Tema 10: La Restauración
Borbónica (1875 – 1902)
1. Las claves del nuevo sistema político.
En 1874, el futuro rey Alfonso XII hizo público, el Manifiesto de Sandhurst, en el que se ponía a
disposición de los españoles. El pronunciamiento de Sagunto, dirigido por el genera Martínez
Campos el 29 de diciembre de 1874, aceleró la proclamación de Alfonso XII como nuevo rey.
Un nuevo régimen político.
La restauración de la monarquía fue promovida por políticos conservadores, hombres de negocios y
militares de alta graduación que compartían unos mismos intereses y una misma concepción del
Estado: la defensa del orden social y de la propiedad, y la confianza en la monarquía como garantía
de estabilidad. El nuevo régimen político fue diseñado por el conservador Cánovas del Castillo con
el objetivo de superar los problemas de la monarquía de Isabel II, no se trataba de un sistema
democrático, no reconocía el sufragio universal masculino. Esta nueva etapa debía fundamentarse
en una Constitución moderada como marco jurídico del sistema y en la creación de un sistema
bipartidista en el que dos partidos, conservadores y liberales, se alterasen pacíficamente en el poder
(turno dinástico).
La Constitución de 1876.
La Constitución de 1876 favoreció la estabilidad política. Aunque tenía un claro carácter
conservador, se redactó con cierta flexibilidad con el objetivo de que gobernaran los dos partidos
del turno de manera estable, como había sucedido anteriormente. Los principales elementos de la
Constitución de 1876 eran:
• Una amplia declaración de derechos y libertades individuales. Los gobiernos conservadores lo
aplicaron de un modo más restrictivo, y los liberales, en un sentido más amplio y permisivo.
• Un enfoque conservador de la división de poderes basado en la soberanía compartida entre las
Cortes y el rey. El rey ocupaba un papel moderador por encima de los partidos políticos. Ejercía
la jefatura del ejército, elegía libremente al jefe de Gobierno y no era responsable ante las
Cortes. La función legislativa recaía en unas Cortes bicamerales, con un Senado, formado por
miembros en función de su cargo o designados por el rey, y un Congreso de los Diputados,
elegido por sufragio directo.
• El tipo se sufragio quedaba a decisión del gobierno La Ley Electoral de 1878, tramitada por los
conservadores, estableció el voto censitario, limitado a los mayores contribuyentes. El sufragio
universal masculino se aprobó en 1890, bajo un gobierno liberal.
• El reconocimiento del catolicismo como religión oficial del Estado, que asignaba a la Iglesia el
control de la educación.
• El carácter centralista del sistema.
El final de los conflictos bélicos.
La estabilidad del régimen se vio favorecida por el fin de las guerras carlistas y cubana. La
intervención del ejército en 1875 forzó la rendición de los carlistas. La consecuencia inmediata de la
derrota carlista fue la abolición definitiva del régimen foral. Los territorios vascos quedaron sujetos
al pago de los impuestos y al servicio militar, comunes a todo el Estado. En 1878 se estipuló un
sistema de conciertos económicos que otorgaba un cierto grado de autonomía fiscal a las Provincias
Vascas. El final de la guerra carlista permitió acabar más fácilmente con la insurrección cubana
(Guerra de los Diez Años, 1868-1878). como resultado de la actuación militar y de la negociación,
en 1878 se firmó la Paz de Zanjón. En ella se incluía una amplia amnistía, la abolición de la
esclavitud y la promesa de reformas políticas y administrativas. El retraso o incumplimiento de
estas reformas provocó el inicio de un nuevo conflicto en 1879 (Guerra Chiquita) y la posterior
insurrección de 1895.
2. El bipartidismo y el turno pacífico.
Un sistema bipartidista.
Cánovas concibió un sistema bipartidista en el que dos partidos se turnasen en el gobierno sin tener
que recurrir al apoyo del ejército. Los dos grupos dominantes, conocidos también como partidos
dinásticos o partidos del turno, fueron:
• El Partido Liberal-Conservador. Fue creado y liderado por Cánovas del Castillo y su sustituía al
antiguo Partido Moderado.
• El Partido Liberal-Fusionista. Fue fundado en 1880 por Práxedes Mateo Sagasta y tenía un
programa más progresista, que incluía algunos ideales del Sexenio Democrático, pero adaptados
a los límites del sistema diseñado por Cánovas.
Se trataba de partidos de notables, de líderes políticos con sus respectivas clientelas, coincidían
ideológicamente en lo fundamental; la defensa de la monarquía, de la Constitución y de la
propiedad privada, la consolidación de un Estado unitario y centralista.
