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Competitividad, innovación y empresas
transnacionales
Objetivos
• Presentar la noción de competitividad internacional, tanto en sus aspectos
ex post –niveles de competitividad “revelados” por el mercado a partir del
desempeño de firmas y/o países– como en los ex ante –causas o factores
que explican o inciden en el logro de esos niveles de competitividad.
• Analizar las nuevas características que asume la inversión extranjera direc-
ta (IED) en el marco del proceso de globalización de la economía mundial
y su relación directa con la evolución actual del comercio internacional.
4.1. La noción de competitividad internacional
Analizaremos a continuación tres aspectos o cuestiones centrales en relación
con la noción de competitividad internacional: los aspectos conceptuales, es
decir, qué es lo que se debe entender por competitividad; cuáles son los fac-
tores determinantes de los cambios en los niveles de competitividad, con espe-
cial atención en la incidencia de los procesos de innovación tecnológica y orga-
nizacional; y los indicadores habitualmente utilizados para la medición de los
niveles de competitividad.
4.1.1. Niveles y factores de competitividad
El de competitividad internacional es un concepto relativo (es decir, implica
una comparación) que alude a la capacidad de un producto o de la firma que
lo fabrica, para enfrentar la competencia externa, tanto en el mercado domés-
tico (frente a las importaciones) como en el externo (posibilidades de expor-
tación). Para cualquier producto, la comparación procura aproximarse a un indi-
cador de las posibilidades que se le asignan de competir con éxito frente a
productos fabricados en otros países, destinados a satisfacer los mismos
requerimientos o a abastecer la misma demanda, es decir, bienes iguales o
sustitutivos.
Por extensión, el concepto puede ser aplicado a comparaciones entre paí-
ses o economías, ya que el país de origen de los productos (o las firmas) más
competitivos demostrará contar con niveles de competitividad superiores al
resto (Chudnovsky y Porta, 1990).
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Universidad Virtual de Quilmes
En el plano de la firma individual, los resultados que la misma obtenga en
los mercados al intentar la colocación de sus productos indicarán los respec-
tivos niveles de competitividad alcanzados (se entiende que una firma puede
ser más competitiva en un producto que en otro).
A nivel de los países, los intentos de medición de los niveles de competi-
tividad han llevado al empleo de diversos indicadores que procuran evaluar
el desempeño de las distintas economías en los mercados, a fin de efectuar
las comparaciones y establecer las jerarquías correspondientes (véase apar-
tado 4.3).
En cuanto a la competitividad macroeconómica (o de un país), Carlos Bianco
(2007) distingue dos tipos:
• La que se expresa en la mera participación comercial de un país en el mer-
cado mundial, denominándose así como “competitividad macroeconómi-
ca comercial”, y que puede ser vista como la sumatoria de las competiti-
vidades comerciales individuales de las firmas que actúan en ese país.
• La que, además del desempeño comercial a nivel mundial, considera el
impacto del mismo en la mejora de los ingresos de la población o en la
calidad de vida de sus habitantes, llamada en este caso “competitividad
macroeconómica de bienestar”.
BIANCO, C., ¿De qué hablamos cuando hablamos de competitividad?,
Centro REDES, Documento de trabajo Nº 31, Marzo de 2007.
Existen enfoques alternativos para analizar la competitividad según se desee
poner el acento en uno o el otro de los tipos mencionados. El enfoque tradi-
cional, por ejemplo, se concentra en el primero, por lo que presta especial
atención a la evolución del market share de un país en el mercado mundial
y a las ganancias de “competitividad precio” o “competitividad costo”. El enfo-
que estructural o sistémico apunta al segundo tipo y se centra en la consi-
deración del impacto en el bienestar del cambio técnico u organizacional en
sus diversas formas, como base para la generación de ventajas competitivas
tanto por el lado de los precios como por fuera de ellos (calidad, caracterís-
ticas o prestaciones del producto). De acuerdo con Chudnovsky y Porta, se
trata de la obtención de una “competitividad industrial genuina basada en el
C H U D N O V S K Y,
D. Y P ORTA , F. progreso tecnológico que incorpore las ventajas de la nueva tecnología y del
(1990), La competitividad cambio organizacional, que se oriente hacia la especialización intraindustrial
internacional. Principales y hacia los productos que corporizan el avance tecnológico”.
cuestiones conceptuales y
metodológicas, CENIT, DT 3.
Las recomendaciones de política sobre cómo mejorar la competitividad que
se desprenden de uno u otro enfoque, pueden ser muy diferentes. En el pri-
mer caso, se enfatizará la importancia de mantener el tipo de cambio en un
nivel “competitivo” o de reducir el peso de los salarios en los costos, además
de circunscribir la acción de las políticas públicas al cuidado de una macroe-
conomía “saludable” y un ambiente favorable a la inversión. En el segundo,
se prestará atención especial a las acciones que el Estado puede llevar a cabo
para impulsar la generación, adquisición, difusión y uso de conocimiento por
parte de las empresas (Coriat, 1997), a fin de desarrollar nuevas competen-
cias y acceder a nuevos mercados mediante la introducción de innovaciones
tecnológicas u organizacionales. Esta opción estratégica se distingue por la posi-
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Teorías del Comercio Internacional
bilidad de hacer compatibles los aumentos de los niveles de competitividad
con los de los ingresos de los asalariados (Lugones et al., 2007).
De esta manera se pueden reconocer tres niveles distintos en la determi-
nación de la competitividad estructural: un primer nivel relacionado directa-
mente con los esfuerzos individuales de las firmas, un segundo nivel vincu-
lado a la estructura productiva existente dentro del cual se desenvuelven esas
firmas y, por último, un nivel relacionado con las políticas, que afectan tanto
a la firma como a su entorno.
Competitividad genuina y espuria
Tanto en términos de una firma que procura elevar sus niveles de competiti-
vidad, como de un país embarcado en el diseño de políticas tendientes a la
mejora de sus resultados económicos y de su nivel de desarrollo, la identifi-
cación de los factores determinantes de los indicadores obtenidos constitu-
ye un elemento estratégico de importancia crucial.
En particular, es pertinente la distinción efectuada por Fajnzylber (1988)
entre competitividad genuina y espuria. De acuerdo con este autor, la compe-
titividad genuina es la basada en factores tales como eficiencia productiva,
atributos del bien (calidad, prestaciones, etc.), redes de comercialización, capa-
cidad de financiamiento, entre otros y, por tanto, puede ser sustentable.
En cambio, la competitividad espuria es aquella que se apoya en factores
circunstanciales, coyunturas favorables, políticas públicas de apoyo, discrimi-
nación de precios entre el mercado doméstico y el externo (dumping), protec-
ción arancelaria o paraarancelaria, o bien en situaciones socialmente inacep-
tables o insostenibles e internacionalmente cuestionables (dumping social y
ecológico).
Para lograr ganancias genuinas de competitividad es necesario:
• Un proceso consciente de revisión permanente del mix de producción (elec-
ción de especialización).
• Un avance constante en materia de innovación y dominio tecnológico (tanto
en tecnología de producto como en tecnología de proceso), la organización
fabril y empresaria y las técnicas de comercialización.
Dominio tecnológico
Es la capacidad de asimilar y adaptar tecnologías provenientes del exte-
rior de la firma, de forma de aumentar rápidamente la productividad,
introducir mejoras de diseño en los productos, etc. No se trata necesa-
riamente del logro de innovaciones mayores, sino de ir ganando expe-
riencia y desarrollando la capacidad productiva al adaptar y mejorar los
conocimientos tecnológicos obtenidos, tanto en materia de productos
como de procesos de producción.
Seguimiento de las tendencias internacionales
El análisis de las tendencias prevalecientes en los mercados internacio-
nales proporciona a la firma valiosos criterios para una correcta elección
del mix de producción y para lograr avances en el dominio tecnológi-
co. En particular, es necesario revisar las tendencias en las preferencias
de los usuarios o consumidores; las diferencias entre distintos merca-
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Universidad Virtual de Quilmes
dos; las características de la oferta existente en los mercados internacio-
nales; las tecnologías (de producto y de proceso) prevalecientes y las
innovaciones y tendencias en la materia, diferenciando mercados y fran-
jas de mercado.
Esto indica que los logros en materia de competitividad genuina requieren de
esfuerzos importantes y sistemáticos por parte de las firmas. Sin embargo,
ofrecen indudables ventajas en términos de mayor certidumbre, menor vulne-
rabilidad y fortalecimiento del sendero evolutivo de la firma, ya que, en la medi-
da en que la misma realiza esfuerzos como los mencionados anteriormente,
acumula conocimientos, experiencias y habilidades que incrementan sus posi-
bilidades competitivas a futuro.
Competitividad “precio” y “no precio”
El universo de bienes que se comercializan en los mercados mundiales puede
clasificarse en dos grandes conjuntos, de acuerdo con las características de
los productos: commodities o diferenciados (véase Unidad 1). Si bien son múl-
tiples los factores que pueden incidir en el desempeño de una firma en los
mercados de commodities, en tanto se trata de bienes homogéneos, el prin-
cipal factor o causa de competitividad en esos mercados es el precio del bien.
Dicho en otros términos, será muy difícil que una firma logre introducir exito-
samente en un mercado de commodities un producto más caro que los seme-
jantes ofrecidos por la competencia. En todo caso, los demás factores comien-
zan a tener peso a partir del ofrecimiento del producto a un precio igual o
menor que el de la competencia.
En cambio, la competencia en los mercados de bienes diferenciados, si
bien no supone que los precios dejen por completo de tener incidencia, asig-
na mayor peso a otros factores asociados a las características o cualidades
particulares del producto, que lo distinguen de algún modo de los de la com-
petencia, a partir de lo cual pretenden captar las preferencias de los consu-
midores aun cuando, eventualmente, impliquen precios superiores.
Esta distinción tiene fuertes implicancias en términos del peso relativo que
tendrán los distintos factores de competitividad, en cada caso. Así, para lograr
adecuados niveles de competitividad en commodities será primordial la efi-
ciencia en la producción, que asegure el mejor aprovechamiento de los recur-
sos empleados y los más altos índices de productividad. Esto ha llevado a
algunos autores (como es el caso de Paul Krugman) a enfatizar de tal modo
el papel de la productividad, que los éxitos en este campo son presentados
casi como el único factor a considerar en la búsqueda de los determinantes
o causas de los niveles de competitividad.
En el caso de los bienes diferenciados, sin embargo, tanto o más impor-
tante que la eficiencia productiva, es el logro de avances en materia de inno-
vación tecnológica en productos y procesos. Los éxitos en el terreno de la
innovación son, precisamente, los que permiten distinguirse de la competen-
cia, presentando productos con características originales, sea en diseño, en
prestaciones, en los componentes o materiales con que es fabricado el bien
o en cualquier otro aspecto que implique una diferencia significativa y no solo
una distinción menor o superficial.
Debe quedar claro que la distinción efectuada no invalida la importancia
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Teorías del Comercio Internacional
de las innovaciones en tecnología de procesos y en organización de la pro-
ducción para el logro de reducciones en los costos de fabricación y comer-
cialización de los productos, lo que sin duda apuntalará la obtención de mejo-
ras competitivas tanto en commodities como en diferenciados. Los cambios
tecnológicos, tanto en productos como en procesos son, sin embargo,
mucho más veloces y frecuentes en el caso de los bienes diferenciados, lo
que hace que la incidencia de los procesos innovativos en los niveles de com-
petitividad sea relativamente mayor en estos últimos.
Factores endógenos y exógenos de competitividad
Entre los autores que muestran su preferencia por el enfoque estructural o
sistémico, cabe destacar a Ferraz, Kupfer y Haguenauer (1995) que definen
la competitividad como la capacidad de una empresa para formular e imple-
mentar estrategias competitivas que le permitan ampliar o conservar una posi-
ción sustentable en el mercado.
Las estrategias competitivas que diseñan las firmas responden a su per- FERRAZ, KUPFER
cepción respecto de dos aspectos centrales para la toma de decisiones: Y HAGUENAUER
(1995), Made in Brazil.
Desafios competitivos para a
• el patrón de competencia que caracteriza al mercado específico en que la indústria, Editora Campus,
empresa pretende actuar (la morfología del mercado) y Río de Janeiro, Capítulo 1.
• el medioambiente económico general en que deberá desenvolverse (el con-
texto macroeconómico).
El otro determinante central son las capacidades acumuladas por las firmas,
las que favorecen o condicionan la adopción de determinadas estrategias, ya
que no todas las oportunidades (obstáculos) que presentan los mercados y
el entorno económico general pueden ser aprovechados (superados) por la
firma: esto dependerá de la trayectoria previa seguida por la empresa y de
los esfuerzos que la misma realice para incrementar esas capacidades.
El aspecto dinámico implícito en este enfoque es que la competitividad de
firmas y países puede modificarse en el tiempo en función de las acciones
conscientes que empresas y gobiernos realizan para fortalecer las capacida-
des individuales y mejorar el funcionamiento del entorno en que operan las
firmas.
Siguiendo a Ferraz, Kupfer y Haguenauer (1995), podemos identificar tres
grupos de factores de competitividad: uno endógeno (factores empresariales)
y dos exógenos a la firma (factores estructurales y factores sistémicos).
Un significativo aporte de este enfoque es la identificación de los facto-
res estructurales que corresponden al medio específico en que se desenvuel-
ve la firma. Su consideración otorga a la noción de competitividad un carác-
ter sector-específico que permite explicar las situaciones particulares que
distinguen las oportunidades y obstáculos que deben enfrentar las firmas en
los distintos mercados y que pueden presentar notables diferencias entre un
caso y otro. La importancia de esta distinción es central, tanto para la formu-
lación de políticas comerciales, industriales y tecnológicas, como para el dise-
ño de las estrategias individuales de las firmas.
Factores empresariales
Corresponden al área de influencia de la firma (lo cual les da su carácter endó-
geno) y se refieren a las cuatro áreas de competencia de la empresa:
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• Gestión: tareas administrativas, planeamiento estratégico, soporte a la toma
de decisiones, finanzas, marketing, servicios posventa.
• Innovación: I+D en procesos y productos (intra o extra muros), intercam-
bio y transferencia de tecnología.
• Producción: recursos productivos, es decir, equipamiento, instalaciones,
organización, calidad.
• Recursos humanos: relaciones de trabajo, productividad, calificación y fle-
xibilidad de la mano de obra.
Factores estructurales
Tienen que ver con aspectos que hacen a la conformación específica de los
mercados en que opera la firma, por lo cual ésta puede incidir en los mis-
mos solo parcialmente, tales como:
• Las características y dinámica de la oferta y la demanda.
• La configuración de la industria:
- tendencias de progreso técnico (ciclos de productos y procesos), I+D,
oportunidades tecnológicas,
- escalas habituales de operación,
- niveles de concentración técnica y económica,
- grado de verticalización y diversificación sectorial,
- distribución espacial y articulación con la infraestructura,
- articulación de los productores con proveedores y clientes,
- relaciones entre productores y de éstos con instituciones tecnológicas.
• Régimen de incentivos (especificidades sectoriales).
• Regulación de la competencia.
Factores sistémicos
Se trata de externalidades en sentido estricto, ya que la firma tiene nula posi-
bilidad de influencia en los mismos, pese a que pueden llegar a afectar fuer-
temente su desempeño.
• Contexto macroeconómico.
• Régimen de concurrencia
- políticas de comercio exterior, política tributaria, política científica y
tecnológica,
- marco regulatorio.
• Infraestructura.
• Aspectos sociales
- educación y calificación de la mano de obra, relaciones laborales, nivel
de vida de los consumidores.
• Contexto internacional.
