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Liturgia y Vía Crucis en Cuaresma

El documento detalla la importancia del tiempo de Cuaresma como preparación para la Pascua, enfatizando la penitencia y la participación en sacramentos. Se ofrecen indicaciones litúrgicas y recomendaciones para las celebraciones, destacando la omisión del Aleluya y la austeridad en la decoración del altar. Además, se describe el Vía Crucis como una práctica de oración que invita a la meditación sobre la Pasión de Cristo y la solidaridad con la humanidad.
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Liturgia y Vía Crucis en Cuaresma

El documento detalla la importancia del tiempo de Cuaresma como preparación para la Pascua, enfatizando la penitencia y la participación en sacramentos. Se ofrecen indicaciones litúrgicas y recomendaciones para las celebraciones, destacando la omisión del Aleluya y la austeridad en la decoración del altar. Además, se describe el Vía Crucis como una práctica de oración que invita a la meditación sobre la Pasión de Cristo y la solidaridad con la humanidad.
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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

Vía crucis 2004


FORMACIÓN

TIEMPO DE CUARESMA
I. Introducción

El tiempo de Cuaresma tiene como finalidad preparar a los fieles para la celebración de la
Pascua. Que cuaresma, sea un tiempo fuerte del año debe subrayarse y manifestarse en
múltiples detalles de la celebración. Cuanto más se diferencie, incluso en los signos
externos, este ciclo, del resto del año, tanto más fácil será vivir el sentido espiritual
propio de estos días. El tiempo de cuaresma va desde el miércoles de cenizas hasta la Misa
de la Cena del Señor.

El tiempo de cuaresma se basa con en dos pilares: la contemplación de la Pascua de Cristo y la


participación de los fieles en la misma a través de la penitencia personal y de la participación
frecuente en los sacramentos pascuales (recuerdo o celebración del Bautismo y Confirmación,
celebración frecuente de la Eucaristía y subrayado especial del sacramento de la
Reconciliación).

Durante este tiempo la Iglesia, como pueblo sacerdotal, no puede olvidar su obligación de orar
por los pecadores. Esta plegaria no debería faltar nunca durante estos días en la oración
universal. (Sacr. Conc. 109)

II. Indicaciones Litúrgicas

Se omite siempre el Aleluya, tanto en Misa como en la Liturgia de las Horas y tanto en las
celebraciones del Tiempo como en las de los Santos.

Deben suprimirse las flores en el altar, y colocarse con discreción en el resto del
templo, incluido el Sagrario. Se permiten los instrumentos musicales solo para
sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este tiempo. En las
solemnidades y fiestas puede ponerse flores y tocar música instrumental, pero conviene en
todo caso hacerlo con sobriedad.

Miércoles de Ceniza y Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia. Todos los
viernes de cuaresma son días de abstinencia (Canon 1252 la Ley de Abstinencia obliga a
los que han cumplido 14 años la ley del ayuno, a todos los mayores de edad (18 años), hasta
que hayan cumplido 50 años). La Conferencia Episcopal Argentina, haciendo uso de las
facultades que le concede el canon 1253, autoriza la posibilidad de reemplazar la abstinencia
de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por una obra de caridad, o por una
práctica de piedad.

El Miércoles de Cenizas, la bendición e imposición de cenizas se hace después de la


homilía. Se suprime el acto penitencial acostumbrado y solo se dice el Kirie, (sin
anteponer en ese caso tropos, pues no forman parte del Acto Penitencial).

III. Recomendaciones

Hay que procurar que se capte fácilmente, que este tiempo es distinto de los demás por el
enfoque con que se escuchan y explican las lecturas bíblicas, tanto de los domingos como de
las ferias. Debe tenerse en cuenta la austeridad, el silencio contemplativo y penitencial.

Conviene que los cantos de este ciclo sean distintos de los habituales y marcadamente sobrios,
sobre todo en las ferias los cantos distintos y apropiados constituyen un medio especialmente
eficaz para recordar e invitar a vivir la penitencia propia de este tiempo.

