James Laver
Capítulo 7 – de 1800 a 1850
A principios de XIX las mujeres llevan poca ropa. Parecían atuendo diseñados para climas
tropicales. En Francia e Inglaterra, el vestido era una especie de ligero camisón que
llevaba un escote muy exagerado incluso en los vestidos de mañana. Las gorgueras
volvieron a estar de moda y les apasionaban los echarpes.
Chales de cachemira: entre las damas se consideraba un signo de elegancia, un elemento
esencial del guardarropa femenino. La expedición de Napoleón a Egipto introdujo los
turbantes que pretendían dar un efecto “clásico” enfatizando la verticalidad. Se pudo
notar una influencia egipcia. Luego, un interés en el estilo español; y una ornamentación
“a la española” se superpuso al vestido.
Las damas francesas seguían vistiendo de blanco, pero la falda, en vez de caer recta hasta
el tobillo, se curvaba ligeramente en el bordo. Los trajes ingleses empezaban a tener un
aire “romántico”.
En el caso de los hombres ocurrió todo lo contrario. Se introdujo el traje inglés como
norma. Esto se debió a la mayor habilidad de los sastres ingleses, acostumbrados a
trabajar el velarte de lana. Esta tela, podía estirarse y modelarse en torno al cuerpo. El
dandismo no implicaba vistosidad en el atuendo masculino, sino más bien todo lo
contrario. La chaqueta no llevaba ningún bordado y estaba hecha de tela corriente; su
hechura derivaba de la chaqueta de caza, huntingcoat y había una clara preferencia por
los colores primarios. Era común llevar el chaleco y los pantalones de distinto color. El
cuello era de terciopelo. Los chalecos eran cortos, de forma cuadrada, y asomaban a
veces un par de pulgadas por debajo de la parte delantera de la chaqueta. Los botones
superiores se dejaban sin abrochar para exhibir el adorno de la camisa. En el traje de
Corte, el chaleco era de satén blanco e iba bordado con hilos de oro.
Durante el día llevaban calzones ajustados metidos por dentro de unas botas, pero por las
tardes los hombres llevaban medias de seda con zapatillas. Algunos llevaban pantaloons,
o medias con botas altas. Se llevaban también pantalones normales que no mostraban la
forma de la pierna y acababan por encima de los tobillos. Pantalones muy anchos, a la
turque.
A un dandy se le reconocía por el corte de su ropa, ajustado de sus calzones y por el
arreglo de su corbata. El cuello de la camisa se llevaba recto y las dos puntas que se iban
hacia las mejillas se mantenían en su sitio por medio de un pañuelo, en forma de corbata
o stock. El stock era un cuello ya confeccionado y tieso que se ataba por detrás, pero su
uso disminuyo porque su uso hacía difícil girar o bajar la cabeza. Usaban sombreros de
copa de distintas formas, a cualquier hora del día, pero el sombrero más adecuado para la
tarde era el bicorne con forma de media luna y con las dos alas plegadas una contra la
otra, que se podía llevar debajo del brazo. El pelo era corto y estaba de moda llevarlo
despeinado: a la titus.
La mayoría de los ciudadanos se afeitaban la cara, pero los militares llevaban patillas y
bigote. Estaba de moda llevar bastón para salir a la calle.
Luego del retiro de Brummel, los trajes de los dandies comenzaron a mostrar
extravagancias. El sombrero de copa se abulto hasta que la parte superior fue más ancha
que las alas, los bordes de los cuellos de las camisas llegaron casi hasta los ojos, el stock se
elevó y endureció, los hombros se almohadillaron y la cintura se estrechó con un corsé.
Los pantalones acababan justo encima de las botas, a media pierna.
Se produjo un cambio importante en el vestido femenino. La cintura volvió a su posición
normal y se hizo cada vez más estrecha. El corsé volvió a ser un elemento esencial para el
vestido femenino. El efecto de estrechez se podía generar aumentando la falda e inflando
las mangas. Hacia 1825 las mangas abombadas, se cubrían con otras por encima, de gasa
transparente. Cuando eran opacas solían adquirir la forma de pierna de cordero. Después
de 1830 la falda se acorto, pero era mas ancha y las mangas se hicieron enormes.
La cofia de diario que se llevaba en casa se ensancho y dejo de atarse debajo de la barbilla.
Los turbantes se hicieron anchos. Todo se ensancho. Las mujeres también usaban estos
sombreros anchos, hasta para ir al teatro, de modo que la persona de atrás no podía ver.
Los peinados eran cada vez más complicados, con rizos que caían sobre el frente y un
moño en la parte de atrás. Por las tardes añaden pelo artificial, conocido como nudo de
apolo, que se sujetaba por encima de la cabeza y se adornaba con flores, plumas o
peinetas. Aguja suiza: larga aguja de sombrero con una cabeza metálica desmontable.
