Obj 1888
Obj 1888
Respondo a esta objeción en primer lugar, puesto que esa circunstancia de la desviación
tardía de Jones y Waggoner es tristemente todo lo que muchos parecen conocer —o
quieren saber— acerca de la historia y hechos relacionados con 1888.
E.J. Waggoner comenzó a incluir algunas ideas pan-enteístas en sus escritos a partir de
1896: Cristo morando en todo hombre, regenerado o no (en este último caso estaría
silente, pendiente de ser descubierto), y claramente panteístas más tarde, como se
puede apreciar en la serie de dieciocho estudios sobre el libro de Hebreos que dio en la
Conferencia General de 1897. Con toda probabilidad resultó influenciado por las ideas
de J.H. Kellogg.
Hasta donde el análisis literario ha permitido comprobar, A.T. Jones no participó del
panteísmo ni pan-enteísmo de Waggoner. No hay base para las acusaciones que algún
autor contemporáneo ha hecho contra él en ese sentido. Para acusar a Jones de
panteísta es necesario cambiar la definición de panteísmo como siendo la creencia de
que Cristo mora (a través de su Espíritu Santo) en el corazón del creyente regenerado.
El problema es, naturalmente, que según esa redefinición, la Biblia, el propio Cristo,
Pablo, el resto de autores de las Escrituras del Nuevo Testamento, y Ellen White fueron
panteístas.
Los que han continuado hasta el día de hoy oponiéndose al mensaje que el Señor nos
dio mediante los pastores Jones y Waggoner no dudan en atribuir su desviación tardía
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al propio mensaje, siendo entonces la implicación ineludible que Ellen White no fue
inspirada por el Espíritu Santo al apoyar de forma contundente e inconfundible el
mensaje que trajeron, cosa que hizo en más de doscientas declaraciones. En el caso de
admitir que fuera realmente inspirada, la situación empeora, porque esa acusación
equivale entonces a atribuir falta de sabiduría y discernimiento al propio Dios.
La propia Ellen White previó y advirtió acerca del “engaño fatal” y la exultante alegría
de los opositores al mensaje que Dios nos envió a través de Jones y Waggoner si estos
cedían finalmente a la tentación:
2
Objeción 2: ‘No es necesario conocer el mensaje de Waggoner y Jones tal
como ellos lo presentaron, puesto que tenemos los escritos de Ellen
White’
1. Ellen White no identificó su propia obra como el comienzo del fuerte pregón, del
derramamiento de la lluvia tardía. Sin embargo, sí que lo hizo con el preciosísimo
mensaje que “en su gran misericordia el Señor envió... a su pueblo por medio de los
pastores Waggoner y Jones... el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en
alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu” (TM 91-92). Es
ineludible reconocer que tiene que haber algo único, especial, en el mensaje que el
Señor comisionó a Jones y Waggoner a que dieran a la iglesia y al mundo. Es imposible
apreciar el don profético manifestado en Ellen White si al mismo tiempo rechazamos
sus consejos y afirmaciones. Hay más de 1.800 páginas escritas por Ellen White a
propósito de “1888”. A ningún otro evento dedicó tanta extensión.
2. Ellen White no sostuvo que fuese ella quien llevó ese “mensaje especial”. Siempre fue
categórica e insistente en la identificación de los mensajeros:
“Cuando Cristo vino a los judíos con todo el poder de su majestad, manifestando toda
su gracia en prodigiosas curaciones y en el poderoso derramamiento de su Espíritu, no
estarían dispuestos a reconocerlo. ¿Por qué? Porque reinaban allí los mismos prejuicios
que habían morado en sus corazones, y los más poderosos milagros que hiciera no
tendrían efecto alguno en sus corazones.
Si nos situamos en una posición en la que no vamos a reconocer la luz que Dios envía o
su mensaje para nosotros, estamos en peligro de pecar contra el Espíritu Santo. ¡Cómo
podemos ir en procura de encontrar alguna pequeña cosa que se haya hecho, que nos
permita colgar allí alguna de nuestras dudas y empezar a cuestionar! El asunto es, ¿ha
enviado Dios la verdad? ¿ha suscitado Dios a esos hombres para proclamar la verdad?
Digo: –Sí. Dios ha enviado a hombres para proporcionarnos la verdad que no habríamos
tenido si Dios no hubiese enviado alguien para que nos la trajese. Dios me ha permitido
tener una luz en cuanto a lo que es su Espíritu Santo, por lo tanto, lo acepto, y no me
atreveré más a levantar mi mano contra esas personas, puesto que sería contra
Jesucristo mismo, quien debe ser reconocido en sus mensajeros.
Os pido ahora que seáis cuidadosos en cuanto a la posición que tomáis cada uno de
vosotros, si os rodeáis de nubes de incredulidad debido a que veis imperfecciones; veis
una palabra o un pequeño asunto, quizá, que puede ocurrir, y los juzgáis de acuerdo con
ello. Debéis ver lo que Dios está haciendo con ellos. Ver si Dios está obrando con ellos,
y entonces tenéis que reconocer el Espíritu de Dios que se revela en ellos. Si elegís
resistirlo, estaréis actuando exactamente como lo hicieron los judíos” (Manuscrito 2,
1890; The Ellen G. White 1888 Materials, 608-609).
“El Señor ha suscitado a los hermanos Jones y Waggoner para que proclamen un
mensaje al mundo a fin de preparar a un pueblo para que resista en pie en el día de Dios.
El mundo está sufriendo por necesidad de luz adicional que venga a ellos sobre las
Escrituras [una] proclamación adicional de los principios de pureza, humildad, fe y la
justicia de Cristo. Ese es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (The
Ellen G. White 1888 Materials, 1814-1815).