4.1.2. Los vínculos entre innovación, competitividad y comercio
internacional
En el ámbito empresarial es cada vez mayor la aceptación de que la innova-
ción tecnológica es la llave maestra para el éxito de las firmas industriales.
A nivel agregado, por otra parte, contar con firmas innovativas supone no solo
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Teorías del Comercio Internacional
una mayor competitividad de la economía en su conjunto, sino también la gene-
ración de spillovers tecnológicos hacia los restantes agentes económicos, con
su consecuente incidencia en el sendero de desarrollo que –de manera táci-
ta o explícita– es adoptado por un país. En efecto, la innovación tecnológica
está llamada a ser la fuente principal de adquisición de mejoras competitivas
genuinas, sustentables y acumulativas.
Asimismo, la realización de esfuerzos innovativos por parte de las firmas,
en procura de mejoras competitivas implica la elección de una trayectoria muy
distinta de aquella en que prevalecen las acciones de carácter defensivo (Katz,
1998), tales como reorganización administrativa, racionalización del personal,
reducción de la producción y complemento de la oferta con importaciones,
en donde están ausentes los intentos por incorporar mejoras tecnológicas en
productos y/o procesos y en los niveles de calidad, por fortalecer la estruc-
tura de comercialización y los vínculos con los mercados externos (acciones
de carácter ofensivo).
Además de las implicancias desfavorables en el empleo, en los niveles de
actividad y en la balanza comercial, las estrategias defensivas han mostrado
ser un recurso sin capacidad de proyección en el mediano plazo y que solo
ofrece a las firmas la posibilidad de ganar tiempo frente a una coyuntura des-
favorable, mientras se organizan acciones de mayor profundidad.
Ventajas genuinas, sustentables y acumulativas
El término ventajas “genuinas” se refiere al logro de ventajas competi-
tivas a partir de la acumulación de conocimientos, el desarrollo de habi-
lidades y el aprovechamiento de capacidades (naturales o adquiridas) que
permiten a las firmas (y, por extensión, a los países) destacarse sobre la
competencia, a diferencia de las basadas en bajos salarios, depreciación
de la moneda, otorgamiento de subsidios u otras variantes que (con pro-
piedad) han sido llamadas “espurias” por Fernando Fajnzylber (1988).
Por “sustentables” entendemos, principalmente, aquellas ventajas que,
aun dependiendo de la explotación de recursos naturales, no implican
la degradación de los mismos ni el deterioro del medioambiente, ya sea
por la utilización de tecnologías “limpias” o por una gestión ambien-
tal atenta a la preservación de los recursos (Sutcliffe, 1995).
El término “acumulativas”, por último, alude al papel condicionante
de la trayectoria futura (path dependency) que encierra la conducta tec-
nológica de las firmas, y a la generación de externalidades vinculada a
los procesos de aprendizaje y mejoramiento tecnológico (Ocampo,
1991).
Más importante aún, la innovación tecnológica es también el recurso ade-
cuado para eludir la competencia por precio, característica de los merca-
dos de commodities, en los cuales las posiciones de las firmas son más
vulnerables, ya que están siempre expuestas a fuertes oscilaciones y dese-
quilibrios entre oferta y demanda, a la permanente incorporación de nue-
vos competidores con ventajas salariales o de escala o que recurren a prác-
ticas desleales de comercio.
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Universidad Virtual de Quilmes
Claro está que los mercados de bienes diferenciados, donde es cada vez más
rápida la obsolescencia de procesos y productos, exigen una conducta
tecnológica activa por parte de las firmas y una permanente disposición y
aptitud para el cambio. Sin embargo, en contrapartida, ofrecen la posibilidad
de sostener relaciones de comercio más estables, de aprovechar el mayor
dinamismo que caracteriza a estos mercados, de eludir eventuales desventajas
en materia de costo salarial y de hacer prevalecer ventajas de carácter
endógeno (capacidades propias de las firmas), cuya ampliación a futuro no
enfrenta, en principio, limitaciones ni barreras ajenas a la empresa, si los
factores exógenos (contexto macroeconómico, infraestructura, regulaciones)
inciden favorablemente (Ffrench-Davis, 1990).
A nivel agregado, la innovación tecnológica y la diferenciación de productos es
el camino para que una economía pueda sostener un incremento sistemático
de los salarios, sin afectar negativamente sus niveles de competitividad. Es,
también, la fórmula más prometedora en relación con la posibilidad de evitar
el deterioro de los términos de intercambio y los desequilibrios del sector exter-
no que caracterizan a las economías latinoamericanas. Puede, asimismo, inci-
dir en un mejor aprovechamiento de los recursos naturales, favoreciendo su
transformación doméstica en bienes de mayor contenido tecnológico.
Como vemos, la conducta tecnológica de las firmas tiene no solo impor-
tantes consecuencias en sus competencias individuales sino, a la vez,
fuertes implicancias en la elección tácita del sendero de desarrollo adop-
tado por un país.
Los determinantes del cambio técnico
Si, como hemos visto, el cambio técnico y la incorporación creciente de cono-
cimiento a la producción son tan importantes para el éxito de las firmas y para
elevar las tasas de crecimiento económico y los niveles de bienestar social,
cabe preguntarse de qué depende que ello ocurra.
¿Cuáles son los determinantes de la conducta tecnológica de las firmas?
¿Cuáles son los “disparadores”, los factores causales para que una empre-
sa decida llevar a cabo esfuerzos conducentes a introducir innovaciones o,
en otras palabras, a buscar mejoras en los procesos productivos y/o cambios
significativos en los productos que elaboran? Sabemos que los esfuerzos inno-
vativos son costosos, están sujetos a alto riesgo (incertidumbre respecto de
sus resultados) y los eventuales retornos pueden demandar largos períodos
de espera.
En principio, una empresa es innovadora básicamente por dos razones: para
desplazar a la competencia a partir de una superioridad tecnológica (en pro-
ducto o en proceso) o por presión de la competencia (para no verse despla-
zada si la competencia lleva la delantera en materia de cambio técnico).
Cierto es que en las economías de menor desarrollo relativo son infrecuen-
tes los casos de introducción de innovaciones radicales; lo que prevalece, en
cambio, es la introducción de mejoras o cambios que implican novedades para
la firma (productos que no fabricaba anteriormente; formas de producirlos que
no habían sido empleadas hasta ese momento por la empresa o bien las mejo-
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Teorías del Comercio Internacional
ras llamadas “incrementales”, esto es, modificaciones a productos o proce-
sos preexistentes en la firma), pero que en la mayoría de los casos ya esta-
ban presentes en las actividades de los competidores locales o del exterior.
Esto es lo que lleva a la conveniencia de distinguir, entre las innovaciones intro-
ducidas por una firma, a las que implican una novedad solo para esa empre-
sa, de las que lo son también para el mercado local o, incluso, para el mer-
cado internacional.
Las contribuciones teóricas al debate sobre determinantes del cambio téc-
nico (Schmookler, 1962; Mowery y Rosenberg, 1979; Freeman, 1982; Pavitt,
1984; Cimoli y Dosi, 1994) prestan especial atención a los disparadores de
las innovaciones originales (innovaciones radicales o novedades para el mer-
cado internacional) introducidas por firmas que con su innovación inauguran
una nueva forma de producir un bien determinado o bien ofrecen un nuevo
producto que presenta características distintivas respecto de los que se ofre-
cen habitualmente en el mercado. Los innovadores originales buscan obte-
ner ventajas competitivas transitoriamente indescontables (los monopolios
temporales de Schumpeter mencionados en la Unidad 2) a partir del domi-
nio de una técnica productiva de la que los otros agentes carecen o para ofre-
cer un producto que se distinga de los de la competencia por algún aspecto
que lo favorece en las preferencias del mercado (o de un segmento del mismo).
El debate tiene implicancias también en relación con los factores que coad-
yuvan a dinamizar los procesos de difusión de las novedades tecnológicas,
es decir, la proliferación de seguidores que tratan de no quedar rezagados fren-
te a los cambios registrados en el contexto local o el internacional. Por cier-
to, este último aspecto (el impulso a los procesos de difusión) es de gran
importancia para los países de menor nivel de desarrollo relativo a fin de dis-
minuir la brecha tecnológica entre éstos y los más ricos.
En cualquier caso, cada vez que en un mercado alguna firma introduzca
una innovación, aparecerán luego los “seguidores” que no querrán perder sus
respectivas posiciones. La cuestión a dilucidar es, entonces, cuál o cuáles
son los factores que disparan el movimiento inicial en cada mercado, es decir,
el primer paso a ser seguido luego por los demás.
La literatura económica y la vinculada al análisis de los procesos de desa-
rrollo científico-tecnológico ofrecen numerosos ejemplos de diferentes posi-
cionamientos teóricos respecto de si el cambio técnico es impulsado por cam-
bios en la demanda (demand-pull) o empujado por la aparición de nuevos
conocimientos científicos y/o tecnológicos (science and technology push).
Revisar las principales contribuciones al debate mencionado y discutir en
qué medida las diferentes aproximaciones podrían ser aplicadas a los países
de menor desarrollo relativo tiene no solo valor teórico sino que encierra gran
importancia práctica, toda vez que es necesario mejorar nuestra comprensión
de los procesos de cambio técnico en nuestras sociedades (particularmen-
te, en el ámbito de las empresas) si se quiere intentar incidir positivamente
en la aceleración del ritmo de cambio técnico. No es este el espacio perti-
nente, sin embargo, para desarrollar plenamente esa exploración. Nos limi-
taremos, por tanto, a resumir los elementos básicos de la controversia, dis-
tinguiendo las dos posiciones tradicionales en este debate: demand pull vs.
science and technology push.
Si bien Schumpeter nos aclara las motivaciones de los innovadores, cabe
preguntarse si lo que impulsa a asumir riesgos y costos es la percepción de
una oportunidad en el mercado ante la identificación de una demanda insa-
113
Universidad Virtual de Quilmes
tisfecha o la visualización de una oportunidad a partir de la aparición de un
nuevo conocimiento que, aplicado a la producción, otorgaría la ventaja com-
petitiva buscada.
La demanda como impulso traccionador (demand pull)
Desde esta postura se sostiene que cuando aparecen en el mercado signos de una necesidad
insatisfecha esto incentivará la búsqueda de las soluciones técnicas que permitan satisfacer esa
demanda. Una empresa interesada en aprovechar la “oportunidad” brindada por esa deman-
da insatisfecha analizará la magnitud y características de la inversión necesaria y los cambios
tecnológicos requeridos. Indagará, entonces, si ya existe disponibilidad de los conocimien-
tos tecnológicos necesarios y posibilidad de adquirirlos o bien, si la tecnología no existe, qué
posibilidades tiene de autogenerarla o de encargarle a alguna universidad o instituto cientí-
fico-tecnológico que lo haga, emprendiendo las correspondientes actividades de investigación
y desarrollo.
El empuje de la oferta de conocimiento (science and technology push) y
su efecto traccionador
Este sería el caso de innovaciones introducidas en el mercado pese a que la necesidad (la
demanda) por un producto novedoso o con características diferenciales a los disponibles es
difusa o poco visible antes de que la innovación se produzca. Aquí, Schumpeter diría que ha
sido la aparición de nuevos conocimientos (ofrecidos o provenientes de las actividades
científico-tecnológicas) lo que habría impulsado al empresario innovador a “imponer”/colocar
la novedad. El emprendedor “schumpeteriano” interpreta que el conocimiento novedoso tiene
potencial, que él puede transformar ese potencial en nuevos productos o procesos y toma el
riesgo de innovar esperando la aceptación del mercado. Si tiene éxito, obtendrá ganancias
extraordinarias y esto motivará la entrada de innovadores secundarios o seguidores.
El principal problema analítico es que la innovación implica un mercado
demandante, ya que entendemos por innovación la introducción de noveda-
des al mercado. Desde luego, esa demanda puede estar “latente” o “difu-
sa” y ser percibida por el innovador antes que por los demás. En todo caso,
latente o concreta, sería la demanda la que llevaría al innovador a asumir
riesgos. Sin embargo, como plantea Freeman, es probable que ni Schmookler
(principal exponente del enfoque demand pull) diría que la ciencia básica es
guiada por la demanda, por lo que si el proceso de generación constante de
nuevos conocimientos no brinda posibilidades, las necesidades se manten-
drán insatisfechas.
Podemos sintetizar lo expuesto señalando que los posibles factores deter-
minantes del cambio técnico en la empresa son el impulso ejercido por una
demanda insatisfecha, la presión competitiva (que depende de la estructura del
mercado) y la aparición de nuevos conocimientos (avances científicos) de ori-
gen exógeno. Lo más seguro es que la innovación requiera de una cierta com-
binación de las fuerzas de la demanda (por productos novedosos) y las de la
oferta (que brinda nuevos conocimientos), sobre todo para explicar el timing de
la innovación, es decir, el momento preciso en que la misma se verifica.
En este sentido, los niveles de competitividad de una firma dependerán de
su capacidad para formular estrategias que le permitan alcanzar, ampliar o con-
servar una posición sustentable en el mercado. La estrategia competitiva puede,
así, ser vista como la interacción entre las oportunidades que la empresa advier-
114
Teorías del Comercio Internacional
te que el mercado le presenta y las posibilidades concretas de explotar esas
oportunidades. Las posibilidades, a su vez, estarán condicionadas tanto por
los factores endógenos a la firma (como, por ejemplo, las capacidades tecno-
lógicas y organizacionales acumuladas) como por los aspectos exógenos
(estructurales o sistémicos) antes presentados. El peso de los aspectos meso-
económicos, es decir, los correspondientes al contexto específico correspon-
diente a la actividad o mercado específico a explotar, hacen que la competiti-
vidad aparezca como una función de las posibilidades de adecuación de las
estrategias individuales a las especificidades sectoriales.
Es necesario, sin embargo, hacer una aclaración. Lo dicho hasta aquí da
por sentado que entre la esfera de la producción y la de la oferta de conoci-
miento (generación, desarrollo o adaptación de novedades técnicas) existe una
interacción fluida y virtuosa que permite a la empresa productiva, cuando no
satisface por sí misma sus necesidades de nuevos conocimientos, obtener-
los del sistema científico-tecnológico por adquisición, asociación o cooperación
con alguno o algunos de sus componentes (universidades, laboratorios, cen-
tros de investigación, etc.). Sin embargo, en los países de menor desarrollo
relativo estos vínculos entre el sistema productivo y el sistema científico-tec-
nológico distan de ser tan sólidos como sería deseable. Por el contrario, los
análisis de los procesos de innovación en América Latina y los estudios sobre
las características de los sistemas de innovación de nuestros países coinci-
den en señalar la debilidad de la trama de vinculaciones y relaciones entre las
empresas productivas y los demás componentes del sistema, particularmen-
te con la comunidad científica, los grupos de investigación y los institutos que
ofrecen servicios tecnológicos (genéricamente, la oferta de conocimiento).
En un contexto en que se asigna cada vez más importancia a la inno-
vación como fuente de ventajas competitivas genuinas y acumulativas
y en el marco de un amplio consenso respecto de la incidencia de las
interacciones entre los agentes para el mejor resultado de los procesos
de innovación, uno de los aspectos a los que más atención brindan los
responsables de las políticas públicas en Ciencia, Tecnología e
Innovación (CTI) es el de promover y apoyar el fortalecimiento de la
trama de relaciones del sistema de innovación.
En el caso de las empresas no innovativas es esperable una baja tendencia
al relacionamiento con el sistema científico-tecnológico. Una parte de estas
empresas, que han logrado mantenerse en el mercado pese a no intentar cam-
bios tecnológicos u organizacionales durante un lapso considerable (tres o
cuatro años suelen ser los períodos de medición adoptados por las encues-
tas), probablemente hayan buscado (y encontrado) fuentes de competitividad
alternativas a la innovación. Pero también es probable que muchas otras sub-
sistan en condiciones crecientemente desfavorables, lo que podrían intentar
revertir mediante la innovación si fuera menor el peso de ciertos obstáculos
y dificultades (tamaño, escala, financiamiento, disponibilidad de personal cali-
ficado, etcétera).
