2025 Resumenes
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Salud Universal: estrategia que busca materializar y garantizar el derecho a la salud como un derecho de todos,
sin discriminación alguna. “Ampliar el acceso equitativo a servicios de salud, integrales, de calidad, centrados en
las personas y las comunidades”. El concepto de acceso universal tiene su fundamento en el nuevo paradigma de
los sistemas centrados en las personas y las comunidades, implica el desarrollo de modelos de atención basados
en la atención primaria de salud (APS). El acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud implican
que todas las personas y las comunidades tengan acceso, sin discriminación alguna, a servicios integrales de
salud, adecuados, oportunos, de calidad, determinados a nivel nacional, de acuerdo con las necesidades, así
como a medicamentos de calidad, seguros, eficaces y accesibles, a la vez que se asegura que el uso de esos
servicios no expone a los usuarios a dificultades financieras, en especial los grupos en situación de vulnerabilidad.
Para alcanzar la salud universal, sea por vía del aseguramiento (énfasis en la demanda y en la cobertura
prestacional) o vía ampliación de la oferta (“universalidad del acceso”), se requiere más inversión pública y un
gasto más eficiente; fortalecer la rectoría del Estado; transformar los sistemas de salud en la lógica de RISS y la
estrategia de APS, disminuyendo la segmentación, la fragmentación y el hospitalo centrismo; y, actuar
efectivamente sobre los determinantes sociales de la salud.
La atención primaria de salud –APS- es la asistencia sanitaria esencial accesible a todos los individuos y
familias de la comunidad a través de medios aceptables para ellos, con su plena participación y a un costo
asequible para la comunidad y el país. Por “esencial” se entiende a lo “primordial”, lo más importante que debe
estar accesible para todos de manera integral (en la múltiple significación de integralidad: 1) fomento, prevención,
curación, rehabilitación, paliativo y cuidados de largo plazo; 2) en todo el ciclo vital; 3) en el continuo de atención y
cuidados; y 4) en la diversidad de ser familias y comunidad) sin discriminación alguna para la obtención del mayor
nivel de calidad de vida posible. Por tanto es una estrategia que atraviesa no sólo todo el sector salud sino que a
“todas las políticas”.
Redes Integradas de Servicios de Salud –RISS- son “un conjunto de organizaciones que brinda servicios de
salud de manera coordinada, integral y equitativa a una población definida, dispuesta a rendir cuentas por sus
resultados clínicos, financieros y por el estado de salud de la población a la que sirve” Las RISS requieren de una
serie de atributos esenciales, para asegurar la materialización del derecho a la salud a través de acciones
integrales con y para las comunidades y personas, dando garantía de acceso, oportunidad, continuidad de
atención y cuidados y de calidad de los servicios. RISS es una construcción permanente de personas y
organizaciones que se articulan, involucran y comprometen para resolver cooperativamente necesidades de
personas y comunidades.
Modelo asistencial
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● Prestación de servicios especializados en el lugar más apropiado, que se ofrece de preferencia en
entornos extra hospitalarios.
Gobernanza y estrategia
Organización y gestión
● Sistema de información integrado que vincula a todos los miembros de la red, con desglose de los
datos por sexo, edad, lugar de residencia, origen étnico y otras variables pertinentes.
Asignación e incentivos
El sistema de salud de Argentina es quizás uno de los más fragmentados y segmentados de la región y está
compuesto por tres sectores: público, seguro social (obras sociales) y privado (prepagas). En lo anterior es
determinante la organización federal del país, en que cada una de las 24 jurisdicciones retiene su responsabilidad
constitucional para ejercer con autonomía las funciones de rectoría, financiamiento y prestación de los servicios de
salud, y en que la seguridad social se desarrolló históricamente desintegrada en más de un centenar de entidades.
El sector público está conformado por el ministerio de la nación, los ministerios de salud provinciales, y la red de
hospitales y centros de salud públicos que prestan atención gratuita a toda persona que lo demande,
fundamentalmente a personas de los quintiles de ingreso más bajos, sin seguridad social y sin capacidad de pago
(36% de la población). Este sector se financia con recursos fiscales ascendentes a 2.2% del PIB (que provienen
fundamentalmente de aportes provinciales) y recibe pagos ocasionales del sistema de seguridad social cuando
atiende a sus afiliados. Al interior de este sistema hay una multiplicidad de programas –algunos de ellos
financiados con créditos internacionales- tales como SUMAR, Funciones Esenciales de Salud Pública (Banco
Mundial) y Redes (Banco Interamericano de Desarrollo), que apuntan a asegurar actividades sobre poblaciones de
mayor vulnerabilidad.
El sector del seguro social obligatorio está organizado en torno a las Obras Sociales (OS) nacionales (más de
200 con un gasto de 1,59 % del PIB) y 24 provinciales (0,74% del PIB), que aseguran y prestan servicios a los
trabajadores y sus familias (42% de la población). Además, el Instituto Nacional de Servicios Sociales para
Jubilados y Pensionados –PAMI- brinda cobertura fundamentalmente a los jubilados del sistema nacional de
previsión y sus familias (20% de la población con un gasto que llega a 0,75% del PIB). Las provincias cuentan con
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una OS que cubre a los empleados públicos de su jurisdicción. La mayoría de las OS operan a través de contratos
con prestadores privados y se financian con aportes y contribuciones de los trabajadores y empleadores
respectivamente.
El sector privado está conformado por profesionales de la salud y establecimientos que atienden a demandantes
individuales, y a los beneficiarios de las OS y de los seguros privados. Este sector también incluye más de un
centenar de entidades de seguro voluntario llamadas Empresas de Medicina Prepaga –EMP- que se financian
con primas que pagan las familias o las empresas y con recursos derivados de contratos con las OS (8% de la
población). El gasto en Los servicios que ofrecen se presta en consultorios e instalaciones privados. El total del
gasto privado se acerca a 3% del PIB, siendo dos tercios pago directo de las personas en el punto de atención,
especialmente en el ámbito del acceso a medicamentos.
Las OS nacionales son reguladas por la Superintendencia de Servicios de Salud –SSS- cuyo principal objetivo
es el de asegurar el cumplimiento de las políticas del área para sus afiliados. Las OS nacionales y las EMP tienen
la obligación de atender el Programa Médico Obligatorio (PMO) cuyo cumplimiento es supervisado por la SSS. El
PMO comprende un conjunto de prestaciones muy amplio y los medicamentos respectivos. Este programa cubre
95% de las causas de consulta ambulatoria, atención quirúrgica y hospitalaria, atención odontológica,
salud mental, rehabilitación y cuidados paliativos. El PMO no aplica a las OS provinciales, ni al sector privado
que no pertenecen a esquemas de EPM, ni tampoco aplica en el sector público, el cual se regula a nivel provincial
y municipal ofreciendo servicios definidos de acuerdo con los criterios establecidos por los diferentes ministerios
de salud provinciales.
La Argentina tiene un sistema de salud por “segmentos” de población según su condición laboral o de ingresos
económicos. Los trabajadores formales tienen obras sociales, los de mayores ingresos pre pagas, los trabajadores
sin seguridad social son atendidos por los ministerios de salud provinciales. También tiene un sistema
“fragmentado” porque al mismo tiempo los “segmentos” tienen muchos fragmentos, sub sectores o partes que no
colaboran ni se relacionan estrechamente, observándose legislaciones e instituciones diversas. Lo anterior se
traduce en que personas y comunidades acceden a distintos tipos de servicio, lo que contribuye a la pérdida de
eficiencia, calidad y equidad global del sistema de salud de la Argentina.
Lo anterior no sucedió de modo casual, sino como en muchos países de la región, producto de la evolución
histórico, social y política del país. Terminar con la segmentación y la fragmentación no implica necesariamente un
“sistema único”, sino que dentro de la diversidad una gobernanza compartida pudiera tender a la
mancomunación de fondos, a marcos regulatorios comunes, a contar con un sistema común de información
para monitorear la producción y resultados en salud, a la homogenización de modelos de atención y de prácticas y
al intercambio de servicios, de modo que las personas no notaran quiebres ni diferencias injustas o
discriminatorias. La prueba de que la Argentina superó la segmentación y fragmentación sería (aun manteniendo
la diversidad institucional) que todos y todas los habitantes de este país, tengan –para lo que la sociedad en su
conjunto defina como lo primordial, ético y justo para todos en salud- iguales condiciones de acceso en términos
de oportunidad y calidad, independientemente vivan en Misiones o en CABA, sean hombres o mujeres, ricos o
pobres.
2. Alarcón, A.M., Vidal, A. y Neira Rozas, J. (2003) “Salud intercultural: elementos para la construcción de sus
bases conceptuales”. En Rev Méd Chile, 131, 1061-1065. Disponible en: [Link]
script=sci_arttext&pid=S0034-98872003000900014
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En las últimas décadas, interculturalidad en salud o salud intercultural, han sido conceptos indistintamente
utilizados para designar al conjunto de acciones y políticas que tienden a conocer e incorporar la cultura del
usuario en el proceso de atención de salud. El tema de la pertinencia cultural del proceso de atención es un
fenómeno que trasciende lo exclusivamente étnico ya que implica valorar la diversidad biológica, cultural y
social del ser humano como un factor importante en todo proceso de salud y enfermedad. El respeto a esta
diversidad tiene larga trayectoria en países cuyas altas tasas de inmigración han generado contextos de gran
diversidad étnica y cultural; situación que ha puesto al equipo de salud en el imperativo de desarrollar estrategias
que faciliten la relación médico-paciente.
El concepto de cultura aplicado al campo de la salud constituye el eje neurálgico en el análisis de los factores
sociales involucrados en cualquier proceso de salud y enfermedad. A través del reconocimiento de las diferencias
y similitudes culturales entre usuarios y proveedores es posible comprender, por ejemplo, el nivel y carácter de las
expectativas que cada cual tiene del proceso, las percepciones de salud y enfermedad representadas en la
interacción médico-paciente, los patrones con que se evalúa la calidad y resultado de la acción terapéutica, y el
despliegue de diversas conductas frente a la enfermedad. Desde la antropología, cultura se define como un
complejo y dinámico conjunto de creencias, conocimientos, valores y conductas aprendidas y transmitidas
entre las personas a través del lenguaje y su vida en sociedad. La cultura se entiende como una entidad dinámica
que se adquiere, transforma y reproduce a través de un continuo proceso de aprendizaje y socialización.
En el concepto de cultura convergen dos grandes dimensiones: una correspondiente a la ideacional o cognitiva
que sintetiza el mundo simbólico de las personas, sus pensamientos, conocimientos y creencias adquiridas a
través del aprendizaje, lo que podría llamarse el mundo de la conceptualización o de lo abstracto; y una
dimensión material, que corresponde a cómo lo simbólico se manifiesta en conductas, prácticas, artefactos
culturales y normas de relación social entre las personas.
En el contexto de salud, estas dos dimensiones de la cultura, la cognitiva y material se articulan en un modelo
médico que otorga consistencia a cómo pacientes y profesionales se explican el fenómeno de salud y enfermedad,
y a las prácticas o procedimientos con que se enfrentan los procesos de recuperación y mantención de la salud.
Normalmente los elementos cognitivos y prácticos difieren entre profesionales y pacientes producto de las
diversas historias sociales y culturales de cada uno, del contexto en que ocurre el proceso de socialización de la
cultura médica y del contenido propio de la cultura.
Las diferencias culturales entre pacientes y profesionales se observan también al interior de los grupos, lo cual
refleja el carácter dinámico de la cultura. Como toda construcción humana los componentes cognitivos y
materiales se transforman en la medida que el grupo social experimenta nuevos desafíos y problemas. Por
ejemplo, tanto la biomedicina como las culturas médicas tradicionales experimentan transformaciones en sus
modelos explicativos de enfermedad, incorporan nuevas tecnologías al proceso terapéutico y recrean roles
profesionales, técnicos o empíricos para abordar aspectos específicos de salud de los usuarios.
Desde la antropología sociocultural un sistema médico se concibe como un conjunto más o menos organizado,
coherente y estratificado de agentes terapéuticos, modelos explicativos de salud-enfermedad, prácticas y
tecnologías al servicio de la salud individual y colectiva. La forma en que estos elementos se organizan
internamente, otorgando coherencia al sistema depende del modelo sociocultural en que se desarrolla la medicina.
En consecuencia las medicinas son construcciones culturales que responden a necesidades de un entorno
social específico y en los cuales es posible distinguir una dimensión conceptual y otra conductual.
En la dimensión conductual de los sistemas de salud podemos distinguir, entre otros, aquellos procedimientos,
acciones y agentes que utiliza un sistema médico para obtener un cierto resultado con los pacientes, el que ha
sido denominado Proceso Terapéutico. Este implica: quién (machi, médico, meica, santiguadora, etc.), hace qué
(cirugía, ritual, purgas, oraciones, etc.), a quién (individuo o comunidad) y con respecto a qué dimensión de la
enfermedad (física, social, mental, espiritual, etc.). Un proceso terapéutico exitoso supone la eliminación de la
condición subjetiva de enfermedad y consecuentemente la finalización del rol de enfermo.
