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Cuando Servir Es Una Carga

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¡Canten alegres al Señor, habitantes de toda la tierra!

2 ¡Sirvan al Señor con alegría! ¡Vengan a su presencia con


regocijo!
3 Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y de él somos.[a]
Somos su pueblo. ¡Somos las ovejas de su prado!
(salmo 100:1-3)
Cuando servir es una carga
La Escritura nos invita todo el tiempo a servirle a Dios con alegría, con
gratitud y con amor.
Amor por quien es, gratitud por la salvación y ser elegidos por El y con
alegría porque el servicio es una oportunidad de realización y una
expresión de nuestras capacidades.
Sin embargo, esto no siempre es así. Hay factores personales que nos
afectan para servir, nos consumen las energías mentales, físicas
psíquicas y espirituales.
Entonces, hoy quisiera mencionar algunos síntomas que nos afectan
para servir con las condiciones que el Salmo 100 nos invita y sus
remedios, para recuperar la alegría de servir.
1. Las preocupaciones
»Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día
de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante
tiene cada día con su propio mal! (Mateo 6:34)
Pongo como primer síntoma las preocupaciones. Hoy las
estadísticas nos dicen que la depresión es la pandemia
silenciosa de nuestro tiempo. Uno de cada cuatro adultos sufre
de algún tipo de depresión, ansiedad, estrés o angustia crónica.
Obviamente el ritmo de vida tiene mucho que ver. La economía,
el trabajo, los gastos, la casa, los hijos. Las demandas y
presiones sociales. Todo atenta a desgastarnos interiormente.
Las noticias no ayudan mucho a mejorar la perspectiva. Estar
todo el tiempo enroscado, hace que pongamos en primer lugar
nuestras finanzas, la casa o el trabajo, afectando profundamente
nuestra salud. Generamos en nuestra mente escenarios donde
cosas que no controlamos vienen como una inundación y
arrastran todo. Ahora pensemos, Jesús dijo “donde esté tu
tesoro, estará tu corazón” (Mateo 6:21)
Si pensamos ¿Cómo las preocupaciones van a apagar las ganas
de servir? Reflexionemos en la parábola del sembrador, son las
preocupaciones y los afanes los que ahogan la semilla que cae
entre “cardos y espinos”. Si pueden apagar la fe del evangelio,
¿cómo no van a apagar el gozo de servir?

2. El deseo de reconocimiento o figurar


El Nuevo Testamento está lleno de casos de personas que
buscaban un lugar de privilegio o de posición, Los discípulos de
Jesús, personas en Hechos de los apóstoles que querían
comprar el don de Espíritu Santo, en las epístolas está lleno de
menciones de personajes que querían ser ancianos o pastores
para que los reconozcan o los sigan. Pero voy a citar el caso de
Ananias y Safira, que está en Hechos 5. Ellos, viendo que
Bernabé dio todo lo que tenía como herencia para la comunidad
de Jerusalén, quisieron que los vieran. Vendieron su herencia y
se quedaron con una parte, lo cual no estaba mal. El problema
fue decir que dieron todo, para ganar prestigio. No querían ser
menos. Les importaba la opinión de los demás, el
reconocimiento público.
Asi pasa en el presente. Muchas veces lo que se busca es ser
visto. Se evitan las actividades anónimas o poco vistosas. Se
prefiere todo lo que se nota, servir en la plataforma, la música, o
actividades que se ven en el culto. Dirigir un departamento o ser
líder de algo. Podemos decir, si los demás no me ven, si los
demás no saben que yo lo hice, no cuenta.