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“Satanás controla toda mente que no se halla en forma decidida bajo el gobierno del
Espíritu de Dios. Algunos han estado cultivando odio contra los hombres a quienes Dios
ha comisionado para presentar un mensaje especial al mundo” (TM, 79-80).
Dios comisionó a Waggoner y a Jones para que presentaran “un mensaje especial al
mundo”; no para que presentaran ‘un mensaje especial a la hermana White, de forma
que ella lo pudiese presentar de forma subsiguiente al mundo o a su pueblo’. Cuando
Dios comisionaba a Ellen White algún mensaje, se comunicaba con ella según la norma
profética: mediante sueños, visiones, etc. No mediante Jones y Waggoner. Carece de
sentido la suposición de que Dios comisionara a Jones y Waggoner con ese mensaje, con
el único propósito de que ellos se lo transmitieran a Ellen White, y ella a nosotros.
“Este mensaje, tal como ha sido presentado, debe ir a toda iglesia que pretenda creer la
verdad... Queremos ver quién ha presentado al mundo las credenciales divinas” (RH 18
marzo 1890).
Ellen White no dijo: ‘Este mensaje, tal como lo presentaré yo después que Waggoner y
Jones hayan desaparecido de la escena...’, sino “tal como ha sido presentado”. Y debe ir
“a toda iglesia”. ¿Ha ido ya a la tuya?
“En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio
de los pastores Waggoner y Jones... este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado
al mundo” (TM, 91-92).
¿Desechaste ese medio ordenado por Dios para hacer llegar el preciosísimo mensaje a
“su pueblo” y “al mundo”?
Si el Señor hubiese suscitado a los dos mensajeros antes de la época de Ellen White, o
después de ella, cabría pensar que se trataba de enfatizar una misma cosa. Pero estando
viva la profetisa del Señor, en pleno uso de su don profético, “en su gran misericordia el
Señor envió... a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones... el mensaje del
tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante
derramamiento de su Espíritu” (TM 91-92), por lo tanto, está claro que el Señor les
encomendó a ellos una labor especial, diferente de la que había encomendado a ella.
“[El ángel del Señor dijo] ‘El pueblo está actuando según la rebelión de Coré, Datán y
Abiram… No es a ti [Ellen White] a quien están despreciando, sino a los mensajeros y al
mensaje que envié a mi pueblo. Han mostrado su desdén hacia la palabra del Señor’”
(The Ellen G. White 1888 Materials, 1067-1068)
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Objeción 4: ‘He leído artículos de Ellen White de “1888” y no encuentro
allí lo que se presenta como “el mensaje de 1888”’
Ellen White no se identificó a sí misma como la mensajera de 1888. Como explica la nota
de la página 215 de Mensajes Selectos vol. III, “Elena de White habló 20 veces en
Minneapolis, pero no se refirió a la justificación por la fe”. Eso es muy significativo,
puesto que la propia Ellen White declaró posteriormente que el gran tema, en
Minneapolis, fue la justificación por la fe (ver testimonio del pastor Washburn). Dios
había elegido para ese mensaje especial a Jones y Waggoner. En su infinita sabiduría, el
Señor había asignado allí otro importante papel a su profetisa: dar testimonio del origen
celestial de ese mensaje y de que fue el Señor quien eligió a sus mensajeros, cosa que
Ellen White hizo de la forma más enfática. La credibilidad de lo presentado por Jones y
Waggoner durante el período en que ella hizo sus declaraciones de apoyo a los
mensajeros se mantiene o se cae junto con la de Ellen White en su ministerio profético.
Ver selección de citas de ‘The Ellen G. White 1888 Materials’ al final del libro Alumbrada
por su gloria.
Si debido a que esos cuatro libros contienen todo lo que necesitamos saber sobre el
evangelio no estamos en necesidad de dar oído a los “mensajeros delegados
celestiales”, significa que, con mucho mayor motivo, podemos abstenernos de cualquier
otra lectura y predicación. ¡Basta con quedarse en casa leyendo esos cuatro libros! Y eso
quizá nos hiciera un gran bien, aunque naturalmente sea disparatado. Pero obsérvese
lo que dijo Ellen White sobre sus propios escritos (de ella): “No estáis familiarizados con
las Escrituras. Si os hubieseis dedicado a estudiar la Palabra de Dios, con un deseo de
alcanzar la norma de la Biblia y la perfección cristiana, no habríais necesitado los
Testimonios” (2 JT, 280). Siendo así, ¿qué pensaríamos de alguien que sostuviera que no
tenemos ninguna necesidad de los Testimonios, puesto que “todo” está en la Biblia?
¿Acaso no revelaría eso la peor incredulidad imaginable respecto al don profético
manifestado en Ellen White?
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La revelación es o no nueva dependiendo de quiénes la reciben. Jesús dijo: “Un
mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros” (Juan 13:34). ¿Realmente
nuevo? (Lev 19:18). Lo era ciertamente para aquellos oidores de Jesús.
“El Dr. Waggoner ha abierto ante vosotros una luz preciosa; no luz nueva, sino antigua
luz que muchas mentes habían perdido de vista, y que brilla ahora en nítidos rayos” (The
Ellen G. White 1888 Materials, 175).
