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El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una afección mental que afecta la autoimagen, las emociones y las relaciones, caracterizada por un temor intenso al abandono y comportamientos impulsivos. Suele comenzar en la adultez temprana y puede coexistir con otros trastornos mentales, como la depresión y el trastorno bipolar. Las relaciones con personas que tienen TLP pueden ser desafiantes debido a sus cambios de humor y patrones de comportamiento, pero el apoyo y la comprensión son fundamentales para ayudarles.

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El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una afección mental que afecta la autoimagen, las emociones y las relaciones, caracterizada por un temor intenso al abandono y comportamientos impulsivos. Suele comenzar en la adultez temprana y puede coexistir con otros trastornos mentales, como la depresión y el trastorno bipolar. Las relaciones con personas que tienen TLP pueden ser desafiantes debido a sus cambios de humor y patrones de comportamiento, pero el apoyo y la comprensión son fundamentales para ayudarles.

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El trastorno límite de la personalidad

Es un trastorno de la salud mental que impacta la forma en que piensas y sientes acerca de ti mismo y de los demás,
causando problemas para insertarte normalmente en la vida cotidiana. Incluye problemas de autoimagen, dificultad
para manejar las emociones y el comportamiento, y un patrón de relaciones inestables.

Con el trastorno límite de la personalidad, se tiene un temor profundo al abandono o a la inestabilidad, y se puede
tener dificultad en tolerar estar solo. Sin embargo, la ira desmesurada, la impulsividad y los frecuentes cambios de
ánimo pueden alejar a los demás, pese a que quieras tener relaciones afectuosas y duraderas.

El trastorno límite de la personalidad por lo general comienza en la edad adulta temprana. La afección parece ser peor
en la adultez temprana y puede ir mejorando con la edad.

Es frecuente que las personas con TLP tengan otros trastornos mentales al mismo tiempo. Los trastornos que suelen
coexistir con el TLP son la depresión, eltrastorno bipolar, el trastorno por consumo de sustancias, depresión y
lostrastornos alimentarios.

Entre los signos y síntomas pueden encontrarse los siguientes:

Un miedo intenso de abandono, incluso llegar a medidas extremas para evitar una separación o un rechazo real o
imaginario

Un patrón de relaciones intensas inestables, como idealizar a una persona por un momento y luego creer que esa
persona no muestra interés o es cruel

Cambios rápidos de identidad e imagen propias que incluyen el cambio de metas y valores, y verse a sí mismo como
malo y como si no existieras

Períodos de paranoia relacionada con el estrés y pérdida de contacto con la realidad, que puede durar desde algunos
minutos hasta algunas horas

Comportamiento impulsivo y riesgoso, como apuestas, conducción imprudente, sexo inseguro, ola de gastos,
atracones o abuso de drogas, o sabotaje del éxito al dejar de repente un buen trabajo o terminar una relación positiva.
impulsiviad

Amenazas o conductas suicidas o autolesiones, a menudo en respuesta al miedo de separación o rechazo

Grandes cambios de humor que pueden durar desde algunas horas hasta algunos días, que pueden incluir felicidad
intensa, irritabilidad, vergüenza o ansiedad

Sentimientos continuos de vacío y aburrimiento

Enojo intenso, inadecuado, como perder el temperamento con frecuencia, ser sarcástico o amargado o tener peleas
físicas. Manifestaciones de ira inapropiada

Intolerancia a la soledad

Actos de autolesión, como hacerse cortes en las muñecas o tomar sobredosis


Las personas con TLP carecen de seguridad en cómo se ven a si mismas y en cómo son juzgadas por otros. Como
resultado, sus intereses y valores pueden cambiar rápidamente. También tienden a ver las situaciones en términos
extremos, o todo es bueno o todo es malo. Sus puntos de vista sobre otras personas pueden cambiar rápidamente.
Una persona que luce admirable un día puede lucir despreciativa al siguiente día. Estos sentimientos súbitamente
cambiantes a menudo llevan a relaciones intensas e inestables.

