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Gregory Zambrano
CIUDAD SUMERGIDA
La Tinta del Alcatraz
Colección: La hoja murmurante
México, 1997
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CIUDAD SUMERGIDA
A Tanius Karam
Y no solo memoria
También los hombres son ciudades.
Cada cierto tiempo viene a mí una voz
acuática que me obliga a volver del sueño.
Intento el movimiento del ave o la serpiente,
pero me pesan amables los paisajes.
Soy isla en medio del gran lago.
Tiembla en mí el corazón de Tenochtitlan,
vastedad donde aún moran los ángeles caídos
y perpetúan su victoria los antiguos guerreros.
Ciudad sumergida donde respiro y gozo
la nueva majestad, el polvo.
Mi boca es certeza de dragón,
lengua que ha ardido en muchos fuegos.
Aquí descubro palabras y colores,
La visión de Anáhuac, el zumo del mezcal
Y los labios de Frida Kahlo llenos de bosques
dulcísimos en su delirio.
A mí vienen los olores
del mercado Portales, siempre de fiesta,
feria donde se halla todo lo creado.
Aquí me invaden las calles, las miradas,
los sonidos ancestrales del corazón de la tierra.
A veces, la región más transparente del aire
está frente a mi espejo, un rostro
de transeúnte sonreído me mira extrañado después de la lluvia.
Entonces, salgo a la intemperie,
solo, y con demasiado cielo a festejar.
Despojado de rencores voy, a silbar por las ausencias
o quizás, no estoy seguro, a recordar los viejos sueños.
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EN LA CALLE DE DONCELES
Para Ricardo Hernández Echávarri
La novena de Beethoven impregna las aceras,
la gente lleva prisa, ojos de celuloide.
Discreto en el silencio un hombre ciego
acaricia su acordeón y como un mago
echa a volar el corrido del caballo blanco.
La dulcería me trae los olores de la infancia
el patio de los juegos
la certeza de haber estado allí,
en otro tiempo, en algún sueño
y los viejos libros son presagio del futuro.
La calle de Donceles sigue los pasos del arcoíris,
guarda los besos, las miradas,
el discreto fuego de todos los amantes.
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BAJO EL INVENTARIO DE TUS OJOS
Todo sorbe la noche,
y busca entre las sombras
la ciudad capital del Paraíso Perdido.
Se espanta el sueño,
empiezo a despedirme de todo
y de nadie, espero el tren que no vendrá,
los fantasmas inician su arrebato,
descubren lo que más deseo:
confundir mis dedos con tus lágrimas,
verte salir desnuda de todos los espejos,
darte caza y gozar olores
de enigma y maravilla,
escuchar un preludio
del desbordado corazón,
hacer el ademán del adiós
y el inventario de esas ciudades
que sólo veo entre los sueños.
Me sé tus ojos de memoria:
en ellos Buenos Aires hace
más crudos sus inviernos,
La Habana da vueltas de reloj,
horas infinitas,
Santo Domingo desborda calles
de luz y olor de naranjas,
Bogotá, es un guiño melancólico,
estirpe del verbo florecer.
Siena es más intensa que el sol,
el rito de su plaza
es vino tinto y jabalí.
En tus ojos toco el cielo de Salamanca
recién teñido de azul,
pincel de Tintoretto,
tus ojos en Madrid, dulce y cruel,
artificio de todas las amantes,
tu mirada en las esquinas de París,
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sinfonía en fuga más bella que el neón,
y en Roma a punto de llover, mirada
que provoca el extravío.
Tus ojos los inventan todo:
las tardes de Toledo, aceradas
como filos de navaja, aguardan
el último día de la primavera.
La bruma temblorosa
de Ciudad de México,
mi fuego sagrado.
Las calles de Candynsburgh
que aún no he visto.
La lluvia de Mérida,
siempre inesperada,
no sabe de estaciones.
Bajo estos cielos, en el aire,
en el agua, en el fuego,
en la tierra prometida,
están tus ojos,
por ellos me celebro en ti
y guardo esta memoria.