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ESTRATEGIAS DE SALUD INTERCULTURAL:
Una política o enfoque intercultural en salud tiene al menos dos niveles de expresión: uno el de las acciones y
actividades que materializan la interacción entre medicinas, y otro el de la cultura que sustenta los modelos
médicos en interacción. Este último, implica trascender desde la acción médica concreta hacia la implementación
de un modelo pluricultural de salud y sociedad. Es un proceso que requiere transformaciones estructurales de
largo plazo y responsabilidades que sobrepasan a los actores del sistema de salud, pues son las estructuras del
Estado en conjunto con las sociedades indígenas quienes deben establecer las bases para un proyecto
multicultural de sociedad.
A nivel de las acciones en salud, las estrategias de comunicación intercultural aparecen como factores que
disminuyen las barreras sociales y culturales entre equipos de salud y usuarios. El mejorar los procesos de
comunicación y diálogo, promueve una mayor comprensión de las expectativas de ambos actores y a la vez
mejora el nivel de satisfacción de los usuarios con el sistema de salud biomédico. Al respecto, Berlin y Fowkes
señalan que el éxito de la comunicación intercultural puede ser logrado a través de un proceso compuesto de
cinco elementos: "escuchar, explicar, reconocer, recomendar y negociar". Los autores reconocen que aunque
el lenguaje puede ser una gran barrera en la comunicación en sus aspectos gramaticales, simbólicos y
semánticos, él no constituye un obstáculo infranqueable en la relación profesional-paciente, si los profesionales
están abiertos al diálogo y conocen en parte la cultura médica de sus pacientes, como por ejemplo, las
denominaciones de enfermedad, la relación entre hábitos y cultura, la dimensión corporal del sufrimiento y la
utilización de herbolaria tradicional, entre otras.
Una segunda estrategia de salud intercultural se refiere al desarrollo de procesos de validación y negociación
cultural entre pacientes y profesionales. La validación cultural consiste en aceptar la legitimidad del modelo de
salud y enfermedad del paciente considerando el contexto cultural en que este modelo emerge. En otras palabras,
las acciones de los pacientes frente a su enfermedad son la mayoría de las veces congruentes con las
explicaciones aprendidas en su grupo social y cultural. La validación cultural no significa que el profesional
comparta el mundo simbólico del paciente, sino que comprenda, respete e incluso integre algunos elementos
culturales que considere relevantes para el proceso de recuperación del enfermo.
La negociación cultural se manifiesta cuando las creencias culturales y las expectativas de los pacientes se
contraponen a las del profesional de salud interfiriendo en la confianza y adherencia al proceso
terapéutico. La investigación médico etnográfica da cuenta, por ejemplo, de la escasa adherencia a tratamientos
farmacológicos cuando son considerados nocivos por el paciente o en oposición a su marco de creencias. El
rechazo cultural hacia el procedimiento de donación de órganos y trasplantes documentado en Chile entre
población mapuche, es otro ejemplo de cómo la cosmovisión sobre la vida y la muerte interfiere en una
determinación médica tan importante como preservar la vida a través de una intervención quirúrgica. Situaciones
de esta índole son ampliamente documentadas en la literatura médico antropológica y demuestran que en la
relación médico-paciente existe la probabilidad de antagonismos entre los marcos conceptuales y valóricos de
ambos actores del proceso terapéutico.
En estos casos, el proceso de negociación cultural identifica las áreas de conflicto y acuerdo, localiza núcleos de
significación entre ambas culturas que puedan implicar puntos de consenso y culmina con un acuerdo de cambio y
cooperación entre pacientes y médicos. Al respecto Kleinman sostiene que la única forma de lograr un acto
terapéutico eficaz es a través del compromiso entre el enfermo y el profesional, el que se logra sólo si la propuesta
de recuperación se inserta en la vida simbólica y cultural del enfermo, y si la intervención es aceptable,
significativa y satisfactoria tanto para médicos como pacientes.
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3. Sampieri, H., Collado, C., & Lucio, P. (2014). Los enfoques cuantitativo y cualitativo en la investigación
científica. Metodología de la Investigación, 6, 4-19. Disponible en: Enlace
Enfoques de la investigación:
Cuantitativo
Características:
● Planteamientos acotados
● Mide fenómenos
● Utiliza estadística
Proceso:
● Deductivo
● Secuencial
● Probatorio
Bondades:
● Generalización de resultados
● Precisión
● Réplica
● Predicción
Cualitativo
Características:
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● No se fundamenta en la estadística
Proceso:
● Inductivo
● Recurrente
Bondades:
● Profundidad de significados
● Amplitud
● Riqueza interpretativa
● Contextualiza el fenómeno
Mixto
Definición:
El enfoque cuantitativo (que representa un conjunto de procesos) es secuencial y probatorio. Cada etapa
precede a la siguiente y no podemos “brincar” o eludir pasos. El orden es riguroso, aunque desde luego, se puede
redefinir alguna fase. Parte de una idea que va acotándose y, una vez delimitada, se derivan objetivos y preguntas
de investigación, se revisa la literatura y se construye un marco o una perspectiva teórica. De las preguntas se
establecen hipótesis y determinan variables; se traza un plan para probarlas (diseño); se miden las variables en un
determinado contexto; se analizan las mediciones obtenidas utilizando métodos estadísticos, y se extrae una serie
de conclusiones respecto de la o las hipótesis.
El enfoque cualitativo también se guía por áreas o temas significativos de investigación. Sin embargo, en lugar de
que la claridad sobre las preguntas de investigación e hipótesis preceda a la recolección y el análisis de los datos
(como en la mayoría de los estudios cuantitativos), los estudios cualitativos pueden desarrollar preguntas e
hipótesis antes, durante o después de la recolección y el análisis de los datos.
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(Esterberg, 2002). Dicho de otra forma, las investigaciones cualitativas se basan más en una lógica y
proceso inductivo (explorar y describir, y luego generar perspectivas teóricas). Van de lo particular a
lo general. Por ejemplo, en un estudio cualitativo típico, el investigador entrevista a una persona,
analiza los datos que obtuvo y saca conclusiones; posteriormente, entrevista a otra persona, analiza
esta nueva información y revisa sus resultados y conclusiones; del mismo modo, efectúa y analiza
más entrevistas para comprender el fenómeno que estudia. Es decir, procede caso por caso, dato por
dato, hasta llegar a una perspectiva más general.
3. En la mayoría de los estudios cualitativos no se prueban hipótesis, sino que se generan durante el
proceso y se perfeccionan conforme se recaban más datos; son un resultado del estudio.
4. El enfoque se basa en métodos de recolección de datos no estandarizados ni predeterminados
completamente. Tal recolección consiste en obtener las perspectivas y puntos de vista de los
participantes (sus emociones, prioridades, experiencias, significados y otros aspectos más bien
subjetivos). También resultan de interés las interacciones entre individuos, grupos y colectividades. El
investigador hace preguntas más abiertas, recaba datos expresados a través del lenguaje escrito,
verbal y no verbal, así como visual, los cuales describe, analiza y convierte en temas que vincula, y
reconoce sus tendencias personales. Debido a ello, la preocupación directa del investigador se
concentra en las vivencias de los participantes tal como fueron (o son) sentidas y experimentadas
define los datos cualitativos como descripciones detalladas de situaciones, eventos, personas,
interacciones, conductas observadas y sus manifestaciones.
5. Así, el investigador cualitativo utiliza técnicas para recolectar datos, como la observación no
estructurada, entrevistas abiertas, revisión de documentos, discusión en grupo, evaluación de
experiencias personales, registro de historias de vida, e interacción e introspección con
grupos o comunidades.
6. El proceso de indagación es más flexible y se mueve entre las respuestas y el desarrollo de la teoría.
Su propósito consiste en “reconstruir” la realidad, tal como la observan los actores de un sistema
social definido previamente. Es holístico, porque se precia de considerar el “todo”6 sin reducirlo al
estudio de sus partes.
7. La aproximación cualitativa evalúa el desarrollo natural de los sucesos, es decir, no hay manipulación
ni estimulación de la realidad (Corbetta, 2003).
8. La investigación cualitativa se fundamenta en una perspectiva interpretativa centrada en el
entendimiento del significado de las acciones de seres vivos, sobre todo de los humanos y sus
instituciones (busca interpretar lo que va captando activamente).
9. Postula que la “realidad” se define a través de las interpretaciones de los participantes en la
investigación respecto de sus propias realidades. De este modo, convergen varias “realidades”,
por lo menos la de los participantes, la del investigador y la que se produce en la interacción de todos
los actores. Además, son realidades que van modificándose conforme transcurre el estudio y son las
fuentes de datos.
10. Por lo anterior, el investigador se introduce en las experiencias de los participantes y construye
el conocimiento, siempre consciente de que es parte del fenómeno estudiado. Así, en el centro
de la investigación está situada la diversidad de ideologías y cualidades únicas de los individuos.
11. Las indagaciones cualitativas no pretenden generalizar de manera probabilística los resultados a
poblaciones más amplias ni obtener necesariamente muestras representativas; incluso, regularmente
no pretenden que sus estudios lleguen a repetirse.
12. El enfoque cualitativo puede concebirse como un conjunto de prácticas interpretativas que hacen al
mundo “visible”, lo transforman y convierten en una serie de representaciones en forma de
observaciones, anotaciones, grabaciones y documentos. Es naturalista (porque estudia los
fenómenos y seres vivos en sus contextos o ambientes naturales y en su cotidianidad) e interpretativo
(pues intenta encontrar sentido a los fenómenos en función de los significados que las personas les
otorguen).
8
el más usado por ciencias como la Física, Química y Biología (“exactas o naturales”), porque es el más apropiado
para los fenómenos que estudian. El método cualitativo se ha empleado más bien en disciplinas humanísticas
como la Antropología, la Sociología y la Psicología social.
4.- Violencia de género: conceptos, marco normativo y criterios para la actuación en el ámbito de la salud/Carmen
Storani... [et al.]; adaptado por Lucila Tufró; contribuciones de García, A.; Miranda, M. E.; García, V.; ilustrado por
Aragües, A.; Albornoz, A. a. 1a ed ilustrada. - Buenos Aires. Programa Naciones Unidas para el Desarrollo, 2020.
UNIDAD 2 Y 3. Disponible en: Enlace
Al hablar de violencia de género, nos referimos a un tipo determinado de violencia que sucede a partir de
otorgarle menor valor a lo femenino (o lo feminizable) respecto de lo masculino. Es una jerarquía reproducida a
través de la historia por medio de hábitos culturales y hoy toma nuevas formas sociales a partir de los estereotipos
de género.
¿Quiénes serán las principales víctimas de esta violencia? Las mujeres. Ellas representan los atributos femeninos
de forma más directa. Pero, también las personas trans, los niños y las niñas, los gays y las lesbianas. Estas
personas, por su identidad de género, o el espacio que ocupan en la red de relaciones de poder, se encuentran en
desventaja.
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MODALIDADES DE VIOLENCIA:
La violencia estructural o indirecta puede ser ejecutada desde el Estado o por sus agentes cada vez que se
ponga a las mujeres en una relación desigual de poder respecto de los varones, por acción u omisión, intencional
o involuntariamente. “Relación desigual del poder”: Se refiere al sistema jerárquico en que se producen las
relaciones de género.
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¿Cómo se identifica la violencia simbólica? Es la más difícil de identificar. Se transmite a lo largo de
generaciones, y resulta natural en nuestros hábitos y cultura. Es la base de todas las otras violencias. Los
ejemplos más comunes son las frases: “los niños no lloran” o “las niñas no juegan a la pelota”. No la pensamos
como un tipo de violencia, ya que no pareciera generar grandes daños o consecuencias. Sin embargo, se trata de
la base (espacio simbólico) a partir de la cual todos los otros tipos de violencia se sostienen y reproducen.
Ciclo de la violencia: Se llama así a las relaciones de violencia en las parejas o relaciones sexo-afectivas. Éstas
muestran una dinámica particular y una secuencia repetitiva. Se desarrolla en tres fases con una duración que
dependerá de cada pareja, aunque el tiempo varía entre una y otra: Acumulación de tensión, Estallido agudo y
"Luna de miel”.
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PRIMERA FASE: Acumulación de tensión Abundan los celos, expresados a través del control en las salidas, en
la vestimenta, en encuentros con amigos/ as o la familia. También, las salidas en solitario suelen requerir la
solicitud de permisos. Es una fase de violencia sutil, generalmente psicológica. Suele manifestarse en forma de
chistes o comentarios descalificadores hacia la mujer. En esta fase, la mujer intenta hacer lo que el varón de-
sea, aunque no pueda conformarlo, culpándose a sí misma por ello.
SEGUNDA FASE: Estallido agudo Se produce cuando la violencia que se expresaba en forma latente se
expresa en un estallido violento a través de la violencia física. A medida que pasa el tiempo es más grave cómo se
manifiesta. Al principio son empujones o zamarreos hasta llegar a los golpes de puño, las patadas e incluso el uso
de armas o cuchillos, palos, etc.
TERCERA FASE: "Luna de miel” Después del episodio agudo de violencia, viene el arrepentimiento. El agresor
asegura y promete que nunca volverá a suceder un hecho semejante, actúa de forma cariñosa y continúa
desconociendo su responsabilidad. El agresor sigue justificando lo sucedido debido a supuestas provocaciones de
la mujer, actitudes de la familia, los/as vecinos/as, etc. La mujer, que ya se encuentra en una situación de extrema
vulnerabilidad, tiende a creer estas justificaciones y sigue culpándose por las acciones de su pareja.
