Habilidades emocionales
Empatía
Manejo de emociones y sentimientos
Manejo de tensiones y estrés
Habilidades sociales
Comunicación asertiva
Relaciones interpersonales
Manejo de problemas y conflictos
Habilidades cognitivas
Autoconocimiento
Toma de decisiones
Pensamiento creativo
Pensamiento crítico
Empatía
Capacidad innata de las personas que permite tender puentes hacia universos distintos al
propio, para imaginar y sentir cómo es el mundo desde la perspectiva de las otras
personas. Desconectar -por momentos- de los pensamientos y necesidades propias, para
conectar con las necesidades de las demás personas. Poder sentir con las otras personas
facilita comprender mejor las reacciones, emociones y opiniones ajenas, e ir más allá de
las diferencias, lo que nos hace más tolerantes en las interacciones sociales.
“Ponerse en la piel” de las otras personas para comprenderlas mejor y
responder de forma solidaria, de acuerdo con las circunstancias. Este ejercicio
implica una escucha atenta, apagar el juicio, reconocer que la propia no es la única forma
válida de ser persona, y pasar a la acción, de manera que con hechos podamos colaborar
en la superación de situaciones injustas o inequitativas que viven otras personas.
Manejo de emociones y
sentimientos
Esta habilidad propone aprender a navegar en el mundo de las emociones y los
sentimientos, logrando una mayor sintonía con el propio mundo afectivo y el de las
demás personas. Saber leer y comprender lo que comunican las emociones propias y las
ajenas. Las emociones y sentimientos nos envían señales constantes que no siempre
escuchamos. A veces no nos damos permiso para sentir, como si pensáramos que no
tenemos derecho a experimentar miedo, tristeza o ira. Este es un ejemplo de cómo el
mundo afectivo se puede ver distorsionado por prejuicios, temores y racionalizaciones.
Comprender mejor lo que sentimos implica tanto escuchar lo que nos pasa por
dentro, como atender al contexto en el que nos sucede. Identificar qué le pasa a
nuestro cuerpo frente a las emociones, reconocer qué nos pone en movimiento y qué nos
paraliza. Tomar conciencia del efecto contagio, propio del mundo emocional.
Manejo de tensiones y
estrés
Las tensiones son inevitables en la vida de todas las personas. De hecho, todos los seres
vivos nos estresamos en determinadas circunstancias, y gracias a eso disponemos de
fuerzas adicionales cuando las necesitamos. El reto que representan no consiste en
evadir las tensiones, sino en aprender a afrontarlas de manera constructiva, sin instalarse
en un estado habitual de estrés; aprender a estresarnos en forma aguda, ya a evitar que
se convierta en crónico o permanente. También, aprender a relacionarnos con las
tensiones de manera puntual.
Manejar unas y otras es aprender a parar, a soltar cargas, a encontrar nuestros
propios ritmos y prioridades. Esta habilidad permite identificar las fuentes de tensión
y estrés en la vida cotidiana, saber reconocer sus distintas manifestaciones y encontrar
vías para eliminarlas o, al menos, contrarrestarlas de manera saludable.
Autoconocimiento
Conocerse es el soporte y el motor de la identidad y de la autonomía. Consiste en captar
nuestro ser y personalidad. Saber de qué fortalezas dispongo y con qué carencias y
debilidades cuento. Valorar los gustos y disgustos.
Construir sentidos acerca de nosotros mismos, de las demás personas y del mundo que
[Link] la persona que quiero ser, la que he sido y soy, y lo que me hace
parecerme y diferenciarme de otras personas. Conocerse no es solo mirar hacia dentro,
sino que también es saber de qué redes sociales se forma parte, con qué recursos
personales y sociales contamos para celebrar la vida y para afrontar los momentos de
adversidad.
Saber balancear la diversidad de elementos que me componen para construir con ellos
un ser y una vida grata y saludable. En definitiva, saber qué quiero en la vida e
identificar los recursos personales con que cuento para lograrlo.
Toma de decisiones
Decidir significa actuar proactivamente para marcar el rumbo de la propia vida, para
hacer que las cosas sucedan en vez de limitarse a dejar que ocurran como consecuencia
del azar, las costumbres, terceras personas u otros factores externos. Continuamente
estamos tomando decisiones, escogiendo qué hacer tras considerar distintas alternativas.
Esta habilidad ofrece herramientas para evaluar las diferentes posibilidades en
juego, teniendo en cuenta necesidades, valores, motivaciones, influencias y
posibles consecuencias presentes y futuras, tanto en la propia vida como en la de
otras personas.
Se aprende a decidir escuchando nuestras reflexiones y emociones, sabiendo que
siempre ofrecen consecuencias diversas, algunas positivas, otras negativas, que algo
ganamos y algo perdemos. Y siempre será posible reafirmar o recomponer el rumbo de la
propia vida a partir de la siguiente decisión.