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ARTE POÉTICA
Los nombres no importan,
no importa el ave sino el vuelo,
sólo el vuelo,
Una ráfaga en picada
al centro de la tormenta,
la palabra indetenible
conjugando el azar,
el sueño, la miel de la herida.
Vivir en la vigilia,
lo que queda del huracán,
de la llama,
el espacio blanco, la luz,
este grito de volver
a ser presencia,
verbo íngrimo,
llanto detenido,
verse en el poema:
ser el fuego,
renacer de la ceniza.
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POSTAL DE TEOTIHUACAN
Para Ana María Salazar Orozco
Piedra sobre piedra
edifico mi voz para decir
un nombre en el silencio.
El aire corta al aire. En perfecta simetría,
el brillo de obsidiana revela un ojo
que ve hacia adentro. Dos mil
años y aún están las huellas
sobre la calzada de los muertos,
en el templo de las mariposas,
en el altar de Quetzalcóatl,
en los puntos cardinales,
en los años y los meses,
en las huellas del jaguar.
Entre el sol y la luna
la cifra exacta. Ciudad del sol
geometría del polvo y de la piedra,
oración y movimiento de serpientes.
Así tiemblan nuestras manos
íngrimas, desnudas, como
espejo en la memoria.
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MEMORIA DEL HOMBRE QUE REGRESA DEL SUEÑO
La palabra entre dos fuegos,
él y ella solos en la espera,
se palpan el corazón
y se besan y están lejos y no.
El hombre sabe o quizás no sabe
sólo espera.
En su memoria hay lluvia,
bruma de antiguas y distantes ciudades,
olor de mar profundo, y una sola mirada.
En la oscuridad dice un nombre
y toca un cuerpo.
No sabe si es el mismo que ha soñado.
En él sólo hay vacío,
memoria del campo de batalla,
guerras ganadas y perdidas.
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NAVEGAR EL DESCONCIERTO
Voy a fundar la ausencia,
la costumbre de desear
bajo otros cielos,
dejar el cuerpo vacío,
prolongar la despedida,
encender el fuego en otro cuerpo,
postergar este hábito animal,
desear tu sexo en la vigilia,
beber de tus senos el color de la melancolía,
saber que mi destino será siempre la partida
descubrir otros cielos y otras sombras.
Soy capitán de El Desconcierto,
así se llama el barco donde estoy a punto de zarpar.
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EL AMOR ES LA TIERRA MÁS FRÁGIL
“El mar se quedó solo en la sal que llevamos”
Alberto Hernández
Para irme del todo no basta el adiós.
Me oculto entre los sueños y agonizo
en los insomnios
terribles del invierno.
Vives en el umbral de esta boca
que tanto conoce de la sed.
Así mi piel en tu recuerdo,
fantasma que husmea tus pasos
en la ventana.
Cuando una voz llega de lejos
tú crees que son los aires de la lluvia.
pero es mi lengua de fuego
que te recorre agitándolo todo,
como el mar soberbio que
bebieron nuestros ojos
cuando fuimos carne única bajo el agua
y cerramos las heridas
y fecundamos la noche.
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DE ÁNGELES Y CAÍDAS
Para Claudia Carrillo Lizcano
Ebria de ti
la noche es un abismo
donde tocamos fondo
y nos hacemos mil y una vez
la misma pregunta
dónde habita el amor,
dónde los labios dejaron
caer sus mieles
dónde moran los ángeles
en qué estrella se sientan a mirar
tranquilos el cielo y el mar
que se tocan en un duelo,
de filos y destellos,
dónde ángel mío,
dónde tiembla la luz
y se hace infinito el silencio,
dónde quedaron las palabras,
los gestos distantes
del amanecer.
Dime, ángel mío,
si de puro amor
puede uno quedarse
a vivir
entre los sueños.
