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Adaptación y Homeostasis

La adaptación y la homeostasis son procesos interrelacionados que permiten la supervivencia de los organismos, donde la homeostasis actúa a corto plazo para mantener el equilibrio interno y la adaptación se refiere a cambios evolutivos a largo plazo. La homeostasis regula variables vitales como la temperatura y el pH, mientras que la adaptación puede ser estructural, fisiológica o conductual, influenciada por la selección natural. Además, se introducen conceptos como alostasis y el Síndrome General de Adaptación, que abordan cómo los organismos responden y se ajustan a situaciones de estrés.

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Adaptación y Homeostasis

La adaptación y la homeostasis son procesos interrelacionados que permiten la supervivencia de los organismos, donde la homeostasis actúa a corto plazo para mantener el equilibrio interno y la adaptación se refiere a cambios evolutivos a largo plazo. La homeostasis regula variables vitales como la temperatura y el pH, mientras que la adaptación puede ser estructural, fisiológica o conductual, influenciada por la selección natural. Además, se introducen conceptos como alostasis y el Síndrome General de Adaptación, que abordan cómo los organismos responden y se ajustan a situaciones de estrés.

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HOMEOSTASIS

Gregorio Aguilera Antúnez


Psicólogo
Adaptación y homeostasis

La adaptación y la homeostasis están estrechamente relacionadas, porque ambas permiten la supervivencia de


los organismos en su entorno, pero operan en diferentes escalas de tiempo y niveles biológicos. La homeostasis permite
que un organismo se mantenga funcional en su entorno a nivel inmediato e individual, en tanto la adaptación ocurre
cuando estos mecanismos de homeostasis favorecen ciertos rasgos en el largo plazo, haciendo que estos se transmitan a
las siguientes generaciones. Por ejemplo, los seres humanos tienen homeostasis térmica (regulan su temperatura
corporal), pero en poblaciones que han vivido en climas fríos por miles de años, se han desarrollado adaptaciones
genéticas como mayor masa corporal para conservar calor. Básicamente, la homeostasis mantiene el equilibrio en el
presente, y la adaptación permite la supervivencia en el futuro.

¿Qué es la adaptación?

Es un proceso evolutivo a largo plazo en el que una población desarrolla características heredables que
aumentan sus probabilidades de supervivencia en un entorno específico. Ocurre a través de la selección natural y puede
ser estructural (ej. piel gruesa en el desierto), fisiológica (ej. metabolismo eficiente en frío) o conductual (ej. migración de
aves). Es decir, la adaptación se refiere a los cambios y ajustes que los organismos realizan para sobrevivir y prosperar en
sus contextos ambientales. El concepto de adaptación se puede abordar desde distintos enfoques. Desde la perspectiva
biológica, influenciada por Charles Darwin y Jean Baptiste Lamarck, la adaptación es un mecanismo clave para la evolución
de las especies, las cuales en la medida que se adaptan a su entorno son las que prevalecen, lo que se traduce en "la
supervivencia del más apto". Darwin particularmente, se centró en la selección natural, proceso por el cual ciertas
características hereditarias se vuelven más comunes en una población a lo largo del tiempo porque aumentan las
probabilidades de supervivencia y reproducción de los individuos que las poseen.

Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) fue uno de los primeros en proponer una teoría de la evolución basada en
la herencia de los caracteres adquiridos, sugiriendo que los organismos podían modificar sus rasgos a lo largo de su vida
en respuesta al entorno y transmitir esos cambios a su descendencia. Aunque esta idea fue rechazada en favor de la
selección natural de Darwin, algunos descubrimientos recientes en epigenética han revalorizado ciertos aspectos del
pensamiento lamarckiano (De la peña, 2018). La epigenética estudia los cambios en la expresión génica que no alteran la
secuencia del ADN, pero que pueden ser heredables. Se ha demostrado que factores ambientales como la dieta, el estrés
y la exposición a sustancias químicas pueden inducir cambios epigenéticos que, en algunos casos, pueden transmitirse a
la descendencia. Algunos ejemplos incluyen los efectos de hambrunas. Estudios en poblaciones que sufrieron hambruna
(como la "Hongerwinter" en Holanda, 1944-45) mostraron que los descendientes tenían alteraciones metabólicas debido
a cambios epigenéticos heredados. También, experimentos han demostrado que el estrés en ratones padres puede inducir
cambios epigenéticos que afectan el comportamiento de sus crías. Si bien la epigenética no valida la teoría lamarckiana
en su totalidad (pues los cambios epigenéticos son reversibles y no siempre heredables a largo plazo), sí muestra que el
ambiente puede influir en la herencia de una manera más dinámica de lo que se creía en la genética clásica mendeliana.