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

En las misas feriales, para subrayas el matiz de sobriedad penitencial es mejor omitir la
aclamación antes del Evangelio. Los domingos, en cambio es recomendable hacer este canto,
pero con la condición de diferenciarlo radicalmente del salmo responsorial.
Puede utilizarse, recomendablemente, la tercera aclamación para después de la consagración
por su referencia a la Cruz.

El Vía Crucis: Significado y sentido

El Vía Crucis sigue siendo un modo de oración muy válido, sobre todo en las últimas semanas
de la Cuaresma, cuando la atención de la comunidad cristiana se centra en la Pasión de Cristo.
Es un ejercicio piadoso que tiene como tema de meditación y oración el mismo que la liturgia:
la muerte salvadora de Jesús, su entrega pascual. Eso si, tiene una pedagogía distinta: las
«Estaciones», imitando el camino de Jesús hacia la Cruz; lecturas bíblicas; oraciones más libres;
estrofas de algún canto adecuado; momentos de silencio reflexivo. Tanto si se hace en la
iglesia como en un espacio abierto, el Vía Crucis puede ser una buena experiencia de oración y
una preparación válida para la celebración de la Pascua.

No es extraño que, históricamente, esta clase de oración caminante tuviera su origen en


Jerusalén, donde los peregrinos pronto empezaron a querer seguir las huellas del camino de
Jesús hacia el Calvario, a lo largo de la «Vía dolorosa». Pero, al correr de los siglos, también en
otros lugares se quiso imitar este ejercicio piadoso. Reflexionar y orar en torno a la muerte de
Cristo ha sido siempre una de las dimensiones más populares de la fe cristiana.

La estructura actual de las catorce estaciones tomó forma en el siglo XVIII, pero siempre había
existido un margen de flexibilidad en esta oración.

El Vía Crucis bien hecho nos ayuda:

 A meditar en la Pasión de Cristo, valorando la seriedad de su entrega redentora,


 A interpretar la historia contemporánea de la Humanidad como participación en este
camino doloroso de Cristo
 A solidarizarnos personalmente cada uno de nosotros tanto con el camino de Cristo como
con el de la Humanidad: para dar esta dimensión de entrega pascual también a nuestra
existencia, con sus fatigas y dificultades. Se trata de “concelebrar” con Cristo y con todos
los hombres el misterio de la cruz: “tome su cruz y sígame”.

DOS ESQUEMAS DE VIA – CRUCIS

ACOMPAÑANDO AL SEÑOR VIA CRUCIS


de Eduardo Grandín.

Editorial Pan y Trabajo Madero 233,1408 – Cap. Fed. Con las debidas licencias. Hecho el
depósito que marca la ley 11.723.

Todos los cristianos sabemos qué importante es el tiempo de Pascua. Ese tiempo en que Jesús
murió y resucitó por nosotros para darnos la Vida de hijos de Dios.

Pero para vivir plenamente la Pascua, tenemos que preparar nuestro corazón. Ese tiempo de
preparación se llama Cuaresma, y va desde el Miércoles de Ceniza hasta la Semana Santa.

Cuaresma es el tiempo de mirar en lo profundo de nuestro corazón para ver qué es lo que Dios
nos está pidiendo a todos y cada uno de nosotros y descubrir cuál es la tarea que Él nos está
encomendando en la familia, en el barrio, en la Patria.

Una de las devociones popularmente más conocidas y rezadas, en Cuaresma, es el Vía Crucis.
En él recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Vamos a rezarlo todos unidos, en familia o en comunidad, para que el Señor nos ayude a
comprender cada vez más el profundo misterio de su amor y nos impulse a hacer de nuestra
vida una entrega constante en el amor a Él y en el servicio a nuestros hermanos.

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

VIA CRUCIS

INTRODUCCIÓN

Animador:

San Pablo nos dejó dicho que Jesús es igualito a cada uno de nosotros. En todo menos en el
pecado. Él pasó por todo lo que hay en la vida de la gente: trabajo, familia, festejo, cansancio,
pobreza. Nos resulta fácil sentirnos acompañados por Él en todas partes.