Objeción 7: ‘Es preciso rechazar toda nueva luz, ya que todo lo nuevo es
necesariamente erróneo y contrario a la verdad. En todo caso, ya hemos
recibido toda la verdad que necesitamos’
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“La verdad de Dios es progresiva; va siempre en aumento, de fortaleza en fortaleza aun
mayor, hacia una luz mayor. Tenemos todas las razones para creer que el Señor nos
enviará mayor verdad, ya que queda aún por hacer una gran obra. En nuestro
conocimiento de la verdad primeramente hay un comienzo en su comprensión, luego
una progresión y más tarde la plenitud; primero la plántula, luego la mazorca, y tras ello
el maíz en su plenitud. Ha habido una gran pérdida debido a que nuestros pastores y
nuestro pueblo han llegado a la conclusión de que ya hemos recibido toda la verdad que
nos era esencial como pueblo; pero una conclusión tal es errónea y armoniza con los
engaños de Satanás, ya que la verdad se estará desplegando constantemente”
“La luz vendrá al pueblo de Dios, y aquellos que han procurado cerrar la puerta tendrán
que arrepentirse, o bien ser quitados del camino. Ha llegado el momento de dar un
nuevo ímpetu a la obra. Escenas terribles están por llegar ante nosotros, y Satanás se
esfuerza por ocultar de nuestro entendimiento precisamente aquello que Dios quiere
que conozcamos. Dios tiene mensajeros y mensajes para su pueblo. Si se presentan
ideas que difieren en ciertos puntos de nuestras doctrinas anteriores, no debemos
condenarlas sin estudio diligente de la Biblia para ver si son verdaderas” (Signs of the
Times, 26 mayo 1890).
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La evidencia bíblica es también abundante (ver, por ejemplo, Deut 32:2; Oseas 6:3; Isa
55:10-11).
El sello característico de los falsos y pretendidos derramamientos del Espíritu Santo es
precisamente la supuesta efusión de un poder, al margen de un mensaje de verdad
apropiada para ese tiempo. Se trata de “espiritualidad” sin verdad, que resulta ser
espiritismo.
Resulta increíble el interés de algunos por negar lo que Ellen White afirmó
repetidamente, y que es el hecho fundamental de “1888”.
La predicación de ese mensaje estuvo en el comienzo del derramamiento del Espíritu
Santo, y tenía por fin dar la luz y el poder para terminar la obra en un tiempo breve, y
recibir al Señor en las nubes. Sólo en esa expectativa se puede comprender que Dios
suscitara justo antes de 1844 el movimiento de William Miller, permitiendo que llamara
la atención mundial al inminente retorno de Cristo. En efecto, la purificación del
santuario (que Miller no comprendió plenamente) tenía un fin: la preparación de un
pueblo y del mundo para el próximo regreso de Cristo. Nuestro pecado, en 1888 y
siguientes años, ha consistido en resistir al Espíritu Santo, abortando su derramamiento
y demorando la venida de Cristo en el tiempo previsto por el Señor.
En incontables ocasiones Ellen White expresó que había habido una demora, que no era
la voluntad del Señor que estuviéramos tantos años en esta tierra, y que de haber sido
fieles, hace muchos años que estaríamos en la Jerusalén celestial (dicho ya en sus días).
La iglesia que el Señor suscitó con posterioridad a 1844 lleva en su nombre la palabra
ADVENTISTA. No fue un nombre elegido de forma caprichosa. El Espíritu Santo dio su
aprobación a ese nombre. Esta, su verdadera Iglesia del tiempo del fin, tenía y tiene por
objetivo cooperar con el Señor en la preparación para su retorno en gloria. Pero antes
de esa venida es necesario el derramamiento del Espíritu Santo a fin de que tengamos
la luz y el poder necesarios para que la tierra pueda ser alumbrada por su gloria. Nuestro
rechazo al Espíritu Santo en 1888, nuestra negación continuada de haber actuado de esa
forma, y nuestro desentendimiento del mensaje predicado en aquella ocasión explican
que el retorno de Cristo no se haya producido en el breve tiempo que separaba 1844 de
1888, y de 1888 hasta nuestros días.
Leemos en Deuteronomio [Link] “Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de
Jehová tu Dios en el desierto… habéis sido rebeldes a Jehová”.
Solemos aplicar esa advertencia / consejo al antiguo pueblo de Israel de forma
corporativa y le achacamos un grave problema de memoria. ¿Qué tipo extraño de
ceguera nos impide ver su aplicación en el caso del moderno Israel, que es nuestro caso?
¿Es razonable que estemos esperando y pidiendo el derramamiento del Espíritu Santo,
mientras nos esforzamos por ocultar e ignorar el mensaje con el que comenzó a ser
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derramado cuando lo resistimos en la era de 1888 y a partir de entonces? Escribiendo
desde Australia en 1895 en relación con Minneapolis, leemos:
“Quiero presentar una amonestación a los que durante años han resistido la luz y
albergado un espíritu de oposición. ¿Por cuánto tiempo odiaréis y despreciaréis a los
mensajeros de la justicia de Dios?... La gracia del Espíritu Santo os ha sido ofrecida una
y otra vez. La luz y el poder de lo alto han sido derramados abundantemente en vuestro
medio... El Señor sabe que estáis dando vuelta completamente a las cosas... Si rechazáis
a los mensajeros designados por Cristo, rechazáis a Cristo” (TM, 96-97).
Obsérvese que eso fue escrito siete años después de 1888. ¿No te parece que defender
el mito de que uno o dos años después de 1888 ya fue aceptado ese mensaje —y que lo
hemos venido aceptando desde entonces— es dar “vuelta completamente a las cosas”,
como lo es negar que “la luz y el poder de lo alto” fueron “derramados
abundantemente” en 1888?
Objeción 10: ‘Más bien que dirigir nuestra vista hacia atrás, ¿no
debiéramos olvidar el pasado y seguir avanzando?’