Ruta crítica y mitos sociales Ruta crítica: Es el proceso de salida de una situación de violencia intrafamiliar,
donde la posición de la mujer es de extrema vulnerabilidad. Es la etapa en la cual la mujer decide terminar con el
vínculo violento, y se enfrenta a sus propios miedos, vergüenzas y culpa, así como a cuestiones económicas y/o
familiares. Este proceso es complejo e implica avances y retrocesos, donde se mezclan los estímulos que
impulsan a una mujer a salir de esta situación con los que la inhiben. Dos tipos de factores interrelacionados
actúan en el recorrido de la mujer, ya sea ayudándola a salir de la situación o impidiéndoselo:
Estos factores actúan sobre la mujer fortaleciendo o debilitándola en su decisión de terminar con esa relación
violenta. Estos pueden ser tanto impulsores (le permiten a la mujer a buscar ayuda) como factores inhibidores
(obstaculizan el proceso de salida). El principal factor impulsor es la propia situación de violencia que sufre la
mujer y que se expresa en:
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Estas situaciones frecuentemente motivan a la mujer a buscar ayuda. También las amenazas y la violencia
extendida a los/as hijos/as u otros miembros de la familia impulsan el pedido de ayuda. La necesidad de
protegerlos/as es uno de los principales impulsos motivadores.
Otros factores del entorno de la mujer también la llevan a salir de la situación de violencia y son:
Por lo tanto, es imprescindible mejorar la respuesta institucional de todas las áreas del Estado en relación al
acceso, la disponibilidad y la calidad de los recursos. Es preciso que los/as funcionarios/as tengan disponible
información y conozcan las formas de abordaje de las situaciones de violencia contra las mujeres. Esto es de vital
importancia dado que muchas de las personas afectadas desconocen sus derechos y la existencia de servicios
especializados en la temática para ayudarlas a poner fin a esta modalidad de violencia.
Según organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), se definen tres niveles principales de
prevención de la violencia de género:
La prevención primaria en este marco refiere a trabajar con la sociedad en su conjunto, implementando diversas
estrategias que apunten a desnaturalizar las relaciones de poder propias del sistema patriarcal, reduciendo así las
probabilidades de aparición de casos de violencia.
La prevención secundaria, refiere a la detección precoz y a brindar respuestas adecuadas para evitar su
progresión.
La prevención terciaria implica trabajar con aquellas mujeres, niñas, niños y adolescentes que ya se encuentran
atravesando una situación de violencia, implementando las estrategias necesarias para que puedan salir de dicha
situación.
● Siempre debe incorporarse alguna dimensión de la temática de violencia doméstica y/o sexual como
problema de salud en todas las consultas, controles de salud y la totalidad de las actividades de
promoción y prevención que se realicen.
● Es importante prestar especial cuidado en las consultas, controles y actividades comunitarias a los
grupos referidos como en situación de mayor vulnerabilidad: mujeres embarazadas, adolescentes
(sobre todo en una relación), personas con discapacidad, adultos/as mayores y niñas/os.
● Para el abordaje de dichas situaciones TODO EL PERSONAL del centro de salud debe involucrarse
en la capacitación, para poder detectar y recibir los casos.
● Los Centros de Salud que posean Servicio de Guardia y Emergencias deben brindar la cobertura de
atención necesaria y adecuada en los horarios en los que se suelen producir estas situaciones
críticas (por la noche, fines de semana, feriados).
● Ante la detección de una víctima de violencia, es necesario saber que la ocasión de la consulta puede
ser la única oportunidad que tiene el Centro de intervenir. Por ello, quien la reciba, debe valorar la
situación familiar, social, los recursos económicos y todos los datos que resulten de utilidad
(domicilio, teléfonos de familiares, vecinos, amigos, etc.) a fin de asegurar el posterior seguimiento
integral del caso.
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● Las personas en situación de violencia deben recibir, desde el inicio, una contención adecuada y
personalizada, sentir la seguridad de que en el Centro se las escucha, se cree en su relato, se
entiende su problema y se busca conjuntamente una solución.
● A su vez, debe brindárseles la posibilidad de tomar conciencia de los riesgos que corren o pueden
correr y considerar, junto al equipo, las posibles medidas de protección a adoptar.
● Cuando el equipo de salud constata que las víctimas se encuentran en riesgo de vida, o bien cuando
existan lesiones graves o gravísimas en víctimas adultas como resultado de violencia física, sexual
y/o violación, corresponde efectuar la denuncia obligatoriamente.
● De acuerdo al tipo de violencia sufrida, las condiciones y características de las víctimas y en función
de cada situación, se aplicarán los protocolos correspondientes.
b. Decreto 62/2025. DNU-2025-62-APN-PTE -CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO. Disponible
en: Enlace
"ARTÍCULO 11.- Derecho al libre desarrollo personal. Todas las personas mayores de DIECIOCHO (18) años de
edad podrán, conforme al artículo 1° de la presente ley y a fin de garantizar el goce de su salud integral, acceder a
intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo,
incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o
administrativa.
Para el acceso a los tratamientos integrales hormonales, no será necesario acreditar la voluntad en la intervención
quirúrgica de reasignación genital total o parcial. En ambos casos se requerirá, únicamente, el consentimiento
informado de la persona.
Los efectores del sistema público de salud, ya sean estatales, privados o del subsistema de obras sociales,
deberán garantizar en forma permanente los derechos que esta ley reconoce.
Todas las prestaciones de salud contempladas en el presente artículo quedan incluidas en el Plan Médico
Obligatorio, o el que lo reemplace, conforme lo reglamente la autoridad de aplicación.
Las personas menores de DIECIOCHO (18) años de edad no podrán acceder a las intervenciones y
tratamientos a los que hace referencia el presente artículo."
ARTÍCULO 2°.- La presente medida entrará en vigencia el día siguiente al de su publicación en el BOLETÍN
OFICIAL.
ARTÍCULO 3°.- Dese cuenta a la COMISIÓN BICAMERAL PERMANENTE del H. CONGRESO DE LA NACIÓN.
ARTÍCULO 4°.- Comuníquese, publíquese, dese a la DIRECCIÓN NACIONAL DEL REGISTRO OFICIAL y
archívese.
5. - Ministerio de Salud de la Nación, Resolución N° 1480/2011. “Introducción”, “Alcance”, “Aspectos éticos”. En:
Guía para investigaciones en salud humana (pp. 3- 15). Disponible en: Enlace
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el registro de productos farmacéuticos para uso humano, con el propósito de garantizar que se protegen los
derechos y la integridad de los participantes y que los datos y los resultados obtenidos son confiables y precisos.
A los fines de esta Guía, “investigación en salud humana” se refiere a cualquier actividad de las ciencias de la
salud que involucre la recolección sistemática o el análisis de datos con la intención de generar nuevo
conocimiento, en la que se expone a seres humanos a observación, intervención u otro tipo de interacción con los
investigadores, sea de manera directa o a través de la alteración de su ambiente o por medio de la recolección o
el uso de material biológico o datos personales u otro tipo de registros. “Investigación” se refiere a aquellas
actividades diseñadas para desarrollar o contribuir al conocimiento generalizable. Tal conocimiento consiste de
teorías, principios o relaciones, o la acumulación de información en la cual éstos se basan, que pueden
corroborarse por métodos científicos de observación y de inferencia.
Alcance. El requisito de que los proyectos de investigación en salud humana se sometan a una revisión ética se
aplica de manera independiente al origen del proyecto: académico-científico, gubernamental, de atención de
salud, comercial u otros. Los investigadores deben reconocer la necesidad de esta evaluación.
La necesidad de establecer mecanismos de guía, regulación y control sobre una actividad dada surge del riesgo
específico de ocasionar un daño a los individuos destinatarios de la actividad. Por la misma razón, esos
mecanismos deben corresponderse con el nivel de riesgo derivado. En primer lugar, las guías de ética para
investigación biomédica fueron concebidas con el fin de orientar a los investigadores a planificar estudios de
manera tal que la consideración por el bienestar y los derechos de los participantes sea el valor primordial, por
encima del interés por la ciencia o cualquier otro interés. De esos lineamientos éticos surgieron, primero, el
requisito del consentimiento informado de la persona previamente a su participación, como prueba del respeto por
su autonomía y, segundo, la exigencia de la evaluación ética de los proyectos por un comité de ética en
investigación (CEI), como instancia de garantía de la adherencia de los investigadores a tales pautas. La
naturaleza multidisciplinaria y multisectorial de los CEI pone de relieve que la interpretación y la aplicación de los
principios éticos no pueden ser ni rígidas ni dogmáticas, si no que deben ser el resultado de un consenso entre los
distintos actores de la investigación con sus respectivos abordajes.
El protocolo del estudio y la información destinada a los posibles participantes deben someterse a evaluación y
aprobación de un comité de ética en investigación (CEI) antes de iniciar el estudio. El CEI debe ser
independiente de patrocinadores e investigadores. El investigador deberá informar al CEI periódicamente
acerca de la marcha del estudio y, en forma inmediata, los hallazgos o acontecimientos relevantes que
impliquen riesgos no previstos para los participantes de la investigación. Los cambios que se propongan en
el estudio y que puedan afectar la seguridad de los participantes o su decisión de seguir participando deben ser
evaluados y aprobados por el CEI antes de su implementación.
Considerando las probabilidades de riesgo de la investigación en salud, es posible establecer, en primer lugar, que
las investigaciones que no se realizan sobre seres humanos, o que utilizan datos ya disponibles y de dominio
público, o que se realizan con datos o muestras biológicas almacenados en servicios de salud de manera tal que
no se pueda determinar la identidad de los titulares, no representan ningún riesgo y no requieren de ningún
mecanismo de control. En segundo lugar, las investigaciones observacionales que incluyen encuestas o
entrevistas o procedimientos diagnósticos de rutina o se limitan al análisis de muestras biológicas o datos
vinculados a personas y las investigaciones experimentales epidemiológicas o clínicas que se realizan con
productos o procedimientos ya registrados por la autoridad reguladora, requieren de la obtención de un
15
consentimiento informado de los participantes y de la evaluación inicial y periódica por un CEI. Dentro de este
grupo, los estudios observacionales considerados de bajo riesgo, es decir, aquellos que presentan el mismo riesgo
que la práctica médica de rutina, pueden recibir una evaluación inicial expeditiva y no requieren de revisión
periódica.
(a) cuando en la investigación no participan seres humanos o cuando se utiliza información de tipo pública,
siempre que no se identifique a los individuos de ningún modo. Por ejemplo, los estudios de Fármaco-economía;
(b) cuando la intervención se limita al estudio de los sistemas de salud, programas oficiales de salud pública o la
vigilancia de la salud pública, siempre que no exista ninguna posibilidad de identificar a los individuos. La vigilancia
de la salud pública incluye los registros oficiales o realizados en conformidad con la autoridad sanitaria de
enfermedades y de efectos adversos de medicamentos ya registrados por la autoridad reguladora competente.
Aspectos éticos
(d) detalles de la cobertura y compensación por daño disponibles para los participantes;
(e) justificación de pagos o compensaciones por gastos disponibles para los participantes;
(f) previsión de acceso al finalizar el ensayo a la intervención identificada como beneficiosa en el ensayo, o a una
alternativa apropiada, o a otro beneficio adecuado;
BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA
1. Lewcovicz, Ignacio (2023) En: “Todo lo sólido se desvanece en la fluidez”. Editorial Coloquio de perros. Pags. 45 a
66 y 179 a 197
2. Murillo, Susana. (2008) Producción de pobreza y construcción de subjetividad. En: Producción de pobreza y
desigualdad en América Latina. Clacso. Pag. 41 a 77.
[Link]
16
3. Netto, JP. (2012) “Para una crítica de la vida cotidiana” EN: Trabajo Social: Crítica de la vida cotidiana y
Método en Marx. Cappello, M. Mamblona, C. (comp). Colección Debates en Trabajo Social. ICEP. Colegio de
Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires. [Link]
[Link]
La tradición marxista ha acumulado, en las últimas cuatro décadas, una significativa masa crítica apta para
configurar los componentes esenciales de una teoría de la vida cotidiana.
La contribución más decisiva para esta teoría está contenida en los últimos trabajos de G. Lukács,
fundamentalmente en aquellos en que procuró fundamentar lo que llamó “la peculiaridad de lo estético”.
Lo que es especialmente relevante en la contribución de Lukács –sobre la cual, además, reposa lo esencial
de los trabajos de Heller sobre la cotidianeidad– es la riqueza categorial: la investigación lukacsiana de la
ontología del ser social, concretizada inicialmente en la investigación sobre la cotidianeidad, es un
monumento teórico en lo que se refiere al rescate y a la reelaboración de categorías histórico-sistemáticas.
Para Lukács, un filósofo marxista, la vida cotidiana es algo que no se puede sacar ni borrar de la
existencia humana. Es insuprimible, o sea, siempre va a estar. No importa en qué sociedad vivamos,
siempre hay vida cotidiana, porque no puede haber sociedad sin cosas cotidianas como trabajar, comer,
relacionarnos, movernos, etc. Tampoco puede existir una persona sin eso de todos los días. Ahora, eso no
significa que la vida cotidiana sea igual en todas las épocas o lugares. Acá viene lo importante: cada
sociedad tiene su forma de vida cotidiana, con su propio ritmo, sus reglas, sus rutinas, y las formas
distintas en que los grupos (como las clases sociales) se relacionan con eso de todos los días.
