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Asamblea en La Carpintería

En la carpintería, las herramientas se reúnen para resolver sus diferencias, pero al final reconocen que sus defectos son superados por sus virtudes al trabajar juntas. En otra historia, un gusanito persigue su sueño de escalar una montaña a pesar de las burlas de otros, y tras su muerte, se transforma en una mariposa, cumpliendo su sueño. Ambas historias resaltan la importancia de la colaboración y la perseverancia ante los desafíos.

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Asamblea en La Carpintería

En la carpintería, las herramientas se reúnen para resolver sus diferencias, pero al final reconocen que sus defectos son superados por sus virtudes al trabajar juntas. En otra historia, un gusanito persigue su sueño de escalar una montaña a pesar de las burlas de otros, y tras su muerte, se transforma en una mariposa, cumpliendo su sueño. Ambas historias resaltan la importancia de la colaboración y la perseverancia ante los desafíos.

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ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar
sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le
notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo
golpeando.
El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle
muchas vueltas para que sirviera de algo.
El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su
trato y siempre tenía fricciones con los demás.
La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la
pasaba midiendo a los demás, como si el fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando
alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el
serrucho:
Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con
nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras
flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la
lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de
producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.
EL GUSANITO
Un gusanito iba caminando en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un
duendecillo.
—¿Hacia dónde te diriges? —le preguntó.
Sin dejar de caminar, el gusanito contestó:
—Tuve un sueño anoche: soñé que desde la cima de la gran montaña veía todo el valle. Me
gustó lo que vi en el sueño, y he decidido realizarlo.
El duendecillo dijo, mientras lo veía alejarse:
—¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga! Para
alguien tan pequeño como tú, una piedra será una montaña; un pequeño charco, el mar, y
cualquier tronco, una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. De pronto se oyó la voz de un escarabajo:
—Amigo, ¿hacia dónde te diriges con tanto empeño?
El gusanito, jadeante, contestó:
—Tuve un sueño y deseo realizarlo: subiré esa montaña y desde ahí contemplaré todo el
mundo.
El escarabajo soltó una carcajada y dijo:
—Ni yo, con estas patas tan grandes, intentaría una empresa así de ambiciosa —y se quedó
riéndose, mientras la oruga continuaba su camino.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo desistir
—¡No lo lograrás jamás! —le dijeron.
Pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir. Agotado, sin fuerzas y a
punto de morir, decidió detenerse para construir con su último esfuerzo un lugar donde
pernoctar.
—Estaré mejor aquí —fue lo último que dijo, y murió. Todos los animales del valle fueron
a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del valle: había construido como tumba un
monumento a la insensatez. Ese duro refugio era digno de quien había muerto por querer
realizar un sueño imposible.
Una mañana en la que el sol brillaba de manera especial, todos los animales se congregaron
en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto
quedaron atónitos. La concha comenzó a quebrarse y aparecieron unos ojos y una antena
que no podían pertenecer a la oruga muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de
reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas de aquel impresionante ser que
tenían frente a ellos: una espléndida mariposa.
No había nada que decir, pues todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran
montaña y realizaría su sueño. El sueño por el que había vivido, había muerto y había
vuelto a vivir.

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