Y más fácil resulta encontrarlo en el sufrimiento y el dolor. De eso tenemos bastante, y por eso
venimos a acompañarlo, a ver si con él podemos encontrar una luz que alumbre nuestro
sufrimiento.

Dios no nos pide dolor. Él creó el mundo para que fuera una fiesta: El reunido con todos
nosotros en una sola familia. Fue el pecado el que echó a perder aquella fiesta. Pero Dios nos
siguió amando siempre y ya que nosotros no aceptamos su invitación a la felicidad, El se vino a
vivir con nosotros en el dolor.

Ahora vamos a recordar su pasión, su muerte y su resurrección, mirándolo y escuchándolo,


para ver si nos ayuda a ir venciendo, poco a poco, al pecado, de manera que, al final de viaje,
tengamos muchas ganas de acompañarlo en su resurrección, que es una vida nueva y grande
en el amor.

Animador: PRIMERA ESTACIÓN


JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector: (Hch. 3,13 b-15b)


Dice la Palabra de Dios, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles:
“El Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús a quién ustedes entregaron,
renegando de El delante de Pilato cuando éste había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes
renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida,
mataron al autor de la vida"”
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Animador:

Pilato es un buen ejemplo del hombre que vive en el pecado. Para él, lo más grande que hay es
el emperador de Roma, porque, el que es amigo del emperador consigue lo que quiere. Por
otro lado, los demás no le interesan. Si hay que matar para seguir teniendo el poder, se mata
sin dudar mucho.
¿Cómo pedirle justicia a un hombre que tienen a otro hombre por Dios y que además, sólo se
quiere a si mismo? Los enemigos de Jesús le conocen el lado flaco y amenazan con
desprestigiarlo ante su jefe.
Y entonces Pilato se lava las manos como quien no tiene nada que ver en el asunto.
Jesús, en cambio, vino a decirnos que lo más grande es Dios, y que para Dios, lo más querido
es nuestro hermano.
¿En qué lugar tenemos que ponernos nosotros?
¿Del lado de Jesús o del lado de Pilato?
¿Nos lavamos las manos ante el llamado de nuestros hermanos?
¿O somos rápidos para condenarlos?
¿Cuál es nuestro verdadero Dios?
¿En qué gastamos la vida?
¿Qué es para nosotros lo mas grande que hay, lo más importante?
¿A quién servimos?
Canto: Piedad, Señor, pecamos contra ti. (Salmo 50)
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: SEGUNDA ESTACIÓN

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

JESÚS CARGA CON SU CRUZ

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector: (Is. 53, 4-5)


Dice la Palabra de Dios:
“El soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo
consiederábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras
rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos trae la paz recayó sobre él y
por sus heridas fuimos sanados”.
- Palabra de Dios
- Te alabamos, Señor.
Animador
Morir en la cruz era morir de mala muerte. Había muertes “mejores” y “peores”. La peor era la
cruz, que se reservaba para los hombres más despreciables.
Jesús nació sobre el pasto destinado a los animales y va a morir en la cruz reservada a los que
eran considerados como bestias. Se hizo el más pobre entre los pobres.
Nosotros, en cambio, hasta a la muerte la dividimos en categorías. Está la gente respetables y
la gente que nos hace reír o sentirnos superiores.
¿No nos hemos convencido que basta con ser hombre para ser dignos y respetables?
¿Sabemos que el que ofende a un hermano ofende a Dios?
¿Nos damos cuenta de que la envidia, la soberbia, la superioridad que creemos tener son causa
de injusticia?
Canto: Zamba del Perdón
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: TERCERA ESTACIÓN


LA PRIMERA CAÍDA DE JESÚS

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector:
En su Evangelio, nos dice Jesús:
“El que quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y
me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la
salvará” (Lc. 9, 23-24).
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Jesús caído muestra hasta qué punto se nos parece. El conoce bien nuestra debilidad, y sin
embargo nos invita a seguirlo llevando nuestra cruz.