3. La soledad del servicio.


1 Reyes 19:10 «Es muy grande mi amor por ti, Señor, Dios de
los ejércitos. Los israelitas se han olvidado de tu pacto, han
destruido tus altares, han matado a tus profetas, ¡y sólo quedo
yo! Pero me andan buscando para quitarme la vida.»
Es muy común que uno después de mucho tiempo de estar
ocupado en la obra se sienta agobiado, en soledad y
desanimado. Las estadísticas dicen que en el pueblo cristiano la
mayor cantidad de suicidios la sufren los pastores. No tienen en
quien confiar, sin que lo juzguen. Sus problemas personales
muchas veces los consumen por dentro. Elías sabia bien de
este, si durante tres años se escondió y paso privacidades. El
permanecía fiel en medio de una sociedad infiel. Dios le tuvo que
salir al encuentro, porque ya no tenía ganas de nada. El peso de
las batallas era tan grande, el peso de la soledad era tan
agobiante, que ya no se podía levantar. ¿Cuántas veces
miramos a nuestro alrededor y no tenemos a nadie? Muchas
veces queremos servir y los obstáculos están en nuestra casa,
nuestra familia, nuestras amistades o nuestra pareja. Parece que
molesta que queramos dar algo de nosotros para Dios, en
gratitud.
Una nota sobre que es “servir”
La palabra hebrea Sharat es “ministrar, servir, oficiar” Es un término de
uso corriente en hebreo bíblico y moderno. A menudo denota “servicio”
brindado en relación con la adoración que ofrecía Israel. Este tipo de
“servicio” era para honrar sólo al Señor.
La segunda palabra, del Nuevo Testamento, es diakonia, es una labor
brindada por un siervo (no era alguien libre, sino un esclavo que
dependía de la voluntad de su amo) y se entiende que la existencia de
la necesidad de diaconía es consecuencia de la presencia de Cristo en
el creyente.
No tiene que ver en ningún caso con una posición o con un puesto,
sino con dedicar la vida a honrar a Aquel que es nuestro dueño. Jesús
recompensa a los que se dedicaron a servir a los pobres, huérfanos,
migrantes y menesterosos, los reconoce como los “siervos fieles y
buenos” (Mateo 25:23), los cuales eran servidores anónimos. Muchas
veces limitamos el verdadero alcance del servicio por una visión corta
y superficial de lo que significa.
Abordando los remedios
Afortunadamente para nosotros, la Palabra de Dios tiene la
consolación y la solución para todos los males que nos aquejan
Remedio para la preocupación:
No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas
delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias,
(Filipenses 4:6) y “Echando toda nuestra ansiedad sobre Él, pues tiene
cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7)
Parece fácil decirlo. Pero tenemos que considerar que la angustia y la
ansiedad que nos encierra, muchas veces esta solo en nuestra mente.
Si bien es cierto que podemos tener problemas de salud, problemas
económicos, familiares o de cualquier índole, ¡Nada es mayor que
Dios! Entonces, para evitar la preocupación, llenemos nuestra mente
de la palabra de Dios y oremos. Repitamos y recordemos las
promesas de Dios para nuestra vida. Es el mejor ejercicio para la
preocupación. Y mientras tanto, hagamos aquello que puede ser
desafiante y honrar a Dios con eso. No necesitamos un pulpito o un
lugar en la iglesia. Solamente, estar dispuesto a poner las manos en
algo que Dios pueda ser honrado.
Remedio para “la necesidad de aprobación externa”
Jesús dijo que no sepa nuestra mano izquierda lo que hace la mano
derecha. Que busquemos a Dios en lo secreto. Que evitemos hacer
las cosas para que nos alaben, porque ya tenemos nuestra
recompensa. El mayor y mejor marketing lo hace Dios. Para superar lo
que sabemos que no es sano, tenemos que cambiar de hábitos.
Pensemos en los testimonios, en las redes sociales y nuestras
actividades. Evaluemos nuestras reacciones ¿me pongo mal si no me
ponen o no me nombran? Jesús dijo que el que quiera ser el primero,
tiene que servir a los demás. En estos tiempos que todos se
proclaman Apóstol, Siervo, Profeta, Arcángel, Doctor en la Palabra y
Líder intercontinental y comandante general del depósito de escobas,
tenemos que tomar el ejemplo de Jesús de lavar los pies. Hacernos
pequeños y servir en silencio y con humildad. No para ser vistos, sino
para honrar a Dios. Ningún puesto nos asegura la honra. Nuevamente,
Jesús recompenso a los anónimos que servían al prójimo.
Remedio para la sensación de soledad:
Hebreos dice “puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de
nuestra fe” (Hebreos 12:2) Lo primero que tenemos que asegurarnos
es que estamos mirando en la dirección correcta. Cuando en el campo
se araba con animales, el que llevaba el arado tenía que mirar un
punto en la distancia, fijo y sin sacar los ojos de ahí, para que el surco
sea recto y no se desvíe. Muchas veces miramos quien más nos está
acompañando y nos desanimamos. Es normal, es humano, pero
primero, miremos a Jesús. Recordemos que es para Él, para su gloria
y honra. Segundo, tenemos que recordar que somos parte de un
cuerpo. No estamos solos. Busquemos el apoyo. Hay en la diversidad
del cuerpo de Cristo, personas dispuestas a acompañarnos y
apoyarnos en lo que hagamos. Algunos lo harán personalmente
(acompañando), otros lo harán espiritualmente (orando) y muy pocos,
financieramente, aportando los recursos. Pero si además de sentirnos
solos, nos cortamos de los demás, estamos llevándonos solos a una
situación de vacío donde el gozo de servir se muere.
Cerrando el tratamiento.
Es común que en algún momento nos falten las fuerzas. A veces,
necesitamos un descanso. Otras veces, hablar con un hermano.
Cuando creemos que nos ponen limites para crecer, nos podemos
dirigir a los que tienen responsabilidad en la Iglesia. Recordemos que
el servicio es un acto voluntario y de gratitud, no una obligación ni una
imposición. Dios no nos necesita. Pero siempre, que podamos servir y
lo hagamos con alegría, nos vamos a dar cuenta que éramos nosotros
los que lo necesitábamos.
2 ¡Sirvan al Señor con alegría!
¡Vengan a su presencia con regocijo!

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