El funcionamiento del turno dinástico.
La alteración regular en el poder entre los partidos del turno quedaba garantizada por una peculiar
manera de formación del gobierno. Cuando un gobierno experimentaba el desgaste de su gestión, se
sugería al rey el nombramiento de un nuevo gobierno. El nuevo presidente del Gobierno era
siempre el líder de la oposición y recibía la convocatoria de nuevas elecciones, con el objetivo de
conseguir el número de diputados suficiente que le permitiese gobernar.
El desarrollo del turno de partidos.
La primera etapa de gobierno conservador se extendió desde 1875 hasta 1788, cuando Sagasta
formó un primer gobierno liberal que introdujo el sufragio universal masculino. El temor a una
desestabilización del sistema político, tras la muerte del rey Alfonso XII, impulsó un acuerdo, el
llamado Pacto de El Pardo, su finalidad era dar apoyo a la regencia de María Cristina de Habsburgo
y garantizar la continuidad de la monarquía y la alteración en el poder antes las fuertes presiones de
carlistas y republicanos.
Una nueva etapa de gobierno liberal, supuso un importante avance en el terreno de las libertades
individuales; se reguló y amplió la libertad de prensa, de expresión y de asociación. Una nueva Ley
de Asociaciones, permitió la entrada en el juego político a las fuerzas opositoras, y una Ley del
Jurado estableció la celebración de juicios por jurados. También se abolió la esclavitud, se redactó
un nuevo Código Civil y se aprobó el sufragio universal masculino.
En la última década del siglo, los conservadores volvieron al poder, Cánovas asumió de nuevo la
presidencia del gobierno hasta 1897, fecha de su asesinato.
3 ¿Era democrático el sistema de la Restauración?
El régimen de la Restauración se apoyaba en un sistema electoral caracterizado por el caciquismo,
la corrupción electoral y la abstención generalizada. El caciquismo se fundamentaba en la influencia
sobre la sociedad de determinadas personas que, valiéndose de su poder y autoridad, influían en el
comportamiento de los electores. El proceso de preparación de las elecciones comenzaba con el
encasillado. Se recurría sistemáticamente al fraude electoral, un conjunto de trampas que
adulteraban los resultados electorales y que se conoce como pucherazo. De este modo, se
manipulaban el censo y las actas electorales, se compraban votos, se incluían votos falsos en las
urnas y se amenazaba al electorado con coacciones de todo tipo.
4. Las fuerzas políticas marginadas del sistema.
La Restauración marginó de la actividad política a amplios sectores de la sociedad española: las
clases populares urbanas, las campesinos, los obreros industriales e incluso una parte de la clase
media. Ello dio lugar a una creciente oposición política a la que los mecanismos de funcionamiento
del turno impidieron obtener un número suficiente de diputados para formar gobierno o construir
una minoría parlamentaria influyente.
El republicanismo.
El republicanismo sufrió la represión de los primeros años de la Restauración y tuvo que hacer
frente al desencanto de parte de sus seguidores. A pesar de sus divisiones internas, compartían
cuatro puntos básicos: la república como forma de Estado, las reformas para favorecer a los grupos
sociales más necesitados, la fe en el progreso científico y educativo y la defensa de la laicidad. La
tendencia más moderada era el Partido Republicano Posibilista, dirigido por Emilio Castelar, que
terminó por integrarse en el Partido Liberal de Sagasta. El Partido Republicano Progresista, liderado
por Ruiz Zorrilla, era el único que confiaba en una insurrección del ejercito para llegar al poder. De
una escisión del anterior nació el Partido Republicano Centralista, cuyo lider era Nicolás Salmerón.
El grupo republicano más numeroso y con una mayor implantación era el Partido Republicano
Democrático Federal, liderado por Francisco Pi y Margall, que defendía la proclamación de la
república como resultado de una revuelta popular.
Durante los primeros años de la Restauración, el republicanismo se caracterizó por su retramiento
electoral y por los intentos insurreccionales. En los años siguientes abandonaron la vía conspirativa,
formaron coaliciones para obtener algunos diputados en las Cortes y crearon una importante red de
casinos, ateneos, periódicos, tertulias …, para introducirse en la sociedad civil. El establecimiento
del sufragio universal masculino en 1890 facilitó la elaboración de candidaturas republicanas
conjuntas, como la Unión Republicana, que en las elecciones consiguió algunos pequeños éxitos
electorales en las grandes ciudades. Las divisiones internas y el sistemático fraude electoral hicieron
que el número de diputados republicanos en el Congreso fuera siempre muy reducido a lo largo de
todo el periodo. Los dos movimientos más característicos de este nuevo republicanismo, implantado
sobre todo en las ciudades, fueron el lerrouxismo, en Cataluña, y el blasquismo, en Valencia.