Por decir lo que dijo, por hacer lo que hizo, Jesús sufrió la venganza de sus enemigos. El precio
que pagó por amarnos fue altísimo. Tenemos que darnos cuenta que ser cristianos es un
trabajo bastante áspero y largo que está en todo lo que hacemos. Cada prójimo que
encontramos es una invitación a cumplir la palabra de Jesús.
Canto: Danos un corazón.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: CUARTA ESTACIÓN


JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Animador:
Estaba junto a la cruz de su terrible agonía su santa madre, María, dos mujeres que lloraban y
tan sólo Juan. Y Jesús, mirando a Juan, en ese sangriento día le dio por madre a María, que,
para gloria de su nombre, en adelante sería Madre de Dios y del hombre.
(del Evangelio Criollo, del P. Amado Anzi)

Ya que ser cristiano es cargar la cruz como Jesús, vamos a encontrar el mismo consuelo que Él
encontró: la compañía de su madre. Ella, en medio de sus sufrimientos, entendió a su Hijo

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

mejor que nadie. Entonces, puede ayudarnos mejor que nadie a entender a Jesús, y a seguirlo.
Nuestro pueblo está acostumbrado a reunirse en los santuarios de la Virgen.
Ella está acompañando los dolores de este pueblo, de la misma manera que acompañó a Jesús.

Además, la hemos convertido en patrona de la Patria. Le pediremos, entonces que Ella nos
ayude en el trabajo que hacemos para mejorarla.
Canto: Junto a la Cruz
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: QUINTA ESTACIÓN


EL CIRINEO AYUDA A JESÚS

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector: (Gal. 6, 2-4)

Dice San Pablo:


“Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo. Si alguien se
imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada. Que cada uno examine su propia
conducta, y así podrá encontrar en sí mismo y no en los demás, un motivo de satisfacción”.
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Simón era un forastero que venía de Cirene. Vio gente reunida y se juntó con los curiosos. Por
supuesto, no tenía nada que ver con los romanos ni con los condenados ni con los judíos. De
repente, un soldado obligó a Simón a tomar la cruz de Jesús.

Quien escucha la Palabra de Jesús, ya no puede hacerse el desentendido frente al dolor de los
demás.

Esa es la conversión que Jesús quiere: que dejemos de ser curiosos para participar en la vida
de todos. Que dejemos de mirar para actuar.

Jesús demostró que hasta El necesitaba ayuda. Todos la necesitamos y todos debemos darla.
Eso se llama solidaridad. Y es un valor cristiano.
¿Sabemos ayudar?
¿Sabemos reunirnos para ayudarnos entre todos?
Canto: Juntos como hermanos
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: SEXTA ESTACIÓN


UNA BUENA MUJER LIMPIA
EL ROSTRO DE JESÚS

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Nos dice Jesús en su Evangelio:


“Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo:
Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el
cielo, porque El hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e
injustos”.
(Mt. 5, 43-45)
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Todos hemos tenido ganas, alguna vez, de conocer la cara de Jesús. Esa cara que la Verónica
limpió de tanta sangre y sudor.
No conocemos la cara, pero conocemos sus sentimientos y hemos oído sus palabras. Y
sabemos cómo actuaba. Era el hermano de todos, y nada había para El tan importante como la
gente. Y hasta murió pidiendo perdón para los que lo mataban.
El rostro de Jesús es también el rostro de nuestros enemigos. Es la cara de quien nos traicionó,
del que habla mal de nosotros; del que no nos deja en paz, del que es injusto con nosotros.

