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Reflexiones sobre la Pasión de Cristo

El documento presenta una serie de estaciones que reflexionan sobre la Pasión de Jesucristo, desde su condena hasta su sepultura. Cada estación incluye una meditación sobre el sufrimiento de Jesús y una súplica para que los fieles aprendan a llevar sus propias cruces y se acerquen a Dios. Se enfatiza la importancia de la humildad, el arrepentimiento y el amor hacia Jesús y María a lo largo de este camino de dolor.
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Reflexiones sobre la Pasión de Cristo

El documento presenta una serie de estaciones que reflexionan sobre la Pasión de Jesucristo, desde su condena hasta su sepultura. Cada estación incluye una meditación sobre el sufrimiento de Jesús y una súplica para que los fieles aprendan a llevar sus propias cruces y se acerquen a Dios. Se enfatiza la importancia de la humildad, el arrepentimiento y el amor hacia Jesús y María a lo largo de este camino de dolor.
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Primera estación

Jesús condenado a muerte


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Sentado en el tribunal
da Pilatos la sentencia
condenando a la Inocencia,
y absolviendo al criminal.
Procedo de modo igual,
cuando por motivos vanos,
cedo a respetos humanos,
y en la tentación consiento,
dándole a Jesús tormento,
aunque me lave las manos.
Considera, alma, en esta primera estación, que es la casa de Pilato, donde fue
rigurosamente azotado el Redentor del mundo, coronado de espinas y
sentenciado a muerte.
¡Oh suavísimo Jesús, que quisisteis ser tenido como vil esclavo delante del
sacrílego pueblo!
Suplícoos, Señor mío, que por esta mansedumbre vuestra mortifique yo mi
soberbia, para que, sufriendo las afrentas de esta vida humildemente, logre
gozaros en la eterna gloria. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Segunda estación

Jesús con la cruz a cuestas


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Bajo la cruz que le inclina
deja Cristo nuestro Bien,
la ingrata Jerusalén,
y al Calvario se encamina.
Con su mirada divina
me invita a seguirle en pos...
¡Oh Jesús, Hijo de Dios,
dadme a entender el misterio
de la Cruz,y su improperio
saldré llevando con Vos!
En la cruz estaba el peso de todas las iniquidades del mundo. Y, sin
embargo, Jesús, todo cariño, todo amor, todo deseo de redimirnos, la recibe
con una santa alegría sólo por mi salvación.
Y yo, ¿no he de sufrir nada por mi Dios?
Ruégoos, Señor, me deis favor para que tome gustoso la cruz de la penitencia,
a fin de que pueda veros y os abrace siempre en el cielo. Amén.
Padrenuestro y Avemaría
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Tercera estación

Jesús cae por primera vez bajo la cruz


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Bajo la cruz que le oprime,
el divino Redentor,
cae en tierra y su dolor,
de las culpas nos redime;
el manso Cordero gime,
pero su tierno balido,
no parece ser oído,
Jesús de mi corazón,
por vuestra muerte y pasión,
levantad al que ha caído.
¡Qué triunfo para sus enemigos! ¡Qué burlas y que blasfemias al verle caer! Y
yo, ¿cuántas veces he escandalizado a otros? ¿cuántas veces no he corregido
las burlas y blasfemias de otros? Ruego a vuestra divina clemencia que me
deis gracia para que me levante de la culpa y que esté siempre firme en el
cumplimiento de vuestros mandamientos. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Cuarta estación

Jesús encuentra a su santísima Madre


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
En la calle de Amargura
la Madre al Hijo ha encontrado
y sus ojos se han mirado
con infinita ternura.
¡Quién pudiera, Madre pura,
vuestra pena compartir,
y a Jesucristo seguir,
hasta llegar a la cima,
de un alma que sólo estima,
o padecer o morir!
Qué martirio tan cruel al encontrarse los dos frente a frente. Los corazones
del Hijo y de la Madre traspasados de dolor, se ofrecen entonces por mi a tan
doloroso sacrificio. Y yo, ¿no amaré toda mi vida los corazones de Jesús y
María?
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Quinta estación

Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la cruz


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Temen que el Divino Reo
llegar no pueda a la cumbre.
¡Tan grande es la pesadumbre!
¡Tan infame su deseo!
Obligan al Cireneo,
a que la carga le lleve.
¿Qué cristiano no se mueve,
a ayudar al Buen Jesús,
si el peso de nuestra cruz,
yendo con El, será leve?
¡Oh amantísimo Jesús! Pues por mi amor llevasteis tan pesada cruz, y
quisisteis que en la persona del Cirineo os ayudásemos a llevarla, os suplico,
Señor, me abrace con la cruz de la abnegación de mí mismo; para que
siguiendo vuestros pasos, consiga los eternos goces. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Sexta estación

La Verónica enjuga el rostro a Jesús


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Una mujer compasiva,
fija en Jesús la mirada
y a la Hermosura afeada,
ve con la sangre y saliva.
Detiene a la comitiva;
y viendo al sol eclipsado,
con un velo tresdoblado,
enjuga el Rostro divino,
que un prodigio peregrino,
deja en el lienzo estampado.
Considera, alma, en esta sexta estación, cómo es el lugar donde salió la mujer
Verónica, que viendo a su Majestad fatigado, y su rostro obscurecido por el
sudor, polvo, salivas y bofetadas que le dieron, se quitó un lienzo con que le
limpió.
¡Oh hermosísimo Jesús, que siendo afeado vuestro rostro con las inmundas
salivas, os limpió el sudor aquella piadosa mujer con las tocas de su cabeza, y
quedó impreso en ellas! Os suplico, Señor, que estampéis en mi alma la
imagen de vuestro santísimo rostro y me deis vuestro favor para conservarla
siempre. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Séptima estación

Jesús cae por segunda vez


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Abrumado por el leño,
de infinita pesadez,
en tierra segunda vez,
sucumbe el Divino Dueño.
Jesús por vuestra caída,
libradme de recaída
en el pecado mortal,
que es mal sobre todo mal,
pues da la muerte a la Vida.
¡Oh Santísimo Jesús, que por la fatiga grande de vuestro delicado cuerpo
caísteis por segunda vez con la cruz! Os suplico, Señor me hagáis conocer el
inmenso peso que tienen mis pecados, y dadme vuestra gracia para que no me
arrastren a la eterna pena. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.
Octava estación

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Dan muestras de sentimiento,
unas mujeres llorosas,
que de Cristo dolorosas,
iban en el seguimiento.
Jesús responde a su acento:
Hijas de Jerusalén,
no lloréis por Mí,
antes bien,
llorad por vuestro pecado,
pues árbol que se ha secado,
será cortado a cercén.
"no lloréis por Mí", les dice, "sino por vosotras y por vuestros hijos", esto es,
por los castigos de los pecados. ¡Y yo pecando sin cesar, y mis confesiones
tan frías, y mis recaídas tan prontas!.
Concededme, oh Señor mío, que con fervorosas lágrimas, de contrición lave
mis pecados, para que esté siempre en vuestra gracia y amistad. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Novena estación

Jesús cae por tercera vez bajo la cruz


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Como Isaac al sacrificio,
sube Cristo al monte santo,
y cae bajo el quebranto
del doloroso suplicio.
¡Cuántas veces en el vicio
recaíste, pecador.
De esta sangre, oh Redentor,
que a raudales de Vos brota,
dadme al menos una gota,
dadme vuestro casto amor.
¿Cómo caéis tantas veces, Jesús mío, si sois, la misma fortaleza de Dios?
Pues mira: Yo he caído para enseñarte a levantarte de tus caídas con el dolor
de tus culpas, confesándolas humildemente y poniendo toda confianza en
Mí.Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Décima estación

Desnudan a Jesús, y le dan de beber hiel.