Causas

Tal como sucede con otros trastornos mentales, las causas del trastorno límite de la personalidad no se comprenden
del todo. Además de los factores ambientales (como los antecedentes de abuso o negligencia durante la infancia), el
trastorno límite de la personalidad se puede asociar con lo siguiente:

Genética. Algunos estudios llevados a cabo con gemelos y familias indican que los trastornos de la personalidad
pueden ser hereditarios o se pueden asociar estrechamente con otros trastornos de la salud mental que ocurren entre
los miembros de la familia.

Anomalías cerebrales. En algunas investigaciones se ha demostrado la presencia de cambios en ciertas áreas del
cerebro relacionadas con la regulación de las emociones, la impulsividad y la agresión. Además, algunos químicos
cerebrales que ayudan a regular el humor (como la serotonina) quizás no funcionen de manera adecuada.

Factores de riesgo

Ciertos factores relacionados con el desarrollo de la personalidad pueden aumentar el riesgo de sufrir trastorno límite
de la personalidad. Algunos de ellos son los siguientes:

Predisposición genética. Es posible que tengas un riesgo más elevado si un familiar cercano (tu madre, padre, hermano
o hermana) tiene el mismo trastorno o uno similar.

Una infancia con episodios de estrés. Muchas personas con este trastorno informan que han sido maltratadas sexual o
físicamente, o desatendidas durante la infancia. Algunas personas perdieron a sus padres o fueron separadas de ellos
o de una persona responsable de su cuidado muy allegada cuando eran pequeñas, o sus padres o las personas
responsables consumieron sustancias en forma indebida o tuvieron problemas de salud mental. Otras estuvieron
expuestas a conflictos hostiles y relaciones familiares inestables.

Complicaciones

El trastorno límite de la personalidad puede dañar muchos aspectos de tu vida. Puede afectar negativamente las
relaciones íntimas, el trabajo, el estudio, las actividades sociales y la imagen que tienes de ti mismo y dar como
resultado lo siguiente:

Cambios o pérdidas del puesto de trabajo frecuentes

No finalizar tu formación educativa


Múltiples problemas legales, por ejemplo, ser condenado a prisión

Relaciones conflictivas, problemas en tu matrimonio o divorcio

Causarte daño a ti mismo, como cortes o quemaduras, y hospitalizaciones frecuentes

Involucrarte en relaciones abusivas

Embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual, accidentes automovilísticos y peleas debido a una
conducta impulsiva y riesgosa

Intento de suicidio o suicidio logrado

Además, podrías sufrir otros trastornos mentales, por ejemplo:

Depresión

Consumo inadecuado de alcohol u otras sustancias

Trastornos de ansiedad

Trastornos de la alimentación

Trastorno bipolar

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)

Otros trastornos de la personalidad

Períodos breves e intensos de ansiedad o depresión.

Miedo a ser abandonado e intentos desesperados por evitarlo.

Pensamientos paranoicos.

Pasar rápida y repentinamente del amor o la admiración por alguien a rechazar o criticar a esa persona.

¿Qué acciones o estrategias tomar para ayudarlo?

A la hora de relacionarte de manera asertiva con una persona que tiene trastorno límite de la personalidad (TLP) debes
aprender a reconocer los momentos en los que puede presentarse una crisis y en medio de ella no te alejes, todo lo
contrario, presta un acompañamiento sin juzgar.

Sabemos que es una recomendación que puede tornarse complicada durante los momentos de ira, inestabilidad o
disforia constante que recibirás por parte de él o ella, pero esa será la clave para poder ayudarlo.

Concejos:

Hacerle saber tu disponibilidad de apoyo


Las personas con TLP deben tener una lista de contactos a quienes recurren en las crisis. Estas personas deben
trasmitir seguridad, responder sin importar el caso y saber cómo reaccionar a las necesidades del momento.
Estrategias para que una persona con trastorno límite de la personalidad maneje una crisis

Aceptación incondicional

Esto significa que las personas aceptan que tiene este desorden y que en momento de crisis no recibirá una reflexión
sobre cómo debe sentirse, ni comentarios a la defensiva o en contra. Brinda comprensión, estas crisis forman parte de
su trastorno y su duración no es infinita.