El carlismo.
El carlismo que había sido derrotado nuevamente en 1876, tardó en reorganizarse y participó apenas
en las elecciones anteriores a 1890. tuvo cierta fuerza en las provincias forales, además, la aparición
de los nacionalismos vasco y catalán redujo aún más las bases sociales del carlismo. La alianza
entre la Iglesia y el régimen de la Restauración dejó al carlismo sin una parte de sus argumentos
políticos y apoyados tradicionales. Buena parte del clero se fue alejando del carlismo y apostó por
la integración de los católicos en el sistema canovista, como demuestra la incorporación del grupo
Unión Católica, dirigido por Alejandro Pidal, en el Partido Conservador. Vázquez de Mella lideró
un intento de modernización de la ideología carlista, que quedó reflejada en el Acta de Loredan. Su
propuesta mantenía su carácter católico y tradicionalista, así como el compromiso con la
recuperación de los fueros, pero aceptaba el nuevo orden liberal-capitalista. En el otro extremo, el
carlismo sufrió la escisión del sector integrista liderado por Ramón Nocedal.
La expansión del PSOE.
Durante los primeros años de la Restauración, el movimiento obrero sufrió un retroceso como
consecuencia de la ilegalización de la Internacional y de sus asociaciones, del establecimiento de
una rígida censura y de las fuertes medidas represivas. Este nuevo contexto de libertad política
favoreció las actividades del PSOE, liderado por Pablo Iglesias y que era partidario de participar en
la actividad política. En 1883, el gobierno liberal creó la Comisión de Reformas Sociales para
estudiar las condiciones de vida de la clase obrera. El PSOE presentó un informe en el que se
denunciaban los horarios prolongados, los trabajos de mujeres y niños y los bajos salarios obreros.
En 1886 comenzó la publicación de El Socialista, el órgano de expresión oficial del partido.
Durante décadas fue el vínculo de unión y relaciones entre las agrupaciones socialistas distribuidas
por todo el país, que encontraba en el diario las posiciones del partido, los artistas de reflexión
política y las reivindicaciones y convocatorias de lucha. El crecimiento del socialismo español a
partir de 1890 se vio favorecido por diversos factores: la moderación de su actuación, que defendía
la huelga como elemento reivindicativo solo para casos extremos, y la aprobación del sufragio
universal, que incrementaba sus expectativas electorales. La expansión del socialismo fue muy
lenta. Tras algún pequeño éxito aislado en las elecciones municipales, la alianza con los
republicanos hizo posible la elección de Pablo Iglesias como primer diputado socialista en 1910.
[Link] auge de nacionalismo y regionalismos.
La tendencia centralizadora y unificadora de los sucesivos gobiernos de la Restauración buscaba la
aplicación de leyes, impuestos, obligaciones tributarias y militares comunes en toda España.
Comenzaron a surgir organizaciones que propugnaban un modelo de Estado más descentralizado.
Los orígenes del catalismo.
El desarrollo industrial dio lugar a la aparición de una importante burguesía industrial, la que
contibuaba predominado una sociedad agraria más tradicional. Este desarrollo socioeconómico
coincidió con un renacimiento de la cultura catalana y una expansión del uso del catalán. El
catalanismo cultural dio paso a la actividad política que afirmaba la existencia de una nacionalidad
catalana y reivindicaba un mayor autogobierno para Cataluña. La burguesía apoyó, que podía
facilitar la adopción de medidas proteccionistas, opuestas al librecambismo. Una de las primeras
corrientes del catolanismo político estuvo basada en el tradicionalismo católico y tuvo en el obispo
Torres i Bages su máximo representante. Otra era de carácter progresista, de base popular y
principios republicanos y federalistas, por Valentí Almirall, quien fundó el Centre Català y alentó la
presentación del Memorial de Agravios a la reina regente. Un paso importante para el catalanismo
fue la creación de la Unió Catalanista, cuya primera Asamblea, aprobó las bases para la
Constitución Regional Catalana (Base de Manresa). La crisis del sistema político de la
Restauración, acrecentó el interés de la burguesía catalana. En 1901 se creó la Lliga Regionalista,
fundada por Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. El partido aspiraba a participar activamente
en la política y a tener representantes en las instituciones.