En Jerusalén todavía hay judíos devotos penando junto al muro de las lamentaciones.
Uno de los motivos principales de sus plegarias es reclamar la venida del esperado
Mesías.
A nosotros nos parece patético, pero eso es exactamente lo que significa un pueblo que
decidió “olvidar el pasado y seguir avanzando”. ¿Cómo de patéticos debemos parecer
nosotros a las inteligencias celestiales en nuestro intento por olvidar y seguir avanzando
en nuestro olvido?
Si el pueblo judío literal decidiera avanzar espiritualmente, debería ciertamente dirigir
su mirada dos mil años atrás, y ver que el tan esperado Mesías vino ya, pero lo
rechazaron. Nosotros oramos por el derramamiento del Espíritu Santo (y hacemos bien),
pero en muchas ocasiones lo hacemos pensando que vendrá como un poder, sin
relación alguna con un mensaje, y eso nos sucede por haber querido olvidar el pasado y
seguir avanzando. En el futuro, cuando se produzca el genuino derramamiento del
Espíritu Santo, no será de forma distinta a como se produjo su comienzo en la era de
1888. Mirar a “1888” no es dirigir la vista al pasado, sino al futuro.
¿Crees que podremos alguna vez avanzar, olvidando que el comienzo del
derramamiento del Espíritu Santo vino en estrecha relación con un mensaje específico
que nos empeñamos en ignorar y ocultar, cuando no repudiar explícitamente?
“A las ocho, el hermano Jones habló acerca del tema de la justificación por la fe... este
mensaje de luz y verdad que ha venido a nuestro pueblo es precisamente la verdad para
este tiempo... El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la
justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del
ángel cuya gloria llenará toda la tierra” (1 MS, 424-425).
¿Te parece razonable olvidar ese comienzo del fuerte pregón y de la luz del ángel cuya
gloria tenía que haber alumbrado toda la tierra y que por fin no pudo hacerlo? ¿Te
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parece razonable olvidar y seguir “avanzando” como si no hubiera pasado nada?
¿Podemos estar seguros de que al proceder así no estamos avanzando hacia atrás?
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propios hermanos ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo” (The Ellen G.
White 1888 Materials, 1575).
¿Puedes creer que el Señor permitiría que se pierda “el mensaje de Dios a la iglesia de
Laodicea”, el que envió a fin de preparar a su pueblo para la traslación? Después de Ellen
White, de entre todos los autores adventistas, probablemente nadie produjo tanto
material escrito como Jones y Waggoner. ¿Cuánto de él puedes encontrar en tu librería
de iglesia?
“El mensaje que nos han dado A.T. Jones y E.J. Waggoner es el mensaje de Dios a la
iglesia de Laodicea, y ay de aquel que profese creer la verdad y que no obstante no
refleje a otros los rayos dados por Dios” (The Ellen G. White 1888 Materials, 1052.2).
1. ¿Qué conocimiento de la verdad habría obtenido alguien que tuviera esa mentalidad
en la época de Elías, de Juan el Bautista (Lucas 7:28-30), de Jesús en sus días en esta
tierra (Juan 7:47-49), de Lutero y los reformadores, o de nuestros pioneros en el
surgimiento del movimiento adventista?
2. Si tienes acceso a estos escritos habrás podido comprobar por ti mismo que HAY
abundante material asequible, tanto en inglés como en castellano. Otro asunto es si ese
material está asequible por el conducto que uno quisiera o considera adecuado... Pero
eso no es nada nuevo: recuérdese por qué conducto llegó la verdad en la época de Juan
Bautista, en la de Jesús o en la de 1888, y el papel que tuvieron los prejuicios referentes
al mensajero en el rechazo del mensaje, en cada uno de los casos citados.
“En la manifestación de ese poder que ilumina la tierra con la gloria de Dios no verán
más que algo que en su ceguera les parecerá peligroso, algo que despertará sus temores,
y tomarán posición para resistirlo. Debido a que el Señor no obra de acuerdo con sus
ideas y expectaciones se opondrán a la obra. ‘¡Qué!’ —dicen ellos—‘¿Acaso no
conocemos el espíritu de Dios tras haber estado tantos años en la obra?’” (RH, 23
diciembre 1890).
Obsérvese el contraste: Lo que Ellen White definió como “precioso”, algunos lo
percibirán como “peligroso”. La simpatía o animadversión que manifestamos hacia el
mensaje y los mensajeros demuestra cuál es nuestra posición al respecto.
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“¿Cómo escudriñaremos las Escrituras para entender lo que enseñan? Debemos abordar
la investigación de la Palabra de Dios con un corazón contrito, con oración y con una
disposición a ser enseñados. No hemos de pensar, como pensaron los judíos, que
nuestras propias ideas y opiniones son infalibles; ni como los papistas, que piensan que
ciertos individuos son los únicos guardianes de la verdad y el conocimiento, y que los
hombres no tienen derecho a investigar las Escrituras por sí mismos, sino que deben
aceptar las explicaciones dadas por los padres de la iglesia. No debemos estudiar la
Biblia con el propósito de sostener nuestras opiniones preconcebidas, sino con el único
objeto de aprender lo que Dios ha dicho.
Algunos han temido que si en un solo punto siquiera reconocían su error, otras mentes
se verían inducidas a dudar de toda la teoría de la verdad. Por lo tanto, han creído que
no debiera permitirse la investigación, que esta tendería a la disensión y la desunión.
