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Poemas de amor y desamor en español

El documento presenta una serie de poemas de diversos autores latinoamericanos, cada uno explorando temas como el amor, la soledad y la identidad. A través de versos emotivos y reflexivos, los poetas expresan sus sentimientos y experiencias personales, creando un diálogo entre sus obras. La diversidad de estilos y enfoques en la poesía refleja la riqueza cultural y literaria de la región.

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Poemas de amor y desamor en español

El documento presenta una serie de poemas de diversos autores latinoamericanos, cada uno explorando temas como el amor, la soledad y la identidad. A través de versos emotivos y reflexivos, los poetas expresan sus sentimientos y experiencias personales, creando un diálogo entre sus obras. La diversidad de estilos y enfoques en la poesía refleja la riqueza cultural y literaria de la región.

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César Vallejo, peruano. Mario Benedetti, Uruguayo.

“Los heraldos negros” “Rostro de vos”

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Tengo una soledad
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, tan concurrida
la resaca de todo lo sufrido tan llena de nostalgias
se empozara en el alma… ¡Yo no sé! y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras de primeras de cambio
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. y de último vagón.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Tengo una soledad
tan concurrida
Son las caídas hondas de los Cristos del alma que puedo organizarla
de alguna fe adorable que el Destino blasfema. como una procesión
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones por colores
tamaños
de algún pan que en la puerta del horno se nos
y promesas
quema.
por época
por tacto
Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como y por sabor.
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido Sin temblor de más
se empoza, como charco de culpa, en la mirada. me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras


Otto René Castillo, Guatemalteco.
de noches y deseos
“Pequeña patria mía”
de risas y de alguna
maldición.
Pequeña patria mía, dulce tormenta,
un litoral de amor elevan mis pupilas Mis huéspedes concurren
y la garganta se me llena de silvestre alegría concurren como sueños
cuando digo patria, obrero, golondrina. con sus rencores nuevos
Es que tengo mil años de amanecer agonizando su falta de candor
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso, yo les pongo una escoba
flotante sobre todos los alientos libertarios, tras la puerta
porque quiero estar solo
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.
con mi rostro de vos.
Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida. Pero el rostro de vos
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa. mira a otra parte
Subo las letras del alfabeto hasta la A con sus ojos de amor
que desemboca al viento llena de alegría que ya no aman
y vuelvo a contemplarte como eres, como víveres
una raíz creciendo hacia la luz humana que buscan su hambre
con toda la presión del pueblo en las espaldas. miran y miran
¡Desgraciados los traidores, madre patria, y apagan mi jornada.
desgraciados.
Las paredes se van
Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la queda la noche
muerte! las nostalgias se van
¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa? no queda nada.
Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente. Ya mi rostro de vos
Por ello patria, van a nacerte madrugadas, cierra los ojos
cuando el hombre revise luminosamente su pasado. y es una soledad
Por ello patria, tan desolada.
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento… (fragmento)
Pablo Neruda, chileno.
Oliverio Girondo, argentino. “Me gustas cuando callas”
“Espantapájaros”
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
No se me importa un pito que las mujeres y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; Parece que los ojos se te hubieran volado
un cutis de durazno o de papel de lija. y parece que un beso te cerrara la boca.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
Soy perfectamente capaz de soportarles emerges de las cosas, llena del alma mía.
una nariz que sacaría el primer premio Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
en un concurso de zanahorias; y te pareces a la palabra melancolía.
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
Me gustas cuando callas y estás como distante.
– no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
déjame que me calle con el silencio tuyo.
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos
sulfurosos? Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo Eres como la noche, callada y constelada.
y sus miradas de pronóstico reservado? Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
volaba del comedor a la despensa.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma, Francisco de Quevedo, español.
para llevarme, volando, a cualquier parte. “Amor constante más allá de la muerte”
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
Cerrar podrá mis ojos la postrera
como dos ángeles, y de repente, Sombra que me llevare el blanco día,
en tirabuzón, en hoja muerta, Y podrá desatar esta alma mía
el aterrizaje forzoso de un espasmo. Hora, a su afán ansioso lisonjera;
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! Mas no de esotra parte en la ribera
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes… Dejará la memoria, en donde ardía:
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
Y perder el respeto a ley severa.

¿Verdad que no hay diferencia sustancial Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
entre vivir con una vaca o con una mujer Venas, que humor a tanto fuego han dado,
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Médulas, que han gloriosamente ardido,
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre, Su cuerpo dejará, no su cuidado;
y por más empeño que ponga en concebirlo,
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
no me es posible ni tan siquiera imaginar
Polvo serán, mas polvo enamorado.
que pueda hacerse el amor más que volando.
Miguel Hernández, español. de los enamorados labradores.
“Elegía a Ramón Sijé”
Alegrarás la sombra de mis cejas,
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se y tu sangre se irán a cada lado
me ha muerto como del rayo Ramón disputando tu novia y las abejas.
Sijé con quien tanto quería).
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
Yo quiero ser llorando el hortelano llama a un campo de almendras espumosas
de la tierra que ocupas y estercolas, mi avariciosa voz de enamorado.
compañero del alma, tan temprano.
A las aladas almas de las rosas
Alimentando lluvias, caracolas del almendro de nata te requiero,
y órganos mi dolor sin instrumento. que tenemos que hablar de muchas cosas,
a las desalentadas amapolas compañero del alma, compañero.

daré tu corazón por alimento.


Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento. Renato Leduc, mexicano.
“Ruidos”
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida, En mi cuarto hay ruidos de diversas clases:
un empujón brutal te ha derribado. Ruidos sistemáticos y ruidos ambiguos;
ruidos trascendentes, ruidos comme il faut;
No hay extensión más grande que mi herida, ruidos de colores, y ruidos que son
lloro mi desventura y sus conjuntos simplemente ruidos…
y siento más tu muerte que mi vida.
Palpitar cardíaco del reloj que suena
Ando sobre rastrojos de difuntos, en las horas negras de paciente espera:
y sin calor de nadie y sin consuelo si perdí en el juego, si gané en el amor,
voy de mi corazón a mis asuntos. si por la mañana llamará a mi puerta
una mano blanca, o algún acreedor.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada, (La luz de la luna penetra en el cuarto
temprano estás rodando por el suelo. con deslizamientos de gatito manso.)

No perdono a la muerte enamorada, ¿En qué idioma dice su palabra el viento?


no perdono a la vida desatenta, Es lástima grande que no haya una estepa
no perdono a la tierra ni a la nada. en todo el contorno,
así, llamaría corcel vagabundo, etcétera, etcétera,
En mis manos levanto una tormenta a este pobre viento que llora a mi puerta…
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta. Ruidos de la calle. Tiemblan los cristales,
cristalinamente, como es natural.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, Yo, como poeta, me pregunto
quiero apartar la tierra parte a parte ”al punto”,
a dentelladas secas y calientes. ¿pasaría la muerte? O quizá el amor…

Quiero minar la tierra hasta encontrarte Pero los cristales, al temblar, decían
y besarte la noble calavera la verdad terrible:
y desamordazarte y regresarte. Señor, fue un camión…

Volverás a mi huerto y a mi higuera: Soy un formidable teórico del ruido.


por los altos andamios de las flores Casi soy un genio, un genio auditivo…
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.


Volverás al arrullo de las rejas
Octavio Paz, mexicano. Sor Juana Inés de la Cruz, mexicana
“Decir: Hacer” Redondillas
A Roman Jakobson
Hombres necios que acusáis
Entre lo que veo y digo, a la mujer sin razón,
Entre lo que digo y callo, sin ver que sois la ocasión
Entre lo que callo y sueño, de lo mismo que culpáis:
Entre lo que sueño y olvido
La poesía. si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
Se desliza ¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
entre el sí y el no:
dice Cambatís su resistencia
lo que callo, y luego, con gravedad,
calla decís que fue liviandad
lo que digo, lo que hizo la diligencia.
sueña
lo que olvido. Parecer quiere el denuedo
No es un decir: de vuestro parecer loco
es un hacer. el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Es un hacer
que es un decir. Queréis, con presunción necia,
La poesía hallar a la que buscáis,
se dice y se oye: para pretendida, Thais,
es real. y en la posesión, Lucrecia.
Y apenas digo
es real, ¿Qué humor puede ser más raro
se disipa. que el que, falto de consejo,
¿Así es más real? él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
Idea palpable,
palabra Con el favor y desdén
impalpable: tenéis condición igual,
la poesía quejándoos, si os tratan mal,
va y viene burlándoos, si os quieren bien.
entre lo que es
y lo que no es. Siempre tan necios andáis
Teje reflejos que, con desigual nivel,
y los desteje. a una culpáis por crüel
La poesía y a otra por fácil culpáis.
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos. ¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
Los ojos hablan, si la que es ingrata, ofende,
las palabras miran, y la que es fácil, enfada?
las miradas piensan.
Oír Mas, entre el enfado y pena
los pensamientos, que vuestro gusto refiere,
ver bien haya la que no os quiere
lo que decimos, y quejaos en hora buena.
tocar
el cuerpo de la idea. Dan vuestras amantes penas
Los ojos a sus libertades alas,
se cierran, y después de hacerlas malas
las palabras se abren. las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido Alfonsina Storni, argentina
en una pasión errada: Dos palabras
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído? Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
¿O cuál es más de culpar, De ser dichas. Palabras
aunque cualquiera mal haga: Que de viejas son nuevas.
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar? Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Pues ¿para qué os espantáis Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
de la culpa que tenéis? Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis. Moverme para echarla.
Tan dulces dos palabras
Dejad de solicitar, ¿Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
y después, con más razón, Tan dulces y tan mansas
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar. Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
Tan dulces y tan bellas
Bien con muchas armas fundo Que nerviosos, mis dedos,
que lidia vuestra arrogancia, Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
pues en promesa e instancia Oh, mis dedos quisieran
juntáis diablo, carne y mundo. Cortar estrellas.

Jorge Luis Borges, argentino


El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,


lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron


Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira


de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.


Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

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