Nivelatorio de la licenciatura de enfermería
Tema
AGENTES BACTERIANOS CAUSANTES DE
NEUROTOXINAS
Alumno:
Amor de Los Ángeles Aguilar Cuevas
Profesor:
L.E.E.Q AQUINO SANCHEZ ADA IRIS.
Inmunidad
Una de las líneas de defensa del cuerpo (sistema inmunitario) está formada por glóbulos blancos
(leucocitos) que se desplazan por el torrente circulatorio y penetran en los tejidos con el objetivo
de detectar y atacar a microorganismos y a otros invasores. (Véase también Introducción al
sistema inmunitario.)
Esta defensa tiene 2 partes:
Inmunidad innata
Inmunidad adquirida
Inmunidad innata
La inmunidad innata (natural) se denomina así porque es congénita y no necesita del aprendizaje
que se obtiene tras entrar en contacto con un invasor. Por lo tanto, proporciona una respuesta
inmediata a los invasores. Sin embargo, los componentes de este tipo de inmunidad tratan a
todos los invasores de la misma forma. Reconocen solo un número limitado de moléculas de
identificación (antígenos) en los invasores, aunque estos antígenos están presentes en muchos
invasores diferentes. La inmunidad innata, a diferencia de la inmunidad adquirida, no tiene
memoria de los encuentros, no tiene registro de los antígenos extraños específicos y no ofrece
ninguna protección constante frente a una futura infección.
Los glóbulos blancos que intervienen en la inmunidad innata son
Monocitos (que se desarrollan en macrófagos)
Neutrófilos
Eosinófilos
Basófilos
Células NK (linfocitos citolíticos naturales)
Cada clase tiene una función distinta.
Otros participantes que intervienen en la inmunidad innata son
Mastocitos (a veces también considerados glóbulos blancos)
Sistema del complemento
Citocinas
Respuesta inmunitaria adquirida
La inmunidad adquirida (adaptativa o específica) no es congénita; se aprende. El proceso de
aprendizaje comienza cuando el sistema inmunitario de la persona encuentra a invasores
extranjeros y reconoce sustancias no naturales (antígenos). Seguidamente, los componentes
de la inmunidad adquirida aprenden la mejor forma de atacar a cada antígeno y comienzan a
desarrollar una memoria respecto a ese antígeno. La inmunidad adquirida se denomina
también inmunidad específica porque dirige su ataque a un antígeno específico que se ha
encontrado con anterioridad. Sus rasgos característicos son la capacidad para aprender,
adaptarse y recordar.
La inmunidad adquirida necesita tiempo para desarrollarse tras entrar en contacto con un
antígeno nuevo. Sin embargo, después el antígeno es recordado, y las respuestas
posteriores a ese antígeno son más rápidas y más eficaces que las que se produjeron
después de la primera exposición.
Los glóbulos blancos (leucocitos) responsables de la inmunidad adquirida son
Linfocitos (células T y células B)
Otros participantes en la inmunidad adquirida son
Células dendríticas
Citocinas
El sistema del complemento (que mejora la efectividad de los anticuerpos)
Los linfocitos permiten al organismo recordar los antígenos y diferenciar lo propio de lo
extraño y peligroso, incluidos virus y bacterias. Los linfocitos circulan por el torrente
sanguíneo y por el sistema linfático y entran en los tejidos cuando es necesario.
El sistema inmunitario puede recordar cada antígeno con el que se encuentra dado que,
después del encuentro, algunos linfocitos se transforman en células de memoria. Estas
células viven durante largo tiempo, años o incluso décadas. Cuando las células de memoria
encuentran un antígeno por segunda vez, lo reconocen de inmediato y responden a él de
forma rápida, enérgica y específica. Esta respuesta inmunitaria específica a un antígeno
conocido es la razón por la cual no se padece varicela ni sarampión más de una vez y la
vacunación puede prevenir ciertas enfermedades.
Los linfocitos pueden ser
linfocitos T (células T)
linfocitos B (células B)
Los linfocitos T y B trabajan juntos
para destruir a los invasores.
Evasión de la respuesta inmune
La evasión de la respuesta inmune o inmunoevasión es un mecanismo para
evadir las defensas del sistema inmune. Diversos microorganismos párasitos
emplean estos mecanismos para evitar ser destruidos por la respuesta
humoral o celular del hospedador a todo organismo extraño.
Este mecanismo es también uno de los principales utilizados por los tumores.
Para contrarrestar la inmunoevasión tumoral, se han desarrollado enfoques
terapéuticos que pueden potenciar la actividad del sistema inmune (por
ejemplo inmunoterapia a base de citocinas u otras moléculas
inmunomoduladoras) o provocar una respuesta inmune específica, ya sea
mediante el cultivo in vivo o el empleo de células inmunitarias del propio
paciente estimuladas y cultivadas ex vivo que posteriormente son
reintroducidas en el paciente.
Otro caso es la imposibilidad de que las células natural killer eliminen
algunos tipos de células cancerosas. Algunas investigaciones sugieren que las
células cancerosas pueden escapar del sistema inmune por la mediación
parcial de células linfoides innatas productoras de TNF, mediante una
disminución en la producción de IFN-γ (Interferón gamma) a la de TNF. Así
mismo, se podría producir un incremento en la expresión génica de
receptores de control inmunológico a medida que los tumores crecen. De
esta forma, "la señalización de la citocina TGF-β impulsa la evasión del
sistema inmune mediante la conversión de células NK en células linfoides
innatas dentro del microambiente tumoral".