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El documento narra la historia de Cadsuane, una poderosa Aes Sedai, y su interacción con Moraine, quien se siente intimidada por su presencia y autoridad. Cadsuane cuestiona a Moraine sobre su falta de precaución y su futuro en la Torre, sugiriendo que su potencial es crucial para la supervivencia de la misma. A lo largo de la conversación, se revela la preocupación por la disminución del poder en la Torre y la necesidad de nuevas hermanas fuertes.

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El documento narra la historia de Cadsuane, una poderosa Aes Sedai, y su interacción con Moraine, quien se siente intimidada por su presencia y autoridad. Cadsuane cuestiona a Moraine sobre su falta de precaución y su futuro en la Torre, sugiriendo que su potencial es crucial para la supervivencia de la misma. A lo largo de la conversación, se revela la preocupación por la disminución del poder en la Torre y la necesidad de nuevas hermanas fuertes.

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de las historias que se contaban de ella rayaban en lo imposible y la otra mitad lo

superaban, incluso entre aquellas de las que había prueba. Un antiguo rey de Tarabon
había desaparecido de palacio cuando se supo que podía encauzar y se lo había
llevado a Tar Valon para amansarlo mientras un ejército que no daba crédito a lo que
se decía iba detrás para intentar el rescate. El rapto de un rey de Arad Doman y de
una reina de Saldaea, a los que se había hecho desaparecer como por arte de magia,
en secreto, y cuando Cadsuane los liberó al fin, la guerra que parecía inevitable había
caído completamente en el olvido. Se contaba que contravenía la ley de la Torre
cuando le venía bien, que desacataba las costumbres, que hacía las cosas a su modo y
a menudo arrastraba a otros con ella.
—Agradezco a la Aes Sedai su interés —empezó Moraine, pero se calló ante
aquella intensa mirada. No era una mirada dura, sino simplemente implacable. Al
parecer había habido incluso Sedes Amyrlin que a lo largo de los años habían tenido
cuidado de no interponerse en su camino. Se rumoreaba que una vez hasta había
agredido a una Amyrlin. Pero eso era imposible, claro; ¡la habrían ejecutado por ello!
Moraine tragó saliva con esfuerzo; dos veces. Cadsuane bajó los peldaños de la
escalera.
—Traed a la chica —les dijo a Merean y a Larelle, y sin volver la vista atrás
empezó a cruzar la sala común.
Mercaderes y artesanos la miraron, algunos abiertamente y otros de reojo;
también los Guardianes, pero todas las hermanas mantuvieron la vista en la mesa.
El semblante de Merean se puso tenso y Larelle soltó un suspiro exagerado, pero
las dos azuzaron a Moraine para que caminara en pos de la figura con los adornos de
oro meciéndose en el moño. No le quedó más remedio que ir. Al menos Cadsuane no
podía ser una de las mujeres a las que Tamra había llamado; no había vuelto a Tar
Valon desde aquella visita al principio de la guerra.
La hermana Verde las condujo hacia uno de los reservados de la posada, donde un
buen fuego ardía en el hogar de piedra negra y unas lámparas plateadas colgaban a lo
largo de los paneles rojos de las paredes. Había un pichel alto cerca del fuego para
que se conservara caliente el contenido, y encima de una pequeña mesa tallada
descansaba una bandeja lacada con copas de plata. Merean y Larelle ocuparon dos de
los sillones almohadillados; pero, cuando Moraine soltó la capa en una silla e hizo
intención de sentarse, Cadsuane señaló un lugar delante de las otras hermanas.
—Quédate de pie ahí, pequeña —ordenó.
Reprimiendo un estallido de cólera, Moraine se esforzó para no apretar los puños.
Ni siquiera una mujer tan fuerte como Cadsuane tenía derecho a darle órdenes allí.
Con todo, bajo aquella mirada implacable se quedó de pie como le había dicho;
temblando de ira, luchando para no pronunciar palabras que después lamentaría, pero
lo hizo. Había algo en esa mujer que le recordaba a Siuan, sólo que de un modo