● La vida cotidiana es esencial, no se puede eliminar (por eso dice que es ontológicamente
insuprimible).
b) la inmediatez: como los hombres están actuando en la vida cotidiana, y esta acción significa responder
activamente, el patrón de comportamiento propio de la cotidianeidad es la relación directa entre pensamiento
17
y acción; la conducta específica de la cotidianeidad es la conducta inmediata, sin la cual los automatismos y
la espontaneidad necesarias a la reproducción del individuo en cuanto tal, serían inviables;
c) la superficialidad extensiva: la vida cotidiana moviliza en cada hombre todas las atenciones y todas las
fuerzas, pero no toda la atención y toda la fuerza; su heterogeneidad e inmediatez implican que el individuo
responda teniendo en cuenta la sumatoria de los fenómenos que comparecen en cada situación precisa, sin
considerar las relaciones que los vinculan.
En sus últimos escritos, la Estética y la Ontología del Ser Social, Lukács vuelve a abordar, desde un ángulo
diferente, la cuestión de la vida cotidiana. Analizando estas obras, Netto observa que para Lukács existen tres
formas privilegiadas de objetivación que permiten suspender la heterogeneidad de la vida cotidiana: el
trabajo creador (tipo de trabajo que no es alienado, es decir, no es ese trabajo en el que la persona se siente
ajena a lo que hace, como cuando trabajás solo para sobrevivir, sin conexión con lo que producís. En el
trabajo creador aparece con claridad la teleología, que es la idea de que actuamos con un objetivo, un “para
qué” y también aparece la valoración, o sea, que no actuamos sólo porque sí, sino porque le damos valor a lo
que hacemos), el arte y la ciencia. Esta posición va a inspirar directamente los trabajos de Agnes Heller:
para la filósofa húngara, como bien muestra el estudio de María do Carmo Falcão, existen cuatro formas de
suspensión de la vida cotidiana, de pasaje de lo meramente singular a lo humano genérico: el trabajo, el arte,
la ciencia y la moral.
SUSPENSIONES: momentos especiales, en los que salimos del ritmo rutinario y repetitivo de todos los días.
Pueden ser momentos de creación, de reflexión profunda, de arte, de disfrute, de militancia, de producción
[Link] suspensiones que engendran estas objetivaciones, sin embargo, no cortan con la
cotidianeidad (insustituible e imposible de ser eliminada) son justamente “suspensiones de la
cotidianeidad”. Ellas que permiten a los individuos, vía la homogeinización, asumirse como seres humanos
genéricos, no pueden ser continuas: establecen un circuito de retorno a la cotidianeidad; al efectuar este
retorno, el individuo en cuanto tal se comporta cotidianamente con más eficacia y, al mismo tiempo, percibe la
cotidianeidad diferencialmente: puede concebirla como espacio compulsivo de humanización (de
enriquecimiento y ampliación del ser social). Está contenida aquí, nítidamente, una dialéctica de tensiones: el
retorno a la cotidianeidad después de una interrupción (sea creativa o de disfrute) supone la alternativa de
un individuo más refinado, educado (justamente porque se elevó a la conciencia humano-genérica); la vida
cotidiana permanece imposible de eliminar y de sobrepasar, pero el sujeto que a ella regresa está modificado.
La dialéctica cotidianeidad/suspensión es la de los procesos de la constitución y del desarrollo del ser social.
Las “suspensiones” (momentos de creación, reflexión, disfrute) interrumpen lo cotidiano, pero no lo eliminan.
Al volver a la vida cotidiana, lo hacemos transformadxs, con una mirada más profunda. Esa ida y vuelta entre
lo cotidiano y su suspensión es parte de cómo nos formamos como seres sociales.
Netto también sostiene que la categoría de totalidad, extraída por la razón teórica de la estructura de lo real
y no puesta como modelo abstracto o hipótesis reflexiva, es una de las categorías centrales de Marx porque
“la totalidad concreta es (...) la categoría fundamental de la realidad” (Lukács, 1974: 24-5). La totalidad no se
identifica meramente con el todo: significa la “...realidad como un todo estructurado y dialéctico, en el cual
puede ser comprendido racionalmente cualquier hecho (clases de hechos, conjuntos de hechos)” (Kosik,
1965: 55).
En el mismo ámbito de la totalidad concreta, es que se reviste de su entera relevancia la categoría sin la cual
carecen de efectividad todas las otras. Se trata de la categoría mediación (Vermittelung), que, igualmente,
Marx tomó de Hegel. Sin la mediación, por un lado, la propia estructura de la realidad, tomada como totalidad
concreta, estaría despojada de su inherente complejidad; y por otro, la categoría (y la realidad ontológica) de
la negación –otro componente elemental de la realidad y del sistema categorial– se vaciaría.
18
En ese sentido, la totalidad concreta es, también, un sistema dinámico y movible de mediaciones. El
movimiento y las tendencias que tensan y transforman la totalidad implican, para realizarse
contradictoriamente, el sistema de mediaciones, siempre abierto. La totalidad sin mediación es inerte: las
contradicciones –la negatividad que la permea y responde por el devenir– no se desarrollarían en
encadenamientos y series determinadas y determinantes, ni presentarían carácter de necesidad.
La problemática central de la vida cotidiana contemporánea es bien diversa de aquella que Marx conoció
directamente; reside no casualmente en el conjunto de procesos y fenómenos conducentes a una forma
peculiar de alienación, la reificación. Por más distintos que sean los enfoques de la cotidianeidad (ya sea el
ontológico operado por Heller a partir de Lukács, o el tendencialmente historicista de Kosik, o el tratamiento
abstracto que ofrecen los textos de la “Escuela de Frankfurt”), todos coinciden en este diagnóstico: lo típico
de la vida cotidiana en el capitalismo tardío, es la reificación de las relaciones que el individuo en cuanto tal
desarrolla.
4. Carballeda, A.J.M (2016) El enfoque de derechos, los derechos sociales y la intervención del Trabajo Social.
Revista Margen N° 82 – octubre 2016 [Link]
1. Barroco, M. L. (2001) Ética y Servicio Social: Fundamentos Ontológicos. San Pablo: Cortez; Introducción, Parte I,
[Link]. 25 a 88.
En la introducción del Código de 1993 es señalado el proceso que — generado anteriormente, durante la
dictadura — condujo a la “consolidación del Servicio Social en el inicio de los años noventa, como profesión
académica reconocida y legitimada socialmente, y, a la afirmación de un nuevo perfil técnico, no más como
un agente subalterno y sólo ejecutivo, sino como un profesional competente teórica, técnica y políticamente”,
conquistas construidas en el interior de un proyecto profesional que “vinculado a un proyecto social,
radicalmente democrático, redimensionaba la inserción del Servicio Social en la vida brasileña,
comprometiéndolo con los intereses históricos de la masa de la población trabajadora” (CFESS, 1993:9).
El Código de 1993, explicita la concepción ética que lo fundamenta y que da soporte teórico y político al
proyecto profesional conexo. “La ética debe tener como soporte una ontología del ser social: los valores
son determinaciones de la práctica social, resultantes de la actividad tipificada en el proceso de
trabajo. Es mediante el proceso de trabajo que el ser social se constituye, se instaura como distinto del
ser natural, disponiendo de capacidad teleológica, proyectiva, consciente; es por esta socialización que él se
ubica como ser capaz de libertad.
19
Esta concepción ya contiene, en sí misma, una proyección de sociedad — aquélla en que se propicie a los
trabajadores un pleno desarrollo para la invención y vivencia de nuevos valores, lo que, evidentemente,
supone la erradicación de todos los procesos de explotación, opresión y alienación. Es, al proyecto
social allí implicado que se conecta el proyecto profesional del Servicio Social — y cabe pensar la ética como
presupuesto teórico-político que remite para el enfrentamiento de las contradicciones colocadas a la
profesión, a partir de una visión crítica, y fundamentada teóricamente, de las derivaciones ético-políticas del
actuar profesional.
El proceso de negación del ethos tradicional del Servicio Social es gestado desde finales de los años
cincuenta, tomando en cuenta, el proceso de desgaste de las bases socio-históricas del Servicio Social
tradicional (Netto, 1991), las movilizaciones socioculturales e ideo-políticas que marcan mundialmente los
años 60; América Latina, particularmente, es un escenario que, al entrar en la década de los 70, propicia
movilizaciones políticas de masas, luchas revolucionarias seguidas de sangrientas dictaduras, explicitando, a
través de las luchas políticas, el movimiento dialéctico entre la afirmación y la negación de la libertad.
En estos términos, el tratamiento dado a la ética profesional fundado en Marx, es orientado por sus
posibilidades de efectuar una crítica de la sociabilidad burguesa, teniendo como parámetros la condición
ontológica de los valores en la historia; su proceso de desvalorización/valorización no elimina la posibilidad de
rescate, por los hombres, de aquellos valores que se tornaron universales porque representan conquistas
históricas valiosas, desde el punto de vista de la explicitación de las capacidades y alternativas liberadoras de
la praxis.
Los valores universales se objetivan éticamente mediante principios y normas abstractas que se concretizan
bajo formas y significados históricos diversos: tales modos de ser son el contenido concreto de la ética
profesional, de ahí la importancia de la reflexión ética que revela el significado y fundamentación de los
valores universales, de la discusión colectiva que elige los principios, valores y normas orientadores de la
ética profesional y define estrategias colectivas para su concretización. Percibimos, así, la complejidad de la
ética profesional, lo que impide de tratarlas apenas en su formalización, en el Código de Ética; en el campo
de la ética no es posible eximirse de elecciones y de responsabilidades, en donde la importancia del trabajo
educativo, del debate colectivo, de la participación cívica y política que vincula la profesión a la sociedad y
ejercita los profesionales para una vivencia comprometida con elecciones de valor.
Trabajo y alienación
Para Marx, el trabajo es el fundamento ontológico-social del ser social, es él, el que permite el desarrollo de
mediaciones que instituyen la diferencia del ser social con relación a los otros seres de la naturaleza. Las
mediaciones, capacidades esenciales puestas en movimiento a través de su actividad vital, no son dadas a
él, sino que conquistadas en el proceso histórico de su autoconstrucción por el trabajo. Son ellas: la
sociabilidad, la conciencia, la universalidad y la libertad.
20
La autoconciencia es un acto de autodeterminación; es la capacidad humana puesta en movimiento por el
trabajo. Al ser capaz de autodeterminarse, el ser social evidencia su voluntad racional liberadora de su
autonomía; puede escoger entre alternativas por él creadas, trazar su destino, superar límites, hacer
elecciones, objetivando sus capacidades y deliberaciones. Por eso, el trabajo es una actividad teleológica,
donde se da el papel activo de la conciencia en el proceso de autoconstrucción humana; el producto
objetivo de la praxis personifica sus intenciones y sus proyectos. Ese es el núcleo generador de la libertad y
de la ética.
La universalidad, la sociabilidad, la conciencia y la libertad son capacidades humano-genéricas, o sea, sin las
cuales la praxis no se realiza con sus potencialidades de emancipación. Inscritas en la dinámica de la
totalidad social — cada vez más compleja y rica en determinaciones —, tales capacidades son mediaciones
entre los individuos y el género humano que atraviesan todas las esferas, pudiendo desarrollarse más en
unas y menos en otras. Esto, sin tomar en cuenta, que las diversas esferas sociales también se desenvuelven
en forma desigual –– en ellas mismas y en relación con los individuos, clases y estratos sociales.
En el contexto de la sociedad capitalista, ante la apropiación privada de los medios de producción y de las
formas por las cuales se objetiva la (re)producción de la vida social, el trabajo se realiza de manera que
niega sus potencialidades de emancipación. Alterando su carácter de actividad libre, consciente, universal
y social, propicia que los individuos que realizan el trabajo, no se reconozcan en él, como sujetos. Al ser
alienado en todo el proceso de la actividad que le otorga identidad humana,el trabajador se aliena del objeto
que él mismo creó; con eso se aliena de la actividad, de la relación — consigo mismo — y con los otros.
Se crea, una separación entre sujeto y objeto, una relación de “extrañamiento”, que permite la
(re)producción de relaciones sociales en las cuales la riqueza humana socialmente construida no es
apropiada material y espiritualmente, por los individuos que la construyeron, el producto de la actividad
humano-genérica, se convierte en algo que “no tiene que ver” con los individuos singulares, el propio
individuo se vuelve objeto y los objetos pasan a valer como cosas.
Marx define también a la riqueza humana como objetivaciones genéricas que expresan las conquistas de la
humanidad, en términos de lo que fue construido y valorado como algo que posibilitó la creatividad, la
multiplicidad de gustos y aptitudes, la realización de la libertad, de la sociabilidad, de la universalidad, de la
conciencia, o sea, del desarrollo multilateral de todas las capacidades y posibilidades humanas.