Demuestra afecto

En momentos de crisis, sin importar qué tan a la defensiva está la otra persona, la recomendación es acompañarlo sin
juzgarlo y haciéndole saber que estás ahí a pesar de todo. El amor, la compañía y la empatía son herramientas a las
cuales puedes recurrir, así como a un abrazo. Es normal si no te nace y quieras evitarlo, pero abrazar al otro en una
situación así puede desactivarlo y ayudar.

Reafirmale que el TLP no lo define

Recibir el diagnóstico de una enfermedad, ya sea física o mental, no es fácil y una de las tareas de la persona que vive
con ella es entender que no es todo ese conjunto de síntomas y señalamientos que muchas veces recibe. Esto le
permitirá sentir menor culpabilidad y sobre llevar la condición. No dejarlo solo

Durante una crisis la persona con TLP puede recurrir a las autolesiones, las bebidas alcohólicas, el uso de drogas,
incluso a intentos de suicidios. Por eso es importante no dejarlos solos y esconder los elementos que pueden
inducirlos a hacerse daño como cuchillos, pastas, entre otras. También se recomienda recordarles de las veces que han
superado situaciones similares y que la crisis no dura para siempre.

No sobreproteger

Validar las emociones y tolerar las dificultades de personalidad es muy diferente a hacerlo dependiente de ti. En ese
sentido, permite que la persona mantenga sus rutinas, autonomía y responsabilidades frente a sus tareas diarias.

¿Una persona con trastorno límite de la personalidad puede tener varias personalidades?

No. Lo que sucede es que una persona con trastorno límite de la personalidad (TLP) tiene una desregulación de
emociones, es decir, puede ser muy explosiva, muy sensible, muy dramática o incluso querer estar sola en ese
momento, pero eso no significa que tenga diferentes personalidades sino reacciones emocionales distintas y/o
exageradas a lo que en realidad pasa en el momento.

¿Puede ser violenta con los demás?

Una persona con TLP puede ser violenta con los demás de una manera verbal o física, pero por lo general son más
violentas consigo mismas.

¿Por qué es una persona límite?

Porque llega al límite de lo que está sintiendo, es decir, no tiene un stop en su vida y su impulsividad es muy grande,
entonces llega al punto en el que sus extremos van a ser como el punto máximo en el que está sintiendo una emoción.

¿Tienes una pareja con TLP? ¿Cómo puedes afrontar el trastorno límite de la personalidad en las relaciones amorosas?
Las personas con un trastorno límite de la personalidad (TLP) suelen tener dificultades en sus relaciones, sobre todo
cuando se trata de un vínculo amoroso. La razón de ello es que los síntomas de los TLP pueden causar cambios
constantes en las emociones, lo que dificulta las interacciones y relaciones con los demás.

Una relación romántica con una persona con TLP puede ser un poco confusa debido a los cambios de humor que
supone este trastorno.

Algo a tener en cuenta cuando se está con una persona inestable en la pareja es que se pueden sentir heridos por
hechos o palabras que una persona sin TLP no reaccionaría. Además, en algunos casos incluso se pueden volver
obsesivos. Aun así, tener una pareja con TLP también tiene su lado positivo debido a la sensibilidad que suelen tener
las personas con este trastorno.

Los comportamientos y los síntomas del TLP más comunes podrían ser perjudiciales para cualquier relación. Aunque
los TLP se enamoran, la realidad es que las personas con este trastorno suelen tener muchas relaciones románticas, y
a menudo, estas suelen ser de corta duración.Esto podría deberse a que las personas con TLP pueden romper con los
demás a propósito por miedo a que la pareja lo haga primero. Otra razón es que una pareja con TLP puede sentirse
menos cómoda debido a las dificultades que experimenta por su condición.