Pero si tal ha de ser el resultado de la investigación, cuanto antes venga, tanto mejor. Si
hay personas cuya fe en la Palabra de Dios no resiste la prueba de una investigación de
las Escrituras, cuanto antes se manifiesten, tanto mejor; pues entonces se abrirá el
camino para mostrarles su error. No podemos sostener que ninguna posición, una vez
adoptada; ninguna idea, una vez defendida, no habrá de ser abandonada en
circunstancia alguna. Hay solamente Uno que es infalible: Aquel que es el camino, la
verdad y la vida.
Los que permiten que el prejuicio impida que la mente reciba la verdad no pueden ser
receptáculos de la iluminación divina. Sin embargo, cuando se presenta un punto de vista
de las Escrituras, muchos no preguntan: ¿Es cierto? ¿Está en armonía con la Palabra de
Dios? Sino: ¿Quién lo defiende?, y a menos que venga precisamente por el medio que a
ellos les agrada, no lo aceptan. Tan plenamente satisfechos se sienten con sus propias
ideas, que no quieren examinar la evidencia bíblica con un deseo de aprender, sino que
rehúsan interesarse meramente a causa de sus prejuicios.
El Señor a menudo obra cuando nosotros menos lo esperamos; él nos sorprende al
revelar su poder mediante instrumentos de su propia elección mientras pasa por alto a
los hombres por cuyo intermedio hemos esperado que viniera la luz. Dios quiere que
recibamos la verdad por sus propios méritos, porque es verdad.
La Biblia no debe ser interpretada para acomodarse a las ideas de los hombres, por
mucho tiempo que hayan sido tenidas estas ideas como verdad. No hemos de aceptar
la opinión de comentadores como la voz de Dios; ellos eran seres mortales como
nosotros. Dios nos ha dado facultades de razonar a nosotros como a ellos. Hemos de
hacer que la Biblia sea su propio expositor. Todos deben ser cuidadosos en la
presentación de nuevos puntos de vista sobre pasajes de la Biblia antes de haber dado
a estos puntos un estudio cabal, y estén plenamente preparados para sostenerlos con
la Biblia. No introduzcáis nada que cause disensión, sino una clara evidencia de que en
ello Dios está dando un mensaje especial para este tiempo.
Pero guardaos de rechazar aquello que es verdad. El gran peligro para nuestros
hermanos ha sido el de depender de los hombres y hacer de la carne su brazo. Los que
no han tenido el hábito de escudriñar la Biblia por sí mismos o pesar la evidencia, tienen
confianza en los dirigentes y aceptan las decisiones que ellos toman; y así muchos
rechazan los mismos mensajes que Dios envía a su pueblo si estos hermanos dirigentes
no los aceptan.
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Nadie debe pretender que tiene toda la luz que existe para el pueblo de Dios. El Señor
no tolerará esta condición. Él ha dicho: ‘He aquí, he dado una puerta abierta delante de
ti, la cual ninguno puede cerrar’. Aun cuando nuestros dirigentes rechacen la luz y la
verdad, esa puerta permanecerá aún abierta. El Señor suscitará a hombres que den al
pueblo el mensaje para este tiempo.
La verdad es eterna, y el conflicto con el error sólo manifestará la fortaleza de esa
verdad. Nunca hemos de rehusar examinar las Escrituras con aquellos que tengamos
razones para creer que desean saber qué es verdad. Suponed que un hermano sostiene
un punto de vista que difiere del vuestro, y que viene a vosotros proponiéndoos que os
sentéis con él para hacer una investigación de ese punto en las Escrituras. ¿Debéis
levantaros llenos de prejuicio y condenar sus ideas mientras rehusáis escucharlo sin
prejuicio? El único procedimiento correcto sería el sentaros como cristianos para
investigar la posición presentada a la luz de la Palabra de Dios, la cual revelará la verdad
y desenmascarará el error. Ridiculizar sus ideas no debilitará su posición en lo más
mínimo si fuera falsa, ni fortalecerá vuestra posición si fuera la verdad. Si los pilares de
nuestra fe no soportan la prueba de la investigación, es tiempo de que lo sepamos.
Ningún espíritu de fariseísmo debe ser acariciado entre nosotros.
Hemos de abordar el estudio de la Biblia con reverencia, sintiendo que estamos en la
presencia de Dios. Toda liviandad y frivolidad debe ser dejada a un lado. Aunque algunas
porciones de la Palabra se entienden con facilidad, el verdadero sentido de otras partes
no se discierne con rapidez. Debe haber paciente estudio y meditación, y oración
ferviente. Todo estudioso, al abrir las Escrituras, debe solicitar la iluminación del Espíritu
Santo, y la promesa segura es que será dado.
El espíritu con el cual os aboquéis a la investigación de las Escrituras determinará el
carácter de los que os asistan. Ángeles del mundo de la luz estarán con los que con
humildad de corazón buscan dirección divina. Pero si la Biblia se abre con irreverencia,
con un sentimiento de suficiencia propia, si el corazón está lleno de prejuicio, Satanás
está a vuestro lado, y él colocará las declaraciones sencillas de la Palabra de Dios en una
luz pervertida.
Hay algunos que se complacen en la ligereza, en el sarcasmo y aun en la burla de los que
difieren de ellos. Otros presentan una colección de objeciones a cualquier punto de vista
nuevo; pero cuando estas objeciones son claramente contestadas por las palabras de
las Escrituras no reconocen la evidencia presentada ni permiten ser convencidos. Sus
preguntas no tenían el propósito de llegar a la verdad, sino la mera intención de
confundir la mente de los demás.