La moral se origina del desarrollo de la sociabilidad; responde a la necesidad práctica del establecimiento de
determinadas normas y deberes, tomando en cuenta la socialización y la convivencia social. Forma parte del
proceso de socialización de los individuos, reproduciéndose a través del hábito y expresando valores y
principios socioculturales dominantes en una determinada época histórica. Posibilita que, los individuos
adquieran un “sentido” moral (referente a valores, por ejemplo, la justicia), o sea, se vuelvan conscientes de
valores y principios éticos. Al ser interiorizados, se transforman en orientación de valor, para el propio sujeto y
para los juicios de valor ante los otros y la sociedad.
21
2. Faleiros, Vicente de Paula. (1986) Trabajo social e instituciones. Humanitas.
El movimiento reconceptualizador busca una profunda vinculación con los movimientos sociales y luchas
populares, criticando la ineficacia y el carácter adaptativo de la acción profesional frente a los problemas
sociales. Según Diego Palma, la reconceptualización se desarrolló en los países de mayor crecimiento
económico y de mayores luchas sociales. Su estudio se hizo a través de los trabajos presentados en los
congresos del Instituto de Solidaridad Internacional, y no muestra el contenido mismo de este movimiento.
Las instituciones sociales son organizaciones, específicas de política social, aun cuando se presenten
como organismos autónomos y estructurados en torno a normas y objetivos manifiestos. Ellas ocupan un
espacio político en los nudos de las relaciones entre el Estado y la sociedad civil. Son parte de la red, del
tejido social implementado por las clases dominantes para atrapar el conjunto de la sociedad. Hasta cuando
son privadas, las instituciones son reconocidas o rechazadas por el poder público. Se organizan como
mediaciones de las clases dominantes para desarrollar y consolidar el consenso social necesario a su
hegemonía y dirección sobre los procesos sociales. Las clases dominantes necesitan del consentimiento de
las clases dominadas para ejercer su hegemonía.
La capacidad de dirección y la hegemonía de las clases dominantes se mantiene por medio de una serie de
trincheras, de casamatas, en la sociedad civil. Por medio de ellas, ciertos sacrificios inmediatos pueden ser
consentidos, sin que la dominación y la acumulación sean afectadas en lo esencial.
Las instituciones no son un simple fenómeno superestructural. Son organizaciones transversales a toda la
sociedad. Ellas aparecen como mecanismos reguladores de las crisis del desarrollo capitalista en todos los
niveles los niveles, Aun cuando estén distantes de una empresa pueden "compensar" los desequilibrios del
proceso productivo. En el interior de una empresa productiva, la institucionalización de los servicios sociales
está vinculada con el proceso político global del desarrollo de las condiciones de acumulación de capital.
Los análisis de las prácticas reconceptualizadas muestran más bien la idea del compromiso de la acción
profesional con los movimientos y luchas de las clases dominadas. Por ejemplo, en la Escuela de Servicio
Social de la Universidad Católica de Valparaíso, los campos de práctica estaban definidos en función de las
fuerzas sociales de transformación: obreros, campesinos, poblaciones marginadas urbanas. Esta tendencia
está siendo debatida y rechazada en el interior de muchas escuelas en donde las prácticas son organizadas
institucionalmente: menores, empresas, salud, seguridad, etc. El currículo se define en términos de caso,
22
grupo, comunidad, planeamiento, administración. El Servicio Social se considera como una tecnología,
quedando la teoría relegada a los cursos básicos de sociología, economía y política.
En los procesos de modernización, los trabajadores sociales buscan diferentes estrategias para resolver las
contradicciones entre su situación de autoridad, poder y conocimiento y sus posiciones y compromisos
ideológicos. Una estrategia es el buscar la vuelta a las instituciones y a las prácticas reconocidas
históricamente, teniendo neutralidad y no comprometerse políticamente para así mantener la
profesionalización. Una segunda estrategia, se opone a la primera, ya que se busca la negación de un
trabajo institucional, creándose un proceso alternativo a partir de lucha y movimientos populares. Así, las
decisiones profesionales se convirtieron en decisiones políticas. Una tercera estrategia es la
contrainstitucional, un ejemplo es la antipsiquiatría. Los clientes deciden y participan y los castigos son
abolidos. Los servicios son los profesionalizados, los clientes deciden y participan (los médicos son
destronados), los reglamentos modificables, los honorarios abiertos, los castigos abolidos. En fin, orden,
disciplina y jerarquía son cuestionados.
La perspectiva del control, que define al Servicio Social como tutela y asistencia, generó al mismo tiempo la
“brechología”, la convicción de que en los meandros de la tutela habría algún descuido de las clases
dominantes, descuido que el profesional debe captar para aprovecharlo. Las brechas son presentadas como
espacios estáticos, como vacíos de poder y no como procesos de correlación de fuerzas, según a
continuación veremos.
La visión tutelar de la institución, cuando se reduce exclusivamente a las normas impuestas por las clases
dominantes, no considera los conflictos allí existentes ni —mucho menos— la dinámica social global y
contradictoria en que las instituciones están insertas. El carácter disciplinario de la institución, que fue
destacado por Foucault, apunta a convertir a los individuos en instrumentos “dóciles” y “útiles”, adiestrándose
(adiestramiento) sus cuerpos, escudriñándose los espacios donde viven y por los que andan
(escudriñamiento), estableciéndose las series de actos que deben cumplir (génesis), vigilándose sus acciones
y comportamientos (vigilancia) y realizando anotaciones, investigaciones, entrevistas, ficheros sobre ellos
(examen), y consecuentemente castigándolos (sanción normalizadora) cuando no se adaptan a las normas
establecidas.
3. Casillas Cárdenas, O. (2016) Intervención social familiar y estrés traumático secundario en trabajadores sociales:
una aproximación relacional. Revista Margen N°82. [Link]
pipip
4. Cavallieri, M. (2008) Repensando el concepto de problemas sociales. La noción de situaciones problemáticas En:
Compartiendo Notas. El trabajo social en la contemporaneidad. Lanús: Ediciones de la UNLa., 2008.
[Link]
[Link]
Los trabajadores sociales intervienen en relación a expresiones de la cuestión social. Para conceptualizar
la cuestión social, se debe decir que el término alude a manifestaciones dé desigualdades y antagonismos
económicos, culturales, políticos, ideológicos, aprehendidos desde la perspectiva de la totalidad. Dichas
23
manifestaciones dan cuenta de la dinámica histórica y expresan disyuntivas y antagonismos del sistema
capitalista, basados en la contradicción capital-trabajo. Al mismo tiempo constituyen situaciones que ponen
en riesgo el orden establecido o en términos de Castel, una sociedad experimenta el enigma de su cohesión y
trata de conjurar el riesgo de su fractura.. El término también refiere a que esas expresiones de la cuestión
social requieren o generan multiples modalidades y estrategias para enfrentarla. Aquellas son construcciones
históricas en las que las particulares expresiones del conflicto de clase y las relaciones de poder influyen en
las respuestas que se dan a esas manifestaciones de la cuestión social. Entre estas estrategias podemos
mencionar las Políticas Sociales, la represión, la naturalización, el ocultamiento.
Al mismo tiempo, entiende la cuestión social como un efecto negativo del capitalismo, pero considera que es
transitorio y superable dentro del mismo orden capitalista. Por otra parte, la denominación "social" está
acompañada de una subordinación a la esfera de lo económico, partiendo de la idea de que, una vez
incorporada a la agenda del Estado, será reabsorbida por las virtudes del propio sistema.
5. Cazzaniga, S. (2019) La ética como inculcación de valores, como tema y como cuestión. En: Ética y Trabajo Social:
Reflexiones sobre sus fundamentos e implicancias en los procesos de intervención. Colección Debates en
Trabajo Social. Colegio de Trabajadores Sociales de la Pcia. de Bs As. Págs. 51 a 76. Disponible en:
[Link]
La reflexividad ética que nos acompaña en las prácticas sociales permitiéndonos discernir, tomar decisiones
y argumentar sobre ellas. Reflexividad que asume un lugar preponderante cuando de prácticas profesionales
hablamos, en tanto en éstas está en juego, entre otras cosas, una relación con los otros mediada por la
desigualdad de posiciones. Si el ethos moderno fue configurado a partir de los principios de igualdad y
libertad, la crítica ética se vuelve radical porque no solo permite revisar
las normas morales en ese horizonte, sino que también genera condiciones para cuestionarlas y
transformarlas.
Según Cazzaniga, la reflexividad ética es fundamental en la práctica profesional porque el Trabajo Social
implica una relación asimétrica entre profesionales y sujetos de intervención. Esta relación está mediada por
la desigualdad de posiciones en términos de poder, acceso a derechos y oportunidades. La ética
profesional requiere una reflexión constante sobre esta desigualdad para evitar la reproducción de relaciones
de dominación y promover una práctica basada en la justicia social y la dignidad de las personas.
A mediados de la década de 1990 nuevos temas de debates hacen su aparición en la profesión condicionado
por los importantes giros que se producen en el contexto. En efecto, las políticas neoliberales que se iniciaron
en la última dictadura cívico militar se van manifestando con total crudeza por esa década. La caída de la
sociedad salarial transforma no sólo las condiciones estructurales sino y en particular la vida cotidiana dando
lugar a nuevas prácticas y nuevos sujetos de la intervención social. La crisis de la materialidad sobre la que
trabajo social había logrado su mayor expansión produce un fuerte impacto en el colectivo profesional no sólo
en lo que refiere a los problemas en los que debe intervenir, en los recursos para dar respuestas las nuevas
modalidades de intervención social, sino en la propia condición laboral (precarización extrema, bajos salarios,
etc.). Esta asociación: carácter de las demandas, las transformaciones en la intervención social y la
desprofesionalización constituyen una problemática inédita para el colectivo. Una vez más el contexto
exige problematizaciones, búsquedas teóricas y políticas, construcción de alternativas que estén a la altura
de las transformaciones epocales.
24
Según Cazzaniga, a mediados de la década de 1990, el Trabajo Social enfrentó nuevos debates debido a
importantes cambios en el contexto socioeconómico y político. En este marco, la profesión comenzó a
problematizar el carácter de las demandas, que se tornaron más complejas y heterogéneas; las
transformaciones en la intervención social, debido a nuevas políticas públicas y modelos de gestión; y la
desprofesionalización, impulsada por la precarización laboral y la pérdida de reconocimiento del trabajo social
como disciplina especializada.
6. Mallardi, M. (2018). Informe social y relaciones familiares. Categorías en disputa. Puka Editora. Disponible en:
[Link]
pipi
7. Giribuela, W (2024) La intervención escritural en trabajo social: una reflexión sobre la dimensión ética en la
elaboración de informes sociales. En : El informe social como intervención profesional. La hendija ediciones.
W. Giribuela reflexiona sobre el carácter ético y político de la escritura profesional en Trabajo Social,
específicamente en la elaboración de informes sociales, entendidos no solo como dispositivos técnicos
sino como formas de intervención que tienen efectos concretos en la vida de las personas involucradas.
Plantea que el acto de escribir no es neutral: seleccionar qué se incluye, cómo se nombra a los/as sujetos,
desde qué lugar se habla, implica tomar posiciones éticas y epistemológicas. Por eso, destaca que la
escritura en Trabajo Social debe ser crítica, situada y consciente del poder que ejerce.
Asimismo, analiza cómo el informe puede ser utilizado por otras instituciones (judiciales, educativas,
sanitarias) y cómo puede reproducir estigmas o injusticias si no se escribe desde una perspectiva de
derechos.
Giribuela invita a pensar la escritura como una práctica reflexiva que requiere tiempo, formación y debate
colectivo. Insiste en la importancia de revisar los modos de escribir para no convertir el informe en un
instrumento de control, sino en una herramienta que acompañe procesos emancipatorios y respete la
dignidad de los/as sujetos.
Claridad. Debe atenderse a la presentación de la información de manera tal que el destinatario del informe
social pueda comprender plenamente el sentido y significado de lo expresado. En ocasiones, la complejidad
de las situaciones hace que la claridad sea un criterio difícil de lograr, pero a partir de él se evitarán
ambigüedades en la comprensión y así se facilitará el conocimiento de lo que se desea exponer sin que esto
implique la simplificación de la situación informada. Este criterio es de vital importancia ya que el destinatario
deberá decidir sobre acciones a tomar en base a la información aportada. Un informe cumple con el criterio
de claridad cuando su objetivo, su pedido y la argumentación que lo sostiene se comprenden cabalmente sin
necesidad de solicitar ampliación de la información vertida.
Concisión. Este criterio, frecuentemente confundido con el de brevedad, busca que se explicite todo lo
necesario para que el destinatario del informe comprenda la magnitud real del problema, pero evitando los
hechos anecdóticos, las explicaciones innecesarias, las digresiones inconducentes. Se pretende así
presentar un razonamiento completo utilizando todas las palabras necesarias, pero evitando la inclusión de
elementos inconexos o sin relación directa con el problema social que se expone. La concisión implica tomar
en cuenta una economía de palabras que garantice la expresión exacta y completa de lo que se precisa
manifestar.
25
Completitud. Estrechamente relacionado con el criterio anterior, éste destaca la importancia de contar con la
totalidad de la información necesaria para comprender lo planteado en el informe, a partir de la presentación
explícita de aquella en el documento. Es decir, no se debe dar por sobreentendido ni por conocido ningún
hecho o aspecto, error que suele ocurrir por la proximidad que el profesional tiene con el sujeto respecto del
cual elabora el informe. Un informe social cumple con este criterio cuando su conclusión (sea ésta una
solicitud o no) se desprende de manera lógica de los enunciados vertidos en el mismo.