Alguien con el trastorno límite de la personalidad vivirá las relaciones amorosas de manera diferente a una persona
que no tenga esta condición. Ante ello, debemos tener en cuenta los siguientes consejos:

Entiende el trastorno: Ten en cuenta que muchos de los comportamientos de tu pareja con TLP no son una elección
personal, sino un síntoma. De este modo, es vital que intentes mantener las acciones o palabras del otro/a con
perspectiva.

Escúchalo/a: Una mujer u hombre inestable emocionalmente en el amor, como puede ser en el caso de una persona
con TLP, necesita que lo/la escuchen con atención. Ser un buen oyente ayudará a comprender qué es lo que se siente
al vivir con el TLP y sus síntomas en una pareja.

Mejora tus habilidades de comunicación: La comunicación efectiva requiere de un trabajo y además es esencial en
cualquier tipo de relación, pero sobre todo cuando alguien padece de TLP en la pareja. Para poder comunicarte mejor
con alguien dentro de una relación te recomendamos que, por un lado, pienses bien aquello que deseas decir al
otro/a, intentes tranquilizarte ante de decirlo y te expreses siempre desde tu opinión personal (sin culpar a los demás
de cómo te sientes).

Establece límites: Las personas con TLP en la pareja intentan que otros hagan por ellos/as lo que deberían hacer por sí
mismos/as. Ante estos intentos de manipulación o de chantaje emocional es vital saber cuáles son los límites y
comunicarlos de la manera más relajada posible.

Apoya el tratamiento de tu pareja con TLP: Aunque no existe una cura definitiva del trastorno límite de la
personalidad, la terapia puede ayudar a controlar los síntomas de este trastorno. Por lo tanto, es muy recomendable
que las personas con TLP reciban un tratamiento adecuado junto a un psicólogo/a profesional.

A continuación, se exponen algunas de las dificultades que acostumbra a confrontar la persona con TLP, y
consecuentemente la otra parte, en las relaciones de pareja. No son síntomas con valor diagnóstico, son algunas de las
manifestaciones que los psicoterapeutas encontramos en las relaciones de los pacientes. No se dan todos y de la
misma forma en cada caso, cada individuo con o sin TLP es único y, por ende, lo es su relación de pareja.

La intensidad de la entrega.
Románticas y pasionales, las personas con TLP son capaces de entregar toda su atención y afecto de manera
inmediata. El enamoramiento acostumbra a ser brutal, y el otro lo percibe como algo especial. La estabilidad de ese
afecto por el contrario es variable. En la dinámica de relación, el otro se siente querido intensamente en algunos
momentos, especialmente al inicio, o rechazado y despreciado en otros, especialmente hacia el fin.

La dependencia y la huida.

Las personas con TLP parecen regirse por aquel “ni contigo ni sin ti”. El afecto es inestable y se alterna entre la
dependencia excesiva y la huida. Generalmente, el tipo de apego es inseguro y la dinámica de relación es
codependiente. Sienten un intenso malestar ante la separación, en cierto sentido, viven con el temor a que el otro
desaparezca, a ser abandonados. La mera ausencia de contacto puede generar estados ansiosos, y éstos tienden a ser
compensados con conductas hostiles, adictivas o incluso autolesivas.

La escalada en el conflicto.

La persona con TLP parece tener una resistencia inagotable ante el conflicto. Muchas veces el detonante es un detalle
aparentemente irrelevante, que dispara una reacción hostil. Sin intencionalidad o motivos aparentes, el otro puede
acabar siendo el saco de boxeo sobre el cual volcar su frustración. Durante el conflicto, el límite es el cielo. El
argumento puede comenzar en “has llegado diez minutos tarde” y acabar en “me has destrozado la vida”. A pesar de
la pérdida de energía, la persona con TLP puede revertir el estado y recuperar posteriormente una actitud positiva con
relativa facilidad.