Llamativamente, tampoco las empresas innovativas se caracterizan por la
frecuencia de los vínculos y menos aún por la profundidad de los mismos,
pese a evidenciar una mayor tendencia a la vinculación que las demás. En la
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búsqueda de explicaciones, parece necesario preguntarse qué tipo de inno-
vación busca introducir la empresa innovadora “promedio” de América Latina.
Los datos estadísticos informan que el patrón de especialización prevale-
ciente en la región corresponde a una baja participación de los productos
caracterizados por un mayor contenido relativo de conocimiento y una mayor
dinámica tecnológica. Consecuentemente, la dirección del cambio técnico pre-
ponderante apunta a la introducción de cambios adaptativos en procesos y
de modificaciones menores en productos, con bajo grado de diferenciación.
Esto, desde luego, no estimula las vinculaciones de las empresas con el sis-
tema científico-tecnológico.
Cabe preguntarse cuál es, en rigor, la relación causal: ¿en qué medida
puede decirse que la estructura productiva está cargada hacia commodities
debido (al menos en parte) a la falta de vinculación de las empresas con la
oferta de conocimiento? Podría también sostenerse, a la inversa, que la falta
de vinculación se explica porque se producen mayoritariamente commodities,
cuya fabricación requiere en menor medida de conocimientos exógenos a la
firma (o a la organización, en caso de pertenecer a una red global) y tiene
menor dependencia relativa de las externalidades del entorno que son tan
importantes en la producción de bienes diferenciados.
Queda aún otro interrogante: ¿hasta qué punto la opción por commodities
responde a determinados obstáculos a la innovación, más acuciantes cuan-
to mayor es la complejidad tecnológica de la actividad? (opción por innova-
ciones menores).
Las políticas de aliento a la vinculación aspiran a favorecer la transferen-
cia de conocimientos del sistema científico-tecnológico a las empresas pro-
ductivas, con el propósito de apoyar la mejora de sus capacidades y favore-
cer así los procesos de innovación y el incremento del contenido tecnológico
de la producción doméstica. En todo caso, es deseable que las empresas que
no innovan comiencen a hacerlo, a fin de mejorar genuina y sustentablemen-
te sus niveles de competitividad. A la vez, es crucial que las innovadoras pro-
fundicen y dinamicen el cambio técnico, incrementando la participación de los
bienes diferenciados en la producción, si se desea aprovechar al máximo las
potencialidades del comercio internacional como herramienta para el desa-
rrollo y el bienestar social.
Una revisión de los condicionantes de la conducta tecnológica de las empre-
sas en nuestra región requiere analizar asociada o conjuntamente aspectos
micro, meso y macro ya que, en la práctica, estos interactúan permanente-
mente. Al respecto, se podrían mencionar los siguientes:
Fuentes alternativas de competitividad
En algunas economías y, particularmente, en algunas actividades o en seg-
mentos del mercado, pueden encontrarse oportunidades de obtener ventajas
competitivas sobre bases distintas a la innovación tecnológica u organizacio-
nal. En esto pueden incidir mecanismos de protección arancelaria y no aran-
celaria, la existencia de regímenes específicos, regulaciones, etc., pero tam-
bién puede haber nichos de protección natural donde los productos son menos
transables internacionalmente.
Tamaño de la demanda doméstica (ingreso)
Los niveles de ingreso medio de la población, el poder adquisitivo de los sala-
rios y, en definitiva, el tamaño potencial de la demanda doméstica, puede difi-
116
Teorías del Comercio Internacional
cultar el alcance de la escala mínima requerida para satisfacer los niveles de
competitividad internacional promedio en la actividad a encarar (nivel de los
costos medios).
Este aspecto tendrá mayor peso cuanto mayor sea la proporción de los cos-
tos fijos en la estructura de costos. Las actividades de innovación (particu-
larmente la I+D y la adquisición de tecnología incorporada) cargan los costos
fijos en mayor medida cuanto mayor es la intensidad tecnológica en la pro-
ducción a encarar (cuanto más diferenciado es el producto).
Los bienes diferenciados, caracterizados por su mayor elasticidad-ingreso
relativa y por estar fuertemente sujetos a economías de escala, no suelen
contar con un mercado doméstico de tamaño suficiente como para compen-
sar los obstáculos y los riesgos que implica su producción.
Cabe aclarar que este problema no solo distingue la fabricación de los bie-
nes high tech de los restantes, sino que se advierte al interior de cada rama
de actividad, según el grado de diferenciación de los distintos productos.
Pocas oportunidades de mercado
Lo expuesto implica un menor número y ritmo de aparición de oportunidades
de mercado para la innovación, con respecto a lo que es observable en eco-
nomías de mayor desarrollo relativo (mayor ingreso medio).
Tamaño de la firma
El menor tamaño relativo de las empresas latinoamericanas puede ser un obs-
táculo para sortear las limitaciones de la demanda doméstica por la vía de las
exportaciones. Muchas de nuestras pymes tienen dificultades para colocar sus
productos en los mercados externos, ya sea porque no alcanzan la escala míni-
ma de producción requerida para lograr los niveles de competitividad interna-
cional, como porque no están en condiciones de cumplir en tiempo y forma
con pedidos cuyos volúmenes exceden largamente sus capacidades.
Escasez de capital y condicionalidad del financiamiento
Una grave limitante de los procesos de innovación en América Latina, que se
agudiza cuanto mayor es la complejidad tecnológica de los mismos, es la esca-
sez de capital que caracteriza a nuestras firmas (sobre todo a las pymes), debi-
lidad que no logra ser compensada suficientemente por los mecanismos de finan-
ciamiento que han sido instrumentados en la mayoría de los países. Ni el crédito
privado ni el ofrecido por instituciones y programas públicos (banca de fomen-
to o agencias de promoción de la innovación) alcanzan a paliar este problema.
En el primer caso, los criterios de selección y evaluación de proyectos habi-
tualmente aplicados por la banca privada resultan difíciles de ser satisfechos
por los proyectos de innovación, normalmente asociados a un mayor riesgo
relativo, como corresponde a la intención de introducir novedades al merca-
do (nuevamente, el cuadro se agrava cuanto mayor es la novedad y profundi-
dad de los cambios a introducir). Las garantías requeridas suelen ser, asimis-
mo, un obstáculo insalvable para las firmas de menor tamaño relativo.
Los recursos de los programas y agencias públicas de promoción de la inno-
vación parecen, por lo tanto, llamados a cumplir un papel estelar. Sin embar-
go, con frecuencia se critica a los mismos por no alejarse suficientemente
de los criterios restrictivos aplicados por la banca privada o bien se lamenta
la baja magnitud de los fondos disponibles para estos fines, lo que deriva en
un bajo impacto relativo de los instrumentos y programas.
117
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Barreras endógenas - Path dependency (capacidades tecnológicas)
Además de las desventajas relativas en disponibilidad de capital, las empre-
sas latinoamericanas suelen tener, respecto de sus pares del primer mundo,
una menor acumulación previa de los conocimientos requeridos para operar
competitivamente en los mercados de bienes diferenciados o, en general, de
mayor contenido tecnológico. Una importante restricción, en este sentido, está
constituida por las dificultades para incorporar (y retener) recursos humanos
calificados, relativamente escasos en nuestra región, más allá de las diferen-
cias existentes entre los países. La baja intensidad de los esfuerzos en I+D
y en otras actividades de innovación no contribuyen a la generación endóge-
na de conocimientos y muchas veces tampoco alcanzan para mejorar las capa-
cidades del personal y desarrollar las capacidades de absorción que permi-
tirían una adecuada selección y un pleno aprovechamiento del conocimiento
exógeno disponible.
Nivel general de educación
Los recursos humanos cumplen un papel crucial en las actividades de inno-
vación y en los esfuerzos por lograr ventajas competitivas genuinas y susten-
tables. El nivel general de educación de un país pone a la vez un piso y un
techo a las capacidades de los trabajadores actuales y potenciales por lo que
puede ser una limitante severa para encarar actividades de fuerte exigencia
en materia de calificación del personal.
Otras barreras al ingreso en los mercados de bienes diferenciados
Las barreras al ingreso en los mercados de commodities no son solo endó-
genas. La protección efectiva suele ser mayor que en otros mercados y tam-
bién es más frecuente la aplicación de medidas de protección no arancela-
ria, tales como normas técnicas, sanitarias y administrativas.
“Fallas de mercado” / Externalidades
La debilidad de las tramas y del entorno tecnológico es otra desventaja que
deben superar las innovadoras de nuestra región. Nuevamente, cuanto
mayor es el contenido de conocimiento de un producto, mayor es la depen-
dencia de partes, componentes, información, servicios estratégicos y recur-
sos humanos que, con frecuencia, no es posible obtener en los sistemas loca-
les en condiciones satisfactorias.
Papel subordinado en las redes globales
La pertenencia a redes globales y/o regionales no siempre es, para nuestras
empresas, la solución para las “fallas de mercado”. Esto depende de la jerar-
quía del papel que se le asigna en la red a la filial local. Con frecuencia, el rol
asignado corresponde a las etapas o fases de la producción que menos cono-
cimiento demandan (un caso extremo es el del ensamblaje de bienes high tech)
con lo que la incorporación a la red solo permite eludir figurativamente.
Entorno institucional
El menor desarrollo relativo de las instituciones en nuestros países es tam-
bién una limitante severa, que incide de manera directa en la trama de vín-
culos y relaciones entre los actores del Sistema Nacional de Innovación. El
mantenimiento y respeto a reglas del juego claras, la confianza en que serán
cumplidos los compromisos celebrados, y la disposición a limitar o condicio-
118
Teorías del Comercio Internacional
nar las prioridades e intereses particulares en función de trayectorias colec-
tivas de conveniencia mutua, son parte de las condiciones aún no plenamen-
te cumplidas en nuestra región (nuevamente, con diferencias entre países).
Baja “cultura” asociativa en el empresariado regional
El empresario medio en la región suele mostrarse muy desconfiado y poco
valorativo respecto de las soluciones o aportes que puede ofrecerle el siste-
ma científico-tecnológico. Esta reticencia suele extenderse a sus propios pares
del mundo empresario por lo que no es extraño detectar indiferencia o esca-
so interés en participar de espacios e iniciativas generadas por las Cámaras
y Asociaciones de empresas con la intención de favorecer los lazos de coo-
peración e intercambio de información.
Aislamiento del científico
La búsqueda de independencia y de las mejores condiciones para el desa-
rrollo de actividades de fuerte exigencia intelectual, como son las de I+D, lle-
van frecuentemente al científico (y en no pocos casos, también al tecnólogo)
a cierto aislamiento, que no contribuye a fomentar una mayor asociatividad
con la esfera de la producción.
Bajo “matching” entre oferta y demanda de conocimiento
Las capacidades instaladas en centros, laboratorios y grupos universitarios
de I+D suelen cubrir áreas temáticas poco vinculadas con las necesidades
expresadas por el mundo empresario. Este es un problema de difícil solución
ya que el investigador siente vulnerada su independencia y su libertad inte-
lectual si se supone presionado a dirigir sus esfuerzos en determinada direc-
ción específica.
Débiles incentivos a la transferencia
Los criterios de evaluación de los investigadores que se desenvuelven en uni-
versidades o en institutos científicos suelen asignar a las actividades de trans-
ferencia méritos menores a los que se reconocen, por ejemplo, a las presen-
taciones a congresos o a la publicación de trabajos donde se difunden los
resultados de sus esfuerzos de investigación. Teniendo en cuenta que el pro-
pósito de una firma que se asocia con un grupo de investigación es el de apro-
vechar en exclusividad los nuevos conocimientos resultantes (“apropiabilidad”
del conocimiento), esto se traduce en un fuerte desestímulo a las activida-
des de transferencia.
Precios relativos, tipo de cambio y esquema de incentivos
El cuadro general de incentivos (precios relativos, tipo de cambio, etc.) puede
ser determinante para la elección de especialización y para las decisiones
de innovar asociadas a la misma. Es particularmente delicado el papel del
tipo de cambio. Una excesiva sobrevaluación de la moneda (tipo de cambio
retrasado) facilita la producción a costos internacionales ya que abarata la
adquisición externa de equipos, insumos, partes y componentes. Sin embar-
go, favorece del mismo modo la importación del bien competitivo. Más grave
aún, la menor competitividad-precio resultante limita severamente las posi-
bilidades de ampliar mercados vía exportación (deseconomías de escala).
En el otro extremo, un tipo de cambio excesivamente alto puede desestimu-
lar el cambio técnico al otorgar ventajas de competitividad-precio aun a acti-
119
Universidad Virtual de Quilmes
vidades que, de otro modo, requerirían de la innovación para defender sus
posiciones de mercado.
Incertidumbre macro
La volatilidad macroeconómica y la incertidumbre afectan de manera fuerte-
mente negativa los procesos de innovación. Las expectativas juegan un rol
importante al asignar carácter coyuntural o permanente a las variables macro
vigentes. Como es común a cualquier decisión de inversión, los desequilibrios
macroeconómicos retraen las decisiones de innovar y, una vez superadas las
circunstancias desfavorables, serán necesarias señales muy firmes y soste-
nidas en el tiempo para que el crecimiento de la actividad impulse a las fir-
mas a invertir en cambio técnico. Esto hace a la estabilidad macro una con-
dición necesaria (aunque, desde luego, no suficiente) para decidir encarar
actividades de innovación.
Baja presión de mercado
Los impulsos provenientes del mercado no parecen estar empujando a las
empresas a orientar sus esfuerzos hacia un cambio en las tendencias de espe-
cialización tal que requiriera una mayor vinculación con los componentes del
sistema que están en las mejores condiciones de suplementar y complemen-
tar las capacidades endógenas con los conocimientos necesarios para enca-
rar la producción de bienes más intensivos en tecnología. Tampoco los ins-
trumentos de política tecnológica parecen proporcionar estímulos suficientes
en este sentido.
Las tendencias de especialización prevalecientes en los países de la región,
que determinan una estructura productiva cargada hacia commodities,
donde el ritmo y la envergadura de las innovaciones son menores, reducen o
limitan la profundidad de los cambios a introducir y, por tanto, las necesida-
des de vinculación. Las habituales restricciones en la disponibilidad de recur-
sos para política tecnológica condicionan la posibilidad de revertir por esta
vía el cuadro general de incentivos, aun cuando las agencias de promoción
de la innovación suelen contar con numerosos ejemplos de resultados pro-
misorios en el empleo de los instrumentos de promoción, que se constituyen
así en pruebas fácticas de que no es descabellado intentar el camino de la
innovación y la diferenciación de productos en la región.
Como vemos, en lo que tiene que ver con el diseño y puesta en prác-
tica exitosa de estrategias competitivas en los países de menor desarrol-
lo relativo, un aspecto central a considerar es la necesidad de mejorar
en número y calidad las vinculaciones entre las empresas productoras
y el campo de la investigación científico-tecnológica.
Este apartado fue ela- 4.1.3. Una nota crítica sobre los indicadores de competitividad
borado por Carlos
Bianco, docente e investigador de uso más frecuente
de la UNQ y del Centro REDES.
En este apartado se describen y analizan los indicadores de mayor difusión
empleados habitualmente para la medición de los niveles de competitividad
a nivel internacional.