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

Necesitamos superar las diferencias y las enemistades. Es preciso que nos reconciliemos.
¿Somos capaces de aclarar las cosas, sin recurrir a ningún tipo de violencia?
¿Somos capaces de reconciliarnos con nuestros adversarios, para trabajar junto con ellos?
Solamente Jesús puede darnos esa capacidad.
Canto: Himno a la Caridad.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: SÉPTIMA ESTACIÓN


JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Dice la Palabra de Dios:


“Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria
futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta
revelación de los hijos de Dios.” (Rom. 8, 18-19)
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

La noche pasó entre caminatas, insultos y acusaciones. La mañana trajo azotes, corona de
espinas, burlas salvajes. Ahora, cuando más aprieta el sol, Jesús está sin fuerzas.
El hombre es débil de nacimiento, y para sostenerse, ha de buscar la ayuda de los demás.
Nadie debe pensar que puede llegar hasta Dios por su cuenta.
Jesús, para llevarnos hasta el Padre, nos quiere reunidos. Para eso funda la Iglesia.
Para eso insiste en que seamos uno. Para eso se junta El mismo con todos nosotros.
¿Entendemos que nuestra fuerza está en vivir juntos?
¿Aprovechamos para reunirnos en todas las circunstancias de la vida?
¿Somos solidarios para conseguir los bienes de todos?
Cuando buscamos juntos el alimento, el vestido, la salud, el deporte, la educación, el trabajo,
estamos encontrando a Jesús que dijo: “Donde hay gente reunida en mi nombre, yo estoy con
ellos”.
Canto: Si yo no tengo amor.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: OCTAVA ESTACIÓN


JESÚS CONSUELA A UNAS
MUJERES QUE LLORAN POR EL

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Al verlas tan compasivas entre tanto odio y desdén:


“Hijas de Jerusalén, no lloren por mí – le dijo – lloren por sus propios hijos y por ustedes, más
bien” “Si esto hace en palo verde en el seco se hará peor”. Esto lo dijo el Señor, refiriéndose
bien al pecado, que, si esto hacía al honrado, qué no haría al pecador.
(del Evangelio Criollo, del P. Amado Anzi)

¡Cuántos motivos tenemos para ponernos a llorar! La gente sin trabajo, los chicos sin escuela,
las familias sin atención médica, el hambre, la escasez, el rencor...
A Jesús no hay que tenerle lástima. Más vale abrir los ojos y los oídos para ver y escuchar lo
que nos dice. Tenemos que darnos cuenta que El vino a librarnos del pecado, y ayudarlo en esa
tarea.
Todos los males que sufrimos tienen nido en el corazón de la g ente, y allí hay que poner el
remedio. Lo que pasa es que no nos sentimos hermanos, que no nos interesan los problemas
de los demás, que no tenemos ganas de repartir los bienes, que no nos ponemos a trabajar por
la Civilización del Amor que pedía Pablo VI.
Andar desunidos cuando necesitamos solidaridad... ¿No es como para llorar? Y más que llanto,
se necesita el trabajo de todos.
Canto: Desde lo más hondo (Salmo 129) o Danos un corazón.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: NOVENA ESTACIÓN


JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

“Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí,
– como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre – y doy mi vida por las ovejas” (Jn. 10,
14-15)
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Este Jesús cuyo cuerpo ha golpeado nuevamente contra las piedras del camino es el mismo
que nos contaba la historia del hijo derrochón y vicioso que, un día, quiso levantarse y buscar
el perdón de su padre. Y también nos contó la historia de la oveja que se extravió. Y la de la
señora que tuvo que revolver toda la casa para encontrar una plata que se le perdió.

Este Jesús caído es el mismo que algunos que se creían sabios miraban con desconfianza,
porque era amigo de los pecadores y aceptaba la charla con los recaudadores de impuestos,
gente odiada como ninguna, y no rechazaba a las prostitutas ni a la gente más despreciada.
Quería a los caídos, para ellos había venido.