Consistencia. Sostenemos que un discurso, en este caso un informe social, es consistente cuando presenta
coherencia entre la exposición de los hechos particulares y la de los rasgos generales de la situación
problema. La consistencia alude entonces a la exposición clara de las características distintivas y centrales de
la situación presentada, contextualizada en un escenario mayor que la incluya y condicione.
El acto de informar es, en sí mismo, generador de realidades. En este sentido, podemos decir que además
de una técnica y un instrumento privilegiados para la intervención, un informe social es intervención
profesional, y que a través de él se juegan procesos de construcción de realidades y se legitiman
procesos de visibilización e invisibilización de las mismas.
Tres son los elementos constitutivos de todo género discursivo: el tema, la estructura y el estilo. Los temas
de un género abarcan el conjunto de los referentes o asuntos posibles a ser tratados por un determinado
texto; la estructura consiste en la organización formal de las partes constitutivas, y el estilo es el conjunto de
recursos tales como, por ejemplo, el tipo de vocabulario o los procedimientos retóricos. Un texto
perteneciente a un determinado género no puede hacer referencia a cualquier tema, ni admite cualquier
estructura ni cualquier estilo; por ejemplo, un cuento de hadas no puede tratar el tema de la despenalización
del aborto, una receta de cocina debe respetar la estructura “1) lista de ingredientes, 2) modo de preparación”
(y no a la inversa) y una carta familiar difícilmente presente un estilo formal (nunca finalizaría con la expresión
“Saludo a Ud. atte.”).
En cuanto al informe social, pueden observarse las siguientes características en relación con cada uno de los
elementos constitutivos del género:
a) El tema. Los informes sociales presentan una importante variedad de temas que hacen referencia a
situaciones problemáticas. Así los informes sociales tratan sobre, por ejemplo, problemas económicos de los
individuos, necesidades sanitarias, violencia familiar, situaciones de abuso, conflictos laborales, etc.
b) La estructura. El informe social está organizado en tres partes: presenta una introducción, un desarrollo y
una conclusión. Las tres partes están precedidas siempre por la indicación de lugar y fecha y por el nombre y
pertenencia institucional del destinatario del informe, y seguidas por los datos y la firma del trabajador social
que ha tenido a su cargo la escritura del texto.
c) El estilo. En el informe social se utiliza un registro lingüístico formal y se procura poner en un primer plano
la información y suprimir las marcas de subjetividad. Por esta razón, algunas características estilísticas del
informe consisten, por ejemplo, en el uso de la tercera persona, verbos en modo indicativo y oraciones
declarativas.
Pensar el informe social como un género discursivo es fundamental para su escritura, porque nos permite
comprender que su elaboración, si bien admite cierto margen importante de variabilidad, sigue una serie de
pautas textuales que inevitablemente deben cumplirse. Escribir un informe social, entonces, consistirá en una
práctica diferente que la de escribir una crónica o una historia social o un registro.
8. Mallardi, M (2013). Procesos de intervención en Trabajo Social: Aportes para comprender su particularidad. Centro
de Estudios Interdisciplinarios en Problemáticas Internacionales y Locales. Tandil.
[Link]
Si bien los actores sociales involucrados en el escenario social son distintos para cada intervención
profesional, dependiendo del lugar de trabajo, situación problemática atendida, entre otros aspectos, en
términos analíticos proponemos aproximarnos a estos determinantes mediante la consideración de tres
26
dimensiones ontológicamente vinculadas: socio-institucional, subdeterminante popular y ético-político
profesional. En un primer lugar, se identifica una dimensión socio-institucional para dar cuenta de las
tendencias societales que definen la posición del Estado frente a la “cuestión social”, lo cual adquiere
visibilidad mediante las políticas públicas que se implementan, así como las dinámicas organizacionales, con
sus objetivos y recursos. En este sentido, es importante afirmar que el profesional del Trabajo Social
desarrolla su intervención en organizaciones que implementan políticas y servicios sociales que abordan
distintas situaciones problemáticas, como, por ejemplo, educación, salud, desempleo, precarización
habitacional, etc. Entonces, el profesional desarrolla sus intervenciones en el marco de la vida cotidiana de
los usuarios, pero con el ‘mandato’ de abordar sólo aquellas cuestiones que la institución reconoce como
legítimas y susceptibles de intervención.
El Trabajo Social al ser una profesión que se inserta en el mercado de trabajo y donde, por lo tanto, presta
sus servicios a cambio de una retribución -el salario-, desarrolla sus procesos de intervención en un contexto
marcado por objetivos institucionales que pueden coincidir, o no, con los propios. Además, en la dinámica de
la intervención, los intereses y objetivos institucionales y profesionales entran en juego con las necesidades,
visiones y objetivos de la población usuaria. Por ello, viendo la coexistencia de intereses, convergentes o
contradictorios, es necesario pensar a la intervención profesional como síntesis de múltiples determinantes
objetivos y subjetivos.
9. Massa, L (2024) Desafíos de las trazas de la desigualdad en el Trabajo Social contemporáneo: aportes al
desarrollo de procesos de intervención situados. En Trabajo Social Crítico en la Contemporaneidad: Disputas por
la autonomía profesional en los procesos de intervención. Colección Debates en Trabajo Social. Colegio de
Trabajadores Sociales de la Prov de Bs As. Págs 149 a 186. Disponible en:
[Link]
a
10. Oliva, A y Mallardi, M (comps). Aportes tácticos-operativos a los procesos de intervención de trabajo social.
Consejo editor UNCPBA , 2011: pp 4-11, 45-109. Disponible en:
[Link]
aportes_tc3a1ctico_operativos_versic3b3n_final.pdf
ENTREVISTA:
27
En este sentido, coincidimos con Rozas (2001) cuando plantea que la misma es un proceso que se
construye a partir de las manifestaciones de la cuestión social. Consecuentemente, es válido incluir el
planteo de Iamamoto, según el cual pensar la profesión inserta en el proceso de reproducción de las
relaciones sociales, exige considerar …la práctica profesional como resultante de la historia, y al mismo
tiempo, como producto teórico-práctico de los agentes que a ésta se dedican,” es decir, es necesario
“aprehender el movimiento contradictorio de la práctica profesional como actividad socialmente determinada
por las condiciones histórico-coyunturales, reconociendo que éstas son mediatizadas por las respuestas
dadas por el colectivo profesional (Iamamoto, 1997: 190).
La condición de trabajador asalariado ocasiona que el profesional deba responder a las exigencias de quien
lo contrata, sin embargo, también dispone de relativa autonomía en el ejercicio de sus funciones y es co-
responsable tanto del rumbo de sus actividades como de las formas de conducirlas (Iamamoto, 1997). Cabe
aclarar que, desde nuestro punto de vista, los profesionales del Trabajo Social tienen en los procesos de
intervención tres funciones fundamentales: asistencia, gestión y educación (Oliva, 2001).
11. Cubillos Vega, C (2014) Ética para la intervención social. Los valores aportados por el Trabajo Social y las éticas
del cuidado y no paternalista como modelos de referencia para la práctica profesional . Revista de Trabajo
Social. Facultad de Cs. Sociales. Universidad Católica de Chile. Nº 87.
[Link]
1. Herrmann, J.M. (2019) Los determinantes y las desigualdades sociales de la salud. Posible marco para revisar las
barreras de acceso a los servicios de salud (2019)
[Link] les_de_la_salud_P
osible_marco_para_revisar_las_barreras_de_acceso_a_los_servicios_de_salud_1
Para la Organización Mundial de la Salud, los determinantes sociales son “las circunstancias en que las
personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud” (OMS, 2005). Tales
“circunstancias” son el resultado de la distribución desigual de los recursos entre diferentes grupos humanos
–países, clases sociales, regiones dentro de un país, colectivos al interior de una población-, hacen a las
condiciones concretas de vida y trabajo, y a la situación de salud. Bajo la perspectiva de los determinantes
subyace la cuestión del poder que cada quien detenta, y la política, en tanto actividad humana tendiente a
redistribuir –o no- los recursos de un modo más equitativo.
La “política de salud” como parte de las políticas sociales, hace a los “determinantes distales”, y como tal
influye en los “servicios”. Políticas más restrictivas condicionarán negativamente a los servicios, y a la inversa,
políticas más inclusivas y generosas ampliaran sus posibilidades. No obstante, como la determinación no es
mecánica, aun en contextos de ajuste en lo que a política social se refiere, teniendo presente a la salud como
derecho, los “servicios” puedan organizar modos de trabajo para disminuir barreras y producir cuidados.
28
i) Desigualdad en la cobertura, cuando la red de servicios no cubre a todas y todos por igual;
ii) Desigualdad en el acceso; cuando lo geográfico, lo económico, lo organizacional y/o lo cultural, generan
barreras para el acceso a los servicios, y a pesar de una similar cobertura, la inequidad está en el acceso;
iii) Desigualdad en el proceso de atención-cuidado; cuando aun habiendo sorteado las barreras de acceso,
los procesos de atención-cuidado no son integrales, continuos o longitudinales, restando eficacia terapéutica
al trabajo.
2. Laurell, A. C. (2019) Políticas de Salud en pugna: Aseguramiento frente a Sistemas universales públicos. EN:
Paradela. L- Redondi, V. Salud y Trabajo Social: Procesos de Intervención y Organización Colectiva por el
Derecho a la Salud. Colección Debates en Trabajo Social. CATSPBA. La Plata. Disponible en
[Link]
Los gobiernos progresistas tienen en común haber incrementado sustancialmente el acceso a los
servicios de salud que es distinto a la simple cobertura de un seguro. Por ejemplo, la cobertura pasó de
30 a 190 millones de personas con el SUS brasileño y un 98% de la población pudo acceder a los servicios al
buscarlos (Ministerio de Saúde, 2012); en Venezuela el programa Barrio Adentro amplió el acceso a 17
millones de personas (57% de la población) que carecían de él (Armada; Muntaner; Haejoo; Williams-
Brennan; Benach, 2009); en Ecuador se incrementó sustancialmente el acceso con la gratuidad de servicios y
medicamentos (Instituto Suramericano de Gobierno en Salud, 2012) y en Uruguay la nueva política ha
favorecido a la población rural anteriormente carente de servicios (Borgia; Gularte; Gabrielzyk; Azambuja:
Soto; Corneo; et al, 2012).
Estos logros se deben, por un lado, a un cambio en el modelo de atención hacia distintas formas de
Atención Primaria de Salud Renovada o medicina familiar territorializadas con un énfasis especial en
educación y promoción de la salud sin menoscabo a la atención preventiva, curativa y de rehabilitación.
Por otro lado, han emprendido un esfuerzo sostenido de construcción de infraestructura y formación de
personal para garantizar la atención, a diferencia de los sistemas neoliberales que lo han dejado al mercado.
Otro elemento importante en la política de salud es la participación popular y social, sea legalmente
establecida como en Brasil o Venezuela o parte del proceso político como en Bolivia y Ecuador. La
participación ha sido básica en el diseño y la puesta en práctica de la nueva política pero ha tenido
altibajos como toda movilización social y política.
Los sistemas de salud latinoamericanos, incluyendo a los de los países progresistas, adolecen con frecuencia
de la competencia técnica necesaria y es urgente desarrollarla. También todos tienden a ser subfinanciados y
requieren de más recursos presupuestales. Sin embargo, la concepción sobre la salud-enfermedad y su
determinación social es clave para tomar decisiones sobre prioridades, para guiar el desarrollo técnico-
científico y calcular los recursos financieros requeridos. Nadie niega que es necesario prestar servicios de
calidad y técnicamente satisfactorios. Es en este contexto donde deben ubicarse los argumentos a favor del
sistema único y público de salud, que es el arreglo institucional más idóneo y barato para responder a
las necesidades de salud pero también para combatir la mercantilización y deshumanización de la
salud (Laurell, 2013).
3. Murguía, A; Ordorika, T; Lendo, León. (2016). El estudio de los procesos de medicalización en América Latina.
Historias, Ciencias, Salud. Págs. 635-651. [Link]
format=pdf&lang=e s
Los procesos de medicalización, definidos como aquellos mediante los que en cada vez mayor número y
diversidad de condiciones, conductas y experiencias son categorizados como enfermedades o desórdenes y
que por ende se incorporan al campo de los saberes y del ejercicio de los profesionales de la biomedicina.
29
Esta creciente influencia de la industria farmacéutica y del capital financiero en los procesos de
medicalización le permite afirmar a autores latinoamericanos que se ha producido un giro hacia una
biopolítica de nuevo cuño (Rodríguez Zoya, 2010) en la que los intereses del mercado juegan el papel
central en la medida en que los servicios de salud se transforman de derechos en bienes de mercado
y, paralelamente, los pacientes se convierten en consumidores. Ahora bien, esta creciente presencia de
las farmacéuticas en América Latina durante las últimas décadas, también se vincula a escena nuevos
actores y fenómenos en los procesos de medicalización en la región que se relacionan con fenómenos de
descentralización de prácticas asociadas a los saberes médicos ya presentes en las primeras etapas dado
que “en muchos países en desarrollo … donde los salarios son bajos y el personal médico occidental
capacitado es escaso [los encargados de las farmacias] suelen funcionar como fuentes primarias de los
consejos de cuidado de la salud y su tratamiento” (Ferguson, 1981, p.108), descentrando, como se afirma
arriba, el papel del médico y favoreciendo la automedicación y el uso excesivo de fármacos.