120
Teorías del Comercio Internacional
Indicadores de competitividad: características y resultados para
Argentina
En la actualidad, son dos las instituciones que funcionan como autoridades
mundiales en materia de medición de los niveles de competitividad de los paí-
ses, ambas con sede en Suiza. Por un lado, se encuentra el International
Institute for Management Development (IMD), ubicado en Lausanne y creado
en 1946; por el otro, aparece el World Economic Forum (WEF), creado en 1971
y con base en Ginebra.
Entre 1989 y 1995 ambas instituciones editaron de manera conjunta el
Reporte sobre la Competitividad Mundial (World Competitiveness Report). Hacia
este último año, a causa de la existencia de fuertes discrepancias respecto
del “deber ser” de la metodología de análisis de la competitividad, el IMD y
el WEF decidieron separarse y continuar cada uno con publicaciones propias.
En tal sentido, en la actualidad, el IMD publica el World Competitiveness
Yearbook, mientras que el WEF elabora el Global Competitiveness Report.
Más allá de este divorcio, ambas instituciones, a la hora de producir sus
respectivos informes, mantienen claras similitudes. En primer lugar, ambas
construyen, a partir de determinados índices, un ranking de países respecto
de su situación competitiva mundial. En segundo lugar, para la construcción
de dichos índices, ambas combinan datos estadísticos originados en bases
de datos existentes, con encuestas de opinión. En tercer lugar, y tal como se
verá a lo largo del presente apartado, toman básicamente el mismo tipo de
criterios a la hora de analizar el grado de competitividad de las naciones.
Las diferencias existentes entre las distintas metodologías no son dema-
siado sustantivas y tienen que ver con el tamaño de las muestras y la canti-
dad y tipo de variables observadas. En tal sentido, mientras que el WEF ana-
liza una cantidad de países superior al IMD (125 versus 61), el último se
concentra en un número mayor de variables respecto del primero (312 ver-
sus 90). De acuerdo con el propio IMD, la fortaleza de su índice –en compa-
ración con el del WEF– radica en un mayor empleo de datos obtenidos de infor-
mación secundaria, lo que elimina los posibles sesgos de la subjetividad que
existen en las encuestas, volviéndolo más confiable.
A continuación, se presenta una breve descripción de los índices utiliza-
dos por cada una de estas dos instituciones, los resultados generales para
el caso argentino y los factores que explican los movimientos de los índices
en los últimos años.
i. World Competitiveness Index del IMD
El IMD, cada año desde 1995, publica el World Competitiveness Yearbook
(WCY), en donde se analiza y desarrolla un ranking de la habilidad de las nacio-
nes para crear y mantener un ambiente que estimule y sostenga la competi-
tividad de las firmas. Se trata del World Competitiveness Scoreboard (WCS),
construido con base en el World Competitiveness Index (WCI), que ordena a
distintos países y regiones del mundo de acuerdo con su nivel de competiti-
vidad a partir de analizar la relación existente entre el “ambiente” en que se
desenvuelven las firmas –y en donde el Estado nacional o regional juega un
rol clave– y el proceso de creación de riqueza –del que participan, fundamen-
talmente, empresas e individuos.
121
Universidad Virtual de Quilmes
En particular, el WCI se centra en el resultado de la interacción de cua-
tro factores de competitividad que, en general, define ese ambiente
económico de los países. Cada uno de los factores se encuentra confor-
mado por cinco subfactores que describen diferentes aspectos de la com-
petitividad, los cuales se componen, a su vez, de diferentes ítems o cri-
terios que definen al fenómeno de manera más explícita (312 en total).
La metodología empleada asigna a cada factor y subfactor una posición
en su ranking respectivo. Cada subfactor, independientemente del
número de criterios que contenga, posee el mismo peso en el ranking
global o consolidado, esto es, el 5%.
El WCI utiliza diferentes tipos de datos para medir aspectos cuantitativos y
cualitativos de manera separada. Por un lado, se encuentran los indicadores
“duros” o de tipo estadístico, compilados en ocasión de evaluar 126 crite-
rios utilizados para el cálculo del ranking global. Asimismo, se relevan otros
73 indicadores estadísticos que constituyen información de base, pero que
no son utilizados en el cálculo de dicho ranking. Los 126 criterios de “datos
duros” poseen un peso en el ranking global de 2/3. Los restantes 113 cri-
terios se estiman a través de datos de índole cualitativa, que se elaboran a
partir de la Encuesta Ejecutiva de Opinión, realizada a ejecutivos de gestión
de cargos medios y altos de las economías que cubre el WCI. En este senti-
do, la muestra es solo representativa de la comunidad de negocios en cada
país o región, al tiempo que las respuestas obtenidas reflejan solo ciertas
percepciones sobre algunos elementos que potencialmente afectarían la com-
petitividad. Las preguntas de la encuesta se utilizan para el cálculo del ran-
king global y se les otorga un peso de 1/3 sobre el total.
El primero de los factores es el desempeño económico, definido en térmi-
nos de la evolución de las variables macroeconómicas fundamentales de la
economía doméstica. A ese respecto, se evalúan, los subfactores de i)
Economía doméstica, en cuyo caso las principales variables observadas son
la evolución del producto y los componentes de la demanda interna; ii)
Comercio internacional, el cual se construye con base en el desempeño gene-
ral y de los componentes de las exportaciones e importaciones; iii) Inversión
internacional, que se elabora, fundamentalmente, mediante el análisis de las
tendencias de entrada y salida de la inversión extranjera directa y, en menor
medida, de la inversión en cartera; iv) Empleo, calculado teniendo en cuenta
las variaciones en el nivel general de empleo y desempleo, y v) Precios, en
donde se analizan el costo de vida y de los alquileres. Vale aclarar que los
valores de este factor se construyen, primordialmente, a partir de criterios
basados en datos “duros” (73 sobre un total de 77, es decir un 95%).
El segundo de los factores trata de la Eficiencia gubernamental, analizada
en relación con la pertinencia y resultados del accionar de los gobiernos. Los
subfactores aquí evaluados son i) Finanzas públicas, en cuyo caso se anali-
za el superávit fiscal, la deuda pública, las reservas internacionales y el gasto
público; ii) Política fiscal, definida en términos de recaudación impositiva, pre-
sión tributaria y evasión fiscal; iii) Marco institucional, construido sobre la base
del costo del capital, la política cambiaria y los niveles de transparencia, efi-
ciencia, burocracia y corrupción en el gobierno; iv) Legislación relacionada con
los negocios, en referencia al imperio de la ley, la apertura comercial, la liber-
tad de movimiento y contratación de factores, la regulación de los mercados
122
Teorías del Comercio Internacional
y la facilidad para crear negocios, y v) Marco social, definido en términos de
funcionamiento del sistema judicial, los niveles de violencia y seguridad, la
estabilidad política, la cohesión social, la equidad distributiva y la igualdad de
género. En este caso, el valor del factor está fuertemente influenciado por
criterios evaluados con base en datos “blandos” (40 sobre un total de 72, o
sea un 55%).
En tercer lugar, aparece la Eficiencia en los negocios, en la cual entra en
juego el desempeño de la clase empresaria nacional o regional, de la que se
espera capacidad de innovación, obtención de rentabilidad y responsabilidad
empresarial. A este respecto, se tienen en cuenta los subfactores de i)
Productividad y eficiencia, calculada sobre la base de la productividad de la
economía, en general, y de los distintos sectores y tipos de firma, en parti-
cular; ii) Mercado de trabajo, en cuyo caso se tienen en cuenta los niveles sala-
riales, los niveles de conflictividad laboral y las características de los traba-
jadores; iii) Finanzas, evaluadas sobre la base del volumen y grado de
regulación de los mercados financieros, el acceso al crédito y el nivel de “ban-
carización”; iv) Prácticas de gestión, definidas en términos de eficiencia en las
actividades de gestión, la adaptabilidad de las empresas y la ética y los valo-
res compartidos dentro de éstas; y v) Valores y actitudes, determinados por
la imagen del país hacia el exterior y la flexibilidad y valores predominantes
en la población. En este caso, el valor del factor está también fuertemente
sesgado por criterios evaluados a través de las respuestas obtenidas en las
encuestas de opinión (39 sobre un total de 68, es decir, un 57%).
Por último, se encuentra el factor de Infraestructura básica y relacionada
con la provisión de bienes públicos y meritorios por parte del Estado. Los res-
pectivos subfactores componentes, en esta ocasión, son i) Infraestructura bási-
ca, la cual comprende superficie, población, transportes y suministro de agua
y energía; ii) Infraestructura tecnológica, consistente en disponibilidad, acce-
so y costos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC); iii)
Infraestructura científica, evaluada sobre la base de indicadores de input (gasto
y personal asignado a actividades de I+D) y output (publicaciones, premios
Nobel y patentes) científicos; iv) Salud y ambiente, mensurado a partir de indi-
cadores sobre servicios de salud disponibles, desarrollo humano y cuidado
del medioambiente; y v) Educación, considerado a partir de datos sobre gasto
y acceso a la educación y niveles de excelencia educativa. En este último caso,
si bien no es mayoritario, el valor otorgado al factor se encuentra también influi-
do de manera importante por los datos obtenidos en las encuestas de opi-
nión (30 criterios sobre un total de 95, o sea un 32%).
De acuerdo con G.4.1., los datos que ofrece el WCI a lo largo del período
2001-2005 muestran que la Argentina ha pasado de ocupar la posición núme-
ro 45 en 2001 a ubicarse en el puesto número 58 en 2005, manteniéndose
así a la zaga del conjunto de países evaluados. Observando la evolución de
los factores que lo componen, surge que el avance de la economía argenti-
na de los últimos años ha redundado en una visible mejora de la posición en
el ranking del factor de Desempeño económico. Los factores Eficiencia guber-
namental y Eficiencia en los negocios se han mantenido en las últimas posi-
ciones del ranking a medida que se fueron incorporando nuevos países al cóm-
puto, al tiempo que Infraestructura sufre un notable deterioro de su ubicación
en el ranking.
123
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G.4.1. WCI para Argentina - Total de posiciones; factores y subfactores
2001 2002 2003 2004 2005
TOTAL DE PAÍSES INTERVINIENTES 49 49 59 60 60
Posición Global en el Ranking de
45 48 58 59 58
Competitividad Mundial
Desempeño Económico: Evaluación
45 48 59 48 29
macroeconómica de la economía doméstica
Economía Doméstica 49 48 58 25 31
Comercio Internacional 46 44 49 59 39
Inversión Internacional 35 46 54 60 54
Empleo 42 47 57 22 29
Precios 27 31 54 25 9
Eficiencia Gubernamental 42 49 58 59 59
Finanzas Públicas 47 47 57 59 60
Política Fiscal 31 29 42 35 44
Marco Institucional 42 48 58 59 57
Legislación de negocios 29 47 46 57 56
Marco Social 41 45 51 55 59
Eficiencia en los negocios 46 48 59 59 60
Productividad & Eficiencia 45 40 57 56 50
Mercado de Trabajo 45 46 59 60 58
Finanzas 45 49 59 60 60
Prácticas de Gestión 44 47 56 59 58
Valores y Actitudes 37 45 56 60 59
Infraestructura 34 38 46 48 48
Infraestructura Básica 38 44 49 39 37
Infraestructura Tecnológica 42 45 56 50 50
Infraestructura Científica 46 47 58 60 59
Salud y Ambiente 27 28 38 40 40
Educación 36 36 41 46 47
Fuente: World Competitiveness Yearbook (WCY)-IMD, edición 2006
Un dato curioso es la fuerte correlación existente entre el tipo de dato
a partir del cual se construyen los valores para cada uno de los factores
y su ubicación en el ranking. En tal sentido, puede verse que a mayor
proporción de datos estadísticos dentro de los criterios del factor, mejor
es la ubicación de la Argentina en el ranking de competitividad por fac-
tor. Por lo tanto, cabría decir que son las percepciones de los ejecutivos
124
Teorías del Comercio Internacional
entrevistados en ocasión de las encuestas de opinión las que llevan a que
la ubicación general de la Argentina en el ranking sea tan desfavorable.
De esta manera, si bien la mayoría de los subfactores del factor de
Desempeño económico han mejorado, la performance negativa de la
gran mayoría de los 15 subfactores restantes en el período considerado
ha determinado una peor posición global de competitividad mundial
para la Argentina en el 2005.
Tal como se ha adelantado, la evolución del factor Desempeño económico ha
mostrado una notable mejora desde 2001, pasando de la posición número
45 a la 29. En dicha mejora han incidido positivamente el avance en la ubi-
cación en el ranking de los subfactores Economía doméstica, Comercio inter-
nacional, Empleo y Precios. A ese respecto, vale decir que el indicador refle-
ja fielmente las altas tasas de crecimiento que ha experimentado la economía
argentina durante el período posdevaluatorio, los significativos saldos comer-
ciales favorables obtenidos, la importante mejora de las tasas de actividad
y empleo y el relativo control de los distintos precios de la economía. No obs-
tante ello, se verifica que el subfactor Inversión internacional ha tenido una
evolución negativa, hecho que responde tanto al comportamiento de la inver-
sión extranjera directa –que no ha recuperado ni el volumen ni el dinamismo
observados en la década del noventa– como a la inversión en cartera –que
tampoco llega al país en la magnitud y ritmo experimentados durante la vigen-
cia de la convertibilidad debido, entre otros factores, a que la economía argen-
tina ha estado en default con los acreedores internacionales durante gran parte
del período analizado.
La evolución del factor Eficiencia Gubernamental ha pasado de ubicarse
en la posición número 42 a la 59. Teniendo en cuenta la cantidad de países
que intervienen en el cálculo para cada año, la Argentina se ha mantenido
estable en torno a las ubicaciones más bajas. Ello ha tenido que ver, funda-
mentalmente, con un empeoramiento generalizado de los subfactores corres-
pondientes relacionado con el aumento del gasto público y el mantenimien-
to de las retenciones a la exportación –en cuyo caso son vistos como factores
que perjudican la competitividad nacional– y con las opiniones de los ejecu-
tivos en cuanto a los problemas de transparencia, eficiencia, burocracia y
corrupción gubernamental, la mayor regulación de los mercados, el mal fun-
cionamiento del sistema judicial, la mayor sensación de violencia e inseguri-
dad y la escasa estabilidad política.
El factor Eficiencia en los negocios también se ha mantenido constante en
torno a las peores ubicaciones dentro del ranking, situándose en el 2005 en
la peor posición en comparación a los países evaluados. Del conjunto de sub-
factores que lo componen, solo Productividad y eficiencia ha mejorado su posi-
ción relativa en el ranking. Ello se debió a las efectivas mejoras de producti-
vidad que se produjeron en los distintos sectores y empresas de la economía
a partir de 2002, primero por el uso más eficiente de la capacidad instalada
que se encontraba ociosa y después por la paulatina incorporación de tecno-
logías importadas. El resto de los subfactores han evidenciado una evolución
negativa, a causa del alza de los costos laborales unitarios, la escasez de
trabajadores en algunos sectores específicos y la mayor conflictividad labo-
ral en lo que respecta al subfactor Mercado de trabajo; de la relativa esca-
sez de crédito y la diminuta escala de los mercados financieros en lo que res-
125
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pecta al subfactor Finanzas; de la opinión de los ejecutivos sobre la poca fle-
xibilidad y la poca eficiencia en el manejo de las empresas en lo referente al
subfactor de Prácticas de gestión, y de los análisis subjetivos que se despren-
den de la encuesta en relación con la adaptabilidad y valores compartidos por
la población en el caso del subfactor Valores y actitudes.