Desde una perspectiva psicológica, Sandor Ferenczi distinguió entre dos tipos de adaptación: autoplástica y
aloplástica (González de Rivera Revuelta, (2008):

§ La adaptación autoplástica es un concepto que se utiliza en diversos contextos, especialmente en psicología y


biología, para describir el proceso mediante el cual un organismo o un individuo ajusta su comportamiento y
fisiología en respuesta a cambios en su medio ambiente. En un contexto psicológico la adaptación autoplástica
se refiere a la capacidad de un individuo para cambiar sus pensamientos, sentimientos y conductas como
respuesta a cambios en su entorno o a nuevas experiencias, permitiendo a los individuos manejar situaciones
desafiantes, aprender de sus experiencias y desarrollar resiliencia frente al estrés o a situaciones adversas. Este
tipo de adaptación puede involucrar procesos de aprendizaje, donde el individuo ajusta su comportamiento en
función de las consecuencias de sus acciones. Esto a menudo está relacionado con la plasticidad neuronal, donde
las conexiones entre neuronas cambian como resultado de la experiencia.
En un contexto biológico, la adaptación autoplástica implica que el organismo ajusta su fisiología a nivel biológico
para enfrentar condiciones ambientales cambiantes, sin necesariamente requerir cambios genéticos. Un
ejemplo de esto es la respuesta de un organismo a la temperatura (por ejemplo, la vasodilatación en ambientes
cálidos) o la aclimatación a diferentes altitudes son ejemplos de adaptación autoplástica.

§ La adaptación Aloplástica, se refiere a la capacidad de un organismo o individuo para ajustarse a su entorno


mediante cambios en su estructura o comportamiento en respuesta a factores externos. La adaptación
aloplástica se refiere a los cambios que ocurren en un organismo como respuesta a condiciones ambientales
externas. A diferencia de la adaptación autoplástica, que se basa en ajustes internos, la aloplástica implica un
cambio en la interacción del organismo con su entorno. Por ejemplo, un organismo puede desarrollar
características físicas (como piel más gruesa en especies que habitan en climas fríos) para hacer frente a las
condiciones de su entorno, los animales pueden cambiar sus patrones de comportamiento, como migrar a
diferentes áreas en busca de mejores condiciones climáticas o de alimento. Estos cambios pueden ser resultado
de presiones ambientales y son a menudo consecuencia de la selección natural. Los organismos que muestran
adaptaciones beneficiosas tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse.

¿Qué es la homeostasis?

La homeostasis es el proceso fisiológico autorregulatorio a corto plazo, por el cual un organismo mantiene
condiciones internas estables a pesar de los cambios en su entorno externo. Este término proviene del griego "homeo"
que significa "similar" y "stasis" que significa "estado" o "posición". En esencia, la homeostasis se refiere a la capacidad de
un organismo para regular variables vitales como la temperatura, el pH, la concentración de nutrientes, niveles de glucosa
en la sangre, presión arterial, niveles hormonales y la presión arterial, asegurando así un ambiente interno adecuado para
el funcionamiento óptimo de las células y, por ende, del organismo en su conjunto. La homeostasis se considera un
proceso que implica un equilibrio dinámico, donde el organismo realiza ajustes constantes para adaptarse a cambios
internos y externos, asegurando así la estabilidad de sus funciones vitales.

El concepto de homeostasis, ha evolucionado lentamente a lo largo de los siglos y actualmente es considerado


como un principio organizador central de la fisiología. Este proceso de autorregulación es crucial para la comprensión del
funcionamiento del organismo tanto en condiciones de salud y enfermedad (Billman, G. 2020).

Claude Bernard fue un fisiólogo francés fundamental en el desarrollo del concepto de homeostasis, aunque el
término en sí fue acuñado posteriormente por Walter Cannon. Bernard es conocido por su trabajo en la fisiología y su
enfoque en la “estabilidad interna” del organismo, lo que se relaciona directamente con la idea de homeostasis. Bernard
introdujo la idea de "milieu intérieur" o "medio interno", que se refiere al ambiente interno del organismo, donde las
condiciones deben permanecer relativamente constantes para que los procesos fisiológicos puedan funcionar
correctamente. Estudió cómo los sistemas biológicos regulan funciones vitales como la temperatura, el pH y la
concentración de nutrientes y desechos en fluidos corporales (Carlson, 2005). Su investigación sobre la regulación de la
glucosa y la temperatura corporal sentó las bases para entender cómo los organismos mantienen el equilibrio. Bernard
fue pionero en el uso del método experimental en la fisiología, lo que permitió a los científicos investigar cómo las
variaciones en el medio interno afectan el funcionamiento del organismo. Su énfasis en la experimentación ayudó a
establecer la fisiología como una ciencia basada en evidencias (Rodríguez de Romo, A. 2007).

