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XXFDS

Santiago y Romina disfrutan de una fiesta en el club Los Andes de Tatón mientras esperan la llegada de un repuesto para el colectivo que los llevará de regreso a Catamarca. A pesar de la música y el baile, la inquietud por el retraso del transporte se siente entre los asistentes, quienes han viajado desde la capital y se han acomodado en un salón lleno de gente. Finalmente, el repuesto llega y el grupo se prepara para partir, dejando atrás una noche de celebración y recuerdos compartidos.
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Santiago y Romina disfrutan de una fiesta en el club Los Andes de Tatón mientras esperan la llegada de un repuesto para el colectivo que los llevará de regreso a Catamarca. A pesar de la música y el baile, la inquietud por el retraso del transporte se siente entre los asistentes, quienes han viajado desde la capital y se han acomodado en un salón lleno de gente. Finalmente, el repuesto llega y el grupo se prepara para partir, dejando atrás una noche de celebración y recuerdos compartidos.
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Santiago baila con Romina.

Ella sacude su pelo negro muy lacio y las canas en movimieto parecen
chispear rayitos de luz plateada. Romina cierra los ojos y sonrie como quien se identifica con las historias
de las letras de los cuartetos clásicos. Él parece tratar de disfrutar del movimiento. La mira y sonrie
también. Sin embargo, algo lo inquieta. Sus ojos se desvían a cada rato hacia la ventana. Espera que
llegue el repuesto para el colectivo, ubicado a unos 100 metros cruzando la cancha de futbol del club Los
Andes de Tatón. Los choferes intentan hacerlo arrancar -en vano- desde el horario original de regreso,
las seis de la tarde. Cuando el dueño de la empresa de transporte llegue desde la capital con la pieza
para arreglarlo, el grupo que traslada El Antofagasteño podrá volver a la ciudad de Catamarca.

Son unas 40 personas adentro del salón del club, paradas o sentadas, según el cansancio que cada cual
acumula llegando a la medianoche del sábado. Después de que alguien encendió el parlante, llegaron
unos cuantos grupos de jóvenes del pueblo. Uno de ellos, de remera negra con una hoja verde fluor de
cinco puntas, insiste en sacar a bailar a cualquiera que vea sentado. Los que musicalizaron la sobremesa
con bombo, guitarra y acordeón, disfrutan sentados en sillas de plásatico al lado del parlante. Las de la
cantina, las mismas que a las 10 de la mañana amasaban las tapas para las empanadas fritas, lucen sus
rostros divertidos a través de la ventana por la que despachan latas, vasos, botellas y hielo. Algunas
sentadas, otras bailando, están también las productoras de la Red AChALAY, que partieron desde
Catamarca ese mismo sábado a las 3 am con las bahuleras del colectivo decoradas de contenedores
plásticos, canastas, bolsas, bolsos, y cajas. Ningún bulto con cartel, ni el de frágil, nigún nombre. Al lado
de la puerta de ingreso, desde donde se observa el colectivo varado, ocupa una mesa la comisión
directiva de la asociación Bienaventurados los Pobres y su director, que sigue sin poder disfrutar de la
danza por mas que la Mona Gimenez insista e insista con la dosis de amor que lo ayuda a vivir. Ni
noticias del repuesto y las 45 pasajeras esperando. Algunas feriaron toda la jornada y entre intercambio,
compras y ventas, parece que alcanzaron un equilibrio particular: el volumen de los bultos de la
bahulera no aumentó ni se redujo.

Las estudiantes de trabajo social que participaron del catalogado de semillas mural ya cenaron, bailaron,
brindaron y preguntan dónde vamos a dormir. Alguien les explica que en Tatón el único hospedaje es el
de doña Elena, de la Asociación CAMPesinos del Abaucán. Las camas están todas ocupadas por
integrantes de B.P. y sus invitados, militantes de asambleas socioambientales y periodistas de medios
altrnativos. No hay aún eso que le dicen infraestructura turística.

Es que a Tatón, hasta hace 40 años, solo se accedía por las sendas para animales. El paraíso para el
sueño de la aldea campesina anfitriona de las esperanzas de la resistencia intelectual de izquierda que
aunque sin certezas ni garantías, rechazaba la promesa el progreso ilimitado. Hace 40 años Tatón recibió
a Manuel y Ernesto que llegaban a caballo. Qué recuerdos guardará Manuel de ese primer encuentro
con Elena, que hoy es su suegra. Ya habrá tiempo para esa pregunta, Manuel ya no está en el salón.
Además del trabajo organizativo del día, hoy también festejó los 4 años de Nabil, el hijo menor de él y
Johana. Qué recuerdos tendrá Johana de la feria de semillas del 2018 cuando era presidenta de ACAMPA
y estaba coordinando la 17º feria de semillas con 9 meses de embarazo. La víspera de su parto, literal.

Hace frío en el salón. Algunas de las personas mayores se fueron a descansar un rato a lo de doña Elena.
Las estudiantes se subieron al colectivo y cerraron sus ojos esperando quizas al abrirlos estar de regreso
en la avenida Güemes. El de la remera con la hoja verde duerme sentado, parece un niño. Santiago ya no
intenta bailar, está con los choferes urgando piezas, manipulando herramientas para hacer arrancar el
colectivo con el repuesto que llegó a medianoche (dos horas despues de lo prometido por el
transportista). De pronto se apaga el parlante y como si fuera parte de la coreografía, comienzan los
saludos de despedida. El colectivo está en marcha y la fila de hormigas que parte del salón acelera el
paso porque a la una de la mañana del 10 de septiembre el invierno se hace notar. Ya es parte del
recuerdo la noche que se armó una fiesta en el club del pueblo para acompañar al grupo de visitantes de
la capital en la espera de la llegada de un repuesto.

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