Por último, la evolución en la posición del factor de Infraestructura ha veni-
do empeorando en los últimos cuatro años, ubicándose en el 2005 a 12 posi-
ciones del último lugar mientras que en el 2001 tal distancia ascendía a 19
ubicaciones. El único subfactor que ha experimentado una mejora ha sido el
de Infraestructura básica, entre otras razones por la mayor cantidad de obras
públicas emprendidas por el Estado, mientras que el resto ha mantenido sus
posiciones o, inclusive, empeorado. En el caso de Infraestructura tecnológi-
ca, las debilidades denunciadas tienen que ver con la merma de los conoci-
mientos de acceso y la falta de desarrollos en el ámbito de las TIC; en lo que
respecta a Infraestructura científica, los puntos en contra tienen que ver más
con la debilidad de los outputs científicos que con la evolución de los inputs;
por el lado de la Salud y ambiente, el retroceso se relaciona, supuestamen-
te, con la falta de cuidado del medioambiente; por último, en el caso del sub-
factor Educación, la mala performance ha tenido que ver no con los datos esta-
dísticos sobre la materia sino con las opiniones de los encuestados sobre la
calidad de la educación y la formación de los trabajadores.
ii. Índices de competitividad del WEF
Desde el año 1995 el WEF publica el Global Competitiveness Report (GCR),
el cual se ha constituido en la actualidad en la más amplia recopilación de
datos para informes de este tipo a nivel mundial, incluyendo información para
125 países. A lo largo de los últimos años, se ha actualizado constantemen-
te la metodología utilizada para medir la competitividad, incorporando los cam-
bios del entorno económico internacional. Así, desde el año 1995, el WEF viene
presentando diferentes indicadores de competitividad global.
Entre el 2001 y 2004 se utilizó para evaluar la competitividad de las nacio-
nes el Growth Competitiveness Index (GCI), desarrollado por Jeffrey Sachs y
John McArthur. Este índice incorporaba, a su vez, tres subíndices, a saber:
en primer lugar, el Índice de creatividad económica, que mide la efectividad
económica de la innovación o la transferencia efectiva de tecnología; en segun-
do lugar, el Índice financiero, que estima la eficiencia del sistema financiero
a partir de los ratios de ahorro e inversión; por último, el Índice Internacional,
que capta la integración económica del país con el resto del mundo.
A partir de 2005, con el objeto de incorporar factores que influyen en
la productividad de modo de lograr una medida más amplia de la com-
petitividad a nivel nacional, comienzan a utilizarse dos índices distintos
que profundizan los conceptos e ideas que forman parte del índice desar-
rollado por Sachs y McArthur: por un lado, el Global Competitiveness
Index (GCI-2) –desarrollado por Xavier Sala-i-Martin– el cual es el prin-
cipal indicador de competitividad utilizado por el WEF; por el otro, el
Business Competitiveness Index (BCI) –creado por Michael Porter– es
presentado como complemento al GCI-2.
126
Teorías del Comercio Internacional
a) Índice de Competitividad Global (GCI-2)
La estructura del GCI-2 se propone analizar la mayor cantidad posible de fac-
tores considerados como críticos a la hora de mejorar los niveles de produc-
tividad y competitividad de una economía. Estos factores se agrupan en los
siguientes nueve “pilares”, con sus respectivos componentes, elementos e
indicadores:
1. Instituciones: respeto por los derechos de propiedad, niveles de corrup-
ción, problemas de seguridad e ineficiencia del gobierno.
2. Infraestructura: transportes y servicios eléctricos y de comunicación.
3. Macroeconomía: principales fundamentals de la economía.
4. Salud y educación primaria: impacto de las enfermedades en los negocios
y matrícula primaria.
5. Educación superior y capacitación: matrícula secundaria y terciaria, calidad
de la educación y capacitación en el trabajo.
6. Eficiencia del mercado: distorsiones, nivel de competencia y tamaño del
mercados de bienes; flexibilidad y eficiencia en el mercado laboral; grado
de completitud y acceso al crédito en el mercado financiero.
7. Preparación tecnológica: TIC, absorción y transferencia de tecnología.
8. Sofisticación de los negocios: cantidad y calidad de los servicios de com-
putación y redes y estrategias y operaciones a nivel de firma.
9. Innovación: protección de la propiedad intelectual, insumos y productos
científicos.
Además de estos pilares, el GCI-2 posee otros aspectos diferenciadores que
subyacen a la visión de que los distintos países se encuentran en diferentes
estadios de desarrollo económico. Eso permite que la importancia relativa de
los factores particulares para mejorar la competitividad de cada país sea una
función de las condiciones existentes en el punto de partida, es decir, de los
aspectos estructurales e institucionales que caracterizan a un país en compa-
ración con otros en términos de desarrollo medido a partir del ingreso per cápi-
ta. Así, el GCI-2 separa a los países en tres estadios de desarrollo específi-
cos de acuerdo con el elemento que permite el crecimiento de la economía:
• países “conducidos por factores” (de producción),
• países “conducidos por la eficiencia”,
• países “conducidos por la innovación”.
Más allá de la fase de desarrollo en que cada uno de los países evaluados
se encuentre, las naciones son clasificadas para cada uno de los nueve pila-
res que conforman el GCI-2. De esta forma, los pilares permiten diferenciar
el índice global en tres subíndices distintos, cada uno relacionado a su esta-
dio de desarrollo particular.
En primer lugar, se encuentra el Subíndice de requerimientos básicos, que agru-
pa aquellos pilares más críticos para los países “conducidos por factores”. En
este estadio de desarrollo, los países generalmente compiten con base en pre-
cios bajos, venden commodities o productos simples o con escasa diferencia-
ción y obtienen sus ventajas competitivas a partir de los bajos costos laborales
y de la disponibilidad de recursos naturales. Es por ello que los ingredientes bási-
cos de su competitividad están constituidos por la calidad de las instituciones
públicas y privadas (pilar 1), la disponibilidad y nivel de adecuación de la infra-
estructura existente (pilar 2), el entorno macroeconómico en que se desenvuel-
ven (pilar 3) y el nivel de capacitación básico de la fuerza de trabajo (pilar 4).
127
Universidad Virtual de Quilmes
En segundo lugar, aparece el Subíndice de potenciadores de la eficiencia,
el cual congrega a los pilares determinantes del desempeño económico de
los países “conducidos por la eficiencia”. En efecto, a medida que los paí-
ses pasan a este nuevo estadio, se vuelve más importante el desarrollo de
prácticas de producción cada vez más eficientes. La calidad de los produc-
tos –mucho más que su nivel de precios– es el principal elemento conducen-
te a la competitividad en esta fase. Ese elemento, a su vez, depende de la
difusión y calidad de la educación superior y los programas de entrenamien-
to y capacitación (pilar 5), de la eficiencia con que operan los distintos mer-
cados de bienes, servicios y financieros (pilar 6) y del acceso existente a las
modernas tecnologías (pilar 7).
Por último, se encuentra el Subíndice de factores de innovación y sofistica-
ción, que concentra a los pilares críticos de la competitividad para los países
“conducidos por la innovación”. En esta tercera fase, los países ya no pue-
den competir solo por precios bajos o eficiencia, sino que las firmas estable-
cidas en ellos deben hacerlo produciendo bienes nuevos y diferentes y utili-
zando los procesos productivos más sofisticados (pilar 8) a través de la
innovación constante (pilar 9).
En términos metodológicos, el GCI para el período 2005-2006 se constru-
ye a partir de la ponderación diferenciada de cada uno de los subíndices,
dependiendo de la fase de desarrollo en que se encuentre cada país, tal como
lo muestra la tabla G.4.2.
G.4.2. Subíndices y ponderaciones del GCI-2
Subíndices
Tipo de Potenciadores Factores de Total
países Requerimientos de la innovación y
básicos eficiencia sofisticación
Países en fase
conducida por 50% 40% 10% 100%
factores
Países en fase
conducida por 40% 50% 10% 100%
eficiencia
Países en fase
conducida por 30% 40% 30% 100%
innovación
El armado de estos indicadores se basa también en datos cuantitativos y cua-
litativos que provienen –al igual que en el caso del IMD– de una Encuesta de
Opinión a Ejecutivos. En suma, el GCI-2 recoge la información de 90 variables,
obtenidas tanto de fuentes primarias (encuestas) como secundarias que se
agrupan dentro de los nueve citados “pilares”. En la tabla G.4.3. se presen-
tan las posiciones de la Argentina para los años 2005 y 2006, tanto del indi-
cador global como de sus respectivos pilares.
Teniendo en cuenta la cantidad de países que intervienen en la medición,
la posición para la Argentina en el GCI-2 ha empeorado en 2006 si se la com-
para con 2005. El deterioro respecto del índice del año anterior se ha dado
principalmente en los indicadores que capturan aspectos del ambiente insti-
tucional. En tal sentido, “las cifras del Forum muestran que la comunidad de
128
Teorías del Comercio Internacional
negocios tiene serias preocupaciones sobre el ambiente de derechos de pro-
piedad, la independencia de la justicia, el derroche en el uso de los recursos
públicos, la falta de equidad en las relaciones del gobierno con el sector pri-
vado y observan a los agentes públicos como no suficientemente imparcia-
les en sus decisiones” (WEF, 2006).
G.4.3.
año 2005 año 2006 var 2006/
2005
GCI-2:
índice global Cantidad de países 117 125
y pilares
Indice Global 54 69
Subíndices: Pilares
62 67
Instituciones 98 112
Requerimientos
Básicos Infraestructura 63 72
Macroeconomía 46 51
Salud y educación primaria 41 23
57 66
Incremento Educación superior y calificación 35 39
de Eficiencia 84 94
Eficiencia de mercado
Preparación tecnológica 62 70
52 79
Factores
Sofisticación en los negocios 50 75
de innovación
Innovación 56 83
Fuente: Global Competitiveness Report 2005-2006, WEF (2006).
En los restantes pilares también se produce un cierto retroceso, apenas visi-
ble en los casos de Educación superior y entrenamiento y Macroeconomía;
la única excepción a este comportamiento la constituyen los indicadores de
Salud y educación primaria. A este respecto, se repite el fenómeno observa-
do en el caso del WCI: la existencia de una cierta relación inversa entre el
desempeño de los pilares y el contenido cualitativo de los indicadores a par-
tir de los cuales son construidos; o sea que cuanto mayor es el número rela-
tivo de indicadores obtenidos a través de encuestas de opinión, peor la evo-
lución del pilar dentro del ranking de países para el caso argentino.
b) Índice de Competitividad de los Negocios (BCI)
Este indicador se especializa en el análisis de la dimensión microeconómica
de la competitividad, más allá de las condiciones macroeconómicas, políticas,
legales y sociales vigentes. Desde esta visión, la riqueza es generada en el
nivel microeconómico y su producción está determinada por las capacidades
de las firmas establecidas en un determinado país, si bien es cierto que tam-
bién son afectadas por la calidad del entorno de negocios en donde compi-
ten. En tal sentido, el BCI se constituye tanto en un índice alternativo como
complementario al GCI-2 a la hora de estimar el nivel de competitividad de
los países.
En términos generales, el BCI se concentra en los factores microeconómi-
cos subyacentes de la competitividad, al tiempo que pone énfasis en las carac-
terísticas específicas que deben tener las firmas de modo de impulsar la efi-
129
Universidad Virtual de Quilmes
ciencia económica y la productividad. Si bien su denominación es nueva, se
trata de la continuación de una vieja preocupación del WEF. En efecto, desde
1998 el WEF comenzó a examinar estadísticamente los rasgos microeconó-
micos de la competitividad y prosperidad en varios países. Entre 1998 y 1999
dicho índice se denominó Microeconomic Competitiveness Index (MCI), para
luego, en 2000, pasar a llamarse Current Competitiveness Index (CCI).
En relación con sus aspectos metodológicos, al igual que los demás, este
indicador combina datos “duros” (cuantitativos) como “blandos” (cualitativos).
Los datos cualitativos se obtienen a partir de una encuesta a líderes de nego-
cios con cierta trayectoria, quienes son consultados respecto de dos aspec-
tos generales: por un lado, sobre la sofisticación de la operatoria y estrategias
de las firmas; por el otro, respecto de la calidad del entorno de negocios local.
En relación con el primero de los aspectos, los valores se construyen a
partir de información sobre el manejo de tecnología de la firma, la naturale-
za de sus ventajas competitivas y su estrategia de mercado. Acerca del segun-
do aspecto, las consultas tienen que ver con los factores condicionantes de
la operatoria de la firma (infraestructura física, administrativa y tecnológica;
disponibilidad y calidad de los recursos humanos; condiciones del mercado
de capitales), las condiciones de la demanda existente (sofisticación, conte-
nido tecnológico y regulaciones sobre estándares, uso de TIC y medioambien-
tales), la naturaleza de industrias relacionadas o de soporte (cantidad, cali-
dad y disponibilidad de proveedores de insumos, partes, piezas, componentes
y servicios especializados) y la estructura competitiva y de incentivos existen-
te (conflictividad laboral, favoritismo gubernamental, protección de la propie-
dad intelectual, grado de competencia, apertura económica, grados de
corrupción, etcétera).
En la tabla G.4.4. son presentados los resultados para la Argentina en el
BCI y sus antecesores para el período 1998-2006. En términos generales,
puede apreciarse que, teniendo en cuenta la cantidad de países que han inter-
venido en la construcción de las estadísticas, la posición para Argentina den-
tro del ranking global ha empeorado levemente en el 2006 tanto si se lo com-
para con el año 1998 y con el año 2005.
G.4.4.
BCI: evolución global y por factores
1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 Var. Var.
2006/2005 2006/1998
TOTAL DE PAISES 52 58 58 75 79 98 101 116 116
INTERVINIENTES
BCI global 34 40 45 54 65 69 74 64 78
Operaciones y
Estrategias de 30 39 45 53 57 63 68 52 62
las empresas
Calidad del Ambiente 34 40 44 53 68 73 78 64 79
Nacional de negocios
Fuente: Global Competitiveness Report 2005-2006, WEF (2006).
130
Teorías del Comercio Internacional
En el caso de la Calidad del ambiente nacional de negocios se verifica un des-
censo, de casi igual magnitud, para ambos períodos de comparación. En cuan-
to a las Operaciones y estrategias de las empresas, se verifica un empeora-
miento de la situación respecto de 2005, pero una ostensible mejora en
relación con el año base de la serie. Ello implica que, según el índice y para
el análisis entre puntas, las empresas habrían mejorado sus estrategias y sus
ventajas competitivas, a pesar del “mal entorno de negocios” provisto por la
política pública y las condiciones macroeconómicas vigentes.
Críticas a los indicadores de competitividad
Como se vio en el apartado anterior, los indicadores del WEF y de IMD mues-
tran una importante caída de la Argentina en los rankings de competitividad
a lo largo de los últimos años. Dicha pérdida de posiciones no ha sido la con-
secuencia de un mal desempeño económico sino que, por el contrario, se pro-
duce durante los años 2002-2006, a lo largo de los cuales la evolución de
las variables e indicadores económicos de Argentina han mostrado su mejor
cara en los últimos 30 años.
Esto, en principio, parecería terriblemente contradictorio, pero no lo es: tal
como se ha visto, tanto en lo referente a la selección y ponderación de las
variables como al tipo de datos utilizados para la construcción del ranking,
los resultados son absolutamente consistentes con la metodología y el con-
tenido de los indicadores. Por lo tanto, lo que debe ser revisado y analizado
críticamente son este tipo de índices, en general, y las variables y formas de
colección de información, en particular.