La polarización y maniqueísmo.

La conducta interpersonal tiende a estar asociada a un déficit de regulación cognitiva. La emoción impacta sobre el
pensamiento, Es decir, el funcionamiento cognitivo se ve alterado en situaciones de estrés en la relación con el otro,
consecuentemente, el procesamiento de la información se torna sesgado y escindido. En estos momentos, la persona
con TLP tiende a construir un mundo en términos dicotómicos, en blanco y negro, o buenos y malos. Estos papeles no
son otorgados con racionalidad y tampoco se mantienen de manera estable en el tiempo. En lo afectivo se mueven
entre extremos y, de manera involuntaria, tienden a idealizar o demonizan al otro, o la propia relación de pareja.
Aman y odian a partes iguales.

La manipulación y el chantaje emocional.

Frecuentemente, la persona con TLP parece contemplar al otro como un actor manipulable. No instrumentalizan las
relaciones para conseguir sus fines de forma consciente, intencionada u organizada; más bien tienden conseguir la
atención, el afecto o la conducta esperada del otro de una manera desadaptativa. En ocasiones es a través de la
seducción o la propia entrega, en otras a partir de la victimización o el chantaje emocional.

La victimización.

Las personas con TLP son expertas en lanzar balones fuera, es decir, tienden a explicar sus problemas o dificultades
con base a factores externos. Básicamente, la culpa es de los otros o las circunstancias. Durante el conflicto, el otro es
acusado de egoísmo, de carecer de empatía, de inteligencia emocional, etc. Incluso llegan a acusar de maltrato o
abandono. Defienden sus argumentos con tenacidad y vehemencia, y especialmente en las etapas iniciales provocan
confusión, malestar y culpa.

La percepción de incomprensión.

“¡No me entiendes!” es el pan de cada día para el que convive con una persona con TLP. Se sienten incomprendidos, y
en muchas ocasiones lo son. Ponerse en su piel es complicado; entender sus cambios de humor, sus miedos, sus
inseguridades o la vehemencia en la defensa de sus posturas. En la relación de pareja, el resultado es el
distanciamiento y la falta de comunicación.

La sensación de vacío.

En el TLP los pacientes normalmente presentan una identidad muy frágil, que se altera o fragmenta en situaciones de
estrés. Son personas con un autoconcepto cambiante y sesgado, y como resultado, una sensación de vacío persistente.
En lo relacional, dicha sensación de vacío subyacería en la voracidad afectiva, la tendencia a la codependencia, la
ansiedad ante la separación o la inestabilidad del afecto.

El boicot a la rutina.

Paradójicamente, a pesar de anhelar relaciones satisfactorias y duraderas, a menudo parecen boicotear la estabilidad
del afecto. Son personas con escasa tolerancia a la frustración y la cotidianidad, con sus molestias y sus pequeñas
miserias, resulta un fardo muy pesado.

A menudo confunden deseos con necesidades, magnifican cualquier interferencia en la consecución de sus metas, son
muy sensibles ante las inconveniencias cotidianas y tienden a desmotivarse y desistir ante la rutina. Las dificultades
para regular sus emociones y la impulsividad estarían detrás del continuo cambio de actitudes, intereses e incluso
metas vitales.

El autoengaño.

El autoengaño funciona como una forma de proteger la propia identidad. Construyen una realidad sesgada en la que
minimizan sus defectos y magnifican sus virtudes. Es común que las personas con TLP se autodenominen como
altamente sensibles, vitales, pasionales, intuitivas, espontaneas, emocionales, melancólicas o inquietas. Así son
percibidos al inicio, sin embargo, a medida que avanza la relación serán descubiertos como seres inestables, irascibles,
impulsivos e inseguros.