Algunos han pensado que es una evidencia de agudeza y superioridad intelectual el
sumir en la perplejidad las mentes con respecto a qué es verdad. Recurren a las sutilezas
de argumentos, al juego de palabras; toman injusta ventaja haciendo preguntas. Cuando
sus preguntas han sido claramente contestadas cambian de tema y saltan a otro punto
para evadir la necesidad de reconocer la verdad. Debemos cuidarnos de complacer el
espíritu que dominó a los judíos. No querían aprender de Cristo porque su explicación de
las Escrituras no estaba de acuerdo con sus ideas; por lo tanto llegaron a ser espías en
su camino, ‘acechándole y procurando cazar algo de su boca para acusarle’. No
traigamos sobre nosotros la terrible denuncia de las palabras del Salvador: ‘¡Ay de
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vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos
no entrasteis y a los que entraban impedisteis’...
Los jóvenes deben investigar las Escrituras por sí mismos. No deben pensar que es
suficiente que los de más experiencia busquen la verdad y que los más jóvenes pueden
aceptarla cuando proviene de ellos, considerándolos una autoridad. Los judíos
perecieron como nación porque fueron apartados de la verdad de la Biblia por sus
gobernantes, sacerdotes y ancianos. Si hubieran hecho caso a Jesús e investigado las
Escrituras por sí mismos no habrían perecido.
Debemos estudiar la verdad por nosotros mismos. No debe confiarse en nadie para que
piense por nosotros. No importa de quién se trate, o cuán elevado sea el puesto que
ocupe, no hemos de mirar a nadie como criterio para nosotros.
Dios nos pide que dependamos de él, y no del hombre (TM, extractos del capítulo “¿Cómo
escudriñaremos las Santas Escrituras?” 105-111, redacción editada).
Por desgracia no existe una posición en nuestra iglesia actual sobre la justificación por
la fe, sino varias y enfrentadas. Y eso es el triste fruto de haber rechazado la genuina
verdad que el Señor nos envió en 1888 mediante sus “mensajeros delegados”.
Este es un testimonio de Ellen White que parece hoy extrañamente pertinente:
“Las muchas y confusas ideas en relación con la justicia de Cristo y la justificación por la
fe son el resultado de la posición que usted ha tomado hacia los hombres y hacia el
mensaje enviado por Dios...” (Carta 24 –a Uriah Smith–, 1892; The Ellen G. White 1888
Materials, 1053).
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Véase el testimonio de Ellen White a propósito de los sermones dados por A.T. Jones en
la Asamblea de 1893, que contienen una solemne y llana exposición del rechazo del que
fue objeto el mensaje en 1888, así como un llamamiento a recuperar entonces lo que se
perdió cinco años atrás:
“Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos [de A.T. Jones]
impresos en los Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que contienen
poderosos argumentos en relación con la validez de los Testimonios, y que sustentan el
don de la profecía entre nosotros. Se me mostró que esos artículos serían de ayuda para
muchos, y especialmente para aquellos recién llegados a la fe que no han estado
familiarizados con nuestra historia como pueblo. Será para usted una bendición el leer
de nuevo esos argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo” (Carta 230, 1908).
Obsérvese el testimonio de O.A. Olsen (presidente de la Asociación) tras oír uno de esos
sermones:
“Algunos se pueden sentir atribulados por la alusión hecha a Minneapolis. Sé que
algunos se han sentido agraviados y afligidos por la referencia hecha a ese encuentro y
a la situación allí. Pero téngase presente que la única razón para que alguien se pudiera
sentir así es un espíritu obstinado por su parte... El mismo hecho de que uno se sienta
agraviado delata de inmediato la semilla de la rebelión en el corazón” (General
Conference Bulletin, 188).
Objeción 16: ‘Podemos estar seguros de que Dios nunca enviará luz, de
no ser a través de los dirigentes de su iglesia, por lo que basta con
atenerse a lo que ellos aprueban’
Podemos estar seguros de que Dios nunca dejará sin luz a los dirigentes de su iglesia,
pero estar seguros de que ellos siempre la aceptarán equivale a adherirse al dogma
papal de la infalibilidad (de los dirigentes de la iglesia). En ninguna época de crisis fue
suficiente con atenerse a lo que aprobaron los dirigentes del pueblo de Dios. No bastó
en los días de Elías, de Jeremías, de Juan Bautista, del propio Jesús, en los días de la
Reforma, del inicio del movimiento adventista, ni en Minneapolis. Es posible que
también estemos viviendo hoy en una época de crisis.
“Aquellos que han desempeñado un papel prominente en la obra deben tener gran
cuidado con pensar que es imposible que la luz venga al pueblo de Dios si no es a través
de ellos” (Signs of the Times, 26 mayo 1890).
“Dios elige al que él quiere, para llevar el mensaje” (The Ellen G. White 1888 Materials,
1032, Carta 19d, 1892).
“Dios puede elegir instrumentos que nosotros no aceptemos, debido a que no coinciden
exactamente con nuestras ideas… Entonces comienza la disección del carácter” (The
Ellen G. White 1888 Materials, 1091).
“Los maestros del pueblo en el tiempo de Cristo estaban plenamente satisfechos con
ellos mismos. Mantenían consejos y se animaban uno a otro en sus ideas y opiniones, y
Satanás estaba en sus asambleas controlando sus decisiones. Procuraban que el pueblo
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temiese escuchar las palabras de Cristo. Amenazaban con echar de la sinagoga a aquellos
que daban oído a su doctrina, cosa que era considerada por el pueblo como la mayor
maldición que sobre ellos podía caer” (Signs of the Times, 26 mayo 1890).