A este respecto, a continuación se presentan dos tipos distintos de críti-
cas. La primera de ellas, más breve y quizás menos relevante, se realiza sobre
los aspectos metodológicos subyacentes a los índices analizados. La segun-
da, más extensa e importante, se efectúa sobre los contenidos específicos
a partir de los cuales son elaborados los indicadores. Este será nuestro prin-
cipal “caballo de batalla” a la hora de demostrar el poco poder explicativo de
este tipo de índices sobre el fenómeno de la competitividad en el caso par-
ticular de los países no desarrollados.
i. Críticas de carácter metodológico
En primer lugar, los indicadores y rankings desarrollados por el IMD y el WEF
son de difícil comparación en el tiempo a causa de las múltiples modificacio-
nes en los datos, la metodología de cómputo y los países incluidos en las
distintas muestras. En tal sentido, y a modo de ejemplo, vale decir que el IMD
introdujo considerables revisiones de su WCI en la edición del año 2001; es
por ello que la serie presentada en el anterior apartado nace en ese mismo
año y no ha sido comparada con los años previos.
Por su parte, el WEF hizo varias veces lo propio desde 1995 a la fecha.
En particular, en el período 1995-1999 el principal indicador utilizado fue el
Índice de Competitividad (CI). La primera modificación sustantiva se produce
en el año 2000, momento en que se pasa a calcular el Índice de
Competitividad del Crecimiento (GCI). Al año siguiente, el GCI sufre nuevos
cambios metodológicos y de composición y se mantiene vigente hasta 2004.
Por último, a partir de 2005, se modifica nuevamente la metodología y se incor-
poran nuevas variables de modo de lograr una medida más amplia de la com-
petitividad, al tiempo que se vuelve a cambiar su denominación por la de Índi-
131
Universidad Virtual de Quilmes
ce de Competitividad Global (GCI-2). Las dificultades en la comparabilidad entre
los distintos índices han llevado a que, en este trabajo, solo se presenten los
datos para el indicador vigente, es decir el GCI-2 para el período 2005-2006.
Una situación parecida se dio con los índices del WEF destinados a
medir la competitividad de las firmas o a nivel microeconómico. Entre 1998
y 1999, estuvo vigente el Índice de Competitividad Microeconómica (MCI).
En 2000 sufre su primer cambio de denominación, pasándose a llamar Índi-
ce de Competitividad Corriente (CCI), cobrando vigencia hasta 2004. Por
último, en 2005 se modifica nuevamente su denominación, tomando actual-
mente el nombre de Índice de Competitividad de los Negocios (BCI). No
obstante, a diferencia de los índices que analizan la competitividad macro-
económica, las modificaciones en la metodología de cálculo y en las varia-
bles componentes han sido aquí menores, lo que en cierto sentido permi-
te una mejor comparabilidad a lo largo del tiempo, tal lo visto en el apartado
anterior.
El segundo tipo de crítica metodológica tiene que ver con el tipo de infor-
mación predominante, en mayor o menor medida, en los tres índices analiza-
dos para dar cuenta de la competitividad. En efecto, dichos índices son cons-
truidos con base en una combinación de datos “duros” u objetivos, que surgen
de distintas bases de datos, y “blandos” o subjetivos, recolectados a través
de encuestas a ejecutivos. Este último tipo de datos es el que predomina y
el que presenta mayores problemas de representatividad y heterogeneidad en
las muestras, al tiempo que su alto nivel de subjetividad puede sesgar resul-
En el trabajo de
tados hacia uno u otro lado.
Rouvinen (2001) se rea-
lizó un simple análisis de sensi- En tal sentido, el número de encuestados por países, en general, difiere
bilidad con el objetivo de demos- fuertemente, siendo en unos casos menor a la docena y en otros cercano a
trar cuán fácilmente sesgables los doscientos, sin que esto implique proporcionalidad en relación con la pobla-
son los resultados de acuerdo
con la subjetividad de aquellos
ción del país. Por otra parte, los resultados obtenidos a través de los datos
que responden a las encuestas. “duros” suelen diferir fuertemente con los derivados de los datos “blandos”
En ese sentido, se calculó el efec- (Rouvinen, 2001).
to de reemplazar un encuesta- En tercer lugar, una crítica metodológica de carácter más general es que
do “optimista” por uno “pesi-
mista” para el caso finlandés. El como los índices analizados son un intento de comprimir los distintos aspec-
resultado del ejercicio mostró tos de la competitividad en un solo indicador –que se constituye como el pro-
que con esa sencilla modifica- medio de varios componentes–, ello puede llevar a que algunos determinan-
ción, Finlandia retrocedió un
tes de importancia para el crecimiento económico de los países no
puesto en el GCI, pero cuatro y
siete lugares en el CCI y el WCI, desarrollados puedan estar subestimados (y viceversa). En ocasión de las crí-
respectivamente. ticas “de contenido”, se insistirá sobre este punto.
ii. Críticas al contenido de los índices
En términos teóricos, las explicaciones sobre las formas de obtener ganan-
cias de competitividad que sustentan las variables escogidas para dar vida
a los índices analizados son dos (Rouvinen, 2001).
Por un lado, están aquellas basadas en el “modelo de diamante” de Porter
(1990), según el cual las ganancias competitivas que una nación detenta en
determinados sectores productivos o industrias particulares son las que ema-
nan del entorno competitivo que una nación ofrece a sus empresas y que tie-
nen que ver con la existencia e interacción de cuatro atributos genéricos o
“vértices del diamante”, a saber:
a) las condiciones de los factores, como por ejemplo la oferta de mano de obra
especializada o la existencia (o no) de determinada infraestructura;
132
Teorías del Comercio Internacional
b) las condiciones de la demanda, es decir, la naturaleza de los deseos y reque-
rimientos de los consumidores en el mercado interno;
c) los sectores afines y de apoyo, o sea, la existencia de industrias proveedoras
o complementarias al sector analizado de competitividad internacional;
d) la estrategia, estructura y rivalidad de la empresa, entendidas como las con- Son los casos del WCI
diciones de competencia existentes en una nación y la forma en que se del IMD y el CCI y su
crean, organizan y gestionan las empresas. sucesor, el BCI, del WEF.
Por otro lado, están los indicadores que encuentran sustento teórico en los Es el caso del GCI-2 del
determinantes del crecimiento examinados por Barro (1991). WEF y sus antecesores.
Según este autor, la tasa de crecimiento del PBI per cápita de un país está
positivamente correlacionada con su dotación de capital humano, la inversión
en capital físico, las menores tasas de fertilidad y la estabilidad política.
Asimismo, se relaciona de manera inversa con los niveles iniciales de PBI per
cápita, la participación del consumo público en el PBI y las distorsiones de
mercado, al tiempo que es insignificante la relación entre aquella y el nivel Son los casos del WCI del IMD y
del CCI y BCI del WEF. En este
de inversión pública. No obstante estas influencias, no existe teoría econó- sentido, el WCI “mide y compara
mica disponible que pueda ser efectivamente aplicada para la construcción el desempeño de los países en la
de este tipo de índices; más aún, aquellos que los han diseñado han debido provisión a las firmas de un ambien-
fundamentar sus decisiones más en sus juicios (o prejuicios) o en análisis te que sustente la competitividad
doméstica y global de las firmas
empíricos ad hoc que en la teoría realmente existente (Rouvinen, 2001). que operan en el interior de sus
En relación con la definición de competitividad, los índices analizados fronteras” (Rosselet, 2001: 50;
entienden al fenómeno de dos formas distintas. En primer lugar, están aque- traducción propia). El CCI (y por
ende, también el BCI), por su parte,
llos que ven la competitividad como el ambiente de negocios en el que se
“evalúa las condiciones subyacen-
desenvuelven las firmas, tomando el concepto como un sinónimo del “clima tes encargadas de definir el nivel
de inversiones” existente en un país. De esta forma, estos índices pueden corriente de productivi-
ser interpretados como una medida del riesgo existente en una economía para dad” (Porter et al., 2001:
21; traducción propia).
las empresas que operan en ella.
En segundo lugar, otros definen la competitividad como una medida del cre-
cimiento potencial de un país (Rouvinen, 2002). Estas dos formas de definir Se trata del GCI y su
sucesor, el GCI-2, del
la competitividad, obviamente, influencian fuertemente la selección de indi-
WEF, que tienen como objetivo
cadores a la hora de jerarquizar a los países de acuerdo con el fenómeno en “medir la capacidad de la econo-
cuestión. mía nacional de lograr un creci-
miento económico sostenido a
mediano plazo, controlado por el
nivel corriente de desarrollo eco-
A este respecto, cabe preguntarse qué es lo que efectivamente importa nómico” (McArthur y Sachs, 2001:
para un país no desarrollado. ¿Es la competitividad, definida en los tér- 32; traducción propia).
minos que los índices presentados lo hacen, o el crecimiento económi-
co acelerado y sostenido a lo largo de los años?
Podría decirse que lo primero le importa más a las empresas que buscan
aprovechar y explotar las ventajas de localización estáticas de los países
en donde surgen o se establecen, mientras que lo segundo le interesa más
a aquellos que piensan que el crecimiento, para que resulte en verdaderos
frutos en términos de mejora del nivel de vida de la población, se debe basar
en la construcción de nuevas ventajas competitivas de tipo dinámico. Por
otra parte, en tanto algunos de los indicadores escogidos son una medida
del riesgo existente en un país para las empresas que operan en su inte-
rior, puede interpretarse fácilmente que si lo que se busca es lograr nive-
les de crecimiento acelerado, es muy probable que esto sea factible en eco-
133
Universidad Virtual de Quilmes
nomías de alto riesgo y no viceversa. Es bien sabido por la teoría económi-
ca que los rendimientos del capital son mayores en aquellos casos en que
los riesgos son mayores.
Si se lograra consenso en que lo importante para los países no desarro-
llados es la mejora del nivel de vida del conjunto de la población y, por ende,
se definiera la competitividad en estos términos, sería de mayor provecho
utilizar la variación del nivel de PBI per cápita como indicativo del nivel de
En tanto un aumento
del nivel del PBI per competitividad de los países. En este caso, los indicadores antes analizados
cápita de los países no necesa- se estarían enfrentando a un nuevo inconveniente: no existe una correspon-
riamente implica un reparto equi- dencia clara entre la variación de los niveles de PBI per cápita y la ubicación
tativo de la nueva riqueza gene-
de los países dentro de los rankings estándar de competitividad (Rouvinen,
rada, debería tenerse en cuenta
también alguna medida de la 2001; Vartia y Nikinmaa, 2004).
equidad en la distribución del Asimismo, en tanto dos de los tres indicadores evalúan la competitividad
ingreso como, por ejemplo, el como un sinónimo de “clima de inversión”, se debe definir qué se entiende
coeficiente de Gini.
por tal definición. En tal sentido, siguiendo a Khan (2005), el actual consen-
so de políticas sostiene que un buen clima de inversiones “se caracteriza por
requerimientos estándar de buen gobierno (governance) junto con la adecua-
da provisión de ciertos tipos de infraestructura”. El buen gobierno, a su vez,
se define en términos de estabilidad de los derechos de propiedad (medido,
entre otros factores, por el bajo riesgo de expropiación y los bajos niveles de
corrupción), la profundidad de la democracia y la responsabilidad pública (public
accountability). Las infraestructuras se refieren a distinto tipo de servicios que
el gobierno debe ofrecer para mejorar o “aceitar” el funcionamiento de las
empresas privadas, tales como electricidad, telefonía, autopistas, puertos,
Internet, etcétera.
La teoría de desarrollo subyacente al logro de un “buen clima de inversión”
sostiene que la estabilidad de los derechos de propiedad en un país induciría
a las empresas (locales o extranjeras) a invertir en grandes montos, asegu-
rando la eficiencia en la localización de los recursos de acuerdo con las seña-
les de precio de los mercados. Concomitantemente, un sistema “verdadera-
mente” democrático aseguraría que los gobiernos no podrían involucrarse en
actividades de expropiación, al tiempo que las infraestructuras de calidad per-
mitirían una mayor productividad y eficiencia en las actividades de producción
y circulación. De esta forma, se lograrían altos niveles de crecimiento econó-
mico y sustantiva reducción de la pobreza. La actuación del Estado, pues, se
limitaría a proteger los derechos de propiedad, sujeto al imperio de la ley (rule
of law), sin intervenir en los mercados y ofreciendo ciertos servicios, transfor-
mándose así en un “Estado de reparto de servicios” (service delivery state)
(Khan, 2002).
Más allá de los problemas metodológicos existentes a la hora de evaluar
Dentro de tales incon-
la relación entre “buen gobierno” y crecimiento de un país, los resultados
venientes se destacan i)
la alta subjetividad de los índices empíricos muestran la existencia de tres grupos de países, a saber: un pri-
que miden el “buen gobierno”, mer grupo compuesto por países en desarrollo de bajo crecimiento y una
ii) la insuficiencia de las series de pobre governance; una segunda agrupación de naciones industrializadas con
tiempo para la realización de tests
de causalidad, iii) la escasez de
buen ritmo de crecimiento promedio que se caracterizan por su “buen gobier-
países de alto crecimiento para no”; un tercer conjunto de países en desarrollo de crecimiento acelerado que
generar resultados econométri- les permite realizar un proceso de catching up con los países avanzados, pero
cos robustos y iv) la falta de ejem- que carece de las características de “buen gobierno”, particularmente en lo
plos históricos de países que pri-
mero mejoraron su governance que respecta a derechos de propiedad (Khan, 2005).
para luego comenzar a crecer Las observaciones empíricas reseñadas, por tanto, llevan a reflexionar
(Khan, 2005). sobre la relevancia de un “buen clima de inversión” y un “buen gobierno”, tal
134
Teorías del Comercio Internacional
como aquí se los ha definido, para lograr niveles de crecimiento acelerado y
procesos de catching up en los países no desarrollados. Peor aún, un buen
resultado obtenido por un país en estos rankings no asegura un buen desem-
peño económico en los años subsiguientes. En efecto, la experiencia a lo largo
de los años ha demostrado que un puesto alto dentro de los rankings de com-
petitividad no garantiza, en absoluto, buenos niveles de crecimiento econó-
mico a futuro (Vartia y Nikinmaa, 2004). Ejemplos de procesos
de este tipo son los expe-
En particular, parecería que el respeto por los derechos de propiedad, el rimentados por Japón, Suiza y
imperio de la ley, el respeto por las instituciones democráticas y los bajos nive- Alemania, quienes a principios
les de corrupción, si bien son deseables en sí mismos, por sí solos no cons- de la década de 1990 se encon-
tituyen una precondición para el crecimiento económico y la competitividad. traban en la cima de los rankings
de competitividad y que, a lo largo
Por tanto, deben ser dejados de lado a la hora de medir y evaluar los niveles de la década, mostraron niveles
de competitividad de los países, al menos de aquellos aún no desarrollados. muy bajos de crecimiento eco-
Por el contrario, la historia muestra que en las economías emergentes ha sido nómico. Por el contrario, países
como China, Irlanda y Rusia, quie-
mucho más importante para lograr niveles de crecimiento acelerado la rup-
nes a mediados de los noventa
tura de los derechos de propiedad establecidos y el ofrecimiento de incenti- se encontraban muy mal ubica-
vos económicos por fuera del funcionamiento de los mercados de modo de dos dentro de los rankings, resul-
asegurar rentas a determinados grupos particulares y de acelerar el ritmo de taron ser los países con mayo-
res tasas de crecimiento promedio
incorporación de tecnología, con el Estado participando como agente central durante los años subsiguientes
del proceso de reformas. (Vartia y Nikinmaa, 2004).
En términos más generales, los índices analizados se sostienen bajo el
supuesto de que existe un único modelo de capitalismo que debería funcio-
nar bien para el conjunto de los países (o el bien conocido one-size-fits-all).
En este sentido, estos indicadores no toman en cuenta la idiosincrasia, las
particularidades y las especificidades de los distintos países, las cuales han
llevado a demostrar que a lo largo del mundo existen diversos tipos de capi-
talismo (Amable et al., 1997; Amable, 2003).