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extremado. Siuan había nacido para dirigir. Cadsuane había nacido para mandar.
Caminó lentamente alrededor de las tres, una vez, dos veces. Merean y Larelle
intercambiaron una mirada interrogante y Larelle abrió la boca, aunque después de
mirar a Cadsuane volvió a cerrarla. Asumieron la expresión de reposada calma;
cualquier observador habría pensado que sabían exactamente lo que estaba pasando.
Cadsuane las miraba de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo no le quitaba
ojo a Moraine.
—La mayoría de las hermanas nuevas no se quitan el chal casi ni para bañarse,
pero aquí estás tú, sin chal y sin anillo, en uno de los lugares más peligrosos que
podrían elegirse, a un paso de la propia Llaga. ¿Por qué?
Moraine parpadeó. Era una pregunta directa. Realmente esa mujer se saltaba las
costumbres cuando se le antojaba. Se obligó a hablar con un tono ligero.
—Las hermanas nuevas también buscan Guardián. —¿Por qué la había tomado
con ella esa mujer?—. Yo aún no he vinculado al mío, y me han dicho que los
hombres de la frontera son buenos Guardianes.
La Verde le asestó una mirada penetrante y Moraine deseó no haber fingido una
actitud tan ligera. Cadsuane se paró detrás de Larelle y le puso la mano en el hombro.
—¿Qué sabes de esta pequeña?
Todas las chicas que habían dado clase con Larelle la tenían por la hermana
perfecta y se sentían intimidadas por su fría reflexión. Todas la habían temido y al
mismo tiempo habían deseado ser como ella.
—Moraine era estudiosa y aprendía deprisa —respondió pensativamente—. Siuan
Sanche y ella han sido dos de las que han captado las cosas con más rapidez en toda
la historia de la Torre, pero eso ya debes de saberlo tú. A ver, déjame pensar. Sí,
también era muy libre con sus opiniones y tendía a dar rienda suelta a su genio, pero
la metimos en cintura… hasta cierto punto. Ella y la Sanche eran muy aficionadas a
las travesuras. Pero las dos pasaron la prueba de Aceptada al primer intento. Le falta
madurez, naturalmente, pero puede llegar a ser algo.
Cadsuane se desplazó hasta situarse detrás de Merean y le hizo la misma
pregunta, aunque añadió:
—Larelle se ha referido a su afición a las… travesuras. ¿Era una pequeña
conflictiva?
Merean meneó la cabeza a la par que sonreía.
—No, realmente no era conflictiva, sólo tenía mucha vitalidad. Las bromas de
Moraine eran constantes, pero nunca hubo maldad en ellas. Tanto de novicia como de
Aceptada tuvo que ir a mi estudio más veces que otras tres pequeñas juntas, salvo su
amiga íntima, Siuan. Claro que es frecuente que las amigas íntimas se metan en líos
juntas, pero en el caso de ellas dos no hubo una sola vez que si me mandaban a una
no me mandaran también a la otra. La última fue justo el mismo día en que habían

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pasado la prueba del chal, por la noche. —Su sonrisa se borró y apareció un frunce en
el entrecejo muy parecido al que había puesto aquella noche. No de enfado, sino más
bien de incredulidad ante las diabluras que podían llegar a hacer unas jóvenes; y un
asomo de que la cosa le había hecho gracia—. En lugar de pasar la noche en
contemplación, las pillaron intentando meter a escondidas ratones en el cuarto de una
hermana, Elaida a’Roihan. Dudo de que alguna otra mujer haya sido ascendida a Aes
Sedai con las posaderas demasiado sensibles para poderse sentar debido a su última
visita a la Maestra de las Novicias.
Moraine mantuvo el gesto sereno y no apretó los puños, pero poco podía hacer
respecto al rubor de las mejillas. ¡Ese gesto ceñudo y a la vez divertido a
regañadientes, como si todavía hablara de una Aceptada! Conque le faltaba madurez,
¿verdad? Vale, a lo mejor le faltaba un poco, pero aun así… ¡Como lo de sacar a
relucir todos esos detalles íntimos!
—Creo que ya sabes sobre mí todo lo que necesitas saber —le dijo a Cadsuane
con aire estirado. Lo íntimas que habían sido Siuan y ella no le incumbía a nadie más
que a ellas. Lo mismo que los castigos, y encima con detalles—. Y, ahora que tu
curiosidad ha quedado satisfecha, he de hacer el equipaje. Parto para Chachin.
Logró tragarse un gemido antes de que se le escapara. Todavía soltaba la lengua
más de lo debido cuando estaba irritada. Si Merean o Larelle formaban parte de la
búsqueda, entonces debían de tener cuando menos algunos nombres de la lista que
había en su librito. Incluido el de Jurine Najima, en Canluum, el de lady Inés Demain,
en Chachin, y el de Avene Sahera, que vivía en «un pueblo de la calzada entre
Chachin y Canluum». Si sospechaban algo, ya sólo le quedaba decir que después se
proponía visitar Arafel y Shienar para confirmar esas sospechas. Cadsuane sonrió y
no fue en absoluto una sonrisa agradable.
—Te marcharás cuando yo lo diga, pequeña —dijo—. Y, mientras no tengas que
contestar algo, cállate. Ese pichel debe de tener vino caliente. Sírvenos un poco.
Moraine se estremeció. ¡Pequeña! Ya no era una novicia. Esa mujer no podía
ordenarle que se fuera o que se quedase. Ni que hablara o dejase de hablar. Pero no
protestó. Se dirigió hacia la chimenea, iracunda, y cogió el pichel de cuello alto.
—Pareces muy interesada en esta joven, Cadsuane —comentó Merean, que se
volvió un poco para mirar a Moraine mientras servía el vino—. ¿Hay algo sobre ella
que deberíamos saber?
—¿Alguien ha predicho que será Amyrlin algún día? —La sonrisa de Larelle
tenía un asomo de sorna; con Cadsuane, sólo un asomo—. No es la impresión que me
da a mí, aunque, claro está, yo no tengo el don de la Predicción.
—Y yo podría vivir otros treinta años —dijo Cadsuane mientras tendía la mano
hacia la taza que le ofrecía Moraine—. O solamente tres. ¿Quién sabe?
A Moraine se le abrieron los ojos de par en par y se derramó vino caliente en la