“En el temor y el amor de Dios digo a aquellos ante quienes me tengo hoy, que hay luz
acrecentada para nosotros, y que con la recepción de esa luz vienen grandes
bendiciones. Y cuando veo a mis hermanos encendidos de ira contra los mensajes y los
mensajeros de Dios pienso en escenas similares en la vida de Cristo y de la Reforma. La
recepción dada a los siervos de Dios en épocas pasadas es la misma que se da hoy a los
portadores a quienes Dios está enviando preciosos rayos de luz. Los dirigentes del
pueblo siguen hoy el mismo curso de acción que siguieron los judíos. Critican y
cuestionan vez tras vez, y rehúsan admitir la evidencia, tratando la luz que les es enviada
de la misma manera en que los judíos trataron la luz que Jesús les trajo” (The Ellen G.
White 1888 Materials, 911).
“Sea cuidadoso en cuanto a tomar posición contra el pastor Waggoner. ¿No tiene acaso
la mayor evidencia posible de que el Señor ha estado comunicando luz por medio de él?
Yo sí la tengo” (The Ellen G. White 1888 Materials, 977).
“En tales casos la mente de un hombre gobierna la mente de otro hombre, y el
instrumento humano es separado de Dios y expuesto a la tentación. Los métodos de
Satanás tienden a un solo fin: hacer que los hombres sean esclavos de los hombres” (TM,
361).
Jeremías 17:5 nos advierte así: “Maldito el varón que confía en el hombre y pone carne
por su brazo”. ¿Por qué? (vers. 6): “No verá cuando viniere el bien”. Ahí encontramos
resumida en muy pocas palabras nuestra historia en Minneapolis. ¿La seguimos
repitiendo nosotros?
“Siempre ha sido el firme propósito de Satanás eclipsar la visión de Jesús e inducir a los
hombres a mirar al hombre, a confiar en el hombre y a esperar ayuda del hombre.
Durante años la iglesia ha estado mirando al hombre y esperando mucho del hombre,
en lugar de mirar a Jesús en quien se cifran nuestras esperanzas de vida eterna. Por eso
Dios entregó a sus siervos un testimonio que presentaba con contornos claros y distintos
la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel” (TM, 93).
Esa fue sin duda la ideología que permitió que tuviera lugar la Inquisición, único fruto
posible de la mentalidad papal. Nuestra iglesia, desde su mismo origen, surgió basada
en el principio protestante de la primacía de la Palabra. No hay otra forma en la que
nuestro pueblo pueda seguir avanzando en la luz.
“Permitid que sea Dios quien hable en su palabra. Si pensáis que vuestro hermano cree
un error, debéis tratarlo con consideración manifestando bondad, paciencia y cortesía.
Debéis razonar con él a partir de la palabra de Dios, comparando escritura con escritura,
considerando cuidadosamente cada partícula de evidencia” (Signs of the Times, 26 mayo
1890).
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Objeción 18: ‘Ha sido desafortunado equiparar a Jones y Waggoner con
Ellen White en términos de inspiración profética’
Habría sido desafortunado si tal cosa hubiera sucedido. Pero no sabemos de nadie que
sostenga tal equiparación (ver página 10 de ‘Introducción al mensaje de 1888’). Los
hechos son estos, y nos limitamos a señalarlos:
Ellen White calificó a Jones y Waggoner como “mensajeros delegados de Cristo”,
“agentes escogidos”, como siendo poseedores de “credenciales celestiales”. Dijo que
rechazar el mensaje que traían era rechazar a Cristo “quien debe ser reconocido en sus
mensajeros”.
“Sé positivamente que Dios ha dado preciosa verdad a los hermanos Jones y Waggoner
en el momento oportuno. ¿Significa que los considero infalibles? ¿Quiero decir con ello
que es imposible que hagan una declaración o que tengan una idea que no pueda ser
cuestionada o que sea errónea? —No, no hay tal cosa. No digo eso de ningún hombre
en el mundo. Sin embargo, afirmo que Dios ha enviado luz, y sed cuidadosos en el trato
que le dais” (The Ellen G. White 1888 Materials, 566).
“¿Por cuánto tiempo odiareis y despreciareis a los mensajeros de la justicia de Dios?
Dios les ha dado su mensaje. Llevan la palabra del Señor” (The Ellen G. White 1888
Materials, 1341).
“El gran pecado de los que profesan ser cristianos es que no abren el corazón para recibir
el Espíritu Santo. Cuando las almas tienen ferviente deseo de Cristo y procuran hacerse
uno con él, los que se conforman con una forma de piedad exclaman: ‘Sed cuidadosos,
no vayáis a los extremos’” (The Ellen G. White 1888 Materials, 1250).
“...la reunión de Minneapolis... la justificación por la fe, Cristo nuestra justicia... el Hno.
Jones habló acerca del tema... este mensaje de luz y verdad que ha venido a nuestro
pueblo es precisamente la verdad para este tiempo... Todo otro tema se hunde en la
insignificancia” (1 MS, 424).
“Si mediante la gracia de Cristo su pueblo se transforma en recipientes nuevos, él los
llenará con vino nuevo. Dios concederá luz adicional y se recuperarán verdades antiguas,
que serán repuestas en el armazón de la verdad, y dondequiera vayan los obreros,
triunfarán. Como embajadores de Cristo han de escudriñar las Escrituras para investigar
las verdades que se hallan ocultas bajo los escombros del error. Y han de comunicar a
otros cada rayo de luz que reciban. Habrá un solo interés prevaleciente, un solo propósito
que absorberá todos los demás: Cristo, justicia nuestra” (Hijos e hijas de Dios, 261).
“No me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Cor
2:2).
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Objeción 20: ‘No veo la importancia del mensaje traído por Jones y
Waggoner: siempre he comprendido y aceptado la justificación por la fe’
¿Para quién debe estar escrito Apocalipsis 3:17? ¿Y para quién 1 Corintios 8:2? “Si
alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saber”.