Sabino Arana y el nacionalismo vasco.
En el País Vasco, la abolición de los Fueros en 1876 provocó una reacción en defensa de las
instituciones suprimidas. Aunque en 1878 se aprobaron los Conciertos Económicos, que permitían a
las Provincias Vascas mantener un sistema exclusivo de autonomía fiscal. A diferencia de Cataluña,
en el País Vasco el nacionalismo no se basó inicialmente en la lengua, sino en la singularidad de lla
etnia vasca y en el rechazo hacia costumbres llegadas de fuera. La figura más destacada fue Sabino
Arana. En 1985 fundó el Partido Nacionalista Vasco, en Bilbao, cuya implantación se centró
básicamente en la provincia de Vizcaya. Arana popularizó un nuevo nombre para su patria, Euskadi,
y una bandera propia, y propuso un lema para el partido, “Dios y ley antigua”. El movimiento
impregnado de un gran sentimiento católico y de defensa de la tradición, pretendía impulsar la
lengua y las costumbres vascas y defendía la pureza racial del pueblo vasco, la posición política de
Arana se suavizó. Esta evolución facilitó su acercamiento a sectores de la burguesía industrial, que
veía en el nacionalismo un posible aliado ante el incremento del movimiento obrero.
Los orígenes del galleguismo
Intelectuales y literatos gallegos emprendieron el camino de convertir la lengua gallega, en una
lengua literaria. Ello dio lugar al nacimiento del Rexurdimiento, cuya figura literaria de mayor
influencia fue la poetisa Rosalía de Castro. Unas minorías, empezaron a responsabilizar del atraso
económico a la subordinación política de Galicia. Destacaron Alfredo Brañas y Manuel Murguía,
que reclamaban una descentralización administrativa y el uso de la lengua gallega. Facilitó la
convocatoria de la Asamblea Federal de la Región Gallega, que aprobó el Proyecto de Constitución
para el Estado Galaico.
Los orígenes del valencianismo, aragonesismo y andalucismo
En Valencia, el primer movimiento valencianista nació como una corriente cultural de
reivindicación de la lengua y cultural, Teodor Llorent, Constantí Llombart y Blasco Ibañez resaltaba
las peculiaridades valencianas y reivindicaba las antiguas instituciones del reino de Valencia. El
nacimiento del valencianismo político, con la creación de la organización Valencia Nova, que
promovió la Primera Asamblea Regionalista Valenciana.
En Aragón, el aragonesismo surgió, en el seno de una incipiente burguesía que impulsó la defensa
del derecho civil aragonés, la reivindicación de los valores culturales propios y la recuperación
romántica de los orígenes del reino y de sus instituciones medievales. Joaquín Costa, reclamó
insistentemente en sus escritos los derechos del mundo campesino aragonés.
En Andalucía, se aprobó el texto de la Constitución Federal Regional para Andalucía, movimiento
andalucista, impulsado por el activismo de Blas Infante.
6. La crisis de ultramar (Cuba y Filipinas)
El imperio colonial español
España solo contaba con las colonias de Cuba y Puerto Rico en el Caribe, y con las Filipinas y
algunas otras pequeñas islas en el Pacífico.
Cuba era la principal posesión española, y concentraba numerosos intereses y negocios españoles y
un gran flujo de emigración. La vida económica se basaba en una agricultura de plantación. Esta
actividad constituía una importante fuente de ingresos para el Estado y algunas empresas españolas.
La política arancelaria que imponían los gobiernos españoles convertía a las islas en unos mercados
cautivos. Obligadas a comprar a elevados precios los productos españoles, fundamentalmente el
trigo castellano y los tejidos catalanes, la legislación española les dificultaba la exportación hacia
Europa o Estados Unidos.
El caso de Filipinas fue distinto, porque la población española era escasa y los intereses económicos
españoles se basaban en la producción de tabaco. Las Filipinas estaban controladas por un
contingente del ejército y contaban con una gran presencia de órdenes religiosas. A nivel político,
no tenían ningún derecho a enviar representantes a las Cortes españolas.