Pensamiento creativo
Pensar creativamente es la capacidad para idear algo nuevo, relacionar algo conocido de
forma innovadora o apartarse de esquemas de pensamiento o conducta habituales. Usar
la razón y la “pasión” (emociones, sentimientos, intuiciones, fantasías, etc.) para ver la
realidad desde perspectivas diferentes que permitan inventar, crear y
emprender con originalidad. Esto permite cuestionar hábitos, abandonar inercias y
abordar la realidad de formas novedosas. Pensar y actuar creativamente en la vida
cotidiana es aprender a estrenar ideas, costumbres, maneras de ser y hacer la vida. Una
persona requiere creatividad para pensar distinto sobre sí misma, para refrescar las
relaciones que mantiene, para intervenir de maneras nuevas y distintas en su contexto
vital. La creatividad permite y enseña a llenarse de “primeras veces” para recuperar la
curiosidad y el asombro, que se opacan cuando recorremos una ruta única, cuando nos
dejamos llevar por la rutina.
Pensamiento crítico
Analizar experiencias e información y ser capaz de llegar a conclusiones propias. La
persona crítica no acepta la realidad de manera pasiva, “porque siempre ha sido así”. Por
el contrario, se hace preguntas, se cuestiona rutinas, investiga. Requiere la puesta en
acción de un proceso activo de reflexión que permite llegar a conclusiones alternativas. Si
nos hacemos preguntas sobre el mundo y la manera en que nos relacionamos,
obtendremos cada vez mejores argumentos y razones para orientar nuestro
comportamiento.
Usando el pensamiento crítico se piensa sobre lo que pensamos, se descubre que
no todo es lo que parece, que no todo lo que se hace por costumbre tiene
sentido. Desarrollar el pensamiento crítico abre abanicos de posibilidades, dejando atrás
la idea de que las cosas son blancas o negras, positivas o negativas. Da paso a los
matices y propone ver más de dos veces, preguntar, escuchar, dudar.
Comunicación asertiva
La persona que se comunica asertivamente expresa con claridad lo que piensa, siente o
necesita, teniendo en cuenta los derechos, sentimientos y valores de sus interlocutores.
Para esto, al comunicarse da a conocer y hace valer sus opiniones, derechos,
sentimientos y necesidades, respetando las de las demás personas. La comunicación
asertiva se fundamenta en el derecho inalienable de todo ser humano a
expresarse, a afirmar su ser y a establecer límites en las relaciones sociales.
La asertividad propone tener en cuenta al menos a tres interlocutores de la
comunicación: primero, a la persona que se comunica y que requiere conectar consigo
misma para saber qué siente, piensa y necesita para luego expresarlo.
Segundo, a la persona con la que desea comunicarse, porque comprende que la
expresión propia no justifica agresiones ni descalificaciones. Y tercero, el contexto,
porque ser una persona asertiva supone revisar si son las palabras, el momento, el lugar
y las circunstancias adecuadas para esa expresión.
Relaciones
interpersonales
Establecer y mantener relaciones basadas en el respeto, la igualdad (sin sentirse menos
ni más que nadie) y la autenticidad de las partes (sin fingimientos). Saber identificar si la
relación que se tiene con determinada persona es fuente de bienestar o de malestar.
Relacionarse sanamente supone validar el punto de vista de la otra persona, no juzgarla,
confiar en ella y, al mismo tiempo, aprender a establecer límites. Conservar relaciones
interpersonales significativas, y a la vez ser capaz de terminar aquellas que
bloqueen el crecimiento personal. Esta destreza incluye dos aspectos claves.
El primero es aprender a iniciar, mantener o terminar una relación; el segundo aspecto
clave es aprender a relacionarse en forma positiva con las personas con quienes se
interactúa a diario (en el trabajo, en la escuela, etc.) Estar en condiciones de disfrutar de
redes sociales enriquecedoras a las que cada persona aporta lo mejor de sí misma.
Manejo de problemas y
conflictos
Reconocer los problemas es el paso previo para empezar a manejarlos, verlos con otros
ojos (pedir ayuda para alcanzar otros puntos de vista), asumirlos como oportunidades
para transformarnos. No es posible ni deseable evitar los conflictos. Gracias a ellos,
renovamos las oportunidades de cambiar y crecer. Pueden ser una fuente de sinsabores,
pero también una oportunidad de crecimiento. Podemos aceptar los conflictos como
motor de la existencia humana, dirigiendo nuestros esfuerzos a desarrollar
estrategias y herramientas que permitan manejarlos de forma creativa y
flexible, identificando en ellos oportunidades de cambio y crecimiento personal y social.
A veces, más que fuerza, los problemas nos piden flexibilidad, levedad, desechar
prejuicios, tener la mente abierta.