La casa a oscuras
Lucas entró a su nueva casa después del colegio, descargó el morral y se
dirigió a la cocina. Allí se encontró con una joven.
—Hola, debes ser Lucas, me llamo María.
Entonces, María se dirigió a la nevera y le preguntó si deseaba algo de beber.
Lucas asintió con la cabeza y se sentó a la mesa con un libro ya que debía
presentar un informe para la clase de lectura. María se acercó a él
extendiéndole un vaso de agua:
—¿Qué lees? —preguntó.
—“La casa a oscuras”—respondió Lucas, sin interés de continuar la
conversación con la nueva empleada doméstica. Había algo en ella que lo
hacía sentir muy incómodo.
—También tuve que leer ese libro en el colegio—respondió María—, pero no
me agradan las historias de fantasmas. Espero que tú tampoco creas en ellos.
Me imagino que ya conoces todos los rumores acerca de esta casa.
—Sí, conozco los rumores de que esta casa está habitada por fantasmas. Pero
a diferencia de mi papá, a mí me tienen sin cuidado. No creo en lo
sobrenatural —contestó Lucas de manera tajante, haciendo aún más evidente
su desinterés por continuar la conversación y añadió—: Este lugar está hecho
un desastre, ¿puedes por favor guardar las cosas de los antiguos dueños y
desempacar nuestras cajas?
Entonces, María se dirigió hacia la sala y comenzó a desempacar. Lucas
continuó leyendo, terminó el informe y se marchó a su habitación a tomar la
siesta. Entredormido, escuchó a María despedirse desde la puerta.
Acercándose la noche, el padre de Lucas llegó a casa después del trabajo.
Ambos comenzaron a conversar.
—Hijo, creo que nunca voy a acostumbrarme a este lugar. Los rumores de que
aquí habitan fantasmas me tienen muy preocupado —dijo el padre.
—¡Nada de eso! Papá, eres el único en esta casa que cree en esas cosas. Yo no
creo en fantasmas y hasta María, la nueva empleada doméstica, tampoco cree
en ellos.
El padre se llevó la mano a la boca y dijo consternado:
—Hijo, empaca tus cosas de inmediato, ¡debemos irnos!
—Pero ¿por qué papá? —preguntó Lucas sorprendido por la extraña reacción
de su padre.
—Porque no contraté a ninguna empleada doméstica.
MAPA DE AMERICA CON SUS CAPITALES
Océano
Océano
Pacifico
Atlántic
o
LA AMISTAD
Se denomina amistad a un tipo de relación afectiva
entre dos personas, en la cual interviene un cierto
grado de camaradería, confianza y cordialidad, muy
semejante al amor, pero desprovisto de las
connotaciones románticas.
EL RESPETO
El respeto es un valor que consiste en la
consideración hacia otras personas, ideas o
instituciones. Se manifiesta en distintas actitudes o
conductas que son importantes para la convivencia
en armonía, tales como seguir ciertas reglas o aceptar
distintos puntos de vista. Respetar es también tener
en cuenta lo que otros piensan o quieren. En
resumen, el respeto consiste en ponerse en el lugar de
otra persona y tratarla como a uno le gustaría ser
tratado.
LA HUMILDAD
La humildad es una cualidad que implica el
desapego a lo material y la ayuda al prójimo.
Por esa razón, es una de las cualidades más
valiosas que puede tener una persona, y una
virtud muy importante a la hora de vivir en
sociedad.
MAPA DE CENTROAMÉRICA
El extraño caso del ladrón de abrazos
“Había una vez un ladrón tan extraño que lo único que quería
era un abrazo. Por eso le llamaban el ladrón de abrazos. Pero
como robar abrazos no es delito, este curioso ladrón seguía
haciendo de las suyas.
El ladrón de abrazos salía a la calle todos los días, dispuesto a
meterse en medio de cualquiera pareja de personas que
estuvieran abrazándose. Pero resultaba tan molesto que la gente
procuraba no tocarse en público, por si acaso.
Esto no gustaba al ladrón de abrazos, así que tenía que buscar
una solución. Lo que hacía el ladrón de abrazos cuando no
conseguía meterse en ninguno era atracar un establecimiento
lleno de gente. Le daba igual que fuera un banco, un
supermercado o un hospital.
El ladrón de abrazos entraba en el sitio elegido con un porra y
decía:
-¡Esto es un atraco! ¡Abran sus brazos si no quieren llevarse un buen porrazo!
Y la gente abría los brazos. Y el ladrón de abrazos iba uno por uno buscando
un achuchón hasta que oída las sirenas y salía corriendo, feliz y contento de
haber encontrado tantos abrazos en un ratito.
Un día el jefe de policía decidió que ya era hora de parar esa ola de atracos
absurdos. Pero no podía detener al ladrón de abrazos, así que pensó en un
solución.
El jefe de policía reunió a un grupo de voluntarios y les contó su plan. A todos
los pareció bien y pasaron a la acción.
El jefe de policía colocó un puesto en la calle con un enorme cartel que decía:
‘Abrazos Gratis’. Un voluntario se ponía a dar abrazos a otros muchos
voluntarios para llamar la atención del ladrón de abrazos.
Cuando el ladrón de abrazos vio a aquello fue corriendo, feliz de poder
abrazar a alguien sin molestar.
-Si quieres puedes sustituirme cuando quieras -le dijo el voluntario que le dio
el abrazo. -¡Sí, sí, por favor!
Y así fue como el ladrón de abrazos dejó molestar a la gente de la ciudad que,
agradecida, pasaba por el puesto de abrazos gratis para que el ladrón estuviera
entretenido y feliz".
Moraleja
Aunque un abrazo sea un acto de afecto, no es correcto hacerlo a personas
desconocidas que quizás no lo quieren. A veces lo mejor es preguntar y
asegurarse de que ese acto de amor será bien recibido.