TEMA 13: LAS RESPONSABILIDADES CIVILES ESPECIALES
LA RESPONSABILIDAD POR DAÑOS CAUSADOS POR ANIMALES
- Responsabilidad objetiva: se imputa algo con independencia de si el sujete tiene culpa o no
- Responsabilidad subjetiva: solo se imputa si es con culpa
1. EL RÉGIMEN DE RESPONSABILIDAD Y SU FUNDAMENTO
ARTICULO 1905 CC:
El poseedor de un animal, o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que
causare, aunque se le escape o extravíe. Sólo cesará esta responsabilidad en el caso de
que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa del que lo hubiese sufrido.
El art. 1905 CC establece el régimen jurídico de los daños causados por animales bajo la
posesión del humano. La responsabilidad establecida en el art. 1905 CC deriva del riesgo de
la posesión o uso de los animales y del peligro que éstos suponen pues, dada su
independiente e impredecible naturaleza, son potenciales agentes de daños.
Se considera que el régimen de responsabilidad establecido en el art. 1905 CC lo es de
responsabilidad objetiva (o presunta pues se prevén en ese artículo dos causas de
exoneración de responsabilidad; la culpa exclusiva de la víctima y la fuerza mayor). Basta
que se produzca un daño por un hecho de un animal y exista relación causal para que
surja la responsabilidad. Esto es, el propietario o poseedor del animal responde de los daños
que cause dicho animal aunque hubiera guardado toda la diligencia que le fuera exigible
en su cuidado y guarda.
E responsabilidad extracontractual, por ende es aplicable el plazo de prescripción de un año
del art 1968.2 CC. Supone que no hay una relación jurídica precia entre el poseedor del
animal o el que se sirve de el y el que sufre el daño. No hay relación contractual previa.
Requisitos para que sea viable la acción que emana del 1905 CC animal agente del daño,
posesión o servicio del animal por el demandado, producción de un daño y relación de
causalidad entre el comportamiento del animal y el daño producido.
2. ANIMALES
El art. 1905 CC se refiere a animales que se encuentren bajo la posesión o al servicio del
hombre. No se distingue en España entre tipos de animales. El art. 1905 CC establece una
responsabilidad objetiva para los daños causados por cualquier clase de animales (de
compañía, domesticados, feroces, peligrosos...).
Por lo tanto, no son contemplados los daños causados por animales en libertad y los que no
sean posesión de nadie.
Para que resulte aplicable el art. 1905 CC el animal debe haber actuado de forma
independiente (es el comportamiento autónomo e inconsciente del animal el que permite
imputar la responsabilidad a su poseedor) y no alentado por el poseedor para producir el
daño, en cuyo caso lo determinante sería el comportamiento del poseedor y no el del animal,
que será un mero instrumento para causar un daño ( v. gr., se ordena a un perro que ataque a
un persona, se enseña a un loro a injuriar a alguien concreto). En este caso, la conducta del
poseedor del animal tendría encaje en el art. 1902 CC.
Será por tanto necesario un comportamiento activo e independiente del animal, lo cual no
quiere decir que sea necesario contacto con el animal para que resulte aplicable el art.
1905 CC. Por ejemplo, si un perro fiero ladra a una persona y el susto la hace caer, o si
alguien cae al intentar separar a su perro de otro que lo ataca, será aplicable dicho precepto.
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El animal si que debe estar vivo. Los daños causados por animales muertos no están dentro
del precepto.
3. PERSONA RESPONSABLE DE LOS DAÑOS
El art. 1905 CC establece, como criterio de imputabilidad, la posesión del animal o el
servicio de él (el servirse del animal no implica necesariamente el obtener de él un beneficio
económico, basta con que se obtenga una utilidad del animal; v. gr., un animal de compañía).
La razón de esto es que, dado el potencial peligro que presentan los animales, es
necesario que estén controlados por la persona que está en disposición de hacerlo, que no
es otra que su poseedor o el que se sirve de él. Esto supone que la obligación de reparar el
daño la tiene el poseedor de hecho (posesión de hecho inmediata) o el que tiene interés en
su utilización (en el servicio) del animal, sea o no el dueño; esto es, la persona que de
hecho está encargada del animal cuando produce el daño.
Si el propietario del animal es quien se sirve de él será, en su caso, el responsable de los
daños que cause, pero si el propietario ha trasladado la posesión de hecho o el servicio del
animal a otra persona, no debe estimarse al propietario responsable de los daños que cause.
Es el propietario, si se le ha demandado a él en juicio, quien debe probar que ya no tiene él
la posesión del animal sino otra persona, pues en principio se presume que como propietario
también es poseedor.
Por lo tanto, la responsabilidad de propietario y poseedor no es en el art. 1905 CC
cumulativa, sino alternativa. Esto en la práctica supone que se desestimará la acción contra el
propietario del animal si la posesión de hecho del mismo la tiene otra persona.