4.2. El proceso de globalización y el papel de las
firmas multinacionales en el comercio
La aparición de las redes globales y regionales de producción y comercio lide-
radas por grandes compañías internacionales, hacia finales del siglo pasado,
ha modificado radicalmente el ritmo y las formas que asume el comercio inter-
nacional con respecto a lo que era habitual décadas atrás. Este apartado ana-
liza estos procesos.
4.2.1. Las tendencias a la globalización y regionalización de la
produción y el comercio
Una serie de profundos cambios en el escenario económico mundial comen-
zaron a manifestarse en las últimas décadas del siglo XX, más precisamen-
te, a partir de mediados de los años setenta. Entre los rasgos más destaca-
dos del nuevo escenario merecen señalarse los siguientes:
• Mayor integración financiera mundial.
• Incremento del comercio mundial y mayor complementariedad entre comer-
cio internacional e inversión extranjera directa (IED).
135
Universidad Virtual de Quilmes
• Importancia creciente de la innovación como factor de competitividad y lide-
razgo de los bienes intensivos en conocimiento y tecnología.
• Consolidación de las tendencias de las firmas multinacionales a organi-
zarse en redes globales y regionales para la producción y el comercio.
• A nivel microeconómico, difusión y adopción creciente en todo el mundo
de las técnicas de automatización flexible y producción “magra” (lean pro-
duction) de origen japonés.
Entre los diversos factores que ejercieron una influencia determinante en la
consolidación del nuevo escenario se destacan dos:
• La revolución tecnológica asociada al desarrollo de la microelectrónica y
la informática.
• El proceso de apertura y desregulación de los mercados.
En primera instancia, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la informa-
ción y el conocimiento (TIC) proporcionó a las actividades financieras los ins-
trumentos y los medios para operar a escala global con la eficiencia que requie-
ren este tipo de operaciones. Sin embargo, el extraordinario grado de
integración mundial alcanzado en este campo hubiera sido imposible sin los
profundos cambios en los marcos regulatorios nacionales que se fueron gene-
ralizando a partir de la década de 1980 y que orientan cada vez más a la eco-
nomía mundial hacia la virtual desaparición de las fronteras nacionales. El
fenómeno de la globalización (la operación a escala global de las actividades
económicas) comenzó, en efecto, en los sectores financieros de la mano de
los nuevos recursos informáticos y de la desregulación de los mercados de
capitales y la liberalización de las transferencias financieras, por parte de un
número cada vez mayor de países.
Procesos semejantes no tardaron en presentarse en las conductas y pre-
ferencias de los consumidores (globalización de la demanda), las que tien-
den a parecerse cada vez más, de la mano de las pautas publicitarias de difu-
sión mundial y de la mayor comunicación y proximidad virtual que permiten
recursos como Internet o la transmisión satelital de imágenes televisivas, aun
cuando persisten particularidades o especificidades locales que distinguen
a los mercados nacionales entre sí.
Del mismo modo, las actividades productivas de las firmas con presencia
en varios países comenzaron también a diseñarse sobre la base de criterios
globales (globalización de la producción). Esto se aprecia, por una parte, en
la división del trabajo entre los distintos componentes (filiales) de las compa-
ñías: el planeamiento estratégico de las firmas multinacionales se orientó cre-
cientemente a la identificación y explotación del mejor aporte posible que cada
componente pudiera hacer al resultado global de la compañía. El otro aspec-
to a destacar es la adopción de una función de producción más abierta que
en el pasado, procurando abastecerse de insumos, partes y componentes en
los mercados más convenientes en cada caso, a fin de reducir costos de pro-
ducción e incrementar la calidad de los productos.
Las redes que conforman las filiales de las empresas transnacionales (ET)
a lo largo del mundo les proporcionan la estructura internacional necesaria
para nutrirse de información estratégica sobre mercados de productos (ten-
dencias de la demanda, acciones de los competidores) y de insumos (opcio-
nes y alternativas), novedades científicas y tecnológicas, prácticas producti-
136
Teorías del Comercio Internacional
vas y organizacionales, etc. Las nuevas TIC hacen posible la transmisión, al
instante, de información entre los distintos componentes de las redes globa-
les y hasta el desarrollo conjunto de conocimientos entre dos miembros de
la compañía separados por miles de kilómetros. Sin embargo, tal como fuera
mencionado con respecto a la globalización financiera, la producción para el
mercado global y la selección a escala mundial de los proveedores de insu-
mos, partes y componentes, no serían posibles si no hubiera existido el pro-
fundo proceso de apertura comercial y desregulación de los mercados que
ha caracterizado la economía mundial en los últimos años.
Cierto es que desde sus orígenes el sistema capitalista mostró tenden-
cias a la internacionalización; también lo es que la existencia de firmas mul-
tinacionales es muy anterior a la aparición del proceso caracterizado con el
término “globalización”. En todo caso, de lo que se trata es de una nueva fase
del proceso de internacionalización de la economía mundial, en la cual un sis-
tema de redes privadas interconectadas producen mundialmente la mayor
parte de la riqueza y el valor.
Las características, propósitos y reglas del juego correspondientes a esas
redes de firmas con presencia en los más diversos mercados y países difie-
ren sustancialmente de las conductas seguidas por las ET en etapas anterio-
res. Hasta hace poco más de veinte años las filiales de ET existentes alrede-
dor del mundo tenían escasa vinculación entre sí y buscaban fundamentalmente
producir para la explotación de los mercados internos en donde se localiza-
ban, estrategia que las firmas adoptaban cuando la entendían más convenien-
te (o viable) que la exportación directa desde sus lugares de origen. La otra
motivación principal para la instalación off shore estaba en la posibilidad de
acceso preferencial a algún insumo estratégico destinado al abastecimiento
de la casa matriz.
Actualmente, las casas matrices actúan como organizadoras de las acti-
vidades productivas y comerciales de un conjunto de empresas fuertemente
interrelacionadas (redes de firmas), sobre la base de una lógica global que
busca la mayor eficiencia colectiva y la coherencia de las acciones de cada
integrante, para la explotación conjunta del mercado mundial y los espacios
regionales más importantes.
Dada la importancia creciente del acceso a información sobre mercados
y conocimientos tecnológicos en la búsqueda de adecuados niveles de com-
petitividad, los vínculos entre los integrantes de la red, favorecidos por el extra-
ordinario desarrollo de la informática, las comunicaciones y el transporte, asu-
men un valor estratégico crucial y proporcionan a los miembros una ventaja
sobre los demás competidores que puede ser decisiva, sobre todo si estos
carecen de posibilidades semejantes.
Los vínculos entre regionalización y globalización
Puede parecer contradictorio que en el marco de una creciente globalización
de las actividades económicas se presenten, simultáneamente, marcadas ten-
dencias a la consolidación de bloques regionales que, en ocasiones, parecen
sugerir la preferencia de sus integrantes por un camino de relativa autarquía
respecto de las corrientes internacionales de producción y comercio.
Mucho se escribió en los últimos años, acerca de si la Unión Europea esta-
ba llamada a convertirse en una fortaleza proteccionista, que adoptaría deci-
siones que la alejarían crecientemente de los vínculos con el resto del mundo
137
Universidad Virtual de Quilmes
para, en cambio, afianzar preferentemente las relaciones internas o intrarre-
gionales. Si bien lo último ha sido prioridad en los esfuerzos comunitarios,
no se han visto confirmados por la realidad los temores respecto de un pro-
gresivo aislamiento europeo, así como tampoco se han verificado tendencias
en este sentido en otros bloques regionales de consolidación relativamente
reciente como el NAFTA y el MERCOSUR.
Antes bien, podría decirse que, en cierto sentido, estos avances hacia la
regionalización han lubricado el tránsito de algunas zonas y actividades hacia
un funcionamiento menos “local” y “cerrado” y, por lo tanto, más acorde con
las prácticas y tendencias internacionales, particularmente, en lo relativo a
la adopción de funciones de producción más abiertas y a la eliminación de
trabas y restricciones al funcionamiento libre de los mercados de productos,
de servicios y de capitales.
La ampliación de los mercados domésticos al incorporar la dimensión regio-
nal ha pesado también fuertemente en una menor presencia de desecono-
mías de escala, las que muchas veces hacían poco rentable o decididamen-
te inviable el desarrollo de algunas actividades. La incorporación del sector
automotriz del Mercosur a la lógica global, por la vía de los planes que las
principales firmas internacionales lanzaron para la región a partir de la con-
solidación del bloque, es un ejemplo de lo dicho.
En general, y para cualquier actividad, se aprecia en las compañías inter-
nacionales una preferencia por el diseño de planes estratégicos específicos
para cada región. Esto obedece a que, pese a la creciente homogeneidad de
la demanda mundial, los mercados siguen presentando especificidades que
justifican tratamientos particulares, a la vez que es más fácil (otorga más pre-
cisión) desarrollar las actividades de marketing a escala regional. Como hemos
señalado antes, la dimensión ampliada de los mercados reduce las limitacio-
nes a estas prácticas por la eventual presencia de deseconomías de escala.
De cualquier modo, pese a la preferencia por el diseño de planes regiona-
les, estos responden invariablemente de manera ajustada al plan estratégi-
co global de la compañía, por lo que más que opciones diferentes al plan glo-
bal deben ser interpretados como la vía que la firma considera más adecuada
para la incorporación de las regiones a la lógica global.
4.2.2. Nuevas motivaciones para la IED
Hemos dicho en el apartado anterior que existen nuevas motivaciones para
la presencia de las ET en diversas plazas a lo largo y a lo ancho del mundo.
Anteriormente, las inversiones de las compañías internacionales parecían moti-
vadas por la búsqueda de beneficios extraordinarios a partir del aprovecha-
miento de situaciones favorables en los países huésped, ya sea en relación
con la explotación de los mercados locales o con el acceso a materias pri-
mas o insumos estratégicos. Hoy, en cambio, prevalece la búsqueda de eco-
nomías de integración y diversificación a partir de la división del trabajo entre
etapas de la producción y/o entre filiales de la misma compañía.
Motivaciones y estrategias de las ET
En un trabajo publicado en 1988, John Dunning procura establecer un marco
teórico explicativo de las razones por las cuales una firma decide instalar una
138
Teorías del Comercio Internacional
filial en un mercado externo a su país de origen, en vez de exportar a ese
mercado o de vender una licencia para que una empresa local lleve a cabo
las actividades productivas. Al respecto, distingue tres posibles tipos de ven-
tajas que intentan ser explotadas al tomar una decisión de esta naturaleza:
ventajas de propiedad, ventajas de localización y ventajas de internalización.
Las ventajas de propiedad están vinculadas a la posesión de determina-
dos activos por parte de la firma (capacidades, conocimientos adquiridos), que
le otorgan una ventaja sobre la competencia. El dominio de esos conocimien-
tos y capacidades implica una propiedad específica que las empresas del país
receptor no poseen y que le permiten a la firma internacional disponer de una
posición dominante en el mercado local, con la posibilidad de obtener bene-
ficios extraordinarios.
En el aprovechamiento de las ventajas de localización, se combinan acti-
vos de origen de la ET con factores del huésped, como pueden ser la dispo-
nibilidad de recursos naturales, bajos salarios, políticas generales y especí-
ficas favorables para el desarrollo de determinada actividades, etc. Al
respecto, el escenario macroeconómico, la disponibilidad de infraestructura,
las condiciones de financiamiento, el régimen laboral, los marcos regulatorios,
la dinámica de los mercados, etc., pueden ser determinantes para el aprove-
chamiento de estas ventajas.
La búsqueda de ventajas de internalización, se produce cuando la ET opta
por adquirir insumos, partes y componentes al interior de la compañía (otras
filiales) en vez de adquirirlos a terceros. En este caso, se privilegia la eficien-
cia de las jerarquías dentro de la ET por sobre los mecanismos de mercado,
con la intención de reducir los costos de transacción y apropiarse de rentas.
De acuerdo con Dunning, las motivaciones de las ET pueden respon-
der simultáneamente a más de uno de estos factores o a todos
simultáneamente, a raíz de lo cual su aporte es conocido como la “teoría
ecléctica de Dunning”.
En cuanto a las estrategias que animan la conducta de las ET, Finkman y
Montenegro proponen la siguiente clasificación.
Multipaís (stand alone)
La estrategia tradicional practicada por la mayoría de las ET es el estableci-
miento de filiales aisladas en diferentes países operando como firmas inde-
pendientes orientadas fundamentalmente a la explotación de los respectivos
mercados internos. Las relaciones con otras filiales son escasas o nulas y
el vínculo con la casa matriz está dado por cuestiones de propiedad y/o de
transferencia de tecnología, reflejando un débil grado de integración. El con-
texto bajo el cual se da este tipo de estrategia implica costos de transporte
considerables, un país receptivo o de fácil acceso para la IED y elevado pro-
teccionismo. En este caso, los motivos por los cuales la ET decide instalar-
se se centran en las ventajas de propiedad.
Integración simple (outsourcing)
Se presenta cuando una firma decide llevar a cabo alguna/s etapa/s del pro-
ceso productivo fuera de su país con la intención de aprovechar determina-
139
Universidad Virtual de Quilmes
das ventajas de localización que ofrece el país huésped. Los vínculos con la
casa matriz implican cuestiones de propiedad, transferencia de tecnología, mer-
cados, finanzas, otros insumos. Las posibilidades de esta estrategia depen-
den de la existencia de un régimen de comercio e IED favorable.
Integración compleja (networks regionales)
Las ventajas de internalización tienen, en este caso, fuerte incidencia. A dife-
rencia de las formas anteriores, en que la matriz difícilmente transfería o des-
centralizaba actividades hacia las filiales, en este caso las transferencias de
la matriz a las filiales pueden llegar a abarcar todas o muchas de las activi-
dades involucradas (finanzas, planificación, management, marketing, I+D).
Asimismo, ciertas etapas o eslabones de la producción son distribuidos entre
diversas filiales de la compañía dando lugar a una aceitada división del tra-
bajo entre las mismas, o bien ser cubiertas por otras firmas vinculadas, por
lo que implica el establecimiento de lazos multidireccionales, fuertes flujos
de información entre filiales y entre éstas y la matriz (relación intrafirma ) o
con otras ET (relación interfirma ). Es esta combinación entre estructuras intra
e interfirma la que da lugar al network o red.
Citando otro trabajo de Dunning (1994), Chudnovsky y López (1997) pre-
sentan cuatro tipos de estrategias principales para la IED:
Resource seeking
Hace referencia a la búsqueda de recursos (naturales o humanos) disponi-
bles en el país huésped y que constituyen ventajas de localización. Las acti-
vidades que resultan de inversiones de este tipo tienen por destino habitual
la exportación.
Market seeking
Son las inversiones destinadas a explotar el mercado interno del país hués-
ped (o el ampliado vía acuerdos regionales). Este tipo de IED está fuertemen-
te asociado a la existencia de barreras físicas y/o altos costos de transpor-
te, así como al tamaño y dinámica del mercado local y a las políticas de
industrialización en los países receptores.
Efficiency seeking
Es un tipo de IED que procura maximizar la eficiencia global de la corpora-
ción, mediante la integración de las distintas filiales en un esfuerzo de com-
plementación comercial y productiva, racionalizando la explotación de econo-
mías de especialización y de ámbito a partir de la división del trabajo entre
las filiales.
Strategic asset seeking
La IED busca adquirir activos (conocimientos y capacidades) que la ET con-
sidera estratégicos para sostener y aumentar sus niveles de competitividad:
capacidades de innovación, estructuras organizacionales, acceso a canales
de distribución, información sobre preferencias de los consumidores y tenden-
cias de la demanda.