Después de 1828 las faldas se acortaron. El cuerpo daba una impresión de amplitud, por
las tardes se escotaba. Durante el día se llevaba una gorguera, un cuello ancho y plano
(pelerine) que cubría los hombros y cuando las puntas colgaban se lo conocía como fichu.
Pelisse: prenda de abrigo para salir de día, con mangas enormes. Por la noche los vestidos
se cubrían con capa. Los chales se usaban, pero no tan habitualmente. Retículo o ridículo:
limosneros. Abanico accesorio fundamental y a menudo un ramo de flores. Quitasol
elemento fundamental pero no se habría, se llevaba en la mano. Las mujeres llevaban
muchas joyas.
En 1837 se empezaron a modificar las modas de la primera mitad del siglo. Las mangas no
eran tan anchas y los abultamientos empezaron a caer por debajo de los hombros. Las
faldas se alargaron de nuevo y no permitían ver los tobillos. El corsé se ajustaba y se
adornaba por delante con un material tallado en forma de abanico. El sombrero cambio:
atado por debajo de la barbilla se convirtió en cofia. Se pegaba a la cabeza y tenía la forma
de un cubo de carbón de chimenea inglesa, coal-scuttle.
Colores verdes oscuros y marrones, los chales volvieron y los peinados dejaron de ser
complicados.
El traje masculino se hizo más sombrío y sobrio. El frac se llevaba tanto por la tarde como
por la mañana, por las tardes era negro. Redingote durante el día, american en el verano.
La corbata era pequeña, el cuello de la camisa seguía llevándose subido hasta la mejilla.
Los deportistas llevaban pañuelos moteados sujetos con un alfiler. El sombrero de copa
era de uso corriente en todas las clases sociales. En el campo de usaba un sombrero
informa de copa no muy alta “despierto” o “espabilado”. La parte inferior de la
indumentaria masculina era un pantalón más ceñido. Los calzones se usaban en el campo
y eran de cuero o de lana.
Abrigo alto, top coat; chesterfield, entallado; y el paleto, que era un abrigo corto que
reemplazaba a veces al abrigo; el curricle se usaba para conducir y tenia uno o varios
pliegues sobre los hombros. Se llevaban capaz sobre los trajes de noche.
El hombre tenía que tener una chaqueta de mañana, un redingote, una chaqueta de vestir
y un abrigo.
La figura dominante en la vía publica inglesa era ahora el burgués, únicamente pretendía
tener una apariencia elegante. En este periodo desaparece la extravagancia y el color en la
ropa masculina. El colorete cayo totalmente en desuso, se admiraba la palidez.
Las faldas descendieron hasta tocar el suelo, y los pies, calzados con zapatillas de tacon
plano, apenas se podían vislumbrar bajo las enaguas. Las capotas impedían que se
pudiesen ver las caras, salvo de frente.
El traje de montar femenino consistía en un sombrero de copa masculino con un velo
atado bastante holgado, un cuello y corbata masculinos, una chaqueta y chaleco, y una
falda enormemente voluminosa.
Gilet-cuirasse: chaleco masculino y podía ir separada o unida a la chaqueta. Se levaban
muchas enaguas y lo que podría llamarse “efecto cubretera” que se enfatizó de un
pequeño polisón hecho de crin de caballo (crinoline)
Cuatro tipos de vestidos de mañana:
- Pelisse-robe: para usar en casa por las mañanas.
- Redingote: para ir de paseo.
- El vestido redondo: mas adornado, para las tardes.
- Y el peinador, vestido informal.
Los vestidos de noche eran escotados. Escotada Berta: iba desde la parte superior del
corsé hasta la mitad de las mangas y estaba hecha de encaje y se adornaba con cintas. El
cuerpo del corpiño iba fuertemente emballenado. Los vestidos de noche eran de seda
tornasolada o terciopelo.
Se hacía todo lo posible para que las mujeres pareciesen más pequeñas. Los zapatos no
llevaban tacones usaban zapatillas. Los pies muy pequeños eran considerados un símbolo
de elegancia.
LA HISTORIA DE LA BELLEZA
En el París del siglo XIX, las mujeres burguesas adoptaban un estilo sobrio y modesto,
evitando cualquier ostentación y cuidando su apariencia de forma discreta. Se
maquillaban ligeramente, con polvos de arroz y un toque de colorete, y protegían su piel
del sol para lograr una imagen pulida y natural. Esta estética reflejaba el ideal burgués de
feminidad y maternidad, simbolizando éxito y estabilidad familiar.
En cambio, en los ambientes nocturnos y entre las mujeres de clases populares, el estilo
era más atrevido y llamativo. Frecuentaban lugares como el Moulin Rouge y el Folies
Bergère, donde se vestían de manera provocativa y llevaban un maquillaje intenso,
reflejando la vida agitada de la noche parisina. Esta diferencia de estilos muestra cómo, en
la misma ciudad, coexistían distintos modos de expresión y de entender la feminidad.