Los intereses del mercado, especialmente los de la industria farmacéutica y el capital financiero, impulsan un
proceso de medicalización donde se mercantiliza la salud. En este contexto, los servicios de salud dejan de
concebirse como un derecho y se transforman en productos, y las personas usuarias del sistema de salud
pasan a ser vistas como consumidores/as.
4. Stolkiner, A y Ardila Gómez, S (2012) Conceptualizando la salud mental en las prácticas: Consideraciones desde el
pensamiento de la medicina social. Salud Colectiva Latinoamericana. Disponible en:
[Link]
atorias/066_salud2/material/unidad1/subunidad_1_1/stolkiner_ardila_conceptualiza ndo_la_salud_mental.pdf
La Epidemiología Crítica, una de sus ramas, se centró en ello, dado que era -por definición- su objeto. Por
sus consecuencias prácticas en el proceso actual de medicalización, señalaremos como uno de sus aportes
fundamentales su cuestionamiento al concepto de “riesgo” en epidemiología. En esa búsqueda
epistemológica se revisaron críticamente los modelos de pensamiento causalistas lineales como los dualistas
dicotómicos (salud-enfermedad, individual-social, biológico-mental), incorporando la idea de proceso como
posibilidad de dar cuenta de la complejidad del fenómeno.
El pensamiento médico social/salud colectiva pone en escena la vida y la subjetividad en el sentido social y
singular, tal como hemos tratado de mostrar en los puntos anteriores. Además de ello, una de sus
herramientas para deconstruir estos discursos es la crítica al concepto de “riesgo” tal como él mismo aparece
en la Epidemiología Clásica, que construye sujetos y poblaciones “abstractas” y ontologiza los cuadros
patológicos. (47) Los postulados sobre salud-enfermedad-cuidado de la corriente médico social/salud
colectiva llevan indefectiblemente a desplazar el eje de las prácticas de la enfermedad al sujeto y a cuestionar
la práctica médica centrada en las patologías individuales. Se propone, entonces, una práctica integral que
incorpora la dimensión subjetiva, histórica y social tanto en el abordaje de poblaciones como de sujetos
singulares. Práctica que se desplaza de la “ontología de la enfermedad” al sujeto, produciendo una “clínica
ampliada” que requiere de nuevos modos de gestión del trabajo en salud: horizontalización y articulación
entre especialización e interdisciplinareidad.
Una clínica ampliada no implica una negación de las especialidades, pero sí su incorporación en procesos
de trabajo en salud horizontales, integradores e interdisciplinarios.
30
5. Basile,G. (2021) Refundación de los sistemas de salud en Latinoamérica y el Caribe: Apuntes para repensar y
descolonizar las teorías y las políticas . Flacso- Idep- salud.
[Link]
La esfera de lo público, que es mucho más allá de lo estatal, es el espacio de los asuntos comunes,
colectivos y universales para la vida. Fue borrado. El Estado se transformó en un campo de depredación y
reproducción de heterogeneidad y desigualdad (O´Donnell, 1999).
Esta gobernanza neoliberal instala la búsqueda de consensos y solucionar problemas como mandato de la
administración y gestión pública. Se minimiza la existencia de diferentes intereses, trayectorias y conflictos
societales, y se produce una aversión a la política, a lo público. La despolitización como premisa (Brown,
2017).
29. Consejo Profesional de Trabajo Social CABA. Comité de Ética/Tribunal de disciplina. Ciudad Autónoma de Bs. As.
(2022) Una categoría en discusión: El “Alta Social”, como una representación de la Biomedicina. Disponible en:
[Link]
30. Lafit, J; Nogueira, M; Otero Zúcaro, L. Los problemas de salud y el trabajo social. Introducción a una mirada
compleja. En:Problematizando la salud. Aportes conceptuales y experiencia de trabajo en territorio desde la
perspectiva de la medicina social/salud colectiva. Págs 27 a 39. Disponible en:
[Link]
a
31. Andina y Doval “Atención primaria de la salud. ¿Meta o Mito? Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación
Floreal Gorini. Departamento de Salud. Cuaderno de Trabajo N” 81 Pag. 43 a 75.
[Link]
a
1. Segato, R. (2015). Género y colonialidad: del patriarcado comunitario de baja intensidad al patriarcado colonial
moderno de alta intensidad. En La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y una antropología por demanda.
Buenos Aires. Prometeo. Capítulo 2: Págs 69-99. [Link]
[Link]
A partir de este texto de Rita Segato, se refuerza claramente la idea de que las relaciones de género no
son simplemente una categoría más, sino que están profundamente imbricadas en la estructura misma
del orden colonial moderno. Ella señala que su trabajo parte de una "comprensión situada del conjunto de
relaciones estructuradas por el orden de la colonialidad", lo cual indica que el género es una dimensión
ubicua y estructurante de las relaciones sociales en el marco colonial-moderno.
Además, el subtítulo "Feminicidio: síntoma de la barbarie del género moderno" resalta que la violencia
extrema hacia las mujeres no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de un sistema profundamente
arraigado, producto de una transformación moderna del patriarcado.
El desafío residía, en este caso, en defender el derecho a la autonomía de los pueblos aun considerando, en
un contexto de colonialidad, que al amparo de esas autonomías ocurren algunas prácticas inaceptables en el
discurso occidental y moderno de los Derechos Humanos, como por ejemplo la eliminación consciente de
vidas indefensas. Sin duda, el haz de luz que ilumina hoy en día esa práctica escasamente representativa de
31
la vida de las aldeas forma parte, en Brasil, de un poderoso argumento anti-relativista y anti-indígena que
pretende descalificar y desmoralizar a los pueblos para mantenerlos bajo la tutela interesada del mundo
blanco. Recibí, entonces, la convocatoria a colaborar en esta contienda ayudando a pensar cómo defender
sociedades acusadas de practicar infanticidio o de no considerarlo crimen y, a partir de esta demanda, como
mostraré, me vi obligada a construir un discurso que no recurre ni al relativismo cultural ni a las nociones de
cultura y tradición que solemos utilizar para defender la realidad indígena y las comunidades en América
Latina, como tampoco apela al derecho a la diferencia, sino al derecho a la autonomía, como un principio no
exactamente coincidente con el derecho a la diferencia, ya que permanecer diferente y nunca coincidir no
puede tornarse una regla compulsiva para todos los aspectos de la vida y de forma permanente.
1. Relativismo cultural:
Rechaza la idea de justificar todas las prácticas en nombre de la cultura o tradición. Esto es
importante, porque no se quiere caer en una defensa automática de cualquier costumbre solo por
pertenecer a una cultura originaria.
2. Derecho a la diferencia:
También critica la noción de que toda diferencia debe ser permanentemente aceptada y sostenida
como una regla inamovible. Se plantea que “permanecer diferente y nunca coincidir” no puede
convertirse en una norma absoluta.
● Sino reconocer la capacidad de los pueblos para decidir sobre sus propias vidas y formas de
organización, incluso si eso significa revisar prácticas culturales.
2. Fabbri, L. (2019). Género, masculinidad(es) y salud de los varones. Politizar las miradas. En: Salud Femisnista.
Soberanía de los cuerpos, poder y organización. Tinta Limón. Pag. 101 a 124. Disponible en:
[Link] [Link]
3. Millet, An (2020) Cisexismo y salud. Algunas ideas desde otro lado. Puntos suspensivos ediciones
4. Perez, M (2019) Salud y soberanía de los cuerpos propuestas y tensiones desde una perspectiva queer. En: Salud
Femisnista. Soberanía de los cuerpos, poder y organización. Tinta Limón. Pags 31 a 48. Disponible en:
[Link] [Link]
Áreas de Intervención
32
1. Danel, P. Discapacidad y matriz colonial: el caso de la discapacidad en la Argentina. En: Estudios críticos en
discapacidad. Una polifonía desde América Latina. Clacso. 2019. Capitulo 3 - pag. 75 a 100.
[Link]
Para el caso argentino, identificamos dos grandes momentos en la historización, uno relacionado a los
procesos de modernización/desarrollo en el que la discapacidad aparece como objeto de asistencia /
custodia / atención y otro vinculado a la mercantilización en el que la discapacidad medicalizada se
constituye en un punto más de ampliación del excedente, con líneas de continuidad y ruptura.
2. Jelin E; Grimson, A; Zamberlin, N. (2006) Salud y Migración regional: ciudadanía, discriminación y comunicación
intercultural. IDES, Buenos Aires,. Cap 2: pp 33- 45. Disponible en:
[Link]
El análisis del material recogido permite diferenciar dos ejes para acercarnos a entender el “plus” que el
hecho de ser inmigrante agrega en el contacto con el sistema de salud pública: primero, cómo los agentes de
salud definen y encaran el “derecho a la atención médica”, preguntándonos qué diferenciaciones introducen
entre categorías de migrantes en cuanto a la legalidad y legitimidad del acceso. Segundo, cómo incorporan e
interpretan las características “culturales” diferentes de los grupos migratorios en la relación médico-paciente,
así como en las prácticas ligadas a la salud.
¿Quién entra? ¿Quién tiene derecho a entrar? ¿Quién se “aprovecha”? La normativa legal sobre el derecho a
la atención médica en los servicios públicos de salud es relativamente clara: todos y todas. Sin embargo,
tanto desde el sector profesional como desde los propios pacientes, queda “en el aire” un legado de la
normativa anterior (“Ley Videla”): la posibilidad de que el médico, en tanto funcionario público, denuncie la
situación de irregularidad migratoria. Y también existen restricciones al acceso en el texto legal (por ejemplo,
en la Provincia de Buenos Aires).
3. Ministerio de Salud de la Nación. Manual para la detección y abordaje del maltrato en personas mayores y
promoción del buen trato. Destinado a los servicios de salud. [Link]
01/Manual%20practica%20maltrato%20Adultos%20 Mayores_2.pdf
Tipos de maltrato
● Físico: uso de la fuerza física que daña la integridad corporal. Puede provocar dolor, lesión y/o
discapacidad temporal o permanente y, en casos extremos, la muerte.
33
● Simbólico: aquella ejercida por el entorno social y cultural. La que a través de patrones estereo-
Manual para la detección y abordaje del maltrato en personas mayores y promoción del buen trato.
Destinado a los servicios de salud | 17 tipados, mensajes, valores, íconos o signos se transmite y
reproduce dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales. Incluye la
gerontofobia y el viejismo (percepciones sesgadas y estereotipadas acerca de la vejez y el proceso
de envejecimiento).
● Sexual: forzar a una persona a participar en cualquier actividad sexual sin su consentimiento, lo que
incluye obligarlo a participar en conversaciones de naturaleza sexual en contra de su voluntad;
también puede incluir situaciones en las que la persona ya no puede dar su consentimiento. Algunos
países, integran esta tipología dentro del maltrato físico.
● Negligencia: error involuntario o falta, no deliberada, incluido entre otros, el descuido, omisión,
desamparo e indefensión que le causa un daño o sufrimiento a una persona mayor, tanto en el
ámbito público como privado, cuando no se hayan tomado las precauciones normales necesarias de
conformidad con las circunstancias.
● Abandono: cuando quien brinda cuidados deja de proveerlos, de manera deliberada o no. Está
contemplada en la legislación penal. Pone en peligro la vida o la integridad física, psíquica o moral.
● Intrafamiliar: aquellas personas que ejercen malos tratos pueden ser convivientes o no.
Frecuentemente la persona maltratada es mujer, mujer trans, travesti, entre los 60 y 75 años. Los
principales victimarios son los propios hijos varones adultos, los cónyuges o la pareja o expareja. Es
importante prestar atención a la interacción entre las personas que favorece que una sea sometida
por la otra. Más adelante se describen los múltiples condicionantes que intervienen en esa
interacción. Dentro del ámbito intrafamiliar, se puede desencadenar un tipo de vínculo violento entre
cuidador/a-cuidado/a. Pueden ser familiares o personas que cumplen un rol laboral desempeñando
esta tarea. Se parte de una persona mayor que necesita asistencia para sus actividades de la vida
diaria, por lo que se encuentra en una relación de dependencia en alguna de sus funciones.
● Espacio público: las personas mayores muchas veces son tratadas con indiferencia y en ocasiones
deben soportar conductas irreverentes. Además, la violencia callejera hacia las personas mayores es
una forma frecuente de maltrato físico, muchas veces mortal, siendo víctimas de agresiones y robos,
sobre todo en fechas de cobros de jubilaciones y pensiones. Por último, las ciudades y los servicios
públicos no suelen estar diseñados pensando en el envejecimiento poblacional, lo que expone a las
personas mayores a correr riesgos en las calles, plazas y servicios de transporte público. y
● Institucional: es aquel que ocurre en los servicios dirigidos a las personas mayores cuando se
vulneran sus derechos (servicios públicos o privados, municipios, establecimientos de larga estadía,
centros de atención primaria de salud, hospitales). Se relaciona con las deficiencias en los sistemas
de atención.