Como se mencionó anteriormente, el concepto de homeostasis fue acuñado por Walter Cannon, (1871-1945)
fisiólogo estadounidense. La homeostasis, se refiere a los mecanismos que mantienen la estabilidad y el equilibrio interno
en el cuerpo a pesar de los cambios en el entorno externo. Los estudios de Cannon incluyeron el papel del sistema nervioso
autónomo en la regulación de actividades involuntarias, como la frecuencia cardíaca y la digestión. Cannon argumentó
que la interacción entre el sistema nervioso simpático y parasimpático era esencial para la adaptación del cuerpo a
diversas situaciones. Fue un pionero en el estudio de la respuesta al estrés, popularizando la idea de la respuesta de "lucha
o huida," que describe cómo los organismos reaccionan ante amenazas. Cabe recordar que la capacidad adaptativa y los
mecanismos autoregulatorios pueden verse desbordados, afectado entonces el equilibrio del medio interno, y esto
conlleva una activación del sistema nervioso simpático para preparar al cuerpo para una respuesta rápida.
Las investigaciones sobre el estrés, fueron profundizados posteriormente por Hans Selye, endocrinólogo y
fisiólogo austriaco-canadiense. Su enfoque llevó a un entendimiento más profundo de cómo los organismos responden al
estrés y cómo esas respuestas pueden influir en la homeostasis. Sus estudios dieron origen a la teoría del Síndrome
General de Adaptación (SGA).

Concepto de Alostasis

La alostasis se refiere a la capacidad del organismo para lograr estabilidad a través del cambio, en respuesta a
las demandas y desafíos del entorno. A diferencia de la homeostasis, que se centra en mantener condiciones internas
constantes, la alostasis reconoce que el cuerpo debe adaptarse continuamente a las variaciones del entorno y a las
situaciones de estrés.

El término allostasis fue introducido en 1988 por Peter Sterling y Joseph Eyer, quienes argumentaron que el
organismo no solo reacciona a los cambios del entorno, sino que también los predice y ajusta su fisiología en consecuencia.
Posteriormente, Bruce McEwen amplió el concepto al introducir la idea de carga alostática, que se refiere al costo
fisiológico de mantener la estabilidad a través de cambios adaptativos.

La alostasis implica la activación de sistemas fisiológicos, incluyendo el sistema endocrino y el sistema nervioso,
para ajustar la respuesta del organismo a situaciones estresantes. Esto puede incluir la liberación de hormonas como el
cortisol y las catecolaminas, que preparan al cuerpo para una respuesta rápida ante amenazas. Si bien la alostasis es
esencial para la adaptación, los costos de una regulación activa pueden incluir desgaste metabólico y efectos a largo plazo
en la salud. La exposición crónica al estrés y a las respuestas alostáticas puede llevar a problemas como enfermedades
cardiovasculares, trastornos metabólicos, y trastornos mentales. Este proceso abarca no solo la regulación hormonal, sino
también la modulación del comportamiento y de la función del sistema inmunológico.

Síndrome General de Adaptación (SGA)

Selye enfatizó que el organismo utiliza mecanismos homeostáticos para adaptarse a situaciones de estrés. La
exposición prolongada al estrés puede llevar a un fracaso en el mantenimiento de la homeostasis, afectando la salud
general. Esto se manifiesta en trastornos como hipertensión, enfermedades cardíacas y trastornos autoinmunes, entre
otros.
Selye propuso que el cuerpo responde al estrés en tres etapas principales: la fase de alarma, la fase de resistencia y la fase
de agotamiento.

§ Fase de alarma: Frente a un estímulo considerado peligroso, el organismo inicia una respuesta caracterizadas
por una serie de alteraciones fisiológicas y psicológicas, percibidas como ansiedad e inquietud, que favorecen el
afrontamiento al estimulo peligroso. Esta sintomatología, está influenciada tanto por aspectos físicos del
estímulo estresor , factores propios del sujeto, el grado de percepción de peligro y control sobre el estímulo,
entre otros. En esta fase se activa el sistema nervioso y las glándulas suprarrenales. Esto incluye la liberación de
adrenalina y hormonas como el cortisol.