Parte del autoengaño refiere la capacidad para proyectarse en un futuro en el que todo irá bien. En lo afectivo,
tienden a idear relaciones románticas y pasionales, en las que no tienen cabida las dificultades pasadas. Por ello, son
capaces de restablecer el afecto tras una reacción iracunda, y tras la ruptura, tienden a tropezar con la misma piedra.
No se trata de un trastorno egosintónico, el paciente no está conforme con su forma de ser y en algunos momentos se
siente culpable. Sin embargo, para una persona con TLP resulta muy difícil aceptar que padece un trastorno, y la
ausencia de conciencia adecuada del problema dificulta la búsqueda de soluciones.

¿ cómo es una crisis del trastorno?

Las crisis en el trastorno límite pueden ser vividas de forma muy diferente por las personas que lo sufren. Pero
generalmente se traducen en un elavadísimo nivel de activación que suele generar un bloqueo emocional y mental en
la persona que lo vive. En ocasiones pueden aparecer acompañadas de explosiones de ira hacia uno mismo o hacia
otros, llantos desmedidos e incontrolables, huidas, autoagresiones, parálisis o congelación o aumento de la ideación
suicida.

Los recursos de la persona que pueden servir como factores de protección en estos momentos son:

Comunicar el estado emocional y pensamientos a la familia, amistades o alguna persona de confianza.

Permanecer acompañado en momentos de crisis

Evitar o alejarse de cualquier situación perjudicial

Evitar el consumo de alcohol, drogas u otras sustancias

Relacionarse, participar en actividades grupales, de ocio o voluntariado

Identificar señales de riesgo

Recordar que la crisis es transitoria

¿ cómo se relaciona el TLP con otras enfermedades?

Muchas veces la depresión y el trastorno límite de la personalidad se co-presentan y a veces también co-existen.

La depresión como trastorno puede de una manera casual azarosa presentarse junto a otro trastorno mental; es decir,
los dos trastornos se co-presentan. También la depresión y el trastorno mental pueden mostrar cierto origen, una
etiología compartida, de tal manera que un trastorno complementa al otro y se interrelacionan. En el trastorno límite
de la personalidad es muy frecuente que esto último ocurra de tal manera la depresión (Distimia o episodio depresivo
mayor) va a ser otra etiqueta diagnóstica que en el abordaje clínico del trastorno límite de la personalidad va a tener
que ser tenido en cuenta.

La alta reactividad emocional, unido a la ausencia de habilidades para manejo de las emociones, que constituye una
manera de explicar qué ocurre en esto que llamamos trastorno límite de la personalidad, sólo esto, ya nos da una idea
de que en el trastorno límite de la personalidad cualquier emoción va a estar amplificada, aumentada. Por tanto, esta
amplificación va a ocurrir también con la tristeza. No toda la tristeza es depresión pero lo que sí que suele ser habitual
es que la presencia de una tristeza intensa en el contexto de un trastorno límite de la personalidad va a ser necesario
valorar si ambas categorías están presentes y no de manera casual

En el contexto de un trastorno límite de la personalidad hay que tener muy en cuenta los factores longitudinales (a lo
largo del tiempo) porque en el TLP los cambios son muy frecuentes mientras que en la depresión la tristeza puede ser
más duradera y no cambiar en poco tiempo. Quiere esto decir que en la depresión hay cierta estabilidad en el
problema; en el TLP, en cambio, los cambios son más frecuentes: hay más inestabilidad. Podríamos concluir que en el
trastorno de personalidad sin depresión, hay más estabilidad en lo inestable; en cambio, cuando hay una depresión
añadida a un trastorno límite de la personalidad, ese estado de ánimo deprimido puede tener cierta estabilidad.
La presencia de un trastorno de la personalidad, va a dar al trastorno depresivo… cierto matiz, un estilo propio dentro
de lo depresivo y diferente a un trastorno depresivo que carece de la presencia de un trastorno de la personalidad.
Dado que el trastorno de personalidad va a explicar que existan pautas inadecuadas de respuesta a situaciones
estresantes y que además hay un empobrecimiento de recursos psicológicos de afrontamiento podemos concluir que
una persona que sufre trastorno de la personalidad va a ser más vulnerable a sufrir también un trastorno de los
afectos, en concreto, la depresión.