Un año después de las presentaciones de Minneapolis, Ellen White escribió: “El mensaje
presente, la justificación por la fe... No hay uno en cien que entienda por sí mismo la
verdad bíblica sobre este tema que es tan necesario” (1 MS, 422).
Casi todos estamos seguros de formar parte de ese menos que “uno en cien” que lo
entiende (y que lo acepta). No decimos que sea imposible... pero reconozcamos que ¡es
improbable! ¿Te gustaría saber cuál fue la posición de U. Smith y G. Butler, los dos
grandes campeones del rechazo al mensaje de la justificación por la fe tal como lo
presentaron Jones y Waggoner en 1888? —No veían importancia alguna en el mensaje,
dado que ellos ‘siempre habían creído y aceptado la justificación por la fe’.
Objeción 21: ‘Por algo debe ser que ese mensaje suele despertar la
controversia...’
Objeción 22: ‘No veo necesidad alguna del mensaje dado en Minneapolis
en la era de 1888, ya que yo encuentro toda la verdad en la Biblia’
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Objeción 23: ‘Es preferible seguir ocultando esa parte de nuestra historia.
Es preferible que nuestros miembros, particularmente los nuevos
miembros, ignoren esos hechos’
Se debe recordar que Esteban fue apedreado por recordarle su historia al pueblo de
Israel.
¿Puedes señalar un solo lugar en el que el registro sagrado haya preferido ocultar alguna
parte de la historia del pueblo de Dios? La religión cristiana es una religión revelada. Dios
la ha revelado en la historia. Los grandes hitos han estado siempre relacionados con
momentos, con lugares y con personas. No es posible captar la justicia por la fe y olvidar
a Abraham. No es posible entender la ley e ignorar el Sinaí. No es posible intentar
conocer a Dios y desechar la historia sagrada, la forma como condujo al pueblo de Israel.
No es posible comprender el sacrificio infinito y ocultar el Calvario... ¿Cuál es la virtud
de ocultar Minneapolis, 1888, e intentar seguir como si no hubiera sucedido nada,
siendo que estamos cada vez más necesitados de lo que allí se despreció? ¿Estamos hoy
alumbrando la tierra con el conocimiento de la gloria de Dios?
Repetimos aquí esta declaración de Ellen White:
“Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos impresos en los
Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que contienen poderosos
argumentos en relación con la validez de los Testimonios, y que sustentan el don de la
profecía entre nosotros. Se me mostró que esos artículos serían de ayuda para muchos,
y especialmente para aquellos recién llegados a la fe que no han estado familiarizados
con nuestra historia como pueblo. Será para usted una bendición el leer de nuevo esos
argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo” (Carta 230, 1908).
Puedes leer esos sermones en los vínculos precedentes, o bien en [Link].
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por la verdad. Como cristianos somos hechos depositarios de verdad sagrada, y no
hemos de mantener la verdad en el atrio exterior, sino traerla al santuario del
alma. Entonces la iglesia poseerá vitalidad divina por doquier. El débil será como
David, y David como el ángel del Señor” (Carta a U. Smith; The Ellen G. White 1888
Materials, 1014).
Jesús dijo: “¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo; mas disensión” (Luc
12:51).
Si bien hemos de procurar la unidad, no la hemos de procurar a cualquier precio.
Especialmente no al precio de sacrificar la verdad, porque Cristo es la Verdad. Queremos
estar unidos en la Verdad, en Cristo. Estar unidos contra él no tiene virtud alguna. Eso
se ha producido en demasiadas ocasiones, una de ellas en las escenas previas a la
crucifixión: la opción de la unidad fue allí el indulto a Barrabás para poder condenar a
Jesús. También se dio al pie del Sinaí, cuando Aarón fundió el becerro de oro para que
fuese adorado como dios de Israel.
La acusación de producir división ha sido el argumento universal del fanatismo religioso
contra los que han sido fieles a Dios. Acab acusó así a Elías: “¿Eres tú el que alborotas a
Israel?” (1 Rey 18:17). De una u otra forma es una acusación que han debido enfrentar
los siervos fieles de Dios en toda época. “Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas
a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre;
porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos” (Jer
26:11). ¿Cuál fue la acusación del papado contra los reformadores?
La falsa paz, la tibieza, que es el problema más grave de Laodicea, es la más fuerte
tentación a la que hemos de hacer frente como pueblo. El deseo de buscar aquello que
“nos conviene” está en nuestra propia carne. No hace falta mirar más lejos de cada uno
de nosotros. El pensar en términos humanos en lo que nos conviene como pueblo puede
llevarnos al error más lamentable:
“Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la
nación se pierda” (Juan 11:50). Cuando pensamos en salvar la nación de acuerdo con
nuestra sabiduría humana, estamos en grave peligro de hacer la voluntad del enemigo
y seguir el curso de Caifás.
Esta es la auténtica causa de las temibles divisiones:
“Murmuradores, querellosos, andando según sus deseos; y su boca habla cosas
soberbias, teniendo en admiración las personas por causa del provecho. Mas vosotros,
amados, tened memoria de las palabras que antes han sido dichas por los apóstoles de
nuestro Señor Jesucristo; Como os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores,
que andarían según sus malvados deseos. Estos son los que hacen divisiones, sensuales,
no teniendo el Espíritu” (Judas 16-19).
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Objeción 25: ‘No hay un interés “oficial” por ese mensaje. No ha logrado
impronta significativa en el cuerpo ministerial y docente. Ha fracasado en
lograrlo, quedando sólo como una opción apropiada para excéntricos y
fanáticos’
[Link]
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