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ESCUCHO LA VOZ DE ALEJANDRA PIZARNIK
Para Iliana Diéguez
Esta oración no es lamento ni reproche por
tu ausencia, es canto y palabra trunca,
un cielo inmenso para escucharte,
es aliento que quiere hacerse piel.
es tu acento, Alejandra, estremeciendo,
pulsando en cada uno como herida tatuada,
como garganta y suspiro en la profunda quietud,
tal vez la noche. Me hablas y no sé si es el viento
en tu hora –sangre detenida y amable- si es la luz
o este cansancio de siglos.
El fuego de tu lengua, filo implacable
emerge de la noche.
Alejandra en el silencio, estrella y nube.
Alejandra, es el paisaje (quiero decir)
manojo amoroso de preguntas.
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CARTA DE RELACIÓN
Para Jaime Tamez
Quiero decir, dejar constancia,
alabar el día y sus noches,
dar testimonio, fe y razón,
verificar cada pasadizo del sueño,
cada luna, las estaciones que no pasan,
las ansias del fuego, el arder de siempre,
la insistencia del rocío,
un júbilo enorme, la palabra y la poesía
de quienes me acompañan,
lo sonoro, lo místico,
eso que inevitable es húmedo y carnal
en el deseo, en fin,
es simple la intención:
hablar desde la sombra,
mi vital orilla.
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CUERPO A CUERPO
Somos uno, tú y yo a cuerpo entero
agotando la espera,
cuerpo tuyo, cuerpo mío
agitación del misterio,
a cuerpo el pulso, el tacto,
cada poro hecho universo
crea la imagen, el sueño
donde no estás sino en sombras,
cuerpo a cuerpo cavilo,
escucho un resuello
una y otra vez te conjuro,
eres tú
o es tu cuerpo
o es el sueño.
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BALADA
Para Héctor Zambrano
Quien dice fuego
ha sentido la brasa lacerante,
ha palpado con certeza la plenitud.
Quien dice soledad
ha habitado los mundos prohibidos,
la distante comarca de las sombras.
Quien dice melodía ha navegado
en cada ola de los océanos perdidos.
Quien dice ceniza lo ha visto todo
y sin embargo
sueña con restituir
el paraíso que perdió en la infancia.
Quien dice siempre
vuelve a chocar contra las rocas,
ve su cabeza rodar hacia lo más bajo
y todo vuelve al orden, al fuego,
a la soledad, la melodía y la ceniza.
Sólo entonces sabrá reconocer su rostro
en la grieta que el tiempo abrió
dolorosa y sangrante,
aferrada al sueño, al llanto,
como herida exacta en mitad de la noche.
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ÍNGRIMO
Amorosa llavera de innumerables
llaves,
Si estuvieras aquí, si vieras hasta
Qué hora son cuatro estas paredes
Contra ella seríamos contigo los
dos,
Más dos que nunca.
César Vallejo. Trilce (XVIII), 1922.
El tiempo es también la luz
no el afán de encontrarse entre tinieblas.
Buscar un diezmo apenas del fulgor
y toda la espesura.
El cuerpo amado se ha ido y de pronto
sobran las canciones.
La estación de vidrio
ahogándose en el ir y venir de siempre.
Este pensar de noche, tan de noche...
La falta de ti, no tu ausencia,
ese eco lejano,
voz apenas mascullada
a horas luz del próximo andén,
presentida viajera
“mas sufro, allende sufro, aquende sufro”
(respira íngrimo Vallejo)
y la estampida, su soledad cósmica
en mi esqueleto,
el retumbar de quien soy,
se viste con antiguos sueños.
No hay preguntas
ni vuelta de hoja
ni mañana.
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TESTAMENTO APENAS
Si después de este invierno
perdura el afán de mirar el día
sin velos ni ventanas
y el cielo abierto vuelve a albergar
los sueños, la esperanza.
Si después de este infierno
perdura la palabra
quizás vuelva para celebrar
la memoria
de los rostros
que perdí.
19
ASÍ COMO ULISES
Para Trino Borges
De país en país
he sabido de naufragios,
historias de piratas
y cuentos de camino.