140
Teorías del Comercio Internacional
Las alianzas estratégicas
Un fenómeno de manifestación relativamente reciente y que ha venido acom-
pañando los procesos antes presentados, es el de la formación de alianzas
estratégicas entre firmas competidoras para desarrollar proyectos conjuntos.
A diferencia de otras formas de cooperación, como los joint venture, en que
las firmas comparten los riesgos y los resultados de los proyectos de mane-
ra total, las alianzas estratégicas implican la cooperación en la búsqueda de
nuevos conocimientos (I+D, por ejemplo), de soluciones técnicas a problemas
determinados o en la aplicación de un nuevo conocimiento con miras a la intro-
ducción de una innovación, pese a lo cual los aliados no dejarán de compe-
tir tenazmente en los mercados, donde cada cual aplicará de la mejor mane-
ra que encuentre los resultados obtenidos en el esfuerzo conjunto.
El principal propósito perseguido por estas formas asociativas es, esen-
cialmente, el de abaratar los costos de acceso y uso de una nueva tecnolo-
gía, aunque también implica la posibilidad de elevar las barreras a la entra-
da para los restantes jugadores.
Entre las causas que están llevando a las firmas a adoptar estas prácti-
cas se destacan el constante acortamiento del ciclo de vida del produc-
to y la cada vez más rápida obsolescencia de las técnicas de producción,
lo que lleva a la necesidad de introducir constantes innovaciones de pro-
ducto y de proceso, con los consecuentes incrementos en los costos fijos
y en los factores de riesgo.
En efecto, las actividades de innovación son cada vez más complejas, largas
y costosas, a la vez que ineludibles, en la medida en que es creciente el peso
del conocimiento como factor de competitividad. Consecuentemente, los cos-
tos fijos se ven abultados por las actividades de I+D, diseño, ingeniería, publi-
cidad, marketing, administración y comercialización.
Adicionalmente, los resultados de los esfuerzos de innovación son siem-
pre inciertos y el riesgo aumenta cuanto mayor es la presión competitiva y la
posibilidad de que otras firmas logren mejores fórmulas o las desarrollen pri-
mero. Los constantes cambios en la demanda y la segmentación creciente
de la misma ejercen también influencia en un aumento de la incertidumbre
que rodea a las actividades económicas.
En este sentido, compartir los riesgos y los costos fijos involucrados en
actividades de investigación y desarrollo, por ejemplo, manteniendo la inde-
pendencia y la competencia en los mercados, es vista por muchas de las fir-
mas más importantes como una solución adecuada.
4.2.3. El nuevo papel de las firmas multinacionales en el
comercio internacional y el dilema de los PED ante la
globalización
Del mismo modo que ha aumentado el interés de las firmas más importan-
tes por extender su presencia a un mayor número de países, también ha cre-
141
Universidad Virtual de Quilmes
cido notablemente, desde fines de la década de 1980, la receptividad de las
economías con menor grado de desarrollo (PED) a la localización de empre-
sas internacionales.
Es palpable el interés creciente en los PED por lograr nuevas radicaciones
de compañías internacionales o por impulsar la ampliación de los proyectos
en curso. Este interés no se relaciona simplemente con el propósito de com-
pensar la escasez de ahorro doméstico –una de las carencias estructurales
de los PED– mediante los flujos de inversión extranjera directa (IED), sino tam-
bién con la expectativa de que la economía en su conjunto se beneficie por
el eventual derrame de conocimientos tecnológicos que pudiera derivarse de
las actividades de las firmas internacionales. En efecto, las empresas inter-
nacionales que anteriormente destacaban filiales en otros países para que
operaran como abastecedoras de sus casas matrices o bien como proveedo-
res del mercado local, se han convertido en orquestadoras de la producción
y las transacciones de grupos o redes de filiales transnacionales que contro-
lan crecientes porciones de la producción y el comercio mundial.
De este modo, en la medida en que crece la importancia de estas redes
globales y regionales, las ET asumen un papel cada vez más definido como
coordinadoras directas de la actividad económica en el mundo y determinan-
tes de la división internacional del trabajo. En este sentido, es cada vez mayor
su incidencia en los movimientos internacionales de bienes y servicios, fac-
tores productivos, métodos de organización, conocimientos especializados, tec-
nologías y capacidad gerencial.
Asimismo, es digna de destacar la relación dialéctica que se ha estable-
cido entre las ET y el cambio tecnológico, ya que las empresas integrantes
de las redes globales y regionales aparecen como las protagonistas principa-
les en la búsqueda e introducción de novedades tecnológicas permanentes
y, a la vez, como fuertemente influenciadas y determinadas por las modifica-
ciones que constantemente aparecen tanto en procesos como en productos,
así como en la organización de la producción.
De la mano de las transformaciones reseñadas, las ET se han convertido
en vehículos de transmisión del cambio tecnológico y en vehículos de forma-
ción de recursos humanos, con lo cual los PED dependen cada vez más de la
IED para acceder a las mejores prácticas productivas y organizacionales.
Asimismo, es también una fuerte motivación para que los PED procuren atraer
flujos crecientes de IED, la de lograr una mayor inserción en las corrientes mun-
diales de comercio a partir de la presencia local de firmas integrantes de las
redes globales y regionales que lideran la producción y el comercio mundial.
DURÁN LIMA, J. Y VENTURA-DIAS, V. (2003), Comercio Intrafirma:
Conceptos, Alcance y Magnitud. Documento Serie Comercio
Internacional, N° 44, CEPAL, Santiago de Chile.
La creciente importancia del comercio intrafirma
De acuerdo con Durán Lima y Ventura-Dias (2003) los países han dejado de ser los prin-
cipales actores de la economía internacional y han sido reemplazados como unidad de obser-
vación por otros actores, principalmente las grandes empresas transnacionales (ETN) que
controlan 2/3 de la producción internacional de bienes. Este cambio viene de la mano del
creciente predominio del comercio intraindustrial en el intercambio de bienes manufactu-
142
Teorías del Comercio Internacional
rados y, dentro de éste, del comercio intrafirma, entendiendo por tal al comercio que se rea-
liza al interior de empresas que están bajo la misma estructura organizacional y de propie-
dad del capital, es decir, entre matrices y filiales o subsidiarias, o entre las filiales/
[Link] del comercio intrafirma es también comercio intraindustrial; sin embar-
go, las empresas vinculadas que comercian entre sí no siempre operan en el mismo segmen-
to de una rama industrial.
El comercio generado entre la empresa matriz y sus subsidiarias responde a
consideraciones estratégicas internas a la empresa que se organiza globalmente para
maximizar beneficios y puede adoptar dos formas:
• Vertical (intersectorial): el comercio de partes y componentes a lo largo de la cadena de
producción y comercialización de un bien o servicio.
• Horizontal (intraindustrial): el comercio entre empresas que desarrollan sus actividades
en distintas ramas industriales, con productos diferentes como el caso de los modernos
conglomerados industriales.
¿Incorporación o marginación?
Ya hemos destacado la importancia creciente de la innovación en el desem-
peño de las firmas en los mercados. Al mismo tiempo, existe creciente con-
senso en destacar que la innovación es un proceso social e interactivo (López
y Lugones, 1998). Esto implica subrayar la importancia de establecer cana-
les de comunicación confiables y duraderos tanto al interior de la firma como
con agentes externos (proveedores, clientes, competidores, universidades, ins-
titutos de investigación, etc.). Asimismo, la difusión de innovaciones entre los
agentes económicos y la retroalimentación a que ello da lugar, hacen posible
mejorar la innovación original e incrementar el número de usuarios potencia-
les. Desde este punto de vista puede decirse que el aislamiento conspira cla-
ramente en contra del desarrollo competitivo de las firmas, sobre todo en lo
relativo a innovación y organización del proceso productivo.
Por ello, tiene gran importancia estratégica el tipo de redes en que está inser-
ta la firma, la naturaleza de sus intercambios con el medio, las normas que
rigen las interrelaciones entre agentes formalmente independientes, etc. Las
relaciones, vínculos y complementariedades que una firma establece con otros
agentes pueden tomar distintas formas (vínculos usuario-productor, clusters,
distritos industriales, relaciones de subcontratación, alianzas tecnológicas
estratégicas, etc.), y sus objetivos pueden ser diversos: obtención e intercam-
bio de información tecnológica y sobre mercados, realización de esfuerzos aso-
ciativos de innovación, aprovechamiento conjunto de oportunidades de mer-
cado, entre otros.
En este sentido, son tan importantes las vinculaciones con proveedores,
subcontratistas e instituciones tecnológicas que permiten recibir –y transmi-
tir– información, experiencia y tecnología, como los conocimientos sobre las
necesidades de los usuarios, una de las principales vías a través de las cua-
les se produce el cambio tecnológico. La relación usuario-productor depende
de la existencia de un flujo continuo de información –cuantitativa y cualitati-
va– entre ambas partes, así como de la presencia de lazos de cooperación
y confianza mutua.
La rápida transformación de la economía mundial hacia las “sociedades
basadas en el conocimiento” acrecienta la importancia de las vinculaciones y
eslabonamientos tecnológicos interfirma, y hace depender cada vez más a los
143
Universidad Virtual de Quilmes
distintos agentes de su inserción en redes más amplias de generación y difu-
sión del conocimiento y las innovaciones para su supervivencia y desarrollo.
Por lo mismo, en los PED, el eventual debilitamiento del tejido industrial y
la ruptura de los encadenamientos por la desaparición o mortandad de empre-
sas implican limitaciones que afectan principalmente las posibilidades de incur-
sionar en el terreno de la innovación, lo que a su vez reduce las opciones dis-
ponibles en el campo de la especialización y la diferenciación de productos,
que es el camino estratégico más recomendable para los productores regio-
nales de manufacturas.
Sin embargo, estas limitaciones se manifiestan de muy diferente manera
según el tipo de firma. Las empresas de mayor envergadura y, en particular
las filiales de ET, están en mejores posibilidades de superar estas debilida-
des o deficiencias de los mercados domésticos a través de su integración en
las redes globales y/o regionales de producción y comercio. La incorporación
a dichas redes les permite a estas firmas suplir carencias del medio local,
procurar en el exterior servicios, productos y conocimientos, acceder a infor-
mación precisa y actualizada sobre mercados y cambios tecnológicos, ade-
más de la posibilidad de apoyarse en una estructura administrativa, geren-
cial y de comercialización de conformación global.
Esta tendencia (que responde a una incuestionable lógica económica) impli-
ca un doble proceso de exclusión. Por un lado, solo una parte del aparato pro-
ductivo logra acceder a las redes internacionales; el resto, por su falta de acce-
so a estas redes, queda en una posición desventajosa para competir. Por otro
lado, los proveedores de bienes y servicios reemplazados por oferta impor-
tada ven sus mercados restringidos y sus vinculaciones recortadas, con lo cual
se estrechan las posibilidades de que superen sus limitaciones.
En otras palabras, los excluidos de este proceso se van encontrando cada
vez más lejos de los parámetros internacionales de eficiencia, calidad y costos,
lo que ocasiona una alta tasa de mortandad empresarial (con implicaciones en
los niveles de empleo), empuja hacia abajo los índices de productividad prome-
dio (con sus consecuencias en el ingreso) y debilita la trama de encadenamien-
tos y complementariedades, reforzando circularmente el problema.
A nivel micro, la principal exclusión que padecen las firmas que no logran
incorporarse a las redes globales de producción y comercio es la que se expre-
sa en menores posibilidades de acceder a las corrientes más dinámicas de
intercambio de información, experiencias, conocimientos y habilidades. Este
intercambio es vital para los avances técnicos, la adquisición de dominio tec-
nológico y el desarrollo de nuevas capacidades organizativas y productivas.
Las empresas excluidas quedan relegadas a actuar en ámbitos donde los estí-
mulos generados por los vínculos y relaciones con proveedores y clientes y
las posibilidades de apropiarse de externalidades son radicalmente inferio-
res, lo que las aleja cada vez más de los circuitos dinámicos.
A los PED se les presenta, entonces, un dilema de difícil resolución. De
no lograrse una creciente inserción internacional –para lo cual es cru-
cial lograr sostener e incrementar la presencia local de las principales com-
pañías internacionales organizadas en redes globales y regionales–, los ries-
gos de quedar excluidos de las corrientes más dinámicas del comercio y
de las fuentes de información y conocimientos estratégicos son enormes,
y el precio a pagar es una muy baja posibilidad de reducir la brechas que
144
Teorías del Comercio Internacional
en materia de tecnología, productividad y niveles de bienestar, separan
a estos países del “primer mundo”. Sin embargo, la presencia local de las
ET globalizadas desplazando productores domésticos, implica serios ries-
gos de destrucción de los tejidos locales y de los vínculos y encadenamien-
tos esenciales para la captación de externalidades.
En otras palabras, las firmas que logran incorporarse a las redes globales a
partir de sus vínculos con empresas internacionales consiguen, de este modo,
resolver las fallas de mercado que caracterizan a las economías menos desa-
rrolladas ya que se benefician de la explotación de mercados más amplios
(economías de escala) y del flujo de conocimientos e información que com-
parten los integrantes de la red (externalidades), mientras que se agrava el
panorama para el resto de las firmas locales para las cuales se agudizarán
las fallas de mercado por la reducción de las escalas y el debilitamiento de
los tejidos domésticos.
El gran desafío entonces, para los gobiernos de los países menos desar-
rollados, es resolver cómo potenciar la contribución de las ET al desar-
rollo de la capacidad productiva nacional y a la creación de empleos más
calificados, y aprovechar los spillovers que estas actividades pueden traer
asociados, sin perder de vista la importancia de contribuir al sosten-
imiento y desarrollo de las redes y sistemas locales.
En este sentido, el impulso al desarrollo de instituciones con competencias
en campos como la I+D, asistencia tecnológica, management, comercializa-
ción, difusión de información técnica y sobre mercados, puede cumplir un papel
estratégico.
1.
a. Explique qué significa la siguiente frase:
Cuando una firma industrial lleva a cabo modificaciones tendien-
tes a la diferenciación de productos pone en juego factores endóge-
nos que permiten adquirir ventajas “genuinas” de competitividad “no
precio”.
b. ¿Cuál es la diferencia entre factores endógenos y factores exógenos
de competitividad?
c. ¿Por qué causas los indicadores de competitividad revelada no nos
dicen nada acerca de las causas o factores que explican el desempe-
ño de las firmas en el mercado?
2.
Discuta las siguientes afirmaciones:
a. En la actualidad, la mejor forma de competir en los mercados inter-
nacionales es asegurar bajos costos de producción para las empresas
que operan en el país. Esto llevará a mejorar los niveles de crecimien-
to futuros y a un reparto más equitativo de la riqueza.
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Universidad Virtual de Quilmes
b. La única forma posible de analizar la competitividad internacional
de un país es a través de la porción del mercado mundial que éste
detenta.
c. En la actualidad, el análisis de los factores de la competitividad no-
costo es más relevante que los de la competitividad costo.
d. Las ganancias de competitividad “genuinas”, “auténticas” o “por lo alto”
se relacionan, siempre, con el cambio técnico u organizacional.
3.
Responda las siguientes preguntas:
a. ¿Por qué causas el proceso de globalización provoca una mayor com-
plementariedad entre IED y comercio internacional?
b. ¿Por qué se dice que actualmente (en el marco del proceso de glo-
balización) las ET cumplen el papel de coordinadoras directas de la
actividad económica en el mundo y determinantes de la división
internacional del trabajo?
c. ¿Por qué causas se ha hecho cada vez más frecuente en los últimos
tiempos que las grandes compañías internacionales celebren alian-
zas estratégicas entre sí?
CHUDNOVSKY, D. Y LÓPEZ, A., (2001), La transnacionalización de
la Economía Argentina, Eudeba/Cenit, Buenos Aires, Capítulo 1.
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