El propietario responde, por lo tanto, si en el momento de producirse el daño no estaba el
animal en posesión o al servicio de otra persona. Y esto no ocurre cuando el animal se
encuentra en manos de un servidor de la posesión (art. 431 CC), que no es un auténtico
poseedor, pues no es más que un instrumento de la posesión de otros que son los verdaderos
poseedores. Así, el servidor de la posesión posee al servicio de otra persona, siguiendo sus
instrucciones y en su interés y debe ser esa persona la que responda. conductores de
ganado ajeno, paseador de perros… pero si el servidor acuta con negligencia si que puede ser
responsable.
A tenor del art. 1905 CC el poseedor también responderá cuando el animal que causa los
daños se haya escapado o perdido, y aunque no lo señala dicho artículo, también cuando
lo haya abandonado. En estos casos, el poseedor que lo era inmediatamente antes será
responsable de los daños que cause el animal hasta que otra persona se constituya en
poseedor (de hecho) de él. Y para saber cuándo el animal abandonado o extraviado está en
posesión de otra persona habrá que atender al grado de acogimiento que se haga del animal.
Cuando el poseedor del animal sea un menor de edad se plantea el problema de si es
aplicable el art. 1905 CC. En principio, podría pensarse que sí dado que la culpa del poseedor
es irrelevante, por lo que bastaría que el menor tuviera capacidad suficiente para poseer el
animal. Cuando son varios los poseedores del animal que causa el daño, su
responsabilidad es solidaria
4. DAÑO
El demandante perjudicado debe probar por cualquier medio admitido en derecho la
existencia del daño.
Debe indemnizarse tanto el daño emergente como el lucro cesante. A este respecto se
aplicarán las reglas generales. Además, el daño debe ser cierto, por lo que es dudoso que
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puedan considerarse indemnizables las simples expectativas (v. gr., un semental de toro mata
a otro y el dueño de éste segundo pierde la expectativa de fecundidad futura del animal).
¿Qué daños son resarcibles?
o Daños patrimoniales
o Daños personales: físicos (desde la muertes a lesiones de distinta envergadura) y
psíquicos ( el sufrimiento por el perjuicio estético que experimenta el dañado)
o Otros tipos de daños, como olores o ruidos, resultan más adecuados para aplicar en
preceptos que regulan las relaciones de vecindad.
5. RELACIÓN DE CAUSALIDAD
El demandante no sólo debe probar la certeza y existencia del daño. También le compete a él
probar la relación de causalidad entre la acción del animal y el daño producido. El
demandante debe probar que los daños que se imputan a los animales poseídos por el
demandado han sido realmente causados por dichos animales.
6. CAUSAS DE EXONERACIÓN
Fuerza mayor
El art. 1905 CC establece la fuerza mayor como causa de exoneración de responsabilidad,
que no el caso fortuito. La diferencia se hace refiriéndose al caso fortuito como el
acontecimiento que pertenece a la esfera de riesgo del demandado ( v. gr., incendio, robo),
siendo la fuerza mayor un acontecimiento extraordinario absolutamente inevitable por el
demandado, fuera de su control ( v. gr., terremoto, rayo).
Culpa exclusiva de la víctima
También podrá eximirse de responsabilidad el poseedor del animal demandado si prueba que
el daño proviene de la culpa del que lo hubiese sufrido, esto es, si la culpa es exclusiva de la
víctima, que interfiere de tal manera en el nexo causal, que sólo a su conducta puede
imputarse el resultado dañoso.
Por el contrario, no es culpa exclusiva de la víctima el solo hecho de caminar cerca de una
valla tras la cual ladra un perro que súbitamente saca el morro golpeando a la víctima
Asunción del riesgo
La asunción del riesgo por parte del que sufre el daño no suele distinguirse en España de la
culpa exclusiva de la víctima. Existe asunción del riesgo cuando el dañado no sólo conoce el
peligro del animal sino que además expresa o implícitamente acepta correr el riesgo que tal
peligro supone (volenti non fit injuria). Frente al que acepta el riesgo típico de la actividad en
la que participa no se responde.
Concurrencia de culpas
En caso de que concurra la culpa (no exclusiva) de la víctima con la responsabilidad del
poseedor del animal, la indemnización se reducirá en la proporción que se considere
adecuada atendiendo al grado de responsabilidad de cada uno en la producción del daño.
La indemnización que recibe el dañado en estos casos disminuye por la parte de
responsabilidad que le corresponde asumir en su propio daño.
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Hecho de un tercero
La doctrina admite que el hecho de un tercero puede eximir al demandado de responsabilidad
puesto que también constituye un hecho que interrumpe la acción causal, siendo entonces ese
tercero el responsable del daño, aunque ya no vía 1905 CC sino 1902 CC ( v. gr., un tercero
ajeno al poseedor del animal abre la jaula del animal peligroso que ataca a alguien). El
problema con el hecho del tercero es, para el poseedor del animal demandado, la prueba de la
existencia de ese tercero y de que la conducta de ese tercero no podía haberse previsto y por
lo tanto no podían haberse tomado las medidas necesarias para evitar el daño.