§ Fase de resistencia: Si el estrés persiste, el organismo intenta adaptarse a la nueva situación y estabiliza sus
funciones a través de mecanismos homeostáticos. Acá se desencadenan una serie de procesos fisiológicos,
cognitivos, emocionales y comportamentales que tienen por objetivo gestionar la situación de estrés, para
aminorar las consecuencias del evento estresor. Si la respuesta es efectiva, se produce una adaptación, que sin
embargo no está exenta de consecuencias para el organismo, como por ejemplo, un menoscabo de la resistencia
general del organismo, disminución del rendimiento de la persona, consecuencias psicológicas y trastornos
fisiológicos relativamente permanentes. Acá particularmente se observa una elevada actividad de la hormona
cortisol, que tiene por objetivo aumentar los niveles de glucosa en el organismo, preparando a este para una
respuesta de lucha o huida. El cortisol es una hormona glucocorticoide producida por la glándula suprarrenal, y
su liberación es regulada por el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA)

§ Fase de agotamiento: Si el estrés continúa por un período prolongado, los recursos del organismo se agotan. La
fase de resistencia resulta ineficiente y el organismo entra en la fase de agotamiento, que tiene por consecuencia
una serie de trastornos fisiológicos, psicológicos o psicosociales que pueden llegar a ser crónicos, e incluso
irreversibles. En esta fase, se produce una hipercortisolemia. El hipotálamo activa la hipófisis, que a su vez libera
ACTH (hormona adrenocorticotropa). Esto estimula las glándulas suprarrenales para liberar cortisol, el además
de elevar los niveles de glucosa en sangre, proporcionando energía inmediata para afrontar el estrés. El cortisol,
además modula la respuesta inmune, reduciendo la inflamación, pero suprimida a largo plazo puede afectar la
inmunidad, además, afecta la memoria y emociones, dado que en el hipocampo, los niveles altos de cortisol
pueden deteriorar la memoria y en la amígdala pueden intensificar respuestas emocionales, provocando
problemas como ansiedad, depresión, insomnio, obesidad, deterioro cognitivo y enfermedades
cardiovasculares. Particularmente en el cerebro, el cortisol influye en la plasticidad sináptica, afectando la
formación y eliminación de conexiones neuronales, y en el hipocampo afecta la neurogénesis, reduciendo la
formación de redes neuronales, afectando la memoria y el aprendizaje (Duval, 2010).

Mecanismos de Regulación homeostáticos

En los mamíferos la respuesta al estrés está mediada por el sistema simpático-adrenomedular (SAM) y el
sistema hipotalámico-pituitario-adrenocortical (HPA). El sistema SAM es una división simpática del sistema nervioso
autónomo, que secreta epinefrina de la médula suprarrenal. El aumento de esta substancia es responsable de la
activación de la respuesta de lucha/huida; en cambio, el eje HPA, es responsable de la producción de glucocorticoides,
como el cortisol (Romero, 2021).

Los organismos emplean varios mecanismos homeostáticos para regular estas variables, que pueden incluir:

§ Detectores: Los receptores sensoriales detectan cambios en las variables internas y envían señales a la parte
central del cuerpo.
§ Integración: La información recibida por los receptores sensoriales se procesa en el cerebro, que evalúa si se
requiere una respuesta.
§ Respuesta: Si se determina que es necesario hacer algo, se activan las respuestas adecuadas, como la producción
de hormonas o la contracción muscular.
§ Mecanismos de Corrección: Respuestas que son activadas cuando las variables se desvían de su rango óptimo
(valor fijo establecido).
§ Retroalimentación Negativa: Muchos procesos homeostáticos funcionan mediante este mecanismo, donde el
efecto de una acción disminuye o detiene la acción misma, ayudando así a restablecer el equilibrio.
§ Mecanismos hormonales: Son mecanismos que se producen en respuesta a cambios en las variables internas,
como la regulación del nivel de azúcar en sangre mediante la producción de insulina y glucagón.
§ Mecanismos neuromoduladores: Son mecanismos que implican el sistema nervioso central y permiten una
regulación más precisa y sofisticada, como la regulación de la temperatura corporal.

El sistema nervioso autónomo (SNA) desempeña un papel crucial en la homeostasis al regular funciones
involuntarias del organismo que son esenciales para mantener un equilibrio interno estable. Este sistema está compuesto
por dos divisiones principales: el sistema simpático y el sistema parasimpático, que trabajan de manera coordinada para
controlar diversas actividades fisiológicas.