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muñeca. Merean dio un respingo y a Larelle parecía que le hubiesen dado una
pedrada en la frente.
—Pon más cuidado con las otras tazas —dijo la Verde, impasible ante los gestos
de sorpresa—. Pequeña… —Moraine volvió a la chimenea, todavía con los ojos muy
abiertos, y Cadsuane continuó—: Meilyn es bastante mayor que yo, así que cuando
faltemos las dos Kerene será la más fuerte. —Larelle se encogió. ¿Es que esa mujer
se proponía quebrantar todas las costumbres de una tacada?—. ¿Os incomodan mis
palabras? —El tono solícito de Cadsuane no podía ser más falso, y la Verde no esperó
respuesta—. Guardar silencio sobre la edad no impide que la gente sepa que vivimos
más que el resto. ¡Bah! Y hay un gran escalón desde Kerene hasta las siguientes
cinco. Cinco, contando a esta pequeña y a la Sanche cuando alcancen su potencial. Y
una de esas cinco es tan vieja como yo y, para colmo, está retirada.
—¿Hay alguna razón para hablar de esto? —preguntó Merean, que parecía un
poco mareada. Larelle tenía las manos apretadas contra el estómago y el rostro
ceniciento. Casi ni miraron el vino que Moraine les ofrecía antes de rechazarlo, y ésta
se quedó con la copa en la mano, aunque no se creía capaz de beber ni un sorbo.
Cadsuane frunció el entrecejo, un gesto temible.
—En mil años no ha habido nadie en la Torre que pueda igualarme. Y hace casi
seiscientos que no ha habido nadie que iguale a Meilyn o Kerene. Hace mil años
habría habido cincuenta hermanas o más que estarían por encima de esta pequeña.
Sin embargo, dentro de cien años estará en el escalón más alto. Oh, es posible que
aparezca alguien más fuerte en ese tiempo, pero no serán cincuenta, y cabe la
posibilidad de que no haya ninguna. Estamos disminuyendo.
Moraine aguzó los oídos. ¿Tendría Cadsuane alguna solución al problema? Pero
¿cómo era posible que cualquier solución tuviera que ver con ella?
—No entiendo —repuso secamente Larelle. Parecía haber recobrado la
compostura y estar enfadada por haberla perdido—. Todas somos conscientes de eso,
pero ¿qué tiene que ver Moraine con ello? ¿Crees que, de algún modo, puede atraer
más chicas a la Torre? ¿Chicas con… un potencial mayor? —Tuvo que esforzarse
para decir lo último, aunque no pudo evitar un gesto de desagrado, y el modo en que
resopló dejó bien claro lo que pensaba de esa idea.
—Lamentaría que se la perdiera antes de que sepa distinguir el derecho del revés.
La Torre no puede permitirse el lujo de perderla a causa de su propia ignorancia.
Miradla. Una bonita muñeca cairhienina noble. —Cadsuane puso el índice debajo de
la barbilla de Moraine y empujó hacia arriba—. Antes de que encuentres a ese
Guardián, pequeña, un bandido que quiere ver qué llevas en la bolsa te clavará una
flecha en el corazón. Un asaltante de caminos que se desmayaría al ver a una
hermana dormida te romperá la cabeza y te despertarás al fondo de un callejón más
ligera de oro y puede que de algo más. Supongo que querrás elegir a tu primer

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