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Con osada demasia,
le arrancan las vestiduras
y exponen sus carnes puras
a la luz del claro día.
¡Flor de la Virgen María!
Este mismo desacato
cometo sí sin recato,
profano en mí vuestro templo,
siguiendo en esto el ejemplo
de quien os dio tan mal trato
¿En qué pensabais, Jesús mío, cuando os arrancaban vuestros vestidos,
juntamente con los pedazos de vuestra carne?... Yo le ofrecí todo a mi Padre
eterno, para que tu no sintieras arrancar de ti aquel objeto, aquella ocasión,
aquel vicio que te esclavizaba. Ya sabes que toda fuerza está en morir antes
que volver a cometerlo. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Undécima estación

Jesús clavado en la cruz


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús extiende sus brazos,
manos y pies; los verdugos,
entre sangre a borbotones,
los clavan a martillazos.
Quiero mi Dios,con abrazos,
pagar amor tan profundo
viviendo para este mundo,
crucificado de hoy más;
y a mí, mundo, lo estarás,
pues ya de ti me confundo.
Considera, alma, en esta undécima estación, cómo es el lugar donde fue
clavado el Señor en la cruz; y oyendo su santísima Madre el primer golpe de
martillo, sintió vivísimo dolor en su Corazón; y más, al ver que le ponían otra
vez la corona de espinas con gran crueldad y fiereza.
¡Oh clementísimo Jesús, que sufristeis ser extendido en la cruz y que clavasen
vuestros pies y manos en ella! Os ruego, Señor mío, por vuestra inefable
caridad, no extienda yo mis pies y manos a maldad alguna, sino que siempre
viva crucificado con Vos. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Duodécima estación

Jesús muere en la cruz


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Padre desamparado,
colgado entre dos ladrones,
insultado de sayones,
por la sed atormentado,
deja al discípulo amado
la prenda que más quería;
con tres horas de agonía,
consuma la nueva Ley;
y en el leño reina el Rey
de la antigua profecía.
Mírale: sus pies clavados para sujetar los tuyos: sus brazos extendidos para
abrazarte, su costado abierto para recibirte, inclinada la cabeza para darte el
beso de reconciliación... ¿Cuándo os amaré Jesús mío, como vos me habéis
amado?
¡Oh divino Jesús, que crucificado entre dos ladrones fuisteis levantado a vista
de todo el mundo y padecisteis tormentos insufribles! Ruégoos, Señor mío,
sanéis mi alma, y que sólo a Vos ame, a Vos quiera y por Vos muera. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Decimotercera estación

Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su


santísima Madre
Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Dos varones abnegados
descuelgan el cuerpo santo,
que riegan con tierno llanto
unos ojos anegados.
¡Cuál pararon mis pecados
el santo cadáver yerto!
En este costado abierto,
pondré Señor,mi mansión,
siendo vuestro Corazón,
para mí, seguro puerto.
Madre de los Dolores, dejadme adorar el cadáver de vuestro Hijo... Ven,
pecador: mira su rostro desfigurado, sus ojos amarillos, su boca
ensangrentada, sus manos y pies taladrados, su costado abierto, todo su cuerpo
destrozado. ¡He aquí la justicia de Dios! ¡He aquí la enormidad de tu pecado!
¡Oh Madre de misericordia! Por las penas que padecisteis cuando pusieron a
vuestro amado Hijo en vuestros brazos, y fue ungido por vuestras manos,
suplícoos me alcancéis un grande dolor de haberle ofendido y compasión de
vuestras muchas penas. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

Decimocuarta estación

Jesús es puesto en el sepulcro


Adorámoste, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Con cien libras de mixtura
ungen el cuerpo llagado,
que con vendajes ligado
dejan en la sepultura,
tallada en la peña dura.
Por la Santa Eucaristía,
un sepulcro, Madre mía,
quiero yo ser, como Vos,
viviendo sólo por Dios,
con Jesús y con María.
También mi alma es sepulcro de Jesús en la Santa Comunión. Hacéos, Señor,
en ella un sepulcro todo nuevo, purificándola de sus manchas, y no permitáis
que en adelante vuelva a daros más la muerte con mis pecados. ¡Oh purísima
Señora! Por la grande pena que padecisteis cuando os quitaron de vuestros
brazos a vuestro soberano Hijo para ponerlo en el sepulcro, os suplico me
alcancéis de su divina Majestad ablande mi duro corazón y coloque en él un
amor grande para amarle y servirle. Amén.
Padrenuestro y Avemaría.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los
dolores de su afligida Madre. Amén.

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