El sistema SAM incluye las células cromafines de la médula suprarrenal, que secretan catecolaminas,
principalmente epinefrina y algo de norepinefrina, en respuesta a la estimulación de neuronas simpáticas preganglionares
y son consideradas parte del sistema nervioso simpático. Estas hormonas circulan en la sangre, se unen a
adrenorreceptores en varios órganos y participan en la respuesta de lucha o huida (Romero, 2021).

El SNA utiliza tanto la retroalimentación positiva como negativa para mantener la homeostasis. Por ejemplo, si
la presión arterial asciende, el sistema parasimpático se activa para inducir una respuesta que disminuya la presión arterial
hasta que llegue a un nivel óptimo; si la presión arterial baja, el simpático se activa para incrementarla.

Sistema Simpático

§ Se activa en situaciones de estrés o emergencia ("lucha o huida").


§ Aumenta la frecuencia cardíaca, dilata las vías respiratorias, y redistribuye el flujo sanguíneo hacia los músculos
esqueléticos, preparando el cuerpo para la acción.
§ Libera neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina, que incrementan la energía y la alerta.

Sistema Parasimpático

§ Actúa en momentos de relajación y descanso ("descanso y digestión").


§ Disminuye la frecuencia cardíaca y promueve actividades de digestión y metabolismo.
§ Facilita la recuperación del cuerpo después de la activación simpática, ayudando a restaurar el equilibrio interno.

El sistema endocrino juega un papel crucial en la regulación de la homeostasis. El sistema endocrino se compone
de glándulas que secretan hormonas en el torrente sanguíneo. Estas hormonas actúan como mensajeros químicos que
regulan diversas funciones corporales, incluidas el metabolismo, el crecimiento, el desarrollo y la respuesta al estrés.
La respuesta al estrés tiene como componente principal el sistema neuroendocrino y más específicamente
el eje HPA (hipotálamo -pituitaria -adrenal. El organismo, al exponerse a un evento estresor , en el núcleo paraventricular
del hipotálamo se genera un aumento del factor de liberación de corticotropina (CRF), que estimula la secreción de la
hormona adrenocorticotropica (ACTH) en el lóbulo anterior de la pituitaria (Adenohipofisis). Esta hormona actúa sobre la
corteza de las glándulas suprarrenales induciendo la síntesis y la liberación de glucocorticoides, en particular,
cortisol (Romero, 2021).

Hormonas como la vasopresina (o hormona antidiurética) y la aldosterona juegan roles fundamentales en el


control del equilibrio de agua y electrolitos en el cuerpo. Por ejemplo, la vasopresina regula la reabsorción de agua en los
riñones, mientras que la aldosterona ayuda a mantener los niveles de sodio y potasio adecuados.
Hormonas como la tiroxina y las catecolaminas (como la adrenalina) son importantes para el metabolismo y el gasto
energético, lo que influye directamente en la termorregulación. La insulina y el glucógeno son hormonas producidas por
el páncreas que regulan los niveles de glucosa en sangre, asegurando que el organismo tenga la energía necesaria para
funcionar adecuadamente. Cuando los niveles de glucosa bajan, el páncreas secreta glucagón para liberar glucosa
almacenada. El sistema endocrino, a través de ejes como el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA), responde a
situaciones de estrés. Durante el estrés, se liberan hormonas como el cortisol, que ayudan al cuerpo a manejar situaciones
de emergencia y mantener la homeostasis.

BIBLIOGRAFIA

Carlson, N. R. (2005). Fisiología de la conducta (8 edición). Pearson educación, S.A, Madrid

Billman, G (2020). Homeostasis: The Underappreciated and Far Too Often Ignored Central Organizing Principle of
Physiology. Frontiers in Physiology. March.

De la Peña Seaman, C. (2018). La epigenética y la reivindicación de Lamarck. Desde el Herbario CICY 10: 132–136
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Duval, González y rabia (2010). Neurobiología del estrés. Revista Chilena de neuropsiquiatría, 48(4):307-318

González de Rivera Revuelta, J. L. (2008). Homeostasis, alostasis y adaptación. En J. Guimón (Ed.), Crisis y Contención (pp.
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Rodríguez de Romo, A. (2007). Claude Bernard, el hombre y el científico. Historia y filosofía de la medicina. Vol. 52, Núm.
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https://www.revistamedicocientifica.org/index.php/rmc/article/view/535

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