He logrado espantar
el sueño y las visiones,
habitar la noche y escuchar
el viejo poema de Ilión
en las mismas voces
que arrullaron a Ulises
cuando volvía del mar
con su corazón intacto
a la soñada Ítaca.
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POSTAL DE MARACAIBO
Para Yolanda Delgado, Isaac López, Israel Colina
y el Grupo Texere, por la amistad, lo mejor de la poesía.
En pleno fragor de la mañana
el cielo plomizo se repite.
Es la hora que nadie duerme,
el filo del sol quema joven la jornada.
A lo lejos, un inmenso puente
desahoga su paciente esqueleto
entre brumas y cálidos serpenteos
de Catatumbo,
luz que retrata como espejo
al lago azul de ayer.
La ciudad vive su fiesta
en todos los puntos cardinales,
música en el paisaje,
centella en las miradas,
el andar de una muchacha
estremece al mundo en sus caderas.
Lo demás es vértigo,
edificios, antenas, grandes avenidas,
una postal sin destino ni destinatario,
brisa húmeda
y la presencia puntual
de mis amigos.
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ANTES DEL ALBA (*)
Ella partió antes del alba,
y dejó su peplo bordado
con pequeñas cuentas de vivos colores,
-olvido intencional, seguro estoy-
allí quedaron sus labios
repitiendo el adiós como
eco doloroso.
Antes de partir dibujó mis ojos
en un blanco papel de seda
traído de tierras lejanas
y prometió aguardarme,
pero no dijo dónde.
Cada vez que la lluvia del cielo
empapa la antigua ciudad de Calino,
poeta élego,
yo recuerdo su rostro
Sus manos quedaron aferradas a mí,
sujetándome por siempre
y mis ojos no vieron más la luz.
Cuando se marchó hacía frío
y un rumor como de olas
se escuchaba lejos.
Ha pasado el tiempo
Y mi mano casi inmóvil
aún despide su silueta.
Sólo una sombra quedó de ella.
Mis ojos vagan en la oscuridad.
Ella bebió su luz antes del alba,
Yo la aguardo en mis ojos.
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Tan en lo vivo ha penetrado
el dardo del amor
y duro es mi vagar por la memoria.
Espero. Ella vendrá a traerme el día,
Cesarán las huellas de su olor
y la húmeda certeza de su piel.
Vendrá la luz, lo sé bien,
cuando escuche nuevamente su voz
Antes del alba.
(*) Según una vieja versión, repetida durante años, se cree que Eriteo,
estando fuera de juicio, cantó llorosamente estos versos, que al parecer
fueron copiados y ordenados por el poeta Terpandro. No se sabe con
certeza quién fue su autor; por su tono de queja hizo que se considerara
a esta composición, probablemente fragmentaria, como perteneciente a
los versos élegos que reúnen los cantos de conmiseración de los
amantes. Otra versión, atribuida a Plutarco, considera que este tipo de
poema fue muy popular en tiempos de Teocles y que, incluso, se había
conocido una versión suya cantada y acompañada de música, atribuida
a Polinesio Colifonio. Esta última noticia fue divulgada por el poeta
Luis Rogelio Nogueras (1945-1985) en su columna “Letras de Paso” del
semanario La Habana Menguante (28-X-1980, p. 17). La traducción
del manuscrito, que fue hallado en una ruina, se la debemos al
anticuario Mariano Nava C.
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Índice
Ciudad sumergida, 4
En la calle de Donceles, 5
Bajo el inventario de tus ojos, 6
Arte poética, 8
Postal de Teotihuacan, 9
Memoria del hombre que regresa del sueño, 10
Navegar el desconcierto, 11
El amor es la tierra más frágil, 12
De ángeles y caídas, 13
Escucho la voz de Alejandra Pizarnik, 14
Carta de relación, 15
Cuerpo a cuerpo, 16
Balada, 17
Íngrimo, 18
Testamento apenas, 19
Así como Ulises, 20
Postal de Maracaibo, 21
Antes del alba, 22
24
25