Este Jesús caído es el que una vez recibió en sus pies los besos de una pecadora. Y mientras
todos la miraban con asco, El no veía sus pecados, sino su corazón.
Jesús: Ya que vos mismo conociste la debilidad, ayúdanos a levantarnos de cada tropiezo.
Y que cada una de esas caídas nos vaya enseñando a conocer el amor y a practicarlo.
Canto: Yo soy el camino.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: DÉCIMA ESTACIÓN


SE REPARTEN LOS
VESTIDOS DE JESÚS

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Dice la Palabra de Dios:


“Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en
cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura porque
estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí: ‘No la rompamos. Vamos a
sortearla para ver a quién le toca’. Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis
vestiduras y sortearon mi túnica”. (Jn. 19, 23-24).
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Jesús ha perdido todo. Hasta la ropa. Lo único que tiene ahora es un cuerpo que duele por
todas partes. Mientras los tres crucificados braman de dolor, los soldados están muy ocupados
en el reparto de la ropa. Eso es todo lo que les interesa. Vale mas una túnica que un hombre
que agoniza.
En nuestra historia, la de todos los días, la de todos los años, se mata a los hombres por una
idea, por un pedazo de tierra, por trigo o por petróleo. Un hombre vale menos que los
beneficios de una empresa, menos que un aplauso, menos que el dólar, una vaca o un rato de
diversión. Así llegamos a la bomba atómica, que elimina a la gente para robar sus bienes
intactos con tranquilidad.
En nuestra vida,
¿qué vale más?
¿El empleado o la mercadería?
¿La comodidad o el vecino?
¿El ascenso o el compañerismo?
¿El paciente o el dinero?
Jesús desnudo predica desde el Calvario la suprema dignidad del hombre por encima de
cualquier otro valor.
Canto: Himno a la cruz.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador: UNDÉCIMA ESTACIÓN

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

La Cruz y Dios se acollaran siempre juntitos los dos, como el eco con la voz y la sombra con la
luz; porque Dios nos da la cruz, pero la cruz nos da a Dios.
(del Evangelio Criollo, del P. Amado Anzi).

La solidaridad consiste en darnos cuenta de que no somos los únicos necesitados del mundo,
que aún teniendo problemas, podemos ayudar a otros. Así hizo Jesús, que aún agonizando
pudo prometerle el cielo al que llamamos el buen ladrón. Y también pudo rezar por sus propios
enemigos.
Ojalá nos alumbre la luz que alumbró ese ladrón. El supo reconocer a Jesús, en ese cuerpo
sangriento que colgaba junto al suyo.
Mientras todos lo despreciaban, lo torturaban y se le burlaban, él demostró lo que valía. Sus
ojos vieron más que los de Pilato, y más que los de la gente que se creía pura pero que
envidiaba a Jesús y lo odiaba porque quería a los pecadores.

En medio del dolor de nuestra patria


¡Qué falta nos hace ver a Jesús en ese que sufre a nuestro lado!
¡Qué necesidad tenemos de reconciliarnos, de perdonarnos unos a otros, de decidirnos a
trabajar juntos!
Canto: Himno a la Cruz
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador:
DÉCIMO SEGUNDA ESTACIÓN
JESÚS NOS ENTREGA
SU VIDA POR AMOR

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Al filo del mediodía el crimen quedó acabado dos ladrones de ambos lados y en el medio
redentor: era el drama del pecado vencido por el amor. Y mientras Jesús llegaba al natural
desenlace como si nada pasase clamó mirando al gentío: “Perdónalos, Padre mío, porque no
saben lo que hacen”.
(del Evangelio Criollo, del P. Amado Anzi).

Es frente a la muerte que solemos decir: ‘no somos nada’. Lo que pasa es que nos jugamos la
vida por cosas de tan poco valor que la muerte, como un viento enfurecido, nos quita todo.
Gracias a la muerte de Jesús, vivimos la vida del amor, la vida de Dios que es inmortal. Ya no
diremos ‘no somos nada’. Somos todo para Dios, tan querido por El, que muere su Hijo por
nosotros.
Es lo peor que tenemos que enfrentar lo que nos da más miedo: la muerte. También Jesús tuvo
que enfrentarla. Porque quería estar con nosotros y ser como nosotros en todo, menos en el
pecado.
Contemplando a Jesús muerto, pidamos entenderlo, practicar su Palabra, tener la vida eterna.
Canto:
Es la cruz o Zamba del Grano de Trigo.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador:
DECIMOTERCERA ESTACIÓN
LA VIRGEN VELA EN SUS BRAZOS
EL CUERPO DE JESÚS

