció per Francisco M. Gimeno Blay, Valencia: Uni-
versitat de València.
Perelman, Les (1991), «The Medieval Art of Letter Writing. Rethoric as institutional ex-
pression», en Charles Bazerman y James Paradis (eds.), Textual Dynamics of the Profes-
sions. Historical and Contemporary Studies of Writing in Professional Communities,
Madison, Wisconsin: University of Wisconsin Press. [Edited for digital presentation
by Nicole Ashton and Heidi Scott, 2004].
Petrucci, Armando (1963), «Diplomatica vecchia e nuova», Studi Medievali, 3.ª serie, 4:
785-798.
Pratesi, Alessandro (1987), Genesi e forme del documento medievale, 2.ª ed., Roma: Jouvence.
Pulgar, Fernando del (1982), Letras. Edizione critica, introduzione e note a cura di Paola
Elia, Pisa: Giardini.
Rabikauskas, Paulius (1958), Die römische Kuriale in der päpstlichen Kanzlei, Roma: Pon-
tificia Università Gregoriana.
Rodríguez Díaz, Elena E., y Antonio Claret García-Martínez (coords.) (2011), La
escritura de la memoria. Los cartularios, Huelva: Universidad de Huelva.
Rubió i Balaguer, Jordi (1990), «Influència de la sintaxi llatina en la cancelleria catalana
del segle xv», en Jordi Rubió i Balaguer, Humanisme i Renaixement, Barcelona: Publi-
cacions de l’Abadia de Montserrat, pp. 296-304.
Ruiz Calonja, Joan (1956), «El valor literario de los preámbulos de la cancillería catalano-
aragonesa del siglo xv», Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 26:
205-234.
Sagarra i Siscar, Ferran de (1916-1932), Sigil·lografia catalana. Inventari, descripció i estudi
dels segells de Catalunya, Barcelona: Estampa Arts Gràfiques Suc. d’Henrich i Cª. /
Institució Patxot, 4 vols.
Salrach i Marès, Josep Maria (1992), «El “Liber feudorum maior” i els comptes fiscals de
Ramon de Caldes», en Agustí M. Bassols i Parés, Documents jurídics de la Història de
Catalunya, Barcelona: Generalitat de Catalunya. Departament de Justícia, pp. 85-
110.
380 María Luz Mandingorra Llavata

Serra Desfilis, Amadeo (2002-2003), «La historia de la dinastía en imágenes: Martín el


Humano y el rollo genealógico de la Corona de Aragón», Locus Amœnus, 6: 57-74.
Sevillano Colom, Federico (1950), «Apuntes para el estudio de la cancillería de Pedro el
Ceremonioso», Anuario de Historia del Derecho Español, 20: 137-241.
Sevillano Colom, Francisco (1965), «Cancillerías de Fernando I de Antequera y de Al-
fonso V el Magnánimo», Anuario de Historia del Derecho Español, 36: 169-216.
Soldevila i Zubiburu, Ferran (1983), Les quatre grans cròniques. Revisió del text, pròlegs
i notes per…, 2.ª ed., Barcelona: Selecta.
Stiennon, Jacques (1960), L’Écriture diplomatique dans le diocèse de Liège du xie au milieu
du xiiie siècle. Reflet d’une civilisation, París: Les Belles Lettres.
Tjäder, Jan-Olof (1963-1964), «Le origini della scrittura curiale romana», Bullettino
dell’Archivio Paleografico Italiano, 3.ª serie, 2-3: 7-54.
Trenchs Òdena, José (1979), «Los escribanos de Ramón Berenguer IV: Nuevos datos»,
Saitabi, 29: 5-20.
Trenchs Òdena, José (1981), «La escribanía de Ramón Berenguer III (1079-1131). Datos
para su estudio», Saitabi, 31: 11-36.
Trenchs Òdena, José (1983), Las escribanías reales catalano-aragonesas de Ramón Berenguer IV
a la minoría de Jaime I, Zaragoza: IFC (Folia Budapestina), pp. 47-87.
Trenchs Òdena, José, y Antonio M. Aragó Cabañas (1983), Las cancillerías de la Corona
de Aragón y Mallorca desde Jaime I a la muerte de Juan II, Zaragoza: IFC (Folia Pari-
siensia, I).
Vicente Ferrer, Santo (2002), Sermones. Transcripción del manuscrito del Real Colegio y
Seminario de Corpus Christi de Valencia, por Francisco M. Gimeno Blay y M.ª Luz
Mandingorra Llavata, Valencia: Ajuntament de València.
Vicente Ferrer, Santo (2019), Sermonario de Aviñón. Avignon. Bibliothèque Municipale ms
610. Introducción, edición crítica y notas a cargo de Francisco M. Gimeno Blay y
M.ª Luz Mandingorra Llavata. Traducción castellana a cargo de Daniel Gozalbo Gi-
meno, Valencia: Publicacions de la Universitat de València.
Zimmermann, Michel (1973), «L’usage du droit wisigothique en Catalogne du ixe au xiie
siècles», Mélanges de la Casa de Velázquez, 9: 233-281.

También podría gustarte