El problema cubano
En la Paz de Zanjón de 1878 se pactaron medidas destinadas a facilitar la autonomía cubana, la
abolición de la esclavitud y la presencia de diputados cubanos en el Parlamento español. En la isla,
el sector más intransigente, opuesto a ñas reformas e integrado en buena parte por españoles y por
los grandes latinfundistas azucareros, formó el Partido Unión Constitucional, mientras que los
grupos más progresistas, principalmente criollos partidarios de la autonomía, crearon el Partido
Liberal Cubano. La mayoría de los políticos españoles eran contrarios a conceder la autonomía a
Cuba, los gobiernos liberales de Sagasta, concretaron la abolición de la esclavitud. En 1893, el Plan
de Reformas Coloniales elaborado por Antonio Maura fue rechazado por la oposición de su propio
partido. El malestar de la población cubana se incrementó a partir de 1891, cuando España introdujo
a Cuba un impuesto a la importación de productos, el llamado Arancel Cánovas, esta medida
incomodó a Estados Unidos.
El estallido de la guerra
El nuevo arancel y el apoyo de Estados Unidos hicieron que se reiniciara el conflicto cubano. La
insurrección se inició en la localidad de Baire (Grito de Baire) y tenía em José Martí, fundador del
Partido Revolucionario Cubano. Los intentos de España por poner fin al conflicto combinaron el
diálogo, con una fuerte represión, con el objetivo de aislar a los rebeldes, Weyler obligó a los
campesinos a concentrarse en determinadas aldeas y castigó a los rebeldes prisioneros. La población
sufrió las duras consecuencias, como en el hambre y las epidemias. En España, el asesinato de
Cánovas del Castillo, dio lugar a un imprevisto cambio de gobierno: Sagasta, inició una estrategia
de conciliación: destituyó al general Weyler, decretó la autonomía de Cuba, el sufragio universal
masculino, la igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y la autonomía arancelaria. Las
medidas llegaron demasiado tarde para convencer a los partidos de la independencia.
La insurrección filipina.
El independentismo fraguó la Liga Filipina, fundada por José Rizal, que exigía la expulsión de los
españoles y la confiscación de sus latifundios. El capitán general Camilo García Polavieja llevó a
cabo una política represiva, condenando a muerte a Rizal. El nuevo gobierno liberal nombró capitán
general a Fernando Primo de Rivera, promovió una negociación indirecta con los principales jefes
de la insurrección, la cual, dio como resultado una pacificación temporal del archipiélago.
7. La guerra contra Estados Unidos y la pérdida de las
últimas colonias.
La política española había intentado evitar un enfrentamiento con Estados Unidos. Por su parte, la
opinión pública y la mayoría de los políticos estadounidenses eran favorables a la intervención
militar en Cuba. La insurrección cubana presentó la ocasión para mostrar el apoyo abierto de
Estados Unidos a los independentistas cubanos. En 1897, el nuevo presidente McKinley, que
enviaba armas a los rebeldes por vía marítima, se mostró decidido a intervenir directamente en el
conflicto. Estados Unidos utilizó como pretexto la explosión y hundimiento a comienzos del año
1898, de su buque de guerra Maine, anclado en la bahía de La Habana. La negativa de España a
renunciar a la isla y a acatar el ultimátum estadounidense inició el enfrentamiento entre ambos. En
España se subestimó el potencial militar de Estados Unidos, que destruyó fácilmente la flota
española en dos breves combates navales, Santiago de Cuba y Cavite (Filipinas). El Tratado de
París se firmó el 10 de diciembre y España cedio Cuba, Puerto Rico y Filipinas a Estados Unidos.
Las últimas colonias en el Pacífico se vendieron a Alemania, en 1899, debido a la imposibilidad de
mantener y hacer efectiva su ocupación.
8. Las consecuencias de la crisis del 1898.
La derrota en la guerra con Estados Unidos resultó humillante para toda la sociedad española. El
impacto es conocido como el “desastre del 98” y despertó las conciencias de sus contemporáneos
mostrando el panorama de un imperio definitivamente derrotado y de un país en crisis. El desastre
produjo un hondo pesimismo, que se plasmó en un grupo de literatos y pensadores, conocidos como
la Generación del 98. Todos ellos intentaron analizar el problema de España en un sentido crítico y
argumentaron que, había llegado el momento de una regeneración moral, social y cultural del país.
La vuelta a España de capitales cubanos fue el origen de nuevos bancos y permitió la recuperación
económica de España al comenzar el siglo XX. Los efectos económicos fueron graves a largo plazo
porque supusieron la pérdida de los ingresos procedentes de las colonias. El desastre del 98 puso en
jaque al sistema de la Restauración y a os dos partidos políticos del turno. La crisis estimuló
también el crecimiento de los movimientos nacionalsitas. La necesidad de renovación y
regeneración del sistema político y de la sociedad española fue defendida por la corriente
regeneracionista, que denunció los defectos del sistema de la Restauración.