El hecho de que se añada un trastorno depresivo a la presencia de un trastorno límite de la personalidad no es una
buena noticia, puede contribuir a complicar los tratamientos y también a que el cuadro sea más tendente a la
cronificación y que el afectado sufra un deterioro más importante.

Si además consideramos que en el trastorno límite hay mucha conducta autolesiva mucho intento de autolisis,
ciertamente la compañía de un estado depresivo, no suele ser un buen augurio… por eso tenemos que poner mucho
cuidado, mucho énfasis en tratar el estado de ánimo deprimido dentro del cuadro de un trastorno de la personalidad
tipo límite.

Depresión del trastorno límite de la personalidad

Autoestima fluctuante

Visión del yo como inadecuado y despreciable

Hipersensibilidad al rechazo

Mala interpretación de las señales sociales

Desconfianza en las relaciones interpersonales

Dolorosa sensación de soledad

Vacío

En el TLP la depresión tiene una forma más volátil y cambiante en función de las circunstancias externas que está
viviendo la persona.

En la base del malestar depresivo suele estar presente una percepción negativa del yo, algo más profundo y nuclear
que una simple “autoestima baja”. La persona experimenta una sensación permanente de no encajar, ser diferente en
negativo y de que los demás se van a dar cuenta y le rechazarán. Esa sensación le dificulta el relacionarse de forma
espontánea y fluida, experimentando desconfianza, rechazo y miedo al abandono.

Por otro lado, la emocionalidad y las dificultades para regularse pueden llevar a la persona a experimentar reacciones
intensas ante situaciones estresantes de su vida cotidiana, que remiten una vez el estímulo ha desaparecido o se ha
gestionado.

MITO: No hacen cosas porque no quieren


La realidad es que el TLP es un trastorno y como tal implica una serie de dificultades para los pacientes que lo
padecen. No es que no tengan voluntad o ganas. La realidad es que no hacen o avanzan por que no se sienten válidos,
capaces o seguros. No podemos negar el trastorno, tenemos que trabajar las dificultades y para ello es necesario
identificarlas, ver de dónde vienen y dónde se aprendieron. Aquí se debe trabajar con la imagen que cada uno tiene de
sí mismo en relación a la capacidad y valía.

MITO: Las personas con TLP se autolesionan para llamar la atención

Las personas con trastorno límite de personalidad se autolesionan como forma de autoregularse, de expresar sus
emociones o incluso como forma de autocastigo. El sufrimiento interno que sienten les lleva a regularse de forma
desadaptativa y dañina para ellos mismos. En muchas ocasiones con estas conductas buscan ayuda, comprensión y
apoyo de sus seres más cercanos, eso no implica que quieran llamar la atención de una manera desmesurada como en
muchas ocasiones se piensa.

MITO: Son personas peligrosas

Los rasgos impulsivos e incluso el hecho de que sientan emociones muy intensamente, puede hacer pensar que son
personas impredecibles y generar cierto desconcierto en el otro, pero esto está lejos de significar que son peligrosos.
Esta intensidad emocional les hace más peligrosos para ellos mismos que para el resto. Han aprendido una forma de
relacionarse, comportarse y autoregularse a través de su historia que puede resultar llamativa y sobretodo poco
efectiva, ya que no han desarrollado recursos de autocontrol.

La ansiedad es un síntoma que se presenta prácticamente siempre en el cuadro del TLP y muchas veces antes de una
diagnóstico de TLP aparece un cuadro de ansiedad o de depresión.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta de activación que genera el organismo de forma autónoma e involuntaria ante
situaciones límites. Esta reacción se caracteriza por la aceleración del ritmo cardíaco y la respiración. Además de la
aparición de sudoración, así como la consiguiente manifestación de miedo o sensaciones de inquietud o angustia,
entre otras. La ansiedad puede ser entendida como un mecanismo adaptativo ante situaciones amenazantes o
difíciles. Dado que permite cumplir una función necesaria para la supervivencia: ponernos alerta y prepararnos a la
acción para protegernos ante un peligro o amenaza (respuesta de lucha-huida).