34
4. Morales, S; Magistris, G. (2019) Hacia un paradigma otro: Niños como sujetos políticos, coprotagonistas de la
transformación social. En: Niñez en movimiento. Del adultocentrismo a la emancipación.
[Link]
[Link]
Cuando hablamos de adultocentrismo, no sólo nos referimos a una relación social basada en la centralidad
de lo adulto. En parte es eso, pero también, mucho más que eso. Se trata de asumir el carácter conflictivo de
las relaciones entre las generaciones en tanto vínculo asimétrico que contiene y reproduce autoritarismo y
desigualdad. Nombrar esta relación desigual de poder como adultocentrismo (Alfageme y otros, 2003;
Cussiánovich, 2010; Duarte Quapper, 2015) y dar cuenta de los vínculos conflictivos inter e intra
generacionales que genera, es un hecho político y ético reciente y necesario.
Adultocentrismo es un ángulo analítico desde donde comprender los sentidos que hoy giran en torno a las
representaciones sobre la niñez, que se expresan en prácticas sociales e institucionales concretas. La
representación actual de “niñx” responde a lo que Cordero Arce (2015) llama infancia hegemónica. Significa
entender lo niño como “devenir, tabla rasa, preparación, todavía-no, inexperiencia, inmadurez, inocencia,
juego y naturaleza” (pp. 128-129), además de dependencia, ausencia de responsabilidad y trabajo,
irracionalidad. En consonancia con esta representación hegemónica de lo niño, se encuentra la
representación de lo adulto que la completa: lo adulto como ser (que no deviene), desarrollo, ya-sí,
experiencia, madurez, conciencia, trabajo (y ausencia de juego), social (ya no “expresión pura” de la
naturaleza), independencia, responsabilidad y –muy especialmente– racionalidad.
De acuerdo con Gerda Lerner, el patriarcado es un “fenómeno histórico en tanto que surgió de una situación
determinada por la biología y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una estructura creada e impuesta
por la cultura” (1986: 56). En este mismo sentido, lejos de proponernos aquí negar las diferencias biológicas
entre lxs niñxs y lxs adultxs, cuestionamos el hecho de que esas diferencias justifiquen la negación del niñx
como sujeto de pensamiento y co-constructor de su propia historia, permitan la imposición de la violencia
como fundamento del vínculo intergeneracional, habiliten a la disposición del cuerpo y la voluntad del otrx. La
negación del otro como sujeto no es algo determinado por la biología, sino un hecho cultural de carácter
opresivo que merece ser sometido a una seria crítica para su transformación.
5. Cáceres, C (et. al.) (2017) Derechos humanos en salud. En el camino de la implementación de la Ley Nacional de
Salud Mental. ADESAM, Asociación por los Derechos en Salud Mental. Págs 4 a 35. Disponible en
[Link]
[Link]
La Ley Nacional de Salud Mental continúa, amplía y profundiza lo planteado en la Convención de los
Derechos de las Personas con Discapacidad y su protocolo facultativo, que se basa en los siguientes
fundamentos:
35
• Dignidad inherente por el hecho de ser humanos.
• Igual reconocimiento como persona ante la ley.
• Goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por
todas las personas con discapacidad.
• Autonomía individual e independencia.
• No discriminación por motivos de discapacidad. Respeto a la diferencia y aceptación de la deficiencia como
parte de la diversidad y condición humanas.
• Participación e inclusión plenas y efectivas en la sociedad: Derecho a vivir de forma independiente y a ser
incluido en la comunidad. Esto se hace posible a través de ajustes razonables con los apoyos que esto
requiera.
• Acceso a la salud, justicia, educación, trabajo remunerado y empleo, participación en la vida política y
cultural.
El Código Civil y Comercial de la Nación vigente desde 2015 establece en el artículo 42 que “La autoridad
pública puede disponer el traslado de una persona cuyo estado no admita dilaciones y se encuentre en riesgo
cierto e inminente de daño para sí o para terceros, a un centro de salud para su evaluación. En este caso, si
fuese admitida la internación, debe cumplirse con los plazos y modalidades establecidos en la legislación
especial. Las fuerzas de seguridad y servicios públicos de salud deben prestar auxilio inmediato”
36
6. Faraone, S. (2023) Reformas en Salud Mental. Dilemas en torno a las nociones, conceptos y tipificaciones. En:
Revista Salud mental y comunidad. UNLA. N° 3 - pag 29 - 40. [Link]
La noción de cuidado no la asumimos como un nivel de atención del sistema de salud, ni como un
procedimiento técnico simplificado, sino como una acción integral, con sentidos y significados orientados
a la comprensión de la salud como un derecho del sujeto.
En este sentido, vale también señalar que muchas de las prácticas alternativas a las hospitalocéntricas que
fuimos analizando en nuestras investigaciones eran anteriores a la sanción de la LNSM y, de alguna manera,
crearon mojones que contribuyeron al propio texto de la norma. En 2020, a diez años de su implementación,
se continúan vivenciando avances y retrocesos pendulares (Zaldua, 2014; Augsburger, Gerlero y Taboada,
2016); en algunos casos las experiencias se fortalecieron y en otros solo fue posible su sostenimiento, que
quedó vinculado a grupos de trabajadoras, trabajadores, usuarias, usuarios y familiares que apostaron a
su implementación; pero también hubo experiencias que fueron castigadas, desfinanciadas y finalmente
desarticuladas. Estas últimas estuvieron ligadas a procesos gubernamentales neoliberales (Murillo, 2015)
que, en los diferentes ámbitos jurisdiccionales, avanzaron en detrimento del sistema de salud en general y de
salud mental en particular.
Faraone y Barcala señalan que los dispositivos alternativos y sustitutivos al encierro se construyen desde la
cotidianidad, a partir de la participación activa y sostenida de actores sociales, equipos de salud,
usuarias/os del sistema, y familiares. Esta construcción colectiva es esencial para garantizar abordajes
centrados en la libertad, la singularidad de las trayectorias y el respeto por los derechos humanos, en
contraposición al modelo manicomial.
7. Ministerio de Salud de la Nación. (2013) Lineamientos para la atención de la urgencia en salud mental.
[Link] %20la%20urgencia%20en
%20Salud%20Mental%20(2013).pdf
Urgencia en salud mental es toda situación transitoria que irrumpe y altera las funciones psíquicas, el
desempeño habitual y que supone un alto nivel de padecimiento, de tal manera que la persona, el entorno y/o
el personal sanitario, consideran que requiere atención inmediata. Implica una crisis que puede tener causas
orgánicas, psíquicas y/o sociales y constituye una ruptura del equilibrio vital. La urgencia es un emergente del
estado de malestar. No es un acontecimiento aislado sino parte del proceso de salud-enfermedad, en el que
la persona debe ser asistida de manera integral (bio-psico-social) en el ámbito socio-sanitario y requiere de
un seguimiento para evitar la recurrencia.
Las prácticas aquí planteadas se inscriben en el marco del modelo comunitario de atención en salud
mental. Esta modalidad de abordaje comunitario supone la presunción de capacidad de todas las personas
así como el respeto de sus derechos ciudadanos como requisito para el desarrollo y sostenimiento del
bienestar mental. Este modelo prioriza las poblaciones de mayor grado de vulnerabilidad psicosocial y
privilegia la construcción de una Estrategia Terapéutica (ET) particularizada.
8. Stolkiner, A. (2013). Medicalización de la vida, sufrimiento subjetivo y prácticas en salud mental, Capítulo de libro.
Compilador: Hugo Lerner Editorial: Psicolibro. Colección FUNDEP.
[Link]
de_la_vida___sufrimiento_subjetiv_2014.pdf
El discurso medicalizante es un componente habilitador del proceso por el cual todos los aspectos
relevantes para la vida, e inclusive la vida misma adquieren condición mercantil, o sea condición de “cosa”.
Ya no se trata sólo de “gobernar” los cuerpos sino de incorporarlos definitivamente en la producción de valor.
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Andrea Fumagalli (2007) señala que en el nuevo capitalismo “la vida misma es puesta en valor porque la
producción de valor ya no se basa sólo en la producción material sino que, cada vez más, incorpora ‘materias
primas intangibles’ que devienen del uso de las facultades relacionales, sentimentales y cerebrales del
trabajador”, lo que genera “una de las características esenciales del capitalismo cognitivo, que es la
desmaterialización del capital fijo y la transferencia de sus funciones productivas y organizativas en el cuerpo
vivo de la fuerza-trabajo.”.
Esto significa que la vida, las emociones, el sufrimiento y los cuerpos son convertidos en mercancía, en
recursos que pueden ser gestionados, optimizados y explotados dentro del sistema capitalista. Se los despoja
de su dimensión subjetiva, política o social para volverlos cosas útiles, medibles, tratables, intervenibles.
La medicina moderna ha sido uno de los dispositivos de construcción disciplinar del individuo y, a su vez, lo
ha incluido en su propia construcción al reconocerlo como su objeto. En él se fundan sus prácticas aún las
preventivas y poblacionales, inclusive la epidemiología clásica que hace sus estudios poblacionales tomando
como objeto al conjunto de “individuos”.
9. Moreno Milicich, Y. (2022) Trabajo social y cuidados paliativos: proceso de vida y muerte. En: Revista Debate
Público. Reflexiones de Trabajo Social. Año 12. N° 24.
[Link]
10. Ministerio de Salud de la Nación. Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2021) Consejería en
derechos a niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual y embarazo forzado, Ministerio de Salud Disponible
en: [Link] 07/Informe_Consejerias_2021_160621.pdf
11. AAVV. Red de trabajador@s sociales interviniendo en tuberculosis. (2019) El trabajo en red en las problemáticas
complejas en torno a la tuberculosis, En: Salud y Trabajo Social: procesos de intervención y organización
colectiva. Serie Cuadernos. Págs 43 a 54. Disponible en: [Link]
[Link]
1. De Almeida Fihlo y Rouquairol, (2023) "Introducción a la Epidemiología". UNLA. Versión revisada. Paginas 1 a 88.
[Link]
Las raíces históricas de la ciencia epidemiológica pueden ser identificadas en una trilogía de elementos
conceptuales, metodológicos e ideológicos, representados por la clínica, la estadística y la medicina
social.
Actualmente, podemos decir que la epidemiología constituye la principal ciencia de información en salud.
Realizamos una búsqueda a través de los principales buscadores de la World Wide Web, basándonos en las
palabras clave epidemiology, epidemiologic, épidémiologie, épidémiologique, epidemiología y epidemiológico.
En 2000, encontramos casi 370.000 registros. En setiembre de 2005, confirmando la relevancia y penetración
de esta joven disciplina científica en el mundo contemporáneo, más allá de su vertiginoso crecimiento,
catalogamos 16.750.000 registros.
38
2. Mallimaci, F y Gimenez Belivear, V (2007) Historia de vida y métodos biográficos. En: Vasilaschis de Gialdino, I.
(coord) Estrategias de investigación cualitativa. Buenos Aires. Gedisa. Disponible en:
[Link]
investigacioncualitativa-Cap-5-p%C3%[Link]
La primera consideración sobre las maneras de llevar a cabo una historia de vida insiste en la inserción de
la misma en el contexto de investigación: la decisión de recurrir a la historia de vida está directamente ligada
con la pregunta que estructura el estudio. La biografía de un individuo o la trayectoria de una familia se
realizan a fin de profundizar en las preguntas que el investigador formula para abordar las temáticas que
estudia. Una investigación puede basarse en la historia de vida de una persona, o recurrir a las historias de
varias personas para construir un tema a partir de voces plurales. El interés central de la utilización de la
historia de vida como herramienta metodológica es variado: sea porque nos interesa profundizar en la
trayectoria de una persona determinada, sea porque la literatura del caso a investigar mencione a tal o cual
persona o familia, o porque un caso individual puede iluminar el hecho investigado y desafiar las
construcciones teóricas.
La historia de vida se centra en un sujeto individual, y tiene como elemento medular el análisis de la
narración que este sujeto realiza sobre sus experiencias vitales. Siguiendo a los autores considerados
clásicos que han trabajado el método, podemos afirmar que la historia de vida
es el estudio de un individuo o familia, y de su experiencia de largo plazo, contada a un investigador y/o
surgida del trabajo con documentos y otros registros vitales.
3. Piovani J.I. (2018) Reflexividad en el proceso de investigación social: entre el diseño y la práctica. En: Piovani J.I. y
Muñiz Terra, L. (coord.) ¿Condenados a la reflexividad? Apuntes para repensar el proceso de investigación
social. Buenos Aires. Editorial Biblos. (págs. 74-92).
[Link]
Como señala Bruschi (1991), si la Metodología abandona su lado epistemológico se reduce a una
tecnología que pierde control intelectual sobre el proceso de conocimiento; pero si se abandona el lado
técnico se transforma en una pura reflexión filosófica sobre las ciencias sociales, incapaz de incidir en las
actividades de investigación empírica
52. Paz, A y Ramirez, C (2019) Riesgo(s) es disputa: el poder de definir el futuro deseable. En: Salud Femisnista.
Soberanía de los cuerpos, poder y organización. Tinta Limón. Pag. 89 a 100. Disponible en:
[Link] [Link]
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