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Nos dice la Palabra de Dios:


“Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo:
¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron! Jesús le respondió: ‘Felices más
bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican’ ”. (Lc. 11, 27-28)

–8–
Comisión Arquidiocesana de Liturgia

- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

Querida Virgen María: Nos recuerdas a todas las madres doloridas: ojos colorados, pálidas la
cara. Con tu Hijo en los brazos te acuerdas cuando era chico, cuando trabajaba con José,
cuando comía en la mesa que servías. Después se despidió y ya andaba por ahí, hablando de
su Padre con el mismo lenguaje de los pobres, comiendo lo que hubiera y durmiendo bajo las
estrellas junto con el grupito de sus seguidores.

¡Qué parecido a nosotros resultó ser el Hijo de Dios, tu Hijo! Y vos lo entendiste mejor que
nadie.

¡Ninguna fe como la tuya, nadie con tanto amor! Por eso, no somos nosotros quienes te hemos
de consolar. Más bien queremos agradecerte, por habernos traído este hermano que nos dio la
vida de Dios. Y agradecerte porque tu Hijo te dejó como madre nuestra.
Vos entendés que en esta muerte nos llega la vida grande. Ayúdanos a entenderlo. Y rezá por
nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Canto: Junto a la Cruz.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador:
DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN
ENTIERRAN A JESÚS

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Nos dice la Palabra de Dios:

“Era Día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea,
miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios, tuvo la audacia de
presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se asombró de que ya hubiera
muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por
el centurión, entregó el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús lo
envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después hizo rodar una piedra
a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José miraban donde lo había
puesto.” (Mc. 15, 42-47)
- Palabra de Dios.
- Te alabamos, Señor.

También para Jesús hay una tumba, una mortaja y el velorio sencillo de los que lo quisieron y
se animaron a ir. En los velorios solemos recordar la vida del que ha muerto. Ahora nos
acordamos del Evangelio, de toda la vida de Jesús, dedicada a enseñarnos que Dios nos ama y
nos quiere en su familia.

¡Qué suerte que esté aquí, con nosotros, el apóstol Juan! Por su boca, Jesús nos sigue
hablando, mientras nos retiramos de la tumba, en el atardecer de este día de luto.
Dice San Juan: “Dios nos ha dado la vida eterna, y esa vida está en el Hijo”. “El que ama
conoce a Dios, porque Dios es Amor”. “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerta a la
vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en la
muerte”.
Canto: Yo soy el camino.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Animador:
DÉCIMOQUINTA ESTACIÓN
JESÚS RESUCITÓ Y VIVE
ENTRE LA GENTE SOLIDARIA

Canto: - Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Dice Jesús en su Evangelio:


“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10)

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia

En el principio del mundo, Dios, cuya mano desparramó toda la vida que hay, tenía un plan
para El y para nosotros: vivir juntos. Era el amor.
Nosotros le contestamos con un plan distinto.

Pero entonces vino Jesús a devolvernos la vida. A enseñarnos a vivir de nuevo juntos. Entre
nosotros y en la familia de Dios. Esta nueva presencia del amor de Dios hace nueva todas las
cosas, como si el mundo fuera creado otra vez.

Ahora se puede vencer al pecado. Ahora se puede vencer a la muerte. Ahora se puede lograr el
amor. Muerte es la desocupación. La falta de escuela, la enfermedad sin esperanza, la
esclavitud, el hambre, la envidia que busca el mal del hermano, el odio que siempre busca
revancha, el fanatismo que respeta más una idea que al hombre, la mentira que disfraza la
angurria de generosidad.

La vida está en darnos cuenta que somos hermanos y que podemos trabajar juntos para tener
una vida mejor. Si el amor nos reúne, Dios está con nosotros. Recordemos las palabras de
Jesús: “Donde hay gente reunida en mi nombre ahí estoy yo”. “No tengan miedo, porque yo he
vencido a la muerte, y me quedaré con ustedes hasta el fin del mundo”
Canto: Danos un corazón.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


Credo.

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