El Sistema Nervioso Autónomo (SNA) es el encargado de coordinar la activación y todos los cambios físicos implicados
en dicha respuesta. Esto ocurre puesto que el propósito de la ansiedad no es otro que el de proteger al organismo.
Frente a una situación de peligro (fuego en el edificio, por ejemplo) es vital la preparación para la acción inmediata. Es
necesario que en el cuerpo se produzcan una serie de cambios, encaminados a la activación para superar con éxito la
situación (en este caso escapar de las llamas, sobrevivir).

¿Cuándo se produce?
La respuesta actual de ansiedad podría concebirse como un mecanismo de defensa evolutivo, una herencia que hemos
ido desarrollando con el paso del tiempo. Las amenazas a las que hacían frente nuestros antecesores estaban
mayoritariamente ligadas a la supervivencia. Así como a funciones primarias de lucha y huida (luchar contra los
animales, correr, pelear, esconderse…). Todas estas acciones requieren una alta activación para su eficaz ejecución. No
obstante, pese a que en la actualidad hay muchos peligros que no se resuelven a través de la lucha, seguimos
conservando esta respuesta de sobreactivación cuando interpretamos que una situación es amenazante o peligrosa.

Trastorno de ansiedad generalizada

Es una ansiedad persistente, la cual hace que el individuo se sienta nervioso, irritable, que sufra de temblor,
dificultades para relajarse, entre otros. Esto tiene como consecuencia que sufra de inseguridad, que tenga problemas
en sus relaciones sociales, mucha preocupación por el futuro, etc

Trastorno de ansiedad con agorafobia

Es lo que aparece cuando la persona tiene mucho miedo a los lugares públicos y abiertos. En muchos casos aparece
también temblor al salir de la casa, al tener que entrar en una tienda u en otro espacio. Es un miedo que aparece por
el hecho de estar en lugares en donde podría ser difícil escapar.

Neurosis

Son algunas ideas que aparecen en la menta o pensamientos que aparecen de forma constante en la persona. Esto
hace que aparezcan de forma esterotipada los pensamientos y por ende que no consiga eliminarlos.

Trastorno de ansiedad fóbica

Son las consecuencias que aparecen en momentos concretos como puede ser por ejemplo el miedo a morirse, a
hablar en público, a estar en un espacio con muchas personas, a estar frente a un animal, entre otros.

¿En qué afecta?

Una persona afectada de ansiedad vivencia una mayor exposición al peligro, experimentando una mayor
preocupación. Por tanto, activa más su sistema de respuesta a la ansiedad: más repetidamente, por más tiempo e
intensidad, incluso, cuando no es necesario. En estos casos la ansiedad puede inducir un sufrimiento significativo en la
persona, que ya no es funcional, acotado y transitorio. Esta situación puede interferir significativamente en diferentes
áreas de la vida de la persona que la padece, como pueden ser la alimentación, la higiene del sueño, la socialización y
el nivel general de energía o activación entre otros. Ante este malestar generalizado la persona afectada puede sentir
indefensión. Y, en rasgos general, producirse un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico.

¿Cuándo aparece?

Los síntomas pueden empezar en la infancia o la adolescencia y continuar hasta la edad adulta. En este punto cabe
señalar que diferentes tipos de trastornos de ansiedad pueden tener sintomatologías diferentes. La ansiedad suele
manifestarse a nivel mental, emocional y físico. Los síntomas mentales y emocionales suelen consistir en la aparición
de una preocupación constante, cansancio, irritabilidad y agitación. Además de problemas para concentrarse y
conciliar el sueño entre otros. Los síntomas físicos suelen incluir taquicardia, dificultad para respirar o sudoración
excesiva. O incluso tensión muscular, temblores, mareos, desmayos, dolor de cabeza, indigestión entre otros.

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